Llegaron a la famosa hacienda. Tal como les dijo José era el estado de ésta: por fuera lucía despintada y la malva cubría los costados; claro que había varios trabajadores en el área: algunos pintaban las paredes y otros se encontraban entre el pasto cortándolo.
- ¿Cómo es que este sitio tuve un declive? No se parece a nada de lo que alguna vez fue.- Preguntó Ana con preocupación.
- Como dije antes, desde que ustedes se mudaron el sitio fue descuidado, despidieron a varios trabajadores y los que pocos que nos quedamos hacíamos milagros con las miserias que el gobierno destinó para el mantenimiento del lugar. Llegó un punto en que muchos se cansaron de la mala paga y se fueron, aunque creo que eso solo fue una trampa y que en realidad tenían pensado demoler la construcción. Es sorprendente que la ambición de los gobernadores sea tan grande.-
- ¿Pero quién ordenó todo eso, fue el gobierno mexicano o el estadounidense?- Ante esa pregunta José mordió sus labios. No planeaba esconder su odio hacía sus vecinos del norte.
- Nuestro país no es más que un títere para la reina. Ha hecho lo que ha querido con nosotros; ha dicho que destruirá todo lo que hace referencia al imperio español, a nuestra historia. ¡Eso es un crimen para la humanidad! Está loca. No le importa más que tener a Alfredito cómodo, en su cama con sábanas con incrustaciones de oro, desayunando finas carnes todos los días. Realmente nosotros no valemos nada para esa señora.- Sin pensarlo le lanzó una mirada de odio al instructor, quien solo levantó ligeramente las manos en señal de que mantuviera la calma. El pobre estadounidense pensaba más en la idea de regresar a su país.
- No hables ni pienses mal de Alfred, él es buena persona. Lo ha demostrado estos diez años que hemos vivido con él. Es cierto que Amelia es detestable, no la soporto; pero Alf es muy diferente, para empezar tuvo una discusión con ella para que dejara venir a Isabel aquí.-
- ¡No sabes si está fingiendo! ¡Tampoco sabes si envió a este señor como espía!-
- ¡A Mr. Wilson déjalo fuera de esto!- Ante ese comentario el susodicho emitió una gran sonrisa. Al menos tenía una aliada fuerte en este lugar. Por su parte, Isabel ignoraba los gritos, estaba concentrada intentando recordar sobre su vida con Antonio, pero era inútil: los recuerdos eran demasiado borrosos. Por ahora no se desesperaba, pues esperaba que el contacto con la hacienda aclarara su mente.
-.-.-
Cuando entraron a la hacienda, en la puerta principal, les esperaban todos los trabajadores del sitio. Eran personas alegres y vestían ropa típica de la región, siendo la tela: manta.
- ¡Quiero usar uno de esos Ana!- Gritó María con mucha alegría.
- Pronto te probarás uno. Son muy frescos y muy diferentes a los que sueles usar.-
- Eso no importa, vine para conocer a mi verdadera yo y ¡eso haré!
- Vaya que estás muy emocionada pequeña. En la noche les contaré leyendas y mitos. Espero que los gringos sean muy valientes, sobre todo tu amigo.-
- Excuse me Mr. Joshep! I'm very… disculpe… ¡yo soy valiente!- Replicó el instructor indignado. No podía creer que un simple trabajador fuese tan insolente, vaya clase y cultura la que el tipo poseía.
- Ya veremos eso güerito.- Contestó el chico con una mirada y sonrisa retadoras.- Bien, es hora de bajarse. Hemos llegado a nuestro destino.- Dijo mientras descendía del carruaje de un salto.- Venga damita, la ayudaré a bajar.-
- Gracias, pero yo puedo hacerlo sola, te recuerdo que…- La mayor no pudo completar su oración.
- A ti no te decía Ana, estaba dirigido a la señorita María Isabel. Ya sé que tu puedes hacerlo sola, eres como un hombre, por eso no necesitas uno.- Los presentes no pudieron evitar reír, aunque en un tono bajo. De repente, José con apellido enigmático comenzó a gritar.
- ¡Dame mi gorra de pintor Ana!-
- No, es tu castigo por ser tan grosero. No solo lo has sido conmigo sino también con el pobre Mr. Wilson. Él no tiene porqué cargar con tu odio a los extranjeros.-
- ¡Dámela por favor, NO TENGO dinero para comprar otra!- Nuestro amigo se posó de rodillas frente a la chica, quien sostenía la gorra lo más alto que su brazo le permitía.
- Negado.- Respondió fríamente.
- He has blond hair...- Comentó Wilson.- Y discrimina a los extranjeros…- José se levantó del suelo y lo miró con odio. Pobre chico, el mexicano descargaba toda su ira en él. Parece que ya ha tardado en golpearlo.
- ¡No soy rubio por decisión propia, son mis genes! Mis padres son españoles y toda mi familia también. Mis hermanas igual lo eran.- Una vena surgió en su sien y su expresión se volvió más oscura, alterada Ana corrió y le entregó su gorra, estaba muy nerviosa. José la tomó de mala gana y comenzó a caminar hacía el interior del edificio.- Margarita les enseñará en donde dormirán. Nos vemos más tarde.- Dijo con un tono de voz frío y seco. El resto de los nuevos inquilinos observó su retirada con desconcierto, sobre todo Isabel.
- Es extraño.- Susurró la pequeña.
- No importa. No hagan caso. Hablaré después con él, ahora vamos dentro para que conozcan sus habitaciones. Mari haz los honores y sé la primera de nosotros en entrar.- La menor sonrió y asintió, se dirigió con paso veloz al interior. Ana aprovechó eso y detuvo a Mr. Wilson.
- What's up Annie?- Preguntó con algo de preocupación.
- Take care with Joshep, please.- Contestó y tomó la mano del hombre.- No te acerques a él cuando estés solo, no hasta que yo te diga que puedes estar con él. De hecho voy a pedirle a uno de los trabajadores que sea tu acompañante, ¿lo entiendes?- Dijo en voz muy baja. El mayor no pudo evitar sentir un escalofrío recorrer su cuerpo y simplemente asintió, pese a que no tenía idea de porque le decía Ana aquello, aún así prefirió acatar la sugerencia, que más bien parecía una orden.
Una vez todos dentro se dirigieron hacía las escaleras, Isabel subió corriendo, estaba muy emocionada.
- Sí mi pequeña memoria no se equivoca hacía la derecha se encuentran los cuartos de visita y hacía la izquierda la de los inquilinos, ¿verdad?-
- ¡Estás en lo correcto! Me alegra mucho que comiences a recordar tu vida aquí. Verás que con el paso de los días más recuerdos vendrán a ti.-
Margarita los guió hacia el lado izquierdo. Mr. Wilson y María no dejaban de contemplar el sitio, pues todo era prácticamente nuevo para ellos.
- La primera habitación era donde se alojaba la princesa, seguida por las dos habitaciones de los príncipes y de los reyes. Ellos solo venían aquí en vacaciones, aunque el príncipe Jorge solía estar más tiempo aquí durante el año, incluso estudió un par de años aquí. Siempre le gustó México. Finalmente encontramos la habitación de…-
- ¡NANA ES MI ANTIGUO CUARTO!- Interrumpió Mari a la trabajadora. La primera corrió a la puerta, la abrió y entró a la habitación. Observaba cada sitio y, de manera borrosa, algunas memorias se hicieron presentes, eso alegró aún más su día.- Tu dormías conmigo, ¿verdad?-
- No Isa. Yo tenía mi habitación en el área de los empleados.-
- Pero recuerdo que te quedabas conmigo hasta que dormía.-
- Así es, pero luego de eso yo me retiraba en silencio a mi habitación, y ya en las mañanas te venía a despertar.- Ana esperó una respuesta, pero nada llegó. Hizo señas de que salieran en silencio, pero fueron detenidos por la voz de Isabel.-
- La recámara de mi hermano es la que se encuentra frente a la mía, ¿no es así?- Preguntó con un tono melancólico. Ana temía que la nostalgia la invadiese y que su estancia, en vez de ser algo agradable, resultase ser un desastre. Se acercó a ella y tomó suavemente sus hombros.
- Si… no te pongas triste Isabel.-
- Para nada.- Contestó con una gran sonrisa. Quitó las manos de su cuidadora y se dirigió al baño comenzando a analizar cada uno de los rincones.- Veo que la cerámica es nueva y se ve recién pintado.-
- Así es señorita. De hecho se están remodelando los cuartos que ustedes van a usar, el suyo todavía no está terminado. Espero que no le moleste.-
- No importa, Alfred hizo todo esto por nosotras y se lo agradezco. Ahora… ¿podrían quedarme sola? Quiero acomodar mis cosas.-
Sin decir algo más los presentes salieron de la habitación. Margarita llevó al Sr. Wilson a la habitación que perteneció a la princesa, aunque ahora ya no tenía vestigio alguno de que la pequeña hubiese estado alguna vez ahí. Al igual que María se quedó solo, solo que él tenía pensado descansar. Por último la trabajadora le indicó a Ana que su habitación sería la de Antonio y cuando le dijo aquello se petrificó.
- No… no puedo aceptar eso, definitivamente no.-
- ¿Por qué no? El mismo Sr. Jones dio esa orden.-
- No importa que él lo haya dicho, yo dormiré en mi antiguo cuarto y listo. Con su permiso.- La nana dejó sola a la trabajadora y corrió al área de dormitorios de empleados. No hacía falta que le guiaran, ella conocía toda la hacienda como la palma de su mano, puede que estuviera muy descuidada pero sabía que la tierra no cambiaba de lugar y que debía seguir manteniendo los mismos planos.
Llegó a su vieja habitación, observó con detenimiento la puerta de madera y la acarició. Todavía tenía marcas de fuego y rasguños, eso producto de la revuelta de hace poco más de 10 años. Pasaron un par de minutos, estaba ida, metida en sus pensamientos, tanto que no notó la presencia del ama de llaves.
- Niña, debiste haber esperado a Margarita, ella tiene las llaves de todas las habitaciones.- Era una señora mayor, de unos 65 años. Poseía una voz gruesa y ronca.
- ¿Está cerrada esta puerta?- Preguntó sin dirigirle la mirada.
- Probamos todas las llaves pero ninguna pudo abrirla. ¿Acaso tu posees la llave original?-
- ¿Qué le hace pensar eso?-
- Que viniste corriendo directamente a esta habitación, como si la conocieras de hace mucho, como si fuera tuya.- Hubo un silencio profundo. El ama de llaves comprendió que debía retirarse y dejar a la chica sola. Ella tenía que lidiar con sus memorias.
Ana esperó a quedarse completamente sola, se aseguró de que nadie estuviese por el sitio, acto seguido introdujo sus manos en uno de los bolsillos de su vestido y sacó una llave. No dejaba de observarla pese a que le causaba mucho dolor, sin más ya no pudo soportar y comenzó a llorar. Trató de introducir varias veces la llave en el picaporte pero su desesperación hacía que fallara. Luego de varios intentos lo logró, abrió rápidamente la puerta y entró solo para encerrarse. Se recargó de la puerta y se dejó caer por esta sin importarle lo sucio que se encontrara el sitio.
Definitivamente no le hacía bien estar ahí.
Acurrucada sobre sus rodillas se dejó romper en llanto y tan perdida estaba que no había notado la presencia de la otra persona.
- ¿Por qué lloras Annie? ¿Te duele todo esto?- Al escuchar la voz del hombre limpió rápidamente sus lágrimas y se levantó del suelo, estaba asustada. Nunca imaginó que algún intruso pudiese colarse a esa su habitación.
- ¡¿Cómo entraste aquí?! Solo YO tengo la única llave.- El joven rio ligeramente y bajó del marco de la ventana.
- Digamos que desde que te fuiste busqué la manera de entrar aquí, más que nada para conservarlo. Sabía que te habías llevado todas las llaves de la habitación y por lo tanto este sitio se vendría abajo. Como puedes ver no está del todo reluciente, pues no soy un experto en la limpieza pero he hecho lo posible para que no se deteriore tan rápido.- Joshep sonrió ampliamente, de alguna manera su pequeña hazaña lo hacía sentirse feliz.
- Estás loco, ¿lo sabías?- Dijo Ana con un tono de juego.
- Y tu luces muy triste, ¿lo sabías?- Preguntó con un tono burlón tras lo cual comenzaron ambos a reír.- A veces pienso que te enamoraste de Antonio. ¿Eran amantes?-
- Jajajaja, ¿por qué piensan eso? Alfred me preguntaba exactamente lo mismo. Vas a hacer que comience a extrañar que me moleste.-
- Wow wow… es que lo parece, pues lloras por él a mares.-
- Tu mejor que nadie sabe que estoy sumamente agradecida con él. Le debo mucho.-
- ¡Y yo también lo estoy! ¡Todos en la hacienda lo están! Ese hombre era un ángel.- Continuaron riendo, cosa que no sucedía desde hace mucho. El silencio reinó por unos minutos, pero no era nada incómodo, al contrario: los relajaba.
- ¿Ya controlas tu nerviosismo? ¿Sigues teniendo crisis nerviosas?- Preguntó la chica con un tono cariñoso.
- Mmmm… digamos que… desde que te fuiste hice grandes esfuerzos por comportarme de manera normal, aunque poco a poco fui perdiendo la cordura, claro que no estoy como cuando llegué aquí… solo… solo sentí que me hacías falta Ana…- No dijo nada más, solo se acercó a la chica lentamente e intentó besarla, por lo cual solo consiguió que ella se levantara de la cama y caminara al otro de la habitación.
- Por favor… no comiences con eso ahora. Soy mayor que tu, ¿lo recuerdas?-
- Lo sé perfectamente, pero eso no es un impedimento para que estemos juntos. ¿Sabes? Siento celos de esa pequeña y del español. ¡LOS ADORAS!- Jo comenzaba a mostrar signos de su que humor empeoraba, lo cual le preocupaba mucho a Ana. Tenía que pararlo antes de que hiciera algo peligroso.
- Ya te dije que estoy en deuda con Antonio, además Isabel es MI VIDA y no pienso abandonarla jamás. Le hice una promesa a su hermano y la voy a cumplir: la protegeré hasta el último de mis días.- Ana mantuvo firmeza y seguridad en sus palabras, no podía mostrarle a su acompañante debilidad.
- ¿Y piensas perder tu vida cuidandola a ella? Los años se van y tienes que comenzar a vivir lo tuyo.-
- No comiences José… Gracias a Antonio estoy con vida y por eso no faltaré a la promesa.- Era obvio que no iba a poder dialogar con ella por el momento, así que prefirió retirarse del lugar. Ya retomarían el tema en otro momento.
- Dejaré que lo pienses. Además… acaban de llegar, te dejaré sola. Nos vemos. Bye, como dicen en USA. Solo piensa en que nosotros no somos eternos.- Y tras decir eso el chico salió de la habitación por la puerta mientras la nana se encontraba petrificada por su tranquila reacción. Pese a que sabía que él estaba molesto con ella salió tras de él hasta que lo alcanzó.
- Me sorprendes. Has cambiado bastante… y me alegra que hayas reaccionado de esa manera… hablaremos después, por ahora tengo que pedirte un favor.- Ella sonrió y él arqueó una de sus cejas ¿qué rayos le iba a pedir hacer?
- Sí se trata de proponerme matrimonio… deja que lo piense. Ahora a mí me toca darme a desear.-
- Jajajaja, eso no tonto… ¡quiero darle una sorpresa a Isabel!-
-.-.-
Se recostó, observaba el techo con detenimiento intentando recordar su vieja vida ahí, de repente el cansancio le ganó y comenzó a cerrar lentamente sus párpados. Se sentía tranquila, protegida, tal como hace años cuando tan solo era una niña pequeña, prácticamente un bebé. La nostalgia no la dejaba en paz, el vago recuerdo de aquellos días alegres le lastimaban en lo más profundo de su alma. Esperaba soportarlo, de lo contrario se vería forzada a regresar a Estados Unidos con Alfred.
-.-.-
Los niños corrían y se escondían de un lado a otro. Antonio, por su parte, se esforzaba para alcanzarlos y encontrarlos. ¡Vaya chiquillos! Eran demasiado inquietos. A veces sentía que era su niñero personal. Jorge y Héctor eran incansables, aquellos niños d años, respectivamente, lo mataban.
- ¡Sino aparecen pronto los dejaré encerrados en su cuarto durante una semana!- Pero la amenaza no funcionó. El español comenzó a rascarse la cabeza, la desesperación comenzaba a inundarlo. ¡Sí algo le pasaba a ese par de mocosos la reina lo fusilaría!
Comenzó a caminar alrededor de la hacienda sin parar de gritar el nombre de los niños. De repente divisó al par: estaban escondidos detrás de un arbusto, parecían estar muy asustados.
- ¿Qué rayos hicieron ahora?- Dijo con gran molestia y corrió hasta ellos. El mayor, Héctor, le hacía señas de que se quedara callado, pero era obvio que no le obedecería.
- No, no, no, jovencito. Podrás ser el heredero a la corona pero eso no significa que tenga que obedecerte.- Dijo con seriedad. El menor de ellos casi se desmaya al escucharlo gritar, deteniendo su caída el mayor.
- Que te calles inhumano.- Dijo con severidad a modo de susurro. Antonio comenzaba a pensar que esos dos estaban locos.
- Vaya gobernantes tendremos…-
- ¡Que te calles!- Volvió a reprenderlo el chico.- Vimos a alguien por allá. Es un ser pequeño, debe ser un duende. Cuando nos vio escapó hacia esos matorrales.-
- Ajá. Y quieres que… ¿lo atrape o destruya?-
- ¡Primero atrápalo y luego destrúyelo! Al pobre Jorge casi le da un infarto.-
- ¿Y puedo saber que les hizo la "malvada criatura" para que la juzguen de esa manera?- Si recibía una respuesta absurda los tomaría de la oreja y llevaría a rastras a la hacienda. Él no estaba para juegos, ¡no el gran imperio español!
- En realidad no nos hizo algo malo… ¡pero nos espantó y eso debe ser castigado!- Gruñó el pequeño príncipe. ¡Era el colmo! No los iba a estar soportando, por lo que cumplió con su amenaza mental, claro que los hermanos reaccionaron a tiempo y corrieron hacía donde se había escondido la criatura. El europeo fue tras de ellos pero los perdió cuando se internaron entre los matorrales. De la nada escuchó un par de gritos, oh… esperen… ¡eran tres!
- ¡Jorge, Héctor ¿siguen con vida?!- Absurda pregunta. Cuando reaccionó se golpeó en la frente. Como pudo atravesó aquél sitio para toparse con los dos hermanos abrazados mientras gritaban con desesperación y terror, y a un lado… a un lado se encontraba una pequeñita de unos 3 años, estaba escondida tras de un pequeño árbol. Lucía MUY asustada.
- ¡Apártate Antonio, yo la venceré- Gritó el niño mayor y tomó una rama seca.- ¡DIGANLE A MIS PADRES QUE LOS AMO! ¡MORIRÉ POR MI PATRIAAAAA!- Dijo y corrió para atacar a la criatura. Antonio bufó y tomó la rama, levantando al pequeño príncipe en el proceso, quien no hacía más que lanzar patadas al aire.
- ¡Ya basta de juegos absurdos! Es solo una niña.-
- Mi hermano mayor dice que es un duende y que hay que matarlo, sino no nos dejará dormir.- Contestó el pequeño Jorge con una mirada llena de preocupación y miedo.
- ¿Acaso han estado leyendo los libros de suspenso que les prohibió su madre?- Los dos rodaron la mirada y comenzaron a silbar, Toño movió la cabeza en negativa y se acercó a la pequeñita.
- ¡No Antonio, no lo hagas! ¡Tienes una…- Héctor tragó saliva.- Vida por delante…-
- ¡Ya cállense! No es un duende ni nada peligroso, es SOLO una niña.- El español se agachó para quedar a la misma altura de la pequeña, le esbozó una sonrisa y con voz suave dijo:- Hola, ¿estás perdida?- Ella se asomó ligeramente, pero casi de inmediato se volvió a esconder.- No te voy a hacer daño, solo quiero saber si te encuentras perdida, ya sabes… para ayudarte a regresar a casa…- Lentamente salió de su pequeño escondite y caminó hasta él mientras mantenía la mirada baja.
- ¡TE VA A MATAR!- Gritó Héctor con horror. Eso hizo que la chiquita regresase al árbol. Antonio se levantó del sitio y les dirigió una mirada severa, indicando que se quedaran callados.
- Vamos a mi casa…-
- ¡Es nuestra también!- Dijeron al unísono los hermanos. Su paciencia estaba al límite, algo más y ese par sería historia.
- Ignóralos pequeña. Son algo tontos pero inofensivos, solo a veces el más grande intenta fingir ser un héroe.- De nuevo se asomó.- Mira… en casa hay una colcha calientita, comida deliciosa y gourmet, una cómoda cama y ese par de chavales para entretenerse. Los reyes no van a estar en desacuerdo con cuidarte mientras encontramos tu casa, así que… ¿qué dices: vamos a mi casa o prefieres quedarte a la intemperie?-
La pequeña niña se acercó al español y le regaló una sonrisa, él la tomó entre sus brazos e indicó que era hora de regresar. Vaya que había sido fácil convencerla, menos mal que él fue el que la encontró y no alguna persona maliciosa. Agradecía al cielo por ello, a pesar de ser una nueva carga.
Y así, entre regaños y gritos, llegaron a la hacienda, donde los esperaba un rico festín. Al ver los reyes a su nueva invitada quedaron pasmados.
-.-.-
María despertó, había tenido un sueño extraño pero interesante. Dirigió su mirada al reloj y al ver la hora supo que era hora de bajar a cenar. Salió de su habitación topándose de frente con Mr. Wilson.
- Veo que también te quedaste dormida.-
- Si, estaba muy cansada. El viaje fue muy largo.-
- Uff, no imagino como será cuando regresemos…- Antes de poder continuar con su pequeña conversación fueron interrumpidos por Ana, quien poseía una gran sonrisa.
-.-
Otro capítulo más:3 Más largo que el resto xd
Espero que les guste! Ya saben, si quieren dejar un comentario o sugerencia todo es bien recibido.
