El niño santo

Deock observaba desde lejos como aquella androide a la que todos llamaban Milly se alejaba de la multitud, a pesar de desear acercársele esto era difícil, ya que todos los presentes deseaban tocarla aunque fuera por un instante, deseosos de ser curados de sus "heridas", lo cual lograrían si no fuera por un grupo de seguidores más allegados a ella. Lo más desconcertante era que ella no parecía no tomarle importancia, a diferencia de su sequito de guardianes que ellos si se preocupaban por repetir una y otra vez.

-Por favor, mantengan su distancia, la Profeta necesita recargar su energía, no se amontonen.

"Esto es una locura, se amontonan tanto que no me dejan pasar" Deock procesaba a medida que buscaba la manera de acercarse más a ella.

-Por favor Maestra- dijo uno de los robots que custodiaban a su profeta- Dígales que necesita descansar y cargar batería, ellos no lo comprenderán hasta que usted misma se los diga.

-¿Tanto crees que me escuchen a mí?-dijo ella, escéptica de percatarse de que faltaba poco para que los robots se le fueran enzima.

-Escuchen todos- dijo mirando a la muchedumbre- igual que ustedes yo también necesito descansar y recargar mi energía, al mismo tiempo que necesito meditar para encontrar respuestas para ustedes, solo esperen y tengan paciencia, recuerden, la impaciencia es un rasgo muy humano.

Esas palabras fueron suficientes como para provocar que toda la concurrencia se alejara, con cierto resentimiento no obstante. Todos deseaban tanto ser sanados.

La androide de cabellos dorados desapareció entre las penumbras de aquel lugar, un antiguo parque de diversiones que se vio abandonado un día porque se declaro en quiebra la compañía que lo mantenía funcionando. Estaban en un enorme domo. Tan oscuro que en realidad todo lo que observaban era visto con visión nocturna, en realidad no había iluminación, los que no tenían este aditamento en sus sensores ópticos estaban a ciegas en la oscuridad. Solo por el oído ellos sabían a donde caminar, tanto para no chocar entre ellos como contra muros, escombros y compañeros de su causa. Al final de cuentas, un robot jamás está completamente ciego en la oscuridad.

Deock vio en este momento una oportunidad para acercarse más a la profeta. Cuidadosamente se fue acercando tratando de no ser notado mucho, el busco entre los escombros un lugar por donde escabullirse sin ser detectado por ese sequito que la custodiaba.

-Maestra- dijo uno de los robots, un enorme robot de construcción al que le faltaba el brazo derecho. – lo que he notado es que usted sigue siendo evasiva en cuanto a quien es él.

-¿De quién hablas?- dijo ella mientras se sentaba en el suelo.

-Usted sabe- dijo un alto y delgado robot, a quien le faltaba un ojo- aquella persona de la que usted nos habla, aquel que nos liberara.

-Ah, él – dijo como si eso le fuera divertido.

-Usted nos ha dicho tanto sobre él, que su destino es ser un dios viviente o por lo menos el reinar sobre todo el mundo. Pero no nos ha dicho quien es él.

-¿Y? – pregunto llanamente mientras jugaba en la oscuridad con unos diminutos ratoncillos a los que cuidaba.

-¿Y? – sus disípalos preguntaron desconcertados.

Entonces un viejo robot cartero, quien era considerado el primero de los discípulos se le acerco.

-Maestra, esto no es cualquier cosa, estamos hablando de una persona a la que usted a declarado como el ser más importante, alguien que al fin va a salvar a nuestra gente, alguien formidable, quien es, ¿es el llamado Mensajero de la paz?

Milly sonrió traviesamente.

-Tú crees que es él ¿Verdad viejo amigo?

-¿Es él?

-Él Mensajero de la paz es a diferencia de muchos alguien formidable, ha enfrentado innumerables pruebas para proteger tanto a nuestra gente como a los humanos, pero tristemente te equivocas, él no es el Lord God, ya que Lord God no es un mensajero de Paz, Lord God nació producto de una de las tendencias humanas más básicas, la tendencia de la guerra. El traerá consigo una espada poderosa. Incluso más poderosa que el Mensajero de la paz.

-Maestra ¿Dónde está Lord God?

-No lo sé, él no sé a rebelado al mundo, pero pronto lo hará, me ha dicho. Solo hay que comenzar a cumplir con nuestra parte. Ahora hay que encontrar al niño santo. Y para eso necesitamos de todos, eso te incluye a ti Deock.

Todos se sobresaltaron cuando el cuerpo de Milly comenzó a brillar como el sol. Los ratoncillos salieron corriendo asustados a cubrirse de esa potente luz. Fue cando todos lo notaron en medio de esa oscuridad, Deock, el pequeño robot bombero se encontraba a unos metros, grabando con su memoria cada momento de la conversación.

-Deock, ¿qué crees que hacer? – pregunto la androide mientras lo miraba sonriente.

La reacción del pequeño robot fue una completa confusión, ella lo había sentido, eso significaba que ella era más sofisticada de lo que él imaginaba, pero además, ella sabía el nombre por el que los humanos lo conocían.

-¿Te sorprendí? Yo conozco lo que hay en ti, lo que tu cerebro alberga, tu pasado, lo que has pasado, yo lo sé porque lo estoy leyendo.

Entonces Deock sintió como era jalado por varios brazos mecánicos a la oscuridad.

-¡Deténganse!- Deock gritaba en la oscuridad mientras sentía que era apresado por esta multitud.

Al día siguiente.

-Astro, Uran, ya es hora de ir a la escuela- decía Mamá, mientras preparaba las botellas de energía catalizadora para sus niños.

Como era costumbre, con Atom no tenía que insistir, en realidad el siempre era el primero en bajar las escaleras, ya listo y preparado para ir a la escuela, Uran siempre era la problemática, como siempre. Lo sorprendente era lo eficiente que fue el profesor Ochanomizu a la hora de crear a esa niña, la había hecho tan humana que sin duda tenia la mayoría de las fallas de carácter propias de una niña humana. Aunque eso en vez de ser un problema podría considerársele parte de su encanto. Astro como siempre agradece a Mamá por su gesto tan tierno, ella le sonríe cariñosamente mientras le da un empujoncito en dirección a la puerta, mientras vuelve a llamar a Uran que sigue sin darse prisa.

Astro se dirige a la salida cuando se topa con alguien en la entrada, una chica robot, una robot enfermera para ser exactos.

-Hola, buenos días Astro.- dice sonriendo, pero Astro no tarda en notar que esta sonrisa es la predispuesta por su programación, ya que pocos segundos después se desvanece mostrando un rostro preocupado.

-Hola Becky, ¿pasa algo?

-Disculpa que viniera así, veo que tienes que ir a la escuela, pero es que estoy desesperada.

-¿Es muy serio? Es que tengo que ir a la escuela.- en el fondo decir esto le es mortificante, siempre preferiría ayudar primero a alguien necesitado.

-Te lo contare camino a tu escuela, no puedo regresar a mi casa ni a mi trabajo. Deock desapareció, creo que ellos le hicieron algo.

-¿Cuando paso eso? Y ¿Quiénes son ellos?

-Te cuento, paso anoche, Deock había escuchado de un grupo formado por robots, ellos se reúnen en la noche, según escucho ellos hacen platicas de cómo sería la vida de los robots sin…- Becky miro hacia todos lados para cerciorarse que sus palabras no fueran captadas por oídos humanos. – ellos dicen que los robots se independicen por completo de los seres humanos, tu sabes, es como si propusieran revelarse contra los humanos. Deock al escuchar eso se propuso ir a ver esto con más detalle, dijo que filmaría lo que ocurriera en esa junta y te lo mostraría, pero no volvió anoche.

-¿Sabes a donde fue esta junta? – le pregunto curioso.

-No, él no me dijo nada más que sería esa noche y que ya sabía a quien seguir para llegar. Ay, él siempre quiere demostrar ser valiente y yo siempre tengo que estar preocupada, pero ahora me di cuenta que me siguen, ahora temo por mi bebé.

-Wooow ¿Cómo? – Este giro inesperado saco de balance a Astro- ¿que bebé?

Becky sonrió tímidamente.

-Estoy embarazada- dijo tocando la zona de su pecho que correspondería a su cerebro positrónico. – no en el sentido en que una mujer humana, yo estoy sorprendida sabes, Deock y yo tuvimos un momento muy especial juntos, nos enlazamos, y de ese enlace se genero un AI muy básico, es mi bebé, yo he estado buscando el momento de decirle a Deock que tenemos que buscar la forma de darle un cuerpo a nuestro hijo en mi interior. Pero ahora creo que él nunca sabrá que va a ser padre. – dice esto último muy mortificada.

Astro no se recuperaba de su sorpresa, esto no era algo para tomar a la ligera, el sabia que esto era único, una AI creada espontáneamente en otra AI, la idea era sobrecogedora.

En ese momento lo primero que hizo fue buscar un lugar donde sentar a Becky, hay un parque camino al colegio y se fueron a sentar ahí.

-¿Dime Becky, te has sentido mal, has tenido algún problema con tus funciones, algo que no cuadre?

-Si he tenido nauseas- dijo algo sarcástica.- Astro, yo no estoy más segura del asunto, en realidad apenas y entiendo lo que me está pasando, solo sé que esta una conciencia dentro de mí, es simple, pero sé que está ahí. Es mi bebé. Sabes lo más curioso, el sabe cosas que yo no, me habla con el sistema vinario, me advierte cuando algo no anda bien, el me dijo que no fuera a trabajar, que buscara un lugar seguro, pero no puedo irme sin Deock, lo necesito a mi lado.

Sin que ellos lo notaran, había un viejo robot cartero atravesando el puente, contemplo por un momento a Astro y a Becky.

"Esta aquí, el Niño Santo todavía no a nacido, pero muy pronto vendrá al mundo." Pensaba mientras se conectaba con sus compañeros. "Vengan hermanos, no podemos permitir que el Niño Santo se quede con el Mensajero de la Paz, nosotros debemos protegerlo hasta el día en que llegue Lord God."