Después de todo tu primer día de clases no había sido tan malo, al menos habías hecho amistad con el tipo americano, de quien no te acordabas para nada su nombre, pero no importa, era un avance, en parte querías que mañana llegara pronto, pues sentías que al fin serias aceptada y no te rechazarían como en tu otra escuela. Sin darte cuenta llegaste a tu casa, al parecer aun no llegaban a instalar la línea telefónica y de internet, eso te mataría, tenías que entretenerte en algo y de manera urgente.

- Un ciber.- esa idea pasó por tu mente, pero no era muy adecuada, no conocías nada de por ahí, así que fácilmente podías ser estafada, sin contar que la última vez que habías visitado uno había sido hace años. Las ideas no llegaron a tu mente pero si llegaste a tu casa, entraste, aventaste tu mochila sin importar donde cayera y acabaste en la cocina.- Tengo hambre, haré algo de comer.- a registrar la alacena, por el momento había variedad para cocinar algo laborioso, miraste el reloj y al ver la hora te diste cuenta de que ya era tarde, así que esa no era una buena opción.- Haré unos hot-dogs.- dijiste y te pusiste a prepararlos. Una vez que acabaste de hacerlos y de comer, te lavaste los dientes y encerraste en tu habitación, algo se te tenía que ocurrir, debía haber alguna forma de pasar el resto del día sin aburrirte y sin necesidad de salir, pronto una idea se te vino a la mente: escribir. Bueno, no tenías madera de escritora pero cualquier cosa, menos salir, sería buena para entretenerte, al principio pensaste que sería absurdo pero conforme presionabas las teclas para formar las palabras, la idea se volvió una propuesta para pasatiempo. Sin darte cuenta caíste dormida profundamente y despertaste a plena madrugada solo para pasarte a tu cama.

Al día siguiente te levantaste temprano para hacer el desayuno y alistar tus cosas.

- Debí de haberlo hecho ayer que no tenía nada que hacer.- te reprochaste, sin más te dirigiste a la escuela y te preparaste para las miradas de tu compañeros al entrar al salón de clases. Todos los asientos estaban ocupados, rápidamente con la mirada examinaste todos los asientos y encontraste uno al final del salón, caminaste con rapidez, pero evitando tropezarte con algo, no querías ser el ridículo del salón, al llegar notaste que un chico de cabello castaño miraba a través de la ventana, no te prestaba atención, no sabías si ponerte feliz o triste por eso.- Buenos días.- dijiste, el chico te miró de reojo y te regresó el saludo:

- Buenos días.- pero de una manera algo seca. No dijiste nada más y sacaste un libro para distraerte mientras el maestro llegaba.

- Alumnos, por favor tomen sus asientos que comenzaré la clase.-

- Vaya, que rápido llegó.- pensaste. Sacaste tu libro y libreta junto con otras cosas que necesitabas, la clase comenzó, pasó media hora, pestañeaste y miraste a tu alrededor, te diste cuenta de que nadie le prestaba atención al maestro.- Pobre, habla como merolico.- Al parecer eras de las pocas personas que le interesaba la clase, poco a poco el ruido aumentó, los murmullos ya no parecían murmullos, bolitas de papel volaban por el salón, al igual que los intercambios de gritos, te estabas cansando, por lo menos donde estabas estudiando no hacían tanto escándalo y respetaban al maestro, ya te estabas arrepintiendo de haber aceptado estudiar tan lejos, pero ¿Qué podías hacer? El cambio ya estaba hecho, ahora solo tenías que aguantar todo un semestre, y te juraste no aceptar otra propuesta para estudiar fuera. A fin de cuentas el tiempo pasó, el almuerzo llegó y la hora de estar solamente con tu soledad también se hizo presente. Ya en la cafetería comenzaste a buscar una banca vacía pero no había ninguna, de ahí divisaste una donde solo estaba una persona, caminaste hasta ahí y te diste cuenta de que era el chico de tu misma clase: el castaño. Estaba sentado tomando de una cajita de leche, tragaste saliva e intentaste no reírte.

- Disculpa ¿puedo comer aquí?- preguntaste de una manera amistosa.

- Claro, toma todo el espacio que quieras.- te contestó sin dejar de ver a través de la ventana. Comiste en silencio, te preguntabas donde se había metido tu amigo el americano, bueno, si es que le podías llamar amigo. El timbre de entrada sonó, cada quien tomó un rumbo diferente para ir a su salón, te sentaste en el asiento donde habías estado antes, viste pasar a tu "vecino" y al parecer se veía algo solo.

- ¿Le hablare?- te preguntaste, no sería mala idea, pues al parecer a ambos les hacía falta compañía, no anduviste con rodeos en tu mente y rápidamente tomaste una decisión.- Me presentare. Hola mi nombre es (tu nombre) ¿Y el tuyo?-

- ¿Por qué me preguntas?- te contestó con una incógnita seca. Tal vez no había sido una buena elección la que habías tomado, pero ¿Qué hacerle? Intentarías hablar con él y ganarte su confianza.

- Porque me gustaría que fuéramos amigos, jejeje…-

- ¿Acaso te doy lastima?-

- Para nada *sonrisa nerviosa* Es solo que… te vi algo solo y pensé que podíamos ser amigos.-

- De seguro lo dices porque no te gusta la soledad, bueno… si ese es el caso mi nombre es Lovino Vargas, es un placer.-

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Bueno ._. mi amiga ya no continuó la historia así que yo me haré cargo de ella. Este es mi primer Lector x país, así que puedo tener varios errores y tal vez no se le entienda, por lo que les pido que si ven algo que no está correcto me avisen.

Muchas gracias por leer c: