Yukihana. Aquí les traigo el nuevo capítulo. Espero la disfruten.

KUROKO NO BASKET NO ES DE MI PERTENENCIA

Titulo: Arrepentimientos.

Autora: Yukihana-Hime (Y-H)

Resumen:

Hay un proverbio que dice:

"Vive tu vida sin arrepentimientos..."

Una vida así sería genial, pero siendo realistas... ¿Quién no se arrepiente de haber hecho o no haber hecho algo en su vida?

KiKuro

Géneros: Romántico, Drama

Advertencias: Mpreg


-Capitulo 6 - Eres parte de mi...-


.

Sus ojos nuevamente intentaban abrirse. Algunos rayos de luz solar que se colaban por las cortinas, dándole directamente en el rostro, molestándolo al grado de despertarlo. Mientras se acostumbraba a la iluminación del cuarto, los recuerdos de todo invadieron su mente… se sentía agotado pero extrañamente y a pesar de lo mal que se sentía, la idea de que Ryou fuera su hijo, le generaba una sonrisa tonta que no podía quitar y un sentimiento cálido en su interior. Ahora entendía aquel sentimiento que había vivido cuando lo vio por primera vez, aquel sentimiento de cariño inexplicable que tuvo al verlo.

Siempre creyó que si algún día volvía a ver a Kuroko y este tuviera su familia, no podría soportar verlo con un niño. Tal vez no llegara odiar al infante pero no podría sentir otra cosa más que tristeza al verlo, porque representaría el amor de Kuroko hacia aquella mujer con la que se enlazo. No obstante, lo único que pudo sentir por el pequeño Ryou fue interés, ternura y un sentimiento que no había podido describir hasta ese momento... cariño. Había sentido cierto apego cariñoso por aquella pequeña copia del jugador fantasma.

La tonta sonrisa imborrable se mantuvo en sus labios mientras recordaba las palabras del día anterior, aquellas que le regalaron al menos una noticia por la cual celebrar en medio de todo el caos ocasionado en su vida a causa de la mentira de Yumiko.

~Kise merece saber que tiene otro hijo... Merece saber que Ryou es su hijo, el cual tuvo contigo. ~

Una risilla traviesa escapo de su boca, que termino siendo ahogada con la almohada. Se sentía cual niño la mañana de navidad, emocionado por ver la sorpresa debajo del árbol. Y a pesar de que aún le dolía la cabeza, se levantó de golpe. Quería ver a su hijo. Acaricio su mandíbula, por su euforia incluso había olvidado que había sido golpeado por Kagami después de ser descubierto.

―Maldito Kagami, sí que pega fuerte...

Una vez de pie, observo la habitación ahora con la luz del sol podía observarla a más detalle pero se limitó a adentrarse al baño exclusivo del cuarto para asearse un poco. Se miró en el espejo, aceptando que su apariencia era peor a cuando Akashi lo describió; se encontraba pálido con los ojos hinchados y rojos, el cabello desordenado y los labios resecos, su mejilla derecha con un leve toque morado seguramente por el golpe de la madrugada, además de su expresión de que el mundo terminaba con una noticia feliz.

Abrió la llave del lavadero mojando sus manos y luego su rostro. El agua fría hizo que le recorriera un escalofrío por la espalda, aun así, siguió mojándose el rostro por un tiempo para después secarse con una toalla, tomo prestado un peine y cepillo su cabello el cual era un asco de telarañas. Se acomodó la ropa lo mejor que pudo, pero el haber dormido con ella no ayudaba para ser presentable. Se acercó al mueble junto a la cama para tomar su celular, el reloj de pulsera y sus llaves, aun no sabía que era lo que haría pero lo primero era salir de esa habitación.

Su cuerpo se congelo justo en el momento en que toco la manija. Nunca ha sido de las personas que piensa las cosas antes de hacerlas, por lo que no estaba seguro de cómo manejar la situación una vez aquella puerta no lo protegiera al separarlo del mundo real. En muy poco tiempo su "perfecta" vida había dado un giro completo; su "hija" no era su hija y el pequeño que conoció recientemente resulto ser su hijo. ¿Que debía decirle? ¿Cómo debía tratarlo? Por como hablaba Kuroko era obvio que su hijo no sabía de él, así que ¿debía decírselo directamente o debía hablar primero con Kuroko?

― ¿Qué demonios? ― se revolvió el cabello, en verdad estaba confuso.

~Lo siento Kise, pero hay cosas que tienen prioridad… Y para nosotros, la prioridad siempre fue y serán, la felicidad de Tetsu y ese pequeño…~

Volteo a ver a su espalda, por un segundo creyó haber escuchado la voz de Kagami. Suspiro realmente aliviado cuando no lo vio, se golpeó levemente con la palma de la mano su frente, era obvio que no podría estar dentro de la habitación si él mismo bloqueaba la entrada. Pero aquellas palabras le dieron la última pieza de su rompecabezas mental. Antes de hablar con Kuroko debía hablar con alguien más, alguien ajeno a toda esa situación tan alocada que vivía.

Reviso rápidamente la hora en su reloj de pulsera, cerciorándose de que era muy temprano. Seguramente podría salir de la casa sin toparse con alguien. Iría a casa de Aomine y le contaría todo; desde su amor secreto por Kuroko, los sucesos de la fiesta, la verdad tras la partida inesperada del sexto hombre junto al matrimonio Kagami y los últimos sucesos con Yumiko sobre la paternidad de Sayumi.

Lo que si le afecto al rubio, fue el hecho de que la fecha marcada por su teléfono era de tres días a su regreso… algo que claramente no podía ser. Habían pasado solamente dos; cuando llego a casa y se encontró con la noticia de su hija en el hospital y del día de su cita con Kuroko en donde también se enteró de la verdad. Miro nuevamente la fecha, se aseguró por medio del internet que no fuera equivocada, obteniendo como resultado de que en verdad había dormido por dos días.

Se apoyó de la pared más cercana, durante la madrugada había visto mal la fecha y todavía había vuelto a dormir por culpa del golpe dado por Kagami. El cansancio del desvelo por el vuelo y de la noche en el hospital se había acumulado haciéndolo dormir de más. Sintió la necesidad de saber sobre el estado de salud de su hija pero no quiso preguntarle a Sayumi, por lo que solo hizo una rápida llamada al hospital donde le aseguraron que todo seguía bien, y que su esposa dormía con la pequeña.

Aunque no se sentía del todo conforme con la poca información que le dieron por teléfono, aun no se presentaría en el hospital al no tener deseos de ver por el momento a Yumiko. La pequeña Sayumi estaba bien por el momento por lo que esperaría para ir a verla. Suspiro un poco decepcionado consigo mismo, al sentir que estaba siendo un mal padre por no correr hacia su hija pero deseaba arreglar primero sus prioridades antes de acercarse a la menor con dudas sobre su lazo con ella.

Recobro un poco de su valentía y optimismo pensando que tal vez el hablar con alguien más le ayudaría. Miro una vez más la puerta, con paso firme dio vuelta a la manilla, la abrió y salió. Suspirando aliviado al encontrar el corredor y las escaleras vacías. Salió sin que nadie lo notara y se dirigió con presura a la casa de Aomine, era la más cercana además de que su sempai seguro querría pasar tiempo con su familia al ser hombre casado.

….

Residencia Aomine~

De entre las sabanas de la gran cama King size podía verse a un hombre -de piel marrón, cabello corto de color azul oscuro y ojos de color azul oscuro- removerse molesto por la insistencia de la persona que tocaba su timbre y perturbaba su sueño. La noche anterior después del entrenamiento con su equipo había ido con algunos compañeros a tomar un rato llegando muy tarde a casa y en compañía de una sexy rubia que dormía a su lado después de disfrutar de una madrugada excitante, por lo que necesita y deseaba unas horas más de descanso, estaba agotado.

Ignoro los primero toques con la esperanza de que su visita indeseada se marchara pero llevaba más de 15 minutos tocando, así que resignado a que no se marcharía y furioso por ser despertado tan temprano, se levantó de la cama para encarar al maldito que lo despertó. Le diría mil formas en que lo torturaría y lo mataría claramente después de haberlo golpeado en el rostro.

― ¡Que fastidio!

Vistiendo solamente su bóxer atravesó todo su departamento hacia la entrada y al pasar por la sala escucho el timbre de su celular. Se detuvo a buscarlo aunque el timbre siguiera siendo tocado.

― ¡Ya voy! ―Grito mientras ubicaba el lugar de donde provenía la música.

Al final, encontró el teléfono en el bolsillo de su pantalón encima del televisor. Le pareció un lugar curioso para haber lanzado su ropa al desvestirse, pero recordó la forma tan arrebatadora con la que ingreso a su departamento junto a la sexy rubia del bar.

― ¡Ya voy, carajo! ―grito mirando la pantalla del aparato.

Arqueo una ceja al leer los kanji del nombre de Kise, era raro que el rubio llamara tan temprano o más bien, era extraño que llamara. El jugador copia raramente llamaba por culpa de su feliz vida de casado y su irregular horario de aviador. A pesar de que los miembros de la "generación de milagros" que aun residían en Japón seguían en contacto, muy pocas veces se habían reunido.

― Bueno…

Contesto su celular al momento de abrir con fuerza la puerta, topándose con el sonriente rubio que tenía también el celular en la oreja diciéndole a través de la llamada que estaba afuera de su departamento. Detuvo en el aire el puño con el que golpearía a su molesta visita al percatarse de algo, si bien, estaba molesto y su visita era el infantil Kise, no se atrevió a golpearlo al notar que la sonrisa que mostraba era tan falsa como el hecho de que él era virgen.

― ¿Kise? ―Aunque no lo demostró, se preocupó por el mal aspecto de su viejo amigo. ― ¿Qué haces aquí tan temprano?

― Buenos días Aominecchi…―saludo con falsa alegría infantil.― Es un lindo día…

A la par de que arqueaba una ceja, el moreno se recargo en el marco de la puerta incrédulo de lo que escuchaba. Venga, que el sol apenas salía y el frio de la mañana era devastador, siendo víctima por culpa de lo poco que vestía.

―Entra…―Se adentró a su hogar con el rubio detrás.― ¿Quieres algo de tomar?

―Lo que sea está bien…

―En ese caso será cerveza, no tengo otra cosa.

El rubio rio nervioso mientras le era entregada la botella, si bien le hacía falta un trago con lo que estaba viviendo en esos momentos, no espero beberlo por la falta de líquidos en la nevera de su amigo y tan temprano. Tomaron asiento en la sala en completo silencio; Aomine no sabiendo que decir y Kise no sabiendo como comenzar.

― ¿Y qué te paso en el rostro? ―dijo al fin Aomine, la arca morada de un golpe en verdad lo intrigaba, y más sabiendo cómo era Kise cuando se trataba de su aspecto.

―Una consecuencia por andar escuchando a hurtadillas…―respondió el rubio dándole un largo sorbo a su cerveza.

― ¿Y qué era lo que escuchabas? ―inquirió curioso. ― ¿Alguna sesión interesante?

―Kuroko está en Japón…―murmuro el rubio observando la botella en su mano como si fuera el mayor tesoro del mundo e ignorando el tono sugerente de su amigo.

― ¿Qué? ¿Tetsu? ―pregunto el moreno claramente sorprendido, pasando por un momento la seriedad de su amigo. ― ¿Desde cuándo?

―Desde hace tres días. Nos encontramos en el avión que piloteaba de regreso de Nueva York.

― ¿Y? ―Aomine hizo ademanes con la mano.― ¿Qué paso entre ustedes como para que tengas ese aspecto?

Aparte de Akashi, era el único dentro de la generación milagrosa que conocía del amor secreto de Kise por Kuroko, y viceversa. Y aunque en muchas ocasiones trato de intervenir para que Tetsuya se confesara o que el rubio se diera cuenta de sus sentimientos… termino rindiéndose ante lo denso que era el jugador copia y la necedad del jugador fantasma por no decir nunca su amor.

―Nada.

― ¿Eh? ―Aomine frunció el ceño.

Después de la partida de su antigua sombra, califico como una tontería el hecho de que el rubio se casara debido al embarazo de su Yumiko, se oponía rotundamente, Kise podría velar por su hija sin unir su vida a la de la modelo, tenía la seguridad de que un matrimonio sin amor no era lo adecuado. Aun así, con el tiempo pensó haberse equivocado al ver que Kise parecía satisfecho con su vida, pero el hecho de que cada vez que en alguna conversación se mencionaba a Kuroko la sonrisa del contrario se hacía forzada para ocultar su dolor, fue eso lo que le aclaro a Aomine que en verdad no lo había olvidado y solo volvía a engañarse de ser feliz.

― ¿Entonces tu mala cara?

― Sayumi está en el hospital…

― ¿Y qué haces bebiendo una cerveza aquí en vez de estar con tu espo…?

―Ella me engaño. ―interrumpió el rubio antes de que la mencionara, no quería oír que esa mujer era su esposa, no por el momento.― Sayumi no es mi hija…

― ¿De que estas hablando?

Kise le conto a su viejo amigo todo lo sucedido desde su llegada de Nueva York. Al principio el jugador profesional lo escucho en silencio pero al llegar a la parte en que Haizaki se vio involucrado comenzó a maldecirlo junto con la chica, nunca logro apreciarla pero tampoco la creyó capaz de una mentira tan grande. Creía en verdad que amaba al rubio, razón por la que no se involucró nunca en su relación.

Hablaron durante casi dos horas, y el moreno le demostró su apoyo a su amigo, no podía imaginarse el dolor que debía de sentir, principalmente por que no conocía el lazo tan fuerte que se crea por un hijo, pero a pesar de eso le hacía saber a Kise que no estaba solo en todo aquel problema, que podía contar con él y los demás de sus amigos.

Aun le parecía irreal que un hombre quedara embarazado, pero recordaba que tiempo atrás incluso Akashi lo había mencionado. Algo sobre que antes de marcarse, Tetsuya le había recomendado hacerse una prueba en cierto hospital debido a que se habían dado casos de embarazos masculinos en cierto grupo de personas por culpa de una mutación en un par de cromosomas. En aquel momento no le dio importancia ni porque semanas después, durante una reunión Akashi le menciono a Midorima que había dado positivo en la prueba; podía quedar embarazado. Después de escuchar la situación de Kise, comprendía de donde Kuroko había sacado tal información.

También entendía el porqué del aspecto tan descuidado en alguien que se procuraba por mantener una apariencia de príncipe como era Kise. Le invito otra cerveza y mientras el rubio intentaba relajare, quiso cambiar de tema. Pero el único que le parecía interesante y no forzado dada la situación, era la aparición del matrimonio Kagami. Satsuki casi nunca le mencionaba algo sobre Kuroko, y mucho menos le conto sobre un hijo de este y Kise.

―Así que Satsuki está en Japón. ―Aomine le dio otro sorbo a su cerveza.― Hace mucho que no la veo en persona…

― ¿Por qué no vas a verla?

―Porque estoy seguro que me reclamara como siempre el no haber asistido a su boda. ―respondió con fastidio el moreno.― Aunque tampoco es que deseara verla casarse con alguien más…―murmuro por lo bajo antes de tomarse la bebida de golpe.

Kise guardo silencio observando como su compañía tomaba otra botella de la mesa y luego beberla. No era secreto para nadie que Aomine estaba enamorado de Satsuki e incluso hubo un tiempo en que sé sabia correspondido, pero nunca formalizaron una relación debido a que el chico no acepto la confesión de la chica. Había rechazado a Satsuki de manera directa. Momoi busco consuelo en Kuroko pero término encontrando apoyo y el amor nuevamente al lado de Kagami, quien al verla siempre alrededor de su sombra le tomo cariño, que al pasar los meses se convirtió en amor.

Al principio no entendió la razón del porque Aomine se negó a tener una relación con Satsuki pero con el tiempo la descifro. Daiki no era el tipo de chico que se conformara con una relación estable, disfrutaba de la compañía ocasional y aunque estuviera enamorado no confiaba en serle fiel a su novia. El rechazar a Satsuki fue su manera de protegerla del daño que su relación le hubiera causado en caso de que la engañara.

―Salud por la maldita vida. ―el basquetbolista levanto su cerveza.

― ¡Salud! ―grito el rubio al momento de chocar su botella con la contraria y posteriormente dar un trago profundo.

….

Residencia Kuroko~

Tal y como espero, tener una charla a fondo con su viejo amigo fue de ayuda. Al menos ahora se sentía un poco más aliviado al saber que su reacción había sido mejor que la del moreno de haber vivido la misma situación. Saber que alguien lo escuchaba y lo apoyaba, le sirvió para llegar a la conclusión de que desea seguir en la vida de Sayumi aunque su relación con Yumiko no volviera a ser la misma, así como también deseaba ser parte de la vida de su hijo y de Tetsuya.

Después de su visita a casa de Aomine y desahogarse con él, se dirigió al hospital para ver a la pequeña Sayumi y enterarse de su estado de salud, aunque aún no podía creer que durmiera por casi dos días enteros. Agradeció a los dioses en no toparse con su futura ex-esposa, la cual había ido a la cafetería del lugar para desayunar.

Las enfermeras de turno se habían encargado de ponerlo al tanto de cómo iba el proceso; los resultados de Yumiko saldrían por la noche y si todo marchaba bien realizarían la cirugía dentro de tres días. Le explicaron a detalle como manejarían la situación. Incluso se enteró que Yumiko les había notificado a las enfermeras que él estaría ausente la mayoría del tiempo debido a su trabajo, pero que estaría al pendiente de la pequeña por lo que debían proporcionarle toda la información.

Agradeció aquel detalle de parte de la pelinegra, de ese modo no tendría que verla y estaría al tanto de la pequeña Sayumi e incluso podría ir a verla cuando la madre se ausentara durante algún momento. Después de proporcionarle su número telefónico a la enfermera que él vio desde el inicio al cuidado de su hija, para que lo mantuviera constantemente informado, se retiró hacia su siguiente parada de ese día.

Cuando regreso a casa de Tetsuya pasaba del medio día, sintiéndose nuevamente nervioso enfrente de la puerta de entrada. No sabía que decir al tener a Kuroko de frente, ahora que lo razonaba, el hecho de que se fuera en la mañana a escondidas no podía ser tomado como una buena señal. ¿Y si Kuroko estaba enfadado o herido de que se fuera sin hablar con él? Lo menos que quería hacer ahora era volver a lastimarlo.

Detuvo de nuevo su mano antes de tocar el timbre al recordar al pelirrojo. ¿Y si era nuevamente golpeado por Kagami? ¿Siquiera aquel hombre lo dejaría acercarse? Negó fervientemente con la cabeza, eso no importaba, se dejaría golpear cuantas veces fueran necesarias para que o dejaran hablar con Kuroko. Estaba dispuesto a todo con tal de arreglar sus problemas con el amor de su vida y su hijo. Aun no quería pensar en su relación con el chico sobra, principalmente porque su relación con Yumiko se encontraba en un punto complicado. Antes de empezar algo quería terminar lo otro.

Miro la puerta, sintiendo como un sentimiento de firmeza y valentía se apoderaba momentáneamente de su cuerpo y tocaba el timbre en su nombre.

― ¡Yo voy!

Se escuchó un enérgico grito desde el interior, el cual identifico que pertenecía al pequeño Ryou. Al escucharlo, Kise miraba de manera desesperada hacia los lados, buscando donde ocultarse. La suerte no estaba del todo de su lado, el temor que tenía por encarar de nuevo a Tetsuya no se comparaba a nada con el remolino de emociones y sentimientos que tenía en esos momentos ante la opción de que su hijo abriera la puerta y se vieran a los ojos. No sería la primera vez que lo hicieran, pero sentía que ahora sería diferente debido a que tenía conocimiento de la sangre que compartían. Dio media vuelta para correr a esconderse pero un choque con una maseta decorativa cerca de la entrada lo detuvo justo a tiempo para escuchar el grito de Satsuki, que le regreso el alma al cuerpo.

―Ryou, tu ve a cambiarte y no dejes que Nigou se suba a la cama.

―Ehhhh…

La queja del pequeño se escuchó segundos antes de que la puerta fuera abierta por la chica, a quien se le borro la sonrisa al ver al rubio enfrente de ella.

― ¿Kise-kun regresaste? ―*Eso sonó tonto…* pensó la pelirosa siendo que tenía enfrente de ella al rubio.

El hecho de que su amiga cambiara su alegre expresión por otra un tanto extraña, no era buena señal, ¿Cierto? ¿CIERTO? Además de que cambio su forma de llamarlo. ¡Oh, no! Estaba comenzando a ponerse más nervioso.

― ¿Hola...? ―levanto una mano en forma de saludo y con una sonrisa nerviosa.

La pelirosa reacciono a su sorpresa y volvió a sonreír de manera más cordial. Al no encontrar en la mañana al rubio durmiendo en la habitación de huéspedes, su esposo y su amigos supusieron que no lo verían durante unos días en lo que asimilaba el descubrimiento, pero ella confiaba en que no le llevaría tanto y buscaría muy pronto respuesta directas. Se alegraba no haberse equivocado, ya que aunque Kuroko lo disimulo se había entristecido de no poder hablar con Kise a primera hora de la mañana.

―Hola Kise-kun. ―saludo con una sonrisa.― Ven, entra.

―Siento molestar...―murmuro el rubio mientras se adentraba a la casa y se quitaba los zapatos.

― ¿Deseas algo de tomar?

― ¿Eh?... Ah... un té está bien...

La chica se dirigió a la cocina, siendo seguida por el rubio que con la mirada buscaba al pequeño o a los adultos que faltaban. Observo a su vieja amiga desenvolverse como una experta, a su parecer, se notaba que tenía mucha experiencia como ama de casa, se le notaba feliz mientras tarareaba una melodía. A punto de preguntar por los faltantes, fue interrumpido por la chica que había colocado un par de tazas en una bandeja y unos bocadillos a un lado.

―Tomemos el té en el jardín trasero. ―indico Satsuki con una sonrisa.― Así te dará un poco de sol, estas demasiado pálido. Pareces un fantasma.

―Oye. ―se quejó con falsedad.

―Es verdad. ―dijo la pelirosa.

―Tienes razón. Aunque estoy bien…

―No lo pareces. ―le dijo la pelirosa.

―Créeme cuando te digo que estoy mejor de lo que estaba. ―aseguro con una leve sonrisa mirando directamente a la chica. Recordaba levemente la conversación que escucho pero estaba seguro que Momoi había estado abogando porque él conociera a Ryou.― Cuánto tiempo sin verte, Momocchi.

Satsuki se sorprendió por la sinceridad en las palabras de su viejo amigo, con el cual compartía varios gustos, entre ellos, la atracción hacia un par de peli-celestes. Sonrió con nostalgia al comprender que el rubio no guardaba rencores por el hecho de que por años le oculto varias cosas a pesar de que hablaban con frecuencia por teléfono.

―Es verdad, tiempo sin verte Ki-chan.

Kise le sonrió de regreso como en los viejos tiempos, con la complicidad de amigos en aventuras reflejada en sus ojos. El ambiente se tornó totalmente amigable, por lo que tomaron asiento en unas sillas y disfrutaron de su bebida. El varón observo los bocadillos que la chica coloco sobre la mesa, se veían apetitosos, por lo que tomo uno, sin embargo... ¡Sabia asqueroso!

Al estar acompañado por una sonriente Momoi, no tuvo corazón para devolverlo y expresar el mal sabor. Aguanto las ganas de devolverla y se la trago a la fuerza, tomando con rapidez el té que aun tenia, suspiro una vez que aquel sabor se fue de su boca. *Algunas cosas no cambian…* pensó con nostalgia, las habilidades culinarias de su antigua manager no habían mejorado.

― ¿El bestia de tu esposo no está aquí? ― pregunto dirigiendo su mirada hacia la puerta del jardín, detrás de ellos.

―Esta de compras con Tetsu. Me quede aquí cuidando de Ryou. ―Respondió con una sonrisa, intuyendo que por nervios preguntaba por su esposo y no por quien en verdad quería ver. ― Y ahora que lo mencionas; déjame revisarte el rostro, se te ha puesto más morado donde Taiga te pego.

La chica se levantó de su silla y se acercó al contrario, tomándolo de forma suave de la barbilla al notar la mueca de dolor que genero su primer agarre. Sonrió de forma nerviosa mientras examinaba el daño, su marido sí que se había esforzado a la hora de golpearlo. El ambiente se vio roto al integrarse una tercera personita que se hizo notar un tanto nervioso por lo que veía… una extrema cercanía entre los rostros de los amigos.

―Etto… tía Satsuki…

Ambos amigos se separaron para ver al pequeño que tenía un leve sonrojo y buscaba de manera nerviosa algo. Kise se levantó de su lugar, indeciso de cómo enfrentarse a su hijo sin haber hablado con el otro padre del pequeño.

― ¡Ah, es el señor amable! ―grito el pequeño al fijarse bien quien era la compañía de su tía.

Se trataba del señor que lo ayudo con las burlas de su "tío Akashi" y con quien su papi sonreía en la foto, por lo que le mostro una gran sonrisa al acercarse. La honesta mirada llena de timidez y curiosidad del pequeño estremecieron el interior del rubio. Nuevamente lagrimas surcaron sus ojos, no podía creer que parecía niña llorona esos últimos días, comenzaba a pensar que probablemente se quedaría seco.

Saber que el pequeño peli-celeste que se encontraba enfrente de él mirándolo fijamente era su hijo junto con el amor de su vida, era suficiente para hacerlo llorar sabiendo que se había perdido 6 años a su lado, viviendo su día a día. ¿Cómo habría sido el embarazo de Tetsuya? ¿Cómo lucia al nacer? ¿Qué fue lo primero que observaron aquellos ojitos dorados? ¿Su primera palabra o cuantas veces cayo antes de poder caminar? ¿Qué le hacia sonreír y que lo hacía llorar? Tenía tantas preguntas que se amontonaban en su garganta dejándolo sin habla.

Por su parte, el menor se asustó, el amable adulto había comenzado a llorar y no sabía porque ¿había hecho algo malo? Su papá lo regañaría por haber hecho llorar al invitado. Repentinamente sintió pánico, ¿qué se hacía para que un adulto no llorara? Miro a su tía en busca de ayuda, pero ella ya no estaba… ¡¿en qué momento se había ido?! ¡Ayuda!

―Etto... lo siento… Etto… papá no está en casa… yo…―el pequeño observo como el mayor se caía de rodillas sujetándose el estómago― ¿Te duele la pancita? Cuando me duele la pancita, papi me frota mi pancita, ¿quieres que te frote tu pancita? ―pregunto con ternura e inocencia acercándose unos cuantos pasos al mayor― ¿Por qué te duele? ¿Comiste algo malo? ―miro la mesa en donde se encontraba el recipiente de bocadillos hechos por Momoi y armo una rápida conjetura― Ah, ya se. Comiste la comida de Satsuki, ¿verdad? Le dijeron que no hiciera comida… Le diré a Taiga para que la regañe ¿te parece?

―Jajaja…―Kise en algún momento había dejado de llorar al observar la tierna preocupación de su hijo, y no pudo evitar reír al escucharlo.― Gracias.

El puchero en el rostro del menor por la repentina risa, se borró al sentir la cálida mano del rubio sobre su cabello, revolviéndoselo con delicadeza. No entendía porque, pero aquel gesto le genero cierta alegría. Eso era lo que sentía al estar cerca del rubio amigo de su papi y tíos. No se resistió a regresarle la sonrisa al momento de tomar la grande mano entre sus manitas y no soltarla.

― ¿Ya está bien? ―pregunto solo para cerciorarse.

―Ya estoy bien, perdona por preocuparte. ―le aseguro.

―Chicos…―la cantarina voz de Satsuki rompió la paternal atmosfera, atrayendo la atención de ambos oji-dorados.― ¿Por qué no entran y comemos algo?

― ¿Quieres algo de comer? ― le pregunto Kise al pequeño, quien asintió.

―Mientras no sea la comida de Satsuki. ―respondió haciendo reír al mayor.― ¡Satsuki, quiero comer lo que dejo Taiga! Ya no lo tienes que calentar.

El pequeño Ryou sorprendió nuevamente a su padre al tomar su mano y jalarlo para adentrarse de ese modo a la casa

― ¡Que grosero! ―exclamo la chica con una sonrisa.

Era consciente que su don en la cocina no era perfecto y de hecho, ella misma prefería la comida preparada por su esposo. La única razón por la que seguía cocinando de vez en cuando era para llevar la contra a los dos hombres con quienes vivía. Satsuki comenzó a servir la comida que con anticipación dejo Kagami por si tardaban más de la cuenta comprando los víveres de los próximos días.

―Solo cocina cuando cree que le saldrá bien, cuando lo prueba y averigua que el sabor es igual de malo, se deprime solita. ―le susurro Ryou al mayor, una vez tomaron asiento.

―Supongo que es algo típico de Momocchi, parece que no ha cambiado mucho.

Ryou sonrió al obtener una continuidad tan alegre a su conversación, por lo que tomo a confianza para seguir de ese modo. Además de que le parecía curiosa la forma en que el mayor hacía referencia a la chica.

―La tía Satsuki siempre dice que su niña interior sigue viva. ―dijo al momento en que la comida les era servida.― Taiga dice que fue por eso que se enamoró de Satsuki.

― ¡Kuroko Ryou! ―grito con gran vergüenza la chica.

Kise comenzó a reír un poco más fuerte, no solo por lo que sucedió, sino por lo singular que le parecía su pequeño, quien a pesar de ser una mini copia de Tetsuya, era tan diferente en la personalidad; tan alegre, platicador, expresivo y juguetón… quería saber más de él. Quería conocerlo mejor.

Los tres pasaron un tiempo más juntos, hablando de cualquier cosa que el pequeño mencionara; juegos, básquet, lo grandioso que era su tío Kagami -tema en que el rubio también presumió sus dones-, pero sobre todo, hablaron de lo feliz que era el pequeño con su familia.

Kise contuvo en su interior la gran alegría y satisfacción que sintió, cuando en las tantas oportunidades al preguntarle al menor sobre sus gustos, este le respondía con alegría todo, sin reserva alguna… y lo mejor, era que el pequeño tenía muchos gustos a los de él.

Al terminar la comida y de levantar los platos utilizados, Satsuki acerco un pequeño botiquín para revisar la herida del rubio. El pequeño Ryou ladeo su cabecita al ver como su tía ayudaba a que la hinchazón disminuyera y después intentaba ocultar el color morado con maquillaje.

― ¿Sucede algo? ―pregunto preocupado ante el silencio y la expresión compungida de la chica.

¿Tan mal se veía? ¿Ahora como vería a Kuroko en ese estado? Al menos quería lucir presentable y no con el aspecto con el que se levantó.

― ¿Y qué te paso en el rostro?

Ambos adultos se quedaron en silencio mirándose, queriendo decir varias cosas pero conteniéndose debido a la presencia del pequeño. ¿Cómo contarle que Kagami lo había golpeado cuando quiso preguntar por su paternidad?

―Ryou, ve a jugar con Nigou un rato en lo que llega Tetsu.

―Pero…

―Ve, más tarde es posible que no puedas jugar.

El pequeño asintió alejándose del lugar aunque realmente seguía curioso, pero su tía tenía razón, más tarde era probable que no pudiera jugar debido a que visitarían a sus abuelos. Una vez solos, ambos adultos suspiraron aliviados, había sido relativamente fácil convencer al pequeño en esa ocasión, pero dudaban que no hiciera alguna pregunta por el estilo más tarde.

―Lo siento. ―murmuro Satsuki poniendo la última capa de maquillaje.― Taiga actuó por instinto.

― ¿Acaso es un animal? ―burlo el chico.

―Un Tigre. ―siguió el juego con una sonrisa. ― No parece estar tan mal comparado a tu aspecto general. ¿Te sientes bien?

―Sí, solo cansado.

―Ki-chan, sobre Ryou-chan…

―Esperare a que Kurokocchi quiera hablar de ello.

―Ya veo. ―acepto Satsuki con gran alivio, Kise no parecía tener una mala actitud con el tema. ― Vayamos a esperarlos a la sala.

.

Paso alrededor de una hora en que los viejos amigos estuvieron en la sala observando al pequeño Ryou jugar felizmente con el perro de la familia, cuando la puerta de entrada fue abierta.

― ¡Ya regresamos!

Ante el anuncio, los presentes voltearon a la entrada de la sala donde dos figuras aparecieron cargado varias bolsas con las compras.

―Bienvenido papi, Taiga. ―dijo el menor acercándose a los recién llegados para abrazarlos de las piernas.― Tenemos visitas.

― ¿Kise-kun, regresaste? ―Pregunto Tetsuya sorprendido de ver al fugitivo de nuevo en su casa― Eso sonó tonto ¿verdad?

Nunca espero ver a Kise, al menos no tan rápido. Cuando Momoi le notifico que no estaba dormido en el cuarto, creyó que estaba tan molesto que no le dejaría darle alguna explicación o esperaría hasta que fuera menor el malestar.

―Lo mismo dije y pensé yo. ―comento divertida la chica.

―Buenas tardes Kurokocchi…―saludo el rubio con una sonrisa

Tanto Kise como Kagami se mantuvieron viendo fijamente unos momentos, llenando el ambiente de tensión, todo debido a lo sucedido con el golpe.

― ¡Kise! ―dijo al fin Kagami con una sonrisa y tendiéndole su puño al contrario.

― ¡Kagamicchi! ―el rubio choco su puño, no había rencores, entendía por qué reacciono de ese modo el pelirrojo.

―Aun te ves pálido…―comento Kuroko mirando al contrario.

―Fue la comida de Satsuki. ―se unió a la conversación Ryou, recordando el dolor de estómago que presento el rubio.

― ¡Mi comida es la mejor! ―se defendió con la derrota pintada por todo su rostro.

―No, no lo es. ―dijeron sin piedad el pelirrojo y el más pequeño.

― ¡Que crueles!

La chica fingió llorar y correr a la cocina, siendo seguida por Kagami que llevaba todas las bolsas, dándole de ese modo privacidad a lo contrarios. Kuroko se mantuvo en silencio y con ciertos nervios escuchando el relato sobre lo sucedido con la comida de la chica, por su parte, Kise quería que se lo tragara la tierra, su hijo había terminado de enterrar la dignidad que le quedaba.

―Ryou…―interrumpió repentinamente el peli-celeste mayor.

Durante la charla de su pequeño, noto que se refería a Kise como el "señor amable" o "el amigo de papi", razón por la que debía aclarar algo primero.

― ¿Qué pasa? ―pregunto al momento en que su padre le dio media vuelta para quedar de frente con el rubio

― Kise-kun…―Tetsuya usaba un tono serio, mirando fijamente al rubio.― Él es Ryou, es mi hijo…―presento.― Ryo, te presento a Kise Ryouta-san, un amigo de la escuela…―alguien especial para mi… un color rojizo se apodero de sus mejillas ante su pensamiento.― Y también es… él es…

― ¿Papi? ―el pequeño levanto su rostro para ver a su padre que hablaba nervioso.

―Es un gusto conocerte Ryou…―Kise sonrió con paciencia, atrayendo la atención del menor.

Comprendía que a su amado le costara decirle la verdad al pequeño después de años callándolo, además de que aún no habían hablado sobre qué pasaría. Entendía esa razones por la que esperaría hasta que el chico sombra estuviera listo para dar ese paso. Se colocó a la altura del pequeño y le extendió la mano a modo de saludo.

―…aunque es un poco raro decirlo después de que hemos hablado un rato…―el menor le sonrió de vuelta.

Iba a tomar la mano que le extendía el rubio pero se sorprendió cuando su papá se colocó a su altura, presionando levemente sus hombros para que lo viera a la cara. Se alarmo al ver los ojos con lágrimas de su papá pero antes de poder hablar, Tetsuya le confeso un secreto.

―Ryou, Kise-kun es tu padre…

― ¿Ehhh?

El pequeño retiro la mirada de los ojos celestes para fijarla en un par de ojos del mismo color que los suyos. Kise boqueo un par de veces, no sabiendo que decirle al pequeño que lo miraba unos segundos y luego miraba de nuevo al contrario.

― ¿Recuerdas lo que te conté sobre mí y de ti? ¿Sobre qué yo en parte era también tu mama? ―pregunto Tetsu de forma tranquila, acariciando el rostro de su hijo para que lo viera por el momento solo a él.

―Lo recuerdo. ―aseguro el pequeño.― Tú eres en parte mi mamá porque yo crecí dentro de ti… pero…―el pequeño miro al rubio que le sonreía mientras intentaba no llorar.

Por reflejo el pequeño comenzó a llorar, además de que se sentía abrumado por sus sentimientos.

― ¡Papá! ―el pequeño Ryou se abrazó al rubio, quien lo recibió con un gran abrazo.

Debido a su corta edad el pequeño no entendía del todo la situación, pero confiaba en su papi cuando le decía que aquel hombre era su padre también. En el entorno del pequeño Ryou no era extraño ver parejas del mismo sexo e inclusive, uno de sus amigos del preescolar era también hijo de una pareja de hombres, por lo que no le fue complicado comprender que su "mamá" también era su papi. La verdad nunca le preocupo no tener dos padres como sus amigos, contaba con sus tíos, principalmente Kagami que lo había cuidado como un hijo… sin embargo desde que conoció a Kise había sentido curiosidad por él; deseaba jugar, platicar y pasar gran rato a su lado.

―Papá… papá…―repetía el pequeño feliz, siendo apresado en los brazos del mayor.

Una vez se calmaron ambos oji-dorados, tomaron asiento en el sofá. El pequeño no se había separado de Kise mientras comenzaban a hablar. Viendo que su hijo se encontraba centrado en poner al día a su padre sobre la vida que llevaban en la casa de Estados Unidos y que no intervendría durante un gran rato ante la efusividad de su pequeño, Tetsuya opto por retirarse a la cocina y hacerle compañía a sus amigos, quienes discutían sobre la comida para ese día.

Kagami no dejaba que su esposa tocara algún ingrediente desde hacía años, por lo que en esos momentos intentaba arrebatarle la azúcar que la chica quería echarle al omelette que estaba preparándose como almuerzo en lo que la plática de los Kuroko´s terminaba. Había aprendido que Momoi no tenía habilidad para el arte culinario cuando en el primer aniversario de novios la chica le preparo un pastel sorpresa, Kuroko le advirtió que era mejor que no comiera algo preparado por su antigua manager, pero él no podía hacer eso con un detalle tan personal en una fecha especial para ambos, por lo que se lo comió casi todo a pesar de que prácticamente el pan se encontraba crudo, la crema decorativa estaba dura y salada; termino en el hospital por intoxicación por una semana, perdiéndose el inicio del torneo de básquet de preparatoria.

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Fueron al menos tres horas en que el pequeño Ryou entretuvo a su padre, en verdad estaba emocionado por conocerlo. Kise sonrió con ternura observando como su pequeño comenzaba a quedarse dormido, seguramente debido a que aún no se acostumbraba del todo al cambio de horario y a lo pequeño que era al vivir emociones de ese tamaño; después de todo, no todos lo días conoces a tu otro padre. Una vez el pequeño se rindió al sueño, lo arropo en el sillón en compañía de su fiel compañero perruno que se acomodó como su almohada, lo observo durmiendo unos minutos hasta que escucho las voces de sus amigos y amor.

Fue hacia la cocina y los encontró platicando sobre algunos lugares que Momoi quería visitar mientras se encontraban en Japón, después de todo no sabía cuándo volverían y ella necesitaba un poco de inspiración para su próxima línea de ropa. Kuroko y Kagami prometieron llevarla, a final de cuentas de esa manera también podrían hacer que el pequeño Ryou conociera más del país natal de sus padres.

― ¡Hey! ―interrumpió Kise, haciéndose notar por todos.

― Hey. ―le respondió Kagami.

― ¿Y Ryou?

―Se ha quedado dormido. ―Kuroko se levantó de su asiento.― Lo deje recostado en el sofá.

―Iré a verlo. ―les anuncio a la par que salía del lugar.

Kise no lo perdió de vista hasta que escucho la voz de Momoi y Kagami invitándolo a tomar asiento para platicar un rato. Kuroko prefiero dejar al pequeño en el sofá, temiendo que se despertara si lo trasladaba a su cuarto; sonrió al verlo dormir con una sonrisa en sus labios, el verlo de ese modo le hacía cuestionarse si en verdad fue bueno que ocultara la verdad con tanto recelo. Kise y Ryou parecían felices de conocerse.

―Perdón bebé…―susurro después de darle un beso en la frente y arroparlo mejor.

Regreso a la cocina, uniéndose a la charla que mantenía su compañía; una donde Momoi le presumía al rubio la colección de fotos que tenía en el celular del pequeño Ryou. Kagami y Kuroko procuraban limitarse a contestar algo cuando se les preguntaba algo directamente pero la mayoría de la conversación era entre la única chica y el rubio.

Esa situación duro varias horas, incluso se mantuvo de ese modo en la cocina mientras Kagami preparaba algo para degustar. Todo marchaba bien hasta que repentinamente la conversación se tornó seria por culpa de Kagami que había recordado algo cuando Kuroko llamo a sus padres para comunicarles de que por ese día no podrían visitarlos en el hospital debido a circunstancias mayores.

―Por cierto Kise, ¿qué ha pasado? ¿Tu hija está bien?

―Ella está bien. ―dijo tomando té, tenía el celular en la mesa para verlo en cualquier momento por si llamaba la enfermera.

― ¿Entonces que te trajo por aquí? ―preguntó esta vez Satsuki, quien comía un postre.

―Simplemente acabo de enterarme de una verdad. ―contesto tranquilo, tenía que plantearse muy bien lo que haría desde ahora.

― ¿Una verdad…? ―repitió a modo de pregunta Kuroko― ¿Kise-kun?

Todos miraban como el chico rubio intentaba con todo mantenerse fuerte enfrente de ellos, sintiendo que el terreno que intentaba tocar era un campo minado.

―Yumiko me mintió…―confeso con una sonrisa torcida― ¿Saben? Realmente no me siento con ánimos, luego les contare todo, una vez que este seguro de lo que he decidido sobre lo que hare.

― ¿Estarás bien? ―Kagami lo miraba preocupado.

Tal vez su prioridad eran los peli-celeste por su estrecha amistad de varios años con su sombra, pero eso no disminuía el hecho de que se preocupara por igual por sus compañeros y rivales de preparatoria. De hecho, Kise, era alguien a quien consideraría un amigo.

―Sí.

― ¿Regresaras al hospital con tu hija hoy? ―Momoi miraba cualquier gesto del rubio.

Era obvio que el mayor ocultaba algo realmente duro y no entendía del todo sobre la mención de una mentira de parte de Yumiko, pero no podía imaginarse que era tan grave como para hacer que su viejo amigo anduviera en otros lugares en vez de estar al lado de la pequeña en el hospital.

―No, por hoy no. Esta mañana me he dado una vuelta por el hospital y me aseguraron que estaría bien, de todos modos una enfermera me llamara si pasa algo. ―respondió apretando fuertemente la taza en sus manos y manteniendo una sonrisa un poco forzada, detalles que noto Kuroko.― ¿Quieren salir algún lugar? Yo pago. ―cambio repentinamente el tema.

―Kise-kun…―murmuro Tetsuya sorprendido.

― ¿Y bien? ¿Qué dicen? Podemos celebrar nuestro recuentro. ―los volteo a ver con una sonrisa, ocultando su dolor o al menos eso intentaba.

― ¡De mi parte no hay problema si pagas tú! ¡Luego no te quejes! ―Exclamo el pelirrojo, intuía que el contrario no diría nada hasta que estuviera listo, por lo que no lo forzaría, lo apoyaría en silencio. ― ¡En ese caso cenemos afuera, vayamos a ese "lugar"!

―Oh, ese lugar. Qué recuerdos me trae el ir ahí...―dijo Kise con una sonrisa entendiendo a donde se refería el pelirrojo.― No he ido desde que me gradué de la universidad…

―Oigan par de tontos; el "sports night" es un bar y llevaríamos a un niño con nosotros. ―les recordó la peli-rosa, era un viejo local al que asistían para pasar el rato durante sus años universitarios.

Ella al igual que Kuroko, se habían rendido por saber que había pasado con el tema anterior, ya que estaban de acuerdo en no forzar a Ryouta en decir algo más temiendo que se rompiera, se le notaba tan frágil en aquel campo minado. Era mejor esperar a que el rubio estuviera estable emocionalmente, y tal vez pasar unas horas más con su hijo lo ayudaría.

―Oh, eso es verdad. ―Kagami golpeo la palma de su mano con el puño de la otra. Se había olvidado de ese detalle.

―No te preocupes por eso Momocchi, hace unos años paso a ser un bar familiar. ―explico el rubio.― Ryoucchi podrá entrar.

―No creo que…

― ¿Yo que? ―la dulce vocecita del pequeño interrumpió a su padre.

Todos miraron la puerta de entrada, encontrándolo de pie tallándose un ojito con su mano para alejar el sueño que aun tenia. Ryou se acercó a Tetsu, pidiendo que lo pusiera en su regazo para estar con ellos, tenía curiosidad al haber sido nombrado.

―Saldremos a cenar afuera. ―le explico Kuroko acomodando su cabello alborotado.

― ¿En serio? ¡Qué bien! ―exclamo el niño feliz mostrando una gran sonrisa a su padre rubio que le regreso el gesto a la par que le revolvía el cabello que recién le acomodaba Tetsuya― ¡¿Y luego podemos ir al parque a jugar?! ―señalo el balón de básquet que se encontraba cerca de la puerta para salir al jardín.

―Si no es demasiado tarde sí. ―le contesto Kagami.

― ¿Por qué no primero vamos a jugar? ―sugirió la peli-rosa.

― ¡Sí! ―grito el pequeño de la familia, haciendo sonreír a los demás.

―En ese caso, en marcha. ―dijo Kise levantándose.

Todos salieron dirigiéndose al parque más cercano a la casa de la familia Kuroko. Una vez pisaron la cancha, el pequeño se soltó de la mano de su papá peli-celeste y salió corriendo rápidamente con balón en mano, y su fiel amigo perruno a lado.

Momoi jalo a su esposo para unirse a la diversión del pequeño, dejando a los otros dos amigos solos; después de todo, ellos necesitaban tiempo para hablar sobre su hijo en común. Un tema que habían aplazado debido a la falta de privacidad en la casa.

Con gran nerviosismo Tetsuya observo como era dejado solo con el rubio, suspiro para calmarse, y aunque sabía que tenía que hablar, el miedo se lo impedía. Por su parte, Kise callaba pacientemente, algo raro en él pero que dada las circunstancias prefería que fuera el contrario quien tomara la palabra primero.

―Kise-kun, veras… sobre Ryou… yo, la verdad es…

―Déjame conocerlo. ―lo interrumpió con voz amable, intentando transmitirle un poco de confianza para que se calmara― Quiero conocerlo. Saber todo de él, por favor…

El corazón de Kuroko se estrujo al escuchar aquella voz y ver la sinceridad reflejada en los ojos dorados del más alto, desvió su mirada hacia su hijo, el cual se divertía en un pequeño encuentro con sus tíos.

―…Claro, es tu hijo después de todo… lo siento…―sonrió levemente con culpa― Te quite tantos años al lado de Ryou, pero es que tu tenías una familia que cuidar… no podía hacerte elegir entre Yumiko-san y yo… no era justo hacerle eso a ella.

La mención de su esposa lo tenso, conteniendo la ira momentánea. *Si supieras la verdad…* pensó con una sonrisa sarcástica.

―…Yo fui el único responsable de las consecuencias de aquel encuentro en la fiesta… ¡Ah, es cierto! Tú no recuerdas… veras…

―Lo recuerdo…―le aclaró el rubio con una sonrisa con cierto toque de travesura. ― TODO…

Kuroko se sonrojo, no había esperado aquello. ¡Oh, por dios! Quería que la tierra se lo tragara, durante años había tenido el consuelo de que el rubio había olvidado aquella noche por culpa del alcohol que ingirió y ahora se enteraba que ya no tenía esa ventaja. ¡Kise recordaba su atuendo! ¡La osadía que tuvo de seducirlo! ¡De lo que se dijo aquella noche en el éxtasis de la lujuria! Agacho el rostro, cubriéndolo con sus manos. Adiós mundo cruel… confiaba en que sus amigos cuidarían a su hijo.

Kise se enterneció por la reacción de su viejo amor; por sus palabras anteriores comprendió que Kuroko no se sentía merecedor de contar con su apoyo al haberse involucrado con él estando comprometido y con la noticia de que sería futuro padre. Se sentía culpable y su modo de pagar por ello, fue afrontar su embarazo solo. Lo comprendía pero no aun así pagaría lo que fuera por haberlo sabido antes. Estaba seguro que de haber sabido la verdad sobre el embarazo de Tetsuya no se hubiera casado con la modelo, y hubiera formalizado una relación con el chico fantasma

― ¿Kise-kun? ―llamo Kuroko, el contario se había perdido en sus pensamientos.

―No te preocupes, no te odio por ocultármelo…―le comentó, si lo conocía lo suficiente era probable que esa fuera su preocupación― Te entiendo, es probable que yo hubiera hecho lo mismo si eso involucraba tu felicidad. Te conozco desde la secundaria y sé que no lo habrías hecho con el propósito de hacer daño.

―En verdad eres un idiota, Kise-kun…―murmuro sonrojado. El rubio se sintió herido.― ¿Porque simplemente no me dices que me odias?

―Porque no lo hago. ―sonrió, al fin veía en aquel rostro alguna expresión más que no fuera la indiferencia.

―Por eso eres un idiota…―mostro su mejor puchero.― Deberías odiarme, gritarme, maldecirme, golpearme…

― ¿Serias feliz si hago todo lo que dices? ―pregunto solo por curiosidad, incapaz de hacerlo.

―Lo seria. ―aseguro, mirándolo fijamente.

―Pues yo no. ―mantuvo el choque de miradas. Celeste contra dorado.

―Pero…―iba a rebatir.

―Así que no pidas imposibles. No puedo odiar a la persona que he amado desde hace años. ―confeso con una gran y reluciente sonrisa

Aunque por fuera se mostraba seguro y firme, en su interior, Kise estaba a punto de desmayarse. No podía creer que se había confesado, hacia unas horas había decidido no hacerlo hasta arreglar sus asuntos. *Ryouta baka… baka… baka…* Se regañaba continuamente. Kuroko balbuceo en medio de su perplejidad, había sido tomado con la guardia baja, su rostro tenía un tono rojizo comparable al cabello de su ex-capitán.

Desde lo lejos, todo era visto discretamente por Momoi, que sonrió tranquilamente al ver el buen ambiente alrededor de sus amigos. En su distracción, el pequeño había corrido a interrumpir a sus padres, para pedirles que se unieran al juego, y que Kise le mostrara algún truco para ganarle a su tío Kagami.

Más tarde y después de jugar varias veces, se dirigieron al bar familiar, disfrutando del buen ambiente. Ya no había tensión o algo por el estilo entre todos ellos. Kagami y Kise después de la cena empezaron a jugar billar, para buscar la revancha de los encuentros de básquet hacia unas horas. El pequeño Ryou, los veía curioso, era la primera vez que estaba en un lugar así y más que veía que su tío favorito disfrutaba jugar algo a parte del basquetbol. En algún momento le pidió a su padre rubio que le enseñara a jugar, y de ese modo se volvió una batalla de padre e hijo contra el pelirrojo.


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Marte: Hola~ Me alegro que te guste. Perdon por la tardanza en la actualizacion, pero tengo otros dos fc´s que empezaron antes y les doy prioridad.

michele4: Hola~ Es bueno saber que te gustara... Perdon por la tardanza al actualizar... Yo tambien adoro esta pareja... jajajaja... Por lo mismo que tardo en actualizar los suelo hacer largos...

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Yukihana: Siento en verdad el retraso con este capítulo pero quería que saliera bien la parte de padre e hijo, al final no sé si será de su gusto… espero me lo hagan saber. Sin nada más que decir, espero disfrutaran el cap…Sus votos y comentarios serán bien recibidos.

Nos vemos~

Bye~ Bye~