Antes de empezar: A todos los que comentaron en el capitulo anterior, no pregunten, pero son unos amores de personas :3 Y ya está ^^
Saludos a todos los lectores!
Capitulo 14:
El baterista del grupo que estaba tocando en el escenario, estaba haciendo uno de los solos más monstruosos que la Reina Vampiro alguna vez haya oído en su existencia, y de no ser porque el sujeto que lo hacía era una especie de demonio con orejas de conejo, hubiera dicho que era 'inhumano'. Era tan bueno, que Marceline ya había olvidado cuando fue la última vez que había visto a Bongo, su fantasmagórico amigo y baterista de su grupo, quien siempre se porta tan despreocupado y amistoso, con esa tremenda cara de nerviosismo y desamparo. Sin dudas sabía que ahora quedaría opacado frente a tal performance, incluso Guy, el tecladista, se veía un poco desalentado.
De hecho, todos estaban con un humor de perros, sobre todo porque cuando el grupo sobre el escenario terminase, ellos tendrían que entrar en escena, y su querida guitarrista aun no los había honrado con su presencia. Por un momento, Marceline fue la que creyó que llegaba tarde. Optó por ponerse lo primero que pillara entre sus cosas, que resultan ser una camisa de franela tan larga que le quedaba como si fuera un vestido, sus botas, y encima de todo una chaqueta de cuero, pues esa noche había empezado a refrescar cuando salió finalmente de su cueva. Al menos se había detenido a buscar algo de comer antes de llegar, pero aun así, tanto tiempo encerrada no le había sentado del todo bien.
-Mierda, sí que son buenos... -comentó Guy luego de volver a echarles una mirada al grupo en el escenario tras la cortina. -Pero es que mira, ¡ese tipo esta chiflado! ¿Cómo se supone que vamos a mejorar eso?
-¿Te quieres callar, Guy? -le espetó exasperada la vampiresa. -Hablas como si nosotros no fuéramos buenos.
-N-no estoy diciendo que no lo seamos, solo que...
-¡Entonces cierra la boca! -Marceline golpeo con frustración el parlante detrás de ella y por algún motivo la garganta le había empezado a arder. "Genial, lo que faltaba" -. Demonios, ¿en dónde carajos se metió Keila? ¿Por qué aun no llega?
-¿Y cómo se supone que voy a saberlo? -susurró también frustrado Guy.
-Ya cálmense los dos -saltó Bongo, quien los miraba a ambos apoyado en la pared contraria -. Keila estará al caer, y seguro tiene una muy, muy, muy, muy... muy buena explicación de por qué la tardanza.
Y cuando Marceline creyó que las cosas no podían seguir empeorando, Ash apreció por una de las puertas de los encargados del lugar contres botellas de lo que suponía era alguna bebida alcohólica en las manos.
-Hey muchachitos, ¿a que son una locura estos tipos? -les dijo el mago peli blanco señalando al grupo todavía en el escenario.
Marceline resopló al escucharlo, moviendo la cabeza a otro lugar para evitar verlo. Guy y Bongo en cambio le respondieron en postura un poco más amistosa, suponiendo que aquello que acaba de decir fuese solo una broma para molestarlos. Ninguno de los dos sabía nada acerca de la pequeña historia que había tenido ella con Ash, y aunque lo supieran, dudaba por ejemplo de que Bongo se hiciera demasiado la cabeza con el tema, por otro lado Guy seguramente que sí, siempre fue muy sensible en esos aspectos. La única que sabía algo sobre esto -y muy encima- era Keila...
-Como no aparezcas en los próximos dos minutos, Keila, te juro que te envió de una patada al sol... Glob, ¡solo date prisa! -refunfuñó con fastidio.
Mientras tanto afuera del local, una morena vampiresa y una joven princesa se encaminaban a la entrada trasera del lugar. Bonnibel miró a su alrededor teniendo a Keila flotando sobre ella, guiándola. Había visto a un joven minotauro besándose con una especie de ninfa apoyados contra una de las paredes, y no muy lejos de estos a un grupo de duendes nocturnos teniendo una fuerte pelea. Se había distraído tanto en esto que por accidente piso a una serpiente que para su suerte estaba sujetada de una correa, y su dueño, un monstruo esquelético, le gruño con un sonido crepitante que le provocó una hilera de escalofríos que le recorrió la espalda. Rápidamente levantó una mano que sujetó una de las cadenas que colgaban del cinturón de la vampiresa, para llamar su atención.
-¿Qué pasa prin... Bonnibel? -Keila insistía en que era mejor que nadie se enterara que aquel dulcecito parlante pertenecía a la realeza, solo por si acaso, ya que varias criaturas aquí no se llevaban muy bien con los mandatarios en general. Aun así, la princesita había insistido en seguir usando su corona, que de alguna forma no quedaba tan desentonado con la ropa que esta le obligó a ponerse.
-Ya no me siento tan segura de esto. -dijo en un hilo de voz que solo la vampiresa llegó a escuchar.
-Tranquila, quizás creas que se ve mal, pero espera a que entres... ¡Va a ser peor! Na, que es broma... -decía entre risas.
-N-no me refiero... A eso... E-es solo que... -comenzó a rodearse con sus propios brazos y bajó la cabeza para volverse a mirar. -E-esta ropa...
-¡Oh vamos, querida! -Keila descendió un poco para quedar a su lado y a la misma altura -. Ya es muy tarde para echarse atrás. Además me cansé de decirte que te ves de muerte, y no es algo que yo suela decirle a las chicas... O a cualquiera, créeme.
-Te creo… Pero es que hace un poco de frío, ¿por qué no puedo usar algo como lo que estas usando tu?
-¿Estás loca? Yo tengo que subir al escenario, estaría demasiado expuesta si usara algo así... A parte de que no creo que me pegue mucho esa pinta...
-P-pero...
-¡Nap! Sin peros... Y más vale que empieces a parecer más segura de ti misma, que si no todos se van a dar cuenta del disfraz. -le susurró dando por terminada la discusión.
Keila se puso detrás de ella y la empujó de los hombros acercándose a la puerta de atrás, dónde un enorme monstruo de piedra cuyo cartelito colgado a un costado de su chaqueta lo identificaba como uno de los guardias de seguridad del Hard Bones, les detuvo el paso.
-Perdonen preciosas, pero solo pasan por aquí personal autorizado. -les dijo con voz autoritaria.
-Ah, lo siento, no lo sabíamos... -empezó a decir Keila con ironía, luego sacó el pase que llevaba colgado del cuello que le habían dado como miembro de uno de los grupos -. ¿Qué dices amigo pase V.I.P.?... Mmh... Mi amigo dice que si podemos pasar.
El monstruo de piedra le dedicó una tosca mirada a la morena, pero antes de dejarlas entrar volvió a colocar su mirada ahora sobre la joven peli rosada, quien apretó los labios ante los repentinos nervios.
-¿Y qué hay de ti, dónde está tu pase? -La princesa se llevó la mano a uno de los bolsillos como si estuviese buscando un pase que no tenía, pero para su fortuna (o desgracia), Keila actuó rápidamente en su defensa.
-Ella viene conmigo... Con nosotros - decía mientras que agitaba el pase frente a la dura expresión del sujeto.
-Sin pase, no pasas. -dijo volviendo a dirigirse a la princesa.
-Déjame entender esto -volvía a hablar la vampiresa, acercándose más al guardia para hablarle en confidente -. ¿No la vas a dejar pasar? Si de todas formas va entrar por adelante, además... Mírala, ¿me vas a decir que no te gustaría que esta dulzura este adentro... esperándote?
Cuando ambos volvieron a mirar hacia la joven, Keila le dedico a escondidas una expresión como diciendo "Vamos, ayúdame en esta...". Y aunque se removió un poco en su lugar, Bonnie recordó que tenía que intentar no parecer demasiado inocente según el consejo de Keila, por lo que no lo pensó demasiado cuando le dedicó una pequeña sonrisa cómplice al guardia para después guiñarle un ojo.
Eso había sido suficiente.
Cuando finalmente ambas chicas estuvieron adentro, Keila soltó una fuerte carcajada provocando que la princesa casi se muriera de la pena.
-¡La que te pario Bonnibel, eso estuvo increíble! Parece que alguien dejo a ese monstruo de piedra, ¡endurecido! -pero Bonnie seguía demasiado avergonzada como para hacer caso del mal chiste de la morena, quien no dejaba de burlarse y darle pequeños codazos, al final, una vez más tranquila, le dijo -: Bueno, ahora ve a divertirte por ahí un rato, querida Bonnibel, que yo tengo que prepararme para tocar. Por cierto, toma esto. -y seguidamente se sacó su pase V.I.P. del cuello.
-P-pero... ¿N-no puedo quedarme detrás del escenario... ce-cerca de ustedes? -se apresuró a decir, pero aun así ya había recibido el pase.
-¿Y arruinar la sorpresa? Olvídalo... Además con esa cosa te puedes pedir lo que quieras en la barra, solo relájate, tomate algo y disfruta de la función, y no te aflijas, las criaturas aquí no son tan malas como la mayormente aparentan.
Keila le dio unos golpecitos en la espalda como intentando alentarla. Nope, no tenía la más pálida idea de lo complicado que le iba a resultar a la princesa mimetizarse con el resto de criaturas en el lugar, pero tampoco pudo refutar nada ya que la vampiresa se había escabullido tras una cortina, dejándola sola, y antes de tener que volver a encontrarse con el guardia, prefirió marcharse a buscar la barra.
-¡Hey-hey-hey! ¿Qué pasó, perras? -entró saludando a todo pulmón Keila cuando ubicó al resto de su banda, y su gran sonrisa quedó un tanto aplacada cuando se encontró con los ojos de Marceline, que se habían puesto de un fulminante color carmesí. -Eh, Marcy... No te ves muy bien...
-¡Keila, por fin! ¿Dónde mierda te habías metido? -preguntó Guy acercándose hasta ellas.
-Si, Keila -acotó Marceline con la voz enervada. -. Los chicos y yo estábamos deseosos por saber que excelente excusa nos tenías preparada.
-Eso ya no importa, la cosa es que llegó, y ya estamos a nada de entrar, así que hay que prepararnos... -les decía Bongo quien se apareció por atrás.
-No, Bongo. -le dijo la Reina Vampiro contundente, estaba más que tensa y enfadada por toda la situación. -Yo quiero escuchar que es lo que nos tiene que decir. ¿Y bien, querida Keila? Estoy esperando...
-Oh, bueno. Quería que fuera una sorpresa... ¡Pero qué más da! Sígueme reinita. -le volvía a decir entusiasmada.
Marceline la siguió con la mirada hasta un costado del escenario, viendo como se asomaba por entre el telón para ver hacía el resto del bar, como si estuviese intentando localizar a alguien, hasta que finalmente pareció encontrar eso que buscaba, haciéndole entonces señas con la mano a el resto de sus compañeros. Todos, incluyendo a Ash que todavía se encontraba con ellos, se acercaron a espiar por el borde del telón.
-¿Qué se supone que tenemos que ver? -preguntaba Guy sonando verdaderamente intrigado.
-¡Ja!... Creo que ya sé a qué se refiere... -Había dicho Ash entre dientes, tan despacio que solo Marcy llegó a escucharlo, y quizás también Keila. Luego este se marchó.
-¿Qué, dónde? -preguntó Marceline.
-Por ahí, al lado de la barra, ¿no la ves?
-¿Ver a quién? -La vampiresa observó a todos los que estaban cerca de la barra, ninguno le parecía remotamente interesante, ni mucho menos familiar. Finalmente su visión se detuvo en una joven al final de toda la barra, apoyada de espaldas a esta y mirando al escenario, sosteniendo una bebida en la mano y moviendo ligeramente la cabeza al ritmo de la música ambiental, pues la banda que había estado sobre el escenario ya había terminado. Muy atractiva, pero tampoco la conocía.
-Ay, madre mía... ¿Quién esa dulzura? -preguntó Guy, seguramente enfocado en la misma chica que había visto, o eso intuyó.
"¿Dulzura?"
Volvió a mirarla más detenidamente, y solo entonces reparó en la punta de la corona que se dejaba asomar entre unos rebeldes mechones de cabello rosado.
-Oh... My... Glob... No... Puede... ¡¿Esa es...?!
-¡Sorpresa! -dejo Keila en cuanto notó la expresión de su amiga.
Era imposible que la vista tan aguda de Marceline le fallara, y por un momento esperó que así fuera, pero no. Quien estaba apoyada al lado de la barra era la mismísima Bonnibel Bubblegum. El por qué de no haberla reconocido desde un principio fue porque a pesar de todo el tiempo que llevaba conociéndola, jamás, nunca de los nunca, never and ever, la había visto vestida de esa manera tan... Tan...
Estaba usando un top negro desajustado, con el dibujo de una carita muerta, que dejaba lucir todo su abdomen, unos shorts quizás demasiado cortos de jean oscuro sobre unos cancanes grises muy desgastados, con botas negras que llegan un poco más abajo de sus rodillas, guantes de red sin dedos y muñequeras que le adornaban ambas manos y brazos, un ancho cinto de tachas rodeando la suave curva de sus caderas, incluso a la distancia podía notar que también iba ligeramente maquillada sobre la línea de los ojos, uno de ellos cubierto por un mechón de cabello, un cabello sumamente desarreglado, para nada prolijo, pero que en ella lucía hasta estético.
Definitivamente, si hubiera sido posible (y quizás si lo fuera) la mandíbula de Marceline hubiera caído hasta el suelo.
-Sabía que te gustaría -esa frase dicha por Keila la sacó de sus pensamientos, los cuales eran una mezcla entre confusión, nervios, sed...
De un rápido movimiento, tomó del cuello a su amiga y la arrastró hasta volver a quedar ocultas tras del telón, ante la mirada atónita de Guy y Bongo que se quedaron completamente consternados ante la reacción de la vocalista y bajista de su grupo.
-¡Que mierda Keila, que mierda...! -empezó a balbucear a los gritos Marceline, pues no sabía ni que decir, solo se limitó a sacudir a la chica por el cuello.
-Pero... Q-que manera... tan rara tienes... de expresar felicidad -decía la morena a duras penas entre sacudida y sacudida.
-¡¿Tu la trajiste?! ¡¿Cómo se te ocurre traerla, y justo aquí, y vestida así?! Por todos los demonios, ¡si hasta la prostituta de la esquina dejaba más a la imaginación que ella!
-Ay, que exagerada... -contestaba a duras penas. -A parte no me engañas, Marcy querida... Te conozco... Se cuanto morbo te dan las chicas así... Además, no es como si la fueran a violar, hay quienes van peor...
Marceline terminó por soltar con violencia a la chica y se encaminó al vuelo hacía la puerta, pero justo cuando estaba por atravesarla se encontró con Ash, quien se interpuso en su camino sin querer.
-Hey... -le decía con su sonrisita de galán -El idiota del dueño me acaba de decir que pasen ya mismo al escenario.
-¡Ya es hora! -vociferó Bongo entusiasmado, de pronto sintiéndose animado una vez más. La Reina Vampiro por otro lado trago saliva, volteando con la mirada incrédula hacía el lugar dónde había dejado apoyado su bajo, y sintiéndose incapaz de moverse si quiera.
-No te aflijas, Mar-mar. Si quieres, yo te puedo ir a cuidar a la princesita. -escuchó decir a Ash muy cerca de ella, y no hizo falta que se volviera a verlo para adivinar qué cara estaba poniendo.
-¡Aléjate de ella, Ash! -le gruñó, enseñándole los colmillos, luego se dio la vuelta y le dedicó una mirada fulminante a su guitarrista. -Después atenderé asuntos contigo. ¡Ahora muevan el culo y suban al escenario!
Tanto ella como Guy y Bongo, al momento ya se encontraban acomodando y preparando sus instrumentos, pero Keila aun no había podido moverse de su lugar. "Demonios... ¿Será que metí la pata?". Y no fue sino hasta que notó que Ash se había parado a su lado que no pudo salir de sus pensamientos, hasta que este le dijo susurrante y casi atemorizante al oído: -Traerla aquí fue una brillante idea Kei, bien hecho.
"¡Mierda! ¡Definitivamente la he cagado!" pensó arrepentida. No quería que las cosas salieran mal, pero ahora solo le quedaba subir al escenario, dar lo mejor, y rezar... Y eso que era una criatura 'maligna'.
Mientras tanto, la princesa había pasado toda su concentración al vaso que tenía entre las manos. Había pedido una bebida energizante, era de lo más dulce que tenían para ofrecer en la barra, pero solo bastó que lo oliera para detectar una sustancia que estaba segura no pertenecía a los normales ingredientes de preparación. No tenía idea de lo que era y tampoco estaba en sus planes averiguarlo, al menos por ahora, bien podía llevársela para analizarla después en el laboratorio.
Su intención era pasar desapercibida y no hacer contacto visual con nadie, por lo que un vacío se le formo en el estomago cuando escuchó a alguien a su lado intentando hablarle por sobre la estruendosa música del lugar.
-¿Princesa Bubblegum? -No podía ser... ¿Alguien la había reconocido? No quería voltearse, pero la insistencia del emisor la obligó a por lo menos echarle un vistazo. Se trataba de un joven, pero no lograba identificarlo de nada.
-Soy Hobus, ¿me recuerdas? -le dijo amistosamente. -De la fiesta de Arcoíris. Nos conocimos ahí, hablamos un rato... bailamos, bebimos...
Solo entonces la princesa se movió para mirarlo mejor. Era un chicos a penas un poco más alto que ella, de cabello oscuro y piel amarillenta, sin dudas mestizo, pues por su tono y suave apariencia, sabía que era una cruza entre quien sabe qué otra criatura y uno de los dulces habitantes de su reino. Como él había muchos, pero no todos residían en el Dulce Reino, lo que explicaba por qué no lo había identificado... Y de hecho, ahora también le estaba costando un poco, pero no quería sonar muy grosera después de lo amigable que este había sonado para con ella.
-Oh, claro, Hobus... -empezó a fingir. -No te veía desde... La fiesta de Arcoíris...
-Ja, si, no ha pasado mucho... -Bonnie reparó en su atuendo, a penas estaba usando unos jeans oscuros, una camisa negra sin mangas y botas de cuero. ¡Glob, como hubiera preferido vestirse así! ¿Pero en qué estaba pensando cuando le permitió a Keila elegirle la ropa? Sintió pena de inmediato, otra vez -Te ves muy... Amm... Diferente. Pero diferente, en plan, diferente también es grandioso.
-Gracias, Hobus. -Contestó ocultando su rostro detrás del vaso y mirando hacia otro lado.
-No te creía de las que suelen venir aquí a menudo.
-N-no... S-solo es... Amm... Una ocasión especial.
-Ah, y... ¿qué celebramos? -preguntó acercándose un poco más a ella.
Pero la princesa no llegó a contestar. Las pocas luces de repente se apagaron, dejando al lugar en tinieblas, lo cual hizo saltar de un escalofrío a la dulce chica, provocando que se retrajera e inconscientemente acercara su cuerpo al de Hobus, conteniendo un chillido que se murió de ganas por haber salido de entre sus labios. Al final, fueron las luces del escenario las que se volvieron a encender. Había llegado la hora del próximo show.
-¡Somos Marceline & Scream Queens, y estamos aquí para hacerles pensar en la muerte, ponerlos tristes y esas cosas... Un, dos, tres, cuatro...!
La banda comenzó con una canción puramente instrumental, potente, ruda e impertinente, como para presentarse ante todas las malditas criaturas. Y casi de inmediato, una sensación de seguridad se apodero de Bonnie cuando vio a Marcy sobre el escenario, después de haber pasado ya días sin verla. Bajo el reflector de las luces, siendo no solo el centro de atención, del escenario, sino de todo el mundo por un momento. Bonnie creyó que jamás la había visto tan grande como ahora, y si embargo, no se veía muy bien. Tenía la cabeza gacha, sus dedos se movían con presteza y perfección sobre su maléfico instrumento, el sonido era genial, pero ella parecía no atreverse a levantar la cabeza. ¿Se trataba acaso de algún número de actuación para el público? La princesa no tenía ni idea, pero hubiera jurado que no era así.
-¿Te gusta mucho esta música? -preguntó Hobus a su oído que de pronto y sin darse cuenta, ya no estaba tan lejos. Pero Bonnie no le contesto, no se movía, solo observaba y no sabía si lo que sentía era encanto o preocupación por el grupo en general, pues su presentación no parecía estar dando muy buena impresión a los espectadores. Todos seguro estaban muy ebrios, pero no tanto al parecer para moverse al ritmo de música que no les agrada.
Cuando terminaron la primera canción, fue Keila quien dejó escapar apropósito una nota de más al final, provocando justamente lo que ella quería. El resto del grupo se volteo a verla, incluyendo a Marceline, aunque esta solo la miraba de reojo, pero fue suficiente. De alguna manera, la expresión que había puesto la impetuosa guitarrista lo decía todo, y tal vez Marceline sea una distraída de la vida en general, pero solía ser muy empática cuando quería y esta también había sido una ocasión. Entendió a la perfección el mensaje que le trasmitieron: ¡Ya, supéralo!
Marceline levantó la cabeza con decisión y lo primero que hizo fue buscar los ojos de Bonnie entre la oscuridad que envolvía al público. No tardo demasiado, podría reconocer el brillo en los ojos de la princesa donde fuera y cuando sea. En cuanto la dulce joven se percató de que a quien estaba sonriendo la vocalista no era alguien diferente a ella, no pudo evitar devolverle la sonrisa.
No era el mejor lugar, mucho menos el mejor momento, pero al final ambas admitieron que estaban felices de verse allí, y si la dulce, recta y exquisita princesa Bonnibel Bubblegum se había tomado las molestias de venir a verla, lo menos que podía hacer era darle la mejor presentación que alguna vez haya visto.
La bajista y líder del grupo les dedicó una mirada afirmativa al resto de los miembros de su grupo, los cuales sonrieron y pensaron con entusiasmo al unísono "¡La Reina Vampiro por fin se despertó, motherfuckers!".
Esta pasó una garra por entre su largo cabello, sacudiéndolo hacía atrás en un sedoso movimiento que con la brillante luz que hacía lucir su piel como si fuera de mármol, su postura desafiante, y una sonrisa torcida que dejaba entre ver un reluciente y mortal colmillo, fue un movimiento que se había visto demasiado seductor, pensaba Bonnibel, puesto que muchos de los presentes volvieron la cabeza al escenario.
El cambio al comienzo de la segunda canción fue demasiado relevante, parecían un grupo distinto. El público de solo verse interesados pasaron a estar súper motivados, moviéndose en grupos de aquí para allá al ritmo de los estridentes instrumentos, saltando, gritando... La energía que se empezó a respirar en el lugar era no solo impresionante, también era contagiosa.
-Princesa... -quien por momentos olvido todo el ambiente a su alrededor, su atuendo, sus problemas, su título, solo centrándose en el escenario y moviendo la cabeza en un intento por seguir el imposible ritmo. -Princesa... ¡Princesa! -Solo después de ese último llamado a los gritos, se volteo a ver al joven Hobus, del cual se había alejado bastante.
Miró a su alrededor. Quizás Hobus había gritado demasiado fuerte. Varias criaturas a su alrededor se dieron la vuelta solo para observarlos, después todos observaron solo a Bonnie.
-¿Princesa? -dijo un tipo extraño sentado a un lado de la barra. -¡Oye, tú...! -se refería a Hobus. -¿Ella tiene algo que ver con Reina?
-¿Con Reina? -dijo otro tipo al lado de este otro, quizás su colega o algo parecido. -Wow, ¿y sabes si trabaja tan bien como ella?
-¿Qué? No hombre -respondió apresurado Hobus -, ella no es una prostituta.
-¡¿Prostituta?! -repitió indignada Bonnibel.
-¿No?... ¡Mucho mejor entonces, si solo es una perra!
-¡¿Perra?!-volvió a levantar la voz Bonnie mucho más indignada. Al final va y resulta que Keila si había hecho un buen trabajo.
Antes de que se diera cuenta, los dos desconocidos sujetos de la barra ya se habían levanto de sus asientos y comenzaron a acercarse a ella, y por la expresión en sus rostros, la dulce princesita temió lo peor. Lanzó una mirada furtiva a Hobus quien quedaba rezagado y empequeñecido al lado del tipo más alto de los dos, aun así intentó interponérseles, pero fue apartado de en medio como quien ahuyenta una mosca. Bonnie retrocedió varios pasos atrás, deteniéndose en cuanto chocó contra otra de las criaturas en el lugar, provocando que a esta se le cayera la bebida que sostenía entre sus... tentáculos, lo cual no le causo ninguna gracias. La princesa de inmediato se hizo a un lado en cuanto se dio cuenta, siguió retrocediendo, pero esta vez lo que la detuvo fue un pilar de concreto. Estaba acorralada.
Uno de esos tipos, el más alto de ellos, le mostró una siniestra sonrisa que la hizo temblar de pavor.
-¿Por qué pones esa cara tan fea, a qué le tienes miedo?
-Cierto -acotaba el que se encontraba a su lado -. ¿Te da miedo jugar con nosotros, niñita?
Bonnibel sintió un horrible escalofrío recorrerle la espalda. Aquel sujeto había hablado con razón, ella solo era una triste y cobarde niñita que se había metido en dónde no debía.
Cerró los ojos con fuerza, sintiendo la presencia de esos sujetos cada vez más cerca, respiró hondo e intentó mantener la cabeza fría. Sus manos se convirtieron en puños que apretaba con tanta fuerza que creyó que se estaba lastimando a sí misma, y de inmediato pensó en que haría Marceline en un momento así... Seguramente les gruñiría, los espantaría enseguida o se convertiría en una temible criatura en solo segundos, pero ella no podía hacer nada de eso, salvo intentar defenderse de otra manera...
En cuanto abrió los ojos, pudo ver como un puño, que no era el suyo, aparecía desde atrás de ella y golpeaba en el rostro al tipo de más alto, seguidamente le dio una fuerte patada en la rodilla a quien se encontraba a su lado, y así hizo lo mismo con el siguiente, y el siguiente y quién sea que se atreviera a seguir mirando. Bonnibel observó con incredulidad hacía el escenario. Marceline se había bajado y había llegado hasta allí en un santiamén, y en el mismo tiempo se había encargado de alejar a estos tipos, quienes ahora se veían muy molestos.
Uno de ellos le arrebató una botella a quien se encontraba más cerca de este, rompiéndola contra la pared con claras intenciones de contraatacar. Eso definitivamente llamó la atención de quienes todavía se mostraban indiferentes. Marceline dio un rápido vistazo a su al rededor... Si había algo que gustará en ese lugar, eran las peleas (pues no se llamaba Hard Bones solo porque sonara bien). Definitivamente se estaba a punto de armar la gorda, y ahora ellas estaban en el medio.
En cuanto escuchó un poco de alborotó en algún punto detrás de ella, la vampiresa decidió no arriesgarse a más tonterías, por lo que de un rápido movimiento envolvió a Bonnie con un solo brazo y salió volando de allí antes de que a alguien se le ocurriese detenerlas.
En cuestión de un par de segundos, ambas chicas ya había salido de aquel sitio, y Marceline no se detuvo hasta que no estuvieron a lo que ella creyó que estaría lo suficientemente alejado. Dejó a la princesa en el suelo, colocando sus manos sobre los hombros de la joven, sacudiéndola en un movimiento que no sabía si eran de nervios, enojo o preocupación, o quizás una extraña combinación entre las tres.
-¡¿Por qué, Bonnie, por qué... qué... por qué!? -no sabía ni lo que decía pero no podía dejar de balbucear.
-Marceline, yo solo... -empezó a decir en un hilo de voz.
-¡¿Qué mierda hacías, por qué, en q-qué estabas pensando?!
-Y-yo... N-no sé... Solo, pensé que...
-¿¡Por qué aquí, por qué ahora, y por qué así...?! -le gritó definitivamente enfadada para después volver a inspeccionar su cuerpo.
-¿Tanto te molestó que viniera?
-¡Sí!... ¡No!... ¡Sí!... Digo, ¡no sé!... ¡Aghhh...! -gruñó frustrada consigo misma, tenía la cabeza hecha un destrozo. Soltó a la princesa de su agarre y comenzó a quitarse la chaqueta lo más rápido de que pudo, colocándosela de inmediato sobre los hombros a la princesa en un intento por cubrirla un poco. -No me puedo concentrar...
Bonnie sujetó con fuerza la chaqueta mientras sentía como el calor invadía sus mejillas. A Marceline le tomo solo otros cuantos segundos relajarse. Ver desde el escenario como esos sujetos acorralaban a la princesa la hizo enfurecerse bastante y también asustarla un poco. Ya no tenía sentido volver a ese lugar, lo había arruinado todo, después le daría una explicación a Guy y a los demás, si es que todavía querían escucharla.
-Tengo que sacarte de aquí... -susurró la vampiresa, estaba pensando en voz alta.
-Marceline, escúchame... y-yo quiero... discul-
-No tienes nada de que disculparte -le dijo, pero no se volteo a verla -. Te llevaré de vuelta al castillo.
Dicho esto, Marceline le dio la espalda a la princesa esperando que esta se colgara de sus hombros, pero no lo hizo. Estaba tan apenada que no podía moverse, y sus ojos luchaban por intentar no desbordarse. Cuando Marcy giró la cabeza para lanzarle una mirada impaciente,
Bonnie se tragó el orgullo, o más bien pisoteo lo que quedara de él, y se dejó llevar.
Al llegar al Dulce Reino, entraron por una de las ventanas del castillo sin ser detectadas por lo visto. Bonnie se apresuró a saltar de la espalda de la vampiresa y se apresuró a caminar por el salón, con esta otra siguiéndola por detrás.
-¿A dónde vas prince...?
-Marceline, escúchame. -Le interrumpió para después darse la vuelta y enfrentarla. -Lo siento, lo siento, lo siento muchísimo, en serio... Jamás quise que las cosas se salieran así de control, yo debí...
-Ya te dije que no tienes que disculparte -le volvió a interrumpir.
-¡Si, si tengo! Glob, si lo estropee todo...
-Pero Bonnie, si tu no hiciste nada... literalmente. Por cierto, ¿qué fue lo pasó ahí?
-Amm... -la princesa dudo un poco, aunque no le veía otra salida por ahora. -No lo entiendo muy bien... Pero, creo que me confundieron... con una tal 'Reina'
-¿'Reina'? -repitió Marceline confundida, después lo pensó por un rato y en cuanto se dio cuenta de lo que pasó, entro a carcajearse como nunca en todo el día.
-¿Te confundieron con la trabajadora sexual de la esquina? -volvía a carcajearse, sus risotadas resonaron por todo el salón.
-Ya basta Marceline, no quiero que despiertes a nadie. -pero esta no hacía caso -. ¡Deja de burlarte!
-¿Estás loca? Me acabas de dar material para burlarme de ti por el resto de tu vida...
Bonnibel se cruzó de brazos volviendo a sentir la cara enrojecida, pero no dijo nada más, pensó que se lo tenía merecido. Se dio la vuelta y se encaminó al pasillo que la llevaría a su habitación.
-¿Y ahora a dónde vas, reinita? -le preguntó sin poder parar de reír todavía.
-Té eres una reinita. Me voy a cambiar de ropa.
-¿Y por qué? Si así estás muy linda. -"Tal vez demasiado… ¡Glob, ya basta Marcy! Mejor deja que se vaya a cambiar antes de que te acusen de pedófila."
Bonnie dio vuelta la cabeza un poco para dedicarle una sonrisa estrecha. Marceline siempre aprovechaba para burlársele, así es ella... Y aun así, a pesar de todo, siempre termina portándose muy considerada y paciente. Muy paciente de hecho, al menos cuando están juntas, y no lo comprendía. Lo que le había dicho Keila hace unas horas volvió a resonar en su cabeza. ¿Por qué Marceline, siendo como es, todavía sigue volviendo a este... empalagoso y colorido reino? ¿Qué es lo que mantiene a la vampiresa al margen de querer romperle el cuello cuando la pone de los nervios? No se explicaba la causa, pero por alguna razón también temía preguntarle.
Marcy se quedó esperándola en el pasillo. Tenía la cabeza en otro sitio, por lo que no llegó a darse cuenta de que había alguien observándola desde la otra punta del lugar, hasta que este se acercó a ella. Al descubrirlo, lo miró con curiosidad.
-¿Qué tanto estas mirando, enano?
Era un ser de baja estatura, con su cuerpo envuelto en una pesada túnica de colores opacos y su rostro oculto tras una oscura capucha, pero que aun así dejaba entre ver que tenía una larga y enredada barba gris, que le sobresalía del interior cayendo sobre su pecho hasta llegar a -lo que se supondría- sería su cintura.
-Sabía que dirías eso. Tranquila, Marceline Abadeer, no quiero tener problemas contigo. -le espetó con una profunda y grave voz que verdaderamente desentonaba con su complexión. ¿Esa cosa sabía su nombre?
-¿Qué cómo sé tu nombre? -volvía a hablar.
-Amm… Yo no dije nada...
-Ciertamente, resulta que soy lo que es comúnmente conocido como un Oráculo.
-Sigo sin preguntarte nada...
-Ciertamente, sí, predigo el futuro y esas cosas. Y no, no leo mentes, aunque en cierta forma es casi lo mismo.
-Vas a seguir hablando aunque no te haga caso, ¿verdad?
-Ciertamente. Por cierto, sí, estoy aquí porque el Dulce Rey me mandó a llamar.
-Aha... -Marceline flotó hacía el sentido contrario, pero todavía seguía escuchando no solo la voz del pequeño Oráculo, también sus pasos detrás de ella.
-Curioso personaje el del Dulce Rey Gumbald, ¿verdad? -decía este con tranquilidad.
-Ciertamente. -respondió irónica sin quererlo.
-Es un hombre muy culto y muy sabio, tal vez muy excéntrico para su propio bien, que solo confía ciegamente en dos cosas en este vasto universo. Por un lado, en la que llama su sobrina, y por otro, en mis predicciones. Hace años él te hubiera dicho que eran tres cosas, pero la confianza en sí mismo ha decaído severamente.
-¿Te importaría dejar de seguirme? -Le había dicho, pero no fue una pregunta sino más bien una advertencia.
-Ciertamente no te estoy siguiendo, simplemente que estás yendo por mi mismo camino.
-¡Entonces vete por otro lado!
-No, Reina Vampiro. No puedo hacerlo, ciertamente. Además, yo no te temo. Sé que no me harás daño.
Marceline se dio la vuelta y de un raudo movimiento le asentó un puñetazo al Oráculo en dónde suponía que estaría su estomago, encontrándose con que le resultó demasiado duro para lo pequeño que se veía.
-Sabía qué harías eso, sí, así que vine preparado.
Con la vena hinchada en la frente, levantó con facilidad al Oráculo del suelo, y de haber sabido en dónde estaba, también le hubiera presionado el cuello. Se acercó a la ventana más cercana e hizo el amague para lanzarlo por ella.
-¡Espera, espera...! -le rogó apresurado.
-¿Qué pasa? Pensé que ya habías previsto esto y habías puesto un colchón abajo...
-¡Así no es como funciona! Bájame, ya te he dicho que no quiero problemas contigo, ciertamente...
-Pues para no quererlos, todavía sigues abriendo la boca.
-Ciertamente no puedo evitarlo. Siempre digo lo que veo, pero nunca pienso en lo que digo, por eso a veces las personas se molestan conmigo, cuando lo único que hago es decirles la verdad. No puedo evitarlo, así es como soy... ciertamente.
-Aun así eres una molestia. -Volvió a sujetarlo con fuerza y comenzó a mecerlo, a punto de arrojarlo definitivamente.
-¡No, aguarda...! La princesa Bubblegum no pensará bien de ti si haces lo que estás a punto de hacer...
Marceline se detuvo.
-¿Qué puedes saber tú de lo que ella opine o deje de opinar?
-No lo sé todo, pero ciertamente se muchas otras cosas. Como ya te he dicho, no soy capaz de leer las mentes de los demás, pero sí puedo conocer el futuro de los demás, que en algunas formas en casi lo mismo. Por eso sé que la Princesa Bubblegum no ve al asesinato como otra salida opcional en cualquier caso, al menos por ahora...
-¿Por ahora?
-Difícil de entender o hasta de creer, ciertamente, pero así es. Tu misma lo comprobarás cuando lleguen esos días, no así yo mismo, que ya no andaré por aquí cuando suceda porque...
-Porque ya te habré matado, ¿a que sí?
-No. Verás, ciertamente soy muy importante para este Reino, pero nadie lo sabe, salvo el Rey y quizás su mayordomo, y ahora tu, ciertamente. El Rey Bubblegum ha tomado muchas de las decisiones más importantes para su entorno fiándose de mis predicciones. Sabio y excéntrico, ese buen hombre es todo un personaje, ciertamente. Aunque también tiene sus épocas, épocas en las que ha llegado incluso a desconfiar de mí, como cuando le aconsejé que te llamara al castillo por ejemplo, la segunda vez que volviste después de ser expulsada me refiero, ha pasado ya mucho tiempo de eso, ciertamente, pero todavía recuerdo su expresión de incredulidad cuando...
En ese momento, Marceline soltó al extraño sujeto, pero no por la ventana sino sobre el suelo del salón. Al comienzo de su larga perorata, la vampiresa se había perdido luego de volver a escuchar la muletilla del tipo al hablar, pero recuperó su interés por la última parte, en cuanto escuchó su nombre y sobre ese suceso que había pasado hace ya tanto tiempo.
-¡¿Tú fuiste quien le dijo a Gumbald que me llamara la primera vez?!
-Corrección, la segunda, cuando te habían expulsado del Reino y después te llamaron para hacer de niñera de la princesa. Sí, ciertamente he sido yo. Sé que suena un poco descabellado, ciertamente lo es, pero todo tiene su explicación.
-¡Wow! Detente ahí un momento. A ver si entiendo... El hecho de que yo esté aquí, ahora, metida en este... Empalagoso y colorido castillo, y que todo lo que me ha estado pasando durante los último años, es debido absolutamente todo, a que tu un día se te ocurrió "aconsejarle" a Gumbald que obligara a quedarme aquí, ¿es cierto eso?
-Ciertamente... Si, y no. -el pequeño hombre se aclaró un poco la voz antes de seguir hablando -: Veras, mis predicciones son sumamente claras pero relativamente inestables, y esto no se debe a una cuestión de incompetencia propia, no, se debe a que el destino por entero puede llegar a cambiar solamente con la decisión de alguien. Esto funciona así desde siempre y ciertamente jamás va a cambiar. Digamos que desde el momento en el que el Rey se decidió por ti para el encargo, el destino tanto tuyo como el de la princesa y como el de cientos de otras criaturas, cambió en varios sentidos, ciertamente, y ahí es cuando entró yo, yo soy el que dice que pasará después.
Al momento Marceline sentía que la cabeza le estaba dando vuelta, así que probó poner los pies en la tierra, literalmente. Dejó de flotar y una vez parada en el suelo, se cruzo de brazos en actitud reflexiva.
Todo aquello le sonaba como una reverenda estupidez, demasiado absurdo, ¡Glob, es una completa locura, pero era real! Como criatura inmortal, todo ese tema de la hechicería y la magia eran asuntos que con el tiempo fue adoptando cierto respeto. Quizás eso explicaría el por qué a su fijación a los seres mágicos o a los magos. ¿Entonces por qué le resultaba tan complicado creer en predicciones, o en decisiones que cambiaban por siempre el curso de las cosas? Tal vez sea porque en esta ocasión la estaban afectando a gran escala. De pronto su mente se llenó de preguntas.
-Entonces, si no fuera por todo esto... ¿yo seguiría si quiera estando en oOo? -no se lo había preguntado al Oráculo directamente, solo pensaba en voz alta, pero el sujeto no lo interpretó así.
-No, Reina Vampiro, no lo has entendido -dijo con vehemencia -. Tú no tienes nada que ver con esta decisión, tu solo sigues el curso de la misma.
-¡¿Qué?! -eso definitivamente la desbocó - ¡Eso no puede ser verdad! Porque si yo le hubiera dicho que no a ese idiota de Gumbald desde un principio, entonces todo este... plan del demonio, destino o no sé qué mierda sea, ¡se le hubiera terminado!
-Imposible.
-¡¿Por qué?! -gruño exasperada.
-El acuerdo, ese que firmaste con los Dulces Monarcas hace años, ciertamente.
-¿Y eso qué? ¡Yo todavía me hubiera podido negar si quisiera...!
-Ciertamente no. No lo hubieras hecho.
-¡¿Y tú qué sabes?! -había comenzado a desesperarse.
-Soy el Oráculo, Reina Vampiro, El Oráculo -dijo adoptando una pose que trataba de aparentar misticismo. -. Ciertamente solo sé estas cosas. Ciertamente solo sé que hubieras aceptado de una forma o de otra.
-¡Cierra la jodida boca! -Le grito haciendo eco en el salón. Empezó a sentir nauseas, acababa de enterarse que toda su existencia se movía bajo los caprichos de otras personas, y eso la enfurecía. -Como no te largues ahora mismo de mi vista te juro que... ¡Demonios! Si no fuera por ti, por Gumbald... ¡Si no fuera por ese maldito acuerdo yo ni siquiera seguiría aquí!
Un silencio aplastante envolvió a todos en el salón, después de que el eco de los gritos de la vampiresa terminara por desvanecerse. El Oráculo ladeo la cabeza hacía un costado, mirando más allá de dónde estaba parada Marceline, y observar a la joven parada del otro lado del pasillo. Con una mano se acaricio su larga barba y antes de seguir perdiendo el tiempo, se dio la vuelta y se apresuró a largarse, después de todo ya no tenía nada que hacer allí, su último encargo había sido cumplido.
Marceline no se dio cuenta de que Bonnibel estaba detrás de ella hasta que se dio la vuelta, más no pudo verla a los ojos pues la joven había agachado la cabeza, ocultando la mitad de su rostro bajo una capa de su todavía un poco enmarañado cabello.
-Princesa...
-Así que es por eso... -su voz sonaba rota pero no sollozante, más bien se sentía como si algo dentro de ella se hubiese destruido.
-¿Q-qué es lo que te pasa? -preguntó preocupada, ajena por completo a todo lo que estaba envolviendo a la joven monarca.
-No puedo creer que... -"no puedo creer que me haya dejado arrastrar fuera del palacio por una extraña, me haya dejado vestir y lucir de esa forma, me haya metido en ese horrible lugar, y me haya casi muerto del susto, ¡todo solo por querer ir a verte!... Me da igual lo que me haya dicho mi tío, yo hubiera ido de todas formas, pero ella todo este tiempo solo ha venido hasta aquí porque no tenía otra opción..."
Marceline estiró un brazo mientras se acercaba hasta ella, y con la punta de los dedos alcanzó el mentón de la princesa para intentar levantarlo, pero su ligero agarre fue socavado al instante con un apresurado y contundente manotazo de la joven, rechazando en el gesto mucho más que solo su contacto. La vampiresa la observo con alteración, todavía no se recuperaba del todo de lo que acababa de decirle aquel Oráculo, pero su insistente preocupación fue en un aumento cuando seguía sin recibir respuesta por parte de la otra chica, y su paciencia se agotaba...
-¡Ya Bonnie...! ¿Pero qué demonios te pasa ahora?
Su estómago se revolvió en cuanto la princesa levantó los ojos. Estaban húmedos, pudo ver las lágrimas luchando por no desbordarse, y aun así su mirada le dio un golpe tan contundente, jamás la había visto de esa manera antes.
-Vete...
-... ¿Qué?
-Dije... -Bonnibel se tomo solo un segundo para recuperar tanto aire como porte -Que te largues de aquí.
-Princesa, no entiendo, ¿qué es lo que...? -sonaba genuinamente ansiosa, y no se había dado cuenta ni la princesa tampoco, pero las manos que ahora mantenía dubitativas a los costados del cuerpo, habían empezado a temblar.
-¿Qué es lo que no entiendes? -le interrumpió tajante. -Quiero que te vayas del palacio... Que salgas del reino... No quiero volver a verte...
-¿Qué has dicho...?
-¡No quiero volver a verte!
Marceline dio un paso hacia atrás con una expresión indescifrable. No era la primera ni tampoco sería la última vez que alguien la rechazaba, pero en esta ocasión había dolido demasiado.
-¡¿Por qué de la nada te pones así?!
-¡¿De la nada?! -ambas se sorprendieron de lo enfadadas y angustiadas que sonaban sus voces. -¡Pero si te estoy haciendo un favor! Por lo visto, no eres feliz teniendo que seguir volviendo a este colorido y empalagoso castillo, así que anda, vete.
-¿Qué?... ¿Me escuchaste hablando antes, cierto? -no hizo falta que contestara, su expresión era afirmativa -. No, aguarda entonces, princesita... No estás entendiendo, las cosas no son así...
-¿Qué es lo que no entiendo? Si mi especialidad son los acuerdos burocráticos...
-¡No lo entiendes, simplemente no lo entiendes!
-¡Entonces explícamelo...!
-Y-yo... Yo no tengo por qué hacer eso...
-¡Entonces solo vete de una maldita vez!
Bonnibel estaba a punto de irse, intentando dejar de perder su postura pero Marceline no se lo estaba haciendo fácil. Esta la tomó de un brazo para impedir que se fuera con tanta fuerza que estaba lastimándola, varias lágrimas en sus ojos comenzaron a ceder finalmente bajo ese fuerte agarre, pero definitivamente no eran la causa.
-¿Eso es todo? -dijo Marceline ajustando más la presión sobre el brazo de la princesa. -¿Después de todo este tiempo, solo me vas a echar y ya...?
-¿No es eso lo que quieres? -"¿Qué es lo que quiero?" esa era una muy buena pregunta. -Sea lo que sea que diga ese acuerdo, como actual gobernante de turno del Dulce Reino, declaro que... Que ya no tienes que seguir haciendo caso... Haz lo que quieras... Solo lárgate de mi vista.
-Princesita, tú no puedes solo decir...
-¡Puedo hacer lo que sea! ¿Qué no lo entiendes? ¡Ya nadie aquí te necesita!
Luego de eso, Marceline solo retrocedió. Había sido la gota que rebalso el vaso.
Su rostro se torno muy tenso y severo, incluso se llegaba a ver despreció en él. Finalmente recupero la compostura, y con la voz envenenada, pronunció las siguientes palabras con total frialdad y a la vez todo el desaire posible: -Como ordene, su majestad... -Después se elevó por los aires y salió del castillo por dónde habían entrado.
Y eso fue todo.
Bonnibel se quedó sola en el pasillo con las manos cubriéndole el rostro. Estaba tan oscuro allí, pero esa fue la primera vez que el temblor de sus rodillas y el ardor en sus ojos no se debía a este hecho.
Ya no más berrinches, ya no más excusas, la niña indefensa y malcriada tenía que morir de una vez por todas, era momento de seguir creciendo. Si no hubiera porque sentía que tenía el corazón destrozado, seguramente ahora latiría con fuerza.
En pleno vuelo, con el frío golpeando su piel descubierta, Marceline recordó que la princesa se había quedado con su chaqueta.
Hizo el intentó por sonreír, pero en su lugar solo logró una espantosa mueca que escurría y palidecía entre sus propias lágrimas. Odiaba ser tan sensible y odiaba tener que seguir haciéndosela la fuerte, como si no le afectaran esas cosas. Pensó que se suponía que tendría que estar aliviada, pues al parecer, esta sería por fin su oportunidad después de tantos años en ser capaz de decir su propio destino sin terceros que intervengan, tenía no solo todo el tiempo del mundo, son no también más libertad que nunca.
No tenía ni la más remota idea de que hacer.
Hay otra cosa que también quiero agregar: El atuendo de Bonnie tiene una explicación muy razonable y locuaz en cuanto al por qué lo elegí: Me agradaba. Fin.
Pero a lo que quiero llegar es que justamente, comparto la misma opinión que Keila: "Es una exageración...". Suelo ser la primera en pensar que cada uno tiene derecho a vestirse como se le dé la reverenda gana (para empezar, ya es mucho quizás vestirse para algunos) y que si después hay problemas más adelante no es culpa de uno, sino que con más frecuencia es de los demás. No así quizás a la vista de Marceline cuando la vio entre el público, pero en fin... Quien quiera discutirlo, después le invitó a un café y charlamos, comeremos chocolates y montaremos unicornios... ¿Fue muy inservible e innecesaria toda esta explicación? ¿Fue una perdida de vuestro valioso tiempo? Quizás, es muy probable que así lo sea, pero de igual manera me quería sacar esa molesta espinita...
Por cierto, Marceline se ira... Que cosas de la vida...
Saludos! ^^
