Hola! :D Después de lo que para mí se sintieron como 39922 años, vuelvo a publicar :) Y la verdad, es que ya lo extrañaba. Espero les guste este capitulo, que por cierto, a partir de ahora la historia está por tomar nuevos rumbos. A ver que tal les parece :3


Capitulo 9:

La diversidad cultural que poblaba sobre las tierras de oOo, resulta ser mucho más notoria cuando uno se aleja un poco de todos los reinos y visita lugares como este. Tabernas clandestinas, antros perdidos entre la exorbitante geografía, y cantidades de clubes completamente independientes de cualquier poblado o gobierno, como en el que se encontraba ahora la Reina de los Vampiros. Criaturas como ella, con debilidad por los placeres sonoros, agradecía que hubiera lugares como este, donde junto con su compañera Keila, se les permitía demostrar ante un variado público, la música que podían llegar a crear con sus instrumentos.

Marceline estaba refrescando su garganta una vez terminado con la presentación musical que acaba de dar en el escenario de aquel club nocturno. Incluso ya del otro lado del telón, podía seguir escuchando los aplausos de un público complacido por el espectáculo que acaban de presenciar. Keila, a diferencia de ella, todavía seguía con su instrumento en las manos, dando pequeños saltos en su lugar y gritos eufóricos, se la veía bastante enérgica esta noche.

-¡Yeah! ¡Qué gran show les hemos dado! ¡Somos las mejores! ¿O a poco no fue increíble?

-Sí, fue divertido... -Le contestaba Marceline sin mucho interés en realidad.

-¡Hey chicas! -Ambas se dieron vuelta y vieron a Boo boo y a Wendy, los fantasmales amigos de la vampiresa, que se acercaban a ellas.

-Buena actuación -Les dijo entre risas el fantasma con dos cabezas, Boo boo -, le faltaron mujerzuelas bailando y rashos láser, pero igual estuvo bien.

-Gracias -Les dijo Marceline -. ¿Y Georgy, no vino con ustedes?

-Sí, vino -Respondió Wendy -. Está en la barra, intentando ligar con una chica fantasma... Otra vez.

-¿Quieren que vayamos a burlarnos de él? -Sugirió Boo boo sin parar de reír entre dientes.

-¡Claro! -respondió Keila, que estaba con todas las energías a tope -Después podemos ir a esa fiesta que harán acá al lado.

-¡Genial! No sabía que había una fiesta. ¿Tú qué dices Marceline?

-¿No es muy temprano para que haya una fiesta? -Respondió esta rascándose la cabeza -Digo, ¿qué hora es?

-No faltará tanto. Recién deben ser como las diez y media.

-¡¿Diez y media?! -La vampiresa, ahora un poco alterada, busco un reloj para comprobar si realmente esa era la hora. -¡Rayos! Se me pasó el tiempo... -Dijo en un susurro que ninguno de los presentes llegó a entender -Lo siento chicos, ya tengo que irme.

-¡¿Qué?! ¡No hablaras en serio! -Se quejaba su amiga mientras que la vampiresa se colgaba su bajo-hacha en la espalda.

-¡Oh, vamos Marceline! ¿No vas a venir a divertirte con nosotros? -reclamo Wendy quien sonaba un poco molesta.

-No puedo. Tengo... Cosas que hacer.

-Espera... No me digas que vas a volver al Dulce Reino ahora, ¿verdad? -le preguntó Keila.

-¿Al dulce qué? -preguntó esta vez más serio Boo boo.

-Quizás luego los alcancé. Ahora me voy.

Y sin más, la vampiresa se fue del lugar. En efecto, estaba yendo hacia el castillo del Dulce Reino, el cual se encontraba bastante lejos de donde estaba. Cuando finalmente logró llegar, se volvió invisible y se escabulló entre los pasillos para que nadie la notara. Estaba doblando en una esquina cuando una voz conocida la llamo por detrás.

-¡Marceline! ¿Eres tú? -Volteo y vio al viejo Dulce Rey, que miraba hacia todos lados intentando localizarla -Sé que estas ahí Marceline, de nada sirve que te vuelvas invisible.

La chica entonces, se apareció frente al rostro de este como una siniestra sombra demoníaca, lo cual hizo sobresaltar al viejo monarca un poco. La vampiresa se rió de y él y después le dijo: Sabes Gumbald, deberías dejar de usar ese ridículo bastón, te hace ver patético.

-Oye, ¿qué te pasa con mi bastón? Mi bastón es la onda, sirve para dar golpes a quienes me hacen molestar -le contestó mientras lo levantaba amenazadoramente hacía la ella.

-¿Cómo supiste que estaba aquí?

-Pues... Ha pasado tanto tiempo que ya me conozco todos tus trucos, Reina Vampiro.

-Vaya, pues que suspicaz eres reycito, me dejas pasmada.

-¿Suspicaz, pasmada? Ja ja jaaa... -Se burló el anciano con voz rasposa - ¿Desde cuándo usas tú esas palabras? Creo que alguien ha pasado mucho tiempo con mi sobrina.

-¿Y se supone que yo tengo la culpa? -le dijo mientras se cruzaba de brazos.

-De todas formas, me alegra que hayas llegado. Quizás tú seas capaz de sacarla de ese laboratorio, ha estado metida ahí todo el glorioso día.

-¿Otra vez?

Bonnibel se encontraba anotando los números que aparecían en un monitor, estaba tan concentrada que no se dio cuenta de que Marceline había entrado. Se acercó sigilosamente detrás de ella y le soplo en la nuca, haciendo que la princesa se estremeciera.

-¡Marceline! -La princesa se dio la vuelta para enfrentarla - ¿Ya son las ocho y media?

-... Pues, claro. Por eso estoy aquí -mintió la vampiresa.

La princesa dejó sus apuntes a un lado y miró la hora en su reloj de pulsera.

-Mientes. Son casi las once y media, otra vez llegaste tarde.

-Bueno, pero ya estoy aquí. Tu tío me pidió que te sacara de este lugar.

-Pues ahora no puedo hacerlo.

-Vamos, ya que llegué hagamos algo diferente a... lo que sea que estés haciendo ahora.

-Mmmh... Bueno, está bien. Pero primero déjame terminar con esto.

La princesita camino hasta otra de las mesas del laboratorio. Marceline se quedo detrás de ella, observándola con atención.

La Dulce Princesa sí que había crecido en estos años. No dejaba de llamarle la atención el estirón que había dado, ahora era casi de su misma altura, y eso no era poca cosa. Con diecisiete años, su cuerpo ya prácticamente estaba terminando de madurar. También comenzó a usar el cabello mucho más largo de lo que solía hacerlo, de pronto comenzó a interesarse cada vez más en el 'método científico', era capaz de pasarse días seguidos encerrada en el pequeño laboratorio que había logrado crear en el palacio, pero aun seguía disfrutando de otras actividades más mundanas, o por lo menos así es como ella lo denominaba. Cualquier signo de la pubertad en su anatomía estaba desapareciendo, y aunque la mentalidad del típico adolescente promedio nunca fue de destacar en alguien como la princesa, todavía se encontraban rastros de ello en algunas de sus acciones. Pero sin embargo, aun podía verse en ella un poco de lo que fue esa dulce y pequeña niñita hace unos siete años atrás, ya sea en sus ojos, en la forma en la que sonríe, o incluso en esa aun tierna inocencia latente que guardaba la joven.

Muchas cosas habían sucedido en este periodo. La princesa ya no era obligada a permanecer en el palacio por ejemplo, fue presentada en sociedad hace ya tiempo y desde entonces, su gente la ha adorado más de lo que ya lo hacían, y como no hacerlo. Todos estaban muy contentos al darse cuenta de que su futura soberana era una dulce chica tan bondadosa, inteligente y amigable con todo el mundo, y además tan sociable, siempre aceptando las invitaciones de las personas de cenar en sus casas, u organizando actividades como fiestas y espectáculos para ellos, y siempre dispuesta a ayudar. El que haya sido tan bien recibida por la opinión popular no fue ninguna sorpresa para quienes la conocían desde antes, pero si al menos un alivio, en especial para el Dulce Rey, quien con cada año que pasaba parecía hacerse más viejo a gran escala. Aún así, había quienes se reservaban sus dudas con respecto a las capacidades de la princesa, y otros que en cambio no tenían reparo en dejar claro su disgusto con la futura monarca. Es bien sabido que jamás se dejará a todos conformes.

Con el apoyo de Marceline, quien hasta el presente seguía con el título de 'Real dulce compañera', Bonnibel había logrado superar la gran mayoría de sus miedos y aprender a afrontar mucho mejor cuando alguna de esas ocasiones se presentaran, excepto su tema con la oscuridad... Si bien ya no se ponía tan mal como antes, aun no podía controlar bien sus nervios en esas situaciones. En compensación, la vampiresa le estuvo enseñando defensa personal, lo cual todos pensaban que la ayudaría a darle más confianza, aunque según su acompañante, solo era un recurso, por si algún día tenía que enfrentarse en algún combate físico no la derrotarán tan fácilmente.

-¡Ya está! -sentenció la princesa en lo que se sacaba las antiparras de protección que llevaba puestas - Ven un momento aquí.

-¿Qué es eso? -pregunto la vampiresa señalando el pequeño objeto brillante que sostenía Bonnibel con unas pinzas.

-Según mis cálculos, esta vez la píldora en la que he estado trabajando todo el día tiene que resultar, pero necesito que alguien la pruebe. ¿Me harías los honores?

-Olvídalo -Se alejo la vampiresa -. Aun siento puntadas en el hombro de la última vez que probé uno de tus experimentos.

-Por favor, Marceline. Si funciona, lo único que hará será darte un refrescante aliento a mentas durante 24 horas y si sale mal, entonces serán solo unos 5 segundos. Vamos, Marcie, por favooor -suplico la princesa mientras hacía un pucherito.

-Pff... Ok, dame eso.

Marceline tomo la píldora y se la trago de una sola vez. Esperaron unos segundos, aunque no pasaba nada realmente.

-Pues a menta sí que tenía sabor...

-¿Dio resultado? -pregunto Bonnibel mirándola intrigada.

-¿Cómo voy a saberlo? Tú eres la cerebrito aquí. Además, no sentí nada.

-Bien. Solo hay una forma de averiguarlo.

La princesa entonces tomo al rostro de la vampiresa y poso dos dedos sobre sus labios, obligando a esta que abriera la boca ligeramente, mientras que se acercó cerrando los ojos e inhalando profundamente. El movimiento y la repentina cercanía entre las dos tomo por sorpresa a Marceline, quien se quedo quieta, mirándola sin saber cómo reaccionar.

-Mmmh... Parece que sí dio resultado -Dijo la princesa mientras le soltaba el rostro y comenzaba a anotar una vez más en sus notas.

-¿E-enserio? -dijo nerviosa esta otra alejándose un poco.

-Sí. Luego necesito que me digas cuanto tiempo fue que duro la escancia de menta.

-¿Y para qué es todo esto?

-Es solo un experimento.

-De acuerdo.

-Bueno, entonces… ¿Qué te gustaría hacer ahora?

Las chicas simplemente salieron a caminar alrededor del palacio, a ambas les apetecía solamente ir con tranquilidad por un camino levemente iluminado por unos faroles y el resplandeciente y bello brillo de la luna... Pero justo esta noche no era así, porque el cielo estaba cubierto por unas nubes de color violeta, que tapaban por completo los astros. Las chicas deambularon sin rumbo, conversando acerca de todo lo que habían hecho ese día, y como Marceline casi no entendía -y le aburrían- los comentarios científicos de la joven, fue ella quien terminó hablando más.

-... Y entonces al final habíamos quedado en tocar la canción número dos, pero decidí cambiarlo justo antes de empezarla a tocar, por la balada.

-¿Cuál balada?

-Esa que te hice escuchar hace como dos semanas.

-Ah, ya recuerdo. ¿Pero no era que no la habías terminado aun?

-Pues esta noche le acabó de inventar un final -la vampiresa sonreía mientras flotaba al lado de la princesa con aires victoriosos.

-¿Y Keila conocía la canción?

-Claro que no, después de ti creo que nadie más la volvió a escuchar, hasta esta noche claro.

-Pero... ¿Entonces como supo acompañarte sobre el escenario?

-Bueno, es Keila, ella... Sabe qué hacer.

-¿Pero cómo?

-Son cosas de músicos, princesita, no lo entenderías.

Bonnibel frunció el ceño. A pesar de que siempre escuchaba hacer música a Marceline, jamás la vio tocar en uno de sus pequeños recitales o presentaciones, excepto claro un par de veces especiales que había tocado en el castillo, las cuales recuerda con mucho cariño. Pero ella en su gran mayoría, siempre termina tocando en uno de esos lugares en donde la princesa siente que sencillamente no encajaría, y la vampiresa estaría demasiado ocupada como para andar prestándole atención.

-Con que cosas de músicos, ¿eh? -Bonnibel miró burlona a su acompañante - Pues entonces dime melómana, ¿qué es una célula rítmica?

-¿Células rítmicas? No inventes, esas cosas son de biología... -Respondía incrédula la vampiresa en lo que la princesa se rió de ella en voz baja -Bien, ¿sabes qué? yo no necesito saber de esas cosas para poder hacer música.

-Eso es cierto.

Siguieron caminando, bueno, Marceline en realidad iba flotando, hasta que dieron la vuelta a una esquina y se toparon con algo que llamó la atención de la Reina Vampiro. Nunca lo había visto antes, quizás porque casi nunca pasaban por esta parte del palacio; un grupo de hombres se encontraba durmiendo, todos amontonados contra una de las paredes del castillo. Había de todo, desde jóvenes hasta gente más adulta.

-¿Y estos quiénes son? -Preguntó Marceline mientras se acercaba hasta uno de ellos con la intención de despertarlo.

-¡Marceline, espera! -Le gritó la princesa en voz baja - No los despiertes, por favor. Ven, vamos por otro lado -Y lo siguiente que hizo fue tomar a la vampiresa de la mano, partiendo hacía el lado contrario de esos hombres.

-¿Quiénes eran esos sujetos tan raros?

-Ellos... -la princesa dudo unos momentos.

-¿Ellos...?

-... Siempre están por el castillo, desde hace mucho tiempo, ¿es qué nunca los habías visto?

-La verdad que no.

-Bueno, es que no me pareció correcto -La frase había quedado interrumpida cuando Bonnibel bostezó sin más [*]. Luego continuo. -No creo que sea bueno despertarlos.

-Luces muy cansada, princesa.

-Tú también pareces un poco agotada.

-Puede ser. Es que hoy fue un gran día.

-¿Nadie graba esas presentaciones? Así podría verte.

-Si quieres verme, entonces ven por tu cuenta.

-Sabes que no puedo -luego volvió a bostezar.

-¿La estoy aburriendo, princesa?

-No seas boba Abadeer, hoy para mí también fue un gran y agotador día.

-Si a ti quedarte encerrada todo el tiempo ahí te parece genial, pues vale -Le dijo, y luego se llevó una mano hacía la boca para intentar disimular un bostezo que al final no pudo ocultar.

-Ah, ¿así que te estoy aburriendo, Reina Vampiro? -le espetó esta otra.

-Es que me contagiaste el bostezo.

-Ay Abadeer, que locuras dices -rió más alegremente la princesa.

Siguieron caminando, hasta que sintieron que unas gotas comenzaban a caer sobre ellas. Primero comenzó como una suave llovizna, pero no tardó mucho tiempo en largarse con mucha más intensidad. Las jóvenes se refugiaron bajo un pequeño toldo, esperando a que cesara de llover pero nada indicaba que eso sucediera pronto.

-Mejor sube princesa, te llevaré hasta tu habitación.

Bonnibel se subió sobre la espalda de Marceline, como solía hacer cuando era un poco más pequeña, y esta la llevó volando bajo la lluvia hasta su balcón. En pleno vuelo, un par de truenos se escucharon a la lejanía y Marceline sintió la presión de los brazos de Bonnibel sobre ella. Llegaron y ambas entraron en la habitación. Marceline miraba por la ventana con extrañeza la tormenta mientras que la princesa se estaba secando con una toalla.

-Por ir sobre tu espalda me terminé mojando más.

-Sí, yo en cambio casi ni me mojé -se burlaba esta.

-No creo que podamos hacer mucho ahora.

-Sí, igual es un poco tarde, deberías irte a dormir.

-¿Tu que harás? ¿Quieres que te preste algo para cubrirte de la lluvia? ¿O quizás pedirle a alguien que te escolté hasta...? Dónde sea que vallas...

-¿Perdón? ¿Acaso me estás corriendo de tu casa, princesa? -Marceline le dedicó una sonrisa pícara a lo que la princesa se sonrojó un poco.

-Yo solo decía... ¡Agh! Que boba eres...

Bonnibel fue hasta su tocador a cambiarse, cuando salió la vampiresa aun seguía ahí, mirando por la ventana mientras sujetaba el bajo-hacha entre sus brazos. Al final Bonnibel decidió ignorarla y dejar que hiciera lo que quisiera, después de todo, había leído que los vampiros suelen ser bastante testarudos, siempre buscando hacer lo que a ellos se les plazca, a veces incluso sin importarles las consecuencias.

Marceline se acercó hasta la princesa, quien aún seguía sentada sobre su cama.

-Te veo muy tranquila, ¿qué tal lo llevas?

-¿A qué te refieres? -la miró sin entender.

Un fuerte y estruendoso trueno se hizo presente en el momento, dejando sin habla por unos segundos a las chicas.

-Me refiero a eso -Dijo la vampiresa -. ¿Recuerdas lo histérica que te ponías cuando había tormentas como esta?

-Eso fue hace mucho tiempo... Ya no les tengo miedo.

-Te temblaban las manos y las rodillas, cerrabas los ojos y te tapabas los oídos, y chillabas y chillabas...

-Marceline...

-'Ñeee, tengo mucho miedo, señorita Abadeer, ñeee...' -Se burlaba la vampiresa haciendo una pobre imitación de lo que fue en el algún tiempo la vocecita de la princesa.

-¡Marceline!

La vampiresa no dejaba de carcajearse, así que Bonnibel solo se dio la vuelta y se terminó por acostar. Cuando se calmo se acerco hasta ella, se sentó a su lado y con delicadeza comenzó a pasar su mano por su cabello.

-Mírate ahora. Ya no eres más una niñita llorona, no tanto al menos. Eres la Dulce Princesa, la que todo el mundo adora, por algún motivo. Y por fin te has dignado a llamarme Marceline.

-Yo... -Bonnibel de pronto se puso melancólica, se podía distinguir en el tono de su voz - Quiero ser una buena monarca.

-Lo eres, princesa. Por lo menos eso creo, aunque yo no sepa sobre esas cosas -Bonnibel se dio la vuelta para mirar a la vampiresa. Ambas se quedaron mirándose con tranquilidad unos momentos.

-Gracias por todo, Marceline -entonces la Dulce Princesa, con un poco de timidez, le dedico una pequeña pero tierna sonrisa que hizo sonrojar a la mismísima Reina Vampiro.

-Bonnie...

-¿Si?

-Yo... Me... Quede enganchada en tu cabello otra vez.

-Pff... ¿Cómo es que aún no has aprendido a controlar eso?

-Es que no he practicado lo suficiente.

Con cuidado, la princesa despegó esos largos y pálidos dedos de bajista de su cabello. Una vez más le preguntó qué es lo que iba a hacer ahora, a lo que Marceline se quedó pensativa unos momentos. Miró otra vez hacía afuera donde seguía lloviendo a cantaros y recordó la fiesta a la que estaba a punto de ir, todavía estaba a tiempo de pasar por allí.

-Me iré en cuanto te quedes dormida, solo por si acaso.

-¿Y qué tal si no me duermo?

Marceline le sonrió, luego tomó su bajo y comenzó a tocar una suave melodía. Bonnibel se acomodó entre sus colchas y poco a poco fue cayendo a los brazos de Morfeo, en tanto la vampiresa no dejaba de tocar notas improvisadas. Por un momento intentó recordar aquella melodía que había creado hace ya tanto tiempo, una que también había tocado mientras la princesa dormía, pero parecía que no había caso, no lograba recordarla.

Al día siguiente la princesa se encontraba en el comedor cuando su amiga Arcoíris entró.

-¡Arcoíris! -La saludo con alegría mientras corría a abrazarla - ¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Cuánto ha pasado, dos meses?

-올바른 것입니다. 난 당신이 너무보고 싶었어요!

-Yo también te he echado de menos. Seguro tienes mucho que contarme.

-하지만 먼저, 당신이에 대해 알고 먼저하려고합니다.

-¿Qué es lo que tengo que saber?

Cuando el sol comenzó a ponerse ese día, Marceline acababa de levantarse. Al final no pasó por la fiesta, solo se fue a su casa a descansar y a jugar videojuegos, que era lo que estaba haciendo ahora. Estaba a punto de derrotar al dragón de fuego que lanza bolas de hielo, y poder finalmente pasar al dichoso nivel 80, cuando escuchó que alguien estaba entrada a su cueva. Pauso el juego y se encamino hasta la entrada, para al final darse cuenta de que se trataba de Keila.

-Kei, ¿qué haces aquí?

-¿Qué hago yo? ¿Qué haces tú aquí? -Le dijo mientras le daba un golpe en el brazo.

-Si no recuerdo mal, yo vivo aquí.

-Me refiero a porque anoche te volviste a tu casa y no a la fiesta.

-Pensé que iba a ser aburrido, ¡mira, ya te superé por 7 niveles! -Le decía mientras reiniciaba el juego.

-¿Fuiste a ver a tu princesa? -Le dijo mientras le daba un par de codazos al brazo, sentándose a su lado.

-¿Eh? ¿A qué viene ese tono?

-Ah, por nada…

-Pues claro que fui, idiota. Sabes que tengo que ir porque...

-Sí, si -La interrumpió-, ya sé, el contrato ese que firmaste hace tanto y que ahora te obliga a ir y bla bla bla... Pensé que al menos podías hacer una excepción, después de todo ¿qué tanto se te necesita por allá?

No había pasado mucho tiempo desde que le contó la verdad a Keila, y si que le había costado hacerlo, incluso a ella, que era una de las personas en quienes más confiaba en este mundo, en realidad, una de las muy, muy, muy pocas personas en las que Marceline realmente confiaba.

A pesar de todo el tiempo que ha pasado, aun así no le gustaba cantar a los cuatro vientos el título que le habían obligado a seguir, pero para los desentendidos, Marceline solo iba a 'ayudar' al Dulce Reino con ciertos asuntos que la incluían a ella. En su gran mayoría, la gente llegó a pensar que se trataba de una especie de 'pacto', como si la Reina Vampiro tuviera que ir algunas noches a actuar de mediadora, en un combate que por el momento se mantenía democrático entre los monarcas del Dulce Reino, y los soberanos de la Nocehosfera. Otro grupo (que ahora se había vuelto bastante reducido) sigue sosteniendo que se trata de alguna clase de confabulación macabra, que terminara en una horrible dictadura sobre todo oOo, y que además durante todo ese tiempo transcurrido se había vuelto amiga de la Dulce Princesa de pura casualidad (o como parte del perverso plan).

Las opiniones eran muchas, sin embargo parecía ser nadie era capaz ni de formular una conclusión más cercana a la verdad, la cual solo era conocida por unos pocos, entre ellos todos los involucrados, y ahora Keila.

"¿Qué tanto me necesitan por allá?" Se repitió mentalmente la pregunta la vampiresa.

-Bueno... -Marceline no sabía que contestar.

-¿Sabes quién ha preguntado por ti en la fiesta?

-¿El de la barra?

-No... Ash, ¿lo recuerdas?

-¿Ash? -La vampiresa intentó seguir concentrada en su juego cuando de pronto lo recordó.

Ash. Ese chico con el que había salido varias veces en el pasado y que luego resultó ser un completó patán. Pensó que ya había salido de su vida por completo. Marceline se quedó en blanco un par de segundos mientras se distraía con varios recuerdos que la asaltaban, cuando de repente un fuerte sonido proveniente del juego la despertó de la ensoñación. Ahora la pantalla se veía todo de color negro y con letras ensangrentadas se podía leer 'GAME OVER', mientras sonaba la musiquita de la derrota. Marceline lanzó enfurecida al maldito mando del aparato contra el suelo.

-Entonces, ¿si te acuerdas? -Preguntó burlona Keila.

-Sí, lo recuerdo. ¿Qué hacía ese tonto en esa fiesta?

-Nos dijo algo de que estaba de vuelta por el vecindario, o algo así... Tú sabes cómo es él.

-Sí que lo sé -refunfuño.

-¿Qué es lo que había pasado entre ustedes?

-Solo... salimos un par de veces, nada raro.

-¿A ti te gustaba?

'Sí, sí que me gustaba.' Pensó Marceline. No hizo falta que lo dijera, su amiga ya había leído lo que decía su mirada. Le había gustado... Joder, por un tiempo de verdad que le había gustado, pero al menos se dio cuenta del tipo de persona que era justo a tiempo. Aun así...

-Eso ya no importa -Le respondía mientras flotaba hasta su sofá donde se recostó rendida.

-Lo vi... Diferente.

-¿Cómo? -Le pregunto mientras recuperaba el interés en la conversación.

-Bueno, siempre fue de dárselas de galán, pero no lo sé... Está un poco diferente a como lo recuerdo.

-Ah, ya veo... -La vampiresa volvió a sonreír y recuperó su tono burlón -Ahora te gusta, ¿verdad? Viniste hasta acá solo para ver si tenías mí aprobación para salir con un ex de tu gran, mejor, encantadora y súper genial amiga.

-¡Eh, que eso no es cierto! -Le dijo mientras le tiraba un almohadón que estaba en el suelo a la cara, cosa que la vampiresa esquivó con facilidad -Yo solo te estoy comentando, para que no digas después que no te lo dije.

-Oh, gracias -decía mientras imitaba la voz de algún miembro de la aristocracia -. Le estoy muy agradecida, mi lady. Pero no hace falta que se preocupe tanto por mí, no quisiera entorpecer sus importantes actividades, pensamientos y prioridades en banalidades de esta índole.

Keila comenzó a partirse de la risa con la imitación de Marceline, luego se paró del suelo y se limpió la falda que traía puesta.

-Creo que alguien pasó mucho tiempo en el palacio -Decía aun entre risas -. Como sea, si tú dices que no importa, te creo -miró con detenimiento la biblioteca que ahora había llamado su atención -. Es acaso mi imaginación, ¿o de verdad tienes más libros?

-Los que sobran son de Bonnie.

-¿Bonnie?

-Ya sabes, la Dulce Princesa.

-Ah... No sabía que se llamaba 'Bonnie' -Dijo acentuando con un toque de ironía esta última palabra.

-En realidad es Bonnibel.

-Ya, ok... Entonces, 'Bonnibel' ¿te presta sus libros?

-Los olvido aquí la última vez que vino -contestaba Marceline con un tono completamente despreocupado.

-Ah, ya veo -Contesto a la vez que arqueaba una ceja-. Eso lo explica todo... Bueno, me tengo que ir. Luego nos vemos -Justo antes de que se marchara, se dio la vuelta y miró a su amiga acostada en el sillón -. Oyé Marcie... -Está, que tenía los ojos cerrados, los abrió cuando Keila la llamó.

-¿Qué?

-Tú, acaso... ¿Has guardado la partida en el juego?

-Amm, creo que no.

-Entonces aun te sigo superando, perdedora.

Dicho esto se fue carcajeando mientras Marceline maldecía su mala suerte.

Esa noche partió hacía el Dulce Reino, donde antes de entrar al palacio se encontró en el camino a un Dulce Rey agachado frente a unas flores, parecía que las estaba recogiendo o algo así. Marceline no pudo evitar la tentación y se convirtió en una suerte de sombra que siguió al monarca por todos lados. Este, después de un rato comenzó a sentirse bastante incomodo, notaba que algo no andaba bien, y cuando se volteo rápidamente cuando creyó haber visto algo por el rabillo del ojo, la Reina de los Vampiros se le apareció por el otro lado convertida en un horrible demonio, haciendo que al Rey le faltará el aire por un momento del susto provocado.

-¡Tú no tienes respeto ni por un pobre anciano!

-Lo siento, no lo resistí -se carcajeaba la vampiresa -. Parece que no conoces todos mis trucos.

-Solo ten más cuidado -Entonces el Rey miró el reloj que traía en su bolsillo -. Anda, llegas temprano y todo. Hace mucho que no lo haces.

-¿Quiere que lo escolté dentro del castillo, reycito?

Antes de que este le diera una respuesta, lo tomo por los hombros y lo alzó hasta una altura innecesariamente alta, luego se dejo caer en picada hasta el suelo, directo al castillo y al final, antes de tocar tierra, la vampiresa fue frenando el descenso hasta que suavemente y con delicadeza dejo parado a un Rey paralizado de miedo.

-¡Glob! ¿Cómo es que mi sobrina tolera esto? -Decía el rey mientras se tomaba con una mano la cabeza y con la otra el estomago.

-Ella es más fuerte que tu, Gumbald -Respondió entre risas la vampiresa.

-Bien, eso es cierto.

-Bueno, imagino que Bonnibel está en el laboratorio así que...

-De hecho, salió esta mañana con Arcoíris y aun no ha vuelto.

-¿Enserio?

-Si quieres puedes esperarla, no ha de tardar mucho. Mientras, ¿te ofrezco algo?

-Mmmh, pues cualquier cosa estaría bien, no he comido nada en todo el día.

El Rey pidió al mayordomo Pancito que trajera comida para ambos, al cabo de unos momentos volvió a aparecer con dos bandejas, una especie de papilla caliente para el Rey y una selección de frutos rojos para Marceline. En lo que ambos se sentaron sobre la gran mesa del comedor Marceline recordó algo.

-Oye Gumbald, ¿sabías que hay un grupo de hombres raros a fuera del palacio? -Decía mientras se llevaba la comida a la boca.

-¿Hombres raros? -Se preguntó el Rey desconcertado -Oye, espera un momento. Primero intentas matarme de un infarto ¿y luego pretendes burlarte de mi gente frente a mis narices?

-Hablo enserio. ¿Qué no los has visto? Bonnie dice que siempre andan alrededor del castillo.

-Oh, ya entiendo. Te refieres a esos hombres que se la pasan por aquí cerca, ¿no?

-¿Quiénes son?

-Son los pretendientes de mi sobrina.

-¡¿Qué?! -Dijo esta al mismo tiempo que apretó con fuerza un par de cerezas en su mano, las cuales reventaron como si de dos bombas se trataran.

-A que impresiona, ¿verdad? Tan joven y ya con tantos tras de ella -Continuaba el Rey totalmente indiferente a su reacción.

-¡Pero...!

-Aunque más raro se me hace que no te hayas dado cuenta -La interrumpió -, después de todo están aquí desde antes que tú vinieras al castillo.

-¡¿Cómo?!

-En realidad creo que ya había una fila de candidatos antes de que naciera Bonnibel... Mmm... Ya no lo recuerdo.

-A ver, a ver, a ver, a ver, detente ahí un momento. ¿Esto no es un chiste? ¿Realmente puede haber gente que haga este tipo de cosas?

-Bueno, es común, ¿no? Seguro que también debe haber mucha gente que anda detrás de la Reina Vampiro, ¿verdad?

-Pero... ¡Pero es que no lo entiendo! ¿Acaso Bonnibel...?

-¡Marceline! -La voz de la Dulce Princesa se escuchó del otro lado de la habitación.

-¡Oh, Bonnie! -Decía el Rey más animado - Mira que coincidencia, estábamos hablando de ti.

-¿En serio? -Preguntaba mientras se acercaba más a ellos - ¿Qué comentaban?

-Comentábamos sobre -El Dulce Rey no terminaba de decir la frase cuando fue interrumpido por la vampiresa.

-¡Sobre que llegó Arcoíris! Qué suerte, ya era hora, tanto tiempo sin tenerla cerca... ¿E-es acaso un tipo de bruja o hechicera? Porque no cualquiera te saca tan fácil de esa cueva científica tuya.

-Mira quién habla de vivir en cuevas. Llegas temprano, me sorprendes.

-Sí, sí, bueno. ¡Hay que aprovechar las horas entonces! Vámonos de aquí.

-De acuerdo. Deja que me cambie y salgamos por ahí.

Marceline esperó abajo hasta que la princesa volviera, el Dulce Rey también se había marchado. Ya había perdido todo el apetito. Se sentía bastante ridícula, no entendía porque se había puesto nerviosa hace unos minutos.

"¿Qué rayos me está pasando?"

Bonnibel volvió a aparecer vistiendo ropa más cómoda de la que traía antes. Se acercó hasta donde estaba flotando Marceline, quien tenía la mente en otro lugar. Llamó su atención jalándola del cabello, con lo cual obviamente la vampiresa se quejo, haciendo reír a la princesa.

-¿Qué tal tu día con Arcoiris? -preguntó esta ya un poco más relajada.

-Fue genial. De verdad la echaba mucho de menos. La estaba por invitar a cenar, pero tenía otro compromiso. ¿Y qué tal tú día?

-Atravesé todo el bosque encantado de las brujas y luche contra un colosal dragón de fuego que me atacaba con bolas gigantescas de nieve y hielo macizo.

-¿Estuviste todo el día jugando videojuegos?

-¿Que querías que hiciera? Si me quede dormida toda la mañana. Los vampiros también podemos ser de buen dormir, ¿sabes?

-¡Oh, por cierto! Antes de que lo olvide. El sábado Arcoíris dará una fiesta, todo el mundo está invitado, y por supuesto nosotras igual.

-¿Nosotras?

-Vamos, será la primera vez que hacemos algo como esto juntas, ¿qué dices?


[*] Bonnie también me contagió el bostezo _

Hasta aquí, por ahora. Gracias por tomarse el tiempo ^^

Si pudiesen dejar algún comentario, critica, opinión o lo que sea, eso ayudaría muchisímo :) Y gracias como siempre a los que siguen el fic :D que eso siempre anima!

Ya no sé cuando es que volveré a actualizar. Podría ser la próxima semana, o la siguiente... O mañana mismo ._. No lo sé xD Ahora que se acerca cada vez más el fin de año, seguro que andaré con más tiempo. Un saludo a todos! ^^