Capítulo XXIV. La promesa de mi madre
Anhelarte así me alegra el alma.
Ya tengo más de lo que soñaba.
Te espero ilusionada.
Te espero amándote, como jamás recuerdo haber amado.
Serás en mi búsqueda, la alegría más cuidada.
Ansiar un hijo que no llega es de las esperas, estimo la más larga.
De no haber estado sentado en el sillón, seguro que Harry hubiera caído al suelo de la impresión. Realmente no se esperaba esta noticia. Sus amigos se percataron como el color de su rostro desapareció en un instante y parecía que se desmayaría al siguiente. Y por un momento dejó de respirar…
- ¿Cómo es que?..., ¿un hijo?..., ¿mi hijo?... si Anny…
- Recuerda Harry, ella estaba embarazada cuando se enfrentaron a 'él'.
- P-pero ella… recuerdo como… como estaba en mis brazos y no, no… ella no sobrevivió… ella…
- Te equivocas, ella no murió Harry, solo quedó en un profundo coma, el Medallón la protegió. Cuando despertó se enteró de lo que había sucedido contigo. Falleció cuando tu hijo tenía cinco años. Aún no sabemos porqué, pues parecía haber sobrevivido bien, pero aparentemente, el uso de la nigromancia menguó sus fuerza y la acabó. 'Quien tú sabes' jamás se enteró de que ella estaba embarazada, de hecho, él sigue creyendo que murió esa noche, contigo. Nosotros nunca hablamos de ella y fingimos un sepelio para ambos que llegó a oídos del enemigo. Sin embargo, la orden del fénix sabe la verdad, pero todos prometimos con un juramento inquebrantable de no revelar esa verdad sobre tu familia, pues 'quien tú sabes' no descansaría hasta matarlo – exclamó Hermione.
- Tú lo desafiaste como nadie lo había hecho antes, tu nombre es tabú para él. El saber que dejaste un hijo en su perfecto mundo de penumbra y sangre limpia sería una bofetada en su deforme y abominable rostro – agregó Ron.
- No puedo creerlo… mi hijo. ¿Dónde está él?, ¿puedo verlo?
Ron y Hermione lo miraban con una sonrisa en sus labios.
- Está durmiendo ahora.
- Apenas supo cómo sostener una varita, quería salir a derrotar a 'quien tú sabes'. Vengar la muerte de sus padres y salvar al mundo mágico.
- Vaya que se parece a mí.
- Sí, tiene mucho de ti, pero también de su madre.
Harry nos miró con ojos brillantes, tratando de contener las lágrimas.
- Heredó los ojos de ella y su penetrante mirada. Solo tienes que hacerlo enfadar para que te lance esa mirada asesina como la de Veranna y ya no lo puedes regañar. A veces es un poco retraído y serio, como lo era ella, pero cuando lo conoces bien, sabes que es aventurero y leal, justo como tú.
- Mi hijo…
- Vamos, es por aquí - exclamó Hermione, levantándose del mullido sillón para conducir a Harry hasta la segunda planta. Una vez ahí, le señaló una puerta de madera de la que colgaba un pequeño letrero que decía 'Fuera, solo chicos', a lo que Harry dibujó una sonrisa.
- Esta es su habitación.
Harry tragó el nudo que se formaba en su garganta y entró en la habitación. Lo primero que vio fueron dos camas separada por un pequeño buró. En la cama que estaba junto a la ventana dormía plácidamente un pequeño niño de unos 9 o 10 años, de cabello oscuro un tanto alborotado, con sus lentes en la mesita de noche. Respiraba profundamente y parecía estar sumergido en un tranquilo sueño. Se acercó poco a poco hasta quedar en los pies de la cama. Sus ojos verdes brillaban con las lágrimas contenidas mientras observaba dormir a su pequeño. Hasta ahora entendió aquella antigua magia que le salvó cuando era un bebé, la magia de sus padres, pues sintió en su corazón encenderse una llama de poder infinito con el solo deseo de proteger a ese niño, a ese pequeño del cual no sabía su existencia hasta ahora pero que, pese a solo haberlo visto por unos minutos, sabía que lo amaba más que a su propia vida, y la daría con gusto por él. Tenía tantas ganas de acercarse y abrazarlo, sentir sus pequeños brazos rodeando su cuello y embriagarse del aroma de sus cabellos. Veía en su rostro no solo facciones de él mismo, sino también de su madre, la mujer que amó y que estuvo dispuesta acompañarlo hasta el mismo infierno y morir por él. El recordarla le hacía sentir una dolorosa punzada en el corazón. Pensar en sus ojos y su sonrisa evocaba un sentimiento de amor pero a la vez de sufrimiento en él. Saber que jamás la volvería a ver estrujaba sus entrañas y lo llenaba de pesadumbre. Sin embargo, a pesar de eso, saber que su hijo estaba vivo y podría compartir con él un brillante futuro, hacía desaparecer esas nubes negras de dolor, pues sabía que el recuerdo de ella aún permanecía vivo en él.
Hermione entró unos minutos después a la habitación y llamó su atención tomándolo del brazo. Harry la miró y la siguió fuera de la habitación. Una vez afuera, se encaminaron de nuevo a las escaleras.
- ¿Cuál es su nombre?
- Veranna lo llamó James, como tu padre.
Llegaron de vuelta a la sala. Ron los esperaba con unas tazas de té sobre la mesita.
- ¿Cómo fue que sobrevivió?
- Bueno, nosotros la encontramos en aquella sala del departamento de misterios, estaba inconsciente, casi muerta en realidad. La sacamos y la llevamos a un lugar seguro. Una sanadora de San Mugo nos ayudó, era parte de la Orden, así que podíamos confiar en ella.
- Nos dijo que Varanna apenas si respiraba, estaba extremadamente débil y con un gran riesgo de perder al bebé. Y fue en ese momento que nos enteramos nosotros de que estaba embarazada. Pasaron muchos días antes de que ella pudiera despertar. Y cuando lo hizo, de cierta forma ya sabía lo que había pasado contigo, pues cuando nos preguntó, no parecía sorprendida por la respuesta - comentó Hermione.
- A pesar de que se veía resignada, eso no evitó que llorara por semanas enteras tu ausencia - agregó Ron.
- No me extraña que ella lo supiera. Incluso antes de que pasara, Dumbledor me dijo que habló con ella al respecto - comentó Harry.
Tanto Ron como Hermione se sorprendieron al escuchar eso.
- Si sabía que eso pasaría, ¿porque no lo evitaron? - cometo su amiga.
- Hermione, tú sabes que hay cosas que necesitan pasar para poder obtener algo bueno, algo mejor. A veces hay que hacer sacrificios. Yo debía cruzar ese Portal. Necesitaba aprender de una magia más poderosa que aquí no iba a encontrar.
- Ya veo...
En aquel momento los tres amigos escucharon unos pasos bajar por las escaleras, juntó con el sonido de un grito ahogado. Volvieron la vista para encontrar a una Tonks muy sorprendida, congelada en su lugar a medio bajar un escalón, con los ojos clavados en Harry.
- Buenos días - exclamo el pelinegro con una sonrisa, haciendo que la mujer finalmente saliera del transe, trastabillando y cayendo luego de bruces en los últimos peldaños de la escalera. Ron soltó un lave carcajada y Hermione meneo su cabeza y esbozó una sonrisa mientras se levantaba de su lugar para ir en auxilio de la bruja recién levantada.
- ¡Harry, esto es un milagro! - exclamó la bruja, mientras su cabello cambiaba de color sin control alguno al momento de que se acercaba al Istar para darle un gran abrazo. - ¿Cómo es posible?
- Pues, es una larga historia - respondió Harry, mientras le devolvía el abrazo.
- Esto es increíble… cuando los chicos se enteren.
- Hablando de eso, ¿como se lo diremos a James? - comentó Ron
- ¿Cómo me dirán que?
Todo se quedo en silencio. Volvieron la vista hacia las escaleras y se encontraron con la mirada curiosa de un niño de cabello alborotado. Harry dejó de respirar por un momento cuando sus ojos verdes se cruzaron con unos ojos café increíblemente familiares. El pequeño abrió más los ojos al ver a quien se encontraba sentado en el sillón. Entonces exclamo para sí mismo: 'Aún debo estar dormido' y comenzó a subir de nuevo las escaleras.
En ese instante Harry se levantó de su lugar.
- Espera…
El pequeño se volvió hacia su padre, abriendo más sus ojos cafés , los cuales comenzaron a brillar más con la luz de la mañana.
- Debe ser un sueño - agregó James, - nadie regresa de la muerte.
- Eso es cierto - respondió Harry, - pero yo no estoy muerto, y nunca lo he estado.
El niño sonrió, y de un brinco término de bajar las escaleras para llegar hasta su padre y abrazarlo con fuerza. Lágrimas resbalando por sus mejillas y la respiración entrecortada. Harry lo apretó muy fuerte, pues apenas podía contener la emoción.
- Yo sabía que mi madre no mentía, aunque todos dijeran lo contrario - exclamó entre sollozos. - Ella me dijo que algún día volverías conmigo, que jamás me abandonarías, ella sabía que no habías muerto.
- Tu madre siempre tuvo una visión más allá de lo ordinario - agregó el Istar, - y fue gracias a ella que no morí.
El niño se separó un poco de su padre para mirarlo a los ojos directamente, y Harry corroboró una vez más que él era hijo Anny, pues al ver en su mirada pudo darse cuenta del millón de dudas que tenía el pequeño para él. Encontró la tristeza que guardaba en su corazón al haber estado solo sin su padre y perder a su madre tan pequeño. Destelló la felicidad por verlo regresar a él, como las promesas le decían. Ese inmenso mar de sentimientos que caracterizaba tanto la mirada de su madre. Y el joven Istar supo que habría preguntas difíciles que responder.
- ¿Porque te fuiste entonces?
Reinó el silencio nuevamente. Harry contempló a su hijo mientras formulaba la respuesta en su cabeza. Sabía que él entendería.
- Necesitaba hacerlo - respondió finalmente, - necesitaba volverme más fuerte para derrotarlo.
James lo abrazó nuevamente, sin decir nada, solo apretaba, como si temiera que pudiera desaparecer en cualquier instante. Finalmente, luego de unos minutos, exclamó en un murmullo:
- Lo entiendo...
