Capitulo 12:
Marceline tuvo tiempo hasta de contar cuanto fue el tiempo en el que se quedó sin habla. Cinco segundos, cinco eternos y muy incómodos segundos en los que no sabía cómo reaccionar, incluso tuvo hasta tiempo de recordar que Keila ya se lo había contado. "Ash… ¿Lo recuerdas?"
-¿Q-qué demonios haces aquí? -logró preguntarle sonando bastante alterada.
-Hola Ash, ¿Qué tal estás? ¿Qué es de tu vida? -Le reparaba tan tranquilo y gracioso aquel alto joven -o que al menos aparentaba serlo-, de cabello blanco con un extraño corte, mirada pícara, ropas un tanto desgastadas y la piel de un curioso tono gris -. Llevamos años sin vernos, ¿y así me saludas?
-¡¿Pero qué…?! ¡N-no puedes estar hablando enserio!
-Oh vamos, no te pongas en ese plan -decía mientras que colgaba su varita mágica a un costado de su cinturón -, y encima que les he salvado la vida, lo que me recuerda…
Acomodándose un poco la ropa, se dio la vuelta para enfrentar a la princesa que seguía sentada en el suelo sin entender todavía muy bien qué pasaba exactamente. Tomando una actitud más galante, le tendió una mano caballerosamente para ayudarla a levantarse, que aunque un poco dudosa, la peli rosada termino por aceptarla.
-¿Estás bien? ¿Te lastimaron o algo esas basuras? -ahora hablaba esta vez con una voz un poco más tersa y apaciguadora.
-E-estoy bien… Gr-gracias… ¿Joven…? -preguntó un poco tímida mientras sostenía con fuerza la linterna con su mano izquierda, y también su única fuente de luz, solo entonces se dio cuenta cuanto era lo que sus manos seguían temblando.
-Me llamo Ash… Aunque tú puedes llamarme como quieras, dulzura -respondió una vez que le hecho un mejor vistazo mientras seguía sujetándola, fue entonces que reparo en la corona que lucía radiante en la oscuridad, incluso semi-cubierta por su cabello un tanto despeinado -¿O acaso debería llamarla 'su majestad'?
-Aléjate de él, Bonnie -alzo la voz Marceline sonando muy autoritaria, no pudiendo soportar ni un momento más esa molesta escena. Lo único que cruzaba por su cabeza en ese momento era "no dejes que ese cretino se le acerque".
-¿Bonnie? -preguntó jocoso el joven mago acercándose un poco más hacía la princesa -¿Así te llamas? ¡Ja! Que interesante, es un nombre tan… provocativo.
-Ya basta, estúpido - le había advertido muy molesta la vampiresa, dando un paso hasta ellos para apartar a Ash de un fuerte empujón, haciendo que se separaran.
-Oye tranquila, tampoco hacía falta tomárselo así -le respondía este entre risas, parecía estarse divirtiendo.
-Tiene razón, Marceline -empezó a decir la princesa -. Eso fue completamente innecesario.
Marceline se volteo para fulminar a Bonnie con la mirada. No podía creer lo que acaba de decir, ¿darle la razón a Ash? ¡Ella no tiene idea de lo insoportable que se pone cuando algo así pasa! La princesa, por otra parte, también estaba comenzando a fastidiarse, no entendía porque Marcy la había mirado de esa manera o por qué se estaba comportando de esa forma tan… Tan desagradable.
-¿Y bien? ¿Acaso nadie me va a explicar que hacen dos preciosuras a mitad de este maldito bosque, o qué? -preguntó galante el mago.
-Estábamos de excursión, ¿usted que hace aquí? -contestó muy inocente Bonnibel.
-Cállate, princesita -le gruño Marceline por lo bajo.
-Yo vivo aquí -contestó con naturalidad el peli blanco -. Así que de excursión, eh.
-Un momento -los interrumpía la vampiresa -. ¿Cómo que vives aquí? ¿Y qué paso con ese ideal de vida nómade que tanto defendías?
-Uno puede cambiar, ¿no crees? -respondió mirándola con las cejas enarcadas, para después dedicarle una sonrisa torcida, luego prosiguió. -Sé que no es de lo más lujoso, o cómodo, o seguro… Pero es temporal, hasta que encuentre otro lugar dónde pueda vivir, ya sabes, un hogar o como sea que le llamen. Hace tiempo que quiero darle un giro a mi vida, y para eso tengo que ser más abierto con los cambios, ¿no te parece?
-Ajam, si, muy lindo discurso -respondía sarcástica Marceline, quien parecía estar dispuesta a marcharse.
-Pues en ese caso, permíteme apoyarte -la peli negra detuvo su paso en cuanto escucho hablar a la princesa -. Nos ayudaste enormemente esta noche, y sabiendo ahora que estás buscando una casa, no puedo marcharme sin antes ofrecerte mi ayuda.
-No, Bonnie, no hace falta que… -comenzó a gruñirle su compañera, aunque esta la ignoro por completo.
-De hecho, si no tienes problema, puedes pasar esta noche en mi palacio, estoy segura de que el Rey lo entenderá.
-Wow-wow-wow, alto ahí… ¿me invitas a pasar la noche en tu casa? Esto va muy rápido cariño, al menos invítame una copa antes -decía este otro entre risas y volviendo a adoptar esa voz de galán presumido.
-¡Basta Princesa! -grito Marceline muy molesta -¿Qué estas tonta o que te pasa? No puedes invitar a la gente así como así, ni siquiera lo conoces, ¿en qué mierda estás pensando?
-Ok, ahora para tú un momento -le respondió igual de molesta la peli rosada -. ¿A ti que te pasa, por qué de pronto me tratas de esta forma?
-¡Porqué no me estás escuchando! ¡Te estás portando como una estúpida!
-¡¿A quién llamas estúpida, tu…?!
-¿Puedo decir algo? -preguntó Ash.
-¡NO! -le contestaron ambas al unísono, luego volvieron a su discusión.
-Tú no me puedes tratar así -siguió diciendo enfadada la princesa.
-Te puedo tratar como se me de la reverenda gana.
-¡Ya, es suficiente! -gritó para luego darse la vuelta en busca de sus cosas -¡El maldito campamento se terminó!
-¡¿A dónde crees que vas, niñita?!
-¡No me llames así!
-¡Entonces deja de portarte como una bebé!
Ash volvió a tomar su varita del cinturón y apunto hacía arriba creando un mágico fuego pirotécnico, uno cuyo destello y ruido saco de un susto a ambas chicas de su discusión. Luego lo volvió a guardar, y antes de que alguna de ellas comience a hablar, se apresuro a hacerlo él primero.
-Miren chicas… No me lo tomen a mal, lamento interrumpirles el bello momento kodak, pero solo quería avisarles que yo voy partiendo hacía otro lado, ¿si, todo bien? Me alegro. Ah, y Princesa Bonnie o como sea que te llames… Muchas gracias por la oferta, de veras, divina… Pero mejor no, o al menos por ahora, no queremos que a nuestra vampirita favorita de la tele le de algún otro ataque de histeria o algo así, ¿verdad?
-Ya vete de una vez, Ash -respondió Marceline con la voz muy amarga.
-Ok, ya cálmate, ¿Qué te paso Mar-mar? Antes eras chévere.
-¡Que te largues! -le gritó molesta con las mejillas coloradas.
Volviéndose a poner la capucha y con una risa burlona, el mago peliblanco se dio la vuelta y se marchó, perdiéndose entre la espesa bruma de la oscuridad del bosque, dejando ahora a la vampiresa y a la princesa aparentemente solas y muy, muy molestas. Marceline volvió a usar sus poderes vampíricos para encender la fogata una vez más, luego ambas cruzaron sus miradas por un par de segundos, hasta que la princesa cortó con ese cruce y camino con la cabeza en alto y la indignación marcada en toda la cara. Marcy bufó detrás de ella, pensando que el día no pudo haber sido más detestable. Primero, casi ve como Bonnibel se mataba por andar trepándose por ahí, después el ataque de los jodidos árboles encantados, luego la repentina y oportuna aparición de ni más ni menos que Ash… No, no podía ser cualquier otra persona, de entre todas las criaturas del cochino planeta ¡tenía que ser él!, ¿y ahora esto? Todo este asunto la hizo sentir emocional y físicamente exhausta.
Estaba tan metida en sus pensamientos que no llegó a darse cuenta en qué momento la princesa se había alejado varios metros, buscado seguramente el sendero que la llevara afuera del bosque para volver a casa. Marcy la miraba desde lejos, pensando que quizás había que darle un poco de crédito a la joven por ser lo suficientemente valiente (o cabeza dura) para intentar volver sola hasta el palacio, de noche, después de haberse salvado dos veces de la muerte en un mismo día, o quizás tres, quien lo sabría.
Espero unos varios segundos sin moverse de su sitio. Finalmente suspiro resignada y se apresuro a alcanzar a la princesa que ya se había marchado, no sin antes apagar el fuego de la fogata nuevamente. No quería volver a tener otro vuelco emocional, no más por ese día.
Sin que esta otra llegase a darse cuenta, Marceline sorprendió por detrás a la princesa tomándola de su cintura, obligándola a elevarse sobre el suelo, sobre las copas de los árboles, y llevarla de vuelta a casa, cosa que al principio no fue sencillo ya que Bonnie se negaba a ser cargada.
-Ya te dije que me sueltes de una vez -seguía insistiendo la peli rosada -. ¡Suéltame, ahora!
-Como ordene, su majestad -le respondió trémula y bastante harta de escuchar sus quejidos, luego se elevó un poco más arriba de lo que estaban y acto seguido, dejo caer a la princesa sin que esta pudiera volver a sujetarse.
Desde arriba observó cómo su cuerpo caía sin más hacía el suelo, dejando que su grito de terror se perdiera en la distancia. Saboreo esos pocos segundos en los que pudo burlarse de la princesita, pero justo en el momento en el que decidió que ya era suficiente y que había llegado el momento de ir a buscarla antes de que se estampara contra el suelo, contemplo sorprendida como de su mochila rosa se había abierto un paracaídas, permitiendo que la joven llegara al suelo sin recibir un solo rasguño.
-¿Un paracaídas, en serio? -le preguntó sorprendida una vez se volvió a acercar a ella, iluminadas ahora ambas por el brillo de la luna que se encontraban fuera del bosque.
-Ah, es decir que me soltaste sin saber que tenía uno, ya veo… -sonaba ofendida de nuevo.
-Por favor, sabes que fue una broma.
-Sí, ya lo sé -contestó un tanto sombría.
-Oye… Ya términos con esto, ¿sí? Es muy molesto.
-¿Terminar con qué?
-Con esto… Esta… Tensión o lo que sea.
-Pero… Es que…
-¿Qué?
-Quiero saber, ¿por qué te pusiste así?
-No fue nada, me puse un poco nerviosa, solamente eso… -Por más que buscaba las palabras adecuadas, la vampiresa sentía que solo estaba diciendo estupideces. Se sentía apenada, todo esto era demasiado ridículo… ¿Acaso tenía que disculparse por algo? -Es decir, esas cosas que aparecieron casi te matan, y para colmo luego apareció ese idiota de…
-Ash -terminó la frase con una expresión de preocupación-. Marcy, ¿Quién es él?
-Él… E-es solo otro tarado más, no tienes que hacerle caso… Nunca.
-¿De dónde lo conoces?
-¿Y eso que importa?
-¡Importa mucho! -Bonnibel se llevó la punta de los dedos hacia los labios cuando se dio cuenta que había levantado de más el tono de voz. Se sonrojó un poco, pero luego volvió a bajar la intensidad. -Es decir… Por la forma en la que te miraba…
-¿A mí? ¡Si todo el tiempo te estuvo violando con los ojos! -Marcy también había hablado demasiado fuerte. Enojada consigo misma cruzo los brazos sobre su pecho, apretaba la mandíbula con fuerza y sus pálidas mejillas de inmediato dejaron entre ver un leve enrojecimiento de la pura frustración. ¿Qué es esta sensación?
La princesa se quedo contemplándola sin decir nada, como si estuviera vigilando a uno de sus experimentos, pero al final se quedo completamente atónita en cuanto creyó que ya sabía lo que estaba pasando.
-Oh my Glob -llegó a decir casi con dificultad -. Te gusta, ¿no es así?
-¿Qué? ¡No! -respondió de inmediato un poco más alterada.
-Te gusta… Tengo razón, ¿verdad?
-Princesa, te das cuenta de la burrada que estás diciendo, ¿cierto? Si me la paso diciéndote que es un tonto.
-Pero… seguro tuvieron algo antes -siguió insistiendo. De hecho no era muy difícil darse cuenta ahora que lo pensaba mejor. En cuanto él apareció, Marceline se había quedado casi petrificada al reconocerlo, además de que se había puesto muy nerviosa cuando este se había acercado a ella, cuando la ayudaba a levantarse. "Entonces, ¿Marcy se puso celosa de mí?", pensaba la peli rosada, "tiene sentido, si él le gusta, por eso quería que me alejase de él, aunque no entiendo todavía del todo…" -. Dime, ¿estoy equivocada?
-Pff… ¿Y qué si así fuera? ¿Por qué tendría que contarte estás cosas a ti, princesita? -le respondió más a la defensiva.
A Bonnie de repente se le había dibujado un semblante muy entristecido y apenado también, como si ahora le hubieran hecho sentir vergüenza por algo que creía que estaba bien.
-Creí… que las amigas se contaban estas cosas… -había dicho, pero la frase entera se había perdido en un susurro.
Bonnibel se quedo estática en su lugar, empezó a parpadear mucho más rápido y seguido que antes, a la vez que sintió un sabor amargo en la boca. A pesar de todas las cosas que le había dicho la vampiresa antes, todos los insultos y burlas, no se comparaban con lo que verdaderamente le dolió aquello último. Si Marceline no la veía como a una amiga, entonces ¿Qué era para ella?
Por otra parte, la peli negra que no llegó a darse cuenta del todo de la situación, intentó calmarla al ver su repentino malestar.
-Hey Bonnie… No hace falta que te pongas así. Ven, sube a mi espalda, te llevaré hasta el castillo.
-N-no te molestes -le respondió apresurada antes de que dijera algo más -. Ya no estamos tan lejos del reino, además mi linterna ya funciona mejor, puedo llegar por mi cuenta.
-¿Estás segura? Estuviste caminando mucho, además apenas descansaste, ¿no me habías dicho a parte que seguías un poco enferma?
Si, y de hecho, con esa pequeña y breve caída libre de hace rato, junto con todas las emociones repentinamente amontonadas en el estómago, las nauseas y el dolor de cabeza había vuelto nuevamente a su sistema, sin embargo, Bonnie se limitó a sonreír suplicante, restándole importancia a la situación.
-Estoy bien -mintió -. No necesito que me andes cargando a todos lados -Marcy torció los labios a un lado, todavía se sentía algo reacia a dejarla sin más -. Anda, que tu también debes de estar cansada, por mi no te preocupes, tu solo vuelve a tu cueva o a dónde sea, ya sabrás tu.
Al final, Marcy cedió a dejar que se las arreglara por sí misma para llegar al reino, tomando su propio camino hacia otro lado, de todas maneras le urgía estar por un rato a solas. Flotaba sin prisa, no pensaba hacia donde iba, igual sentía que su cuerpo la estaba arrastrando hasta su dulce y acogedora cueva. En el camino se puso a hacer memoria, preguntándose en qué momento exactamente todo a su alrededor comenzó a agobiarla de esa manera, y en cualquier caso, ¿cuánto tiempo más duraría?
Suspiro aliviada en cuanto llegó a la entrada de su hogar, pero esa tranquilidad le duro muy poco, pues a mitad de camino pudo distinguir una luz que venía desde el interior de su hogar, la luz de velas encendidas. Recordaba haberlas apagado antes de haber salido. Alguien más estaba allí adentro. Sin esperar ni un segundo más, encontró determinada a averiguar qué pasaba.
-Oh Marcy, dibújame como a una de tus chicas francesas -le había dicho muy divertido Ash en cuanto vio a esta entrar, encontrándolo recostado muy tranquilamente sobre su cama.
-¿Pero qué carajo?... ¿qué demonios fue eso? -Quien había hablado ahora no fue Marceline, sino que se trataba de la voz de un tercero, y al voltearse descubrió que no era otra persona más que su amiga Keila, quien acaba de salir del baño y que ahora miraba a la vampiresa con una expresión de asombro.
-¿Keila? ¡Pero qué mierda…! -comenzó a vociferar enfurecida Marceline, quien no podía evitar pensar que esto ya rebasaba sus límites, como si aquella escena fuera la cerecita que coronaba este día tan desgraciado y sin sentido. - ¡¿Desde hace cuánto que traes a tus parejas para acostarte en mi cueva?! ¡Mierda, esto es el colmo!
-¡Él no es mi pareja! -se apresuró a contestar la chica.
-Cierto, nos lo estamos tomando con calma. Es que teníamos miedo que te lo tomaras a mal… -comenzó a decir Ash.
-¿Qué? ¡No! Cállate imbécil -le interrumpió Keila apresuradamente-Marcy, cálmate, no es lo que tú piensas.
-Ok… Tienen exactamente cinco segundos para salir ambos de mi cueva antes de que les rompa las piernas, y ya van tres -les respondió impaciente.
-Relájate, ¿sí? -le decía el mago -Vinimos para avisarte de una buena noticia.
-Ay, no me digas, ¿cuándo es la boda?
-¡Que no somos pareja, carajo! -levantó la voz Keila. -Ahora escúchame de una vez zopenca, que ya verás como luego vas a querer dedicarme un monumento de amor eterno en cuanto lo escuches…
Keila se acercó hasta la vampiresa mientras buscaba algo dentro del bolsillo de sus jeans. Al final saco un pedazo de papel que a esta otra le costó leer por lo arrugado que estaba, se trataba de un folleto que publicitaba una "Noche de bandas" en el Hard Bones, uno de los antros más populares por estos lares, más que nada por ser uno de los pocos lugares con temática mucho más siniestra que otros sitios, algo que resulta muy atractivo para las múltiples criaturas más oscuras y políticamente incorrectas en oOo, y en segundo lugar, por tener la fama de que muchos grupos vieron incrementada sus oportunidades y reconocimientos luego de haber tocado allí.
-¿Y esto qué?
-Sigue leyendo -le incitó su amiga.
Así lo hizo, y sus ojos se abrieron muchísimo cuando finalmente se dio cuenta de lo importante, aunque tuvo que leerlo dos veces, pues todavía no terminaba de creérselo. "Noche de bandas en el Hard Bones… Con la presentación especial de 'fulano de tal',' a nadie le importa', y 'Marceline & Scream Queens'!"
-¡Oh, por el amor de Kratos! -el rostro de Marceline paso de disgusto al de encanto en fracciones de segundo, luego lanzó una risotada -¡E-esto es increíble! ¿Pero cómo, qué rayos fue lo que paso?
-Bueno… -empezó a hablar Keila en un tono que denotaba más orgullo -Ya sabes que siempre hemos buscado tocar ahí, y no fue sino hasta esta mañana que me llegó el chisme de que uno de sus grupos para tocar en la noche de bandas había cancelado.
-¿Pero quiénes son tan estúpidos para cancelarle a los de Hard Bones? -dijo Marceline extrañada.
-Creo que se los comió un oso malo, o algo así, pero aquí lo importante ¡es que estamos ante la mejor oportunidad de nuestras vidas!
-¿Y todo esto la mañana anterior? ¡Wow! ¿Cómo es que nos dieron el visto bueno sin siquiera hacer antes una audición?
-Ah… Bueno, verás…
-Creo que eso me lo deben a mí -había dicho Ash quien se apareció de repente al lado de ambas chicas, quienes fueron tomadas por completo desprevenidas por el peli blanco.
-¿A ti? Si, como no -se apresuro a responder con sarcasmo la vampiresa, pero por la manera en que Keila la miraba se dio cuenta de que en realidad el mago decía la verdad -Pero… No puede ser, ¿Cómo es que…?
-Sucede, querida Marceline, que ahora yo trabajo allí -contestó este otro con tono altanero -. Keila estaba en la fila de personas que peleaban por el puesto bacante, y recordé que ella estaba en el mismo grupo que tu… Así que hable con el jefe y lo convencí de dejar que su grupo fuera el suplente.
-Y… ¿Qué haces aquí?
-Me volví a encontrar con Keila mientras buscaba un mejor lugar para descansar, me contó que estaba yendo a decirte de las buenas nuevas, y heme aquí.
-¿Sí? Que coincidencia…
-Yo prefiero llamarlo destino -le dijo este último a la vez que le guiñaba un ojo.
Marceline solo arqueo una ceja a modo irónico. De repente tan solidario, con trabajo y buscando una casa… No quería admitirlo, pero con todo esto casi parecía que Ash realmente estaba buscando cambiar.
Los tres jóvenes se quedaron hablando unos pocos y tranquilos minutos más, hasta que la dueña de casa los invito, a la mejor manera que ella conocía, de retirarse de sus aposentos:
-Ok, ya estuvo bueno, ahora saquen sus traseros de mi cueva de una maldita vez.
Ash se rió ante el comentario, luego se levantó del sillón en cual había permanecido recostado y se dispuso a marcharse. Keila lo estaba siguiendo por detrás pero se detuvo a mitad de camino, excusándose con que había olvidado algo en el baño, así que el mago se adelantó dejando ahora a las dos chicas a solas. Al volver a entrar se encontró con Marceline quitándose las botas, quien la miro con cara de "¿Y ahora qué?".
-Mira, quería disculparme -comenzó a decir -. No debí dejar que Ash me acompañara hasta aquí, debí suponer que quizás te haría sentir incomoda o algo…
-Está todo bien Kei, no te hagas drama -se apresuro a contestarle, tal vez así se marcharía más rápido.
-¿Segura está bien? Te veías muy mal ahora cuando entraste. ¿Paso algo?
-No es nada. Tuve una discusión con Bonnie, es todo… -Marceline se mordió la lengua luego de lo que dijo. Se le había escapado eso último, y vaya problema tenía ahora, porque seguro que Keila ya no la iba a dejar tranquila.
-¿Bonnie? -Justo como pensó. -Te refieres a la princesa esa de chicle, ¿no? ¿Pero qué pasó?
-Nada, no es nada. A veces se pone muy necia y así terminan las cosas… Nada del otro mundo.
-De acuerdo… -le respondió con cierto deje de sospecha -Oye, si hay algo que quieras contarme…
-Estoy bien, Keila -dijo está dejando un acento en cada separación de palabra -. Ahora ya vete, que la Reina Vampiro quiere volver al ataúd.
Keila hizo apenas un gesto y al final, con las manos metidas en los bolsillos, se marchó. Mientras iba andando sus labios se curvaron en una sonrisa. A veces con todo y las tonterías olvidaba que en teoría Marceline era algo así como su jefa, por lo de ser Reina de los Vampiros y todo eso, si después de todo esa criatura demoniaca tenía menos pinta de monarca como ninguna. En realidad a veces, ella resultaba ser todo un enigma, y si bien Keila la mayor parte del tiempo hacía caso omiso a ello, esta vez no pudo pasar por alto el estado anímico con el que vio entrar a la Reina en su cueva. ¿Llevar semejante cara por apenas una discusión o lo que sea? Hmmm… Aquí había murciélago encerrado.
Mientras tanto, a Bonnie le faltaba poco menos de un kilometro para cruzar los muros de su reino, casi agradeciéndole al cielo el no haberse encontrado con ningún tipo de sorpresa por el camino. Ya desde los puestos de guardias sobre los muros habían advertido que quien se acercaba era la Princesa Bubblegum, por lo que un carruaje de biscocho ya se había adelantado a ir a recogerla. A ella y a esa parte suya que todavía latía de orgullo, le hubiera encantado rechazar cortésmente la oferta del aventón, pero la fatiga de su cuerpo rogaba lo contrario.
Una vez adentro del carruaje, anheló ampliamente poder dormir con tranquilidad, si es que sus pensamientos la dejaban en paz, pero al poco tiempo se dio cuenta que su deseo estaba lejos de cumplirse cuando, sin llegar todavía a cruzar por el umbral de su castillo, se encontró con un agitado y muy nervioso Pancito.
-¡Princesa… gracias a Glob que ha llegado! -exclamó casi aliviado, gritando en voz baja.
-Pero Pancito, ¿qué pasa… y por qué hablas de esa forma?
-Es sobre su majestad, señorita, sobre su tío -La princesa sintió una fuerte opresión en el pecho, un sentimiento que se le hizo muy familiar -. Sucede que, y disculpe que se lo diga de esta manera, pero el Rey ha vuelto a caer bajo los efectos del 'jarabe prohibido'.
-¿Jarabe prohibido? -se preguntaba consternada mientras así memoria. -Pero él dejó de beberlo hace años, cuando decayó su salud, ¿por qué lo ha vuelto a hacer?
El pequeño mayordomo trago un poco de saliva frente a la pregunta, recordando las palabras del Rey de dejar a la Princesa fuera del verdadero asunto tras todo esto por el momento. En su lugar intentó sonar lo más claro posible.
-Quizás haya sido por estrés, mi lady. La verdad, es que al principio accedí al deseo de su majestad en que lo acompañara mientras bebía, creí que con eso bastaría para mantenerlo controlado, pero ignore los verdaderos efectos del jarabe luego de un largo periodo sin injerirlos. Le ruego me disculpe, su majestad, me es muy difícil ir contra los deseos de mi Rey.
-Está bien Pancito, sé perfectamente que no has tenido malas intensiones. Agradezco tus disculpas, y de parte de mi tío déjame adelantarte las suyas por su comportamiento, y expresarte su seguro consensó de que incidentes así no vuelvan a repetirse. Ahora dejando eso a un lado, mi querido Pancito, responde ¿dónde se encuentra mi tío ahora?
-Ese es justamente el problema, su majestad, he perdido de vista al Rey Gumbald, hace horas que estoy buscándolo pero no me atrevo a preguntar a alguien, pues procuro ser discreto -decía apresuradamente con la voz temblorosa.
-Y haces muy bien -trato de tranquilizarlo. Se detuvo unos segundos a meditar con la mirada expectante del mayordomo sobre ella, hasta que creyó tener la respuesta -; ven conmigo, y asegurémonos de no llamar la atención. Creo saber con exactitud dónde está el Dulce Rey.
En silencio, el mayordomo siguió a la Princesa mientras lo guiaba a través del vasto jardín del palacio, y no encendieron ninguna luz hasta que se adentraron lo suficiente para no llamar la atención de cualquier súbdito con sueño ligero, solo entonces encendieron la linterna que llevaba todavía encima Bonnibel. Respiro temblorosa finalmente aliviada al ver la resplandeciente luz, sentía el cuerpo muy tenso, luchando por mantener los nervios bajo control, pues el jardín del palacio era casi, si es que no igual de oscuro que el mismo bosque, en especial cada vez que se acercaban más hacia su destino. Minutos después, la princesa se sobresalto asustando a su mayordomo.
-¿Se encuentra bien, mi lady? -le interrogó al cabo del susto.
-S-sí, estoy bien. ¿Has oído ese ruido? -Pancito ahora comenzó a concentrarse más hacía su alrededor -Se escuchó por aquella dirección, sígueme, debemos estar cerca.
-Dulce Princesa, podría preguntarle ¿cómo es que sabe hacia dónde debemos dirigirnos?
-Fue mi tío, el Rey Gumbald, quién me dijo que hacer -comenzó a explicar la joven con un tono seco en su voz -. Hace años me advirtió que si algo como esto llegase a pasar, era muy por seguro que se dirigiría a este lugar.
Pancito la miro incrédulo entre la escasa luz sin entender del todo todavía, pero su atención se desvió al frente cuando ambos se toparon con un pesado y de considerable tamaño roble que había caído al suelo, exclamando aterrorizados de la impresión cuando la luz de la linterna reveló que había un cuerpo atrapado bajo de este.
Con el terror deformando su rostro, Bonnibel se acercó a toda prisa hasta este solo para confirmar sus sospechas. Intentar ser tan discretos en el asunto había sido un error, puesto que ahora necesitarían ayuda para sacar el cuerpo inconsciente del Dulce Rey de debajo de aquel tronco.
Momentos después, la Doctora Princesa había abandonado la habitación en donde descansaba ahora el viejo monarca. La Dulce Princesa, Pancito y los dulces que ayudaron al Rey se encontraban todos reunidos afuera, que al ver salir a la doctora se pararon de inmediato de sus asientos con las miradas afligidas e impacientes por recibir una respuesta. La doctora simplemente se mantuvo tranquila, se quito los anteojos los cuales limpio con uno de los bordes del cuello de su bata, para luego volver a mirar a los presentes y asegurarles de que el querido monarca se encontraba estable. Todos respiraron aliviados, excepto Bonnibel que todavía no había quedado convencida, y sus sospechas se acrecentaron cuando la doctora le pidió hablar con ella a solas.
-Su majestad, estoy muy segura de que comprenderá la gravedad de la situación -le dijo sin esperar a cualquier palabra de la princesa -. La salud del Rey Gumbald hace tiempo que ha estado decayendo, y también soy consciente de que ignoran mis pronósticos para seguir llevando el mismo estilo de vida.
-Y usted comprenderá, Doctora Princesa, que como Rey mi tío tiene un deber para con su pueblo.
-Sí, lo entiendo -había musitado casi severa -. Aunque como Doctora, mi único interés es la salud de mis pacientes. El Dulce Rey está estable, pero no fuera de peligro, como seguramente ya intuyó, y además… Si logra salir de esta situación, no podrá seguir con la estresante vida como monarca que él pretende, por más que lo quiera.
-Eso no es problema -respondía apresurada con la cabeza en alto -. No falta mucho para que yo llegue a la mayoría de edad, mi tío lo sabe, heredaré el reino de todas maneras. Mientras él este en cama, seré yo quien se encargara de sus mandatos reales, claramente, pues es seguro que así lo querrá al igual, pero hasta que no llegué a la mayoría de edad decretada por nuestras leyes, el Dulce Rey Gumbald Bubblegum es y será el único soberano supremo en estas tierras, y tanto mi persona como el resto de súbditos, nos atendremos a sus órdenes.
La Doctora Princesa suspiró, quedándose sin palabras. A veces la determinación de algunos monarcas llegaba a agobiarla, pero no por eso dejaba de admirar a la extraña familia Real de los Bubblegum. Colocó las manos en sus bolsillos antes de volver a dirigirle la palabra a la princesa.
-Lo comprendo, su majestad. -Esta estaba a punto de salir de la habitación cuando recordó algo que debía comunicarle a la Dulce Princesa -: Hace varias semanas atrás que estoy planeado un viaje que precisamente efectuaré mañana por la tarde, y me temo que ahora no tengo forma de cancelarlo.
-¿Cuál es el motivo de su viaje?
-Investigación científica.
-Entiendo -fue lo único que contesto. Luego de que ambas se despidieran, Bonnie se quedó completamente sola. Hace como un par de horas atrás se sentía exhausta, ahora de pronto creyó que nunca más volvería a cerrar un ojo con tranquilidad, y pronto descubriría que no estaba tan equivocada.
Se llevó amabas manos hacía el pecho con desesperación, dejando por fin que las lágrimas que tanto había estado conteniendo salieran finalmente. Otra vez sentía esa horrible sensación que no era otra cosa más que miedo. Miedo a que algo horrible ocurriese, algo que todavía no se atrevía ni a pronunciar, miedo a lo que vendría y que de alguna forma tendría que confrontar, temía equivocarse… temía que el miedo la volviese a controlar.
Casi estaba por cumplir los dieciocho años, y aún así no pudo evitar sentirse como una niña.
Los días pasaron, la vida en oOo inevitablemente seguía continuando, y una vampírica criatura se encontraba observando el colorido e imponente Dulce Reino, mientras reposaba a un par de kilómetros de este, ocultándose bajo la sombra de un gran árbol. Antes de ponerse de pie, llevó sus manos hacia atrás para buscar la capucha que colgaba tras de su cuello, colocándosela sobre su cabeza y protegerse así de los poderosos rayos del sol.
-Muy bien, aquí vamos -se animó a sí misma mientras emprendía camino hacia el reino.
Hola! :) Perdón por el retraso (¬¬) especialmente porque creí que a fin del año pasado tendría más tiempo para escribir (pero me equivoque :P)
En fin, gracias a los que le tuvieron paciencia a la autora. El próximo capitulo casi está terminado, lo subiré en cuanto acabe los exámenes. Saludos!
