Yukihana. Aquí les traigo el nuevo capítulo. Espero la disfruten.
KUROKO NO BASKET NO ES DE MI PERTENENCIA
Titulo: Arrepentimientos.
Autora: Yukihana-Hime (Y-H)
Resumen:
Hay un proverbio que dice:
"Vive tu vida sin arrepentimientos..."
Una vida así sería genial, pero siendo realistas... ¿Quién no se arrepiente de haber hecho o no haber hecho algo en su vida?
KiKuro
Géneros: Romántico, Drama
Advertencias: Mpreg
- Capitulo 1 - De regreso en Japón… -
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Después de haberse "saludado" durante el vuelo, el rubio tuvo que retirarse para seguir con su trabajo, por lo que Kise tendría que esperar a bajar del avión para interceptar de nuevo a Kuroko antes de que se marchara. No podía creer la suerte que tuvo de encontrarse con Kuroko nuevamente y en uno de los vuelos que él piloteaba, prometiéndose agradecer a los dioses por tan buena suerte la próxima vez que fuera a un templo.
Mientras fingía escuchar a su compañero sobre algo relacionado con su novia, recordó al pequeño niño, aun le intrigaba un poco el hecho de que su viejo amor ahora tenía un hijo, sumándole que había algo en ese niño que le atraía. Lo poco que pudo observar discretamente del pequeño es que tenía el tono de cabello y la piel tan blanca como Kuroko, mostraba un rostro angelical mientras dormía. Tal vez era porque lo poco que pudo apreciar era muy parecido a su viejo amor, que no pudo evitar sentir cierto calor inundar su pecho, había sentido la necesidad de tocar al pequeño. Se preguntaba, ¿si su actitud sería tan formal y sencilla como la de Kuroko?… O sus ojos, ¿sus ojos serian también azules o tendrían el color de su madre?
Sintió cierta curiosidad de saber por la madre, ya que no veía a ninguna mujer cercana a la sombra, lo que indicaba que probablemente no viajara con ellos. No se atrevió a preguntar por cortesía, ya que apenas se reencontraban pero principalmente porque le dolería saber quién fue la afortunada por tenerlo a su lado. No quería oír sobre aquella afortunada mujer que supo valorar lo que tuvo a su lado y que el dejo ir.
El resto del viaje se lo paso divagando entre el pequeño y Kuroko, sobre lo que hablaría con su viejo amigo al siguiente día. Quería pasar de ser posible todo el día con él.
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Aeropuerto de Tokio.
Sala de desembarco:
— ¡Kurokocchi! —grito su nombre, haciendo que el mencionado volteara y dejara de pelear con las maletas con las cuales no podía avanzar por sí solo.
El piloto rápidamente se acercó con una sonrisa, quería invitarlo a salir más adelante o al menos conseguir información de dónde encontrarlo en américa.
— ¿Sucede algo? —pregunto el peli-celeste un poco apurado.
Su hijo aún se encontraba durmiendo, por lo que no tuvo más remedio que bajar del avión con él en brazos y ahora que ya había ido por las maletas y la transportadora, era algo difícil de manejar las tres cosas; justo cuando Kise llego estaba a punto de pedir ayuda al personal del aeropuerto para que lo ayudaran a llevar sus pertenecías a un taxi e irse a casa. Se encontraba cansado del vuelo y por el reencuentro con el rubio. Estaba tan abrumado por las emociones en su interior que no pudo dormir durante el viaje y solo rondaba en su mente viejos recuerdos que prefería enterrar. Lo único que deseaba era llegar pronto a la seguridad de su casa y dormir al lado de su retoño.
—Bueno…yo… quería invitarte a salir mañana. —Dudo al oír el tono impaciente de su viejo amigo. — Hace tiempo que no nos vemos y realmente te he extrañado, quiero saber cómo te ha estado yendo…—continuo hablando mientras le quitaba algunas maletas a la fuerza al contrario para que no cargara tanto.
—La verdad es que no creo que sea posible. —Interrumpió al rubio con un tono monótono. — Es mi primer viaje a Japón desde que me fui, así que no tengo con quien dejar a Ryou...
—No pasa nada si él nos acompaña…—ahora fue el turno del rubio de interrumpir, no le importaba que el pequeño se les uniera siempre y cuando tuviera al padre a su lado. — ¿Y? ¿Qué respondes a mi propuesta?
Asimismo no dejaría que por esa excusa -que se solucionaba con el simple hecho de llevar al pequeño con ellos-, fuera rechazada su invitación.
—… Bueno… yo no creo…—hubiera intentado alejarse pero al mirar como el más alto tenía sus maletas aun en manos, le fue imposible.
Realmente hubiera impedido que las tomara pero con su hijo en brazos le hubiera resultado difícil hacerlo sin despertarlo. Buscaba alguna manera de negarse cuando el rubio volvió a hablar.
—Y no intentes negarte, se dónde vives. —advirtió el mayor al interpretar un posible rechazo, lo cual no permitiría.― Iría por ti de ser necesario…
—Tienes trabajo. —le recordó intentando zafarse por ahí.
—No te preocupes por ello, tengo dos semanas de descanso. Entre vuelos me dejan descansar una semana y ya había pedido con anterioridad una…―se quedó callado al recordar el motivo por el que había pedido un descanso, era el festival de su hija.
Cierto, él no era un hombre libre. Tenía deberes con su familia por lo que no podría pasar todo el tiempo que quisiera.
—En ese caso…—se mordió el labio inferior, las excusas se agotaban. —…De acuerdo. —suspiro al aceptar.
— ¡Gracias! ―con gran esfuerzo Kise reprimió su impulso por abrazar al contrario.
—…Mamá…
Ambos chicos miraron al pequeño durmiente, quien había sido el que dijera aquello entre sueños y abriendo un poco sus ojos dorados dejando que el piloto los observara pero siendo cubierto rápidamente por la manta que su padre no le había quitado.
—Duerme pequeño…—susurro con amor el fotógrafo mientras cubría a su hijo de nuevo para que retomara su siesta.
El ver como Kuroko acomodaba mejor al niño, le provoco un sentimiento que no supo identificar. Probablemente porque le era un poco difícil pensar en Kuroko como un hombre de familia, ya que los cambios no eran muchos, aun parecía muy joven. Además de que le era complicado imaginar a Tetsuya con una chica a su lado, no es porque fuera imposible, sino que siempre lo vio al lado de Aomine, Kagami o rodeado de chicos, y a las únicas chicas a las que vio con él; eran Momoi, Riko Aida entrenadora del chico en preparatoria, Alex la sexy entrenadora de Kagami y Himeko Takikawa una compañera del chico en la universidad.
Himeko… aquel nombre comenzó a tener mayor presencia en su mente. Recordaba a aquella chica rubia, de baja estatura, de ojos dorados que cubría con unos lentes un poco pasados de moda, misma facultad que Kuroko, buena estudiante y siempre estaba al lado del chico. Siempre que los veía juntos Tetsuya sonreía abiertamente, se la pasaban hablando horas, lo vio salir de paseo en algunas ocasiones, se podría clasificar como alguien muy cercana al sexto hombre. Ahora identificaba el sentimiento de irritación que sentía al verlos juntos como celos románticos, pero en aquella época pensaba que se debía solamente a de amistad ya que Kuroko prefería pasar tiempo con ella que con él.
— ¿Kise-kun? —llamo el más bajo al ver al rubio ensimismado.
*Ojos dorados…* iguales a los del pequeño, reflexiono ahora que lo recordaba. Lo último que había oído de aquella chica fue que dos meses antes de que Kuroko se marchara a América, ella gano un concurso de fotografía, en el cual le ofrecieron una beca en aquel país. ¿Acaso su amado la había seguido? ¿Ella era la razón por la que repentinamente había decidido marcharse? ¿Era ella la madre de ese pequeño?
—Guau~ —el repentino ladrido saco a Kise de sus pensamientos, atrayéndolo a la realidad.
—Kise…—volvió a llamar la atención el fotógrafo preocupado.
—Lo siento. Lo siento. —decía con su tono alegre de siempre, intentando que su desconcentración pasara al olvido.
Guardándose sus dudas y conjeturas para él solo. Un ladrido más impido que Kuroko dijera su comentario, y atrajo la atención del rubio que se agacho para ver lo que había dentro de la transportadora a los pies del viajero.
— ¿Nigou? Has crecido bastante…—estaba asombrado al reconocer al -ahora- enorme perro dentro de la caja. — ¿Piensas quedarte un tiempo largo? —Pregunto con la esperanza impregnada en su voz. — Lo digo porque haz incluso viajado con el perro, por lo regular nadie viaja con sus mascotas a menos que así fuera.
Kuroko arqueo una ceja al no entender porque la repentina pregunta, creía que ya la había respondido en el avión, pero cuando le fue aclarada se limitó a mirar a su hijo antes de responder.
—En realidad aún no se cuantos días pienso quedarme, solo vine a ver a mis padres para que conozcan a su nieto. —Respondió el peli-celeste con su monótona voz. — Ryou y Nigou son muy unidos, además de que Taiga aun no supera del todo su miedo por los perros así que tuve que traerlo conmigo.
—Ya…ya veo. —Fingió que no le molesto el hecho de que el contrario le hablara por su nombre al pelirrojo, después de todo deberían ser aún más unidos de cuando se fueron.
Ambos empezaron a caminar hacia la salida del aeropuerto ahora que la salida fue aceptada. Kise empujaba la transportadora que para mayor facilidad tenia ruedas, había colocado las maletas sobre ella, mientras que Kuroko se mantenía ocupado con su pequeño en brazos.
— ¿Vienen por ti? —pregunto cerca de la entrada.
—Me iré en Taxi.
— ¿Si quieres yo puedo…?
—Agradezco el que quieras llevarnos pero preferiría irme en taxi. —Interrumpió Kuroko antes de que el contrario terminara su ofrecimiento. — Tu familia ha de estar esperando por ti y yo no quisiera que retrases más tu llegada.
El mayor asintió cuando le recordaron que su familia lo estaba esperando, además de decepcionado por ser rechazado… sonriendo con pesar poco después ya que siempre había sido de ese modo; Kuroko nunca aceptaba nada de lo que él ofrecía.
Al salir del lugar, Tetsuya cubrió la cabecita de su hijo con la cobija para que no sintiera el viento frio de la noche. Se acercaron a la fila de taxi, en donde Ryouta le ayudo a subir sus maletas en la parte de atrás.
—Nos vemos mañana en el parque en donde solíamos jugar ¿lo recuerdas? —agrego el rubio antes de que el contrario abordara por completo al vehículo.
—Sí. —le dijo aun no muy convencido de asistir. — Entonces nos vemos mañana. —iba a cerrar la puerta del auto cuando el rubio lo detuvo, agarrando su mano.
—A mediodía. —volvió a hablar, y el contario asintió.
Con gran esfuerzo el piloto dejo libre la mano que tenía entre lazada y no se movió de su lugar hasta que perdió de vista el auto, en el cual se iba una persona importante. Mantuvo la mano que toco la del fotógrafo cerca de su pecho, sintiendo aun el calor de la mano contraria.
Sin más que hacer una vez que no volvió a ver el taxi, se dirigió a casa sin ningún problema y con una gran sonrisa en el rostro. No sabía qué hacer en realidad ahora que se reencontraba con la sombra, pero lo único que por el momento deseaba, era mantenerse lo más en contacto que pudiera.
El camino a casa se le hizo corto debido a la emoción y felicidad que sentía. Tal vez le contaría a Yumiko que se encontró con Kuroko, ellos no se hablaron nunca como grandes amigos pero al menos sabía que su esposa llego a entablar cierta relación cortés con él, de ese modo podría justificar el hecho de que al siguiente día estaría fuera de casa todo el tiempo posible.
Al bajar de su auto e ingresar a su casa, le extraño que todo el lugar estuviera con las luces apagadas y que no se escucharan las voces o risas de las habitantes que el dejo ahí. Dejo su chaqueta en el perchero que tenían en la entrada y colgar las llaves en un pequeño plato de decoración cerca de la entrada.
— ¡Ya regrese! —exclamo pero nadie lo recibió.
Con una mayor intriga encendió las luces, buscando a su familia por toda la casa. Empezaba a preocuparse al no encontrarlas por ningún lado. Yumiko no era de salir tan noche y más en compañía de la pequeña. El timbre de la puerta sonó interrumpiendo su intención de marcarle a su mujer al teléfono celular, pensando que tal vez eran las dos mujeres de la casa las cuales habrían olvidado las llaves, fue abrir… sin embargo al final resulto que se trataba de su vecina, una mujer mayor, que se notaba preocupada.
—Señora Suga…
—Gracias a dios regresaste Kise-chan. —dijo la mujer con gran alivio.
—Disculpe pero usted sabe, ¿dónde se encuentran mi esposo e hija? —no le agrado el tono utilizado por la mujer al verlo.
—Sobre eso, hace una hora que se fueron en una ambulancia. —Kise sintió que la felicidad que había tenido por el reencuentro con Kuroko se esfumaba en un segundo. — Yumiko-chan me pidió avisarte en cuanto llegaras.
— ¡¿Qué?! ¿Porque? ¿Sucedió algo? —ataco a la mujer con preguntas seguidas, estaba preocupó.
—No lo sé. Venia de hacer una comparas cuando vi cómo se las llevaban. Yumiko-chan me pidió decirte que irían al Hospital Zen, al parecer fue la pequeña Sayumi-chan quien se puso mal.
— ¡Gracias, iré de inmediato! —grito al momento de tomar su chaqueta de nuevo, así como las llaves.
Condujo lo más rápido que permitía la avenida siempre pendiente de su alrededor, se mantenía lo más tranquilo que podía no queriendo causar un choque. Estaba preocupado por su pequeña, ¿qué le pudo haber ocurrido? Su esposa era muy protectora y cuidadosa, por lo que no creía que se hubiera distraído y la pequeña sufriera un accidente. En cuanto llego al hospital, rápidamente se dirigió a la recepción para preguntar por su familia. La enfermera le informo donde se encontraban después de que proporciono los datos correspondientes.
Subió hasta el piso asignado y empezó a buscar a su esposa, a la cual encontró moviéndose de un lado a otro con algunas lágrimas en los ojos. Se apresuró a llegar a su lado ya que la preocupación se veía claramente en su rostro.
— ¡Yumiko! ¿Qué paso? —exclamo atrayendo la atención de la mujer y dejando atrás su modo infantil de hablar, la situación no lo ameritaba.
La chica que había estado conteniendo las lágrimas, acorto la distancia que la separa de su esposo y lo abrazo, volviéndose un mar de lágrimas. Debido a que se encontraba sola se había mantenido fuerte, pero ahora que estaba ahí su apoyo emocional dejo que su preocupación tomara el control por un momento.
—Yo… no lo sé…—respondía con dificultad por el llanto.
—Tranquilízate y explícame, por favor. —pidió. No quería imaginarse cosas peores a las que ya tenía en mente, por lo que necesitaba saber que paso. — Me estas asustando. ¿Qué paso con Sayumi?
—…Sayu… Sayumi se enfermó el día que te fuiste…—contaba mientras trataba de calmarse. — Comenzó a… a quejarse de un dolor en el costado... Al… Al día siguiente la lleve con el doctor, y me dijo que podría ser una leve infección… pe…pero paso la semana y no se le quito del todo… Hoy… Hoy en la tarde dijo que le dolía mucho y empezó a llorar de dolor, así que llame a la ambulancia y la trajeron... La metieron a esa habitación y no han salido…
—Está bien… Estará bien…—repetía el rubio con la intención de tranquilizar a la chica que seguía abrazándolo mientras él acariciaba la cabellera negra de la mujer. — No te preocupes, Sayumi estará bien…—le dio un beso en la frente.
Quería sabe r de su hija pero si los médicos o salían él no podía hacer mucho. Mientras seguía abrazado a su esposa no aparto la mirada de la puerta que ella le señalo, paso un rato más para que salieran al fin las enfermeras y el medico que estaban en el interior.
—Los padres de Kise Sayumi. —llamo el doctor observando la ficha medica de su paciente.
—Somos nosotros. —Respondió rápidamente Kise mientras su esposa seguía intentando detener sus lágrimas. — ¿Qué le sucede a mi hija? ¿Dónde está? ¿Cómo se encuentra?
—Por el momento cálmese por favor. —Pidió amablemente el médico, comprendía su preocupación pero no podía hablar con ellos si seguían alterados. — Soy el doctor Chris, y soy el medico titular de su hija. Ella se encuentra dormida en la habitación. Tuvimos que aplicarle algunos sedantes para que el dolor disminuyera. Le hemos hecho algunos análisis, y en poco tiempo estarán los resultados… Cuando los tenga en mis manos podre darles mas detalles…
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El doctor les dijo que su hija se mantendría dormida por las siguientes horas debido al sedante pero que podían permanecer a su lado mientras esperaban los resultados, por lo que sin dudar se mantuvieron en aquel blanco cuarto observándola dormir. Pasaron las horas, que en opinión de los padres parecían eternas. Justo cuando Kise que se encontraba tomando la mano de su hija al lado de la cama comenzaba a cabecear vencido por el sueño, debido a se encontraba agotado porque no había podido dormir en casi 24 horas, el medico hizo su aparición en la habitación anunciando que los resultados estaban listos.
Ambos padres escuchaban atentamente. Con temor escucharon el diagnostico que les fue otorgado, les preocupaba su hija y harían lo que sea para ayudarla. Con la mayor claridad posible y con un tono comprensible, el médico tratante les explico el contenido de los resultados, así como el procedimiento a tomar, los riesgos y cuánto podría la menor tardar en recuperarse. La pequeña presentaba una deficiencia hepática muy severa, que aún no comprendían como había podido permanecer sin dolor hasta hace poco de una semana.
― ¿Necesita un trasplante de hígado? ―pregunto el padre de familia un poco más tranquilo ahora que sabía que su pequeña no corría un peligro tan mortal y al menos había manera de ayudarla.
―Entonces si lo hacen, ¿se repondrá? ―pregunto la madre con lágrimas en los ojos por el mismo motivo que su marido
―Sí, es el procedimiento más adecuado en este momento y debido a lo avanzado de su deterioro es el más eficaz. —decía con claridad, quería que los padres entendieran por completo la situación.― Con esfuerzo y con los cuidados correspondientes, la recuperación será casi perfecta.
― ¿Casi?
―En casos donde se hacen trasplantes, el paciente deberá tomar inmunosupresores de por vida, todo sea para que no tenga ningún rechazo con el órgano donado. ―explico el doctor.
Les dio algunos detalles más para después de la operación con la intención de darles un poco de alivio al saber que habría un futuro, así como les informo que ellos mismos podían ser los donares de su hija. Les indico lo que sucedería en las siguientes horas, así como los exámenes que le harían a la pequeña.
―Que bien. ―los padres suspiraron aliviados, ahora solamente necesitaban aquel trasplante y del cual ellos podrían ser partícipes al ser sus progenitores.
―Tenemos que hacerles pruebas de sangre a ustedes. ―les dijo el doctor mirando a la pareja.― Para ver quién es el que podrá ser el donante…
―Claro, no hay problemas. ―contesto rápidamente y con determinación el rubio, levantándose de su lugar para ir donde fuera que le indicaran.
―Ah… Etto… ¿no puedo ser solamente yo? ―pregunto con el rostro pálido la pelinegra.― soy su madre y por lo que nos explicó, yo sería la que tuviera mayor oportunidad de ser la donante.
Ambos varones la miraron confusos, no entendiendo por que la mujer hablaba tan rápido y se le notaba nerviosa. Aunque lo asumieron al hecho de que aún se encontraba nerviosa por todo lo que pasaba.
―Yumiko, ¿te encuentras bien? ―pregunto Kise para pensar en que podía ayudar a su esposa.
―… Si, es solo que… ¿es necesario que nos hagan pruebas a ambos? Puedo hacerlo solamente yo…
―Lo siento pero es necesario hacérselo a ambos. De ese modo como ya le dije, podremos identificar si vino de procedencia hereditaria o no, también para ver cuál de ambos es compatible con su hija. ―explicaba de nuevo el doctor.
Sus años de experiencia le habían hecho entender que los padres con hijos en situaciones así, debían ser informados con paciencia y debía repetírsele varias veces la situación para hacerlos entender.
―Pero…
―Yumiko…―el rubio tomo el rostro de la mujer para que lo mirara a los ojos.― Ya nos dijo el doctor que es necesario, es por el bien de Sayumi, entiéndelo.
―Es que…―callo al ver la mirada de su esposo, quien le pedía en silencio una explicación para su negativa.― No, olvídalo. Se hará como se deba.
Kise sonrió agradecido de que al fin su esposa comprendiera, suponía que tal vez se sentía culpable o algo parecido, la chica tendía a asumir la responsabilidad cuando se trataba de su hija.
―Bien, entonces vayamos a sacarles las muestras de sangre. ―dicto el doctor levantándose, siendo seguido por ambos padres.
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Un nuevo día había empezado, removiéndose en su cama cuando los rayos del sol que se filtraban por la ventana dieron en su cara. Parpadeo un par de veces para acostumbrarse y por un momento no reconoció donde estaba, el techo azul cielo que veía desde hacía 6 años era reemplazado por uno blanco. Fue cuestión de segundos para que su mente proseara que se encontraba en Japón, más concretamente en su casa y antiguo cuarto. La noche anterior estaba tan agotado, que solo llego a dormir, milagrosamente había aguantado despierto el viaje en el taxi. Al mirar a su alrededor se dio cuenta que no había nada diferente a como él dejo ese cuarto 6 años atrás. Al moverse un poco hacia un costado, choco con un bulto, al que después de quitar las sabanas reconoció como su hijo.
Se levantó con cuidado para no despertarlo después de observarlo dormir aun, preguntándose si el pequeño se habría despertado durante la madrugada o durmió todo el rato. Acomodo algunos mechones del cabello de su hijo y le beso la frente antes de retirarse para darse un baño largo y tranquilo. Mientras disfrutaba de estar en la tina, intento no pensar en Kise pero le fue imposible, ahora que lo había visto comenzaba a divagar en cómo sería la vida del rubio, ¿sería feliz? ¿Tendría ahora otro hijo? ¿Seguía amando a esa mujer? Sintiendo dolor al aceptar que aquel hombre no era libre, decidió mejor salir, para vestirse y luego bajar a preparar el desayuno. El cual consistiría en un simple pero delicioso cereal.
Acomodo los ingredientes y los utensilios en la mesa, y después de mandarle un mensaje a su madre y otro a Kagami anunciando su llegada desde el día de ayer, disculpándose por avisar hasta ese momento subió las escaleras para ir a despertar a su hijo. Sonrió levemente al entrar en la habitación encontrándoselo ya despierto, viendo uno de los libros infantiles que aún conservaba de su infancia, al parecer su pequeño había estado mirando por su habitación.
―Buenos días Ryou.
―Buenos días papi -contesto el menor en perfecto japonés, sus tíos y padre se habían encargado de enseñárselo desde que pudo hablar.― Mas tarde podrías leerme este. ―pidió mostrando el libro, podía hablarlo mas no le habían todavía enseñado leer los kanji.― Se ve interesante.
―Claro. ―acepto al acercarse a su pequeño.― Mas tarde, primero vamos a vestirte. El desayuno está listo.
―Sí, pero… ¿Qué maleta es mía? ―pregunto el menor señalando las 4 grandes maletas que habían traído.
Kuroko sonrió avergonzado ya que en realidad no sabía cuál era de quien, había sido Momoi quien las preparara alegando que él carecía del gusto de la moda. La chica era la que le daba ropa diseñada personalmente por ella, exclusiva para él y Ryou, ninguno tenía derecho a vestir nada que no hubiera sido trazado y cocido por la señora Kagami.
Después de examinar las maletas, descubrió que había tres para el pequeño y una para él, seguramente Momoi había pensado que con la ropa que aún estaba en su cuarto y la de la maleta, serian suficiente. Le ayudo a vestirse a su hijo, bajando después al comedor.
― ¿Cereal? ―pregunto el pequeño con una sonrisa al ver la sencillez del desayuno
―Disculpe que solo sea un simple plato de cereal, señor solo como la comida de Taiga. ―dijo Tetsuya enseñándole la lengua a su pequeño y tomando su lugar en la mesa.
Ante la actitud infantil de su padre Ryou rio, imitándolo al tomar asiento y comenzar a verter la leche en el plato. El único que cocinaba en la casa de Estados Unidos era su tío Taiga, siendo que Momoi era un desastre en la cocina y su padre no sabía cocinar cosas difíciles.
―Los huevos cocidos de papá son los mejores…―comento el pequeño contagiando su sonrisa al adulto.
―Deja la zalamería y mejor acaba rápido, iremos a visitar a tus abuelos al hospital cuando acabemos. ―informo al pequeño con una sonrisa.
Le sirvió a Nigou un plato de algunas sobras de comida que encontró en el refrigerador, más tarde pasaría al supermercado a comprar provisiones para la semana.
―Hai.
Comieron en completa tranquilidad, sin ningún ruido. Se sentían un poco extrañados con el silencio, después de todo estaban acostumbrados a los gritos desde la mañana con compañeros de vivienda como Momoi y Kagami.
―Extraño a Satsuki. ―comento el pequeño con un puchero, terminando su desayuno.
―Sí, supongo que tienes razón. ―se levantó a dejar los platos de ambos en el fregadero.― Pero solo será por unos días. Bien, ve por un suéter para irnos.
El pequeño asintió bajando de la silla y caminado de regreso a aquella habitación en donde despertó, como todo niño curioso al pasar por la sala no pudo evitar ver las fotografías de la familia. En varios reconoció a sus abuelos, su padre le había mostrado una fotografía con anterioridad, también encontró varias de su padre de pequeño. Se apresuró a subir al cuarto después de escuchar ruido en la cocina, si no se apuraba se haría tarde. Saco su chamarra de una de las maletas que le había indicado su papá con anterioridad, pero al ponérsela se topó con otros fotografías que llamaron más su atención. Dos de aquellos impresos eran los mismos que tenían en su casa de américa, uno de su papá y Momoi al lado de un grupo de personas de cabellos peculiares en una cancha de baloncesto; la otra también era de su papá y Taiga con su equipo de la preparatoria, sosteniendo un trofeo. Sin embargo lo que llamo más su atención fue una de su progenitor al lado de un chico rubio con carácter alegre, lo más curioso era que aquel chico abrazaba a su papi, quien para su sorpresa mostraba una sonrisa que nunca le había visto.
El pequeño sonrió, su papi se notaba feliz y en sus ojos no se mostraba la melancolía que en ocasiones él había visto, principalmente en aquel recuerdo donde estaba con el chico rubio. A su mente llego el fugaz recuerdo de haber visto a aquel joven, pero no recordaba de donde… ladeo la cabeza y como si eso hubiera hecho algo en su cerebro, lo recordó. ¡Lo había visto momentáneamente la noche anterior! Pensó que había sido un sueño pero ahora recordaba que por unos segundos lo vio, había intercambiado miradas aquellos ojos color dorado y los cuales tenía muy presentes. Sintió cierto calor en su pecho al recordarlos, sonriendo sin motivo aparente.
― ¡Ryou! ―ante el repentino grito se sobresaltó, haciendo malabares para que el marco no cayera al suelo.
Suspiro aliviado cuando logre mantener entre sus manos el objeto, colocándolo de nuevo en su lugar. Saliendo del cuarto.
― ¡Voy! ―grito de vuelta mientras llegaba a las escaleras.
Al bajar las escaleras encontró a su padre ya listo en la puerta de entrada, mostro su gran sonrisa al tomar la mano del adulto para de ese modo salir de casa. Tomaron un taxi para que los llevara al hospital, preguntaron por la familia Kuroko y después de que a Tetsuya le informaran el estado de su padre, subieron a la habitación que tenía asignado.
― ¿Listo? –pregunto Tetsu a su pequeño al sentir como apretaba su mano.
A pesar de también estar nervioso por volver a ver a sus padres, quería demostrarle su apoyo a su vástago, ya que entendía que su pequeño estaba aún más nervioso, sería la primera vez que conocería a sus abuelos.
―Sí. ―asintió con la mirada fija en la puerta.
Kuroko golpeo tres veces la madera, respirando profundamente al escuchar la femenina voz dándoles permiso.
―Buenos días, madre, padre. ―dijo educadamente Tetsuya.
―Ho…hola…-dijo el pequeño con voz temblorosa.
Los abuelos sonrieron al ver a su hijo y nieto entrar a través de aquel umbral. Sin que pudieran esquivarlo, ambos peli-celestes se vieron apresados por los brazos de la única mujer, quien con lágrimas en los ojos pedía perdón a su hijo y nieto. Al no ver rechazo en aquellos adultos, Ryou sonrió y grito "abuela", provocando que la mujer llorara aún más, y el hombre en la cama también sucumbiera al llanto. Después de unos minutos se acercaron a él, donde también fueron abrazados.
Después de casi media hora de que los mayores pidieran perdón y detallaran al pequeño de la familia -ya que era igual a su padre por excepción de los ojos-, pasaron un rato hablando y conviviendo, intentando reponer aquellos años de alejamiento. Tetsuya sonrió levemente al ver como su pequeño Ryou se la estaba pasando muy bien con los abuelos, sonreía de oreja a oreja mientras les contaba sin parar sobre su vida en américa y con sus tíos.
― ¡Oh, por dios! ―exclamo la mujer al ver su reloj.― Ya casi es mediodía, será mejor que bajemos a la cafetería a que coman algo.
*Mediodía… mediodía…* Aquella palabra se repetía una y otra vez en la mente de Tetsuya, quien sentía que olvidaba algo, la pregunta era ¿qué?
~Nos vemos mañana en el parque en donde solíamos jugar ¿lo recuerdas? A mediodía. ~
Abrió los ojos debido a la impresión cuando escucho en su mente la voz de Kise. ¡Se le había olvidado! Observo el reloj de la habitación, el parque no quedaba muy lejos de ahí y aun contaba con unos minutos para la hora pactada. Era mejor que ya se fuera para llegar a tiempo pero no sabía qué hacer con su pequeño, se veía tan feliz ahí y en ese momento que lo último que deseaba era llevarlo, quitándole la alegría y sometiéndolo al aburrimiento. No sabía qué pasaría con Kise pero era claro que se la pasarían hablando o al menos el rubio le preguntaría cosa y tal vez le contaría sobre su familia, ese era un tema doloroso para él, no quería saber sobre la familia del rubio. Para alejar aquello pensamientos le prestaría más atención a su hijo o de lo contrario se aburriría también.
―Tetsuya, ¿sucede algo? ―pregunto la mujer al ver tan pensativo a su hijo
― ¿Eh? Ah, nada en realidad…―se mordió el labio inferior, buscando como explicarle a su madre la situación.― Es solo que ayer en el aeropuerto me encontré con un viejo amigo…―miro a su pequeño hablando con una felicidad desbordante con su abuelo, que por un segundo pensó en faltar a aquella reunión.― Pero creo que no…
―Si tienes algo que hacer puedes ir…―interrumpió con tono maternal la mujer, intuyendo por la mirada de su hijo lo que se debatía.―…Nosotros podemos cuidar de Ryou-chan, la estamos pasando muy bien con él.
―Y él con ustedes…―aseguro Tetsuya, sonriendo levemente a su madre.
―Es un Kuroko en toda la extensión de la palabra. ―respondió ella regresándole el gesto
Se despidió de su pequeño diciendo que iría a comprar algunas cosas ara la casa, pero que como la estaba pasando muy bien con sus abuelos él se quedaría ahí, Ryou acepto encantado cuando su abuela le prometió de postre una rebanada de pastel de vainilla.
Salió del hospital respirando profundamente para darse valor en aquel encuentro con el piloto. Tomo un taxi para asegurarse de llegar sin contratiempos al lugar citado, en donde se sentó en una banca con vista a la cancha de básquet, mientras esperaba. Ver a unos jóvenes en el lugar, disfrutando del partido que llevaban a cabo, le trajo a su mente viejos recuerdos. Tal vez durante su estadía en el país podría ir a visitar a sus viejos amigos y sempai´s, de ese modo tendría cosas que hacer después de visitar a su padre en el hospital y un pretexto para negarse si el rubio pedía volver a salir.
Negó con la cabeza ante ese último pensamiento, ¿por qué Kise querría salir de nuevo? Él tenía su familia y debía estar ocupado disfrutando de ella, si lo invito en esta ocasión habrá sido porque no se habían visto desde hace mucho, solo sentiría curiosidad por lo que habría hecho en ese tiempo y una vez saciada, el rubio lo dejaría en paz. Dejo escapar un suspiro de decepción al confiar en su teoría, miro a los lados por si visualizaba al rubio que comenzaba a tardar, Kise era muy puntual en el pasado. Supuso que a lo mejor a Ryouta le salió un contratiempo con su esposa o hija, por lo que se levantó para dar una vuelta por el parque.
Una hora…
Dos…
Y… ¡Nada! El rubio no aparecía. Era su vigésima vuelta alrededor de parque, habían pasado dos horas de la hora en la que se habían puesto de acuerdo. Durante la primera hora se molestó, después de todo el contrario fue el que pidió la convivencia, aun así se quedó, ya durante la segunda hora se preocupó, ¿qué era lo que podía hacer que el idiota de su amigo faltara? No tenía modo de comunicarse con él por lo que al final decidió que lo mejor era irse, ya había estado lejos de su hijo mucho tiempo.
Suspirando se dirigió a la entrada del parque para regresar al hospital recoger a su hijo y dejando a sus padres descansar por ese día. Compro algunas cosas en un tienda cercana del hospital para aparentar con su pequeño. Al llegar a la habitación de su padre, Tetsuya tuvo que parpadear varias veces para creerse lo que veía, su pequeño y tímido hijo estaba rodeado de varias enfermeras, quienes no paraban de decir lo lindo que era, de apretar sus mejillas hasta que se tiñeran de rojo, de tocar sus cabellos y brazos, y tomar fotografías. Lo sorprendente es que su hijo parecía muy feliz por la atención e incluso posaba para las fotos.
―Eso no lo saco de nuestro lado…-aguanto una pequeña risa que amenazaba con salir al escuchar a su madre a un lado.
Estaba de acuerdo con ella, su hijo lo había heredado de la otra parte. Ya lo había visto comportarse así, pero solo era con amigos cercanos y solo posaba para Momoi y su tan amado álbum de "el lindo Ryou-chan", una colección privada de la diseñadora, donde tenía fotos del pequeño desde su nacimiento y siempre modelando alguna prenda diseñada por ella; sus mamelucos, sus pantalones, zapatos, playeras… todo.
― ¿Qué ha pasado? ―pregunto con interés.
―Lo he presentado con la enfermera que atiende a tu padre, hemos hecho amistad con ella y yo deseaba presumir a mi lindo nieto que parece un ángel…―confeso con ojitos brillando.― Aun no sé cómo pude perderme sus años de bebé, debió parecer algo fuera de este mundo…
Tetsuya rio nervioso, su madre tenía mucha razón o al menos su lado paternal le daba por su lado. Para él, su hijo era un ángel caído de los cielos para iluminarle la vida. Esperaron alrededor de media hora para que toda aquella congregación se disipara, al final Tetsuya les dijo a sus padres que se retirarían por ahora, a pesar de que no lo deseaban, los mayores los dejaron marchar un hospital no era lugar para que su amado nieto la pasara encerrado todo el día.
Después de despedirse de sus abuelos y de prometer al siguiente día, el pequeño Ryou comenzó a relatarle a su padre lo que hizo durante su ausencia con sus abuelos, al salir del hospital y como ninguno quería llegar a aquella casa donde estaban solos, decidieron dar un paseo. Tetsuya quiso mostrarle algunos lugares a su hijo; algún templo, alguna calle significativa, los lugares donde solía jugar él de pequeño… Se encontraban comiendo en Maji Burguer, cuando el celular del adulto comenzó a sonar, no reconoció el nuero y a pesar de que pensaba ignorarlo, al final se decidió por tomar la llamada, había una probabilidad que se tratara de Kise buscando disculparse.
―Habla Kuroko.― contesto.
―Tetsuya...
― ¿Akashi-kun? ―Pregunto extrañado, no recordaba hace cuanto no hablaba con el pelirrojo.― ¿Cómo conseguiste mí…?
―Taiga me lo dio. ―respondió rápidamente el contrario.
―Ya veo. ―dijo sin sorprenderse realmente, estaba seguro que Kagami seguramente estaría preocupado por él y Ryou, viendo la oportunidad de estar presente a través de Akashi― ¿Sucede algo?
―Taiga y Satsuki me llamaron ayer por la noche diciendo que vendrías a Japón, dijeron que tenía que vigilarte. ―aclaro como si nada el pelirrojo.― Estaban como locos por que no contestabas el celular.
El peli-celeste ahogo con su mano la risa que se le escapó al confirmar que en verdad aquel matrimonio exageraba, podía imaginarlos gritando a través de la bocina del teléfono para que Akashi lo buscara cuanto antes... Esa mañana al despertar y encender su teléfono había visto una gran cantidad de llamadas y mensajes perdidos de parte de los que se quedaron en América. Sabia cuidarse y cuidar muy bien de su hijo, agradecía el gesto pero tampoco debían pasarse… No es como si fuera a salir corriendo huyendo de su pasado, aunque pensándolo mejor, su pasado lo encontró incluso antes de tocar piso japonés.
Por su parte el pequeño Ryou observaba con curiosidad a su padre, preguntándose con quien hablaría. Siguió tomando de la malteada de vainilla que le compro su progenitor mientras sus piecitos que no alcanzaban a tocar del todo el piso, se mecían en el aire.
―Ya veo. Pero es aún más extraño que tú les hayas hecho caso. ―continuo Kuroko.
―Ven a mi casa, te envió la dirección en un mensaje. ―ordeno el pelirrojo ignorando el comentario anterior.― Debemos hablar.
―De acuerdo.
Acepto a sabiendas de que Akashi no lo dejaría rechazar la "invitación", además que ya había planeado visitar a sus viejos compañeros. Se despidió del pelirrojo por el momento, y al poco tiempo de colgar recibió el mensaje con la dirección. Le explico a su hijo que irían a ver a un viejo amigo, por lo que los ojitos dorados de Ryou se iluminaron por dos razones; le gustaba la idea de conocer a los compañeros pasados de su papá y aunque no sabía porque, pensaba que tal vez se trataría de aquel rubio que levemente recordaba del aeropuerto.
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No tardaron en llegar a la dirección del mensaje puesto y como se lo esperaba el mayor no era una casa tan normal, era grande. El pequeño estaba fascinado con el castillo como lo llamo, por lo que muy emocionado le pidió permiso a su papá para ser él quien tocara el timbre. Tetsuya lo alzo en brazos para que lo hicieran y esperaron a que la puerta le fue abierta. El mayor abrió los ojos sorprendido por encontrarse a alguien que no esperaba ver allí.
― ¡Kuro-chin! ―la voz cansada y el repentino abrazo del miembro más alto de la generación de los milagros, lo desconcertaron.
― ¿Murasakibara-kun? ―dijo cuándo fue libre del abrazo pero con las manos contrarias aun en los hombros― ¿Qué haces aquí? ―pregunto.
Realmente no se esperó que estuviera presente tomando en cuenta la relación tan rara que llevaban desde Teiko, encima de que Akashi no lo menciono durante la llamada.
― Supongo que es normal que no lo sepas, después de todo perdimos mucho contacto desde que te fuiste pero déjame decirte que vivo aquí. ―respondió el más alto
―Oh, eso es impactante.
―No lo pareces…―comento al ver que el rostro del contrario no cambiaba de expresión.― Sigues igual…
El pequeño miraba con horror como aquel titán tenia prisionero a su padre, y a pesar de que sus piernitas temblaban se armó de valor para colocarse en medio de los dos, sintiéndose aún más pequeño… ¡Por dios, era más alto que su tío Taiga!
―De…deja en pa…paz a…―el pequeño enmudeció cuando el más alto le prestó atención.
― Ryou, él es Murasakibara Atsushi, éramos compañeros de equipo en la secundaria y rivales en la preparatoria. ―coloco sus manos en los hombros de su vástago para calmarlo.
― ¿Hmmp? ¿Quién este niño? ―Ryou palideció cuando el peli-morado se colocó a su altura ― Haha, se parece a ti.
El pequeño visualizo mejor al adulto, reconociéndolo de la foto y por el nombre, el cual había escuchado cuando su tía Momoi le contaba de la famosa generación milagrosa.
―Soy Kuroko Ryou. ―se presentó el menor escondiéndose detrás de su padre, avergonzado de haber confundido a un amigo de su padre con un monstruo gigante.
―No me imagine que tendrías un hermanito a estas alturas...
―Es mi hijo. ―interrumpió tranquilamente Kuroko.
―Oh, el hijo de Kuro-chin. Que mono…―proceso mejor la información, abriendo los ojos sorprendido por la noticia― ¡¿Qué?! ―exclamo mirando al menor que se ocultó aún más detrás de su padre.― ¿Cómo? ¿Con quién?
―Bueno… eso es algo…
―Se parece completamente a Kuro-chin a excepción de los ojos ―comento Atsushi dándose cuenta que el tema le era difícil, podía ser despistado para algunas cosas pero esa no. ― ¿Así te veías de niño?
―Sí… o algo así. ―dijo agradecido por el cambio de tema.
―Entiendo... Vamos pasa, Aka-chin te espera... quiero ver qué cara hace…―susurro el más alto expectante.
Quería ver la expresión de pelirrojo al descubrir la novedad, estaba seguro que incluso el emperador no sabía que Tetsuya tuviera un hijo. Ambos Kuroko se tomaron de la mano y pasaron observando con asombro el lugar, se notaba el lujo.
―Parece que le va bien en su propia empresa. Además de que parece que a ti te va bien siendo profesional.
―Aka-chin es el mejor. Y aunque es cansado jugar partidos tan seguido, es mejor que esforzarse en otra cosa. ―respondió Murasakibara un poco sorprendido de que su viejo compañero supiera sobre sus vidas y ellos no.
―Ya veo, creo que es algo típico de ti.
― ¿A ti como te va?
―Mi papi es uno de los fotógrafos más famosos de Nueva York…―se unió con gran orgullo el pequeño.― Sus fotografías son las más hermosas. ―continuo alabando a su papi.
―Ya veo. ―respondió con leve sonrisa
―Bienvenidos. ―dijo otra voz interrumpiendo la conversación.
Los tres voltearon para encontrarse con un el pelirrojo antiguo líder del equipo de baloncesto de la secundaria.
―Aka-chin, creí que estabas en el despacho.
―Fui a mi habitación por unos documentos, desde ahí escuche el timbre…―respondió el pelirrojo acercándose a ellos.
―Estás más alto, eso molesta. ―dijo Kuroko frunciendo el ceño al tenerlo de frente.
Le molestaba que Akashi hubiera crecido más que él, siempre habían sido los as bajo del grupo y ahora resultaba que incluso su compañero de pena lo había dejado atrás.
―Y tú te hiciste más pequeño. ―dijo con una sonrisa arrogante. Aparto su mirada de la azulina al notar algo que se escondía detrás de los pies de su amigo.― ¿Y ese pequeño?
―Es mi hijo. ―contesto haciéndose a un lado para mostrar al pequeño.― Se llama Ryou.
*¿Ryou? ¿Hijo?* El pelirrojo observo los ojos dorados del pequeño, tenía la sensación de haberlos visto ya en otro lugar. Aunque no lo demostró se sorprendió al asociar las cosas en su mente.
―Ryou, él es Akashi Seijuro, también es un viejo amigo.
―Es un gusto conocerlo. ―el niño hizo una reverencia.
―El gusto es mío. ―respondió el pelirrojo.― Atsushi, llévate al niño a jugar contigo.
―Ryou, ve con Murasakibara a jugar. No tienes que preocuparte. ―pidió Tetsuya de manera amable a su pequeño.
Kuroko intuyo que el pelirrojo tenía que hablar a solas con él por el tono que utilizo de un momento a otro, intuía sobre que, razón por la que acepto que su hijo fuera llevado lejos. Desde el principio sabía que no podría ocultar la verdad de aquellos ojos rojos y más porque el contrario compartía también su mismo don.
―Te compartiré de mis dulces. ―dijo el basquetbolista para que el pequeño se animara más.
El pequeño oji-dorado miro a su padre y luego al otro adulto, notaba algo raro pero al final asintió, acercándose al peli-morado para tomar la mano que le ofrecía. Akashi y Kuroko se quedaron en silencio observando como los contrarios se alejaban por el pasillo.
―Tetsuya, el padre de ese niño….
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Notas finales:
Yukihana: Nueva actualización, espero sigan dándole una oportunidad a esta historia. Sus comentarios serian bien recibidos XD
Nos vemos
Bye~ Bye~
