- Irás a México.- Esas palabras la llenaron de emoción, era lo que más deseaba. Brincaba sin parar y sin dejar de gritar "¡Voy a México!". Pese al pequeño escándalo que hacía, a Alfred y Ana no les importaba que hubiese olvidado sus modales en ese momento, ellos también estaban felices de la alegría, y sobre todo, la respuesta de la menor.
- Supongo que su tutor y yo seremos quienes le acompañen durante su estancia ¿Verdad?- preguntó Ana con una gran sonrisa.
- Eso es obvio. ¿Quiénes podrían ser mejores que ustedes?-
- No lo sé, pero creí que tu adorada reina iba a hacer todo lo posible para que María no pisase tierras mexicanas en un largo tiempo.-
- Lo intentó, pero al final quien ganó fui yo.- La chica abrió un poco los ojos y le dirigió a Alfred una mirada llena de sorpresa.- Ya es hora de que entienda que las cosas no siempre serán como quiere, además pienso que Isabel ya está lista para conocer más acerca de sí misma.- Lo veía y no lo podía creer, vaya que Alfredo podía guardar sorpresas. Ana, hasta ahora, había pensado que el chico no era más que el perrito faldero de su majestad pero esto le demostraba que estaba equivocada.
- Y dime más… acerca del viaje.-
- Estoy en eso, de hecho enviaré a alguien para que cheque las condiciones de la hacienda en que vivían con Antonio para hacer las reparaciones necesarias…- La nana sintió un dolor en el pecho; recuerdos de hace al menos 10 años habían despertado; ella comenzó a respirar lento, a manera de tranquilizarse; parecía que iba a empeorar. Por suerte alguien entró por la puerta principal.
- ¡ALFIE AMIGO MÍO, HERMANO DEL ALMA!- Era Freddie, al verlo Isabel corrió hasta él y dijo:
- ¡Iré a México!- Y se lanzó a los brazos del mayor, quien la levantó por el aire y depositó de igual manera al suelo.
- ¡Ya era hora mi pequeña amiga! Te lo mereces.-
- ¡Al fin voy a poder conocer los TACOS en su ecosistema natural! ¡Tacos de verdad! Además de tamales, quesadillas y todas esas comidas que lucen deliciosas en las fotos… ¡YA QUIERO IR!- Isabel había explotado de emoción, parecía que temblaba de nervios, incluso Fred dijo que iba a explorar.
-Relájate Isa, ya va a llegar el momento en que te vayas.-
- Es que estoy muy emocionada.- Comenzó a tranquilizarse.- Muero por probar la comida.- Ya que parecía que la menor había salido del "modo bomba", el chico posó su mano en el hombro de la menor, exhaló profundamente y dijo:
- Regresarás con un par de kilos de más, pero habrá valido la pena… Según los folletos hay sitios arqueológicos y ciudades muy bonitas, espero que los puedas conocer.-
- Tengo que hacerlo. Debo conocer más de mí, ya es hora.-
- Vaya que si my lady. Si me disculpa señorita, iré con el rubio de por allá. Recomendaría que comiences a preparar tus maletas.-
- Lo haré. ¡Nos vemos Freddie!- Y dicho esto Isabel se retiró a su habitación con paso veloz, estaba muy emocionada y necesitaba saber que llevar, así como comenzar a recopilar toda la información necesaria acerca de su país en una libreta. ¡Vaya que tenía trabajo!
Por su parte, el hombre se acercó al comedor donde yacían Alfred y Ana. Ambos lo recibieron con una sonrisa.
- Es una niña muy linda.- Comenzó la conversación el visitante.
- Eso nadie lo duda. ¿Cómo has estado amigo? Siéntate con nosotros.- Dijo Al ofreciendo la silla de un costado.
- Me da pena decir esto pero yo tengo que retirarme, los dejo solos.- Ana se levantó de su asiento y comenzó a recoger los trastes del comedor.- Tengo varias cosas que hacer, con su permiso.-
- Nos vemos Ana, cuídate.- Y la chica desapareció. Fred caminó hasta el refrigerador y sacó un par de refrescos: uno para su amigo y otro para él.- Y dime hermano, ¿Cómo les va?-
- Muy bien, todo ha estado tranquilo, sin problemas. ¿Y a ti? Siento mucho ya no verte tan seguido como antes pero realmente hemos tenido demasiado trabajo.-
- Eso no lo dudo, administrar dos países a la vez no debe ser una tarea sencilla…-
- Y es por eso que no aceptaste el ascenso ¿verdad? Por el trabajo.-
- Pues es que… digamos… que…- El chico no quería tocar ese tema, no porque le incomodara pero sabía que Alfred se volvería un filósofo griego y comenzaría a regañarlo como si fuera un niño pequeño.
- Freddie… los años van pasando, no toda la vida vas a poder vivir solo con el dinero que ganas de cartero, ya tienes 30 años. ¿Acaso no piensas mudarte para vivir solo o casarte?- El mencionado solo emitió una pequeña risa, no sabía que contestar, estaba nervioso y lo mostraba jugando con la lata de refresco.
- Sabes que eso no es lo mío, además estoy bien tal y como me encuentro, aparte no puedo dejar a mamá sola y tampoco creo encontrar a alguien, no soy bueno para ese tipo de relaciones.-
- No digas eso, va a ver una chica pronto, ya verás. Tiene que haber una persona en el universo que se fije en ti, somos millones de personas.- El rubio esperó una respuesta pero el joven no contestó.- Bueno, sí no quieres ir tan lejos ahí tienes a Ana, ella igual que tú es soltera, además es bonita.-
- Lo sé, pero no mi tipo. Es muy sangrona y definitivamente eso no va conmigo.-
- Pero es buena persona, ya la has conocido a lo largo de los años, 7 largos años…-
- Pues no he visto a un solo hombre que haya intentado ligarla durante ese tiempo.- Fred guardó silencio y Alfred solo lo miró, algo estaba pensando en decir.- Vaya que el tiempo corre… cada vez nos hacemos más viejos, más ancianos…-
- Y puede que te quedes solo.-
- Pero tengo a mis niños, con ellos tengo más cariño del que podría esperar. Sabes que soy feliz así, después de todo no he tenido una mala vida, además te tengo a ti: mi amigo inmortal.-
Ante ese comentario una sensación incómoda llenó la habitación haciendo que el silencio comenzara a tomar poder.- Ambos sabían que estaba pasando y odiaban tocar ese tema, la muerte era algo de lo que no querían saber.
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Los meses volaron, de repente la fecha de partida estaba a tan solo un par de semanas y, así, sin darse cuenta ya se encontraban en la estación de trenes esperando con ansías la hora de la salida que los llevaría a la tierra del pasado.
- Siento no poder acompañarles, pero tengo fe en que les irá bien y que no tendrán inconvenientes.- Dijo Alfred, no paraba de sonreír. El par de chicas sostenía, cada una, una pequeña bolsa en donde llevaban algo de comida, a su lado se encontraba el instructor de Isabel, al igual que ellas, estaba emocionado por el viaje.
- Pasajeros con destino a la Ciudad de México favor de abordar el ferrocarril número 578 pasando por la puerta número 4, gracias.- Isabel sintió recorrer por su cuerpo un escalofrío, los nervios acechaban, tenía miedo, quizá sería mejor esperar a ser más grande, después de todo Alfred no estaría ahí para defenderla.
- No temas, sé valiente, eres grande.- Pensó, varias veces ella y su tutor tuvieron pláticas sobre como mantener la calma y afrontar cualquier situación, además de haber hecho unos cuantos ejercicios para fortalecer lo aprendido; después de todos esos pasos llegó a la conclusión de que no era el miedo a enfrentarse sola sino que en realidad temía regresar y no poder soportar el pasado.
- ¿Estás nerviosa?- Preguntó Alfred. Isabel inmediatamente salió de sus pensamientos.
- Si… hace mucho que no estoy en mi país, ni siquiera puedo tener recuerdos tan claros acerca de la vida con mi hermano, de cierta manera eso me asusta.- Sin avisar Jones la envolvió en un abrazo, logrando que la menor sintiese tristeza, eso hizo que derramase unas lágrimas.
- Todo estará bien, nada malo va a pasar, ni siquiera los malos recuerdos te atormentarán. Quieres conocerte más, convivir con tu gente, sentir sus tradiciones y lo vas a lograr.-
- Pero no podré verte… no podrás cuidarme… ¿Dónde estará el héroe cada vez que lo necesite?- Durante esos años ambos jugaban a salvar la ciudad de la malvada Ana, más bien eso hacían cada que la chica los regañaba por haberse portado mal o hecho travesuras. Definitivamente extrañaría esos días con Jones.
- Te visitaré cada vez que pueda. Recuerda que no estás sola, tienes a Ana y tu instructor. Sé que harás muchos amigos durante tu estancia, así que estarás aún más acompañada. No temas.- María se separó del estadounidense y secó sus lágrimas mientras mostraba una sonrisa.
- Gracias Al… muchas gracias.-
- Pasajeros con destino a la Ciudad de México este es el último llamado ya que la unidad está próxima a iniciar su camino.-
- Ya es hora de irnos Isabel, vamos.- Dijo Ana quién comenzó a caminar junto al instructor.
- Está bien nana, allá voy. Gracias Alfred, gracias por permitirme regresar a casa, a mi hogar… a donde pertenezco…- Isabel tomó su maleta y corrió a donde Ana y su instructor, tomó a la mayor de la mano y giró a donde el rubio.- ¡Cuídate!-
- Take care Mary. Enjoy the travel!- Y vio como se perdieron al pasar por la puerta indicada.
Se sentía mal, pésimo; eso por las palabras que Isabel dijo "Regresar a mi hogar", ¿acaso su casa no lo era? ¿Acaso esos 7 años no significaban avance alguno en el cariño de ella? ¿Es que el español podía más aún encontrándose ausente? Estaba celoso, muy celoso. Pero no valía la pena molestarse por algo sin sentido, no tenía casi, ella solo era una niña que fue arrancada de su hermano, pero ¿hasta cuándo dejaría de serlo? El tiempo pasaba y con ello ella se convertía en una señorita, una linda e inteligente dama que podría un día exigir su independencia, su autonomía. ¡NO! Eso no iba a pasar, no aún. Era mejor alejar esos pensamientos y preocuparse por el presente.
- Alfred, es hora de ir a casa ¿o es qué piensas quedarte aquí cinco años hasta su regreso?-
- Puede que pase más del esperado amigo…- Un momento de silencio.- Espero que me visites seguido, estaré muy solo partir de hoy.-
