El día había comenzado pero se sentía diferente, sobre todo la casa, un aire de vacío era lo que la inundaba así como la tristeza. Habían acordado en ir por la niña a las cinco de la tarde pero no podía esperar hasta esa hora, ¡necesitaba estar con Isabel ya! Alfred solo la miraba realizar diferentes actividades: al levantarse comenzó a limpiar la casa y todo lo que veía, luego fue por las compras y desde que regresó no paró de cocinar.

- ¿No te has cansado?- Preguntó Jones desviando la vista del periódico. Ana dejó de mezclar y suspiró.

- Necesito ocuparme en lo que sea, tengo que gastar el tiempo. Necesito a mi niña y no tenerla me vuelve loca.-

- Eso de cierta manera suena enfermizo…- Ante ese comentario Ana simplemente suspiró y bajó la mirada.

- Sé que sigues teniendo esa duda pero quiero que entiendas que es algo que con el tiempo sabrás. Lo que si te puedo decir es que Isabel es mi vida, es mi mundo, vivo para ella y por ella. No soy una enferma mental, no soy pedófila ni nada de eso…- La chica se detuvo a tomar algo de aire, necesitaba tranquilizarse pues sino lo hacía rompería en llanto.- Te repetiré que ella y Antonio son muy importantes para mi.- Jones hizo un gesto de duda y arqueó las cejas mientras le dirigía una mirada llena de duda y presión.

- No lo sigas negando, Antonio y tu tenían una relación más allá de amistad.- Ana cambió su semblante triste por uno de confusión. ¡¿Cómo se atrevía a pensar semejantes cosas?! Estaba segura de que éste era un movimiento sucio para hacerla decir la verdad.- No te preocupes, no te juzgo. No eres la única humana con la que un país ha tenido una relación amorosa.-

- No voy a caer en sus juegos Señor Jones.- Dijo con seriedad.

- Wow, que formal sonaste… eso es raro de ti, no es un aspecto que muestres conmigo.- Le contestó el hombre con mayor seriedad mientras dejaba el periódico en la mesa de centro de la sala. El ambiente cambió a uno tenso, realmente era una tontería: Alfred estaba dispuesto a hacer lo que fuera para saber la verdad y sabía que Ana era una persona difícil de manipular pero no importaba, conseguiría su objetivo. La nana mordió su labio inferior y Alfred se levantó del sofá para imponerse. Esto no iba a terminar bien… Ambas miradas se cruzaban y en cada una de ellas se podía apreciar el odio y la rivalidad, era definitivo que sino interfería alguien la casa explotaría.

- ¡ALFIE MI QUERIDO MI AMIGO!- La puerta se abrió de repente revelando a Freddie. ¿Quién imaginaría que este chico había detenido la iniciación del fin del mundo?- Alfred…- Dijo haciendo una expresión de tristeza.- Me tienes olvidado… ¡¿Quién crees que eres para dejarme esperando en la oficina por tu amor?!-

- Yo… yo creo que mejor me retiro y los dejo solos… necesitan tiempo para arreglar sus problemas afectuosos.- La chica lentamente comenzó su andar a la cocina pero fue detenido por la voz asesina de Alfred.

- Tú no vas a ningún lado, y tu Fred no vuelvas a entrar así a la casa. ¡ESPANTAS!-

- Ya sé que soy feo Alfie pero tampoco es para que lastimes mis sentimientos…-

- No se trata de tus sentimientos, tienes que madurar más. Ya no eres un niño, físicamente eres un adulto y mentalmente debería ser igual.-

- No comiences con esos sermones… para empezar nadie más que yo depende de mí y para finalizar solo vine a saludarte. ¡Tiene días que no vas a trabajar! Te la pasas aquí en casa dejándome solo con la molesta y amargada de Anita.-

- ¿Disculpa?- Preguntó nuestra Ana confundida.

- Tu no preciosa, estás amargada pero no tanto como la secretaria de Alfred. Esa Anita es un dolor de cabeza.-

- Y lo es cuando no trabajas como debes. Dejando el sermón… Así que Anita ya regresó de vacaciones… pero ¿y la secretaría que estaba cubriendo su puesto?- Una sonrisa pícara se extendió en el resto de Freddie, éste se acercó a Alfred, se colocó detrás de él y le susurró:

- Pobrecita… La dejaste esperando por una cita…- Ante esto el estadounidense se sonrojó demasiado y comenzó a reír nerviosamente.

- Nunca hubo algo entre nosotros, solo éramos amigos, nunca pasó a más.-

- Bueno, eso es lo que tú nos cuentas pero al final solo ustedes saben que cositas hicieron.-

- Definitivamente yo no tengo nada que hacer aquí. Mejor me retiro a la cocina y los dejo hablando de sus asquerosidades.-

- ¡No te vayas Annie! Antes de que te encierres trae unas cervezas por favor…- Suplicó Freddie haciendo una pose dramática.

- Desde que Isabel llegó a esta casa las bebidas alcohólicas quedaron eliminadas mi estimado Fred. Así que lo siento mucho pero tendrás que ir a otro sitio a saciar tus ansias por el alcohol. Nos vemos chicos.- Los dos hombres contemplaron como la nana se retiraba del lugar, ahora se encontraban solos.

- ¿Cómo ha estado todo amigo?- Preguntó Fred con más tranquilidad y seriedad.- Realmente te extraño en la oficina. Te has olvidado por completo de todos…-

- No es que yo lo haya querido así, pero últimamente hemos tenido una serie de inconvenientes. Las cosas se complicaron durante estos días y realmente no he tenido tiempo de atender los asuntos de mi trabajo completamente. Con decirte que estuve fuera de la ciudad un par de semanas atendiendo algo de suma importancia, además no es fácil cuidar a una niña cuyo pasado es un misterio…- Alfred hizo una mueca y sobó su frente ante lo cual el joven le regaló una sonrisa y tocó su hombro.

- Tranquilízate Alfie, todo esto es temporal, ya pasará. Algún día mirarás atrás y recordarás esto como pequeños inconvenientes que fueron superados y al mirar frente a ti verás a tu esposita convertida en una mujer… y serán muy felices…- La expresión del chico de cabello negro cambió por completo: ya no tenía esa gran sonrisa que lo caracterizaba, ahora solo era una expresión llena de tristeza y nostalgia.- Sabes… he tocado este tema un par de veces en mi mente… y siempre me es imposible concluirlo… verás… ustedes crecen y se quedan en una etapa física de la vida, se quedan atrapados y congelados en el tiempo sin poder envejecer y mucho menos morir mientras nosotros continuamos creciendo hasta llegar a viejos para finalmente despedirnos de este mundo y de ustedes… a lo que quiero llegar es que desconozco cuantas personas han pasado por tu vida y cuantas de ellas han sido importantes para ti pero quiero decir que…- un momento de silencio.- quiero decirte que para mí eres la persona más importante en la vida, me has ayudado demasiado y espero que aunque pasen 500 años nunca te olvides de mí, de este pobre chico inmaduro que ha llegado a tener ciertas cosas gracias a ti. Eres mi mejor y mi único amigo Alfred, eres muy especial.- Alfred lucía inmóvil, no porque se sintiera incómodo de lo que acababa de escuchar sino porque de toda su vida era la primera persona que le decía este tipo de palabras lo cual lo hacía sentir especial.

- Fred… Yo… yo no sé qué contestar… tu sabes que no soy muy afectuoso y no quiero que tomes esto como sí no apreciara tus palabras, es solo que no sé qué decir… no exactamente… solo sé que eres una gran persona y un gran amigo…-

- ¡Chócalas hermano, por muchos años de vida!- Dijo Freddie para disimular la tristeza. Alfred contestó rápidamente y ambos comenzaron a reírse.- Ahora… ¿Por qué no vamos a..?- Pero no pudo terminar la pregunta pues la puerta de la cocina sonó fuerte: era Ana quien iba caminando muy rápido hacía la puerta principal.

- ¿A dónde vas?- Preguntó Jones confundido.

- Voy por Isabel. Iré caminando para perder el tiempo porque ya no puedo estar más aquí, ¡me volveré loca!.-

- Puff… ya lo estás.- Dijo Fred entre dientes, para su suerte la chica no lo escuchó.

- Tranquila, de hecho ya te iba a hablar para eso.- El chico rubio detuvo la puerta con su mano a lo que Ana hizo muecas mostrando desagrado.- Vamos a ir por Isabel pero antes pasaremos al castillo. Necesito ir urgentemente.-

- ¿Ir donde tu superior? ¡JAMÁS! ¡Sabes que la odio! No puedo estar el mismo sitio que ella.- Ana cruzó sus brazos, lo que daba inicio a un pequeño berrinche. Alfie solo suspiró en señal de cansancio y la tomó de las manos para sacarla de la casa. No quería problemas por ahora.

- Vamos a ir todos, incluyendo a Freddie.-

- ¿Y yo por qué? ¿Para qué me necesitas? Ni siquiera avisaste.-

- Tenía planeado hacerlo otro día pero aprovecharé tu amabilidad y que has venido hasta acá. Tengo un asunto que atender pero no puedo hacerlo ya que Amelia sospecharía. Necesito que TÚ ayudes a cierta persona con eso. No van a tardar demasiado, de hecho lo quiero para hoy mismo. No hay suficiente tiempo así que tienen que ser muy rápidos. Toma esto.- Alfred le lanzó un portafolio.- Te explicaré que hacer cuando hayamos llegado.-

***** á *****

Ana no habló para nada durante el camino, de hecho no hizo nada, lo único era que no dejaba de ver a través de la ventana. A Alfred le preocupaba ese cambio de actitud, solo esperaba no tener más problemas…

- ¿Y a dónde se supone que los espere? No quiero toparme con la delicada de su majestad y sus muy hermosas hijas.-

- Te llevaré a uno de los jardines. Nadie te molestará ahí…-

- Yo si.- Alguien interrumpió a Jones: era Fernando, el futuro heredero a la corona y el esposo de la hija mayor de Amelia, Alice.- ¿Cómo has estado Ana?- Preguntó con una gran sonrisa.

- ¡Su majestad!- Dijo Ana con mucha alegría.- Qué tiempo de no verlo mi señor, ¿cómo ha estado?- El chico sonrió, le daba algo de pena admitir que estaba feliz de ver a alguien conocido. Estaba cansado de las constantes peleas con su esposa y las caras de desagradables de su familia, en especial de la reina; además de que no se llevaba con nadie en ese sitio y que su hermano lo había abandonado.- Alfred, si el príncipe Fernando lo permite me quedaré aquí con él. Tú puedes ir a atender tus asuntos enigmáticos.-

- Claro que puedes quedarte Ana, lo agradecería demasiado.- Tras decir eso el par de hombres emprendió su camino al interior del castillo, dejando al par solos en el jardín.- Estoy feliz de poder hablar al fin con alguien… no sabes el infierno que he vivido.-

- Uff… ya lo imagino. Tu esposa es una sangrona.-

- Pero lo es gracias a su mamá, esa mujer la envenena todos los días. No importa que yo intente ser cariñoso simplemente no pone de su parte porque Amelia siempre está diciéndole cosas horribles de mí. Es un asco y una farsa todo esto…-

- Lo entiendo. Nosotros tampoco hemos pasado lindos momentos, han sucedido tantas cosas…-

- Espero con ansias la hora en que todo termine.-

No notaron que detrás de uno de los árboles se encontraba la joven Alice, ella estuvo escuchando la conversación durante unos minutos, le dolía escuchar las quejas de aquél hombre pero sabía que las cosas no podían ser buenas: tenía que obedecer a mamá en todo.

***** á *****

- Vas a entrar a esa oficina y ayudarás a Sharon. No es necesario que utilices el portafolio, de hecho solo es para disimular. Sí alguien les pregunta que hacen le contestan que están tratando lo de un programa social, no vayan a tocar el tema verdadero.-

- Pero Alfred ¿Qué se supone que vamos a resolver? No entiendo nada.-

- No puedo decirlo por ahora, Sharon te explicará. Solo tienes que saber que esto es un asunto serio e importante. Ahora ve. Nosotros iremos por Isabel.- Freddie ya no pudo alegar pues Alfie desapareció, lo que lo hizo caminar hasta la oficina de la princesa mientras hacia muecas.

Alfred emprendió el camino de regreso a la entrada cuando por su lado pasó una mujer furiosa que lo empujó con algo de fuerza. El estadounidense logró mantener el equilibrio y volteó a verla sorprendido.

- ¿Por qué lo hiciste Amelia?- Preguntó molesto pero cuidando un poco el tono de voz, no le convenía pelear con ella.

- ¿Te parece poco lo que hiciste? ¡No tengo idea de dónde está el maldito español ¿y todavía quieres que esté contenta?!-

- Ya deja de buscar problemas, él ya está muy lejos de aquí y no va a volver.-

- Pues espero que cumpla su palabra porque sí se atreve a pisar mis tierras le mandaré una flota a esa pequeña nación que la sumergirá en la desesperación.- La mujer tenía los nervios de punta por lo que podía explotar en cualquier momento, eso sino lo había hecho ya…

- No va a suceder nada. Tus planes de conquista no van a resultar, deja de buscar enemigos donde no los hay. ¡Madura Amelia! Esto no es un juego de mesa donde puedes disponer de los demás cuando tú quieras, estamos en la vida real donde tienes que acoplarte al resto.- Jones esperó una respuesta pero no obtuvo más que la mirada asesina de la rubia.- Eres demasiado terca…- Susurró.

- Solo protejo lo que es mío.- Y tras decir eso ella se alejó. Al se quedó estático durante unos segundos hasta que sintió una mano en su espalda. Esto le sorprendió, no lo espantó.

- Que época tan oscura nos ha tocado vivir.- Era Alice quien sonreía débilmente.

- Estamos hundidos en la oscuridad mi pequeña… y lamento decir que nos seguiremos hundiendo.-

- No veo la hora en que todo esto termine. No lo soporto… quisiera morirme Alfred…- Las lágrimas comenzaron a recorrer la blanca piel de la chica, ella no esperó, simplemente se arrojó a los brazos del rubio, lo destrozaba verla de esa manera… y pensar que todo era por los caprichos de su madre.

- Morir no es la solución Alice, hay muchas cosas lindas en la vida, ellas siempre están ahí, solo tenemos que abrir los ojos para poder verlas.-

- ¿Pero qué luz puedo encontrar en medio de este infierno? ¡No veo soluciones Alfred! Parece que todo está en nuestra contra.-

- Esto va a terminar, haré todo lo posible porque tu mamá recapacite, y si no lo hace… tendré que ir por otros medios para evitar una desgracia aún mayor. Lo prometo Alice, lo prometo…-

- Espero que puedas hacerla cambiar de opinión, no se da cuenta del daño que hace.-

- Lo sé, lo peor es que no entiende razones, siempre hace su voluntad. Tus abuelos la criaron mal…-

- No busquemos culpables Alfie… Lo que más me duele es que no pude desposarte.- Dijo la chica con una pequeña sonrisa. El rubio comenzó a reír levemente para luego envolverla en un abrazo.

- No soporto verte de esta manera, pero como dije haré todo lo que esté a mi alcance para mejorar tu situación.-

- Y no sabes cuánto te lo agradezco… Y bueno, cambiando de tema ¿Cómo está tu pequeña esposa?-

- Jejeje, pues también tenemos algo de inconvenientes pero no es nada serio o eso creo.-

- Shalon me hizo un comentario sobre algo que estás preparando para ella. Debes de tener cuidado con eso, pues mi madre tiene a varios hombres vigilándote y una simple sospecha puede desatar un caos. Sabes que cuentas con mi ayuda, eso si la necesitas.-

- Lo aprecio mucho Alice. Disculpa que me tenga que ir, pero tengo que ir por Isabel a casa de Elizabeth y Roderich.-

- Cuídate mucho y cuídalas también. Espero verte pronto-

***** á *****

Llegaron a casa de los europeos. Roderich los recibió con una cara de pocos amigos, no se contentaría hasta que la mexicana se fuera de su casa; en cambio, Elizabeth, los recibió con una gran sonrisa y los guió hasta el jardín donde se encontraban los niños.

- ¡ISABEL!- Gritó Ana de felicidad y corrió a abrazarla. La menor volteó a verla sorprendida realmente no los esperaba.- ¿Cómo estás mi niña?-

- Ammmm… bien nana… pensé que fueran a...-

- Hemos venido por ti, es hora de regresar a casa.-

- ¡Pero no quiero volver!- Gritó la menor y se alejó de ella. Ana se levantó del pasto y comenzó a ir tras de ella.

- ¡Isabel no te vayas!-Dijo con desesperación. No podía dejar que su protegida la rechazara.- Todo va a estar bien, no tienes por qué seguir enojada con nosotros. De ahora en adelante todo mejorará, te lo prometo…- Al escuchar eso María se detuvo y volteó a ver a Ana.

- ¿Volveré a ver a mis nuevos amigos?-

- Claro que sí. Ellos podrán ir a la casa y tú podrás visitarlos.- Contestó Alfred. Roderich se alzó para protestar pero fue detenido por Elizabeth. Mari lo miró detenidamente.

- ¿No estás mintiendo? -

- Estoy diciendo la verdad pequeña. De ahora en adelante vamos a mejorar la relación entre los tres. No es lindo vivir entre peleas ¿o sí?- Isabel sonrió y asintió para luego caminar al lado de su nana.

- Muchas gracias señorita Elizabeth. Ustedes son muy amables, los aprecio mucho a pesar de conocerlos muy poco.- Las palabras de la menor tocaron un poco el corazón del austriaco quien sonrió al escucharla.

- Eres bienvenida siempre y cuando vengas con permiso de Alfred. No queremos problemas políticos, algún día entenderás esa parte.- La húngara abrazó a Rod por su contestación y le susurró "Gracias".

- Así es Isa-chan, nosotros estaremos esperando tu regreso.- Dijo Feliciano para luego abrazar a Isabel junto a su hermano.

- Eres la primera niña que me cae bien. ¡Te extrañaremos!- Fueron las palabras de Lovino.

El estadounidense y las mexicanas se despidieron y emprendieron su camino al auto. El viaje a casa comenzó y a la mitad de este Alfred tomó otro camino.

- ¿A dónde nos llevas?- Preguntó Ana seria.

- Voy a comprar un café en este pueblo, me gusta mucho. Disculpen por no avisar antes pero no quería arruinar el momento. ¿Quieren algo?-

- Cuando lleguemos veremos.-

**************.****************

Un mes en tardar en actualizar D': Malvada sea la pereza.

Gracias por sus rewiews:'3 Como he dicho prometo terminar esta historia y por ahora que son vacaciones haré lo posible por obligarme a actualizar más seguido xd

Nos leemos pronto :'D

¡¿