Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Asi como la historia original, no puedo decir quién es el autor ya que esta historia la tome de otra adaptación la cual tampoco daba el nombre del autor real.
Advertencias: AU. Yaoi. Kokoros rotos.
Save Me
XXX
Himawari ya estaba dormida y mis padres acababan de irse a su cita. Gaara estaba sentado sobre la cama, observando mis expresiones, mientras yo leía las cartas y notas de los médicos. Aún no le decía acerca de mis sospechas de que Sasori era su hermano, lo que era lo mejor por ahora. Al terminar de leer los últimos informes, dejé la carta junto con las demás y miré a Gaara, quien me miraba expectante mordiéndose el labio inferior.
—Bueno… Si, yo creo que lo que me dijiste antes de dormirte es cierto. Allí decía que era posible que los recuerdos volvieran de apoco, pero si aún no recuerdas nada…
—No lo sé… Prefiero creer eso por ahora. Además, en una dice que he tenido más perdida de memoria que esa vez.
—Bien. Quedémonos con esa conclusión —le sonreí y me senté junto a el.
Me miró y vi una pequeña sonrisa aparecer en sus comisuras.
—¿Dónde encontraste todo aquello?
—Emm… Fui a mi casa…
—¿Qué? —pregunté exaltado.
—No, él no estaba… Sé sus horarios. Me obligué a mi mismo a aprendérmelos. Fui hasta allí por los libros de mi madre… Bueno, ahora no estoy muy seguro si de verdad me los leyo por las noches, quizás era mi padre quien lo hacía y en cuanto comenzó a golpearme me metió en la cabeza que era mi madre quien lo hacía. Los cogí y vi las cartas. Volví aquí para que no descubrieran que me había ido —suspiró, agachando la cabeza.
No dije nada, solo le tomé la mano y la dejé junto a las mías. El respiró entrecortadamente, intentando no llorar. Sabía que ahora estaba muy confundido con todo esto, pero yo por ahora no podía hacer nada.
—¿Naruto? —preguntó de repente, volviendo a mirarme. Alcé una cabeza, esperando a que dijera algo más— ¿Podrías… besarme… como lo habías hecho antes?
Me sonreí a mi mismo al descubrir que era muy inocente y tímido respecto a ese tema, pero no vacilé y lo besé, pasando mis brazos por detrás de su espalda y apegándolo a mi. Lo vi cerrar los ojos y, en cuanto lo hizo, también los cerré. El besó continuó hasta que ninguno de los dos tenía oxígeno en sus pulmones y por ello, nos tuvimos que separar. Maldita necesidad de oxígeno.
Gaara me miró, antes de acercarse a mi y volver a juntar nuestros labios. El beso comenzó a tomar un ritmo algo… Diferente. Me aparté, jadeando.
—Gaara …
—Naruto… Yo quiero… —lo vi sonrojarse. Escondió su cabeza en el hueco que había entre mi cuello y hombro. Reí y le acaricié cariñosamente el cabello.
—¿Estás seguro?
Asintió, aún sin mirarme. Puse ambas manos en sus hombros y lo llevé hacía atrás, recostándolo sobre la cama. El me miró, sonrojado aún, mientras me quitaba la camisa que llevaba dejando el torso al descubierto. Me recosté sobre el, con cuidado de no poner todo mi peso sobre su delicado cuerpo. Besé sus labios cortamente antes de bajar para besar su cuello, sintiendo su sabor contra mi boca.
| PDV de Gaara |
Me estremecí en cuanto sentí sus labios sobre mi cuello, succionando y lamiendo allí. Con manos expertas me quitó el chaleco y la remera luego de apartarse, dejándome desnudo de la cintura hacía arriba. El volvió a fijarse en mis cicatrices unos minutos antes de mirarme a los ojos. Sus ojos azules se conectaron a los míos.
Me besó fogosamente la boca mientras recorría toda mi espalda y vientre con las manos. Introdujo su lengua dentro de mi cavidad bucal, uniéndola con la mía en una guerra que parecía no tener fin. Se apartó para mirarme a los ojos y acariciar mi pecho con sus manos. Comencé a jadear más de lo que ya lo hacía.
—Naruto…
—Shh… —me calló— Solo disfruta… —me susurró antes de besar mi torso.
Gemí en el acto, cerrando los ojos y arqueando mi espalda hacía él inconscientemente. Sentí su risa sobre mi piel, mientras continuaba haciendo lo que hacía.
Se apartó luego de mi para poder quitarme los zapatos para luego quitarse él los suyos. Desabrochó mis jeans para bajarlos por mis piernas y dejarlos junto al montón de ropa. Se detuvo un momento.
—¿Seguro que quieres hacerlo? No sé si pueda detenerme después…
—Si… Quiero hacerlo…
Sigue leyendo la siguiente parte…
