Hola! :) Espero que estén bien ^^ y ojalá les guste este capitulo :3


Capitulo 8:

-¡Que espanto! -exclamó una de las dulces y rechonchas galletas cocineras del dulce castillo mientras cotilleaba con los demás sirvientes en la cocina -¿Cómo es que nadie pudo evitar algo así?

-Algo así se merece un terrible castigo. ¡Deberían de encerrarla por tal insolencia!

-Pero Glodi que cosas dices - la interrumpió uno de los hombres de jengibre -. ¿Por qué merecería la Princesa Bubblegum semejante castigo?

-¡No, tonto! -Le contestó está apuntándole con una cuchara - No me refiero a la Dulce Princesa, sino a esa desalineada y desagradable Reina Vampiro.

-Es terrible -Se lamentaba otra de las cocineras -. Ningún miembro de la realeza había salido del castillo hasta ser presentado en sociedad antes... Ahora con esto, ¡nuestra pequeña Dulce Princesa ha perdido su pureza!

-¿Ningún miembro? Pero... ¿Cuántos monarcas han estado antes a parte del Dulce Rey?

Los sirvientes se quedaron en silencio por uno momentos, hasta que Glodi volvió a levantar la voz completamente indignada.

-Desde que me comentaron que esa vampiresa andaba en el castillo, imaginé lo peor. Mira que secuestrar a una dulce niña así como así, ¡es de lo más reprobable y malvado!

-¿La secuestro? -Interrumpió otro de los presentes - Yo había escuchado decir que fue la Dulce Princesa quien le pidió que la sacara de aquí.

-¡Claro que no! No seas ingenuo, ¿por qué haría algo como eso?

-Me pareció lógico. Digo, estar encerrado en este palacio, por muy lindo que sea, puede cansar a cualquiera. Y si no, ¿por qué la Princesa no pidió ayuda?

-Yo pienso que la vampira utilizó algún poder diabólico para hipnotizar a la princesa.

-Pero entonces, ¿por qué volvieron?

-¡¿Y si en realidad todo se trata de un plan conspirativo mucho más complicado y siniestro?! -Comentó horrorizado el sirviente.

-Ya no entiendo nada de nada... ¿Por qué apareció esa vampiresa por el palacio en primer lugar?

En otra parte del castillo, Marceline comenzaba a cansarse de que el guardia la estuviese vigilando con tanto esmero. Más de una vez le siseaba y gruñía para ver si su expresión cambiaba. Este empezó a ponerse un poco nervioso mientras observaba los grandes y filosos dientes de la vampiresa que le habían crecido repentinamente. Al notarlo, Marceline estuvo a punto de convertir su rostro en el de un horrible monstruo, cuando el Dulce Rey se apareció por la puerta usando un traje de baño y flotadores en los brazos.

-¡Glob Marceline! -le dijo el Rey mientras se acercaba más a ella - ¿Es que acaso nunca puedo hacer algo que me divierta sin que tú te aparezcas?

-No me jodas... -Había susurrado Marceline sin que el Dulce Rey llegará a escuchar algo más que un bajo zumbido.

-Bueno... Bonnibel ya me dijo todo lo que pasó. Pero ahora quiero escucharte a ti, ¿tienes algo que decir?

La Reina Vampiro cruzo los brazos y dirigió la mirada hacia otros sitios en el lugar. Los calabozos del dulce castillo se veían realmente siniestros en comparación de lo colorido y alegre que es arriba. Fríos, rocosos y levemente iluminados, algo bastante acogedor pensaba ella. Si tenía que quedarse allí tras las rejas no le molestaría demasiado, creería que incluso es algo genial, y si se aburría podía escapar por la ventana, o por la puerta misma quizás, no sería ni remotamente dificultoso para alguien como ella.

-Vamos Marceline, no tengo todo el día... -Siguió insistiendo el Rey.

-¡No muestre esa insolencia frente al Rey! -Dijo con voz firme el guardia -¡Obedezca!

-Vamos mujer, no es tan difícil... ¿Qué hicieron? ¿A dónde fueron? ¿Qué fue lo que vieron?

-¿Quieres que te diga lo que vi, Gumbald? -Sentenció finalmente la vampiresa desafiante -¡¿Realmente lo quieres?!

-Pues... si... -decía el Rey confundido.

-Con mucho gusto. Lo que vi fue a una triste e indefensa niñita que está a punto de gobernar un estúpido reino que ni siquiera conoce -Cada palabra iba aumentando la intensidad de volumen, mientras que las declaraciones de la vampiresa dejaron sin habla por unos momentos al viejo monarca, cada una se sentía como un fuerte golpe en el pecho - ¿Cómo eres capaz reycito? ¿Cómo es posible que amando tanto como dices que amas a tu princesita la mantengas cautiva y alejada de todo?

-Sé que es complicado de que lo entiendas Marceline, quizás sea por tu naturaleza pero... -El Dulce Rey bajo la cabeza, hasta que se recompuso y volvió a reafirmar su postura -Pero en este Reino tenemos reglas, y siendo Rey es mi deber hacerlas cumplir.

El rostro de Marceline se había deformado al de un demonio por la rabia, no podía dejar de mirar al Rey con desprecio. Desprecio por él, por su estúpido reino y por sus estúpidas reglas sin sentido. Era cierto, ella no podía entenderlas a prácticamente ninguna de ellas, por eso no podía verle el sentido ni la necesidad de dejar encerrada a una niña y privarla de muchas cosas que sin dudas eran buenas para ella.

-Pues ahí lo tienes -dijo ella con una voz que también había cambiado, sonando ahora mucho más gutural -. Todo es tu culpa, Gumbald.

-Por supuesto que sí. Soy el Rey, y debo asumir la responsabilidad de lo que suceda.

-¿Y ahora qué, reycito? ¿Me encerrarás o me volverás a desterrar?

-¿Desterrarte? ¡Quisieras! -rió el Rey sarcástico - Tú aun tienes un trabajo que cumplir.

-¡¿Qué?! ¿Aun dejarás que me quede? -dijo volviendo a recuperar su voz normal.

-Tienes que hacerlo... De lo contrario incumplirías con tu contrato si no. Y yo también lo haría si te desterrara. ¿Y encerrarte, de que serviría? Escaparías fácilmente. No, quiero que cumplas con tus obligaciones.

-¡Es que aun no lo entiendo! ¿Que acaso tengo que enseñarle a tu sobrina a no temerle a la oscuridad, a los truenos, a las arañas y a volar?

-Bueno... Espera, ¿dijiste volar? -Preguntó el Rey sorprendido.

-Si... Considérate afortunado de que a esa niña no se asuste de su propia sombra. -Agregó la vampiresa un poco más tranquila.

El Rey sacudió la cabeza y siguió hablando.

-Pues sí, básicamente eso es lo que quiero que hagas...

-Sabes que todo esto suena como una gran… ¿qué digo grande? ¡Una enorme y colosal tontería sin sentido!

-¿Ves esto querida? -Decía el Rey señalando su corona -Soy un viejo y sabio Rey, vas a tener que confiar en mí.

-Pues viejo sí que lo eres.

-Uy, mira quien hablar -se burlaba un poco más molesto.

-No te entiendo Gumbald, estás loco. Lo que dijiste es una mentira, pues no puedo ser la única que puede ayudar a Bonnibel con sus problemas.

-No, no, no, no, te equivocas -decía el Dulce Rey mientras negaba con la cabeza -. Eres la única a la que le permitiría hacer esto.

-Oh, ¿sabes? tal vez me equivoque. Quizás no estés loco, ¡quizás solo estés más que zafado! ¿Qué te hace pensar que yo puedo ser capaz de hacer algo así?

-El Oráculo, Marceline, el Oráculo... -dijo este mientras movía los brazos en actitud misteriosa -A parte de que ya has demostrado ser capaz.

-¿Disculpa?

-La última vez que la princesa paso una noche de tormenta eléctrica como la de anoche, amaneció completamente exhausta, incluso aun le temblaban las manos. Pero hoy cuando llegaron se la veía muy bien.

Marceline abrió los ojos muy grandes en señal de sorpresa luego de escuchar eso, tampoco pudo evitar sonreír levemente. El Dulce Rey le hizo unas señas con la mano al guardia banana que estaba allí y este sacó desde dentro de una gran mochila que llevaba tras de sí el bajo-hacha de la Reina Vampiro. Se lo entregaron a la chica la cual había olvidado por completo que lo había dejado en el castillo.

-Cuando encontramos esto supuse que andaba contigo, lo cual me tranquilizo a medias, pero volví a preocuparme cuando escuché la tormenta.

-¿Por qué no fuiste a buscarla si sabías que estaba conmigo?

-La verdad iba a hacerlo, pero después se me ocurrió que este era un buen momento para probar tus aptitudes.

-¿Qué? ¡Gumbald, estas...!

-Loco, loco, locorrón... Ya lo sé -le interrumpió el monarca -. Estuve toda la noche comiendo de la preocupación -decía mientras se sobaba la gran barriga que le colgaba sobre el traje de baño -. ¡Pero he, las cosas al final salieron bien! Me sorprendí bastante de ver a mi sobrina tan calmada, incluso se la notaba bien descansada. Te felicitó Reina Vampiro.

Marceline se sentía apenada, pero feliz al fin y al cabo. Realmente había ayudado en algo a la Dulce Princesa.

-Ahora -Dijo el Rey amablemente -¿Me vas a decir que fue lo que pasó anoche?

-Ah... -Marceline se quedo un rato recordando la escena -Bueno, primero me la encontré en el balcón, estaba usando un pijama. Hablamos, y después le ofrecí volar conmigo. Ella, claro, no quiso hacerlo pero la levanté de todas maneras y después...

-Ya, está bien -interrumpió el monarca -Es todo lo que quería saber. ¡Guardias, que comience la tortura de castigo!

-¡¿Qué?! ¡¿Pero de que estás hablando?!

-Lo siento querida Marceline, pero infringiste una terrible regla, y no puedo no hacer algo al respecto -le contestó casi cantándolo.

-¡Gumbald, eres hijo de tu pli plob...!

Entonces un gran grupo de guardias bananas aparecieron de repente y atraparon a la vampiresa, la cual no lucho demasiado.

El día siguió su curso, y una agotada princesa miraba entrañablemente el atardecer como siempre. Luego se volvió a acomodar en su asiento, estiro la espalada y los dedos y continúo escribiendo.[*] Su tío entonces se apareció en la habitación sin que esta lo notara.

-¿Cómo va ese castigo? -Pregunto amistoso el Rey.

-Oh, tío Gumbald -la princesa lo miro pero no dejo de escribir -Voy un poco atrasada. Hace unos momentos acabé de escribir en el pizarrón del aula "no volveré a infringir las reglas" 500 veces, pero me pidieron que escribiera otras 200 veces "El Rey Gumbald es la onda".

-Ja, ja, jaaa... Si, lo siento por eso. Pero fue lindo verlo escrito tantas veces -sonreía apenado el Rey.

-Está bien, no tienes porqué disculparte.

-¿Cuantas páginas debe tener el ensayo?

-120. Recién voy por la 45. Al menos el maestro me dejó consultar bibliografía si la necesitaba.

El Rey suspiro. Les había pedido a sus maestros que fueran piadosos con la princesa. Si bien Marceline confesó que fue ella quien sacó a la niña del castillo y no que esta se lo había pedido, como Bonnibel había contado, entonces tal vez no hubiera sido necesario que hiciera estos deberes. Aun así la princesa insistió en ser reprendida. "Quizás la educamos demasiado bien" pensó algo entristecido el Rey. Aunque ahora lo que más le preocupaba era saber qué es lo que estaba pensando su sobrina.

-¿Con que 120, eh? Vaya... Recuerdo que a mí solo me pidieron 80 páginas la primera vez que me salí.

La princesa entonces paro de escribir y miro a su tío interrogante.

-¿La primera vez? O sea, ¿que tú también te escapaste del castillo en una ocasión?

-¿También? Pero si tú no te escapaste, fuiste secuestrada por esa sinvergüenza de Marceline -Le dijo a la princesa con un tono de exagerado dramatismo.

-¡No! No es así... Yo... Yo me escapé, le ordené que me ayudara, ella no tiene la culpa.

-Ya está Bonnibel, Marceline me lo contó todo... Y parecerá una locura, pero le creo más a ella que a ti en este momento.

La princesa no sabía que decir. Su tío se sentó a su lado y le abrazo con cariño.

-Yo a diferencia tuya, sí que me escapé. Tenía creo que como tu edad, quizás más joven... Con frecuencia desde mi balcón podía ver a los demás niños jugando, y yo también quería jugar junto con ellos. Así que me disfracé y de alguna forma escapé del castillo. Ellos no me reconocieron, dudaba que lo hicieran puesto que aun no había sido presentado oficialmente en sociedad, pero ahí estaba... ¿Y sabes una cosa?

-¿Qué?

-Fue uno de los días más divertidos que puedo recordar. Fue increíble, no podía creer todo lo que me estaba perdiendo por estar del otro lado de los muros... Cuando me atraparon fue horrible, me tuvieron que dar calmantes para los dolores musculares por todo lo que me hicieron hacer, de hecho creo que aún tengo la oreja un poco hinchada por cómo me la jaló mi madre ese día, pero en el fondo sabía que había valido la pena. Y luego esperé con muchas ansias el día en que finalmente pudiera convivir con mi gente, con nuestra gente.

La princesa sonrío sinceramente y luego le devolvió el abrazo a su tío. Luego recordó a aquellas personas en el cumpleaños, todas tan alegres y divirtiéndose, sintió una pequeña sensación de calidez en el pecho.

-Los dulces habitantes son buena gente, ¿verdad tío?

-La mayoría lo son. Los habitantes de un reino suelen ser el reflejo de sus líderes. No olvides eso.

-Gracias tío Gumbald... Am, ¿puedo preguntarte algo?

-¿Qué cosa?

-Marce... ¿D-dónde está la señorita Abadeer?

-Bueno... Ahora se encuentra en el calabozo.

-¡¿Qué?!

-Relájate Bonnibel, solo son medidas necesarias... Tú entiendes.

-P-pero... ¿volverá a visitarnos, verdad?

-Mejor me voy princesa... No quiero que te sigas atrasando en tu trabajo -Dicho esto el Rey se alejó sin más.

Bonnibel entregó su ensayo justo a tiempo. Su maestro la felicitó por el buen trabajo, pero le advirtió que mañana trabajaría todo el día, sin descansos. Agotada, la princesa cargo los libros que había utilizado ese día hasta la biblioteca, guardándolos en sus respectivos lugares. Cuando intentaba colocar el último, el cual pertenecía a una de las estanterías más altas, su pie resbaló de la escalera y en medio de un largo y agudo grito, la princesa caía de espaldas al suelo.

No había nada que pudiera hacer, solo cerró los ojos y espero el inminente golpe, pero luego sintió otro golpe, uno mucho más suave y aun con un frío cruzando por su espalda, abrió tímidamente los ojos. Se dio cuenta entonces que justo antes de chocar contra el suelo, la vampiresa había aparecido de repente, salvándola de lo que como mínimo hubiera sido algún hueso roto.

-¡Glob, Bonnibel! -Marceline la sentó sobre una de las mesas de la biblioteca, se notaba el nerviosismo en su voz - Vi como hacías equilibrio sobre ese último escalón, ¡Ten más cuidado, boba!

-¡Marceline! -El rostro de la princesa se iluminó al volver a ver la Reina Vampiro y sin contener su felicidad la abrazó alrededor del cuello. - Temía no volverte a ver.

Marceline se calmó un poco, y después de unos segundos se separó con delicadeza de la niña que no paraba de sonreír.

-Luces cansada -le dijo la vampiresa mientras la bajaba de la mesa.

-Tú también pareces agotada. ¿Te hicieron... algo en el calabozo?

-¿A mí? Pff... Por favor, ¿con quién crees que estás hablando?

La princesa comenzó a reírse, pero poco después un gran bostezo cortó con sus carcajadas.

-Vaya, vaya, que cansada está nuestra princesita -Entonces en un rápido movimiento, Marceline subió a Bonnibel sobre su espalda sin que está llegara a reaccionar si quiera -. Vamos, así será más divertido.

Y velozmente la vampiresa se lanzó en vuelo hacia una ventana abierta en el lugar, saliendo una vez más las dos sobrevolando el castillo bajo el manto de la noche. Está vez, habiendo ya tomado la princesa un poco más de confianza a esto de volar, Marceline aprovechó a hacer un par de piruetas en el aire, vueltas al derecho y al revés que hicieron emocionar a Bonnibel, quien no dejaba de reír y disfrutar las cosquillas que sentía en el estomago con cada subida y bajada que a la vampiresa se le ocurría hacer.

No salieron del castillo, solo volaron hasta el balcón de la Dulce Princesa. La niña se bajo muy contenta por el divertido paseo, luego tomo a Marceline por el brazo.

-Aun no le di las gracias por todo lo que ha hecho, señorita Abadeer.

-No hace falta agradecer nada, princesita.

-No se preocupe, se lo recompensaré... Aun no sé cómo, ¡pero será algo que le encantara!

Marceline rio alegremente. Quería acariciar la cabeza de la pequeña niña pero sabía que volvería a quedar pegada en ella, así que solo le dio un par de palmaditas sobre su mano que la mantenía sujetada.

-Dulce sueños, Dulce Princesa -le dijo antes de marcharse.

-¿Volverá mañana?

-Mmm... Quizás si... Aun tengo que recuperar mi bajo. ¡Nos vemos!

Bonnibel se quedo unos momentos en el balcón, observando como la vampiresa desaparecía en el horizonte.

Marceline emprendió el rumbo hacia su casa, no sin antes claro detenerse a comer algo para reponerse un poco. Se nota que el Dulce Rey sabía una o dos cosas acerca de ella, como por ejemplo cual es la mejor forma de hacerla sufrir unos momentos. Obligarla a escuchar hora tras hora de música de tan mal gusto la había fulminado desde dentro, aun sentía como le zumbaba la cabeza y como se le revolvían las tripas, y en realidad esa demostración de proezas aéreas que había hecho con la princesa, no le habían ayudado mucho a recuperarse. "Todo por querer hacerme la muy genial". Al llegar a su casa no aguanto más y se fue a dormir.

...

Marceline abrió repentinamente los ojos. No sabía dónde estaba, ni siquiera estaba segura de si seguía en oOo. Mirando hacia arriba vio un paisaje que le resultó sumamente familiar, las imágenes de esos temibles recuerdos golpearon su memoria como si de una patada se tratara. Recordó los grandes aviones de combate que cruzaban los cielos, cielos que ya no tenían ni sol ni ningún tipo de brillo. Olfateo en el aire el aroma a la destrucción, el fuego abrazador que todo lo pulverizaba, el humo oscuro que se extendía lentamente por toda la atmosfera. Todo lo que se encontraba ahora a su alrededor le recordó a una época muy difícil de superar, una en la que por momentos atormentaba a su propia conciencia, en el que la posibilidad de bajar los brazos y rendirse siempre se tenía muy presente... Todo lo ocurrido durante su niñez y durante la Gran guerra de los champiñones eran agrios recuerdos que llevaría siempre con ella, por mucho que esto le desagradara.

Con los músculos sintiéndolos hechos añicos se levantó del suelo y mirando su cuerpo se dio cuenta de que no era ninguna niña, no, todo esto estaba pasando aquí y ahora. Era un vampiro, y no un semi-demonio como lo fue en ese tiempo, en el que todo eso ocurrió.

Cuando miró hacia adelante notó una figura a unos cuantos metros de ella. No lograba distinguir de quien se trataba, comenzó a acercarse con dificultad, su cuerpo se sentía bastante débil. Esta persona estaba de espaldas, pero en cuanto escucho que alguien se acercaba se volteo en dirección hacia ella.

La vampiresa jamás había visto a esta persona en su existencia, pero había algo en ella que no dejaba de llamar su atención. Entonces se dio cuenta.

Un cuerpo femenino bien estilizado, un par de refulgentes ojos violetas, facciones suaves, y un largo y sedoso cabello de color rosado atado en una coleta. Era una versión mucho mayor de la Bonnibel Bubblegum que ella conocía.

¿Qué es lo que sucedía? ¿Era esta persona realmente la Dulce Princesa? Pero eso es imposible... ¿Cómo llegaron ambas a esa colina? ¿Por qué se sentía tan débil? ¿Por qué las cosas terminaron de esta manera? Todas estas preguntas estaban mareando a Marceline, se llevó una mano a la cabeza mientras siguió avanzando hasta esta chica desconocida.

-Marcy... -escuchó decir a la joven.

-¿Bonnie, eres tú? -pero no pudo pronunciar esa pregunta ya que un repentino ruido metálico irrumpió en aquella escena. Se escuchaba realmente siniestro y estruendoso, y cada vez se lo oía más cercano.

En cuestión de segundos, un gigantesco monstruo mecánico apareció justo por detrás de la joven peli rosado. Justo en el momento en el que Marceline estaba a punto de alcanzarla, unas extrañas vainas filosas provenientes del armatoste atravesaron en un mortal y rápido movimiento el torso de la desconocida mujer. Fue algo tan veloz que ni siquiera dio tiempo a esta de gritar del dolor, simplemente se dejo caer con los ojos en blanco de rodillas al suelo. La vampiresa no se movió, se había quedado petrificada con lo que acababa de ver mientras que la sangre de color rosa que había salido disparada de la joven la había salpicado entera. Por más vampiro que fuera, esto no le agrado en lo absoluto. Sintió que algo en su interior se resquebrajaba y no la dejaba controlar sus acciones, solo llegó a reaccionar en el instante que el cuerpo de la joven terminó por caer de bruces contra el suelo. Marceline se agacho, tomo a la joven en sus brazos y levantó su rostro.

"No puede ser ella. No puede ser ella. No puede ser ella. ¡No puedes ser tú!"

Pero antes de que la vampiresa se diera cuenta ya no estaba sujetando el cuerpo de la chica. En su lugar, entre sus manos tenía ahora a un enorme búho de un brillante color dorado. Este la miro y le dijo: Oye, ya despierta.

...

Marceline despertó sobresaltada cayendo del estado de levitación en el que estaba contra su incomoda cama de madera, golpeándose con fuerza en la cabeza. Adolorida volvió a levantarse y miro a su alrededor. Estaba de vuelta en su hogar, dulce hogar de siempre. Todo había sido solamente un sueño. O más bien una pesadilla. Recordó todo lo que había soñado y no le encontró sentido en absoluto.

-Malditas canciones de porquería... Hasta pesadillas me dieron -Maldijo en voz baja.

Habiendo ya salido del estado de ensoñación, notó que en su cama no estaba la paja que siempre la cubría, sino las colchas que había puesto la noche pasada para que la princesita pudiera descansar. Algo se sentía diferente, comenzó a olfatear y distinguió que ahora las colchas tenían un tenue pero notorio aroma a chicle de frutas. Suspirando comenzó a pensar en la Dulce Princesita y no pudo evitar compararla con la chica del sueño... Pues sí, ambas eran muy parecidas entre sí, ¿pero y eso qué?

"Solo fue una pesadilla Marceline, solo eso. Una pesadilla con chicas de cabello rosado, maquinas y... ¿búhos?"

Volvió a sentir el aroma de entre sus colchas y se afligió un poco. ¿Qué estaría haciendo ahora Bonnibel? ¿Qué haría más tarde? ¿Qué será de esa asustadiza niña el día de mañana? ... ¿Estaría ella en ese 'mañana'?


[*]: Bonnie hizo exactamente lo mismo que yo en esa parte (?) jejee ^^

Quiero agradecerle a toda la gente que sigue el fic, de verdad que saber eso anima muchísimo :3 Gracias! Cualquier cosa, sugerencias, criticas, lo que sea, estoy abierta a ellas.

Honestamente, no creí que llegaría a este punto de la historia (Si, en mi cabeza ya tengo todo terminado... en general) ¿Por qué lo digo? Bueno, eso ya se aclarará luego ^^ Me encanta escribir, y estoy disfrutando mucho escribir de estas dos :3 así que lo más lógico sería seguir con esto.

Espero que todo ande bien, un saludo! :D