Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Asi como la historia original, no puedo decir quién es el autor ya que esta historia la tome de otra adaptación la cual tampoco daba el nombre del autor real.

Advertencias: AU. Yaoi. Kokoros rotos.


Save Me

XXII

Eran las 2 am; y Gaara se había quedado dormido en una de las habitaciones. Mi madre me había llamado avisando que por la tormenta no irían a casa, tal y como sospechaba. Luego de que la junta terminara, me levanté y fui a buscar a Gaara, quien seguía dormido enrollado entre las colchas y sábanas. Tenía una expresión de completa paz en ese momento, la que debería llevar todo el maldito día.

Me acerqué a el y lo cargué, pasando sus piernas por encima de uno de mis brazos y con el otro aferrándolo a mi por los hombros. Lo saqué, sin despertarlo, por la puerta hasta la salida.

Allí estaban aún Itachi y Shikamaru, quienes hablaban animadamente. Ambos miraron en mi dirección cuando aparecí por la puerta. Shikamaru miró fijamente a Gaara, antes de apartar la mirada.

—¿Desde cuando se quedó dormido?

Me encogí de hombros ante la pregunta de Shikamaru.

—Luego de que comenzara a cabecear, bostezar y después de que lo enviara a la habitación.

Él volvió a mirarlo.

—Es tan tierno cuando duerme.

Lo miré furiosamente, mientras intentaba no ir y darle una patada. Itachi –que supuestamente entendió mi mirada- golpeó con la mano en la nuca de Shikamaru, haciendo que éste se sobresaltase.

—¿Qué? ¿Qué dije?
—Cállate Shikamaru. No tienes oportunidad. El te tiene miedo.
—Me tiene miedo incluso a mi —susurré, mientras miraba sus párpados cerrados y recordando el día en que lo conocí, sabiendo que lo primero que vi de el fue su ojo morado e hinchado.

Shikamaru carraspeó.

—¿Alguno de los dos notó que Sasori fue muy distante con el? —preguntó éste, intentando cambiar de tema.
—Sasori jamás actúa así ante otras personas. Es solo que él, antes de que escapara de Inglaterra, tenía un hermano. Murió en una explosión junto a su madre. Cuando llegó y me lo contó, me mostró una fotografía de el. Gaara podría ser perfectamente la réplica exacta de el. Quizás Sasori se sintió mal en cuanto lo vio.

Miré a Itachi. Jamás me había enterado de aquello. Gaara se revolvió en mis brazos antes de suspirar dormido y volver a acurrucarse entre ellos.

—Será mejor que me vaya.
—Recuerda que si ves un auto fuera de tu casa, son los guardias que contraté para ti. Se irán en la mañana.

Asentí, y despidiéndome de ellos, salí fuera, cubriendo el rostro expuesto al frío de Gaara lo más que podía haciendo que el se apegara a mi pecho. Abrí el coche y lo subí a el en el asiento del copiloto, tirando de éste hacía atrás para que quedara más o menos recostado. Subí luego yo, encendí en auto y me dispuse a manejar a, ahora, nuestra casa.

Luego de entrar a Gaara en mis brazos, éste se despertó en cuanto lo dejé sobre la cama de su habitación. Soñoliento, me miró y luego suspiró cansado.

—Intenta seguir durmiendo, pequeño —murmuré. Saqué uno de los pijamas que mi madre le había regalado a Gaara, que estaba echo de un suave y cálido algodón. Hice que se sentara— Vamos a ponerte ese pijama.

El se pasó las manos por la cara, intentando quitar un poco de su sueño. Luego alzó la vista para mirarme.

—¿Vas a ayudarme a cambiarme? —preguntó, con la voz débil.
—Sólo si tu quieres.
—Tengo sueño.
—Si quieres dormir, primero debes ponerte el pijama para que estés más cómodo —le sonreí.
—Ayúdame. No creo lograr poder ponérmelo bien.

Asentí, mientras el cerraba los ojos y bostezaba. Le quité el abrigo, dejándolo sobre una de las sillas que estaba a un lado de la cama. Luego le quité la camiseta, deteniéndome un momento para poder ver sus cicatrices. Tragué profundo, mientras retiraba la mirada y me calmaba para no ir en ese momento hacía el bastardo que le había hecho todo eso a el. Le puse la parte de arriba del pijama, ella acomodándola alrededor de su cuerpo.

—Ayúdame para poder quitarte los pantalones.

El se levantó, luego me miró.

—Creo que puedo ahora.
—Bien. Llámame si necesitas algo —le dije, mientras sonreía. Salí de la habitación, manteniendo en mi mente cada línea de un color más claro que el de su suave piel, que estaban impregnadas en ella.

Gruñí por lo bajo, mientras iba a mi habitación. Jamás pensé que alguien estaría así de lastimado, pero con Gaara en mi casa, todo era diferente. Había visto en el estado que se encontraba su cuerpo, haciendo que mi mente involuntariamente comenzara a imaginarse lo mal que lo había pasado todo este tiempo.

Intentando quitar todos aquellos pensamientos que llenaban mi mente, me desvestí para darme una ducha.

Luego de salir del baño, vi la hora en el pequeño reloj que estaba al lado de mi cama. Eran las 2:54 am. Me coloqué el pijama que tenía guardado bajo la almohada y suspiré, agitando mi cabello ya seco por la toalla. Me acosté, abriendo las colchas y sintiendo en mis pies lo frío que estaba el interior de mi cama, aunque no me preocupé. Suspiré, intentando agarrar el sueño que nunca venía.

Luego de unos minutos, teniendo mis ojos cerrados e intentar dormir, sentí unos tímidos golpes en mi puerta. Abrí mis ojos, mientras me sentaba y suspiraba.

—Entra Gaara… —dije, mientras veía como la puerta se abría y Gaara asomaba su cabeza por entre la puerta y el umbral.
—¿Estabas despierto?
—Si. No te preocupes. ¿Qué sucede?
—No… No puedo dormir.
—Yo tampoco.

Miró hacía abajo, mientras se acercaba a mi a pasos lentos y tímidos.


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