Aquí os dejo el epílogo que como bien os dije parece más un final alternativo u one-shot que epílogo, bueno vosotros lo juzgaréis :)
Epílogo:
"Quinto año"
Elena salió de trabajar con todos los papeles y documentos en una mano, mientras que con la otra sostenía su teléfono móvil, su hermano intentaba contactar con ella desde hacía varias horas y al tenerlo en silencio la chica ni se había enterado.
-Maldita sea…-murmuró al saltar una vez más el contestador, un par de hojas volaron por su cabeza, todo el trabajo al traste-¡Joder!-lo dejó caer todo al suelo, o se buscaba un cuaderno electrónico o tendría que contratar un ayudante personal, esto último, aunque pasasen un millón de años sería imposible. Había terminado las prácticas en la universidad, y le habían concedido un puesto de trabajo en una de las revistas más prestigiosas de Manhattan, ella estaba feliz, eufórica pero todo tenía su truco, estaba de ayudante, de sustituta para la columna de los comentarios, más bajo no se podía caer.
Recogió todos los apuntes que había tomado en su primera semana de trabajo, y se dirigió hasta su coche, lo soltó todo y volvió a intentar contactar con Stefan, esta vez tumo mucho más suerte.
-¡Stef!-se alegró soltando su bolso en el asiento trasero-siento no haberte cogido la llamada antes pero estaba en una reunión…
-No hay problema, ¿cómo te va?
-Fenomenal, me he instalado en un lof pequeñito, muy mono con vistas a Central Park.
-¿Cuándo te lo han dado? Porque me dijistes que estabas con Nadia en un piso alquilado en…-lo pensó unos segundos-¿Brooklyn?
-Si, pero me lo han dado esta mañana, lo visité temprano pero como entraba con el director de mi revista no pudo pararme mucho, ya te invitaré, en cuanto me organice…
-Estoy deseando ver tus progresos, ¿sale mañana la revista?
-Si…-sonó apagada-pero no te esperes mucho, estoy escribiendo con la encargada de la zona de comentarios, así que sólo verás un artículo y poco más de mi.
-Para mi es suficiente, eres buena tardarán poco en nombrarte redactora.
-Qué fe tienes-ambos rieron, Elena había empezado su carrera de literatura pero le fascinó poder escribir, o dedicarse a algo de su mundo particular, así que poder mezclar el periodismo con la literatura fue lo mejor que le pasó, era por eso que trabajaba en esa revista, pues tenían grandes apartados con referencias literarias, pronto o quizás no, podría escribir sus primeras reseñas y artículos, pero para eso quedaba mucho.
-No en serio, verás como te eligen para un apartado o para algo más, ¿de qué trata tu artículo?
-Del último libro que acaba de sacar Luis Bertoniil* yo solo doy mi pequeña opinión, lo demás es obra de la redactora.
-Vale, entonces…-hizo ademán de apuntar algo-solo ¿leo el trocito tuyo?
-Que graciosa, esa mujer escribe maravillas, vale la pena leerte el tocho que ha escrito lo mío solo dura un par de hojas-tenía muy bien contadas sus hojas y sus palabras pero no quería parecer una loca-y también hay una sección que te va a encantar…
-A ver di…
-Un reportaje completo de las estrellas del momento-sonrió-completamente desnudos…
-¿Y a mi qué?-se enfurruño-ya sabes como se pone Nik desde nuestra boda está un poco, ¿cómo decirlo? enfermizo cuando me quedo mirando algo…
-Ja,ja,ja, si solo lleváis una semana casados-rió a carcajadas mientras se ponía el cinturón de seguridad-tengo que colgar, dime, ¿para qué me buscabas?
-A Caleb le han dado una oportunidad de trabajar en Tokyo, y con la crisis que se avecina se va.
-¿Solo?
-Eso es lo extraño, que si, que parece que se va solo, hoy ha quedado con Bonnie para hablarlo, luego te llamará.
-Ay dios, con lo juntos que estaban-se llevó una mano a la frente-tengo otra llamada, si necesita algo que me llame, que estoy para todo.
-Adiós hermanita.
Elena tardó unos segundos en coger la otra llamada que estaba en espera, sabía quien era así que no le importó la tardanza.
-Hola Nadi…
-Hey que apagadas suenas, ¿no has podido terminar el artículo?-so oía música de fondo.
-Si, eso no, ¿qué es eso que se oye?
-Tu vecino-dijo ronca-el de arriba, el del ático lujoso que no pudimos adquirir, acaba de llegar con las mudanzas.
-¿Y ya ha montado una fiesta?-se sorprendió por la rapidez de la gente.
-No, no tiene ni una maleta, me lo he cruzado y cuando le he preguntado va y me suelta "soy tu nuevo vecino y lo que tu cuerpo pida" y voy yo, "¿mi vecino?" porque ya sabes que la casa es tuya, y claro que yo llevaba unas cartas en la mano y supuse que habría visto la dirección…
-Da igual ve al grano…
-Y le pregunté por sus maletas, y va y me dice el muy creído "¿que si quieres ver mi ropa interior solo tienes que pedirlo?"
-¡Dios! ¿¡en serio!?
-Lo que oyes, nos ha montado una discoteca en la planta de arriba, y encima yo no he oído subir a nadie, o está solo o la gente ha venido en modo incógnito.
Ambas rieron, Nadia era lo mejor que le había pasado a Elena, la conoció en el segundo año de carrera cuando iba a abandonar, gracias a esa chica había resistido hasta el final y encima con una espléndida sonrisa de oreja a oreja, cuando ambas acabaron la carrera les tocó hacer las prácticas en el mismo sitio, y todo fue agua de mayo.
Elena aparcó el coche enfrente del edificio su zona de parking estaba ocupada por una moto, por lo que, sin ánimos de discutir lo dejó allí, esperaba no tener problemas con los vecinos ni con la policía. Le dejó una nota al dueño, aclarándole que las plazas también iban en el alquiler.
Subió las escaleras hasta llegar al ascensor, no tardó mucho en llegar a su casa, y dando por certeras las palabras de su amiga, la música se oía a un volumen insoportable, Nadie la esperaba tumbada en el sofá, con las piernas sobre el respaldo y unos cascos sin conectar. Alzó una mano en modo de saludo.
-¿Qué haces?
-Intentar encontrar sentido a la paranoia de nuestro vecino…
-¿Sabes quién es?
-Un ricachón que va de ciudad en ciudad sin lugar prefijado.
-Oh…-soltó sus cosas, cayendo muerta sobre las alfombras y los cojines-interesante, ¿y los cascos…?
-Ya que hay música así lo oigo mejor.
-Que caso eres…
Las dos chicas se quedaron en completo silencio con el sonido de su vecino de fondo, a ambas se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja, y sin pensarlo se levantaron con un único pensamiento en la cabeza.
-¿Vamos?-las dos saltaron como locas, pero Elena la más sensata de las dos y sabiendo que al día siguiente tenían que trabajar tiró de ella-pero con una condición, sólo una media hora, para tocar los huevos como buenas vecinas.
-Que si pesada...uff…
Damon & Elena
Ya ha arregladas y aseadas subieron los escalones de dos en dos con los tacones en las manos y con las ganas de juerga en todo el cuerpo, al subir a Elena le embriagó el miedo, el dolor, y distintas emociones que no tuvieron nombre hasta que un muchacho de ojos azules y cabellos azabache abrió la puerta, nada cambió hasta que sus miradas se cruzaron.
El chico, Damon, iba vestido con una camisa blanca con varios botones desabrochados y unos pantalones oscuros, tal vez negros o azules marino, iba descalzo, y con un botellín de cerveza en la mano, en sus ojos se reflejaban distintas emociones.
Elena no supo descifrar quien le había querido jugar esa mala pasado, quien en su sano juicio los había vuelto a unir, ella vestida con una blusa celeste y una falda entubada de color negro con unos tacones del mismo color con varios centímetros de altura. Los dos se quedaron perdidos en el otro.
Fue Nadia, quien ajena a todo este mar de sensaciones quien dio el primer paso.
-Buenas guapetón, somos Nadia-se señaló-y tu vecina, Elenita, ¿vez? ibas muy mal encaminado con las presentaciones…-hizo el ademán de entrar pero se quedó un poco paralizada al ver que el chico no reaccionaba, pensó que se había equivocado, que ese chico era de todo menos agradable-eh, bueno...nosotras…
-Ya nos íbamos-concluyó, sin saber muy bien de dónde había sacado el valor de hablar, y su voz, tampoco sabía cómo había podido pronunciar palabra con coherencia.
Damon & Elena
Una semana, eso era lo que había pasado después de ese encontronazo en la planta de arriba, una semana que Elena se había pasado trabajando sin salir de su despacho ni de la casa de Nadia, había cogido como excusa que su casa pillaba más cerca que su apartamento, Nadie no había replicado, pero ahora, ya no había excusa posible, ahí estaba ella, aparcando, otra vez enfrente del edificio porque la plaza estaba ocupada otra vez, pero por un camaro que ella no tardó en identificar.
-No me lo creo…-se negó así misma esa oleada de emociones, se llevó la mano al estómago, esto no era posible, Damon no cabía en su vida, el rugido de una moto la devolvió a la realidad como una bofetada helada, se giró bruscamente encontrándose a un Damon saliendo de una moto, de la misma moto, el casco había despeinado sus cabellos dándole ese toque rebelde que amaba, Elena se dio a sí misma una torta mental.
-Es mi plaza, creo habertelo dicho-se cruzó de brazos, no para remarcar sus palabras sino para ocultar su escote, llevaba un vestido, entallado con un escote demasiado exagerado, y encima su chaqueta estaba en el brazo, n0 se la iba a poner con la brisa de Marzo.
-Más bien fue una nota...que no entendí porque parecían garabatos-era cierto, por la noche y con las prisas lo único que Elena consiguió escribir, seguramente, serían palabras sin sentido, unas encima de otras.
-Ya, pues te lo digo a la cara, es mi plaza-"y mi vida, no tienes ningún derecho a irrumpir así" no lo dijo, solo lo pensó-y he pagado por ella, la tuya es…-miró a su alrededor, encontrándose con Enzo, su vecino aparcando-esa…¡Enzo!
Gritó, aunque le costó la misma vida hacerse oír, el aludido miró en su dirección, pero no fue a Elena a quien vió, si no a ese chico, a su amigo, corrió hasta ellos.
-¡Hijoputa!-dijo en tono amistoso, en un perfecto italiano-¿qué haces aquí?-se pasó al inglés con la misma fluidez.
-¿Y tu novia?
-Al infierno con esa zorra, todas son iguales-Elena bufó, casi por impulso-bueno menos tú princesa, tu eres la excepción-intentó abrazarla pero ella le mandó a la mierda en un tono italiano que daba mucho por desear.
-No sabía que te hubieses separado...no quise decirtelo…
-No si sé que intentó algo contigo, créeme lo sé, una amiga me lo acabó contando que intenta liarse con todos mis amigos así que supuse que también lo intentó contigo.
-Lo intentó nada más-odiaba recordar a esa mujer, odiaba recordar todo lo relacionado con esa gente odiosa que una vez decidió cruzarse en su camino.
-Ya, calma fiera, lo sé, ¿vamos…?-miró a Elena-Ay, ¿qué querías?
-Es su plaza-le señaló-la estás ocupando.
-A bueno si, es porque tengo un coche y dos todoterrenos, ¿me perdonas?-la pregunta iba dirigida a Elena, que estaba muy nerviosa e incómoda, supo al instante de que se conocían, que Elena no hablaba con los nuevos con tanta fluidez-mejor me voy, os dejo solos, esta tarde lo despejo todo, ah, amé tu artículo, ¿el próximo…?
-El domingo-gruñó, no quería que Damon tuviese nada que ver en su nueva vida, se despidió de Enzo, dispuesta a irse ella también para su casa, y eso hizo, se dirigió al ascensor notando a Damon un par de palmos detrás de ella, no llegó a cerrar la puerta cuando él entró, demasiadas plantas y muy poco espacio.
Damon se mantuvo en silencio, la chica que tenía a su lado era Elena, de eso estaba completamente seguro pero quería saber cuanto de su antigua Elena había en ella, vestía de alta costura, demasiado atrevida, mostrando lo máximo posible su cuerpo, y encima vivía en una urbanización de lujo.
-Elena, lo siento mucho…-la chica alzó la ceja interrogante-no tendría que haberte dejado tirada en…
-¿En mi estado? Pues no, primero no tendrías que haberme salvado el pellejo si te ibas a ir a kilómetros, y segundo, ¿a qué te refieres con mi estado?
-Sé que dejarte tirada con esos seguratas no fue lo mejor, podría haberles dicho que nos conocíamos..
-¿Solo nos conocíamos?-le acusó, el ascensor paró en ese momento, salió a gran velocidad, tomando una bocanada de aire cuando se sintió segura entre sus paredes.
Damon & Elena
No llevaba ni veinte días en Manhattan y ya quería desaparecer, estaba tirado en la azotea, al lado de la piscina privada que tenía el edificio, aún era muy temprano para echarse un chapuzón, hacía demasiado frío por eso Damon optó por elegir ese lugar como su zona de relax, saber que tenía a Elena tan cerca le había desarmado por completo. Él que llevaba cinco años huyendo ahora se vuelve a cruzar a la chica que dejó tirada en Mystic Falls, había sabido por Ric que su familia había tomado rienda suelta en ese pueblo, que Jenna había abierto el parque en nombre de Miranda, que con la ayuda de los Mikaelson habían reformada medio pueblo, y que ellos se habían casado, sus amigos en cambio no, ellos iban a casarse en unas semanas, él iba a volver al pueblo por la ceremonia y había temido enfrentarse a Elena, pero no, no había hecho falta esperar tanto tiempo, hay la tenía debajo de sus propios pies, se tapó la cara con el libro, estaba claro que el destino le había puesto en una encrucijada.
Damon se quitó la camiseta y se lanzó al vacío del agua, por lo menos así despejará ideas, todos sus recuerdos juntos estaban ahí, atormentando y recordándole que había perdido a la única persona que le amó de verdad.
Cuando salió a la superficie hay estaba ella, vestida con unos pantalones cortos de color cacahuete y una camiseta de Chic! y unas gafas de sol muy extravagantes, iba descalza.
-¿me la pasas?-le señaló la toalla, la chica se la dio sin problemas hasta se agachó para ayudarle a salir, parecía mucho más amable pero eso no significó que las cosas fuesen bien-¿quieres algo?
"Pregunta errónea"
-No, solo venía porque pensé…-"dios ni siquiera sé que hago aquí"-no te oí y cuando quise darme cuenta subí-"vale Elenita vas muy bien…"-mejor me largo.
-No espera-con la carrera para sostenerla y salir del agua se acabó escuriendo con el filo de la piscina, tirando consigo a la chica, el chapuzón fue tremendo pero ambos sacaron la cabeza al exterior, Elena sabía nada perfectamente.
-¿¡Lo has hecho aposta!?-se indignó, viendo como todo el maquillaje se desprendía de su sitio, Damon empezó a reír a carcajadas cuando vio el aspecto lamentable de su acompañante, y como a la vez se ponía roja como un tomate-¡No te rías maldito cerdo!
-Es que es gracioso-se apartó un poco de ella, dejándole espacio antes de que explotase, la observó detenidamente, sus cabellos llenos de pequeñas gotitas de agua que corrían hasta alcanzar la piel, su maquillaje manchando cada poro de su rostro, y la ropa, marcando su hermoso cuerpo, el pecho, los pezones redondos y sugerentes, Damon se lamió los labios y tuvo que poner todo su autocontrol para que su sangre no acabase en su miembro, mientras luchaba internamente para evitarlo, Elena se limpiaba el agua y el maquillaje de los ojos y lanzaba insultos a diestro y siniestro.
-¡¿Me estás escuchando?!-el chico abrió la boca para contestar pero se quedó quieto, inmóvil-¿¡estás tonto!?
-Cuánto puede cambiar la gente en un par de años…
-Sí, muchísimo y podrías haber vivido esos cambios a mi lado, pero no, el señorito tenía que huir con el rabo entre las piernas.
-¿Y qué querías que hiciese?
-No lo sé-negó ella-no lo sé, pero todo menos abandonarme, salí corriendo del hospital Damon, lo pasé horrible nadie me quería decir donde estabas y cuando volvías, me rendí a lo evidente.
Parecía que iba a llorar, y Damon se alzó hasta ella para cobijarla entre sus brazos pero no, nada de eso sucedió, ni Elena lloraba ni él la abrazaba, porque las cosas, como bien había dicho él, cambiaban, el chico tragó saliva y se dispuso a salir de la piscina, hacía frío, no era plan de que cogiesen un resfriado.
Elena lo observó como se alejaba, como su dios griego particular volvía a alejarse de ella nuevamente, ¿es que no se daba cuenta que su cuerpo le deseaba? Claro que no, Damon ya no era el mismo, o siempre lo fue, y ella no supo ver al verdadero, aguantando las ganas de llorar, hundió la cabeza bajo el agua, para calmar así las penas.
-Damon…-le llamó, dispuesta a darle una segunda oportunidad, el chico aún recogiendo unas toallas de giró en busca de sus ojos, de esa conexión inexplicable que los unió en el pasado.
El chico recorrió las distancias que los separaban hasta lanzarse de boca al agua, la recogió por la cintura, y obteniendo su permiso con la mirada, besó sus labios, sin profundizar, esperando un rechazo que no venía, con la lengua saboreó el dulce néctar de sus labios, introduciéndola con cuidado, analizando la zona, recordando con cada movimiento un lugar y un sabor que le eran tan familiares, con firmeza y pasión, se fundieron en un ardiente y deseado beso. Mientras sus lenguas jugaban, sus manos viajaban por la espalda del chico, arañandole con fuerza, mientras sentía como la piel por debajo de su camisa quedaba expuesta ante las manos de Damon, el chico sin querer separarse, baja sus labios hasta su cuello, lamiendo, y recibiendo como respuesta leves risitas y algún gemido.
La chica tomó el control de la situación agarrando la cabeza de Damon y alzándola hasta la suya, ambos estaban colorados y con los labios ligeramente hinchados, pero en los ojos de la pareja se vio reflejado los mismos miedos: el rechazo.
-Te quiero…-musitó la chica, esperando la respuesta de Damon, solo una mera reacción para dar punto final a esa mentira.
-Te amo-sonrió él, sorprendiendo a la chica-te amo, te amo, te amo…-gritó, agarrándola de la cadera y levantándola un poco-¡que lo sepa el mundo entero, te he querido, te amé, te quiero, te amo, y...te amaré por y para siempre!
La chica rió con él, sintiéndose la reina de aquel y particular lugar, su lugar, pero la verdad le dio de bruces contra el rostro, el dolor, las lágrimas todo lo que había pasado en cinco años, no, no estaba dispuesta a pasar penurias de nuevo, dejándose caer en los brazos de Damon, se separó de él.
-Lo siento pero no puedo…
El chico la miró extrañado dubitativo, y después soltó una sonora carcajada.
-¿Estás con el periodo? Pues no pasa nada, creeme me da igual puedo esperar todo lo necesario-intentó besarla pero la cara de asco de la chica le mostró otra perspectiva-¡que cria eres no pasa…!
-¡Que no es eso!-le empujó-no puedo ya está.
-No quieres hacerlo…
-No es eso Damon, no puedo dar otro paso en falso, no contigo, lo he pasado mal-intentó salir del agua, aunque su corazón le gritaba que volviera hacia él-lo siento mucho.
-¡No importa!-gritó, cuando la chica ya estaba a punto de desaparecer por la puerta-¡Solo necesito treinta días para recuperarte!
-¿¡Estás de guasa!?-le parecía increíble que después de tanto tiempo quisiera arriesgarse a una nueva apuesta, a un nuevo juego, la chica negó con la cabeza, Damon no iba a cambiar nunca-¡Vale, si consigues curar las heridas que tu abristes hasta antes de que termine el mes lo intentaremos!
-¡Me sobran días!
-¡No me tientes!-se iba cuando recordó otra condición-¡si no lo consigues te largaras por donde has venido! ¿¡prometido!?
-¡Solo tengo quince días!-era una evidencia-¡y me es suficiente!
La chica se alejó corriendo, divertida por la situación pero al mismo tiempo preocupada ya había caído en las redes de Damon antes, y ahora, ¿volvería a caer con tanta facilidad? No, tenía que resistir esperar a que no le doliese estar junto a él, pero, ¿sería suficiente?
Damon & Elena
Elena se despertó como nueva, por primera vez en unas semanas podía dormir sin preocuparse del artículo ni de su nuevo vecino, con ese pensamiento en la cabeza se instaló en el cuarto baño conectó la radio y puso la música a todo volumen, mientras la tarareaba se dejó caer en la bañera, era temprano, no tenía que ir a trabajar hasta las doce y tenía un par de horas para hacer y deshacer las cosas a su antojo, era cierto que tenía un gran problema: resistir a Damon, pero no podía ser tan complicado, pensándolo con detenimiento sólo tenía que recordarse a sí misma de donde venía Damon.
Mientras se vestía el timbre sonó con fuerza y sorna, supuso que se trataba de Nadia, siempre llamaba así, no por bromear sino que era su tic, su modo de vivir, con una sonrisa tonta, y a medio vestir-pues llevaba unos vaqueros y la camisa sin abrochar con el pelo totalmente húmedo-se dirigió a la puerta.
-¡Te dije que puedes entrar con tus propias llaves…!-pero al abrir la puerta no se encontró a Nadia, no, era Damon con una bolsa de churros y un humeante termo con chocolate, la chica se quedó prendada por el desayuno, e ignoró durante unos segundos a Damon.
-¿Te invito?-preguntó inocente, devolviendo a Elena a la realidad, la chica se quedó con la boca abierta, pero tras pensarlo unos segundos, con la mejor de sus sonrisas le cogió la bolsa y el termo.
-Eres un cielo-y le cerró la puerta en las narices, tuvo que aguantar la risa al ver la cara de panoli que se le había quedado a Damon, pero esta vez ella había ganado, cogió un churro-¡están deliciosos gracias!-y soltó una risita, alejándose de la puerta y volviendo sus quehaceres.
No pasó ni un día cuando la hazaña de acercarse a ella volvió a comenzar, lo intentó de muchas maneras, y ninguna tuvo resultado, desde unas rosas, a una caja de bombones, desde un mensaje en la radio hasta en la misma Central Park, menos elaborados o más elaborados, todos eran perfectos a los ojos de Elena que cada vez le costaba más cerrar la puerta.
Damon vio, como por undécima vez consecutiva todo se iba al traste, se dejó caer en mitad de Central Park, su mensaje a modo gigante había tenido el mismo éxito que un bañador en el Polo Norte: nulo, la chica se había negado hasta en darle las gracias.
-Toma-una chica morena, que le resultaba un tanto familiar le ofrecía un café humeante-aún hace fresco estos días, soy Nadia, su amiga-hizo el signo de loca, porque había que estar loca para negarse a ver al chico tan perfecto que tenía a su lado-en serio, ¿de qué os conocéis?
-Desde toda la vida-se encogió de hombros-pero ya ves que mis errores siguen presentes…
-Ya veo, es duro ¿no?
-Muchísimo-se bebió de un trago el café-y encima si no la recuperó en estos días la perderé por siempre.
-¡Que exagerado tenéis toda la vida!
-No-negó con una sonrisa-no tengo ni dos semanas, hemos hecho una apuesta…
-Apostar es peligroso-el chico sonrió irónico, como si él no lo supiese, como si no fuera testigo de la verdad más absoluta, otra vez había vuelto a caer y no había más remedio que seguir hacia adelante, que resistir hasta el último minuto-¿la quieres?
Asintió, ya estaba cansado de repetir al mundo entero que la amaba, ¿es que no les quedaba claro? ¿qué creían que lo hacía por diversión? Si así les iba a abrir los ojos de una vez por todas, casi sin pensarlo se arrodilló junto a Nadia, agarrando ambas manos.
-Por favor…
-¿¡Se te va la olla!?
-Necesito que me hagas un favor...la quiero, y necesito acercarme a ella, debe haber alguna forma donde no pueda rehuir...por favor…
-Ni siquiera te conozco.
-Pero has venido con un café, algo debes creerme…-puso su mejor puchero, la marca personal de Damon Salvatore, nadie podía resistirse y no iba a ser ella la primera.
-¡Vale!-aceptó apartando la mirada, Damon sonrió con su típica sonrisa torcida-tengo una idea, hay va a tener que aguantarte si o si...
Damon & Elena
Elena salió de la reunión con los nervios a flor de piel, habían vuelto a denegar de su artículo, le habían puesto todo el nombre de la redactora jefe, ¡qué mundo más injusto! y encima había tenido que recorrer medio Nueva York, menos mal que Nadia venía a recogerla con su coche. Salió del edificio con los pelos de punta, y el único coche que había era un camaro, no reconoció el color ni a su dueño hasta que estuvo a unos cuantos metros, justo en el momento en que recibía un mensaje.
"Lo siento guapa, te mando a tu cuervo…" Nadia :D
Quiso matarla virtualmente, a sí misma por ser tan estúpida de haberse dejado engañar, a Nadia por dejarse manipular, y a Damon, por ser Damon, por estar ahí siempre que se le necesitaba, en los momentos más débiles y en los más fuertes, por ser simplemente un cuervo. Lo miró con odio cuando le abrió la puerta del copiloto. Dudó, era eso o andar de camino a casa, y eso si que era una locura aunque tal vez era menos peligrosa.
-¿Te vas a salir del coche?
-¿También me vas a dar con esta puerta?-le preguntó inocente con un puchero de marca de cortesía, Elena rabió, no iba a poder aguantarlo ni un segundo más.
-¡Voy andando!
Le cerró la puerta y dio varias zancadas, mientras rebuscaba en su bolso notó como Damon seguía su paso sin el coche, le ignoró durante unos segundos pero en cuanto vio que no tenía ni un dolar se rindió a lo evidente, al día siguiente madrugaba y si intentaba ir andando la iba a cagar.
-¡Argh! ¡Vamos! ¡Conduce ya!-le empujó hasta el coche, el chico se hizo el sueco-¡Damon por dios!
-No pero ¿para qué…?-bufó-ni siquiera sé donde están las llaves…
-¡Deja de tontear!-le siguió empujando-¡Sacalas ya!
-Que si, que si…-se resignó hinchando los morros como un niño chico, estaba claro que Elena no iba a poder seguir resistiendo ni un segundo más, se cruzó de brazos y le instó con la mirada a que las sacara ya. El chico rebuscó en su cazadora de cuero, y después en sus bolsillos, parecía realmente nervioso, como si fuese verdad, pero Elena le conocía demasiado bien y sabía que era una estrategia, y ella iba a ser más astuta que él-pues no las encuentro…
-Oh vale…-sonrió abiertamente-pues rompes la ventanilla y abrimos desde dentro que ya es casualidad que hayas puesto el capó.
-¡Eh, eh!-la agarró del brazo al ver que se acercaba a la ventanilla-¿¡tú estás mal!?-la enfrentó directamente a la cara, descubriendo ese brillo especial-Ah claro...crees que esto es un truco...y por eso haces esto, muy bien registrame-alzó las manos y con una sonrisa torcida le instó para que continuara, la chica le miró con la boca abierta, y luego quería que le creyese.
-Ni muerta…-alzó las manos para poner una barrera entre los dos, tocarle era lo último que iba a hacer-¡Damon por favor…! Mañana madrugo...mirame estoy reventada si te importo cojamos el coche y acabemos esto…
-No tengo las llaves, mira dentro-le señaló el coche, la chica dubitativa se acercó viendo que el mando estaba dentro, ¿cómo lo había hecho? dándole la vuelta al coche lo entendió, la ventanilla estaba medio subida y el imbécil había lanzado las llaves dentro, cabreada rabió y se acercó a él a golpearle, ¿cómo se podía ser tan egoísta?
-Elena...Elena…-la chica paró de golpear cayendo así en sus brazos, estaba cansada muy cansada, el cuerpo empezaba a fallarle, se dejó abrazar y gimió, todo le estaba superando, el chico le acarició el pelo con ternura.
-¿Por qué me haces esto…?-sollozó-yo estaba bien lejos de ti…
-Pidemelo…
-He sufrido tanto...dios Damon…¿por qué?
-Pues pidemelo Elena ¡hazlo!-la chica se apartó un poco sin comprender-Vamos pídeme que me vaya lejos y lo haré…
-¿y la apuesta?
-No me importa.
Elena lo miró durante unos segundos perdiéndose en el azul de sus ojos, ahora tienen mejor color, estaban más vivos, ¿cómo iba a alejarse de él? No podía, querer quería pero no podía. Tragó saliva y sorbió por la nariz, el chico esperaba su respuesta y ella no sabía que decir, un coche les pitó.
-¿Necesitais que os lleve pareja?-era Enzo, y Elena le agradeció mentalmente que apareciera en ese momento
Damon & Elena
Damon se pasó toda la mañana siguiente y los días consecutivos encerrado en su casa, Elena no le había pedido que se fuese, ni cuando Enzo los dejó en el ascensor ni cuando la despidió en su portal, en ningún momento había pronunciado palabra, pero ¿no valía más una mirada que cientos de palabras? Pero, ¿qué significado tenían sus ojos? No encontraba respuesta para eso, y eso le perturbaba de sobremanera. Se levantó de golpe al oír el portero o el timbre, no conocía aún las cosas del lof por lo que no estaba muy seguro, llegó hasta la puerta comprobando que era el timbre lo que sonaba, abrió encontrándose a Enzo y a Nadia.
-¿Queréis algo…?-la chica le colocó una mano en el pecho y tras murmurar algo inaudible se auto invitó, Enzo se encogió de hombros y la siguió.
Tras unos comentarios sobre la decoración Damon les invitó a comer algo, no sabía tampoco que ofrecerle porque él estaba a base de comida basura, y lo demás le importaba bien poco.
-Vuelvo a repetir, ¿queréis algo?-soltó los cafés y las cupcakes, que llevaban un par de días allí, la chica miró la mesa dubitativa pero al final aceptó el café, aunque las horas que eran no eran las adecuadas.
-Me he enterado de lo vuestro-empezó Enzo-y creo que lo mejor es darle un escarmiento a Elena…
-¿Perdón?
-¿Cuántos días te quedan?
-Cinco-dijo seco, odiaba que le recordaran que solo le quedaban cinco días y que ni con eso iba a conseguir nada, Nadia y Enzo se miraron pensativos.
-Pues vete-el chico le fulminó con la mirada-no en serio si ella no te valora largate, que se de cuenta que te ha perdido e irá a buscarte…
-¿Y si no lo hace?-negó con la cabeza-no puedo arriesgarlo todo a nada…
-¡Tienes que hacerlo!
-Conocemos a Elena desde hace un tiempo, sabemos que solo necesita un empujón.
-Yo también la conozco mejor que nadie y sé que…
-Le has hecho daño, la chica solo quiere devolverte la moneda, vete, en serio, confía...bueno en mi no, pero, en Enzo…
-Dale un aviso de que te vas esta noche, hazlo en su trabajo que no pueda venir corriendo y te vasa casa.
-¿A mi casa? Hace mucho que la perdí…
-Pues yo que sé a donde ella pueda encontrarte, hazlo…
Damon no perdía nada, o lo perdía todo, según como se mirase, pero tampoco podía estar a la espera de una niñata, él había hecho mal, eso era cierto pero tampoco para estar siempre al límite, pasaron un par de días antes de que se decidiese por fin a actuar, sabía que Elena estaba toda la tarde trabajando por lo que le dejó el mensaje en recepción y le pidió expresamente con sus encantos que le diese el mensaje en la salida.
Era el día vigésimo noveno, el ultimatum.
La chica salió sonriente, había estado pensando todos esos días, y había añorado los intentos de Damon por conquistarla, lo hubiese hecho daño en el pasado o no, ese chico se había vuelto a inyectar en su corazón o es que nunca salió. Llegó hasta recepción y se sorprendió de ver a Felicity ahí.
-Adiós, buenas noches…
-¡Elena espera…!-la chica se giró contrariada, normalmente no pasaban ni del "hola" ni del "adiós" por lo que era extraño que la parase y menos a esas horas, antes de que pudiese preguntarle le tendió una tableta, la cogió sin comprender nada, Felicity se levantó y recogió sus cosas, sin decirle más nada se fue por la puerta. Elena dudó pero desbloquea la pantalla.
El mensaje la dejó helada, le había perdido, para siempre salió corriendo de allí sin ninguna dirección fija, perdida entre lágrimas y recuerdos, nada podía ir a peor…
Solo faltaban un par de horas para que acabase el día, sin pensarlo cogió un taxi en dirección al aeropuerto, si se iba a ir a casa, tenía que estar hablando de Virginia, tenía que llegar a tiempo, solo faltaban unas horas para perderle, y rezaba porque fuera a coger un avión y no otra cosa, llamó con urgencia a su amiga por si sabía algo de Damon pero ésta negó rotundamente no tenía la menor idea de donde podía estar. Llegó al aeropuerto en una hora, entró a la carrera, y no podía creerse que se viese de nuevo en la misma situación.
Los viajes para Virginia no salían hasta dentro de dos horas, si Damon iba a coger alguno tendría que estar allí, si no era un caso perdido. Cogió su móvil para llamarle, pero entonces recordó que no le había pedido el nuevo número, maldiciendo en voz alta recorrió toda la estancia.
Llevaba media hora allí, reventada y apunto de llorar se dejó caer en una de los bancos, no sabía como avisarle, como pedirle que la esperara...que le quería…
Entonces vio la respuesta, dos hombres vestidos con los uniformes de telecomunicaciones se dirigían hasta un reservado, conocía muy bien esos trajes, su amiga, Nadia trabajaba en diseño y su empresa le había proporcionado ese diseño entre tantos, viendo el cielo en sus manos decidió hacer una locura.
Esperó pacientemente a que nadie la viese, y entró, todo estaba oscuro, y había solo dos personas las mismas que habían entrado sin saber muy bien que hacer optó por lo más sencillo.
-Disculpen-los dos muchachos se miraron sin comprender quién era ella y que estaba haciendo allí-necesito dar un comunicado urgente-lo dijo seria sin pestañear, uno de los dos se levantó-¿tienen algún problema? ¿o prefieres que llame a sus jefes? A ver la gracia que les hace…
-No hace falta pero enseña sus credenciales…
La chica tragó saliva exageradamente, sin pensarlo mucho, los empujó y alcanzó uno de los micrófonos solo tenía unos segundos o hasta menos.
-¡Damon te amo por favor no te vayas…!-y la agarraron, por segunda vez la apartaba de la oportunidad de su vida pero esta vez no podía culpar a Damon, la culpable sin duda era ella, salió arrastras del cubículo, no la dejaron hasta llegar al exterior.
-No vamos a llamar a la policía porque nos han pedido expresamente que no lo hagamos-ni siquiera le prestó atención a sus palabras-pero será mejor que se largue y no se meta en problemas.
La chica se largó sin ánimo alguno, tardó unos segundos en darse cuenta de las palabras del hombre de seguridad, ¿por qué alguien se lo pidió? ¿quién? la posibilidad de que fuese Damon le causaba unos picores por todo el cuerpo increíble, corrió en dirección contraria, y allí lo vio, apoyado en un banco mirando el cielo de Nueva York, no lo dudó, y recordando las palabras de la carta se lanzó a sus brazos, porque valía la pena. Porque aunque saliera caro todo valía la pena…
Querida Elena, has sido la luz de mis días, desde que comenzó esa apuesta he tenido algo claro, aunque parezca que no, siempre supe que iba a ser peligroso jugar contigo, y ya ves, las consecuencias han llegado ahora, tarde pero jodiendo de igual forma. Te quise, y te seguiré queriendo porque ni todo el alcohol del mundo podrá olvidar tu rastro de mi piel, porque mi alma está muerte sin ti, porque mi cuerpo solo reacciona y encaja con el tuyo. Me voy, no te molestaré nunca más, porque no existe un "nosotros" Ojalá nos fuesemos conocido unos años atrás, te fuera gustado, era como tu, dulce e inocente.
Te amo…
Tuyo, Damon S.
Elena buscó desesperada su hueco en Damon, ese que le resultaba tan familiar solo con abrazarse a él, el chico no reaccionó al instante, pues estaba absorto en el cielo, Elena le miró dubitativa temiendo que el chico hubiese cambiado de idea, sus maletas estaban junto a él.
-¿te vas?-tardó en recuperar la voz, el chico la miró por primera vez viendo la urgencia en sus palabras, le acarició la mejilla.
-¿y qué pretendes? No puedo estar esperándote siempre…
-Pensé que me amarías por siempre-le reprochó, cruzándose de brazos.
-Cierto pero no soy tu perrito faldero...lo siento…-se levantó, la chica le agarró de la camisa-Elena no puedes atarme….
-No quiero atarte, quiero atarme contigo, quiero…-no le salían las palabras-Damon te amo muchísimo y te dije que necesitaba tiempo pero ahora me doy cuenta que no me importa el tiempo, que solo me importas tu, que quiero estar contigo desde el momento en que me dejastes tirada en el aeropuerto, solo quería protegerme…
-Yo también quería protegerme cuando empecé a sentir cosas por ti pero no había nada para hacerlo…
-Podrías haberme contado lo de la apuesta-le recrimina, el chico la cogió de ambas manos, le sonrió con ternura.
-Mi nombres es Damon, ¿estás dispuesta a conocerme?-la chica alzó una ceja extrañada, pero aceptó el juego.
-Claro que quiero Damon, yo soy Elena a secas-rió ante su chiste-y no solo quiero conocerlo, quiero arriesgar esta relación hasta que me consuma, ¿qué me dice?
-Mmm, va demasiado rápido-se hizo el ofendido-que tal...si lo dejamos en un noviazgo peligroso.
-Pensé que eso era lo que le ofrecía, un noviazgo que dure más de un mes…
-Dios eso está hecho-la agarró de la cintura elevándose unos palmos del suelo, la chica rió a carcajadas, y se unieron en un profundo beso, donde sus lenguas no se dieron una tregua, donde solo eran ellos dos, donde el mundo ya no existía…
Porque si había algo más peligroso que una apuesta eran ellos dos juntos. Porque amar es lo que tiene.
FIN...
Gracias por leerme :)
No lo he revisado, si tiene alguna falta gorda solo decirlo. No sé si os habrá gustado o no pero era el único final que tenía sentido para mi, no podían solucionar sus problemas en un tiempo breve, necesitaban MUCHO tiempo para que las dudas desapareciesen. Sea como sea, os agradezco que hayáis estado conmigo desde el principio pronto os daré el primer episodio de mi nueva historia.
Espero vuestra opinión ;)
