Pasaste casi dos horas platicando con Arthur de diversas cosas: sobre la escuela, sus vidas, su familia, y algunos temas de interés que tenían ambos. Ya hasta se habían olvidado de que ambos tenían que acudir a clases, en el fondo te sentías mal, te sentías culpable, pues nunca te habías escapado de una clase, siempre entrabas a todas, todos los días soportabas la indiferencia y el rechazo que recibías de tus compañeros de grupo, y a pesar de que siempre te mantuviste fuerte y hacías frente a todos esos problemas, hoy te habías dejado vencer, no soportaste las ganas de llorar y de sentirte así: mal. Sabías que no era correcto haberte salido de clases, pues estabas ahí por un intercambio, ósea que eras una excelente alumna. Era obvio que esta sería la primera y la última vez en salirte, de ahora en adelante siempre entrarías a tu salón, aunque no te gustase estar ahí…
- (Tu nombre) no entiendo cómo es que los de tu salón te hacen a un lado.- comentó Arthur, tu solo volteaste a otro lado y tu pequeña sonrisa se murió, antes de contestar suspiraste.
- Así es a donde vaya, he estado en varias escuelas, y en todas es lo mismo, mis papás piensan que me tratan bien, pero no es así…-
- Ósea que este problemilla es desde pequeña…- tu amigo bajó la mirada y comenzó a jugar con sus dedos, nervioso y algo culpable por haber sacado un tema desagradable para ti.
- Si… Y las personas que se acercaban a mí lo hacían por interés, no porque realmente quisieran tener una amistad conmigo, pensaron en que les haría los trabajos y que aun así les asignaría calificaciones, pero no fue así… Cuando nos daban las calificaciones de algún trabajo me miraban horrible, me daban la espalda y se iban, me dejaban de hablar, todo por no haberlos incluido….-
- Que feo… Mis amigos no son así, quizás sean irritantes y todo, pero ellos son buenas personas, jamás se aprovecharían de alguien como tú. Eres una gran persona (tu nombre), si, te conozco poco, pero hasta ahora has sido buena, es una lástima que estés aquí solo por poco tiempo.-
- Gracias… eres la segunda persona que dice eso, eres la segunda persona que ha sido buena conmigo.-
- ¿La segunda?- preguntó al no entender a qué te referías.
- En la secundaria conocí a una chica, se llama (el nombre de tu mejor amiga), ella es genial, es una súper persona, fue la primera que se acercó a mí por lo que soy. Ella es mi primera amiga, con ella conocí la verdadera amistad.-
- ¿Aun se llevan?-
- Por supuesto, solo hablamos por el celular o aplicaciones de computadora. No nos frecuentamos por la diferencia de horario.-
- Cierto, la ciudad donde vives está prácticamente al otro extremo del país, los horarios varían mucho.-
- A eso no me refiero. Ojalá fuera eso, no sé si la volveré a ver de nuevo. Ella está en Francia, se fue porque a su mamá la transfirieron para allá, cuando se fue mi mundo se vino abajo y volví a mi encierro.- sin querer un par de lágrimas de escurrieron por tus mejillas, Arthur sacó una servilleta y con ella limpió tus lágrimas.
- Lo siento, no fue mi intención hacerte recordar malos ratos… Haré algo para compensarte.-
- No es necesario, con ser mí amigo es más que suficiente. Enserio… muchas gracias…- las lágrimas salieron sin parar, pero esta vez eran de alegría, no de tristeza, Arthur te abrazó de una manera tierna e inocente, sin malicia. Tu solo correspondiste el abrazo, se sentía muy bien que alguien te abrazara, eso no lo negabas.
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- ¿Por qué no habrá entrado a clases?- se preguntó el italiano. El timbre de receso sonó, Lovino se dirigió hacia la cafetería, ahí pidió su desayuno y después de fue a la mesa más alejada de la población estudiantil. Durante todas las clases no pudo evitar pensar en donde te habías metido, se le hacía raro que una chica de excelencia se saliera de sus clases para andar vagando, claro que no sabía la verdadera razón por la que lo habías hecho… Te divisó, tú ibas con tus nuevos amigos, eras la única chica, todos eran varones, pero eran muy divertidos y gentiles, eso te agradaba de ellos. Nunca notaste que durante todo el receso te estuvo observando sin parar, ¿o si lo habrás notado?
Escalofríos recorrían tu espalda, eran seguidos, volteabas a los lados buscando una explicación, pero no había absolutamente nada, tocaste varias tu espalda, y los presentes no pudieron evitar mirarte raro.
- (Tu nombre) ¿Sucede algo?- preguntó Alfred.
- Ammm… nada…- contestaste extrañada.
- ¿Segura? Es que… te estas retorciendo… como si algo te incomodará en la espalda… continuó Alfred hablando.
Lovino se dio cuenta de que tú te sentías algo incomoda, casi sabiendo que era porque te miraba, inmediatamente desvió su vista a otro lado, claro que no sabía que miraba las piernas de unas chicas y al reaccionar se sonrojó un poco. Él siguió comiendo en silencio.
