Capitulo 3:

-Y otra cosa, ¿por qué andabas con tu forma de murciélago? Si ya dije que no importa que andes por el palacio. -Seguía diciendo el Dulce Rey. Bonnibel, que estaba escondida entre sus brazos, no podía salir del estado en el que estaba. Aun seguía temblando, aun no entendía bien que pasaba, y aun no podía creer que su tío haya llamado a esa criatura espantosa "Marceline".

-¿Recuerdas el otro día, cuando me dijiste que no sería capaz de llegar temprano? -Decía la chica de cabello oscuro, piel pálida y enormes colmillos -. Pues y ahora, ¿cómo te quedas?

-¿Qué? -Se pregunto el Rey, hasta que finalmente comprendió todo. -Oh, espera... ¡Eres una tramposa! Te quedaste dormida en mi patio para así llegar a "primera hora" !Eso es trampa niña!

-¿No era que no importaba que anduviera por el palacio?

-Eso quiere decir que... -seguía pensando la Dulce Princesita -Marceline Abadeer estuvo aquí en el palacio, ¡¿todo este tiempo?!

Bonnibel apretó con más fuerza los brazos de su tío contra sí. Cuando el Rey sintió la presión, con mucha delicadeza fue soltando a su dulce sobrina, controlando que esta no entrara en pánico.

-Tranquila Bonnibel, no hay nada que temer -Le decía con dulzura a la pequeña niña. Bonnible empezó a mejorarse del mal momento, y trato de mantener la compostura, tal cual se lo habían enseñado. El Dulce Rey aun sujetando uno de sus hombros, la dio vuelta y la acerco unos pasos hasta donde estaba Marceline -. Bonnibel, quiero presentarte a alguien. Bueno, ya te habrás dado cuenta de quién es. Marceline Abadeer será tu... Nueva Real Compañera.

Bonnibel se trago sus nervios, y con voz clara pero en un bajo volumen se presentó, igual a como siempre la habían indicado hacer.

-Es un placer, yo soy Dulce Princesa Bonnibel Bubblegum.

-He, ¿qué tal princesita? -La saludo Marceline levantando la mano.

-¿Qué?... Tío Gumbald, ¿a qué reino pertenece la señorita Abadeer?

-¿Por qué no se lo preguntas? -La animo amigablemente a su sobrina.

-Soy un vampiro -Dijo Marceline sin rodeos -. Bueno, mitad vampiro, mitad demonio, mitad…

-Un... ¿Qué? -la interrumpió la princesa.

-Tranquila Bonnibel, no te asustes. -Le susurraba su tío quien la tomaba ahora de los dos hombros.

Marceline examino con cuidado a la pequeña niña. Solamente un registro civil podría probar que una chica que se veía tan pequeña como ella podía tener diez años de edad. Su nombre le hacía justicia, pensaba Marceline, pues el aroma a chicle era mucho más fuerte conforme la niña se le acercaba, uno se podía llegar a empalagar con el ambiente que desprendía esta muchachita, ¡y eso que estamos en una tierra hecha solo de caramelos y dulces! Eso sí, la pintura había exagerado sin dudas el aspecto tan frágil que aparentaba. Se la veía bien alimentada y fuerte, al menos no se la llevara la brisa, pensaba. Todos los rasgos en ella se veían sumamente suaves, sus brazos, sus mejillas, incluso su cabello, parecía estar hecho solo de chicle. Y su voz... ¡Glob, era el colmo de adorable! Chillona pero delicada. Tanta dulzura le dieron hasta ganas de vomitar.

-Pero, no se supone que los vampiros son... ¿malvados? -pregunto incrédula la princesa.

-Eso es cierto -comentó Marceline.

-¡No!... Claro que no es cierto -gruñó el Rey -. No te preocupes, Marceline es una buena chica. Justamente le pedí que viniera esta noche para que así se puedan conocer, ya que van a pasar mucho tiempo juntas de ahora es más.

La pobre princesita ya no sabía cuánto tiempo podía seguir aguantando los temblores. Hacía todo lo que podía, pero la simple imagen de ese vampiro le causaba escalofríos. Marceline era más alta que su tío, era incluso casi tan alta como una banana guardia, y cada vez que hablaba esos tenebrosos, largos y filosos colmillos aparecían, lo que hacía poner más nerviosa a la niña.

Como lo dicta su mandato real, la joven princesa debía leer todos los libros acerca del conocimiento recopilado por siglos y siglos por toda clase de autores, y muchos de esos libros que había leído narraban historias de seres nefastos, terribles por su poder y sumamente sanguinarios. Demonios, entidades oscuras y monstruos de todo tipo se describían con una aterradora perfección que le hacía tener pesadillas a la temerosa jovencita, pero sobre vampiros casi no había leído nada, aunque con lo poco que sabía le basta y sobraba para temerle a aquellas criaturas.

-Y... -Bonnibel tragó saliva antes de seguir hablando. Ese tipo de cosas no se debían hacer en público, sus maestros se lo habían señalado muchas veces -. ¿Qué... es lo que haremos hoy?

Marceline miro hacia arriba como si la respuesta estuviera escrita en el techo, hasta que finalmente soltó: Estaba pensando que quizás sería bueno salir a caminar por ahí.

-¿Ca-caminar? -pregunto Bonnibel.

-Si... Solas tú y yo. ¿Qué dices princesita?

-Hemm... -Bonnibel sintió la presión de la mano de su tío sobre su hombro. Sabía lo que tenía que hacer, pero no quería hacerlo. "Solo será un paseo afuera. Solo eso. No puedo salir del palacio así que seguro que solo será una vuelta por el patio. De acuerdo. Relájate Bonnibel Bubblegum" pensaba la princesa -. De acuerdo. Un paseo afuera sería... agradable.

Y así, princesa y vampiro salieron solas a caminar tranquilamente por los enormes jardines del palacio. Había secciones en las que el jardín se rodeaba de luces de diversos colores, lo que creaba un efecto muy atractivo y bellísimo. Había fuentes, casas para aves, incluso un pequeño lago de chocolate en uno de los costados. Nada de esto parecía impresionar a la vampiresa quien se veía aburrida, no así la princesa, quien a pesar de vivir allí durante toda su vida, no se había cansado de apreciar lo lindo que tenía para ofrecer su jardín.

Habían estado caminando sin decirse absolutamente nada durante un buen rato, cuando Bonnibel sin querer se distrajo observando como la vampiresa flotaba sobre el suelo. Le resultaba intrigante, de hecho mucho en ella a pesar de que le daba mucho miedo, en cierto sentido la hacía sentir realmente atraída. ¿Cómo es que funciona su cuerpo? ¿Y su cerebro? ¿Qué tan diferentes son los vampiros comparado con otras criaturas similares? ¿Son fuertes? ¿Son veloces? ¿Por qué razón en específico no pueden salir bajo los rayos del sol?

Marceline al darse cuenta de que la estaba observando la fulminó con la mirada.

-Eh, ¿qué tanto estas mirando?

-¡Ah! -La princesa salió sobresaltada de sus pensamientos y de inmediato se puso nerviosa bajo la mirada de la vampira ¿Tenía acaso la mirada de un vampiro alguna habilidad macabra? No lo sabía en absoluto -. Y-yo... N-no quise... E-ste... Lo... L-lo siento.

Marceline entonces recordó lo que le había pedido el Dulce Rey. Debía tratar de no ser tan dura con ella. Lo más probable es que ahora la princesita estuviera muerta de miedo por el hecho de andar caminando junto a ella... Debía ser más 'compresiva'. Volvió a mirarla y le hablo esta vez en un tono más apacible.

-Oye princesa, por lo que veo nunca antes habías visto a un vampiro de verdad.

-N-no... Solamente en fotografías y dibujos en libros.

-¿Libros, eh? ¿Hay alguno que hable sobre mí?

-¿S-sobre usted?

-Claro, después de todo soy la Reina de los Vampiros.

-¿Enserio? -Preguntó la niña esta vez con un poco más de entusiasmo en su voz.

-Pues claro que sí. Hace ya mucho me enfrente contra el que en su momento era el Rey de los Vampiros, durante la batalla el maldito me mordió, pero al final logré asesinarlo, y eso me convirtió a mí en la nueva Reina Vampiro.

-¿A-a-asesinarlo? -Dijo entre tartamudeos la joven princesa.

-Bueno... Es más larga la historia, pero no quisieras escucharla.

-Leí que sois inmortales.

-Ah sí, eso también es cierto.

-¿Q-que tal se... siente?

-¿Qué? ¿Ser inmortal? Pues... Tiene sus pros y sus contras. La verdad es que no le recomendaría la inmortalidad a cualquiera.

-S-se... -la princesa comenzó a bajar el volumen de su voz, parecía dudar de si preguntar o no. -¿Se alimentan de seres vivos?

-A veces sí.

-¿Tu también?

-Bueno, puedo hacerlo sin problemas... Pero solo porque puedo no quiere decir que quiera hacerlo. Lo que hago mayor mente es esto, observa.

Marceline se dirigió entonces hasta donde había visto crecer unas fresas mientras la Princesa la seguía de cerca. Tomo una de ellas y comenzó a hacerle una demostración de como succionaba el color rojo de la fresa hasta dejarla de un tono gris apagado. Bonnibel de inmediato exclamó maravillada ante aquello, para ella era realmente emocionante poder presenciar algo tan nuevo y "mágico" como eso.

Así de a poco Marceline lograba que la princesa empezara a hablar un poco más. Dejo que le hiciera todo tipo de preguntas a las que ella contestaba amablemente, cosa que de haber sido otra persona se habría pensado que es sumamente irritante y probablemente ya lo hubiera mandado a la mierda, pero ahora no, ahora debía actuar paciente y calmada, por mucho que le costara, igual no tenía de otra.

"Igual pudo ser mucho más desagradable", pensaba la Reina Vampiro.

-Señorita Abadeer -La llamaba la princesita sentada sobre un banquito mientras esta flotaba sobre el pequeño estanque de chocolate -. Podría explicarme por qué es exactamente que mi tío quiere que sea mi ¿Compañera real?

-Pues... La verdad princesita, es que tu tío está preocupado por ti. Dijo que eres una cobarde.

-¿Q-qué? -Preguntó con tristeza la joven -. ¿Él dijo eso?

-Bueno, no con esas palabras exactamente.

-Ah... Ya veo. -Bonnibel bajo la cabeza pesadamente y comenzó a mirarse las manos juntas sobre su regazo.

-Sí, bueno... Por eso es que estoy aquí. Él piensa que... bueno, yo podría ayudarte a no ser tan miedosa -Marceline volteo la cabeza para mirar hacia donde estaba la chica, que se veía muy triste en su lugar -. Oye, pero... No tienes porque sentirte tan mal, sabes...

-No, está bien, no se aflija Señorita Abadeer. Yo ya sabía que mi tío piensa... Que todos piensan así.

La vampiresa floto hasta donde estaba la chica y se sentó a su lado. La princesa recobró la postura y una vez más volvió a su derecha y perfecta posición. Miró a Marceline y su semblante triste desapareció, en su lugar se dibujo una sonrisa de la que no había forma de que alguien se la pudiera creer. Sabía que tenía que decir algo, pero no sabía qué.

-¿Por qué...? -comenzó diciendo todavía dubitativa -. ¿Por qué piensas que todos creen eso?

-Porque le temo a muchas cosas... Muchas cosas insignificantes, y las princesas no pueden tenerle miedo a cosas como esas.

-Oh, vamos. Todo el mundo le teme a algo, eso no impide que salgan a hacer sus vidas.

-Pero yo soy una princesa. Una princesa no puede permitirse tales cosas.

-Estás exagerando. ¿A que le tienes miedo?

La princesa se sonrojo un poco al escuchar esa pregunta. Sin dudas le daba mucha vergüenza contar algo como eso, pero Marceline siguió insistiéndole. Ahora fue la vampiresa la que se había quedado mirando a la princesa. La piel de la niña era de un color rosado claro, como el de un chicle, por supuesto, pero al mezclarse con el rojo cuando se ruborizo de la vergüenza creaba una mezclara rara entre los colores, como en las tabletas de pinturas que utilizan los pintores para trabajar. Combinado con las luces que iluminaban el estanque, era realmente... fascinante.

-Yo... Le temo a la oscuridad, por ejemplo. -Dijo finalmente la apenada princesa.

-¿La oscuridad? ¿Enserio? -La vampiresa reprimió una carcajada que estaba a punto de salirle de lo más profundo de su garganta, casi derramaba lágrimas por contenerlo tanto, hasta que no pudo aguantar más y finalmente exploto de la risa. Cuando se compuso volvió a hablar -. Pff, eso no es nada princesita.

-¿Podría dejar de llamarme así? -En su voz se podía notar lo ofendida que se sentía.

-¿Cómo? ¿Princesita?... ¿Es acaso una de tus múltiples fobias que no te llamen por tu nombre?

-Señorita Abadeer, deje de burlarse se mi.

-¿Qué? Yo no me estoy burlando, eres tú la que está a la defensiva.

-Eso no es cierto.

-¿No? ¡¿Entonces qué?!

-Simplemente no quiero que me siga llamando de esa manera.

-¡Bien! ¿Cómo prefieres entonces, su alteza, que me dirija a ella?

-¡Soy la Dulce Princesa Bonnibel Bubblegum, y merezco respeto hasta de la Reina de los Vampiros!

-De acuerdo, como gustes, dulcecito...

La princesa no pensaba seguir tolerando aquellos insultos a su persona, se levanto y muy digna se volvió y se dirigió hacía el castillo.

Marceline por otro lado sentía que ya no podía seguir 'controlándose'. Princesa o no princesa, esa niñata no la iba a dejarla de esa manera. Fue hasta donde estaba y la alcanzo tomándola del brazo.

-Escúchame princesita...

-¡Suélteme! ¡¿Quien se cree usted que es?!

-¡¿Quien te crees tú, niñita malcriada?! -Le grito Marceline apretando más de su brazo.

-¡Se lo advierto! ¡Haré que mi tío la castigue!

-¡Ay, qué miedo, el Dulce Rey me va a castigar! -Decía en un tono sarcástico mientras la princesa seguí intentando zafarse de la presión de la vampiresa. -Te crees mucho, ¿verdad princesita? Pues te digo una cosa, ¡no eres más que una niñita tonta, que le teme a algo tan estúpido como la oscuridad!

En ese momento se escuchó en la lejanía una explosión que dejo mudas a las dos chicas por unos segundos. Y de repente, las luces que rodeaban el estanque, las lámparas que iluminaban el camino y todas las luces a su alrededor se apagaron en un abrir y cerrar de ojos.

Ahora las dos chicas se encontraban completamente envueltas por la oscuridad y muy lejos de las puertas del palacio.


Gracias por haber llegado hasta aquí :D También gracias a la gente que comentó y que sigue la historia, de verdad que eso anima muchísimo a seguir escribiendo.

Creo que escribiendo me extiendo un poco... un poquito :S Pero bueno, que se le va a hacer, así es como hago las cosas ^^

Espero que lo disfruten, Saludos!