¡Hola! :) Quería comentarles que este capitulo en realidad formaba parte del capitulo 4 pero que por razones de la vida decidí separarlos, por eso es el motivo de que los subiera tan 'seguidamente'. Eso era todo, ya me callo ._: Continúen :P
Capitulo 5:
-Malditos pingüinos -Pensaba Marceline mientras volvía a patear a otro de estos animales que se estaba colgando de sus piernas. ¿Pero en qué momento la casa de Simon se había llenado de pingüinos? - ¿Dónde podrá estar?
Echó otra mirada sobre su hombro para ver si es que acaso este se acercaba, observando entre la profundidad de aquella selva ahora muerta bajo el poderoso manto de hielo que lo rodeaba, la flora congelada a su alrededor tenían un hipnotizarte y brillante reflejo, el suelo por partes era solo lodo frío y por otras estaba cubierto por una resbaladiza superficie de hielo, aun así no lograba explicarse cómo fue que todos esos pingüinos llegaron hasta este lugar. Por esos escasos momentos en los que se distrajo contemplando todo el paisaje, no llegó a notar como un anciano sujeto se escabullía silencioso por la entrada que formaba parte del enorme iglú en medio de todo ese ecosistema alterado. Marceline tardo en darse cuenta de que Simon ya había llegado.
-Ahí estas... -Floto hasta entrar a su congelada guarida -. ¡Simon, ven aquí viejo tonto!
-¡Gunter, ve a ver si es un intruso, y si lo es, mátalo! -Se escuchaba la voz del Rey Helado, nombre con el que se había empezado a denominar a sí mismo, desde la habitación contigua. A los momentos después apareció el pingüino al que el viejo llamaba Gunter quien observo a Marceline y la saludo levantando su aleta.
-Al menos alguien aquí me recuerda.
-Gunter, ¿qué fue lo que pasó? ¿Gunter? -El Rey helado apareció desde el otro lado de la puerta quien se asusto mucho al ver a la vampiresa parada en la entrada - ¡Oh no, es un vampiro! Por favor, por favor no me mates. Tengo tantas bocas de pingüino que alimentar.
-Simon, ¡soy Marceline! ¿Cuántas veces tenemos que repetir esto? -Sentenciaba con frustración.
-¿Marceline?... ¡Oh, Marceline! Eres tú. Te confundí con un vampiro.
-¡Pero si soy...! ¡Ahj! Ya no importa.
-¿Qué haces aquí? ¿A qué has venido?
La vampiresa dio vueltas por toda la habitación hasta que se sentó en el enorme sillón congelado del Rey helado.
-¡Oye! ¿Qué haces allí? ¡Ese es mi asiento!
-Tienes poderes mágicos. ¿Por qué no te haces otro asiento?
-Ah, tienes razón.
El Rey utilizo sus congelados poderes con los que en un abrir y cerrar de ojos ya había construido una modesta silla sobre la que acomodarse. Él y Marceline se quedaron en silencio mirándose un buen rato, hasta que el Rey murmuro algo que Marceline no llegó a escuchar.
-¿Que dijiste? - Preguntó.
-¡Yo soy quien hace las preguntas aquí! ¿Donde estuviste el día de ayer a las 23:45 y que haces aquí? -Le gritaba el Rey Helado mientras la apuntaba con el dedo.
-Necesitaba hablar con alguien... Y ayer a esa hora estaba en la tienda de música del místico chaman.
-Jmm... ¿Tienes acaso algún testigo?
-¿Puedo hacerte una pregunta? -Le dijo ignorando lo que este le decía.
-Pero... Se supone que era yo quien hacia las preguntas.
-¿Crees que... soy incorregible?
-¿Te refieres a que tu eres el policía malo y yo el bueno?
-Me refiero a que... Yo soy yo, ¿vale? Hay ciertas cosas de las que no tengo control y que no puedo cambiar sobre mí misma.
-Oh... Pero yo quería ser el malo -decía el Rey decepcionado.
-¿O crees que son solo prejuicios míos? A veces evito hacer algunas cosas porque sé que por mi forma de ser seguramente la terminare pasando mal. A pesar de que siempre termino pareciendo como la tipa dura y todo eso... Siento que de verdad hay cosas para las que sencillamente no estoy hecha.
-Bueno, entonces, ¿podemos hacer un intercambio, que tal? Y así con nuestras nuevas identidades capturamos a los malos, empezando por ese raro sujeto que siempre anda robando princesas... ay, ¿cómo se llamaba? No lo sé, pero por alguna razón me cae bien.
-No quiero cambiar de identidad. Me gusta como soy, así he sido durante tanto tiempo, ¡no puedo modificarlo!
-Tal vez sería mejor olvidar el asunto.
-¿Tú crees? -le preguntó Marceline esta vez un poco más entusiasmada.
-Sí, no hace falta que hagamos nada, estábamos bien como estábamos.
-¡Sí! A eso mismo me refiero -decía la vampira mientras se acomodaba en su asiento-. He visto al mundo cambiar miles de veces y yo me he mantenido fiel a lo que soy durante todos estos años.
-¡Claro, ya hemos hecho esto antes! No hay por qué avergonzarse de hacer el bien -Decía entusiasmado el Rey Helado.
-Tienes razón. No es la primera 'gran cosa' a la que me enfrento, y seguro no será la última. Yo... Quiero hacer lo que lo que creo que es lo correcto. Y si lo haré se hará a mi manera, como siempre lo he hecho.
-¡Esa es la actitud! -contestaba con energía Simon, aunque en verdad no tenía ni idea de cuál curso era en realidad es el que había tomado la conversación- Iré por las cachiporras, las esposas y ¡Ah! también tengo esos lentes oscuros que usan los policías rudos y un bigote falso. Tú puedes usar el bigote.
-Gracias Simon -Le sonrió a su viejo amigo. Luego se dio la vuelta y se fue del lugar.
-No hay de que... ¡Eh, espera! ¿A dónde vas? -Le gritaba El Rey Helado desde una de las ventanas - ¡Ah! Ya entiendo, vas a buscar a ese loco roba princesas, ¿verdad? ¡Aquí te espero entonces, Gunter!
Parecía raro que una de las personas a quien más quería y en quien más confiara fuera el viejo, gruño y loco de Simon. Muchas veces le dolía verle y que este no recordara nada del pasado que tuvieron juntos, de hecho se prometió a sí misma hace tiempo que no volvería a buscarle, pero por lo menos esta vez no fue una situación demasiado dolorosa, aunque solo lo busco por hoy porque no tenía a nadie más con quien hablar sinceramente sobre el tema. Aun quería mucho a Simon, era un hecho que tenía que aceptar. "¿Será que también me estoy volviendo vieja, gruñona y loca? Mmm... Nah"
Mientras tanto, del otro lado de oOo, una tierna y adorable Dulce Princesa estaba jugando entretenida con su buena amiga Ethel Arcoíris.
A Bonnibel siempre le llamo la atención como la lluviacornio tenía el poder para cambiar el color de cualquier objeto, así que no hace mucho había encontrado la forma de hacer lo mismo a partir de una formula química desarrollada en el laboratorio del palacio, le costo mucho trabajo pero finalmente creyó que lo había conseguido, y aprovechando que su amiga estaba por el Reino pensó en probarla.
-Con esto puedo alterar la composición química de cualquier objeto, algo similar a lo que haces tú Arcoíris, pero no lo quería probar hasta que no estuvieras cerca, por si algo sale mal.
-무슨 일이 일어 나는지 -La animo la lluviacornio.*
Con mucho cuidado la princesa dejo caer una gotita de su formula sobre una silla del comedor. De pronto esa gotita comenzó lentamente a expandirse por todo el mueble y un minuto después cambió su color completamente. La princesa paso un dedo sobre la madera y notó que no había dejado ni manchas, y algo muy importante es que la silla no había dejado de ser sólida.
-Parece que dio resultado- Dijo complacida la princesa quien busco otro objeto diferente con el que experimentar. Así las niñas fueron por todo el palacio cambiado de colores las cosas, muebles, adornos, utensilios, cualquier cosa, tratando de reír en voz baja para que nos las atraparan y las reprendieran por la travesura.
-이 대단해! 당신은 최고 똑똑한 공주입니다
-Gracias. Pero no es tan genial. Mi intención era que funcionara de la misma manera que lo hacen tus poderes, ellos sí que son geniales.
-하지만 그들은 공주 마법의 힘입니다. 어떻게 당신이해야합니까?
-Pues en el laboratorio se puede trabajar muy bien. Eh estado estudiando mucho sobre la química y la física cuántica, es muy interesante.
-과학은 마법의 힘입니다
-Ay Arcoíris, que cosas dices.
El Dulce Rey había entrado a la cocina a buscar un vaso con agua cuando noto que algo estaba fuera de lugar. Mmh. Las ollas de la cocina ahora eran de color verde, los platos de porcelana eran amarillos y algunos utensilios ahora estaban de un color morado un poco apagado.
"Anda... No sabía que habíamos gastado dinero en nuevos productos" pensaba el viejo Rey. Al salir de allí se encontró por los pasillos a la Doctora Princesa quien lo saludo cortésmente.
-¡Doctora, creí que ya se había marchado!
-Solo me quede a organizar un poco de papeleo, estaba yendo de salida de vuelta al consultorio -Decía mientras tocaba con una mano el maletín que llevaba colgando.
-Disculpe por apropiarnos de todo su tiempo.
-Siempre es un honor atenderlos, su majestad.
-Entonces -vacilaba el monarca, cosa que nunca debía hacer -, ¿podré finalmente... tirar esas molestas pastillas al basurero?
-La verdad no le recomendaría que tirara ningún tipo de medicamente al basurero, pero si hablamos retóricamente y si se refiere a las pastillas que tomo la Dulce Princesa pues sí, le sugiero que corte la dosis por el momento. Si lee el informe sabrá entonces que por ahora está estable, ya sabe, mientras no pase nada importante o extraño.
-Ya veo... Gracias Doctora.
-No se moleste, es un placer. Volveré mañana a medio día a ver si las cosas siguen igual.
-No es necesario, si queremos consultarle algo iremos nosotros mismos al consultorio, no queremos que gaste su valioso tiempo.
El Dulce Rey se quedo observando pensativo como la Doctora Princesa se marchaba. Hablando de cosas extrañas, pensó el monarca, ¿la real compañera de la princesa se dignaría a aparecer esta noche?
Al final las chicas fueron regañadas por sus travesuras, pero con los poderes mágicos de Lady Arcoíris devolvieron todas las cosas a sus estados anteriores rápidamente. Ya era tarde, así que Arcoíris se despidió de su amiga y salió del reino. Bonnibel sonrió al pensar lo bien que se lo pasó con quien quizás sea la única amiga de verdad que ha tenido en toda su vida. Lo cual incluso era mucho pedir, teniendo en cuenta de que por el momento jamás salía del castillo. No se lo tenían permitido, no hasta que sea presentada en sociedad al cumplir los doce años, de lo cual no faltaba tanto, pero esas eran las viejas y anticuadas reglas a las que debía apegarse al pie de la letra. Al menos hoy entre juego y juego logró olvidarse del mal rato pasado ya hace días. Mañana tendría que despertar temprano para volver a hacer sus deberes así que pensó en acostarse temprano.
Mientras tanto Marceline, Reina Vampiro, estaba afinando su bajo en una esquina de cierta habitación. Lo bueno de su querido instrumento es que al ser un objeto de la Nocheosfera perteneciente a su familia se mimetizaba con sus poderes, por ejemplo, si ella se volvía invisible mientras sujetaba el bajo, este también lo hacía, al igual que su ropa, 'todo llegó de la Nocheosfera'.
-Que mala costumbre la mía de meterme dentro de las casas de los demás sin que estos se den cuenta -pensaba la vampiresa. Antes de estar en donde se encontraba ahora, ya se había colado hace poco al rancho de una familia de agricultores a observar como estos se peleaban, y antes de eso había entrado a la casa de una anciana que nunca dejaba de hablar sola, aunque según ella las estatuillas de su casa pueden escucharla perfectamente -. Bueno, soy un vampiro después de todo -Reflexionó para consolarse un poco.
Calló un momento su instrumento cuando escucho que alguien estaba por entrar a la habitación. Se sorprendió al ver pasar a la Dulce Princesa llevando con sigo un extraño cilindro con un líquido burbujeante contenido en él. La princesa dejó el cilindro sobre uno de los muebles y después se dirigió a lo que parecía ser un tocador a través de una de las puertas de la habitación.
Hasta que la princesa volviera Marceline se acerco al extraño líquido. Era de color gris y tenía un olor chistoso, cuando hundió un dedo en él lo saco de inmediato sacudiéndolo con premura, esa cosa estaba muy caliente aunque no lo pareciera. Luego de un rato la princesa salió del tocador vistiendo un pijama rosado.
-¿Pero qué...? -pensaba la vampiresa -¿Entonces esta es la habitación de la Princesa? -Se dio cuenta de que quizás el castillo era mucho más grande de lo que recordaba y que tal vez si habían cambiado varias cosas, pero justo esa habitación no se parecía al de una niña. Si, todo era de colores pasteles y chillones, pero que no lo era en este maldito reino. Bonnibel camino hasta una de las paredes de la habitación y encendió una pequeña lamparita que al apagar la luz seguía iluminando levemente la habitación, y luego de eso se acostó en el enorme colchón.
La Dulce Princesa, al igual que muchas de las princesas a las que Marceline había conocido, no se quitaba la corona ni siquiera para dormir.
Marceline comenzó a imaginarse como sería si tuviera que llevar puesta una corona o alguna tiara todo el tiempo, después de todo ella era una Reina, ¿o no? Si hasta Simon tenía su jodida corona. Seguramente sería molesto, incomodo y ridículo, aunque seguro que se vería muy bien si usara una. ¿La dulce princesa se daría cuenta si le sacaba la corona, aunque sea solo por unos minutos? Dejó que pasara un tiempo hasta que la pequeña niña se quedara completamente dormida. Sigilosa como una sombra, Marceline se acerco hasta la cama de la niña y lentamente fue extendiendo su brazo hasta quedar justo sobre su cabeza. El cabello de Bonnibel a pesar de ser como una goma se veía muy sedoso y manejable. La tenue luz de la lamparita hacía incluso que brillase, al igual que la reluciente corona, al igual que su dulce piel...
Bonnibel frunció el seño levemente y se revolvió entre las sabanas, cosa que puso alerta a Marceline que instintivamente se había alejado de la cama, olvidando que no importaba si la princesa abriese los ojos o no puesto que se había vuelto invisible. ¿Qué había pasado?
La vampiresa se llevo una mano hasta le pecho, ¿acaso la había tocado sin querer? ¡Pero qué descuidada! ¿Cómo podía ella si quiera cometer ese tipo de errores de novatos? La princesa al final se calmo pero para entonces ya había perdido cualquier tipo de interés que hubiera tenido sobre la dichosa coronita, así que volvió al rincón de la habitación. Ya no sabía qué hacer ni a dónde ir. Comenzaba a aburrirse.
Una hora después seguía dando vueltas por el techo del cuarto de la princesa tocando un par de notas con su bajo, pero nada importante. Volvió a mirar a la princesita durmiente. Se había quedado dormida con la boca abierta, probablemente babearía toda la almohada.
Qué raro se sentía ver así a la princesa, tan apacible, imperturbable. Esta chica era completamente diferente a como la había visto la última vez, muerta de miedo, llorando y sufriendo por sus demonios internos. Marceline sacudió la cabeza ante aquella imagen que no era para nada agradable, para nadie podía serlo, cualquiera hubiera preferido a una Dulce Princesa tranquila y contenta como ahora lo está a una pobre niñita que le temía al futuro... "No, espera... -pensó Marceline - esa era yo. Yo solía temerle al futuro de niña, no ella. Ella le teme a la oscuridad, ¿o no? Pero me dijo que le temía a más cosas... ¿Le temes a lo que sucederá, princesa?". Y entre tanto, los dedos de la bajista se movieron sobre las cuerdas de su instrumento, antes de que se diera cuenta ya comenzaba a escucharse una melodía más compleja. El canto era algo que muchas veces se le daba involuntariamente a la vampiresa, como ahora, que solo dejaba salir la música en su interior.
"Duerme, princesita
ya es tiempo de que duermas
Dulce princesita
que feliz te vez al dormir.
Sueña con pajaritos, con flores y colores
y esas cosas aburridas que tanto te gustan.
Sueña con quienes te aman, sueña lo que más quieras
Dulce princesita
sueña con mi música
y te prometo que..."
Marceline paró de cantar un momento, sin embargo la melodía inicial seguía sonando. Ya no sabía cómo continuar, lo cual era de extrañar en ella que casi nunca le pasaba algo así. Se preguntaba si acaso había cantado demasiado fuerte o si su bajo se escuchaba muy alto, pero nadie venía, así que dedujo que nadie la escuchó. Quizás lo mejor sería volver a la tienda de música, se sentía inspirada esa noche.
-Buenas noches, princesita -se despidió la vampiresa y tan rápido como había entrado salió sin ser detectada.
Y hasta aquí :) Gracias como siempre a todos los que se tomaron el tiempo para leerlo. Estoy tratando de subir estos capítulos semanalmente (Igual no voy a pedir milagros que ya a esos me los estoy reservando para los próximos exámenes xD) Por ahora esto es todo. Gracias de verdad a las personas que siguen este fic y también a los que dejaron sus comentarios ^^ Un saludo a todos! :D
[*]: Ok, realmente quería dejar esto en claro... Si hay alguien entre los lectores que sepa coreano desde ya le pido disculpas por que es evidente que por mi parte conocimiento alguno del idioma me es nulo. Sin embargo, en mi defensa quisiera añadir que me hacía mucha gracia incluirlo dentro del diálogo, así que lo único que hice fue usar un traductor cualquiera en la red para traspasar algunas frases (vamos, que tampoco es ninguna fuente ultra confiable). Quienes quieran traducirlo están en todo su derecho.
