Trabajo, trabajo y más trabajo. ¿Cuándo sería el día en que podría por fin tomar un descanso? Sabía que no sería pronto, después de todo esa era la manera en que Amelia descargaba parte de su furia sobre él: haciéndolo trabajar sin descansar. Menos mal que las torturas ya habían dejado de ser practicadas, o al menos eso con la mayor parte de la sociedad sino sería blanco de ellas de manera periódica. Ya imaginaba sus visitas a la sala de tortura. A la reina nadie le contradecía, nadie… bueno, a veces él, pero solo él porque sí lo hacía otra persona era seguro que sería enviado a la muerte de manera inmediata, pero él no por ser la representación del país. ¡Que gran ventaja poseía!
Dejó caer el lapicero en el escritorio para estirar su adolorido cuerpo. Observó el reloj "3:45 de la mañana." Se asomó por la ventana para comprobar que, efectivamente, el reloj no estaba mal programado; el cielo estaba oscuro, tanto era el espesor del color que apenas y podía alcanzar a ver algún destello, producto de las estrellas. Pensó que quizá sería un buen momento para tomar un breve descanso, así que se dirigió a la azotea; suponía que sería un buen sitio para descansar y para pensar puesto que había descubierto a Isabel más de un par de veces en el sitio acompañada de pensamientos, de ideas, de una libreta y de un bolígrafo. Nunca se atrevió a preguntarle que tanto era lo que escribía pero sí había leído un par de líneas, lo que indicaba que ella estaba construyendo una historia.
- Veamos…- Dijo para sí mismo, claro que eso era muy obvio ya que se encontraba solo.- Según Mary las ideas fluyen mejor en…- Observaba el lugar buscando el sitio en que siempre se sentaba la menor. Así es, Isabel siempre se sentaba en el mismo lugar, decía que era el mejor de toda la zona pues, según ella, ahí las ideas llovían a montones y eran muy buenas.- ¡Maldita sea!- Gritó. Menos mal que era de madrugada y que no había absolutamente nadie paseando por la zona, sino ya le habrían dirigido miles de miradas llenas de desaprobación, aunque aquello no le importaba en lo más mínimo.
Comenzó a caminar por el lugar observando minuciosamente los detalles, debía encontrar algo que le dijera el sitio preferido de la mexicana. Odiaba haberlo olvidado, sentía que era como si ya no le importara la chica, y eso le dolía porque le extrañaba, a ella y a Ana.
- Creo que es aquí.- Era un lugar cualquiera, se encontraba entre dos macetas exactamente, pero sí se observaba bien en la pared se podían leer dos palabras "Imagine. Write." Sin más, Alfred se sentó y contempló el cielo, nada vino a su mente, se sentía vacío y muy solo. Se negó a sí mismo tocar cualquier tema de manera mental y lentamente comenzó a cerrar los ojos.
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El tren se detuvo, y tras de eso a través del altavoz se indicó que ya habían llegado a su destino y que procedieran a desembarcar de la unidad.
A pesar del gran cansancio Isabel se levantó de manera energética y tomó sus cosas.
- ¡Vamos nana! La hacienda nos espera.- No esperó a que la mayor hablara, rápidamente salió de la cabina y con ello del tren.
Observaba la estación con una gran sonrisa, no sabía si estaba maravillada por los detalles de la estructura o por el simple hecho de estar en casa.
Puede que fuese más lo último, pues de repente comenzó a sentir una presión en su pecho. Algo no estaba bien.
Escuchó el golpeteo de los zapatos de su nana y de su instructor, se escuchaban con fuerza y cada vez con mayor intensidad, eso hizo que se olvidara del malestar.
- ¡María Isabel! No vuelvas a hacer eso, sino regresaremos a Estados Unidos AHORA.- El rostro de Ana estaba más lleno de preocupación que de furia, pero no entendía porqué.
- No va a pasar nada nana, éste es un sitio seguro.- Dijo la menor intentando tranquilizar el ambiente.
- Estamos en México, no en USA señorita. Te recuerdo que no es lo mism…- y antes de que pudiese continuar el sonido de silbatos le interrumpió. Hombres vestidos con un uniforme color negro corrían detrás de, quien al parecer, era un ladrón puesto que llevaba un gran maletín entre sus brazos. Ana no pudo evitar abrazar a Isabel en señal de protección mientras que el instructor abrazó sus pertenencias.
Unos segundos después todo quedó en silencio, de ahí se comenzaron a escuchar murmullos y finalmente la voz de una mujer anunciando por el altavoz que la situación se encontraba bajo control y que todos debían regresar a sus actividades. Claro que eso solo era para mantener la calma, ya que el hombre se subió a una camioneta vieja que tomó un rumbo desconocido y los policías… pobres tíos, se miraban unos a otros confundidos.
Sí, definitivamente estaban en México.
- Creo que…- Mr. Wilson rompió el silencio.- Deberíamos irnos… nosotros podemos ser los próximos asaltados.- Casi lo dijo para sí mismo con un tono lento y lleno de miedo. Comenzó a cuestionarse si había sido buena idea venir a trabajar al país sureño.
- Bueno… alguien iba a venir por nosotros, dijo que nos estaría esperando a la salida de la estación pero no veo a nadie.-
- Well Annie… I think… excuse me! Creo que puede estarnos esperando en la otra sala, ya sabes, en la principal y no en la de descenso. ¿No se te ocurrió antes?-
- Tampoco es como sí lo supiera todo Mr. Brain. No hay perder más tiempo, vamos.- Y con varias maletas en las manos se dirigieron a la entrada principal.
Desde el segundo piso se podía apreciar el mar de gente. Vaya, eso no era bueno. Encontrar a su guía no sería fácil.
- Tenemos dos opciones: quedarnos aquí y esperar al maravilloso guía; o buscarlo entre el mar de gente y arriesgarnos a salir de la estación sin nuestras pertenencias.-
- Eres un genio Wilson. No esperaba menos de ti.- Dijo Ana con sarcasmo y mientras rodaba los ojos.- Dado que ustedes son el blanco perfecto, hasta para los novatos asaltantes, se quedaran aquí con las maletas.-
- ¿Y tu que piensas hacer Anita?-
- Es obvio que iré en busca del guía. ¿Acaso no lo pillas? No entiendo como es que la grandiosa reina puedo escogerte para ser el instructor de Isabellina.- Pero antes de poder continuar quejándose fue interrumpida por la menor.
- Nana…- Dijo con un susurro.- No pelees, acabamos de llegar.- Ana bufó y comenzó su camino, no sin antes girarse y lanzarle una mirada amenazadora al par.
- ¡No se les ocurra moverse de ese sitio! Es-ta-mos-en-Mé-xi-co. Y aquí no hay policías fornidos como en el país vecino. Así que se quedan en esa banca junto a las maletas. Espero no tardar.- Y se fue, murmurando cientos de cosas llenas de odio, cosa que ni uno de los otros dos presentes entendía.
Vaya… de la nada la mujer había explotado. Isabel pensó que quizá pudo ser por haberse salido antes del vagón, pero el instructor desechó la idea, no era para tanto. Claramente se notaba que era por la ciudad o por el país entero (no por la representación.)
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¿Por qué había tanta gente? Entendía que se encontraba en la capital y que la hora era idónea para que hubiese demasiadas personas transitando, pero aún así era una exageración. No llevaba varios minutos buscando a la persona que les recibiría, leía todos los carteles que llevaban algunas personas. Alguno de ellos debía ser el indicado. Por lo bajo maldijo a la mala planeación del estadounidense, pero eso solo era un pretexto para desahogar su mal humor. Simplemente odiaba y amaba estar ahí, no en la estación sino en la ciudad en general.
Se detuvo, dejó de luchar con el mar de gente, solo mantenía fuerza en mantenerse firme. Ya estaba cansada, sumándole a esto el largo viaje ya se estaba quedando sin fuerzas, era un milagro mantener los ojos abiertos. Observó a su alrededor buscando alguna señal, ya estaba comenzando a implorar a Dios que le enviara algo. Solo quería comer y dormir. Sonaba egoísta, demasiado para ser verdad, ella no era así, no ahora.
- Stupid american.- Murmuró.- We should take a taxi, it's better. I'm tired. I can't…-
- Veo que te has olvidado de tus raíces.- Interrumpió un hombre de quien sabe donde. Había tanta gente que no sabía quien le había dirigido la palabra, por lo que giró algo temerosa
- What t…- Un abrazo. Fue callada por un pesado abrazo. Sea quien fuere casi la hace perder el equilibrio y caer entre las personas, eso hubiese sido MUY peligroso y malo.- ¡¿Quién diablos eres?!- Tomó a la persona de los hombros y agitó.- ¿Qué quieres?-
- Que linda eres. Sobre todo cariñosa, se nota que te olvidas de los viejos amigos.- Muda. Se quedó muda. No sabía que decir, mucho menos que hacer. Miró al hombre, él sonreía, no parecía molesto, en lo más mínimo. Suponía que debía conocerle. Su rostro, ese rostro… dentro de su mente buscaba el nombre y físico de aquella persona pero no lo encontraba. Se le hacía tan conocido y tan extraño a la vez que no dudaba en mejor preguntarle su nombre.- ¿Acaso el estadounidense te borró la memoria o es que has decidido olvidar TODO acerca de tu pasado y solo te enfrascaste en tu nueva vida?- Él espero una respuesta.- Vale, amiga mía. Parece que os habeís olvidado mi. ¿Qué clase de absurda broma es esta?- Silencio.- ¡Vamos tía! Comenzais a preocuparme.- Ese acento, ese mal acento español, ese español a modo de burla…
- Joseph…- Susurró la chica casi para sí misma.- Joseph Francois.- Lo último lo dijo con una pícara sonrisa. ¡Al fin había acertado! ¡Por favor Dios, regálale un año más de vida por esto!
- ¡Lo has pillado queridísima amiga mía!- El chico volvió a hacer uso de su mal acento para molestarle, como en los viejos tiempos.
- Ya deja de burlarte. Antonio no está con nosotros, así que no vale.-
- No vale pero tenía que hacer algo para que te acordaras de mí. No sabes lo mal que me sentí cuando no me reconociste.- Tras hacer una pose dramática envolvió en un gran abrazo a la chica, ella correspondió.
- Con ese cabello ¿quién te reconocería luego de ocho años?-
- Ni que estuviera tan largo, tampoco está teñido, no soy mujer.- Ana comenzó a reír, no tanto por lo que decía el joven sino por la gran felicidad que sentía. Hacía mucho que no había tenido contacto con él, ni por cartas.- Además eso daña el cabello y a mi me gusta cuidarlo.- añadió con un toque femenino.
- Pero si has cambiado tu look. Vistes diferente a antes de la independencia.-
- Es que ahora estoy más jodido que antes. Claro que con esta gorra, estos pantalones sueltos y este saco barato tengo pinta de electricista, pintor, carpintero y muchos oficios más. Normalmente salgo así cuando voy a pedir trabajo.-
- ¿Lo haces?- Preguntó Ana con una mirada seria (aunque no tenía nada de seriedad en el fondo).
- NO. Sigo y seguiré trabajando en el mismo lugar de siempre: en la Hacienda. Aunque ahí le hago de todo, no ha habido una buena racha pero, como sea, estamos mejor que miles de mexicanos.-
La sonrisa y la felicidad de Ana se desvanecieron al escuchar esas palabras. Hasta ahora había escuchado mucho comentarios negativos acerca de la situación del país, pero le costaba creer que se encontraban peor que hace ocho años, cuando abandonaron el país.
- Ya habrá otro momento para hablar sobre el presente y el pasado, exactamente sobre estos últimos ocho años. Vine por tres personas y solo te veo a ti. ¿Dónde está el resto?- Preguntó el chico lanzándole una mirada acusadora como si hubiese hecho algo malo.- ¿Te deshiciste de ellos?- Volvió a preguntar pero ahora con un tono más bajito y acercándose lentamente a su oído.
- Están e…- Y fue interrumpida, de nuevo. Pero esta vez el chico estuvo a punto de besarla, y digo a punto porque se quedó a un costado de los labios, eso gracias a que reaccionó Ana a tiempo, bueno… más o menos.- ¡Oye!- Gritó la joven consiguiendo la atención de los transeúntes. Iba a decir algo más, pero justo detuvo su mirada en el par con que venía. Isabel le saludó débilmente. Ana giró, tomó a su nuevo acompañante de una mano y caminó con paso fuerte y firme hacía su destino. No era la iglesia por supuesto, sino el banco donde yacían Isabel y Mr. Wlilson.
No fue un camino fácil el que recorrió ya que había mucha gente. ¿Por qué? No lo sabía y apostaba a que su rubio amigo si, pero con lo anterior se le había olvidado por completo preguntarle.
Subieron las escaleras y finalmente llegaron a su destino. Estaba formulando una buena excusa para zafarse del teatro anterior que nunca escuchó las quejas del chico hasta que llegaron a donde la pequeña nación.
- Ah…- Bryan, Mr. Wilson; levantó su mano, parecía que pedía permiso para hablar.
- No pronuncies una sola palabra.- Dijo Ana amenazadoramente. El instructor entendió perfectamente y bajó su mano para luego voltear a ver a María.
- Casi te da un beso en la boca…- Susurró. Ana pasó su mano por el rostro y suspiró. Ya iba a dar una explicación pero fue callada, de nuevo. Vaya, si esto continuaba denominaría ese día como "El día de callar a Ana." Si, a Alfred le iba a encantar aquello.
- ¡Mira lo que has hecho Ana!- El nuevo integrante de la banda miraba de manera acusatoria a la chica mientras le enseñaba un pequeño cartelón.- ¡Me costó mucho hacerlo! Sobre todo conseguir los materiales… ¡estaba bonito y ahora es un desastre. Me debes un favor! Lo hice especialmente para encontrarlos a ustedes y ahora está deshecho.-Vaya suerte que tenía, al menos ya se habían olvidado del "incidente."
- No comiences con juegos infantiles Joseph. No tengo la culpa de que hubiese tanta gente en el camino.- Intentó defenderse.
- ¡Por eso mismo te pedía que paráramos pero estabas tan metida en tus oscuros y retorcidos pensamientos que me ignoraste olímpicamente! ¿Ya se enteraron de que este año México no participará en las Olimpiadas?- Wow… le impresionaba que el chico pudiese cambiar de pensamientos tan rápido como de ropa. Le convenía mucho y a la vez no. En cuanto a la respuesta de la pregunta, Isabel y Bryan movieron la cabeza de forma negativa.- ¿En qué mundo viven ustedes? Ah ya, vivían en ese gran y desarrollado país pero ahora se encuentran aquí ¡en México! Bienvenidos.-
- Joseph… ¿tienes algo contra los norteamericanos?- Preguntó Ana con los brazos cruzados.
- Para nada Anita querida. Todo es miel sobre hojuelas.- Sarcasmo. Cada una de las palabras estaba llena de eso. Mr. Wilson ya se había dado cuenta de ello, no era normal que alguien te mirada de manera acosadora y con odio. Cada que lo veía sentía que le decía "¡Largo!", pero prefería callar.- Además, sino te molesta claro, ¿podrías dejar de norteamericanizar mi nombre? Por favor.-
- Está bien…- Y el silencio se apoderó del ambiente.
- Bueno, es hora de ir a casa.- De la nada el chico se golpeó la frente con una de sus manos.
- ¿Ahora qué?- Pensó Isabel.
- Que maleducado soy… doy pena y no solo por mis fachas sino también por mi descortesía. Permitan que me presente. Mi nombre es José María Ricardo de Jesús Morales Flores Pavón, hijo de Enriqueta Esperanza Hernández Garza y Pedro José Ramón Asturias García, ambos panaderos; siendo mi oficio miles de actividades como ser pintor, fontanero, carpintero, vigilante, vendedor, agricultor, ganadero, cocinero, mesero, recepcionista, chofer, plomero, ¡esperen! ¿no es lo mismo que fontanero? ¡Ahg, ya me perdí!- Hablaba muy rápido, tanto que hizo que los presentes se quedaran callados, esperando que dijera algo. Se encontraban estupefactos. José comenzó a caminar sin avisar, esperaba que el instinto de sus acompañantes hiciera que le siguieran, pero paró al darse cuenta que llevaba unos cuantos minutos hablando solo. - ¿Acaso piensan quedarse parados por siempre?- Gritó.
Esto sacó de sus pensamientos a Ana, quien tomó al par de las manos y jaló hacía donde estaba el chico. Él chasqueó los dedos y los hipnotizados recobraron la conciencia.
- ¿Qué les pasa? ¿Están locos o que?- Preguntó fingiendo enfado.
- Perdón Mr… ¿Flores?- comenzó la menor.- Creo que… son demasiadas palabras, quiero decir…- Silencio.- Habla muy rápido y aún no manejamos muy bien el idioma.- María meditaba cada una de sus palabras, no quería hacer enfadar al hombre.
- Y eso que aún no entro en confianza…- Dijo para sí mismo el chico.- Síganme, nuestro vehículo está por acá.- Y los visitantes comenzaron a seguirlo.
José iba a la cabeza, siempre hablando de diversos temas más que nada porque él los cambiaba. El resto solo se limitaba a asentir y a reírse de vez en cuando, sobre todo el instructor. Pobrecito, sabía español pero no entendía los regionalismos que ese tipo usaba. Comenzaba a hacerse la idea de que se burlarían de él en su lengua nativa por su falta de familiaridad con ella. Ya veía que le esperaba…
De un momento a otro el rubio detuvo su andar y dirigió una gran sonrisa a los presentes.
- Hemos llegado.- Dijo con firmeza.- Sé que quizá esperaban una limosina o algún auto de lujo pero no. Les recuerdo que estamos en México, y aunque parezca anticuado, los llevaré a nuestro destino en esto. ¡Tachán!-
- We've traveled to the past. Beautiful Mexico.-
- Hey, hey, tranquilo gringo. No sé que dijiste pero debes saber que la economía del país no es la mejor desde hace trece años. Todavía se sufren las consecuencias de la independencia. Nuestro país está avanzando MUY lentamente, y créanme NO ES GRACIAS A ESTADOS UNIDOS.- Espero respuestas pero ni una llegó.- Y permítanme decirles que no vamos a llegar a un palacio, tampoco a una residencia de lujo, solo es una hacienda. La gran hacienda, ESA hacienda, la misma hacienda en la que habitaron nuestros antiguos monarcas, aunque ellos solo venían aquí de vacaciones claro. La ha-ci-en-da está llena de historia. Esa hacienda es simplemente genial y ahí es a donde vamos.-
- Ya nos quedó claro a donde nos dirigimos. ¿Vas a dejar de hablar y dejar que subamos las maletas al carruaje?-
- Les recuerdo que son libres de hacer lo que les plazca, yo solo estoy siguiendo el itinerario, pero sí no quieren escuchar lo que he preparado está bien.-
- Gracias por callarte. Ahora deja que nos acomodemos.- Ana tomó el equipaje y comenzó colocarlo en la parte trasera del carruaje, no fue tan difícil mucho menos tardado, pues la mayoría de sus pertenencias habían sido enviadas por paquetería, aquí solo traían lo más importante.
Durante el viaje hubo muchas platicas, sobre todo por parte de José. Él comenzó hablando acerca de su odio, de manera discreta, a sus vecinos del norte; y terminó contándole a Isabel sobre los sitios arqueológicos más importantes así como leyendas.
- Es increíble. Eres la representación de México y no sabes sobre ti. Que pena. Maldito norteamericano.-
- Hehehe, ya sé que no es posible que no sepa sobre mí, pero no es mi culpa. Prácticamente he crecido en Estados Unidos y me he criado, de cierta manera, a su estilo. Es por ello que no uso regionalismos ni visto como la gente de aquí. Tampoco sé sobre la comida típica, las que conozco son gourmets. Y saben deliciosas pero quiero probar toda la gastronomía mexicana durante mi estancia. Por eso estoy en México y por lo tanto debo de vivir al estilo mexicano lo más posible.-
- Me agrada tu actitud. Mira… aquí no hay palacios ni mansiones en abundancia como allá, lo que más abunda aquí son haciendas. Creo que incluso las haciendas son más grandes que los palacios, no refiriéndome al edificio en sí, sino al terreno. ¿Recuerdas cuando vivías con Antonio?-
- Mmmm… no mucho… estaba muy pequeña, pero espero poder hacerlo cuando lleguemos. Estoy muy emocionada.- La chica daba pequeñas palmadas, sonreía demasiado y eso la hacía lucir como una niña pequeña.
- Ya casi llegamos. El sitio ha cambiado bastante. Ustedes fueron las últimas celebridades políticas que visitaron y vivieron el lugar. Después de que se fueron el sitio fue abandonado, a veces Ignacio daba unos paseos por aquí pero de un momento a otro dejamos de verle. Así que, en conclusión, el lugar está algo abarrotado, claro que desde que se anunció su venida se ha comenzado con la remodelación. No es un sitio muy lujoso como al que están acostumbrados pero eso sí: tiene una bellísima vista del valle.-
- Ya quiero verlo… por cierto… acerca de tu nombre…-
- Jajaja.- Rio nerviosamente.- Eso solo fue una broma, incluyendo lo de mis padres. Hace mucho que no se usan nombres tan extravagantes, ahora solo es uno como "Britanny, Bryan, Kevin, Melanie", ya saben, nombres extranjeros y eso. Con la fusión del imperio muchas personas comenzaron a ponerle ese tipo de nombres a sus hijos, como para que fuesen aceptados en la sociedad. Menuda estupidez.-
- ¿Entonces como te llamas?- Preguntó la menor haciéndole recordar la verdadera intención por la que habló.
- Solo dime José. No Joseph. José. José.-
- Pero ¿y tus apellidos?- Una incógnita más de la nación. Que frustrante, mejor dicho "chismosa." Hizo lo posible por ocultar su molestia con una sonrisa.
- No pregunteís más. ¿Vale? Algún día os contareís más sobre mí, pero por ahora ¡ya hemos llegado!-
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Y aquí toy. Con este nuevo cap xd
Espero acabar la historia para fin de año o más o menos avanzarla en buena parte.
Sin más me despido, espero que les guste la historia. Recuerden comentar, si gustan claro. Dudas, sugerencias. ¡Todo es bienvenido!
