Tu mañana fue como las demás: callada, tranquila, y de cierta manera, fría. Los exámenes del primer parcial se acercaban y tenías que estudiar bruscamente si no querías que te regresaran a tu antigua escuela, aunque… eso era lo que deseabas, pero no podías dejar caer tu dignidad de esa manera. Llegaste al aula, te sentaste y no pudiste soportar las miradas de tus compañeros de grupo, así que decidiste salir a caminar y entonces… Tropezaste con alguien más…
- Lo siento bella, ¿Estás bien?- esa voz definitivamente nunca la habías escuchado. El chico te ayudó a levantarte del suelo, fue cuando te diste cuenta de que los alumnos, en especial las mujeres, te miraban con cierto odio, bajaste la mirada, pero… ¿Qué les habías hecho? No encontrabas ninguna respuesta. Te perdiste por un segundo buscando la respuesta en tu mente y reaccionaste cuando el chico volvió a hablar.
- S-si… Estoy bien, no pasó nada.- contestaste muy nerviosa. Lo primero que viste de él fue su mirada, era profunda y tenía unos bellos ojos ¿Púrpuras? Qué extraño, jamás habías visto a alguien con ese color de ojos, pero debías de admitir que se veían preciosos.
- ¿Quieres que te lleve a la enfermería para que te revisen?-
- No es necesario.- contestaste y rápidamente te alejaste un poco de él.
- Oye, tranquila, no como personas.- dijo con un tono de broma, solo pudiste sonreír disimuladamente.
- Me tengo que ir…- fue lo único que salió de tu boca, rebosante emprendiste tu huida pero te detuvo una mano.
- ¿Venias del aula 5-B?- preguntó el chico. Intentaste zafarte, pero su agarrar era muy fuerte. Presionaba con demasiada fuerza. Volteaste con una sonrisa falsa y asentiste con la cabeza.- ¿Podrías llevarme con Lovino? Tengo que ir con él, y sinceramente no me gusta entrar a otros salones solo.-
- C-claro…- con mucha delicadeza soltó tu mano y caminaste al salón.- Sígueme…- odiabas tener que regresar ahí, lo único que querías era irte de ese lugar al menos por unos momentos, pero irónicamente estabas de regreso. Te detuviste por el escritorio del profesor.- Su asiento está al fondo.- Dijiste señalándolo.
- Bella, te dije que me acompañaras hasta su lugar. Per favore, ¿sí?- su mirada, esa mirada dama mucho miedo. No te quisiste arriesgar, tomaste su mano y lo condujiste hasta estaba sentado Lovino.
- ¿Qué quieres fratello? Recuerda que te dije que no me gusta que me busques en horas de clase.- Preguntó Lovino mientras miraba a través de la ventana, al parecer estaba de mal humor.
- Lo sé, pero es que se me olvidó el dinero para el almuerzo en casa, solo venia a pedirte prestado. Anda, di que si.- Lovino meditó la petición.
- Está bien, pero solo por esta vez. Para la próxima dejaré que te mueras de hambre.-
- Grazie, por eso te adoro.-
- Yo me voy, hago mal tercio aquí.- De nuevo estuviste a punto de irte y otra vez la mano del joven te detuvo.
- No te he dicho que ya te puedes retirar.-
- Pero… es que… no se qué hago aquí, solo estoy estorbando.-
- No eres un estorbo, al contrario, eres muy simpática. Por cierto, mi nombre es Feliciano Vargas. Es un placer conocerte.- Extendió su mano para que la tomaras e hicieras lo mismo que él. Sin pensarlo dos veces lo saludaste. Tenías miedo. Era muy extraña su manera de ser, al parecer era algo posesivo y mandón. Justo el tipo de persona que odiabas. ¿Pero quién eras tú para oponerse? No querías nada de problemas, no era bueno para ti, si surgía algún mal entendido con alguno de ellos o el resto de tu clase, te comería la conciencia aunque tú supieras que no hiciste nada, pero en fin… era mejor evitar a toda costa los problemas.
- Mi nombre es… (Tu nombre).-
- Lindo nombre ragazza. Dime ¿Cuándo llegaste?-
- Soy de intercambio, llegué hace unos días.-
- Vamos hermano, ¿Por qué no me dijiste nada? Sabes que me gusta recibir con los brazos abiertos a los invitados. Todos los que han llegado han sido muy amistosos y buenas personas, dudo que ella no lo sea.-
- Oye… Siento mucho tener que irme, pero tengo unas cosas que hacer antes de que inicien las clases.-
- Puedes hacerlas después.-
- Por favor, tengo que irme. Si quieres platicamos en el receso, pero ahorita no puedo quedarme.- Feliciano te miró fijamente, un escalofrió recorrió tu espina dorsal al sentir su mirada encima. Al parecer te habías equivocado.
- ¡D'accordo! ¡Fare il vostro lavoro! Ma non si può scappare un altro giorno.-
- Disculpa, no entiendo el italiano.-
- Dijo que está de acuerdo, que hagas tus cosas, pues deben de ser muy importantes. Adiós.- Tradujo Lovino lo que hermano había dicho. Agradeciste y te fuiste de ahí casi corriendo.
- E 'strano.- comentó Feliciano.- Para la próxima dile bien la traducción.-
- Me niego, lo único que harás es amargarle la visita.-
- Sí, claro… Aunque… Ahora que lo pienso… Ella es agradable…-
- Ella no Feliciano, ella no…-
