Buenas gente! Quería comentarles que esto se podría considerar como la primera parte del capitulo, pues mientra lo editaba me dí cuenta de que me había quedado muy largo, así que la siguiente parte estará pronto :) Un saludo y gracias a todos :D


Capitulo 13:

-Buenos días, tío Gumbald. -le saludó con cordial entusiasmo una recta princesa a su lado, dejando la pluma que había estado utilizando para escribir a modo de marcador del pequeño cuaderno sobre su regazo - ¿Cómo te sientes esta mañana?

-Mmm… Bien, todavía tengo algo de sueño -respondió con el tono más animado con el que alguien puede contestar recién amanecido -. Buenos días, por cierto, ¿Qué haces al lado de mi cama, te quedaste sentada allí toda la noche? Eso da un poco de miedo, princesa.

-No fue así, tío -dijo la joven con una pequeña sonrisa formándosele en su rosado rostro -. Anoche me fui en cuanto te dormiste, además, ya son como las once pasadas de la mañana.

El Dulce Rey giró con lentitud la cabeza hacía su mesa de luz, comprobando que en efecto se había despertado sumamente tarde para un monarca, aunque apenas si se mostró asombrado, pues ya era como la tercera vez que le pasaba en estos días. Nuevamente, con lentos movimientos, intentó incorporarse en la cama hasta que un fuerte dolor que cruzo su espalda lo dejo paralizado a mitad de camino. Bonnie se apresuro a levantarse, dejando su cuaderno a un lado, para poder ayudarlo.

-Por favor tío Gumbald, recuerda que ahora tienes que tener más cuidado -le decía suplicante su sobrina -. ¿Quieres que traiga algo para que comas un poco antes del almuerzo? O quizás quieras ir al baño, déjame que te ayude.

-No, princesa, no hace falta -Bonnibel se había quedado muda frente a esa contundente negación, casi como si hubiera sido una orden real y no un simple reproche de su tío.

-Lo siento -se disculpo tímida sin saber exactamente qué decir.

-Ya, ¿de acuerdo? Estoy bien, enserio, no necesito que me ayuden. Ahora, por favor, déjame un momento; ve a hacer tus tareas del día, créeme que las cosas nunca terminan bonitas cuando desplazas responsabilidades para más tarde.

-Si tío Gumbald -respondía automáticamente, pues aún no olvidaba sus modales reales.

Dicho esto, la princesa volvió a tomar su cuaderno con la pluma dentro y se dispuso a salir de la habitación, pero antes de alcanzar la puerta, la voz del Rey llamándola tras de sí la detuvo, volviéndose a girar para enfrentarlo.

-Bonnie, dulzura, hazme el favor de llamar a Pancito, necesito consultarle algo.

-Claro, enseguida.

-Princesa, eso que tienes entre tus manos ¿es acaso un diario intimo o una de esas cosas?

-Oh… Pues, sí, se podría decir que así es, aunque la mayoría del tiempo lo utilizo para tomar notas o hacer formulas.

-Bah, que aburrido… -comentaba perezoso su tío a lo que la princesa solo llegó a dedicarle una sonrisa con el seño fruncido.

-Ya me voy. Ah, y por cierto, no se te vaya a olvidar de…

-Mi medicina de las doce menos cuarto, no se me olvida -le interrumpió adivinando su comentario. Bonnie le volvió a sonreír para luego finalmente marcharse. Instantes después, el mayordomo Pancito tocó a la puerta.

Este más dudoso que dispuesto, se acerco con calma hasta la cama de su majestad, sospechando que es lo que pasaría a continuación, pero una vez llegó a su lado y viendo que todavía no ocurría nada, carraspeó un poco antes de soltar palabra.

-Buenos días, su majes- pero su frase quedo sosegada en cuanto el querido Rey Gumbald comenzara a soltar todo tipo de palabrotas, una detrás de la otra, casi saliendo a los empujones de su boca, hasta que terminó por dejar que su repertorio se tomar un suspiro. Pancito solo atinó a tragar saliva de los nervios.

-No te quedes ahí parado, ayúdame a levantarme -exigió el Rey con premura. No había querido admitirlo frente a la Princesa, pero el dolor que sentía su cuerpo era demasiado fuerte como para moverse si quiera. Todos estos días despertaba exhausto, como si durante la noche hubiera estado enredado en alguna especie de batalla, una que temía no salir vencedor a la mañana siguiente. -Ayúdame a caminar hasta el baño.

-Por supuesto, majestad.

-¿A qué te refieres con eso? ¿Crees que no podría hacerlo por mi mismo si quisiera? -le interrogo repentinamente molesto. Al ver la duda en la cara de su mayordomo, Gumbald suavizo su severa mirada, suspirando pesadamente. Sintió un ligero malestar en el pecho, ¿desde cuándo se había vuelto tan gruñón? -Solo… Haz lo que te pido y ya, ¿de acuerdo?

-Sí, alteza. ¿Qué otra cosa desea su majestad que le cumpla?

-Trame un árbol.

-¿Un árbol alteza?

-Muero de ganas por talar un árbol. -El Rey miro hacía el suelo mientras que Pancito le colocaba su calzado. Estaba preocupado, pues hace mucho tiempo que no sentía que las cosas se le estaban yendo de las manos de esa manera y más ahora, que no sabía si tendría las fuerzas necesarias para solventarlo, y lo peor es que sabía que todo aquello era su culpa. -¿Sabes que es mejor que talar un tronco con una filosa hacha? ¡Talar dos troncos! ¿Y sabes que es mejor? ¡Destrozar tres! ¿Y mejor todavía? ¡Talar un bosque entero con tus propias manos! Ja ja jaaa… Yo una vez lo hice, no con un bosque entero, pero si con una parte importante de este. Tome el hacha más grande que pude encontrar y uno por uno hice que esos árboles cayeran en una sola noche, ¿te lo puedes imaginar? ¡En una sola noche! En ese entonces era mucho más joven, más vigoroso, tenía un cuerpo diez aunque no lo creas… Nunca me había sentido tan bien antes, y al día siguiente, cuando los rayos del sol cayeron sobre mi sudoroso y rasguñado rostro, supe que tenía un problema…

-Oh, quien lo diría -expresó con moderada sorpresa su leal mayordomo -. Así que por eso fue a talar ese enorme árbol en el jardín aquella… lamentable noche.

-Precisamente. -Le confirmó apesadumbrado. Se maldijo a sí mismo y a su extraña condición. -Sé que puede ser difícil de entender, incluso descabellado, para mí también lo fue en su momento. Lo que empezó como lo que yo creía era una sencilla afición, con el tiempo se me torno más como una obsesión, y lo peor no es eso, lo peor es que pensé que ya lo había superado hace mucho, mucho tiempo… Pero encima caer ahora en los malos hábitos, sobretodo en estas circunstancias… Fue una terrible e imperdonable torpeza, algo propio de un incompetente.

-No sea tan duro con usted mismo, alteza -intentaba animarlo el joven Pan mientras que le llevaba del brazo hasta su tocador -. Las cosas se ven mal, pero no olvide que no está solo.

Era cierto, aun tenía un reino en sus manos, personas a las que proteger… Pero ahora, y por primera vez, empezó a dudar de si la gente merecía a alguien como él en el poder.

-Pancito, ¿Qué dijo el oráculo?

-Está todo arreglado. Llegará esta tarde o por la noche a más tardar.

Perfecto. Había algo muy importante que necesitaba consultarle.

Con el Rey incapacitado para hacer sus tareas reales, quien se encargaría de ellas hasta nuevo aviso no sería alguien más que la Dulce Princesa, que a pesar de que todavía no fuera mayor de edad, era no solo la única disponible para el trabajo sino también la mejor preparada, después de todo para esto fue entrenada, y no estando tan lejos su cumpleaños dieciocho, a la mayoría les pareció conveniente probar las aptitudes de la jovencita.

Bonnie se limitaba únicamente a seguir las ordenes de su tío y de cumplir ciertos deberes en su nombre, pero aun así sus capacidades para con sus trabajos eran impecables, con forme más pasaban los días, ya un poco más de una semana para ser preciosos, la princesa tenía prácticamente la confianza de todo el reino en el bolsillo.

Sin embargo, había tres cosas que la estaban molestando sobremanera.

Una era que, estando ahora en tal posición, se entero sobre el verdadero estado de conflicto que había entre todos los reinos de oOo, algo que en realidad no tenía mucho tiempo de haber iniciado pero que aún así le fue completamente indiferente hasta hace poco, y tampoco es que se tratara de cualquier cosa, pues las palabras 'aliados', 'enemigos' y 'enfrentamientos' han estado dando muchas vueltas por el aire, demasiadas en realidad, por lo que había que estar precavidos.

Lo segundo, es que el Rey Gumbald no estaba mejorando, y más ahora con la mejor capacitada para atender al monarca muy lejos del reino, no lo quedaba otra cosa más que esperar y confiar en los medicamentos, pues en esta ocasión, muy a su pesar, el Rey desestimó los efectos del 'jarabe prohibido'.

Y en cuanto a lo tercero pues… No era tan importante, pero aún así a veces mantenía distraída a la princesa, en especial durante las noches, y es que después de esa espeluznante salida al bosque no había vuelto a ver más a Marceline. Estaba justo pensando en eso mientras terminaba de firmar unos documentos, cuando uno de los banana guardias del castillo le llegó con una noticia: -Princesa, hay alguien en las puertas del reino que exige hablar con usted.

-Vamos Bananita, solo déjame pasar. -Había repetido por decimotercera vez la visitante encapuchada con un buzo de oscuro color. -Te prometo que me porto bien, dale, no seas así.

Pero el guardia se mostraba completamente inexpresivo y firme con su actitud de "¡no puedes pasar!", pero eso cambio en cuanto la Dulce Princesa finalmente llegó hasta la entrada. En cuanto las vistas de ambos personajes de cruzaron se mostraron confundidos, pues ninguna de ellas se había visto en persona antes.

-Supongo que tú eres la visitante que preguntaba por mí -había dicho la princesa con seria cordialidad -. Bien, aquí me tienes, ¿en qué puedo ayudarte?

-Wow, ¿así que tú eres la famosa Bonnie? -La peli rosada arqueo una sola ceja ante la despreocupada pregunta.

-Princesa Bonnibel Bubblegum, sí, ¿acaso ya nos conocíamos? -preguntó en un tono un poco más indiscreto. Entonces la criatura frente a ella se acercó un poco más hacia su rostro, quedando a una distancia relativamente corta, lo suficiente como para ver más allá de la oscura capucha.

-No, nos conocemos todavía -dijo la vampiresa -. Pero quizás hayas oído hablar de mí. Me llamo Keila, soy amiga de Marceline.

-Amiga de Marceline -repitió incrédula la joven hasta que sus labios volvieron a separarse ante la sorpresa -. ¿Keila?

-¿Marceline no te ha comentado sobre mí?

-Pues en ocasiones sí, claro que lo ha hecho.

"Más le valía…" pensó con desdén la morena de largos colmillos.

-¿Estás buscando a Marceline? -volvió a hablar la princesa.

-No… En realidad venía a buscarte a ti, necesitaba hablarte sobre cierto asunto… Pero esa banana parlante no me deja entrar.

-Oh, ya veo… Le hubieras dicho que venías como emisario de un mensaje hacía la familia real de parte de tu presunto monarca de turno -le respondía con tranquilidad mientras que con un gesto de su mano le ordenaba a los guardias dejarles espacio para andar.

-Ah… La verdad no se me ocurrió, no entiendo muy bien de política… -"No es política, es ingenio" respondía mentalmente la princesa. -¿Podríamos… hablar en un lugar más tranquilo, y de preferencia, bajo techo?

-No hay problema. Permíteme invitarte al castillo, estaremos muchos más cómodas. Sígueme por favor -la invitó con una cálida sonrisa a la que Keila devolvió con un poco de nerviosismo. "¿Qué acaso esta chica se porta así todo el rato? No me imagino a Marcy tolerando tanta cordialidad…"

Así, las dos chicas se subieron a uno de los carruajes de bizcochos del reino que las llevó rápidamente hasta el castillo. Durante todo el recorrido, la morena no le pudo quitar los ojos de encima a la jovencita frente a ella, lo que generó un poco de tensión entre ambas, pero le resulto inevitable. Siempre había imaginado a la princesa como alguien tierna y estricta, ¡y en verdad lo era! Pero aun así, había algo en ella que no le terminaba de cerrar del todo… También se la había imaginado un poco más… ¿madura? Sí, que aunque tenía el cuerpo de una mujer adulta, algunos de los rasgos de su rostro y sus expresiones le resultaron un poco infantiles.

-¡Uf, por fin! -decía aliviada la vampiresa mientras se quitaba apresuradamente el enorme buzo una vez que entraron al castillo, quedando ahora solo con un corto vestido -No tienes idea del calor que hacía con esta cosa puesta, yo por lo general no salgo de día.

Ahora quien se sintió incomoda fue Keila bajo la casi descarada mirada de Bonnibel que la comenzó a examinar de pies a cabeza.

-¿Sabes?... Creo que Marceline ha sabido describirte muy bien -le dijo la dulce chica con una mirada por sobretodo inocente -, porque de no haberte creído, ahora estarías lidiando con la ley.

-¿Y no lo estoy haciendo ahora?

-Buen punto.

-Así que… Marceline me ha sabido describir muy bien, ¿eh?

-A su estilo, claro -se apresuro a responder la joven, por temor a que quizás había tocado un punto delicado para la invitada.

-Claro, así es ella… ¿Te molesta si voy al punto?

-En lo absoluto -"Todo lo contrario."

-El tema es este -comenzó a decir con aires un poco más altaneros -: Sé que hace muchos días que no ves a Marceline.

-Oh, Glob... ¿Le ha pasado algo? -interrumpió con un severo tono de preocupación.

-Nah... Conociendo a esa mujer, seguro que debió de haber entrado en 'modo autista', ahogando sus penas en un sin fin de videojuegos y practicando con el bajo. -"¿Ahogar sus penas?" repitió perpleja la princesa mentalmente. -Pero eso es justo a lo que quiero ir. No sé si estás enterada de que la banda de Marcy, es decir, nuestra banda, está por tocar esta noche en el Hard Bones.

-¿En dónde?

-¡En el Hard Bones! Rayos... ¿Pero en qué mundo vives, niña? -Keila cambió su tono de voz después de ser fulminada por la mirada de la joven monarca. -Perdón, no es mi intención ofenderte... Pero es que Hard Bones es uno de los clubes más importantes de oOo, en especial si eres una de las criaturas de la noche y tienes un grupo de música.

-Pues es verdad, no estaba enterada en lo absoluto. -Después de todo no volvió a ver a Marcy después de esa noche, sino se lo hubiera contado, ¿cierto? - Se ve que es muy importante.

-¡No tienes idea de cuánto! Es el tipo de oportunidades que te llegan una vez cada quinientos años... Bueno, no que a mí me importaría esperara a la próxima, sabes... Pero aun así, ¡es ese tipo de eventos en el que no quieres que nada salga mal! Y para nuestra mala suerte, ahora nuestra front famele anda de bajón.

-¿Qué? -Bonnie movió la cabeza al preguntar, como si intentara asimilar todo lo que acababa de escuchar -P-pero, ¿por qué, qué es lo que le pasa?

"Justamente, sospecho que eres tú lo que le pasa, querida" Keila se mordió los labios luego de pensar aquello, procurando que no se le llegase a escapar esa frase de la boca, por las dudas llegará a estropear las cosas. En lugar de eso, probó en ser un poco más concisa.

-Por ahora no nos importa lo que le haya pasado... Oye, es mi colega y todo, pero ninguno de los del grupo tiene muchas ganas de arriesgar esta oportunidad por la posibilidad de que a la vampirita le dé una rabieta en el escenario... ¡No sabes lo turbia que se puede poner las cosa si algo sale mal! En resumen, lo que necesito es a una Marceline mucho más concentrada y con ánimos de subir al escenario, si es que me entiendes.

-Lo entiendo, lo que no comprendo es como entro yo en todo esto.

-Usa la imaginación, linda -le dijo ya sin poder evitar ese tono tan pícaro que tanto había estado tratando de moderar -. Solo se me ocurre una manera de poner a Marceline contenta.

Bonnibel creyó que sus mejillas comenzarían a arder, en especial cuando la morena vampiresa le guiñó un ojo. No quería imaginarse en que estaba pensando realmente, incluso dudó antes de volver a preguntarle.

-Ni yo lo entiendo muy bien realmente... -volvía a hablar Keila - Pero casi estoy segura de que a Marcy le pondría muy feliz verte allí dándole ánimos.

-¿Lo dices enserio? -Una parte de la joven princesa deseaba creer en lo que esa extraña y desalineada chica frente a ella le estaba diciendo.

Asistir a uno de las presentaciones que daba Marceline siempre le había resultado una posibilidad bastante improbable, pero muy tentativa, después de todo la única objeción que tenía para dar era porque siempre lo hacía en alguno de estos lugares en los que una dulce princesita como ella no tiene nada que hacer, igual que ahora, pero aun así...

-Mira, si te soy complemente sincera, y no quiero que te ofendas, pero la verdad es que no comprendo por qué Marcy si quiera te presta el mínimo de atención, y lo que es más, que después de tanto tiempo siga insistiendo en volver a este... colorido y empalagoso reino, de nuevo, no quiero que te ofendas. Oye, yo también sé lo de ese acuerdo de hace tiempo o lo que sea, pero siendo honestos, es un poco-bastante tonto...

-¿Acuerdo? ¿Qué acuerdo?

-Ya sabes, ese que Marceline firmó hace muchos años, yo todavía no la conocía por entonces...

-No, alto... ¿Pero de qué carajo hablas?

Keia abrió muy grandes los ojos en señal de sorpresa, la repentina expresión de la joven monarca la tomo por sorpresa. "Oh, mierda... ¿Acaso habré metido la pata? Pensé que la princesa sabía lo de ese acuerdo." Ante la duda, Keila distrajo la atención de la princesa hacía otro lado.

-Oye Princesa, su alteza, o como quieras, ando con poco tiempo, todavía tengo que preparar un montón de cosas para esta noche -Sí, eso se oía convincente, teniendo en cuenta que esta mañana no había hecho nada más que juntar valor para venir hasta el Dulce Reino. -. Así que solo dime a qué hora vengo por ti, o si vas a ir por ti misma así te hago un mapa de a dónde queda el lugar...

-Hey, espera, que todavía no he dicho que sí.

-¡¿Qué?! Pero tienes que decir que sí, es decir, ¡¿cómo no vas a venir?! Es un momento muy importante en la vida de tu amiga, ¿qué no?

"¿Qué era para ella?". Esa frase volvió a resonar en su cabeza a la vez que un atisbo lúgubre cruzaba por sus facciones.

-Mira Keila, es muy... considerado de tu parte todo lo que estás haciendo, eso creo... Pero yo ahora estoy muy ocupada, tengo muchas cosas de las que ocuparme ahora además de tener a mi tío enfermo y sin poder moverse más allá de su habitación, no puedo darme el atrevimiento ahora de ir a un concierto por la noche.

-Pero ni siquiera tienes que quedarte toda la tocada, solo cuando entremos nosotros. Es enserio Princesa, te apuesto lo que quieras a que si Marcy te ve entre el público su performance va a ser de locura.

-Yo también estoy hablando enserio. -Ahí estaba de vuelta, ese tono aristócrata que tanto le habían inculcado desde niña, ese que era conciso e indiscutible; descubrió que siempre volvía a aparecer en ella con muchas más fuerzas en cuanto se sentía presa de la indecisión. -Lamento que te hallas tomado tantas molestias por nada, dile de mi parte a Marceline que le deseo suerte, igual a ti y al resto de su grupo.

Keila se rascó la nuca, ya no sabía que más decir o que objetar, en verdad no había considerado la posibilidad de que la princesita se negara. Pensó que lo mejor sería ya largarse de allí, pues al parecer no había nada más por hacer. Se volvió a poner el caluroso buzo encima, pero antes de salir volando por una de las ventanas (como buena vampiro que era), se dio la vuelta a volver a llamar la atención de la joven.

-Si llegas a cambiar de parecer, dentro de un par de horas seguro que estoy en el Bar del viejo ganso, está muy cerca de aquí. -Bonnibel permanecía de brazos cruzados con la mirada perdida en algún punto del salón, aun así sabía que la estaba escuchando. - Al menos deberías ir como muestra de gratitud o algo así... Conozco a la Reina Vampiro, y a pesar de que tiene todo el tiempo del mundo, no es de las que elige perderlo con cualquiera.

Bonnibel estaba a punto de decirle algo antes de que se marchara, cuando la voz de Pancito del otro lado de la habitación la interrumpió en el acto. Por un instante se le estaba por olvidar, estaba masticando una respuesta diferente para la vampiresa pero terminó por tragársela. Quería ir a esa tocada -¡por supuesto que quería!-, pero ahora tenía otras responsabilidades.

Más tarde, ese mismo día, Ash estaba entrando a hurtadillas a la cueva de Marceline. El lugar estaba sumido por completo en tinieblas, incluso un escalofrió le recorrió el cuerpo al sentir el frio que embargaba el ambiente. Suspiro casi irónico, no se esperaba menos de la Reina Vampiro.

Estaba a punto de acercarse a la biblioteca cuando un fuerte peso cayó sobre él, haciendo que perdiera el equilibrio, abrió los ojos pero la oscuridad casi no dejaba ver que era aquello que ahora se encontraba sobre si, sujetándolo con brutalidad al suelo. Alzando la voz, dijo un par de palabras mágicas, y seguidamente una pequeña luz empezó a revolotear al rededor, permitiéndole reconocer a la figura frente a suyo.

-Ah, Marceline... Por un momento pensé que se trataría de una verdadera amenaza.

Pero la vampiresa no se veía para nada contenta. Le gruño al mago con ímpetu, soltando pequeñas gotas de saliva sobre su grisáceo rostro que se le resbalaban de sus enormes colmillos, apretando sus brazos con tanta fuerza que por unos instantes creyó que se los arrancaría de un solo tirón.

-¡Que mierda haces metiéndote en mi cueva, infeliz! -gruñía Marceline con una voz que parecía sacada directo del inframundo.

-Que carácter, no creí que los demonios también tuvieran sus días...

-Muy bien, se acabo... -Marceline soltó el cuerpo del mago y se alejo flotando hacia otra punta de la cueva -Lárgate antes de que me arrepienta de haberte dejado con vida.

-¡Ja! Tu no me harías daño Mar-mar... -decía mientras se levantaba del suelo.

-Y otra cosa, deja de llamarme así.

-¿Por qué? Antes te gustaba.

Marceline se dio la vuelta para fulminarlo con la mirada. Tenía los brazos cruzados y el seño fruncido.

-Eso pasó hace mucho tiempo -dijo con aspereza.

-Ni tanto en realidad, al menos no para mí... Yo aun recuerdo muy bien nuestra época juntos.

-¿Te doy un consejo? En el caso de que alguna vez hayas tomado alguno... No es bueno vivir en el pasado, Ash.

-Tú sí que sabes de esas cosas, ¿cierto? Todavía no entiendo porque sigues tan enojada conmigo, es decir... ¿Qué culpa tengo yo de que te hallas enamorado del sujeto equivocado?

-Lección aprendida. -respondió sarcástica.

-¿Todavía crees que sigo siendo el mismo de siempre, verdad? -le preguntó mientras que se acercaba a ella con las manos en los bolsillos.

-No lo creo, lo sé. Sé que nunca vas a cambiar, y también sé que estás a punto de morirte si no sales de inmediato de mi cueva.

-Más te vale cuidar ese carácter, querida Marceline, no vaya a ser cosa de que algo salga mal hoy en la tocada de tu grupo.

"Demonios, ¿es hoy?" pensó con alarma la vampiresa. De haber tenido un calendario se habría fijado al instante en él. Había estado tanto tiempo metida en su cueva que ni siquiera noto el paso del tiempo, aun así, eso no la distrajo de lo que acaba de decirle el mago.

-¿Acaso me estas amenazando?

-Al contrario... De hecho, estoy aquí porque me había preocupado por ti. Quién sabe, a lo mejor te paso algo y nadie se entero...

-Pff... ¿Qué podría pasarme a mí?

-Ja, ja... Claro, por poco lo olvido. Bueno, por cómo me has tratado, veo que estas bien... Supongo que entonces nos veremos esta noche. -Justo antes de que saliera, se volvió a dar la vuelta para hablarle una vez más. -¡Ah, y por cierto! Antes de que me lo preguntes... No, no puedo venir a buscarte para ir juntos al local, tengo que estar allí en un par de horas para trabajar.

Marceline arqueo una sola ceja. Todavía seguía con los brazos cruzados, pero deshizo el agarre de uno de ellos para levantar la mano y enseñarle el dedo medio. Ash simplemente le sonrió divertido antes de salir definitivamente de la cueva.

La vampiresa bufó detrás de él. Odiaba esa sonrisa burlona y arrogante, esa misma que por algún tiempo atrás le había resultado tan atractiva. A veces se preguntaba que fue realmente lo que vio en él en la época en la que habían salido juntos, y volviéndolo a ver ahora se supo responder a ello. No se creía ni tan tonta, pero la realidad es que por aquellos días había caído en ese encanto de niñito malcriado rebelde, y lo cierto es que él ni siquiera era de su tipo... Nah, de seguro habría estado mal de la cabeza, habría estado pasando por un mal momento o algo, lo que sea sería más lógico que pensar que realmente se había enamorado...

-¿Enamorada yo? Qué locura... -dijo en voz alta. Cuando volvió a echar un vistazo a su cueva, la luz que había estado revoloteando por los poderes de Ash se había terminado de difuminar, dejándola nuevamente a oscuras. Sintió rugir su estomago. Esto no es bueno. No sabía ni cuánto tiempo le quedaba para alistarse antes de la presentación, seguramente Keila le echaría la bronca si se le ocurría llegar muy tarde. Se apretó el estomago, estaba empezando a sentirse hambrienta y no se había dado ni cuentas. Quizás incluso, si Ash hubiera llegado dos o tres minutos más tarde, podría haberse topado con un grave problema, pues la vampiresa no discrimina en tiempos de hambre. Tenía que buscar con urgencia algo para zacear su sed, lo último que quería era que su garganta comenzara a arder durante la tocada. De inmediato pensó en cerezas, pero eso no sería suficiente, ¿manzanas, tomates tal vez? No, se sentía especialmente quisquillosa... Tenía antojo de algo un poco más dulce, un rojo más claro quizás... "¿Rosa? ¿Pasteles? ¿Chicle? ¿Hace cuanto que no visita el Dulce Reino? Bonnie no ha vuelto por aquí, ¿será que sigue enojada?... Pero... ¡No hay tiempo de pensar en eso ahora!"

Unas dos horas después, Keila estaba a punto de largarse del bar del viejo ganso. Miraba el reloj colgado en la barra como maniática, faltaba tan poco para que tenga que ir hasta el Hard Bones, que quedaba tan lejos de allí, pero este era el único lugar decente que se encontraba cerca del Dulce Reino donde poder pasar el tiempo. Cada minuto que pasaba empezaba a perder un poco más las esperanzas de que la Dulce Princesa se decidiera a cambiar de opinión. Pensó que no había caso, después de todo realmente no sabía que es lo que hacen ese tipo de monarcas. Lo dio por perdido, pidió la cuenta al extraño barman y se dispuso a salir de allí.

Al abrir la puerta se encontró con unos inocentes ojos violetas que la miraban un tanto alterada.

-¡Princesa! -Dijo entusiasmada la morena. -Por un momento creí que no vendrías, sabía que hasta alguien como tu sería capaz de...

-Hey -le interrumpió apresuradamente -. Solo iré a ver su presentación, no creo que dure demasiado.

-¡Para nada! Ya veras, ¡será genial! Muero por ver la cara que pondrá Marcy cuando te vea, seguro que te intenta impresionar o algo...

La princesa se terminó perdiendo entre el amontonado palabrerío que soltaba Keila, mientras que recordaba lo que le había dicho su tío.

[ . . . ]

-Tío Gumbald, ¿me llamaste? -preguntaba con timidez al entrar en la habitación.

-¡Por fin, Bonnibel!... ¿Qué haces aquí? -le decía el viejo monarca.

-...Pensé que me habías llamado...

-¡No! No me refiero a eso... Digo qué es lo que haces aquí, en el castillo...

-... ¿Vivo aquí? -le decía confundida, no entendía a que quería llegar.

-No… ¿Por qué no le dijiste que sí a la amiga de Marceline?

-¿Qué?... Pero, ¿cómo es que sabes sobre eso?

-Ves esto querida -le decía mientras señalaba su corona. -Soy un dulce y sabio rey. Yo lo sé todo.

-Te lo contó Pancito, ¿verdad?

-Bueno… Sí, pero no me cambies de tema...

-Sabes que tengo muchos asuntos de los que ocuparme.

-Por favor, ni que fueran tantos... -La joven lo miró extrañada, era muy raro escuchar al Rey hablar de esa manera, aun cuando se tratara de su sobrina.

-Pues no lo serían, de no ser por una reciente disputa entre reinos, del cual por cierto no se me tenía del todo informada.

La expresión del rey cambió de inmediato.

-Bonnie, linda...

-¿Por qué me mantuviste ajena a todo este asunto, crees que soy demasiado joven para manejarlo? -Bonnie se detuvo por un momento al escuchar las palabras que solo salían de su boca, y no podía creerlo, su tío no se encontraba en el mejor de los estados, y ahora lo bombardeaba con este tipo de preguntas. Enseguida pensó que si alguien le llegase a decir que se estaba comportando de manera infantil, no sabría si tendría suficientes puntos para poder contradecirlo.

-Claro que no -Gumbald hubiera deseado tener las fuerzas necesarias para poder acercarse hasta su sobrina y tomarla de las manos -. No existe nadie en todo el mundo en quién confié para este tipo de cosas más que tu, princesa. Todo lo que hago es por tu bien y el de nuestro reino, y ahora mismo, lamento decirte que estás yendo en contra de mis planes.

-¿Pero cómo? No lo entiendo, si siempre hago todo lo que me pides...

-Algún día lo entenderás, mi dulce princesa, y ese momento será cuando finalmente tomes mi posición.

La princesa agachó la cabeza intentando no llorar. Por más que ya sabía todas estas cosas, aun así le dolía pensar en ellas, en especial en la idea de que algún día su querido tío ya no estaría para guiarla. Algún día tendría que no solo guiarse por sí misma, sino también a todo un reino... Y francamente, jamás se había sentido menos preparada como ahora.

-¿Qué es lo que quieres que haga... Rey Gumbald?

-Quiero que vayas a esa... cosa de bandas o lo que sea... Y si te estás preguntando el por qué, pues de momento solo tendrás que confiar en mí, ¿de acuerdo?

-De acuerdo. -Bonnibel levantó la cabeza para dedicarle una última mirada al hombre frente a ella antes de marcharse, temiendo que las lágrimas terminaran por escapársele de entre las pestañas. -A la orden, su majes... Es decir, confío en ti, tío Gumbald.

-Esa es mi pequeña. -dijo el monarca en su agonizante susurro que la princesa no llegó a escuchar.

[ . . . ]

-¡Princesa! -gritó por cuarta vez Keila sacando del momentáneo estado de ensoñación en el que había entrado la peli rosada por unos momentos. -¿Estás con nosotros o...?

-Sí, sí, perdona. Salgamos de una vez, no quiero retrasarte...

-Ammm... -La vampiresa morena se rasco la barbilla pensativa luego de echarle una ojeada más a la otra joven -Mira, no me tomes a mal lo que te estoy por decir, pero... ¿así vas a ir vestida?

-¿Qué tiene de malo lo que llevó puesto? -decía sonando un poco ofendida mientras miraba su conjunto de color rosa y turquesa.

-Es que luces como una… Novata... Y en el Hard Bones, a los novatos se los comen como caramelos... ¡Ja! Nunca mejor dicho. ¡Pero no te preocupes! -dicho esto, la tomó del brazo y la arrastro a la que se supone era la dirección contraria hacía el local.

-¿A dónde me llevas ahora?

-Duh, ¿no es obvio? ¡It's time for a makeover! Tranquila, que en mis manos ¡lucirás como la mejor perra de todo el inframundo! -"Y de paso le doy una sorpresita a Marcy..."

-¿¡Qué-qué-QUÉ?!


P/D: No pienso abandonar este fic :3