El timbre sonó, te dirigiste a tu salón lo más rápido que podías caminar, nunca habías estado tan entusiasmada en llegar a clases. Lo primero que hiciste fue buscar a Lovino con la mirada, al localizarlo divisaste un asiento justo a su lado, llegaste y te sentaste, repasaste en mente lo que habías planeado decirle para comenzar una conversación y tal vez sacarle algo de información sobre él, estabas lista para hablarle cuando…

- ¿Por qué te sentaste aquí?- preguntó algo serio. Una gota invisible de sudor surgió en tu sien, tus ojos se abrieron como platos y te quedaste algo inmóvil, sin poder responder.

- Hay muchos lugares disponibles, ¿Por qué te sentaste justo aquí a mi lado?-

- E-eh…- tartamudeaste.- Es que… yo… ammm… ¡Inventa una excusa! ¡Vamos tu puedes!- pero nada surgía en tu mente, estabas bloqueada. - Pensé que tal vez podría hacer amigos, aunque fuese solo uno, no pido mucho, no pido que tenga dinero, no pido que siempre se la pase conmigo, solo... Solo quisiera hablar a veces con alguien... y pensé que tu… tal vez…- no acabaste la oración, simplemente bajaste la mirada, comenzaste a jugar con tus manos, sin darte cuenta tus ojos adquirieron un color brilloso y se notaban húmedos, Lovino notó eso, solo que hizo caso omiso a lo que te pasaba, recargo su hombre en el pupitre y con su otra mano comenzó a golpear la madera con sus dedos haciendo un sonido molesto. Fue cuando te diste cuenta de que quizás él no sería una buena opción para ser un amigo, y tendrías que buscar a alguien más. Tomaste tus cosas y saliste rápidamente del aula, ocultando las lágrimas que corrían por tus ojos a todo aquél que te observara.

- ¿A dónde voy ahora?- pensaste, te diste cuenta de que estabas en el patio trasero de la escuela, por lo que supusiste que debía de haber algún lugar donde pudieses pasar un rato sola. Observaste detenidamente todo y divisaste unos árboles al fondo del patio escolar, apenas y se lograba ver que había un par de sillas, seguramente era un lugar al que iban las parejitas durante el receso o algún otro momento en la escuela, pero en fin, ese no era el caso... Te dirigiste hasta ese lugar de una manera que no pareciese sospechosa, no es que fueras a hacer algo malo, no, solo que algún profesor te podía ver y regañar, y pues... Ahí acabaría el intento el momento de relajación y a solas. Para tu suerte llegaste hasta ese lugar sin levantar sospechas, antes de sentarte en uno de los pupitres observaste el área y notaste que en realidad era muy limpia, eso era bueno, no como en tu otra escuela, ahí ese tipo de áreas era un asco y por eso acababas en la biblioteca leyendo o haciendo algo que te gustase; al parecer aquí ya habías encontrado un lugar en donde podrías pasar el rato, claro, tu sola. No sabias que hacer, así que sacaste una libreta y comenzaste a escribir incoherencias, así como hacer dibujitos, por un instante te olvidaste del incidente de hace unos momentos pero de repente…

Los peores recuerdos se vinieron a tu mente, los peores momentos en tu vida lograron escapar de esa bóveda que tenías en tu mente muy bien cerrada, la nostalgia y tristeza invadió tu mente, dejaste caer el lápiz, así como dejaste libres unas lágrimas.

- Debería de acusarte por no entrar a clases.- dijo una voz. Inmediatamente limpiaste tus lágrimas, te levantaste del asiento para darte la media vuelta y ver a la persona que había hablado.

- ¡Me espantaste!- exclamaste mientras ponías tu mano en el pecho.

- Jeje, lo siento (tu nombre), no fue mi intención asustarte.-

- Esta bien, acepto tus disculpas, pero dime ¿Qué haces aquí?-

- Soy "vigilante", tengo que ver que todos los alumnos entren a clases y ninguno se salte alguna, y al parecer tú has roto esa pequeña regla.- Simplemente sonreíste nerviosa, dudabas que Arthur te creyese, después de todo se veía como un chico recto.- ¿Por qué estabas llorando?- preguntó de repente, jugaste con tus manos e inmediatamente negaste.

- Por nada, solo… solo son tonterías… no es nada serio.-

- Bueno, sino me quieres decir adelante, no te obligaré, es tu decisión. Es normal, no nos conocemos de hace mucho, pero cuando quieras hablar aquí estaré yo.-

- Gracias.- esas palabras hicieron que te sintieses un poco más tranquila y en el fondo muy alegre.

~~ Mientras tanto en el aula de clases.~~

- ¿Habré dicho algo malo?- se preguntó Lovino mientras observaba su libro de texto.