Hola! Espero que les guste :3


Capitulo 10:

-¿Estas lista?- Susurro Marceline al oído de la princesa, mientras que la sujetaba con ambas manos sobre sus hombros.

-S-si... Eso creo -Contestó con voz trémula.

Marceline había llevado a Bonnibel hasta la entrada del enorme y espeluznante lugar conocido como el Bosque de las sombras. Los árboles se levantaban imponentes de un color oscuro y aspecto muy seco, el viento que soplaba entre las ramas simulaba el sonido de gemidos agonizantes, y la luz de luna apenas si tenía lugar allí dentro, volviéndose las tinieblas mucho más densas con forme uno se iba adentrando.

-Odio este lugar. Esta tan...

-Oscuro. Ya lo sé, por eso te traigo. Como aun no te manejas muy bien en la oscuridad, no se me ocurre mejor manera de enseñarte cómo hacerlo, que no sea de esta forma.

-Bien, ¿qué se supone que debo hacer esta vez? -Preguntaba la princesa luego de suspirar resignada.

-Solo buscarás una rosa mágica que escondí por ahí -Contestó Marceline -. Entras, la encuentras, intentas no desmayarte y sales. Es pan comido. Yo te esperaré aquí afuera.

Bonnibel respiraba profundamente, intentando calmar sus nervios. Sentía de alguna manera que las sombras ya la estaban consumiendo sin ni siquiera haber entrado en ellas, además un frío fantasmagórico le cruzaba la espalda. Estaba muy tensa. La vampiresa, en un intento por relajarla, comenzó a masajear los hombros de la joven.

Es curioso, pensaba la princesa, que a pesar de que Marceline siempre tiene las manos frías, aun así podía sentir una sensación cálida que pasaba de su piel a la suya. Efectivamente, eso la tranquilizó, y ahora a paso lento pero firme, comenzó a entrar en el bosque.

Mientras Bonnibel hacía su recorrido, Marceline la esperó a fuera, atenta a que en cualquier momento esta comenzara a gritar por ayuda, como siempre lo hacía. Se estaba debatiendo en si ir a buscarla, o esta vez dejar que solucionara la situación ella misma. En el fondo sabía que si seguía inclinándose por la primera opción, las cosas no mejorarían, no encontraba otra manera, pero tampoco es como sí sus nervios le permitirán quedarse sentada sin hacer nada cuando escuchaba a la princesa rogando por ayuda. Se sentó sobre la rama de uno de los árboles más cercanos para descansar del viaje hasta ese lugar, cuando recordó lo que Bonnie le había pedido antes de que salieran del castillo.

"...El sábado Arcoíris dará una fiesta, todo el mundo está invitado, y por supuesto nosotras igual.

-¿Nosotras?

-Vamos, será la primera vez que hacemos algo como esto juntas, ¿qué dices?..."

¿Ir o no ir a una fiesta de princesitas? He ahí el dilema. No es como si a ella no le agradaran las fiestas, todo lo contrario en realidad, pero ¿una fiesta organizada por Arcoíris? De hecho, ni siquiera conocía del todo a la que se hace llamar la mejor amiga de la Dulce Princesa, nada que no fueran las cosas que Bonnibel le contaba sobre ella, pero podía llegar imaginársela con lo poco que sabía de todas formas. Después de todo, con solo ver a la gran mayoría de las princesas en todo oOo, uno se podía dar una idea. Todas siempre tan inocentes, bobaliconas, histéricas, rectas y adorables. Sacando cuentas, una fiesta organizada por alguna de ellas tenía que ser el colmo de lo empalagoso y por supuesto, Marceline jamás entraría dentro de esas casillas.

¿Qué podría estar haciendo la Reina de los Vampiros en ese desfile de lindura casi absurda, colores pasteles y brillantina? Quizás solo estaba exagerando, pensó unos momentos. Tal vez si iba a esa fiesta, incluso con el simple hecho de su presencia, las cosas cambiarían, podía hacerlas cambiar. Y además iba a estar Bonnibel, que si bien es cierto que ella entra a la perfección en la descripción de las demás princesas y reinas, ella era diferente. Un poco más dulce que las demás, -por lo obvio- puede ser, pero aparte de eso había algo más en ella. Algo que al parecer Marceline no podía dejar de notar, aunque le costaba encontrar las palabras exactas, pero que indiscutiblemente existía.

Estaba tan metida en sus pensamientos que no notó como una luz bajo sus pies se estaba acercando lentamente hacia ella, solo se percató de esta cuando ya estaba demasiado cerca para ignorarla.

-¿Qué demonios es eso? -Se preguntó la vampiresa. La luz siguió acercándose, pasó justo debajo de ella y termino por salir del bosque. Solo entonces se dio cuenta de que la luz provenía de una especie de farol que estaba siendo sujetado por la princesa. Bonnibel suspiro aliviada cuando finalmente logró salir de ese espantoso lugar. Se sentó sobre el césped que todo lo rodeaba y dejo a un lado el farol. Marceline bajó del árbol y se acercó a hasta ella con el seño fruncido.

-¿Qué se supone que has hecho, princesita? -Le preguntó en un tono que dejaba advertir su enfado.

-¡L-lo hice! Encontré la rosa y salí del bosque -Le contestaba mientras controlaba su respiración.

-¿No te parece que fuiste muy rápido?

-Es que fue muy fácil. No la has escondido tan bien como crees, además...

-¡No te hagas la tonta! ¿De dónde sacaste esa cosa? -Señalo el extraño farol.

-¿Esto? Lo acabo de fabricar con cosas que encontré en el bosque.

-¿Lo fabricaste? -Le preguntó extrañada la vampiresa mientras tomaba el artilugio entre sus manos.

-Veras, estaba a punto de gritar para que vinieras a buscarme, no me... No me sentía capaz de continuar caminando entre la oscuridad. Pero justo antes de hacerlo caí sobre un nido de luciérnagas del bosque, se levantaron y comenzaron a iluminarlo todo. Junté algunas y construí esta jaula para mantenerlas encerradas y que siguieran iluminando mi camino. ¿No es lindo?

-Claro que no lo es, hiciste trampa.

-No es cierto... Tú no dijiste nada acerca de que no podía hacer algo como esto.

-Es trampa y lo sabes -Marceline se acercó hasta la princesa y comenzó a darle pequeños y seguidos golpes sobre la cabeza -. Eres una mala, mala, mala, mala, mala, mala, mala, mala, mala, mala, mala...

-¡Y-ya basta Marceline! -Se quejo la princesa mientras intentaba detenerla inútilmente.

-Espera un poco... Mala, mala, mala, mala, mala, muy mala princesa -le terminó de decir con un último y fuerte golpe.

-¡Auch! Qué mala eres.

-¿Yo soy mala? Si la tramposa eres tú.

-¡Qué no es trampa! -Bonnibel puso la mano en el bolsillo de sus pantalones y saco de allí la rosa que le habían mandado a buscar -. Encontré la dichosa rosa, superando los obstáculos utilizando una ingeniosa herramienta que acabo de inventar. Logré tu tonto reto.

-¿Tonto? Pues no será tan tonto cuando te encuentres enserio encerrada por la oscuridad un día de estos -Le terminó diciendo la vampiresa mientras le quitaba la rosa de las manos y le clavaba los colmillos, haciendo que en un instante su refulgente color rojo desapareciera.

-Como sea, ¿qué otro reto me tienes preparado para hoy? -Preguntó la princesa mientras liberaba a las luciérnagas de su prisión.

-¿Te refieres a otro de mis tontos restos? Olvídalo.

Dicho esto, Marceline comenzó a alejarse supuestamente ofendida hacia el lado contrario del bosque. Bonnibel fue detrás de ella llamándola, pero esta otra no le hacía caso. Finalmente después de un rato intentando alcanzarla, la vampiresa de detuvo, se dio la vuelta y fulmino a la princesa con la mirada mientras que permanecía de brazos cruzados.

-Lo siento Marceline, ¿de acuerdo? Por favor no te enojes -Le suplicaba Bonnibel un tanto cansada de perseguirla.

-Mmmh… Está bien -Respondía aun haciendo se la ofendida -. Pero tendrás que tratarme mucho mejor si quieres que te acompañe a esa fiesta.

-¿Qué?... Entonces, ¿si irás a la fiesta de Arcoíris?

-A menos que cambie de opinión...

Bonnibel saltó emocionada hasta donde estaba Marceline, que se encontraba flotando a pocos metros de ella, abrazándola alrededor de su cuello y riendo de entusiasmo. Marceline se quedó estática, no se esperaba esta reacción de la princesa.

-Será divertido -Le decía Bonnie mientras se separaba de ella -. Ya varas que sí.

-Claro... Más te vale, princesita.

La noche de la fiesta, Marceline había intentado llegar lo más puntual posible hasta el castillo, donde desde allí partirían hacia la casa de Arcoíris, aun así se había tardado un poco por haberse entretenido asustando a un grupo de duendes que encontró por el camino. Al menos eso la animo un poco, puesto que no sabía que le esperaría en esta noche. Cuando finalmente se encontró con la princesa, quien imagino que esta llegaría tarde, así que se quedó leyendo un libro sentada en el gran salón. Al verse, ambas se miraron de pies a cabeza.

-¿Así vas a ir vestida? -Se interrogaron las dos al mismo tiempo.

-¿Yo? Pero si eres tú la que parece que no va a ningún sitio. Estás vestida como... ¡Como todos los días! -Le recriminaba la princesa.

-Pues claro. ¿Qué creías? Aparte no tienes nada que recriminarme, si tú vas vestida como si fueras a la alfombra roja -Se quejó Marceline.

-Pero... Ethel dijo que era un evento especial.

-¿Ethel?

-Si... Así se llama Arcoíris. ¿No te lo había comentando ya?

-Como sea... Ve a cambiarte, aun tenemos tiempo.

-¡Pero si yo no soy la que tiene que cambiarse!

-Vamos princesita, es una fiesta, suéltate un poco. Si yo voy casual, lo mejor es que tú también lo hagas.

-¿Y si yo te prestase ropa?

-¡No, eso jamás!

Dicho esto la vampiresa se acercó a la princesa y de un rápido movimiento, rasgo la tela de la parte baja de su vestido rosa, dejándolo mucho más corto y desalineado sin que la princesa llegara a poder hacer algo al respecto. Esta se quejó de inmediato, pero Marceline ignorando sus reclamos, se quitó el cinto ancho de tachas que tría puesto y a pesar de los forcejeos de Bonnibel, se lo terminó colocando al rededor de su cintura, remarcando ahora mucho mejor las curvas de la princesa y haciendo que el vestido se viera mucho menos formal. Marceline no pudo evitar sonreír al verla.

-Ahora te ves... Mucho más casual.

-Arruinaste mi vestido -Refunfuñó la princesa, pero que al verse mejor decidió no seguir poniendo objeciones.

-¿Lo arruine? o ¿lo mejoré?

-Tú misma le darás cada puntada para arreglarlo.

-Ya quisieras... Tus zapatos me gustan, aunque creo que si me dejarás hacer algo con tu cabello... -Le decía mientras se acercaba con malicia.

-¡No, aléjate! -Le espetó alejándose de ella, levantando los brazos para evitar que la tocase.

Marceline comenzó a carcajearse con el enojo de la princesa, cuando del otro lado de la habitación apareció un viejo monarca, quien por alguna razón que por el momento se desconocía, estaba usando un disfraz de oveja. Ambas chicas lo miraron con incredulidad.

-Así que están de fiesta esta noche, ¿verdad? -Marceline no podía reírse del disfraz del Rey, era simplemente absurdo -. Claro, ustedes se van y me dejan aquí solo y aburrido.

-¿Acaso te gustaría venir, tío Gumbald? -Pregunto la princesa con completa sinceridad.

-Me encantaría, siempre soy el alma de las fiestas -Está vez la vampiresa sí que largo una carcajada -. No me subestimes Reina Vampiro, iría pero sabes que hoy tengo mi sueño embellecedor, princesa.

-Ah... Claro. Lo había olvidado.

-Diviértanse ustedes, traten de no causar demasiados líos.

-Sí, claro... Ya no puedo esperar -Decía Marceline con sarcasmo.

-Nunca serás el alma de la fiesta con esa actitud, no digas que no te lo he dicho -Se mofaba el Rey.

-Claro, claro, lo que tú digas... -Rió la vampiresa.

Las chicas se disponían a marcharse, cuando el Dulce Rey reparo en el vestido de su sobrina, el cual ahora lucía bastante diferente al que estaba usando hace unos momentos la última vez que la vio.

-Mmmh... Oye, Bonnibel -La llamo por detrás.

-¿Si? Dime, tío Gumbald.

-Tu... -Comenzó a decir mientras la miraba de arriba a abajo -Este... No, no es nada, olvídalo. Marceline, más vale que cuides de mi sobrina.

-No te preocupes por eso -Le dijo dedicándole una sonrisa que dejo un poco intranquilo al Rey. Confiaba plenamente en su sobrina, también en su real acompañante, pero de todas formas, esta seguía siendo la primera vez en la que ambas iban a una fiesta de las de este tipo.

-¿Se irán en uno de los carruajes?

-¿Carruajes? Pff... -Se mofó la vampiresa. En ese instante, tomo a la princesa desprevenida y la levanto en brazos. A pesar de lo mucho que había crecido, seguía siendo tan ligera como la que fue aquella pequeña niña, o al menos para Marceline se sentía así. - Así es más sencillo.

Bonnibel se sujetó con fuerza del cuello de Marceline ante el repentino movimiento, pero ni ella ni el Dulce Rey llegaron a quejarse cuando esta salió volando por una de las ventanas del castillo.

-¡Marceline, no por favor! ¡Qué con este vestido...!

Pero ella no la escuchaba, simplemente se reía con esa carcajada macabra y divertida a la vez, esa que solamente ella parecía poder lograr. Aquella situación no lo hacía con pura mala intención, solamente buscaba divertirse, como siempre.

Al llegar al lugar, las chicas se sorprendieron al ver la cantidad de personas y vehículos variados que había afuera. Había una cola inmensa de personas que querían ingresar, se podía escuchar la música que provenía desde dentro a la distancia, y unas luces de colores iluminaban la entrada al mejor estilo del glam antiguo. Bonnibel se acerco con cautela mientras que Marceline la seguía, aunque notaba que estaba todavía algo molesta por la forma en la que la había 'secuestrado' del palacio, y por haberla dejado viajar todo el camino incomoda por su corto vestido.

-Bonnibel... -Intentó llamarla, pero una voz un poco más fuerte la interrumpió.

-¡Dulce Princesa! -Una criatura con el cuerpo de un hombre y la cabeza de un caballo, se apareció de repente de entre las personas con los brazos extendidos para saludar a la princesa - Por un momento pensé que no llegarías.

-Lo sé -La princesa miro de costado a Marceline -. Sé que es un poco tarde de lo que suelo llegar.

Ambos personajes se quedaron conversando unos momentos mientras que Marceline pasaba indiferente, cuando escuchó que alguien la llamaba. Al darse la vuelta, vio con sorpresa que se trataban de sus fantasmagóricos amigos, Wendy, Boo Boo y Georgy.

-¿Chicos? ¿Pero que hacen aquí? -Les preguntó sin poder entender del todo.

-¡Pues venimos a la fiesta, genio! -Le respondió Wendy.

-No pueden estar hablando enserio... ¿Desde cuándo vienen a este tipo de fiestas?

-Es un chiste, ¿cierto? -Se burlaba Georgy - Las fiestas organizadas por los lluviacornios siempre terminan siendo súper épicas. Por eso no son muy frecuentes.

-Me están cargando... ¿Enserio? -Seguía preguntando la vampiresa sin creerlo todavía.

-¡Sí! Súper épicas y súper imposibles de entrar.

-Sí, no dejan pasar a cualquiera... Aun así siempre lo intentamos -Decía Boo Boo.

-Pero, ¿y tú que haces aquí? ¿Planeas entrar también?

-Bueno, básicamente -Contestaba la vampiresa.

-Por favor, solo porque eres la Reina de los Vampiros y todo, ¿crees que te dejaran entrar? -Decía Georgie entre risas.

-Quizás, a lo mejor si… -Comentaba Boo Boo.

Wendy miró detrás de Marceline y vio que se encontraba la Dulce Princesa hablando con quien vendría a ser uno de los guardias de la entrada.

-Ah... ¿Vienes con ella, cierto? -Le preguntó inquisitiva Wendy.

-¿Q-qué? -Marceline volteo a ver a la princesa también -N-no... Bueno, en realidad... -Estaba intentando explicar que no había venido con ella de la manera en la que Wendy le dio a entender.

-Lleva puesta una corona, seguro es amiga de Ethel Arcoíris, ¿verdad?

-Bueno, sí lo es, pero... -Marceline comenzó a titubear, y antes de que se diera cuenta, Wendy ya estaba yendo hacia donde se encontraba Bonnibel.

-¡Princesa! Por fin te encuentro -Le decía esta mientras cruzaba un brazo por sus hombros en señal de complicidad. Bonnibel solo se retrajo un poco, confundida por la situación.

-¿Disculpa? -Le preguntó esta con extrañeza.

-Si no fuera porque te vi con Marceline no te hubiera reconocido, ¡te ves excelente con ese vestido!

-Ah... Gr-gracias -Le contestó, luego busco con la vista a Marceline y le preguntó: Marceline, ¿la conoces?

-¡Vamos princesa, no seas tan cruel! Somos nosotros, Georgy, Boo Boo y Wendy -Le decía la fantasma mientras señalaba a los demás.

-Amm... Si, princesa. Son amigos míos -Le dijo Marceline mientras se acercaba un poco más a ella, tratando de que el guardia no los escuchara.

-¿Todos vienen contigo, DP? -Le pregunto el hombre con cabeza de caballo.

-Pues... Parece que sí.

-¿Podemos entrar? -Preguntó la vampiresa.

-Claro. Cualquier amigo de la Dulce Princesa puede pasar, según me indicaron.

-¡Alucinante! -gritaron los tres fantasmas al unísono.

Mientras el guardia les abría paso entre la multitud hasta la puerta, Marceline se acerco para susurrarle al oído a la princesa.

-¿A qué te referías cuando dijiste que todo el mundo estaba invitado? Si hay cualquier cantidad de personas esperando afuera.

-Es la primera vez que voy a una fiesta organizada por alguien de la familia de Arcoíris, me dijeron que son grandes, pero no me imaginaba algo como esto -Le respondió.

Al pasar todos quedaron sorprendidos con el lugar. A pesar de que solo era la casa de la familia de los Arcoíris y que esta no era tan grande como lo era por ejemplo el palacio del Dulce Reino, aun así era bastante amplio, y aun con la cantidad de gente a fuera también estaba lleno a dentro. El ambiente se veía genial, con un toque místico y glamoroso mezclado con otro poco de estilo punk, toda la casa estaba tan bien iluminada que parecía un club nocturno de verdad, ya había varias criaturas de todo tipo bailando al ritmo de la música, la cual por cierto no estaba nada mal al criterio de Marceline, otros permanecían sentados en unos grandes sillones, bebiendo y conversando. Movimiento no faltaba, pero apenas comenzaba la fiesta.

-¡Súper! Es mejor de lo que esperaba -Comentaba Boo Boo.

-Carajo, mira las luces. ¡Es alucinante! -Gritaba Georgy mientras daba vueltas en círculos.

-Sí, gracias por el pase libre, princesa -Le dijo Wendy a Bonnibel mientras le daba un par de codazos al brazo. Está solamente se rió un poco en respuesta.

-Hay que ver como sigue, pero no está mal, princesita -Le decía Marceline al oído. Está no le contestó nada, solo apretó los labios y miro hacia otra parte -Bonnibel, no me digas que sigues molesta.

Antes de que esta pudiera responderle algo, escuchó que otra voz la llamaba sobre la alta música, una voz imposible de no reconocer. Al voltearse, vio a Arcoíris y a otro grupo de princesas que la llamaban desde otra esquina. Bonnie volvió a mirar a Marceline, le sonrió sin alegría para despedirse y se fue hacía donde estaban las demás. Marceline, quien terminó por dedicarle un bufido en señal de enojo, se fue por otro lado.

La noche continuó avanzando y la fiesta subía cada vez más de tono, ahora todo el mundo estaba bailando, bebiendo y divirtiéndose como sea, como si no hubiera un mañana. La Dulce Princesa estaba sentada junto con Arcoiris y otro grupo de personas riendo a carcajadas de cualquier estupidez, cuando uno de aquellos sujetos apareció entre ellos sujetando una enorme caja, soltándola con fuerza sobre la mesa que estaban rodeando.

-¡Oigan, miren esto que encontré! -Dijo este sujeto mientras sacaba de la caja unas botellas alargadas y pintadas de un color verde oscuro, tapadas a penas con unos corchos de color rojo - ¿Qué rayos es esto?

-¿De dónde sacaste eso? -Preguntó Arcoíris, quien se había puesto un traductor universal pegado a su garganta para la ocasión.

-No lo sé, estaba en una habitación de por ahí.

-Esas son botellas de multi-licor, una bebida especial de los lluviacornios -Le respondió Arcoíris mientras acercaba la caja hasta ella.

-¿Multi-licor? ¡Genial, quiero probarlo! -Dijo una de las princesas allí sentadas.

-Debo advertirles chicos. Los lluviacornios tomamos esta bebida como si de jugo de manzana se tratara, pero desconozco su efecto en otras especies.

-Pues hay que averiguarlo.

Dicho esto, todos allí tomaron un par de vasos, una botella cada uno, y comenzaron a esparcir la bebida hacia todos los presentes. La mayoría alegaba que tenía un sabor extraño, como una rara mezcla entre dulce y amargo sin llegar a ser 'agridulce', pero incluso para quienes ya habían perdido la cuenta de cuánto fue lo bebido, un solo trago les hizo dar vueltas, parecía casi como una droga re-energizante. El sujeto que encontró las botellas en primer lugar, se acerco hasta donde se encontraba la Dulce Princesa, quien no había probado del multi-licor por el momento.

-Princesa, ¿no vas a probarlo si quiera? -Le preguntó mientras se sentaba a su lado.

-No, gracias -Le respondió con amabilidad.

-¿Pero por qué?

-Pues... El multi-licor típico de la cultura de los lluviacornios, cuando es tomado por especies diferentes a sus originales consumidores, puede llegar a causar fuertes mareos, grave entorpecimiento de los sentidos y motricidad, falla del sentido de orientación, cuadros de amnesias temporales...

-Si, como cualquier bebida alcohólica -Le interrumpió este.

-Y también fallos en la sinapsis cerebral, irritación, ampollas, alergias, cegueras temporales, principios de síntomas esquizofrénicos, y obstrucción de arterias o explosión de colon... En los casos más extremos.

-Ah... -El joven se tomo de la cabeza, se sentía un tanto preocupado ahora, pero luego continuo bebiendo un poco más - ¿Cómo sabes esas cosas?

-Bueno… He leído un poco sobre eso -Contestaba la princesa un tanto avergonzada.

-Pero entonces, si tomas solo un poco, ¿No pasara nada de eso último?

-Pues... No, no lo sé, en teoría quizás no...

-Entonces pruébalo, aunque sea solo un trago -Le animaba entusiasmado mientras le acercaba su vaso.

-No podría... -Intentó decir la princesa.

-Vamos Dulce Princesa, solo es por diversión.

Bonnibel recordó entonces que Marceline le había dicho algo parecido a eso antes de venir. "Es una fiesta, suéltate un poco."

La vampiresa por otro lado no paraba de hacer estragos. Cada vaso que tomaba lo terminaba rompiendo sobre la cabeza de algún desconocido, algunos se quejaban pero otros ni se daban cuenta, igualmente se partía de risa. Sus fantasmagóricos amigos no podían beber, obviamente, pero se divertían viéndola a ella hacerlo, le recordaba a sus antiguas épocas cuando sus cuerpos también se dejaban caer ante los efectos de unas buenas dosis de fuerte alcohol, así que estos eran los encargados de mantener el suministros de bebidas de Marceline a flote, y no había ningún problema, puesto que la vampiresa era bastante resistente ante cualquier trago. Pero esta noche, Boo boo le había conseguido algo para beber diferente y desconocido. Al probarlo, no pudo evitar fruncir el rostro ante el sabor.

-Mierda Boo, ¿qué demonios es esto? -Le preguntaba mientras olfateaba el extraño líquido. Olía como frutas.

-No sé, pero todos lo están tomando por allá -Le contestó este -. ¿A qué sabe?

-¿Y eso a ti qué? Seguramente ya has olvidado lo que son los sabores.

-¡Oye, no digas eso! -Le refutaba Boo boo -Sabes que me deprime pensar en todo lo que me pierdo por ser lo que soy ahora.

Marceline le sonrió burlona y volvió a tomar un largo trago de la botella, lentamente saboreando el extraño sabor, sintiendo como su pecho ardía hasta que no pudo seguir aguantando, exhaló con fuerza sintiendo como el aliento ahora le apestaba a multi-frutas, después miró a su amigo mientras repasaba su larga lengua limpiando sus húmedos labios.

-¡Delicia, dulce elixir de los dioses, orgasmo masivo, experiencia única de vida! -Comenzó a proclamar la vampiresa haciendo que su amigo se enfadara.

-¡Cuanta crueldad, Marceline! -Le decía Wendy mientras se burlaba de todo el asunto -Vamos Boo boo, tómatelo con calma. No seas aguafiestas.

-¿Dónde está Georgy? - Preguntó este un poco más calmado.

-Mira, por allá viene -Le señalo Wendy.

Georgy se apareció con el semblante notablemente decepcionado.

-¿Qué te paso? -Le preguntaba Marceline entre risas.

-Fui rechazado -Sentenció Georgy.

-¿Otra vez? -Se burlaba ahora Boo boo -Hombre, no entiendo cómo es que no te das por vencido.

-Ríete, pero al final siempre soy yo el que termina ligando más que tú.

-¿Y ahora que harás? -Le preguntó Wendy.

-Pues hacer lo propio.

-¡Seguir al asecho! -Le gritaron sus tres amigos para terminar riéndose.

-¿Y quién será la próxima desgraciada? -Le decía Boo boo aun riéndose.

-Mmmh... Pues, estaba pensando en esta otra chica. Es una dulzura -Decía Georgy mientras le guiñaba un ojo a sus amigos.

-Espera... -Marceline paró de beber en ese momento - No estarás hablando de...

Wendy comenzó a carcajearse escandalosamente cuando se dio cuenta de a quien se refería.

-¡No puede ser! -Le decía esta -No puedes estar hablando enserio. ¡¿De veras te gusta?!

-¿Por qué te interesa alguien como la Dulce Princesa? -Preguntó Boo boo mientras golpeaba a su amigo en la espalda.

-¿Tu las has visto? -Decía Georgy -¡Es una muñeca!

-Más bien juega con muñecas -Le dijo Wendy un tanto despectiva -, es decir, ¿cuántos años tiene?

-Diecisiete -Contestó Marceline, quien todavía estaba un poco confundida.

-Vaya pedófilo -Se reía Wendy.

-¿Pero qué dices? En estos tiempos, con diecisiete años ya se es toda una mujer hecha y derecha, sobre todo hecha -Le contestaba Georgy mientras comenzó a buscar a la princesa entre la multitud.

-Bueno, en realidad no está tan mal -Comentó pensativo Boo boo -. Pero viejo, estás loco si realmente crees que alguien como ella se fijara si quiera en ti.

-Es que tu nos has visto como me veía en la entrada, al menos tengo que probar.

-Oye, espérate un segundo... -Levantaba la voz Marceline -¡¿Realmente lo vas a hacer?!

-¡Hagan sus apuestas! -Gritó Wendy.

-Pero... ¡No puedes hacerlo! -Le gritó Marceline a Georgy quien la miro confundido, pero antes de que alguien más pudiera decir algo, Wendy volvió a llamar la atención de todos.

-Tiene razón, Georgy. Mira para allá. Parece ser que alguien ya se te ha adelanto.

Todos voltearon y entre ese revoltijo de personas y luces tenues, vieron como la princesa estaba bailando muy sutilmente junto con otro chico, el cual nadie reconocía. Estaban un poco lejos pero se dieron cuenta de inmediato de que se trataba de ella, incluso Marceline, que ya comenzaba a sentir como la visión se le cruzaba. Después de eso no pudo dejar de verlos, pero es que no podía dejar de llamarle su atención algo con respecto a la princesa que no le cuadraba, pensaba que algo no andaba bien. Luego por un momento se detuvo y reflexiono: ¿Qué se supone que estoy haciendo? ¿A mí que me importa con quien este bailando la princesita?... Bueno, en realidad Gumbald me pidió que la cuidara, ¿se refería a cosas como esta también?

-¡Oh, maldición! -gruñía Georgy.

-Tranquilo bro, yo sé que puede animarte ahora -Lo animo Wendy.

-¿Qué?

-Bueno... -Comenzó a decir ella -Creo que está fiesta no es lo suficientemente ardiente para nosotros, si es que me entiendes.

Boo Boo y Georgy se miraron entre ellos y comenzaron a reírse en voz baja. Marceline sin embargo ya no les prestaba atención, ahora estaba concentrada en su bebida. Le daba cada vez tragos más y más prolongados, casi dejando vació al envase, se preguntaba que era lo que tenía de especial esta bebida tan dulce y amarga al mismo tiempo. Se sentía tan perdida que tampoco reparo en sus pies, que comenzaron a caminar en línea recta, hasta que todo su cuerpo fue detenido por una pared, donde se dejo caer junto con otras personas que también estaban echadas como ella, definitivamente agotados y demasiado ebrios para levantarse si quiera.

"No puede ser. Terminé en el rincón de los caídos." Pensó Marceline sintiéndose derrotada.

Mientras tanto, Bonnibel sentía que el alma le abandonaba el cuerpo. Nunca había sido de las que beben alcohol, ni siquiera en las fiestas, y solo ahora, después de ya haber bebido casi una botella del multi-licor completa de los lluviacornios ella sola, sintió que era suficiente como para el resto del año... Y de la vida.

Sabía que estaba bailando con este chico el cual ya no podía recordar su nombre, lo tenía en la punta de la lengua, pero su cerebro simplemente no lograba encajar las piezas de sus pensamientos, por lo que su cabeza ahora era un revoltijo de estímulos sueltos. La princesa deseo simplemente desvanecerse, pero el malestar que tenía su cuerpo era tan grande que no la dejaba ni quedarse quieta sin sentirse mal, sobre todo cuando la cabeza le daba vueltas como un trompo. ¿Qué es lo que había leído sobre la bebida de los lluviacornios? Algo sobre... ¿Adhesión? ¿Adicción? ¿Compulsión? Ya no podía recordarlo.

-Princesa, ¿te sientes bien? -Bonnibel estaba casi segura de que quien había preguntado eso era el agradable chico con el que estaba hace unos momentos.

-Si… Yo... Y... ¿Y a ti que te importa? -Le contestó esta lo mejor que se lo pudo permitir a sí misma. Se llevó una mano a la boca cuando interpretó luego de un rato lo que acababa de decir. Eso no... No sonó amistoso... ¿P-por qué lo dije?

-Ven, ven conmigo -El chico la tomo del brazo -Vamos a sentarnos... En esa mesa de por allá -Este se la estaba señalando pero ella no reparó en ello.

La princesa sentía que todo pasaba a una velocidad un tanto anormal de la realidad y que esta no podía ser analizada lo suficientemente rápido en su cabeza, como si el tiempo se hubiera distorsionado simplemente para ella. Y esto se comprueba fácilmente, porque antes de que se diera cuenta, la princesa ya estaba envuelta en uno de esos infantiles y comunes juegos de la botella.

Todos gritaban y saltaban entusiasmados mientras la bendita botella de vidrio giraba y giraba sobre esa mesa, movimiento que de solo ver ya le estaba mareando a la Dulce Princesa. No se daba cuenta de nada de lo que pasaba, hasta que al final no pudo ignorar los insoportables gritos de una de las chicas que estaba a su lado. Se sentía como una campanita despertadora que le taladraba el cerebro en un incesable eco del demonio, la cual no pudo resistir ni un segundo más.

-¡¿Pero qué mierda te pasa?! -Le gritó la princesa a la joven, olvidando todo lo que sabía sobre modales, pose y etiqueta.

Esta joven, ignorando por completo la situación, sin darse cuenta de la delicada naturaleza que implica el que una princesa se olvide de cómo ser una princesa, se dio la vuelta eufórica hacia Bonnie y sin parar de chillar y de mover los brazos le dijo:

-¡Te tocó a ti, te tocó a ti, tu eres la siguiente, tu eres la siguiente!

-¿Qué yo qué? -Preguntó Bonnibel.

-¡Glob, ahora le toca esperar en la habitación hasta que la botella elija a alguien para pasar...!

-¡Cinco minutos en el paraíso! -Gritaron todos los reunidos alrededor de la mesa al unísono.

En ese momento, Bonnibel fue arrastrada por una muchacha de enorme musculatura hasta uno de las habitaciones de la casa, sin que ella pudiera poner objeción o traba alguna.

-¡Espera! - Le rogaba la princesa mientras inútilmente intentaba zafarse de la presión - ¿A dónde me llevas? ¡Suéltame idiota! ¡¿Qué rayos pasa?!

-¿Qué te pasa? ¿Nunca has jugado? -Le respondió la fuerte muchacha sin parar de arrastrarla -La botella de eligió a ti. Ahora esperaras en el cuarto oscuro hasta que la botella elija a alguien más para ser encerrado contigo cinco minutos y puedan... Bueno, tú ya sabrás.

-Espera... -Bonnie sintió un escalofrío cruzar por su espalda - ¿Dijiste...? ¿¡Cu-cu-cu-cuarto oscuro!?

Pero ya era demasiado tarde para intentar poner alguna represaría. La fortachona mujer abrió con una llave que llevaba al cuello, uno de los cuartos de la casa. Era uno bastante pequeño, parecía más un amplio armario más que una habitación, empujó con fuerza a la princesa adentro de esa fría oscuridad y volvió a cerrar la puerta con llave.

-Listo, ahora a ver a quien le toca venir... -Dijo la fortachona para sí misma.

-¡No! ¡No, por favor, espera! ¡No me dejes aquí!

Bonnibel golpeaba y empujaba la puerta con toda la fuerza que tenía pero era inútil, no había ninguna otra salida, así que estaba encerrada entre toda esa oscuridad hasta que alguien más viniera. Respiraba con nerviosismo, sentía que las manos le estaban empezando a temblar y ese maldito dolor de cabeza no la dejaba pensar con claridad. Sintió nauseas al mismo tiempo que intento abordar la situación con calma y lógica... Pero era inútil, no podía tomar las cosas con tranquilidad, no podía pensar con claridad, nada era claro en ese momento, solo oscuridad, tinieblas, ruidos extraños, gente que no la escuchaba no importaba cuanto está golpeara y gritara para pedir ayuda.

Se hizo para atrás. Estaba completamente histérica y aterrada, hace tanto tiempo que no se sentía así. Creyó que lo había dejado todo atrás, que podía controlar lo que sea, pero no era así... Se sentía tan débil, tan tonta y tan inútil. Su espalda chocó con algo, no sabía lo que era pero su primera reacción fue gritar y retorcerse. No podía ver nada por más que estuviera frente a su nariz y nadie podía escucharla. Su cuerpo comenzó a flaquear hasta caer en el suelo, la cabeza le daba vueltas, sentía nauseas y el cuerpo hecho polvo. Probablemente había estado allí metida solo unos minutos, pero para ella le pareció eterno. Sintió como una lágrima le corría por el rostro.

"No, Bonnibel... - pensaba - Idiota. Cálmate... No de nuevo... Por favor... No quiero... Sentirme así... Nunca más... No... No habrás los ojos."

La puerta entonces recibió un fuerte golpe desde afuera. La princesa se asusto, pero aun así mantuvo los ojos cerrados sin moverse de su lugar. Siguieron golpeando la puerta cada vez con más fuerza hasta que la cerradura se rompió y la puerta se abrió estrepitosamente.

-¿Bonnie? -Esa voz...

La princesa abrió los ojos.

-¿Marceline? -A pesar de que ahora la puerta estaba semi-abierta, la luz que entraba era poca, igual no hacía falta porque pudo reconocer la silueta de la persona que acaba de entrar.

-¡Bonnie! -Marceline se acercó hasta donde estaba la princesa y le extendió una mano para ayudar a levantarla -¿Estás bien?

La princesa al escucharla volvió en sí, y de repente se levantó y abrazó a Marceline con las pocas fuerzas que le quedaban. Se sentía tan aliviada y feliz de que fuera ella quien había entrado.

-Marceline, ¡Me alegra tanto que estés aquí! -Dijo la princesa escondiendo su rostro en el hombro de la vampiresa.

-A mí también… Me alegra… Me alegra que estés bien -Marceline entonces la abrazó igual, y así se quedaron en ese lugar por unos momentos.

Sabían que tenían que soltarse, que ya habían pasado un rato largo abrazándose, pero no querían hacerlo.

Marceline sentía la respiración de la princesa calentando su pecho, relajándose poco a poco. Una de sus manos cruzo su espalda con lentitud, hasta que sus dedos comenzaron a rozar esa parte que el vestido de la princesa dejaba al descubierto. La vampiresa no pudo evitar pensar en la suavidad, en la calidez que le transmitía esa delicada piel.

Bonnibel levanto a penas un poco su rostro e inhaló profundamente, sintió así una peculiar y deliciosa fragancia en el aire, ¿Acaso se trataba de Marceline? Con timidez, acercó su rostro hasta el cuello de ella sin tocarlo, olfateando, intentando descubrir de donde provenía fragancia tan encantadora. Marceline continuó abrazando con delicadeza el cuerpo de la princesa, esta vez le rodeo con un brazo y luego procedió a acariciar con calma la curva de su cintura. Esto hizo estremecer a la princesa unos segundos, lo suficiente para perder el equilibrio, y terminar apoyando sus labios sobre el cuello de la vampiresa. Ambas contuvieron las respiraciones por un rato, confundidas, mareadas y ebrias en ese abrazo, hasta que Bonnie exhaló con fuerza haciendo ahora estremecer un poco a Marceline, quien intentó acercar su cuerpo un poco más al suyo.

Al final se separaron cuando escucharon el ruido de una explosión que provenía desde afuera, el estruendo les sacudió a ambas la cabeza, quienes de pronto comenzaron a sentir una vez más las horribles nauseas. Cuando salieron del armario, descubrieron que todas las personas de la fiesta estaban corriendo hacia todas las direcciones. Marceline se elevó a penas un poco sobre el tumulto de gente y observo que del otro lado de la habitación, se podían ver unas llamas creciendo cada vez más y más.

"Glob, no puede ser. Si realmente fueron ellos entonces..." se quedó pensando la vampiresa.

-Marceline... -Oyó entonces la voz que la llamaba detrás de ella. La princesa se veía descompuesta, tenía ambas manos sujetándole la cabeza como si esta se le estuviera a punto de caer y las piernas le flaqueaban un poco - Por favor, llama a alguien que venga a por mí.

Marceline tampoco se sentía del todo bien, quizás el extraño licor fue mucho esta vez para la Reina Vampiro.

-Larguémonos de aquí -Dijo al final mientras tomaba a la princesa de la mano y la guiaba entre las alocadas personas hasta la salida.

Una vez afuera y ya habiéndose alejado lo suficiente de ese lugar, Bonnibel se dejo caer sobre la espalda de la vampiresa, quien a duras penas, luchando ella misma con su propia borrachera, llevó a la princesa hasta el castillo. Tardaron más de la cuenta ya que se sentía muy desorientada, además de que según ellas los objetos cobraban vida y se interponían en su camino, pero al final Marceline logró llegar hasta el balcón de la princesa.

Entraron a la habitación, por alguna razón las puertas no estaba cerrada, y viendo la cara que tenía la princesa, la guió hasta el baño para que pudiera vomitar. Al principio, Marceline la estaba ayudando haciendo a un lado su cabello y sobando su espalda, pero no paso mucho hasta que ella empezara a debilitarse y vomitar también en la bañera de la princesa. Luego de dejar a algunos de sus demonios atrás, se lavaron con presteza y la vampiresa volvió a guiar a Bonnibel hasta dejarla sobre su cama.

-¿Cómo te sientes? -Le susurraba al oído.

-Me duele la cabeza... Y el cuerpo, y el estomago... -Le contestó la princesa mientras intentaba acomodarse sobre las sabanas.

Marceline le ayudo a quitarse los zapatos y el cinto, acostándola correctamente, pero cuando intentó levantarse para darle espacio perdió el equilibrio y cayó sentada hacia atrás, golpeándose la cabeza contra la mesa de luz. El golpe la mareo con fuerza sintiendo que el mundo se le ponía de cabeza. Bonnibel se levantó de la cama al ver lo que había sucedido, y a duras penas levantó a Marceline del suelo y le obligo a sentarse sobre su cama.

-¿Te... Duele mucho? -Le preguntó la princesa con dificultad.

-Estoy bien, no te preocupes princesa. Acuéstate, tienes que descansar.

-Me trajiste hasta aquí, tú también tienes que descansar.

La princesa volvió a meterse en su cama, pero esta vez le hizo señal a la vampiresa para que la acompañara. Marceline se puso un poco nerviosa, pero terminó accediendo a la invitación. Se quito las botas y se acostó a su lado, mirándose frente a frente.

-Gr-gracias... -Comenzó a decir Bonnibel con dificultad- Gracias por… Siempre a-ayudarme.

Marceline, sin dejar de observarla, se acercó un poco más a ella y mientras que con una mano corría con delicadeza un mechón de su cabello, deposito un tierno y delicado beso sobre su frente. Bonnibel notó que se había sonrojado bastante e intento cubrirse el rostro con las sabanas lo mejor que pudo.

-Descansa, princesa -Le dijo finalmente mientras amabas caían rendidas bajo un profundo sueño.

Por la mañana siguiente, las cortinas evitaban que el sol entrara de lleno en la habitación. Lentamente, Marceline fue abriendo los ojos todavía notablemente agotada. Terminó abriéndolos muy grandes cuando vio el rostro de Bonnibel tan cerca del suyo. Aun seguía dormida, incluso sus pómulos y su nariz aun seguían un poco enrojecidos por el alcohol de anoche.

En un delicado impulso, Marceline acaricio su rostro contemplando con anhelo aquel dulce y divino enrojecimiento. Antes de que pudiera darse cuenta, su boca ya estaba abierta, sintiendo como de pronto sus largos y blanquecinos colmillos habían aumentado de tamaño. Escuchó en ese momento como alguien estaba a punto de entrar en la habitación y rápidamente se desvaneció, convirtiéndose en un pequeño murciélago que se poso en una de las esquinas del cuarto sin que la mucama que acaba de entrar la notara. Quería marcharse, pero el sol estaba demasiado fuerte para salir, no fue hasta que la mucama saliera que buscó entre las cosas de la princesa una sombrilla y con ella se escabullo de la misma manera de la que había entrado.

No fue hasta su casa, en su lugar se metió dentro de una gruta secreta cercana al reino donde se encontró con una comunidad de pequeñas criaturitas que corrían y gritaban aterradas de la sedienta vampiresa.

"¡¿Pero qué demonios es lo que me sucede?!"


Y hasta aquí... :) Al final volví una semana después, aunque nuevamente no sé que será de mi vida xD En fin, ojalá y les haya gustado. Por cualquier cosa que quieran me lo pueden hacer saber ^^

No había reparado hasta ahora en que los capítulos me están saliendo un poquito más largos ._.u... Que por cierto, a pesar de que ya tengo un final proyectado, todavía hay muchas cosas de las que quiero tratar, muchos personaje que quiero incluir... Todo a su tiempo, supongo xD jejeje.

Un Saludo a todos, y mil gracias por el apoyo de siempre! :D