¡Hey! ¿Qué tal?
ღHakudoshi Maya los saludaღ
Aquí traigo el tercer capítulo de 'Caída de lirios'. Espero que les guste y lo disfruten.
Advertencia: Se tocará temas fuertes.
Disclaimer: Amour sucré le pertenece a ChiNoMiko, yo sólo los tomo prestados para saciar mi cabeza.
"Nunca se vieron tan perdidos"
Los días transcurrieron fríos, cuando por fin me dieron el alta en el hospital me sentía tan adolorida. Física como psicológicamente.
Siempre pensé que cuando diera a luz a mi hijo sería el día más feliz de mi vida, que el día que me dieran el alta saldría con una sonrisa de oreja a oreja y mi bebé en mis brazos. Ésto fue totalmente distinto a mi sueño. Nath llamó a una funeraria pidiendo un ataúd de no más de treinta centímetros, ya que mi hijo medía apenas veinticinco. Rosa me dio una linda ropita. Era hermoso, se veía precioso con una ropa que le quedaba demasiado grande, pero daba igual, ya que nunca más tendría que quitársela. Mi criatura salió del hospital en un pequeñísimo ataúd, no arropado con una abrigada manta.
Fue horrible estar en la sepultura de mi hijo. Desde pequeños tenemos en claro que son los hijos quienes tienen que sepultar a sus padres, pero no al revés, un padre no debería estar en el entierro de su hijo.
"Nathan" Sí, ese fue el nombre que le dimos. En cuanto nos enteramos que tendríamos un niñito, enseguida pensamos en su nombre...
Fue unos de los días más sombríos de mi vida, lloré y lloré. El dolor me estaba matando...
- . . . -
Llegué al departamento de Nathaniel y me metí rápidamente a la habitación, aún estaba adolorida por la cicatriz en la parte baja de mi vientre; me senté en la orilla de la cama y suspiré con agobio. Me sentía vacía. Sin fuerzas. Sin ganas de nada.
Quería entender por qué tuvo que pasar todo eso, ¿Por qué murió mi hijo? Nunca nos dieron una respuesta, sólo dijeron que fue un aborto espontáneo pero nada más. Nunca odié tanto mi cuerpo, no fui capaz de gestar bien a Nathan y esa era la peor tortura que me hacía mi cabeza. Cada vez que sentía el dolor de la cesárea me decía a mí misma que eso era lo que me merecía como mínimo, esa era mi cruel recompensa.
Agarré un bolso, el mismo que usé para mudarme al departamento de Nathaniel y lo dejé sobre la cama, con las pocas fuerzas que tenía comencé a guardar mi ropa y sin quererlo ya estaba llorando nuevamente. A la sepultura de mi hijo fueron sólo nuestros amigos más cercanos y Ámber, nunca había visto una mirada más irónica como la de ella cuando pusieron a Nathan dentro de ese agujero. Yo sabía que a ella le importaba un pepino que su sobrino haya muerto, de echo, para ella mejor. Cuando le dimos la noticia a la familia de Nathaniel, su madre se puso muy contenta y su papá a pesar de haber permanecido con una expresión seria también estaba feliz de que su hijo por fin haya echado raíces. Ambos se comportaron amables conmigo, a excepción de Ámber que incluso me miró con rotundo desprecio y dijo: "¡Vaya!, hasta que amarraste a mi hermano". Obviamente Nath no estaba presente en ese momento.
Las lágrimas seguían cesando, me dolía tanto que mis papás no hayan estado presente en el funeral de su nieto. Me ardía el pecho mentirles. En esos momentos lo único que quería era llorar entre los fuertes brazos de mi papá y los consoladores besos de mi mamá, se los diría en algún momento, claro, pero en el momento preciso.
Nathaniel entró a la habitación y me miró con asombro.
—¿Qué haces? —Se acercó a mí.
—¿No ves? —Sequé mis lágrimas con la yema de mis dedos e intenté hablar con mis pocas fuerzas vivas—, Estoy empacando.
—Émi, no empieces... Dame acá —Me intentó quitar la ropa que tenía en mis manos, pero hice un ademán de violencia y tomé con brusquedad mi bolso.
—Tú no empieces. Me voy. Está más que decidido.
Frunció el entrecejo, en verdad se veía molesto.
—Desde un principio llegamos al acuerdo de que la única razón por la que me quedaría aquí era mi embarazo, pero ya ves —Sonreí irónica, incluso las lágrimas querían volver—, Te quitaste un peso de encima. Nathan ya no está, lo único que te amarraba duerme pacíficamente y para siempre.
—No seas injusta.
—No lo soy, estoy haciendo lo que tú pediste en un principio. ¿Ahora estás feliz? Esto querías. Eres libre, Nathaniel —Otra vez estaba derramando lágrimas. No me di cuenta de lo cruel que estaba siendo con él.
—¡Escúchame! —Alzó la voz. Me agarró de mis brazos y me hizo mirarlo a la cara, él nunca había actuado así conmigo— Deja de ser tan presuntuosa. Nathan también era mío. Es tanto mi hijo como tuyo. No sabes cuánto me duele su pérdida, ¿Crees que por que no estoy llorando como tú me da igual? Yo también lo amo y lo perdí.
La impresión fue tanta que incluso dejé de llorar, mi mandíbula temblaba y mis párpados se habían extendido. Me soltó suavemente, lo oí susurrar una disculpa y bajó la cabeza. Mordí mis labios sin quitar mi vista de encima, chasqueó la lengua y salió de la habitación, incluso escuché el estruendoso portazo que dio en la sala de estar. Claro está que no lo detuve.
Lloré. Cada vez que mi mente sentía el vacío de la habitación, volvían esas imágenes de mi hijo. Agarré el bolso decidida y abandoné el departamento, me dolía mucho la parte baja de mi vientre cuando caminaba, por lo que tomé un taxi que me llevase hasta el departamento de Alexy; no tenía muchas fuerzas como para conducir mi automóvil.
- . . . -
Pasó un mes desde lo sucedido. Comencé a trabajar y volví a la universidad, varios amigos que había echo allí me preguntaron qué pasó; repetir nuevamente la historia me resultaba doloroso y como era de esperarse volvía a llorar. El tiempo pasaba muy rápido y eso en cierto modo era algo bueno para mí, ya que así evitaba estar torturándome, sólo debía estar al pendiente de mis clases, de la cafetería en la que trabajaba y de intentar conciliar el sueño por las noches. Alexy y Joshua en ocasiones me esperaban para cenar, ya que si no lo hacían definitivamente no comía. Bajé más de quince kilos. Prefería trabajar, estudiar o dormir antes que comer; por lo que los chicos decidieron esperarme para la cena.
También caí en el odio a mirarme a un espejo. Cuando lo hacía por las mañanas para arreglarme un poco el cabello me asqueaba de mi reflejo, mis ojos la mayor parte del tiempo estaban hinchados y mis labios partidos, pero lo más doloroso era mirar mi cuerpo. Es de imaginarse con eso que ducharme era una tortura para mí, ya que cuando enjuagaba mi estómago sentía inmensas ganas de gritar por saber que mi vientre plano era culpable de la pérdida de mi hijo. En una ocasión lloré y gemí de dolor, me di varios golpes en el estómago con mucha rabia y a causa del escándalo los chicos entraron al baño sin siquiera preguntar, Joshua me envolvió con una toalla y Alexy me abrazó con fuerza; me sentía avergonzada, pero el dolor en mi pecho era más grande.
Me insistieron mucho en que tenía que ir a psicólogo, pero era más que obvio que me negaría. No estaba dispuesta a repetirle la dolorosa historia de mi hijo a un extraño que lo más probable era decirme lo que todos decían, estaba cansada de escuchar una y otra vez estupideces como 'destino' o 'quizá esto fue para mejor'. ¿Qué se creen? Bolas de insensibles. No había nada de mejor en que Nathan haya muerto, tenía el alma totalmente destrozada e incluso me dolía el corazón para algo tan simple como respirar...
Esa tarde cuando salí de la cafetería recibí una llamada del hospital, rodeé mis ojos angustiada; no quería contestar. Por otro lado, lo que provenía del hospital también estaba relacionado con Nathan, así que sin darle más vueltas y antes que cortasen, contesté.
—¿Señora Émi? —"Por supuesto que sí, idiota" sí, eso quería contestar. ¡Obvio que era yo!
—Sí
—Necesitamos que se presente mañana por la mañana.
—¿Y para qué sería? Yo estudio por las mañanas y en las tardes trabajo.
—Es algo importante, tenemos información y demás del pequeño Nathan Blanchet Steel.
Tragué saliva sonoramente, me fue imposible decir hasta la más mínima palabra.
—Es necesario que usted y su esposo estén presentes
¿Mi esposo? ¡Sí, claro! El día en que ese tipo y yo consumamos matrimonio será en el límite de mi locura. Sólo le dije que contara con nosotros y le colgué.
Me subí a mi vehículo y encendí el motor con toda la paciencia del mundo, hacía un mes en que no me detenía a pensar en todo lo que había pasado... Mordí mis labios, quizá angustiada por la pequeña estupidez que se cruzó por mi cabeza, es cierto que lo que menos quería en esos momentos era ver a Nathaniel, por otro lado me hacía falta mirarlo a la cara ya que de algún modo aún sentía culpa por lo dura que fui con él la última vez que nos vimos. Además, debía informarle sobre la citación que nos hizo la secretaria del hospital. No era justo para nada si le negaba esa información a él, después de todo, me gustara o no, Nathaniel es el papá de Nathan.
Conduje con mi mente totalmente repleta de pensamientos. Conduje angustiada. Se sentía horrible la sensación de querer verlo...
¡Gracias por leer!
Espero que les haya gustado.
ღUn saludo y besos de Hakudoshi Mayaღ
