En el capítulo anterior…

Los mortífagos se tornaron de un pálido blanco papiro en sus mejillas, al igual que el resto de los que aún permanecían en el lugar.

- No… no… no puede… no puede ser. Tú… tú estás…estás muerto. ¡Él te mató! – murmuró Zabini con un hilo de voz.

Nadie más podía articular palabra alguna. Repentinamente los mortífagos desaparecieron, dejando tras de ellos un silencio de ultratumba…

Capítulo XX. El Castillo de Hogwarts

Todos miraban al joven Istar como si estuvieran viendo a la misma muerte frente a ellos. Los ojos avellana de Hermione se llenaban de lágrimas al igual que los ojos castaños de una hermosa chica pelirroja, que no daban crédito de estar frente a él. Uno de los pelirrojos pasó saliva, abriendo la boca como si deseara decir algo, pero no encontrara las palabras correctas. Un par de gemelos se tallaban los ojos como queriendo desaparecer la visión frente a ellos. Y una chica rubia de ojos soñadores lo miraba con una inocente curiosidad que parecía más la miraba de un niño de tres años.

Por su parte, el Istar los miraba con recelo, ya que no reconocía el rostro de ninguno, sin embargo, su presencia le era familiar. Una punzada en el pecho comenzó a crecer y un sentimiento olvidado afloraba de nuevo. Recordó de pronto un sueño lejano que tuvo en casa de Cathba dentro de todos los que había tenido, recién llegó. Una vigilia entre el ensueño y la realidad, donde muchas personas sin rostro lo saludaban y esperaban por él, pero cuando los intentaba alcanzar, ellos más se alejaban. Tenía la sensación de de javú al estar frente a estas personas, como si su sueño comenzara hacerse realidad.

- Harry, que gusto verte, pensé que habías muerto o algo así.

Finalmente alguien había abierto la boca. La chica rubia de ojos soñadores esbozaba una sonrisa de sincera alegría, sin embargo todos los demás volvieron su vista a ella con cara de exasperación, mientras Harry la observaba con curiosidad. Entonces, un chico alto un tanto robusto, también habló, desviando la atención de Harry hacia él.

- ¿Harry, en verdad eres tú?

- Claro que es él, Neville – respondió la chica rubia como si fuera lo más obvio del mundo.

- Fred, - exclamó uno de los gemelos – pellízcame, creo que estoy viendo un fantasma.

- George, - contestó el otro – me pellizcarás tú también, porque creo que yo también lo veo.

Hermione intentó acercarse a él, pero no había dado ni un paso cuando Harry ya tenía su varita levantada y apuntándole directo al pecho. Todos se pusieron tensos y en guardia, al igual que el joven Istar.

- ¿A caso no nos reconoces, Harry? – preguntó finalmente el pelirrojo que no encontraba las palabras, observando extrañado al Istar. – Somos nosotros, tus amigos. Soy Ron Weasley, ¿recuerdas? Hermione, Ginny, Fred, George, Neville, Luna…

Pero Harry no mostraba ninguna señal de reconocimiento, sin embargo la punzada en su pecho se intensificaba.

– ¿Te fundieron el cerebro en el otro mundo, Harry?, ¿O te has quedado mudo por los tresopolos fantasmales?

- Lo siento, - respondió finalmente Harry – pero no sé quién es ninguno de ustedes.

- ¿Pero recuerdas quién eres tú?

- Yo sé quién soy, y lo que soy.

Todos lo observaron un tanto confundidos, mirándose entre sí se reojo. Entonces Hermione bajó su varita y la colocó en el suelo, intentando mostrarle a Harry que no le atacaría, ya que se dio cuenta que él no bajaría su guardia tan fácilmente, sería mejor mostrarle que ella no representaba ningún peligro. Los demás la miraron atentos y retrocedieron unos pasos, confiando en que ella sería capaz de explicarse mejor ante su amigo y manejar la situación.

El Istar, al ver la acción de la mujer de cabello castaño, bajó también un poco su varita, mostrando que le daba el beneficio de la duda y estaba dispuesto a escucharla.

- ¿Eres Harry Potter? – preguntó la chica mirándolo directamente a los ojos.

- Sí – respondió Harry sin desviar la mirada.

- ¿Sabes que eres un mago?

- Sí

- ¿Sabes algo de éste lugar o esta ciudad?

Harry permaneció callado largos minutos, pero Hermione parecía tener la paciencia de esperar por su respuesta. Finalmente Harry retomó la palabra.

- Este lugar me parece familiar, pero no lo recuerdo. Es… como si fuera parte de un sueño lejano.

- ¿Tienes alguna idea de quienes somos nosotros?

- No, pero su presencia… forma parte de mi pasado.

- Así que solo recuerdas algunas cosas – murmuró más para ella que para Harry. – Dime Harry, ¿recuerdas Hogwarts?

El Istar volvió a permanecer callado. Una voz en lo profundo de su mente trataba de emerger, conectando lo que escuchaba.

- Ese nombre… – contestó al fin – siento que está relacionado con… acaso es… ¿acaso puedo encontrar a Dumbledor ahí?

- ¡¿Recuerdas a Dumbledor?!

- No, pero necesito encontrarlo.

Todos volvieron a compartir una mirada enigmática y Harry lo encontró un tanto irritante.

- Ustedes lo conocen – afirmó con una mirada dura.

- Sí, lo conocimos – respondió Hermione.

- Entonces podrán llevarme con él.

- Harry, lamento decirte esto, pero Dumbledor está muerto.

- ¡¿Qué?!

- Lleva años que murió.

Por un momento, Harry pensó que había escuchado mal, pero cuando se lo confirmaron no pudo evitar un sentimiento de impotencia y frustración al saber que la respuesta a su pérdida de memoria ya no era viable, pues ¿a quién debía recurrir ahora? Con un suspiro derrotado bajó la mirada, pensativo, tratando de idear una forma para conseguir lo que necesitaba. Entonces escuchó una voz suave frente a él.

- No te deprimas, Harry – exclamó la chica pelirroja llamada Ginny, – aún puedes hablar con él.

- Si está muerto, ¿cómo he de hablar con él? – preguntó Harry un tanto incrédulo.

- Es cierto, - exclamó Hermione – está su retrato en el colegio.

- ¿A qué se refieren?, ¿Existe una forma de que me pueda comunicar con él y que no involucre magia oscura?

- Así es Harry, puedes acompañarnos a nuestro antiguo colegio y lo verás. Tal vez te ayude a recupere tus recuerdos y a que nos reconozcas nuevamente.

- ¿Ustedes saben dónde es?

- Te llevaremos hasta él si lo deseas. Solo es cuestión de aparecernos ahí.

- Crearé un traslador para que nos lleve – exclamó Ron

- No, - respondió Hermione – eso es peligroso, será mejor aparecernos en Hogsmead y luego caminar hasta el castillo. – Luego, volviéndose hacia el Istar continuó – Tendrás que confiar en nosotros Harry, si es que quieres llegar al castillo sin ser detectado por el enemigo.

Por un momento Harry dudó, pues no sabía nada de ellos. Sin embargo, el brillo en la mirada de cada uno y la forma tan familiar con la que se dirigía a él, le hizo pensar que de algún modo ellos sabían más de él de lo que parecía. Además, había algo más, su propio corazón le indicaba que, si quería respuestas, no tendría otra forma de conseguirlas. Así que el joven Istar tomó una decisión. Bajó su varita, se colocó nuevamente la capucha y dio un paso para acercarse más al grupo, clavando su penetrante mirada de ojos verdes en cada uno de los presentes.

- De acuerdo, confiaré en ustedes… los acompañaré. Guíen el camino.

Harry tomó la mano de Hermione y se dejó guiar. Todos desaparecieron y en un instante reaparecieron en un pequeño y oscuro callejón. Con cautela, el grupo se acercó al borde del muro que los escondía en la noche, solo para vislumbrar un camino vacío que se adentraba en lo que parecía un pueblo abandonado.

- Está muy callado – exclamó uno de los gemelos.

- Lo cual es bueno.

- Al parecer los mortífagos finalmente se han dado cuenta de que solo quedan ruinas.

- Las ruinas que dejaron, querrás decir.

- Eso no importa, lo importante es que nos dará una oportunidad de llegar al castillo.

- Harry, será mejor que no delates tu identidad. Mantén la capucha puesta pase lo que pase. Eso nos dará tiempo antes de que el enemigo sepa que has vuelto.

- Eso ya es tarde. En la taberna lo vieron más de 20 personas, de las cuales 12 eran mortífagos – exclamó uno de los gemelos.

- Sí, pero tal vez piensen que fue una treta de nosotros para espantarlos, y como todo mundo abandonó el lugar en cuanto Harry se descubrió el rostro, nadie pudo escuchar nuestra conversación – respondió Hermione.

- Eso – agregó Ginny – y que puse un encantamiento silencioso en cuanto nos quedamos solos, para evitar oídos en las paredes.

- Bien pensado Ginny.

- Ahora, síganme sigilosamente – exclamó Ron con seriedad.

Todos salieron de su escondite y comenzaron andar el camino brumoso, siempre pendientes y en guardia. Harry también iba preparado para cualquier cosa que les pudiera atacar. Sin poder evitarlo, el Istar reparó en cada detalle del camino, pensando en que ese lugar le era muy familiar.

- ¿Qué es este lugar? – preguntó, sin poderse contener.

- Es Hogsmead – respondió Hermione - ¿Lo recuerdas?

- No, simple curiosidad – contestó Harry, pero parte de su mente sentía que había estado ahí hacía mucho tiempo ya.

- Era una aldea mágica. En nuestra época de colegio, se nos permitía visitarla algunos días y disfrutar de las tiendas y demás. Muy pintoresca y tranquila… hasta que la guerra se desató.

- ¿Guerra?

- Entre magos. Pero no es sabio hablar de esto ahora. Esperemos a estar en un lugar seguro.

Harry ya no preguntó más. Con paso firme y cauteloso, salieron del camino para llegar a una vereda de piedra, pasando una antigua y abandonada estación de tren. La luz de la luna era obliterada por una nube negra, pero una vez se hubo disipado, la luz plateada hizo enmarcar a lo lejos la silueta imponente de un gran castillo de piedra. Harry se paró en seco por un instante ante semejante visión. Pues, pese a que aún se encontraban algo lejos del castillo, podía ver la majestuosidad de su presencia en medio de la noche, rodeado por un lúgubre bosque y un gran lago de aguas quietas.

- Es el castillo de Hogwarts – explicó con simpleza la chica rubia llamada Luna, deteniéndose junto a él al ver que se había parado a admirarlo. – Es hermoso, ¿no?

- Sí – fue todo lo que contestó Harry a la chica.

Retomando su camino, Harry avanzó hacia el Castillo de Hogwarts sin mirar atrás.

Los personajes y lugares en este capítulo mencionados son propiedad de JK Rowling. Esto se escribe con fines de diversión más no de lucro. Gracias por seguir la historia =)