Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Asi como la historia original, no puedo decir quién es el autor ya que esta historia la tome de otra adaptación la cual tampoco daba el nombre del autor real.
Advertencias: AU. Yaoi. Kokoros rotos.
Save Me
XXVI
Naruto se sentó junto a mi en uno de los asientos del frente, advirtiendo con la mirada que si alguien me molestaba o me decían algo les iría mal. Los amigos que Naruto había hecho el primer día que vino, Sakura, Sai y Kakashi; jamás me habían dicho una palabra o me habían golpeado, lo que era extraño; pertenecían al equipo de futbol. Luego de Historia, ya en el receso, Naruto me había dicho que se inscribiría para el equipo. Yo estaba feliz por él, porque cuando me lo había mencionado, sus ojos brillaron y una gran sonrisa había aparecido en sus labios. Me dijo que las prácticas eran la otra semana, y que luego de la escuela eran los entrenamientos previos. Yo esperaba luego que me dijera que me dejaría solo hasta que los entrenamientos terminaran, pero solo me dijo que antes de comenzar a calentar me llevaría a casa y que luego vendría de nuevo.
Yo realmente no estaba acostumbrado a ser tratado así, con cariño. Tal cual como me trataba Naruto.
En el comedor, fui a buscar mi almuerzo donde las cocineras y luego de que les mostrara el pase de almuerzo gratis, cogí la bandeja con algo de carne, lechuga y una naranja. Fui a la mesa que habitualmente ocupaba y me senté en una esquina. Saqué la naranja y comencé a quitarle la olorosa cáscara, dejándola a un lado. Le di un mordisco, sintiendo su sabor dulce y ácido dentro de mi boca. Estaba jugosa y deliciosa. Le pediría a la cocinera otra si es que quedaban aquí al final del receso.
La silla de mi lado hizo el ruido que yo ya conocía: alguien se sentó a mi lado. Creyendo que era Naruto, voltee sin miedo, pero me encontré con aquellos ojos negros que tanto miedo me hacía llegar a lo profundo de mi mente. Kiba sonrió al ver mi expresión. Tragué la naranja que tenía en mi boca mientras me encogía en mi lugar, intentando no volver a mirarle; el contacto visual era malo.
Él tomó un mechón de mi cabello rojizo, retorciéndolo entre sus dedos y tirando de él cada vez fuerte. Cerré fuertemente los ojos rogando porque Naruto llegara pronto.
—¿Cómo estás muñeco? —rió cínico.
Soltó mi cabello después de darle un fuerte tirón que me hizo gemir por lo bajo. Me pasó el brazo por mis hombros, comenzando a acariciar mi mejilla de una forma brusca.
—Así que… Tú y Uzumaki, ¿uh? —dijo, desviando su pulgar para acariciar mi labio inferior. Corrí la cara hacía un lado mientras me intentaba alejar de él, pero no me lo permitió.
—Suéltame… —susurré por lo bajo. Él agarró bruscamente mi rostro entre una de sus manos, apretándome las mejillas con fuerza.
—Escúchame bien, bastardo, aléjate de él. No puedo disfrutar de ti estando él cerca. ¿Lo has entendido? —espetó con tono autoritario. Me eché hacía atrás y, sacando el valor que hace tiempo había acumulado, le di un puñetazo que resonó por el comedor. Todo el lugar quedó en silencio, mirando la escena que les mostrábamos.
Kiba quedó con el rostro volteado, respirando profundamente mientras una marca de mi puño comenzaba a hacerse visible en su mejilla. Me miró asesinamente. Se levantó, plantándose e irguiéndose sobre mi.
—Serás hijo de p-.
Fue interrumpido cuando fue lanzado hacía atrás, cayendo al suelo. Vi a Naruto mirarme preocupado, viendo el miedo en mi expresión, en mis ojos. En mi posición; abrazando mi cuerpo lo más que podía, protegiéndolo de algún golpe. Las lágrimas que habían comenzado a caer por mis pálidas y temblorosas mejillas. Todo.
Gruñó, mientras se lanzaba sobre Kiba quien se recuperaba del golpe en su espalda que le había quitado todo el aire a sus pulmones. Le comenzó a golpear y lanzar puñetazos al rostro de él, mientras sentía los murmullos de los demás. Sai y Kakashi aparecieron frente a Kiba y Naruto y arrastraron a éste último hacía atrás, mientras él luchaba por liberarse y seguir.
—¡Déjenme matar a ese hijo de perra, maldita sea! —gruñó.
—¡Naruto, cálmate! Lo estás asustando.
No me había dado cuenta de que Sakura estaba a mi lado, hablándome. No la escuchada por lo asustado que estaba. Mi cuerpo temblaba demasiado, como si estuviera en un terremoto personal. Mi piel, pálida y muy fría. Naruto al escuchar y recapacitar la última frase de Sai, miró a mi dirección, cambiando su expresión por completo. Se soltó de ambos y vino hacía mi, estrechándome muy fuerte entre sus brazos.
—Lo siento, Gaara…
—Naruto, me q-quiero ir… —murmuré en su oído, mis brazos a mis costados, sin moverlos.
—¿Qué ha sucedido aquí? —preguntó el Director que acababa de llegar.
Kiba estaba sentado, limpiándose la sangre de la nariz y de la boca. Se levanto, mirando amenazadoramente hacía nuestra dirección. Podía verlo a través de mis cabellos y sobre el hombro de Naruto. Cerré los ojos con fuerza, enterrándome en su pecho.
El Director suspiró.
—¿Alguien me puede decir lo que sucedió aquí?
—Naruto empezó —saltó Sasuke, apareciendo al lado de su amigo.
—Porque él estaba acosando a Gaara —señaló Naruto, mientras se apartaba de mi y miraba a los presentes allí.
—¡El me golpeó! —saltó Kiba.
—Te escuché, imbécil. Lo llamaste bastardo —gruñó.
—Vocabulario —espetó el Director. Miró a Kiba y luego su mirada cayó en mi cara pálida y ojos húmedos. Aquel hombre me había ayudado demasiadas veces con Sasuke o con otras personas. Le debía la vida— Kiba, acompáñame.
Él comenzó a caminar hacía la salida de la cafetería. Sasuke nos miró fijamente como queriendo atravesarnos con su mirada y matarnos en ese preciso momento para luego acercarse a el castaño y susurrarle algo en el oído. Cuando se apartó, Kiba le sonrió y, luego de mirarnos por igual, se alejó, siguiendo las pisadas invisibles del director.
Sigue leyendo la siguiente parte…
