Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Asi como la historia original, no puedo decir quién es el autor ya que esta historia la tome de otra adaptación la cual tampoco daba el nombre del autor real.
Advertencias: AU. Yaoi. Kokoros rotos.
Save Me
XXVII
Naruto sonrió satisfecho, mientras observaba como Kiba se iba alejando hacía la oficina del director. Sasuke me miró con odio y supe ahí, que la venganza llegaría tarde o temprano. Se fue con su grupo de amigos afuera de la cafetería. Naruto volteó a verme, la preocupación reflejada en sus ojos.
—¿Estás bien? Lamento no haber podido llegar antes.
—Si… Estoy bien… —murmuré por lo bajo.
Sai apareció a su lado, sonriendo.
—Kiba y Sasuke son idiotas de nacimiento.
—Oh, ¿en serio? No me había dado cuenta —dijo Kakashi sarcásticamente,
—¿Quieres terminar de comer para irnos? —me preguntó Naruto, omitiendo los comentarios de sus amigos.
—Está bien.
Luego de las clases, guardé algunos libros para poder estudiar para el examen que tenía mañana de biología y fui junto con Naruto hasta su auto para poder irnos a casa.
Una vez allí, él me tomó de la mano y entramos, siendo recibidos por Nibi, quien maullaba y se restregaba en nuestras piernas, agitando la punta de su cola en alto. El ambiente se llenó de las risas de Himawari, quien corría siguiendo a Nibi. El gato la miró y comenzó a correr, mientras seguía maullando.
—¡Nibi! ¡Regresa! —Himawari gritó, con una sonrisa plantada en su rostro.
Cuando pasó frente nosotros, Naruto la agarro entre sus brazos y la alzó sobre su cabeza. Himawari gritó por la sorpresa.
—¡Naruto, déjame!
—Deja al pobre gato —rió.
Sonreí, viendo la escena familiar desconocida para mi. Los maullidos volvieron, cada vez más cerca. Sentí como la bola de pelos clavó las garras en mis jeans y comenzaba a trepar por allí. Reí, mientras Nibi continuaba su recorrido por mi pierna. Naruto dejó a Himawari sobre su espalda, haciendo que sus finas y pequeñas piernas abrazaran su torso. Himawari rió al ver al gato llegando por mi vientre y comenzando a trepar por mi abrigo. Yo no sabía que hacer, solo reía algo nervioso.
—¡Gato malo! ¡Déjalo! —gruñó Naruto.
—Quiero ver hasta donde llega —lo contradijo su hermana.
Nibi llegó hasta mis brazos, acurrucándose y escondiéndose entre ellos, ronroneando. Acaricie temeroso su lomo, mientras éste se arqueaba sobre mi mano. Himawari aplaudió a gusto.
—Un día lo encontraremos plantado al techo —la voz de Kushina resonó en la sala, mientras salía de la cocina secándose las manos con un paño, sonriendo— Trepó la pared de alfombra que hay en la biblioteca. No se podía bajar y gritaba como loco. ¿O no, Himawari?
—Si. Papá tuvo que subirse a una silla para sacarlo.
Naruto la bajó, poniendo sus pies devuelta al suelo.
—¿Tienen una biblioteca aquí? —pregunté. Jamás había visto la casa completamente.
—Si. ¿Te gustaría verla? —me preguntó ella.
Asentí con la cabeza sin vacilar.
—Naruto, ¿porqué no lo llevas?
—Claro. Ve a dejar tu mochila a tu habitación.
—Vale.
Subí las escaleras y dejé la mochila sobre mi cama, aún sin soltar a Nibi. Naruto estaba fuera, en el pasillo, esperándome.
—Es por aquí —señaló hacía otra escalera para ir a la planta superior. Lo seguí, observando cada rincón desconocido.
Él me guió hacía una puerta doble en madera tallada. Nibi ronroneaba y aquel sonido resonaba por todos los pasillos del tercer piso de la casa. Naruto las abrió y encendió las luces, dejándome ver las muchas estanterías de tres secciones donde habían muchos, pero muchos libros.
Sigue leyendo la siguiente parte…
