Yukihana. Aquí les traigo el nuevo capítulo. Espero la disfruten.
KUROKO NO BASKET NO ES DE MI PERTENENCIA
Titulo: Arrepentimientos.
Autora: Yukihana-Hime (Y-H)
Resumen:
Hay un proverbio que dice:
"Vive tu vida sin arrepentimientos..."
Una vida así sería genial, pero siendo realistas... ¿Quién no se arrepiente de haber hecho o no haber hecho algo en su vida?
KiKuro
Géneros: Romántico, Drama
Advertencias: Mpreg
-Capitulo 4 - Confesión -
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― ¿A dónde quiere llegar? ―pregunto Kise no entendiendo muy bien.
― Lo que quiero decir que como padre no bilógico de la niña…—respondía el doctor leyendo los exámenes en sus manos.-—…y con un tipo de sangre muy diferente, no puede donar para ella…
Para el matrimonio fue como si todo sonido desapareciera de aquella habitación, cada uno con un temor solo podía ver como el hombre con bata seguía hablando pero ellos no oían nada. Yumiko se tensó rápidamente pensando que decir pero las palabras morían siquiera las pensaba, por su parte en la mente de Ryouta las palabras del doctor resonaban cual eco...
*¿Cómo padre no biológico? ¿No es mi hija? ¿No soy su padre?* Su mente estaba en caos total, no podía creer lo que había escuchado… no concebía el hecho de no ser el padre biológico de su pequeña, a la cual vio nacer, con la que ha estado viendo sus logros y caídas infantiles, a la que le enseño andar en bici y muchas cosas más. La niña que lo unió a la mujer que tenía al lado.
Recordar aquello hizo que mirara a su esposa, la cual tenía la mirada baja con lágrimas. Ella lloraba y no desmentía lo dicho, lo que le aclaro que el doctor no mentía. ¿Por qué esa mujer lloraba si él era a quien le habían hecho daño? Quería gritarle, exigir explicaciones y reclamarle. La ira estaba creciendo en él pero también un fuerte dolor en su pecho se estaba instalando. Un vacío que nunca había sentido.
Algo se perdió. Algo lo consoló. Algo olvido. Algo se revelaba. Algo se rompía. Algo faltaba. Algo se volvía un vacío.
Eran tantas cosas que no sabía por dónde empezar… Perdió tiempo atrás a Kuroko, siendo su único consuelo aquella niña tan hermosa que le ilumino la vida en cuanto soltó su primer llanto al llegar al mundo. Se olvidó de vivir una vida por solo vivir para ella y redimirse con Yumiko por no amarla. Ante la revelación de la verdad escucho como su corazón se rompía y el sentido a su vida faltaba convirtiéndose en un vacío.
—Yumiko…—la mujer se tensó ante el llamado de Kise— Sayumi es mi hija ¿verdad? —pregunto aguantando las ganas de gritarle, las ganas de sacudirle para pedirle una respuesta.— ¿verdad? —repitió con un tono de voz que suplicaba que le respondieran con una afirmación.
—Yo… yo…—tartamudeaba presa del miedo, dolor y tristeza. —…en verdad… Ryouta…
—Los dejare solos. —dijo el doctor con gran vergüenza al momento de alejarse.
Necesitaban privacidad a su parecer. Había cometido un error profesional al mencionar aquello, pero creyó que el padre sabía que la niña no era su hija debido a que según el historial clínico la niña ya había necesitado de dos transfusiones sanguíneas; una al nacer y la otra no hacía más de un año. Supuso que algún medico con anterioridad ya se lo habría dicho, además de que cuando hablo a solas con la madre durante la tarde y la cual a su opinión no parecía capaz de hacer un engaño, nunca menciono nada.
La señora bien podría habérselo mencionado -como muchas otras a las que atendió años atrás-cuando le pregunto por el bienestar de la pequeña, si tenía antecedentes familiares con el mismo padecimiento pero ella no lo hizo.
—Responde Yumiko…—rogo, lagrimas empezaron a brotar de sus ojos.
—Lo siento… lo siento… en verdad lo siento… —una disculpa llena de dolor era lo único que podía decir, con los ojos cerrados y con lágrimas. —Ryota, en verdad lo siento… lo siento…—Sujetaba con fuerza el peluche favorito de su hija.
— ¿Quién es el padre? —pregunto esta vez con mayor dolor.
Necesitaba respuestas, necesitaba razones o por lo menos necesitaba un ancla en esos momentos. Algo que fuera real y verdadero.
—Ryouta, yo…
— ¡¿Quién es el padre?! —exclamo dolido.
Yumiko se asustó por el enfado en la voz del rubio, instintivamente retrocedió unos pasos asustada. Cuando Kise enfrento a la chica de frente se mordió el labio inferior al ver en su mirada un gran arrepentimiento, no poda perdonarla, no ahora por lo menos pero necesitaba respuestas por lo que la mantuvo su mirada llena de rencor sobre ella.
Yumiko sollozo, todo había terminado. Seis años viviendo con una gran mentira pero felizmente hermosa, sabía que un día se revelaría pero no esperaba que fuera tan pronto y de manera tan abrupta. Con grandes esfuerzos intento tranquilizarse, su espo…No, eso no era correcto y se corrigió a sí misma...
…Kise merecía saber la verdad y ella tenía que decírsela. Miro de reojo hacia su pequeña; verla postrada en esa camilla tan frágil, delicada e indefensa le dolía, sin embargo lo que más le dolería era ver la tristeza y las lágrimas de su hija cuando despertara al no ver a sus dos padres juntos. Porque era consciente que todo terminaría, y había sido su culpa.
Armándose de valor regreso su mirada al rubio que parecía morir, sintiendo un gran dolor dentro de su pecho por lastimar a quien amaba… Se permitió por unos segundos una luz de esperanza. Qué tal si contaba todo, ¿se podría arreglar? ¿Podrían seguir siendo felices los tres juntos? ¿Ryouta podría perdonarla si era por el bien de su hija? Y de nuevo la verdad la golpeo, Sayumi no era su hija de él. Eso solo significa que no, ya no había un "los tres"… Lo sabía, independientemente de que Kise se enterara de lo de Sayumi, sabía que nada sería igual desde que vio de regreso a Kuroko…
— ¡Te estoy ha…!
—Vayamos a otro lado. —Interrumpió el grito de Kise— No quiero contarte todo delante de ella, por favor.
La pelinegra se secó las lágrimas recuperando su compostura, a pesar de lo mal que se sentía debía aparentar y lo lograba gracias a sus dones de actuación. Se acercó a su hija, dándole un leve beso en la frente.
— Vamos. —ordeno el rubio.
Yumiko se encamino a la entrada de la habitación, sin embargo se detuvo unos segundos al ver al rubio estático a los pies de la camilla y luego salir en busca de una enfermera, a quien le pediría estar al pendiente de su pequeña en lo que ella arreglaba algunas cosas importantes.
Kise miraba a la que por seis años creyó su hija, debatiéndose como debía ahora de pensar y actuar con ella. No encontrando respuesta, miro su hija por última vez antes de salir siguiendo a su esposa, quien encontró hablando con una de las encargadas de Sayumi.
— ¿A dónde vamos? —pregunto la pelinegra.
—Hay un café con cuartos privados cerca de aquí. —respondió el rubio sin verla a la cara y comenzando a caminar.
Al llegar al lugar les fue dado un lugar privado y fueron atendidos por una de las camareras que los reconoció como antiguos modelos, aunque se abstuvo de decir algo fuera de su rol de trabajo debido al ambiente tan sofocante que rodeaba a los clientes.
— ¿Q… qué desean tomar? —pregunto la chica sintiendo enormes ganas de salir huyendo del lugar.
—Un café. —pidió la mujer.
—Un expreso. —respondió el chico.
La empleada se alejó rápidamente para minutos después regresar con el pedido y no querer regresar con ellos. El matrimonio no hablo durante unos minutos, siendo la mujer que miraba el mantel como si fuera una gran joya con tal de evitar la inquisidora mirada dorada. Suspiro armándose de valor una vez más, no podían tardar porque debía volver con su hija, levanto la mirada y la fijo en los contrarios, quienes reflejaban el gran dolor que sentía el dueño.
—El padre de Sayumi… es… Ryota, yo…
— ¿Quién es? —interrumpió el rubio, no necesitaba más disculpas de la chica.
— Shōgo Haizaki…—confeso Yumiko, conteniendo las lágrimas que le provoco escuchar el tono de voz del alegre rubio, que ahora solo era frio, dolido y rencoroso.
El rubio agrando los ojos sorprendido ante la respuesta, ¿Shōgo Haizaki? Sostuvo su cabeza con una mano, sentía que el mundo se movía de manera rápida y su cuerpo no reaccionaba como debía. Nunca espero escuchar aquel nombre después de años. ¿Yumiko hablaba en serio? Hacía años que no veía ni siquiera al mencionado. ¿Cómo es que ellos terminaron juntos?
—Pero él…—las palabras se negaban a salir de sus labios, quería preguntar pero no sabía cómo empezar. — Él y tu… Nosotros…
—Cuando tú me invitaste a salir y acepte, es porque realmente me gustabas. Estaba feliz por estar contigo ya que tú eras mi amor secreto cuando trabajamos como modelos juntos. —interrumpió la mujer contando lo sucedido en el pasado, quería dejar todo claro ahora que ya lo había perdido. — Eras el más popular de los modelos en aquella época y yo me sentía muy atraída hacia ti, como nunca me sentí con ningún otro. Jamás pensé que tú me invitarías a salir, por lo que la felicidad me inundo y me cegué. Me encapriche en mi deseo de que nuestra relación funcionara…
Kise se mantenía callado, dispuesto a escucharla y conteniendo la risa sarcástica que amenazaba con soltar al escuchar las palabras de su mujer. Ya no creía nada de ella, mucho menos las partes en que decía quererlo.
—…aunque no duro mucho. —suspiro. — Con el tiempo me di cuenta de algo, la razón por la que me invitaste a salir en realidad. Era solo un reemplazo de Kuroko, ¿cierto? —el rubio desvió la mirada. Ella sonrió de manera sarcástica al no obtener respuesta aunque no la necesitaba en realidad— Lo note rápidamente, a los poco días de cuando nos presentaste. Tus ojos solo tenían en la mira a Kuroko cuando estaba alrededor. No importaba con quien estuviera él porque siempre lo mirabas sin importarte con quien hablaras tú. Al principio realmente me sorprendió saber que amabas a otro chico. ¡Me negaba a creerlo! Pero al aceptarlo me moleste al pensar que me habías utilizado para fingir que eras heterosexual y solamente era utilizada. Que era un reemplazo que habías tomado cuando negabas de tus sentimientos inconscientemente…
— ¿Y por eso me has tenido engañado tantos años? —sabía que su proceder en el pasado no fue correcto pero no lo consideraba suficiente para el engaño de años.
—No. No es así. —Aclaro la pelinegra. — Ya te dije que cuando lo descubrí me dolió, pensé reclamarte, pero al final no pude hacerlo.
— ¿Por qué no rompiste conmigo sabiendo la verdad?
—Te amaba y vi un futuro para nosotros al notar que tú en aquella época ni sabias sobre tus propios sentimientos. Me aproveche de ello para intentar conquistarte, trate de que me vieras como una mejor opción que a él, conmigo tendrías un futuro, una familia. Por eso me acerque a él, para que nos vieras juntos y nos compararas, vieras las ventajas que yo podía darte y las desventajas que tendrías a su lado. Solo quería que me amaras en su lugar, es por eso que también me entregue a ti sin pensarlo mucho, creía que eso me daría una ventaja mayor. —Sonrió tristemente— Y al menos funciono, nuestra relación fue la más larga que habías mantenido en tu época universitaria.
—Eso fue…
—Lo sé. —continuo ella. — Inesperadamente eras demasiado responsable en muchos aspectos. Te sentías responsable de mí y de lo que sucedió entre nosotros, algo innecesario ya que fue mi decisión hacerlo. Eras un idiota después de todo y no has cambiado en nada Ryo…—negó con la cabeza— Kise-kun~
El rubio hizo una leve mueca al escuchar su apellido con el mismo tono con el que la chica acostumbraba decirlo cuando recién empezaban; era tan extraño volver a escuchar su apellido por aquella boca que después de algunos meses de noviazgo comenzó a llamarlo por su nombre.
— ¿Recuerdas que hubo un tiempo en que parecía evitarte un poco? —Yumiko prefirió continuar con la historia y dejar a un lado sus sentimientos, los cuales no parecían tener efecto en el contrario. Kise asintió. — Fue cuando me di cuenta y me debatía sobre lo que debía hacer. Por esa razón no dije nada y me aleje…
El rubio no dijo nada, apretaba sus manos en puño con fuerza, queriendo que todo el dolor emocional se convirtiera en físico, de ese modo al menos podría curarlo después.
—…Al momento de alejarme de ti para pensarlo fue cuando misteriosamente Haizaki se acercó a mí. Al principio solo lo vi como un idiota que quería ligar conmigo. Estaba molesta contigo por lo que no vi problema con desquitarme un poco con él, le aclare que solo seria para pasar el rato ya que tenía pareja. Salí con él por algunos días que bastaron para que él se diera cuenta con ese don misterioso que tenía para leer mis emociones que algo ocurría con mi relación. —Yumiko comenzó a derramar nuevas lágrimas. — Con mi alejamiento quería también que me buscaras, que me tomaras en cuenta pero en vez de eso te refugiaste en Kuroko, lo buscabas más y sentía que te perdía. En mi momento de vulnerabilidad Haizaki se mostró comprensible, cariñoso y amoroso conmigo, simplemente dijo: "Puedo hacer que te olvides de él"…—guardo un poco de silencio al recordar aquello. Recordar cómo había iniciado su hermosa mentira de 6 años era doloroso— Después de ello paso lo tenía que pasar: mi deshonra. Me entregue a él y me sentí atraída por él por lo que no termino ahí. Es probable que me enamorara de él… la verdad jamás aclare muy bien lo que sentí por Haizaki.
— ¿Entonces porque no terminar conmigo?
—No aclare nada porque en esos días repentinamente te pegaste a mí de repente, no sabía si sentirme feliz porque por fin me veías. Me pedias salir a citas más seguido, me dabas más besos, estabas más atento a mí y teníamos relaciones más seguido. Me arrepentía de mi aventura al pensar que tú podrías haber llegado a amarme. —respondió la pelinegra, y la información atrajo recuerdos al rubio. — Sin embargo después me entere que comenzaban a oírse rumores de Kuroko con una chica; y eso me aclaro que nuevamente me utilizabas inconscientemente para no sufrir por no tener su atención. —El piloto no agrego nada— Cuando me entere que estaba embarazada, iba a romper lo nuestro y dejarte libre, porque sabía perfectamente quien era el padre. A pesar de haber estado varias veces contigo, algo en mi interior me decía que Haizaki era el padre de mi bebé. Además que antes de que me buscaras de nuevo, había estado varias veces con ese estúpido.
— ¿Y si lo sabias porque mentirme a mí? —pregunto el rubio mirándola fijamente— ¿Por qué no decirle a ese…?
— ¡Se lo dije! —Yumiko alzo la voz— Primero le propuse formalizar algo pero él se negó ya que estaba conforme con la situación. Después de un rato rogándole se lo confesé, le dije que esperaba un hijo suyo… pero el malnacido solo se rio al momento de decirme que no se haría responsable, que yo solo había sido un juego para él y buscara como arreglar mi error. Que en lo nuestro nada fue por casualidad, todo fue por una venganza. Desde el inicio todo fue planeado, no había don para saber cómo me sentía, nos observaba todo el tiempo para saber que sucedía en nuestra relación y buscar un momento para comenzar su plan. Ese fue cuando me distancie de ti, al hacer eso le di la oportunidad de conseguir su venganza…
— ¿Venganza? —Kise temía escuchar la respuesta.
—Todo fue por tu culpa. —Acuso la pelinegra. — Él dijo que el que te engañara y que me acostara en repetidas ocasiones con él, solo fue una manera de vengarse. De regresarte el favor de la secundaria y la preparatoria. Que tú le quitaste demasiadas cosas y ahora él te quitaba lo que amabas. —Rio con ironía. — El muy idiota creía que tú me amabas y que al enterarte sufrirías…
— ¿Qué paso con él? —pregunto Kise molesto, quería ir a buscar al bastardo para golpearlo. Darle una lección.
Yumiko sintió nuevamente el dolor pasado y el remordimiento de su engaño. Recodar aquello era doloroso, demasiado, había sido utilizado varias veces en aquel tiempo por personas que amo. Las lágrimas fluyeron aún más por sus mejillas.
—Cumplió su palabra y me abandono a mi suerte. —respondió ella. — El miedo, dolor y muchas cosas me inundaron, el idiota me había utilizado peor que tú. No sabía qué hacer con una responsabilidad así y sola. Era joven e idiota como cualquier otra a esa edad y simplemente me quedaba una opción segura; tu…—Comenzó a sollozar más fuerte.
Kise ahogo un gruñido por saberse utilizado y engañado solo porque el verdadero responsable de todo aquello no quiso asumir su papel. Había vivido años preocupándose y regañándose por engañar aunque fuera en pensamiento a Yumiko, ahora no sabía quién era más cruel; él por pedirle ser su novia sin realmente amarla y siempre pensar en otra persona, además de que eso continuo aun estando casados, o fue ella al engañarlo e ilusionarlo de que era padre durante años, donde le prometió nunca mentirle el día que se casaron.
—…Con…—dudo si continuar al no oír comentario alguno del rubio—…Con el tiempo me di cuenta de la estupidez que había cometido al engañarte, a ti, un inocente que nunca me lastimo siendo consciente, todo por mi miedo y desesperación al tener que enfrentarme sola a un error que cometí por mi estupidez. Era cruel de mi parte atarte a mí de esa manera siendo que tú amabas a alguien más, sabía que era la mala pero estaba aterrada. Me arrepentí de mentirte de que seriamos padres a los pocos días, sin embargo fue cuando Kuroko se fue y yo pensé ingenuamente que era alguna señal de que debíamos permanecer juntos. —la chica se limpió con un pañuelo el rostro, sus ojos estaban empapados y sentía un nudo en la garganta que le impedía hablar. — Cada día que te veía emocionado por el embarazo me sentía la peor persona, en varias ocasiones pensé contarte la verdad antes de que todo empeorara y para que fueras tras él… pe… pero el tiempo paso y el día en que Sayumi nació, vi tu rostro lleno de felicidad. Me agradeciste mientras la sostenías entre tus manos, vivir ese momento me lo impidió. Me decía a mí misma que tal vez no todo resulto mal, quise engañarme a mí misma sobre que éramos una familia feliz y no había necesidad de decir la verdad. Los años pasaron y verte tan alegre al lado de Sayumi hacía que mis dudas se fueran; sabía que estaba mal pero con el tiempo mi amor por ti se volvió más fuerte…
— ¡¿Cómo pudiste…?!
—…Pensé decirte la verdad cuando Sayumi creciera…—Yumiko ignoro el murmullo del contrario, temiendo escuchar las palabras de reproche y odio que estaba segura le serian dirigidas en cuanto acabara de habar.
— Yumiko…
— ¡Por favor no lo digas! ¡No digas nada Kise! Me odias. Lo sé. Pero por favor no me lo digas, no podría soportar oíslo de tu propia boca. —Lo interrumpió la chica con desesperación, con las manos en puño y conteniendo las lágrimas. — Todo es culpa mía. Sobre Sayumi, sé que no estoy para pedirte algo pero por favor no la odies… Ella es inocente… si aun después de esto quieres verla no te impediré que la visites… Eres su padre, para ella lo eres…—levanto la mirada al no oír nada del contrario referente a la pequeña.
—No podría odiarla aunque quisiera…—murmuro Kise después de unos segundos— Sobre Kuroko…
—Perdón por ocultarte todo…—repitió— ¿Has hablado con él? ¿Te dijo algo?
—No he tenido tiempo…—respondió extrañado el rubio por la repentina pregunta.
Por alguna razón que no entendía, las ganas de gritarle y/o reclamarle se habían ido. Su cerebro había decidido desconectarse, para solo escuchar y contestar a lo más básico. Quería meditar las cosas, aunque no fuera lo suyo el comportarse de ese modo… fue de ese modo que el fuera de lugar y fugaz pensamiento de que había madurado paso por su mente.
—Entiendo…—murmuro ella, levantándose de la mesa de manera rápida— Es hora de que me vaya, Sayumi no puede estar sola. Lo lamento en verdad…—hizo una reverencia de 90°— También quisiera que no dudaras de que me enamore de ti, aunque eso ya no es importante ahora, supongo. —dicho eso se retiró dejándolo solo…
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Propiedad Kuroko~
Después de haber dejado el hospital, padre e hijo fueron llevados a su casa de nuevo por Akashi, quien no le cuestiono nada, se había limitado a seguir charlando y burlándose de Ryou. Tetsuya había agradecido el que no se tocara el tema, necesitaba tiempo para asimilar ver a Yumiko después de unos años, el verla a ella y a Kise junto a su pequeña era algo que no quería ver desde que había decidido regresar a Japón.
Al llegar a su casa el pelirrojo paso un rato más con ellos y de ese modo pudo posponer su sufrimiento. Siempre fue consciente que aquella mujer nunca lo quiso cerca de Kise, lo había dejado muy en caro durante su época en la universidad, para ella su sola presencia era un error, razón por la que prefería no estar junto al rubio y la pelinegra. Aun a pesar de todo aquello, lo único que podía hacer era rezar por la pequeña, pedía que Sayumi se repusiera pronto y de ese modo volvieran a ser la familia feliz que en alguna llamada de Aomine a Momoi describió.
Alejo los pensamientos de aquella familia de su mente al escuchar como caía algún objeto detrás de él, centrándose de nuevo en lo que estaba haciendo en ese momento con la luz de su vida. No debía pensar en cosas que no eran de su incumbencia, una vez que regresaran a E.U. todo aquello quedaría nuevamente atrás, volverían a sus vidas normales lejos de Kise.
— ¡Ryou! —grito cansado.
Había estado persiguiendo a su hijo por toda la casa desde hace más de media hora que ya no podía más, su pequeño se negaba a cumplir lo ordenado y huía de él cuando intentaba atraparlo. Al inicio fue divertido, era como jugar y pensó que al final el pequeño obedecería una vez estuviera satisfecho pero resulto que después de media hora ni estuvo satisfecho, ni obedeció el pedido.
— ¡No quiero! —grito en respuesta el menor escondido debajo de la mesa de la sala, lugar que gracias a su complexión podía ocupar.
—Te tienes que bañar. —ordeno por centésima.
—No, no me gustan los baños. —se quejaba el pequeño.
El mayor se acercó al lugar y jalándolo de sus piernitas quiso hacerlo salir de su escondite, pero el pequeño se aferraba con las manos a la alfombra, gritando su negativa a tomar un baño como si su vida dependiera de ello. En ocasiones así, Tetsuya se preguntaba de donde había salido esa obstinación y aunque quiso adjudicársela a los genes de parte del rubio, Satsuki se había encargado de desmentirlo, diciendo que eran de sí mismo.
El forcejeo que mantenían se detuvo cuando escucharon unos ladridos de parte del perro de la familia, el cual se había acercado llamando así la atención. Padre e hijo se quedaron quietos viendo a gran perro en que se había convertido Nigou, quien mantenía la lengua de fuera.
— ¡Me bañare con Nigou! —dijo el pequeño.
Acompañando su condición, Ryou mostro a su padre la mejor expresión de su repertorio; su rostro angelical, ojitos brillosos conteniendo el llanto como s fuera un cachorrito hambriento junto con un tierno puchero y las manos en posición de ruego.
— ¡No! ¡Te bañaras solo! —Exclamo Tetsuya cruzándose de brazos evitando mirar firmemente a su hijo, quien aumento su ternura. — He dicho que no…—cada vez le costaba aún más negarse—…Si se bañan juntos… juntos dejan un desastre en la tina… por eso…
—Papi, por favor…—su voz fue casi una súplica y se aferró a las piernas de su padre, que se había levantado para no verlo directamente.
—Ryou…—contra sus propios deseos bajo la mirada al sentir como jalaban sus pantalones—…Esta bi...
Ding Dong
Tetsuya agradeció a todos los dioses que conocía, cuando el sonido del timbre se hizo presente y evito que sucumbiera a los deseos de su retoño. Ambos peli celestes voltearon hacia la puerta y después se miraron preguntándose mudamente quien seria a esas horas de la noche, hasta que por la mente del mayor paso el encargo que habían hecho para la cena.
—Cuando regrese, te quiero metido en la tina. —Le ordeno a su hijo mientras se alejaba para abrir la puerta— ¿Quién? —pregunto cómo precaución mas no recibió respuesta.
Abrió lentamente la puerta encontrándose con el repartidor de comida, quien le sonreía mostrando entre sus manos el encargo. Abrió en su totalidad la puerta y rápidamente tomo la pizza que había pedido. Mientras pagaba comenzaba a replantearse el no saber cocinar, como siempre el que cocinaba era Kagami nunca se preocupó en aprender o incluso cuando el pelirrojo debía salir a un viaje y a sabiendas del peligro que corrían con Momoi, preferían encargar algo a algún restaurante… pero ahora que se encontraban solo con su hijo *¿quizás debería aprender?...*
El repartidor le agradeció la generosa propina y se marchó, Kuroko abrió la caja para ver el interior disfrutando del aroma… *…No, se ve mucho trabajo cocinar.* Dio media vuelta y justo cuando iba a cerrar sintió una extraña sensación. Se sentía observado…
Dejo la pizza en el mueble cerca de la puerta y se asomó viendo en todas las dirección, se detuvo hasta que sus ojos notaron algo rubio sobresaliendo de las bardas que rodeaban su casa. Centro su mirada en ese lugar intentando adivinar quién era, pero no necesito mucho tiempo porque reconocería en cualquier momento aquella cabeza desde cualquier ángulo. Se trataba de Kise, ¿qué hacia fuera de su casa? ¿No se suponía que debía estar en el hospital? Dudo unos segundos si acercarse o no, sin embargo al final lo hizo, encontrando del otro lado de la barda al rubio recargado en la barda con el rostro hacia abajo.
— ¿Kise-kun? —intento llamar la atención, pero el contrario no le hizo caso. — Kise-kun…—llamo más fuerte pero ni aun así obtuvo respuesta.
El pensamiento fugaz de que algo malo sucediera con la pequeña lo estremeció, por lo que con más seguridad y sin importare nada, tomo entre sus manos el rostro del mas alto. Se veía peor de como lo había dejado en el hospital, se encontraba en un estado de shock y por más que le hablo el contrario no le contesto, apenas si logro que volteara a verlo pero en aquellos ojos dorados no había rastro de ningún sentimiento…
No sabiendo que más hacer, lo tomo de la mano y jalo, guiándolo hacia el interior de la casa su amigo se veía terrible, temía que algo malo ocurriera. Poco importaba que hacia ahí o como había llegado, lo principal era ponerlo en un lugar seguro y hacerlo reaccionar, así como también verificar que la pequeña Sayumi estuviera bien. Kise no respondía a nada y solo se dejaba hacer.
Al entrar pensó en dejarlo en un sillón en la sala pero no lo hizo al ver que su hijo aún seguía debajo de la mesa jugando con el perro, aunque cuando los notaron el pequeño se quedó viendo fijamente al recién llegado.
— ¿Papi? —se hizo presente la pequeña vocecita de su hijo.
—Vete a bañar Ryou, y no quiero perseguirte por la casa porque tenemos invitados así que se obediente. —ordeno de nuevo pero con voz más seria.
El pequeño se percató del cambio en la voz por lo que entendió que su padre hablaba más enserio y que en ese momento sucedía algo malo con la persona que su padre traía de la mano. Asintió y se puso de pie dirigiéndose al baño, siendo seguido por Nigou. Por la mente del pequeño pasaba el estado en el que se encontraba aquel hombre que conoció por la tarde y el cómo estaba ahora, sintiendo un nudo en la garganta sin saber porque no le gusto la inexpresividad del rubio alegre de la tarde. *¿Se sentiría mal como el abuelito? ¿Por eso fuimos al hospital?* Se preguntaba mientras abría la puerta del baño y se adentraba para tomar una ducha.
Tetsuya no dijo nada sobre el hecho de que al final su hijo se bañara con Nigou, eso era mejor a que estuviera negándose en ese momento en el que no sabía cómo proceder con un rubio ausente. Salió de aquel pensamiento al ver como Kise cayo de rodillas al suelo, parecía que había llegado al límite. Alcanzo a agarrarlo para que no cayera por completo y con dificultad lo ayudo a ponerse de pie nuevamente, siendo su soporte para mantenerse así.
Por el estado en el que se encontraba el rubio, Kuroko sabía que no le haría caso hasta mañana por lo que con dificultad lo ayudo a subir por las escaleras para dejarlo en la habitación de invitados para que descansara, y era mejor tenerlo vigilado. Al llegar a la habitación incluso lo tuvo que ayudar a acostarse, aunque en realidad solo lo dejo caer, le quito los zapatos con los que incluso había entrado a la casa y le puso una cobija encima. Le rompía el alma verlo en ese estado, y dejándose guiar por su instinto en esa ocasión, se atrevió a darle un beso en la frente mientras lo arropaba.
A nadie le gusta ver que la persona que se ama y por la cual se han hecho sacrificios, este sufriendo.
—Duerme. —le dijo antes de cerrar la puerta para dejarlo descansar.
Al salir de la habitación suspiro cansado, ¿qué había pasado para que la situación se tornara así? Se dirigió a su cuarto para buscar el teléfono celular y luego a la sala en busca de la guía telefónica, en donde busco el teléfono del hospital al que fueron esa tarde. Se sentía muy nervioso escuchando los timbres de la llamada. Tartamudeo un poco cuando una enfermera contesto y él tuvo que dar los datos necesarios para que le informaran el estado de la pequeña Sayumi.
Un gran alivio lo invadió cuando escucho a la mujer decir que la pequeña se encontraba bien y que en esos momentos su madre estaba con ella. Eso significaba que ambas estaban bien, lo que le hacía preguntarse que había alterado a Kise de ese modo. Se dejó caer en el respaldo del sofá mientras intentaba pensar en las razones de que en esos momentos -en los que sabía que todo estaba bien-, su corazón no dejara de latir por la cercanía que había tenido con su viejo amor.
Después de un rato el pequeño Ryou había terminado su baño saliendo a buscar a su padre envuelto en una toalla que lo cubría casi por completo. Lo encontró en la cocina hablando por teléfono con alguien y preparando un poco de jugo mientas que en el microondas se recalentaba la pizza que se suponía debían haber comido antes. Miro alrededor en busca del rubio pero no lo encontró y sintió cierto deseo de al menos haberlo saludado, había pensado averiguar quién era en esa ocasión y por qué su padre parecía más feliz en la foto con él que con otros compañeros. Por cómo se trataron en la tarde pensaba que el rubio le respondería.
—Ya termine. —le anuncio a su papá.
—Espera…—le pidió a la persona del otro lado de la línea y luego se dirigió a su hijo. — Está bien…—Tetsuya cubrió con una mano la parte baja del celular. — ¿Crees que puedas vestirte tu solo?
Se encontraba hablando con Akashi sobre lo sucedido con Kise y pensaba llamarle después a Kagami para ponerlo al tanto, aun así primero debía ayudar a su pequeño sin embargo sonrió cuando su pequeño le respondió con alegría.
—Sí. Yo me pongo la pijama. —respondió con cierto orgullo.
—En ese caso tu ropa esta en el cuarto, vístete allá y trae la toalla, yo te secare el cabello. —El mayor iba a regresar a la llamada cuando vio a su hijo marcharse y recordó algo. — No hagas tanto ruido porque la visita está dormida.
Los ojitos dorados del menor brillaron con emoción al oír a su padre decirle que la visita aún seguía en la casa, por lo que acelero el paso hacia arriba.
— ¡Sí! —grito a mitad de la escalera.
— ¡Ryou! —Regaño el mayor pero ya era demasiado tarde.
Regreso a hablar con el pelirrojo cuando escucho ruido en el cuarto de baño, hablando aun con Akashi ingreso al baño justo en el momento en que Nigou se sacudió para quitarse el exceso de agua. Todo el cuarto quedo salpicado por el agua y con algunos pelos de perro al igual que él. Era por eso que no le gustaba que se bañaran juntos. Mala suerte la suya.
Ryou se vistió rápidamente y con tiempo de sobra por su rapidez, aprovecho para salir a buscar al invitado. Comenzó a recorrer las habitaciones en su busca pero no lo encontró y estaba por rendirse cuando se topó con la habitación que su padre le había dicho que era de invitados cuando le enseño la casa, se dio un leve golpe en la frente con la palma de su mano por no buscar ahí primero.
Abrió en silencio la puerta, asomándose con curiosidad al interior de la habitación. Gracias a la luz de la luna que se filtraba por la ventana no tuvo necesidad de encender la luz y pudo ver al rubio durmiendo en la cama, se acercó a él con cautela para no despertarlo. Hizo un puchero al ver el camino que dejan las lágrimas al recorrer las mejillas… El amigo de su padre había llorado… Limpio las mejillas con cuidado con la toalla que traía en hombros, y antes de salir le dio un leve beso en la mejilla, su papi hacia eso para animarlo cuando estaba triste por lo que pensó que tal vez ayudaría al mayor. Ya sería mañana cuando le preguntara sobre su curiosidad.
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Lo último que recordaba era haber salido de aquella cafetería y caminar sin rumbo, había intentado llamar a su viejo sempai Kasamatsu pero la llamada fue dirigida directamente al buzón de voz, pensó en ir con Aomine pero recordó que tenía un encuentro de básquet con su equipo en Kyoto y no llegaría hasta la noche, razón por la que mientras esperaba a que llegara la noche comenzó a caminar. En algún momento de aquella caminata todo se volvió negro y oscuro, sintiéndose vacío.
¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Lo que le pasaba era el karma? ¿Dónde, cómo o quien le daría las respuestas a todo eso? No lo sabía.
Sentía que se ahogaba en un lago lleno de fango del cual no podía escapar por más que lo intentara, y que con cada movimiento que hacía para intentar salir de ahí se hundía aún más, de repente se sintió libre y toda la presión de su cuerpo se había alejado. Se había dejado llevar por la sensación y había permitido que su cuerpo descansara, aun así percibió que era abrazado por algún calor reconfortante.
Cuando su mente pudo enfocarse un poco en su alrededor de nuevo, no supo si era un sueño o solo producto de su imaginación, pero vio a Kurokocchi, quien lo arropaba en una cama que él no recordaba y luego le daba un beso en la frente. No importaba si era un sueño o ilusión pero al menos eso le ayudo a conciliar el sueño.
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Abrió sus ojos dorados con pesadez, su cuerpo se encontraba entumido y su cabeza le dolía. Rodo en la cama para dar la vuelta, observando su alrededor. No reconocía el lugar así como tampoco el cómo llego allí. Los recuerdos de todo lo sucedido lo atacaron cuando intento levantarse, dejándose caer de nuevo en la cama, llorando para exteriorizar su dolor pero ahogando todo sonido con la almohada más cercana. Su cuerpo temblaba a causa del llanto. Se sentía solo, traicionado pero lo peor es que estaba más enojado con él mismo que con Yumiko. El dolor en su pecho lo desgarraba y lo quemaba…
Pero con todo aquello, el dolor más grande que sentía en esos momentos era saber que Sayumi no era su hija, aquella dulce niña que había criado y amado durante 6 años no era parte de él. Siguió llorando en silencio, sin consuelo alguno. De algún modo en ese momento se daba cuenta de lo separado que se encontraba de sus amigos, se había alejado de ellos para centrarse en su familia… pero principalmente fue porque se sentía mal con Yumiko, ya que nadie de su círculo de amistad la quería mucho y aunque no la trataban mal, evitaban sutilmente convivir con ella.
Todo lo que había hecho en el pasado por Yumiko y Sayumi, ahora carecía de sentido…
En esos momentos se arrepentía siquiera haber conocido a aquella modelo. Se arrepentía de pedirle salir y mantener intimidad con ella. Se arrepentía de ser tan idiota como para no darse cuenta de su amor por Kuroko. Se arrepentía de haber aceptado casarse con ella, podría haber cuidado de esa niña sin unirse a su madre. Se arrepentía por su cobardía al no haber detenido en aquella ocasión en el aeropuerto a su único amor. Se arrepentía de tantas cosas…
Después de un rato de estar así, escucho ruido proveniente de afuera del cuarto en el que se encontraba. Prefiriendo centrarse en otra cosa que no fuera lo que lo hacía sufrir, dejo a un lado su llanto, sentándose con dificultad en la cama y metiendo la mano al bolsillo de su pantalón para sacar su celular, lo encontró apagado y, con un poco de fastidio lo prendió para observar la hora y día. Le parecía que había estado inconsciente un día entero, y en una casa desconocida. Tal vez no había sido un día pero sí bastantes horas que no tenía registradas en su mente. Eran cerca de las tres de la madrugada.
Se levantó de la cama con esfuerzo ante el cansancio, miro detalladamente la habitación. ¿Cómo había llegado allí? Ahora en verdad le daba curiosidad. Respirando profundamente para calmarse y con el antebrazo de su playera se limpió las lágrimas, se acercó sin hacer ruido al mueble más cercano observando donde las fotos que había ahí. Abrió los ojos por la sorpresa al ver de quien se trataba, era una foto de secundaria de Kuroko.
¿Estaba en la casa de Kuroko? ¿Cómo llego justamente con él? ¿Qué había pasado en el tiempo que no recordaba? Dio media vuelta para salir de la habitación, el pasillo estaba a oscuras y con suerte pudo encontrar las escaleras, pero antes de bajar el último escalón algunos murmullos lo detuvieron, obligándole solamente a escuchar la conversación.
— ¿Le dirás? —preguntó una voz que reconoció como de la de Kagami.
—No…—escuchó la voz de Kuroko.
¿Qué estaba haciendo allí el pelirrojo? Nadie le había dicho que él había regresado a Japón. Se atrevió a bajar por completo y acercarse a donde escuchaba las voces. Más no se atrevió a entrar a la cocina al escuchar la voz que identificó como la de Momoi.
—Tetsu, tu sabes muy bien lo que pienso sobre esto.
—Satsuki…—intento interrumpir Kagami pero se abstuvo de hacerlo, seguramente por la mirada de la mujer.
—…No me he metido anteriormente porque es tu decisión pero sabes bien que si hubiera sido por mí, él sabría todo para bien o para mal. —continuo la chica, ignorando a su esposo. — Era su elección hacer lo que él creía correcto… No, me equivoco… Era elección de ustedes dos. Era una situación que debían hablar, debatir y acordar entre los dos…
Kise se sentía intrigado sobre aquello y el porqué, hablaban a esas horas de la madrugada como si estuvieran discutiendo un asunto de máximo secreto, un secreto de estado. *¿Sobre qué hablan?* Se preguntaba constantemente el rubio.
—Lo sé, pero eso ya no puede ser. Yo hice lo que creí en aquel tiempo lo correcto…
—Y yo también pienso que no estuvo tan mal tu elección. —lo apoyo Kagami.
—Tai…
—Satsuki, debes entender tu que Tetsu tomo su elección en ese entonces al igual que él, y ya no podemos cambiar eso. —menciono el pelirrojo.
—Pero aun tiene una oportunidad de decirle…
—Pero la misma razón me detiene…—interrumpió nuevamente el peli celeste— Él tiene una familia formada; una hermosa niña, una esposa que lo ama, no quiero arruinar su felicidad con algo del pasado. Hemos estado bien hasta ahora, no hay necesidad de que se entere…
— ¿Entonces porque se ve tan mal? —le interrumpió la pelirosa.
—No lo sé. Llame al hospital para saber del estado de su hija pero me dijeron que estaba bien ero que no podían darme más detalles por no ser familia. —respondió Kuroko suspirando después— Pero no creo que haya pasado nada malo con su hija, porque entonces se hubiera roto.
— Tetsu, sabes que te quiero mucho pero él tiene el derecho de saber la verdad. —opino Satsuki— Y más ahora que necesita al menos una razón más para sobrellevar la situación de su hija… Necesitará un soporte…
—Esta Yumiko…—alego Taiga.
—Pero ella no es su hija. No es lo mismo…—contraataco la chica.
Kise cada vez entendía menos, ¿qué tenía que ver él con esa conversación? ¿Qué es lo que debía saber a opinión de Momoi pero los otros dos se negaban? ¿Qué otros secretos existían y él ni enterado estaba? Se sentía aún más traicionado e ingenuo.
—Lo sé pero…—la voz se le quebró— Tengo miedo.
— ¿Miedo?
—A su reacción. En como lo afectara con su familia. —Respondió Kuroko dejando salir una que otro lagrima— Satsuki, no quiero romper la felicidad de Kise, no por mis temores.
—Qué alivio. —dijo la mujer, desconcertando a sus acompañantes.
— ¿Alivio? —dijeron los hombres.
—Pensé que en tu mentecilla era probable que temieras que Ki-chan te lo quitaría, pensaba hacerte entender que por muy alocado y que siempre actuara sin pensar, él no sería capaza de hacerlo.
—Lo se…—respondió Kuroko sonriendo muy leve. — Pero siempre he hecho las cosas pensando en su bienestar de él.
—Tetsu, no estás solo. Me tienes a mí y a Satsuki a tu lado, además Kise lo entenderá, el jamás te odiara. Te quiere mucho, incluso eso tú lo sabes.
—Por esa misma razón no puedo decirle, él me perdonaría, es un idiota…—el ofendido frunció el ceño al oír eso, ¿era el día de ofendan y lastimen a Kise… y él no sabía?— Me perdonaría todo. Sé muy bien que me perdonaría pero ¿puedo ser perdonado? Hui de él, hui del país con algo tan valioso.
—Por supuesto que es perdonable. —Respondió Kagami— Siempre piensas en los demás y hasta hora eso le otorgo la felicidad a ese idiota.
— Tetsu, ¿no has pensado en Ryou? —continuo la pelirosa intentando convencer a su viejo amigo, todo era por su bien aunque a su esposa le costara estar de acuerdo. — ¿No crees que merezca conocer al menos a su otro padre? Kise merece saber que tiene otro hijo. Merece saber que Ryou es su hijo, el cual tuvo contigo.
Yukihana: ¡Actualización! Espero hayan disfrutado el capítulo, y me digan en sus comentarios las emociones que tuvieron mientras lo leían, quisiera saber si plasme bien la idea que tenía en mente…
Se cuidan~
Bye~ Bye~
