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Interludio

8 de Mayo

Luan se tomó su tiempo para caminar por el camino hacia el asilo. Se había acostumbrado demasiado rápido a ese camino, pero jamás llegaría a gustarle. Miró a su alrededor para ver algunos niños jugando, y otros jóvenes sentados en sillas debajo de los arboles. Todos ellos tenían supervisión de enfermeros y guardias. Pero ninguno de ellos tenía el cabello blanco.

Sabía que era una esperanza inútil. Aun si lo veía no podría acercarse sin permiso, lo que sería muy doloroso.

Todo por lo que hicieron ellas el año pasado.

A Luan realmente le dolía pensar en eso. Toda su vida, y la de sus hermanas, había caído a pique dese que cometieron ese error. Pero lo peor de todo, habían destruido la vida de su hermanito. Aun si Lincoln lograba recuperarse, jamás podrían regresarle todo el tiempo que pasó internado, ¿Y la escuela? ¿Qué pasaría con su educación y su futuro? Lo habían arruinado todo.

Luan daría lo que fuera por cambiar de lugar con el Lincoln de aquella noche. Si tan sólo hubiera dicho algo…

La puerta principal del asilo se abrió en el momento en que iba a entrar, y la que salió fue una imagen muy familiar para Luan.

-…Lynn. –Dijo por la sorpresa.

Lynn estaba vestida con su, ahora, usual camisa verde con el doble cero. Miró a Luan con un poco de sorpresa mientras chasqueaba la lengua y pasaba a su lado sin decir palabra. Luan hizo lo mismo, cruzarse con Lynn en el asilo no iba a hacer diferencia en su relación. Incluso si Lincoln se recuperara, no creía que las cosas entre ellas volvieran a ser lo mismo. Nunca podrían vovler a ser lo mismo. No después de la forma en que Lynn había puesto a un estúpido equipo escolar sobre su propio hermano.

Luan siguió su camino al asilo.

-…Está en sesión. –Lynn murmuró detrás de ella.

Luan no se dio la vuelta y continuó, si la escuchó no dio muestra de haberlo hecho. Daba lo mismo si Lincoln estaba o no en sesión, Luan preguntaría tanto como hiciera falta y esperaría tanto tiempo como fuera necesario sólo para verlo.

Si tan sólo pudiera verlo otra vez. Luan haría lo que fuera sólo por un minuto con Lincoln. Había tantas cosas que quería decirle. Tantas disculpas que dejar salir. Le gustaría decirle cuanto lo sentía por todo y lo mucho que lo amaba. Lincoln era él único hermano que realmente se preocupo por ella y sus chistes, y en lugar de apoyarlo lo abandonó en el peor momento de su vida.

Realmente era una hermana horrible.

Se acercó a la mujer detrás del vidrio.

-Está en sesión. –La mujer suspiró mientras rodaba los ojos.

Luan no dijo nada y se fue a la sala de espera. Pasaría una hora y preguntaría otra vez. Las respuestas no siempre eran "esta en sesión" a veces eran "está comiendo", o simplemente "no acepta la visita". Lincoln ya demostraba suficiente lucidez para negarse a ver a cualquiera de ellas, y ni siquiera podían culparlo por eso.

Lincoln realmente debía odiarlas mucho.

Miró nuevamente el asilo principal por la ventana, ese lugar siempre le dio mala espina cada vez que lo veía. Hasta ahora nunca había visto a nada ni nadie entrar o salir de ahí, y había momentos en los que creía que era un lugar abandonado, pero las sombras que a veces pasaban por las ventanas le indicaban que todavía había gente allí adentro.

Miró su reloj de pulsera y comenzó pensar en que le diría a Lincoln si por fin aceptaba una visita.

-Que interesante par de melones los que tienes ahí.

Luan se alteró de golpe y miró frente a ella.

Era un hombre con una espesa barba, bigote y anteojos. Por lo elegante de su ropa no podía ser un paciente o enfermero. Y por la dirección de sus ojos tampoco podía ser alguien educado. Luan cubrió sus pechos de la vista del pervertido frente a ella.

-¿Disculpe? –Dijo con molestia.

-Lo siento, no pude evitar contemplar las maravillas del desarrollo femenino en acción. Hace un año hubiera jurado que sólo llegarías a la copa B, pero seguramente ya has destruido varios brasiers de esa taya. –El hombre se encogió de hombros y se sentó junto a Luan.

Luan se alejó con una mueca de asco mientras lo miraba con rencor. Tenía que ser algún paciente que se hubiera escapado del asilo principal y ahora estuviera dando vueltas por ahí. Tenía que buscar ayuda.

-Mucho gusto, Luan Loud. Mi nombre es Albert Stimbelton. –El hombre frente a ella dejó salir una pequeña sonrisa. –Soy el encargado de curar la mente enferma de tú hermanito.


Contra todo su sentido común, Luan tuvo que seguir a ese hombre mientras la dirigía a su oficina. De no haber mostrado sus certificados y haber mencionado el nombre de Lincoln, se hubiera ido corriendo mientras gritaba pervertido a todo pulmón. Más que un psiquiatra ese hombre le parecía un demente más.

El consultorio le pareció todo un estereotipo de consultorios de películas.

-Ponte cómoda, Luan Loud. –Señaló el diván con un dedo mientras se sentaba en una silla detrás de un escritorio.

Luna se mantuvo parada mientras lo miraba con precaución.

-¿Realmente eres el doctor de Lincoln? –Luan le preguntó duramente.

Albert relamió sus labios y sonrió mientras se ponía cómodo en su sillón. –Lincoln… –La forma en que sonrió al decir el nombre de su hermano le trajo mala espina a Luan. –Un chico interesante. Muy interesante. Sin lugar a dudas mi paciente favorito.

A Luan le dio un poco de asco la forma en que mencionaba a su hermano. Ya era definitivo: odiaba a ese tipo. Sólo de pensar que estaba tratando a su hermano pequeño le hacían sentir como si nuevamente lo hubieran abandonado en otro infierno, pero esta vez por todo un año.

-¿Puedo verlo? Me dijeron que estaba en sesión.

La sonrisa de Albert se borró en ese momento y miró a Luan con dureza.

-Sesión… –Bufó. –Sí estar atado en una cama y hasta el tope de drogas se le puede llamar sesión.

Luan abrió la boca sin comprender.

-Tú pequeño hermanito lleva una semanas atado en una cama mientras le suministran tranquilizantes, ¿Eso es lo suficientemente claro para ti, Luan Loud?

-¿P-Pero qué? ¿Lincoln? ¿De qué habla? ¡Es mentira! Me dijeron que estaba en sesión.

Albert sacó un cigarrillo y lo encendió antes de responder.

-La historia oficial es que Lincoln Loud tuvo una recaída y atacó a una enfermera y dos pacientes, después de eso se le suministraron una gran cantidad de drogas y pastillas para mantenerlo bajo control, pero su estado mental no mejora. Esta bajo observación. –Rodó los ojos. –Sí, claro, llevó un año tratando a ese niño semanalmente y esperan que me trague esa mierda y hasta les dé propina.

Luan negó con la cabeza, no podía ser verdad. Algo como eso tendría que haber sido informado a sus padres, y ellos no les habían dicho absolutamente nada sobre el estado de Lincoln. Alegando confidencialidad sobre el asunto.

-Pero mamá y papá…

-Sí, ¿Por qué la madre ocultaría algo tan importante como la inestabilidad mental del único hermanito de diez chicas? Es ridículo, debería decirles que su único hermano está peor que cuando entró y que podría volverse peligros para las personas a su alrededor. –Negó con la cabeza. –Padres, sólo saben hacer las cosas peores para los niños.

Luan no podía negar eso, pero le molestó la forma en que Albert lo dijo. Ese hombre no hablaba o actuaba como cualquier otro doctor que había conocido, en parte era un alivio librarse de las falsas sonrisas y palabras vacías de comprensión, pero a la vez era terriblemente molesto. Si fuera Lynn ya se habría lanzado contra la nariz de ese tipo.

-¿Lincoln realmente empeoró?

-¿Cómo quieres que lo sepa, Luan Loud? No estaba aquí cuando ese supuesto "ataque" ocurrió. Todo lo que sé es que la enfermera no regresó a trabajar, aunque parece que recibió una generosa suma de dinero por los daños y prejuicios, ahora debe estar conduciendo un lindo cero kilómetros mientras se baña en licor semi-barato. –Tomó una gran bocanada de humo y la lanzó hacia Luan. –Que afortunada, ¿No crees? Y sólo tuvo que ser atacada brutalmente por nuestro bueno de Lincoln.

-Eso no puede ser, Lincoln nunca… él jamás…

-¿Atacaría a una enfermera, Luan Loud? La mujer de la nariz rota y las puntadas de hace un año tiene cosas muy diferentes que decir, por supuesto, en ese tiempo la condición de Lincoln era desconocida para los idiotas del hospital. –Se rio un poco. –Pero ahora, no, Lincoln no podría atacara nadie que no lo amenace. Y aunque fuera así, no podría hacer nada que no fuera correr y esconderse, ese niño no se arriesgaría a una confrontación que pondría en amenaza su seguridad.

-Entonces… ¿Por qué está en aislamiento?

-Porque es un paciente de aislamiento, Luan Loud. –Albert suspiró con molestia. –Al menos deberían haber aclarado eso con ustedes. ¡Padres! Ja. Lo que debería preocuparte es que lleve una semana comiendo por un tubo y recibiendo inyecciones diarias.

Luan sabía que Lincoln estaba mal, pero sus padres nunca le informaron sobre el estado o el pabellón en el que Lincoln residía. Sólo les dijeron que hacía progresos, pero nada detallado. ¿Lincoln estaba en aislamiento? Los ojos de Luan comenzaron a llenarse con lágrimas. Todo era culpa de ellas. Debería haberlo esperado, después de enterarse de todo lo que sufrió. Lincoln jamás podría haber sido un paciente normal.

Y todo por su culpa.

-¿Podrías tratar de guardar las lágrimas para cuando salgas del asilo? No quiero tener que soportar a una adolecente tetona llorando aquí. Los inspectores sólo esperan una excusa para suspenderme…

Luan se limpió las lágrimas y lo miró con aun más rabia. El hombre frente a ella era un verdadero insensible. Incluso sonreía mientras le decía aquellas cosas.

-¿Me repites otra vez quién eres?

La sonrisa de Albert creció un poco. –Su él hombre que cada semana desde hace un año se mete, o metía, las manos dentro del cerebro de tú hermano. Todo por su bien, por supuesto.

¿Lincoln realmente tenía que vérselas con este tipo cada semana? El corazón de Luan parecía destrozarse mientras pensaba en las cosas que Lincoln pudo haber pasado con el hombre frente a ella.

-¿Por qué me estás diciendo estas cosas, doc? –Luan preguntó con rabia contenida.

Albert tomó otra gran bocanada de su cigarrillo y dejó salir el humo.

-Bueno, Luan Loud. He estado estudiando el caso de tú hermano por un año ya… y no he podido evitar darme cuenta de ciertas inconsistencias entre la historia de sus padres y… bueno, las reacciones de tú hermanito.

Luan tembló un poco ante eso. Por supuesto que las explicaciones eran diferentes. ¡Todo era mentira! Fueron ellas las que abandonaron a Lincoln, no Lincoln quien salió a combatir sus miedos. Cada vez que recordaba el momento en que Lori dijo esa mentira sentía la necesidad de gritar la verdad a todo pulmón, a aceptar toda la responsabilidad. Pero de ser así… entonces quizás jamás la dejarían volver a ver a Lincoln otra vez.

-¿Qué ha dicho Lincoln? –Como si no lo supiera. Lincoln seguramente trató de decir la verdad, pero nadie le creyó. Un simple loco que balbucea y se mete en problemas por ellos. Si Luan llegara a enterarse de que no dejan salir a Lincoln por esa historia, entonces no perdería el tiempo en gritar la verdad a todos.

-¿Decir? –Albert hizo una mueca de molestia. –Tus padres deberían al menos haberles dicho lo más importante, mierda.

-¿Qué…?

-Lincoln sufre de mutismo, Luan. –Finalmente dijo Albert. –En todo este tiempo no ha dicho ni una sola palabra. Nada de nada. Una o dos horas semanales de estar sentado dándome una mala cara, a veces es escalofriante.

Luan no supo que decir. ¿Mutismo? ¿Era por eso que hasta ahora no había dicho nada sobre… sobre lo que ellas le hicieron? ¿Había sido imposible para él decir nada? Luan no sabía que tipo de daños pudo recibir Lincoln mentalmente, pero no creyó que podría perder la voz a causa de ello.

-No es como si no pudiera escribir nada, pero la mayoría de sus mensajes son insultos al hombre que trata de ayudarlo. ¿Puedes creerlo? Y cualquiera creería que su experiencia en la purga lo haría madurar más, no deja de mandarme al diablo en sus mensajes.

-…Lincoln.

-¿No comenzarás con las lágrimas otra vez, Luan Loud? Todavía hay cosas que quiero saber sobre tú hermano y lo sucedido hace un año. –Volvió a sonreír. –Por ejemplo, la verdad.

Luan lo miró con sorpresa y desvió la vista.

-Tú madre o es muy estúpida o está cegada por el amor a sus princesitas, yo creo que es un poco de ambos. Así que, Luan Loud. ¿Por qué tú lindo y querido hermanito salió a la purga el año pasado?

-¿Por qué hace esto?

-No desvíes el tema, Luan Loud.

-¿Por qué me dice estás cosas? ¿Por qué tantas preguntas? ¿Qué está buscando? ¿Realmente quiere ayudar a Lincoln? ¡Déjeme verlo!

Se hizo un poco de silencio en el consultorio. Albert continuó fumando mientras miraba a Luan, si vista bajó a sus pechos en dos ocasiones y chasqueó la lengua.

-No puedes verlo. –Luan iba a decir algo más, pero la interrumpió antes de que pudiera decir nada. –Yo tampoco tengo autoridad para verlo, me retiraron como su loquero personal, Luan Loud.

Luan pestañó un par de veces, tratando de entender las palabras de Albert. ¿Ya no era el psiquiatra de Lincoln?

-Entonces, ¿Por qué me estás diciendo esto? ¿Por qué estoy aquí si no puedo ver o ayudar a Lincoln?

Albert sonrió.

-Creí que sería interesante hablar con una de las famosas hermanas Loud. Tú sabes, Lincoln no las menciona mucho. –Se rio un poco. –Y tengo mucha curiosidad sobre porque se niega a verlas, o lo que realmente pasó hace un año.

Los ojos de Luan se estrecharon. –¿Sólo curiosidad? ¡¿Ni siquiera le importa Lincoln?! –Luan golpeó el escritorio con ambas manos, parecía apunto de tirarse sobre Albert.

Albert no demostró reacción alguna, simplemente continuó fumando.

-¿Y a ti? Tratar de ver a tú lindo hermanito cada semana no te hace una buena hermana, Luan Loud. ¿Qué te tortura tanto? –Miró a Luan directamente a los ojos. –¿Qué cosa tan terrible le hiciste a Lincoln para sufrir de esa forma, Luan Loud? Vamos, todo aquí es sumamente confidencial.

Luan presionó fuertemente sus dientes y se dio la vuelta. No le diría nada al ese hombre, ni siquiera parecía ser un psiquiatra real. Luan sabía que lo que había hecho estaba mal y que tarde o temprano confesaría, pero no lo haría hasta poder hablar con Lincoln y disculparse con él. Aceptaría su odio y su furia, y después les diría la verdad a todos.

-Eres una cobarde, Luan Loud. –Albert le dijo antes de irse. –Tan cobarde como tú hermana Lori. –Luan quedó paralizada ante eso y se dio la vuelta. –Tú hermana simplemente huyó. ¿No pudo aguantarlo y decidió irse a tomar margaritas a otro lado? ¿Olvidarse de todo como si nada malo hubiera pasado? ¿Cómo si su hermanito no se hubiera vuelto loco? –Comenzó a reírse estridentemente. –Vaya familia, Luan Loud.

Algunas lágrimas comenzaron a escapar de los ojos de Luan. Ella no era como Lori, nunca sería como Lori. Le importaba Lincoln, realmente le importaba mucho, jamás escaparía como lo hizo Lori. Luan daría lo que fuera por poder borrar lo que sucedió hace un año.

Y todo este sufrimiento por un maldito video escolar.

-Ni siquiera te importa Lincoln, ¿Verdad? –Dijo por fin. –Sólo te interesa satisfacer tú curiosidad.

-Y tú estás evadiendo el tema otra vez, Luan Loud.

Luan no respondió, se tragó la rabia y se fue. Tuvo deseos de azotar la puerta, pero no lo hizo. Ya estaba cansada de ese lugar.

Albert terminó su cigarrillo y tiró la colilla al tacho de la basura. Entones abrió un cajón de su escritorio y sacó una gran cantidad de fichas con las fotografías de distintos niños; algunos tenían una marca roja con palabras como: traslado, desaparecido, e incluso fallecido. Todo con lujo de detalles totalmente perfectos. Algunas de esas fichas databan de hace tres años.

Abrió otro cajón y comenzó a sacar distintos tipos de balances de cuentas y demás. Entonces sacó su laptop y la encendió. Había muchas cosas que aun tenía que investigar con este supuesto "ataque".

-…Jamás dije que no me importara el chico.


Luan regresó a casa de peor humor de lo que había estado nunca antes. Sabía que el estado de su hermano era grave, pero nunca creyó que estuviera en aislamiento, mucho menos que su doctor resultara ser un psicópata como ese. ¿Por qué sus padres nunca les dijeron nada sobre eso? Entendía que quisieran protegerlas, pero esto era demasiado. ¡Tenían derecho a saber como estaba Lincoln! Tenían derecho a saber que le habían hecho a su hermanito.

Luan llegó a la entrada de la casa y vio a Lola y Lana jugar al castillo y la princesa, pero a diferencia de como era hace tanto tiempo, era Lola la que parecía sumamente aburrida del jugo mientras que Lana trataba de animarla. Parecía más como si fuera Lana la única que estuviera jugando mientras que Lola fuera un simple adorno.

Cuando entró a casa encontró a su madre hablando por teléfono.

-Sí… Seguro. Nos encantará tenerte aquí, especialmente para estas fechas. –Hizo una pausa para escuchar lo que decía aquella persona detrás de la línea y pareció un poco dudosa de responder. –Lincoln está bien.

Lincoln.

Luan sintió sus puños temblar cuando escuchó a su madre decir esa mentira. Lincoln no estaba bien, ahora lo sabía. No era nada más que una mentira piadosa.

-…No, aun no está en casa. –Hizo otra pausa. –Pero tranquila, seguramente lo veremos antes de lo que pienses. –Hizo otra pausa y comenzó sonreír. –Sí, también te amo. Nos veremos pronto, Lori.

Los ojos de Luan se abrieron mientras la furia volvía a inundar su sistema.

-¿Lori? ¿Estaba hablando con Lori?

Su madre colgó y sonrió cuando vio a Luan en la puerta. –Luan, ¿Ya regresaste? Generalmente no-

-¿Estabas hablando con Lori? –Luan casi gritó. Le tomó un poco de tiempo recordar que estaba hablando con su madre y controlar su tono con ella.

Rita Loud hizo una pequeña mueca. Sabía que de todas las hermanas Luan se había tomado la partida de Lori como si fuera algo personal, pero ella sabía que era parte de la vida que los niños tuvieran que irse de casa algún día. Rita lo respetaba, y Lori mantenía el contacto con ellas, principalmente para saber que era de Lincoln.

-Sí. –No tenía caso negarlo. No cuando Luan la había escuchado.

-¿De que hablaban? ¿Y que es eso de tenerla en casa otra vez, mamá? ¿Lori va a volver?

-…Sí. –Luan tardó un poco en entender eso. No había recibido noticias de Lori desde que se fue, eso fue hace cinco meses. Se había mudado a los dormitorios de la universidad, ¿Y ahora regresaba? –Pasará la purga con nosotros.

Los ojos de Luan se estrecharon y presionó su mandíbula. Por supuesto que era eso. La purga se acercaba y Lori quería un lugar seguro donde esconderse, ¿Y que podía ser más seguro que el sistema de seguridad de Lisa? Una cobarde hasta el final.

-Luan, entiendo que puedas echar de menos a Lori pero-

-¿Echar de menos a Lori? –Luan casi sintió deseos de reír. ¿Su madre realmente creía que echaba de menos a Loir? Si supiera la verdad seguramente pensaría algo muy distinto. –No hecho de menos a Lori, ella simplemente se escapó.

Rita miró a su hija con tristeza. Desde el asunto de Lincoln todas las cosas en casa habían cambiado mucho, Luan era una de sus hijas que peor lo había tomado, e incluso había cambiado su forma de ser para ser más responsable. Quizás para evitar que cosas como lo del año anterior se repitieran. Y Lori se había ido cuando las cosas estaban peor que nunca.

-Lori tenía que seguir con su vida, Luan. Tarde o temprano tenía que pasar, aun en estas circunstancias. Cuando sea tú turno quizás lo entie-

-No quiero oír más de eso, mamá. –Luan la pasó de largo. –Eres tú quien no entiende nada de esto, pero no te culpo. La culpo a ella.

-¡Luan!

Luan no le hizo caso y se dirigió a su habitación.


Antes de entrar a su habitación miró lo que había sido el cuarto de Lincoln. La puerta ahora estaba pintada de negro y podía ver el humo de incienso saliendo por la mirilla y los bordes. Seguramente Lucy estaba efectuando otra sesión espiritista. Luan no sabía como se sentía con respecto a Lucy tomando el cuarto de su hermano. Sabía que no podía estar molesta con ella por eso, pero aun así, no podía evitar sentir una pisca de rencor.

Luan había estado limpiando el cuarto de Lincoln, asegurándose de que todo estuviera en orden para cuando Lincoln regresara, y después sucedió aquel episodio con Lynn golpeando a Lucy. Cuando Lynn alegó que Lucy la estaba aconsejando a salir a purgar para deshacerse de sus "demonios", Lucy no lo negó, por lo que la reprimenda de Lynn no fue tan grande. Por desgracia, se llegó a la conclusión de que no podían compartir el mismo cuarto juntas.

Y había un cuarto libre.

El cuarto de Lincoln.

Luan tuvo que ayudar a guardar las cosas de su hermano en cajas y dejaras reuniendo polvo en el ático mientras Lucy lo decoraba todo a su gusto.

Desde ese día había intentado entrar en esa habitación lo menos posible. Ya no podía verlo como el cuarto de Lincoln.

Pero no era culpa de Lucy, tenía que recordar eso.


Lucy abrió la puerta y dejó salir todo el incienso. Su rostro se veía algo frustrado, últimamente no podía contactar con sus amigos fantasmas. Cuando intentaba hablar con ellos la conexión se cortaba en un instante. Ni siquiera podía habar con la abuela. Tosió un poco para liberar sus pulmones del incienso, era desagradable tener tantos encendidos. Había creído que con más de ellos podría conseguir algo, pero no logró nada.

Llena de frustración decidió salir al patio a tomar algo de aire.

Antes de salir pasó por la cocina y tomó un vaso de agua. Al mirar el calendario sobre el refrigerador no pudo evitar dejar salir una pequeña sonrisa: 8 de Mayo. La purga estaba cada día más cerca. Aquella maravillosa noche donde las bestias saldrían al mundo terrenal. Si tan sólo pudiera ver aquel espectáculo.

Dejó el vaso sobre la mesa con resignación. No podría. Después de lo sucedido con Lincoln seguramente tomarían medidas para que ninguna de ellas pudiera salir aquella maravillosa noche. Sentía tanta envidia al pensar que su hermano pudo ver aquel hermoso espectáculo oscuro. Ella era la única que podía entender la purga, ¿Por qué entonces él fue elegido para ese privilegio? Ni siquiera había podido soportarlo.

-Ya pasó un año. –Había nostalgia en su voz. No había podido ver a Lincoln en un año. No podía negar que extrañaba cuando la ayudaba con sus sesiones espiritistas. Ninguna de sus hermanas la ayudó jamás con eso…

Lo echaba de menos, no iba a negarlo, y se sentía mal por lo que sea que estuviera sufriendo. Podrían considerar su deuda de humillación pagada y volver a ser como antes, incluso mejor ahora que Lincoln había presenciado algo tan maravilloso.

Pero estaba tomando demasiado tiempo… y siempre que se escapaba para verlo le decían que estaba en sesión, o que no quería recibir visitas.

Miró por la ventana y vio a Lola y Lana jugar. Una pequeña sonrisa escapó de sus labios, quizás ella podría jugar un rato también.


-He venido a rescatarte, mí princesa. –Lana se inclinó ante Lola mientras besaba su mano.

-…Mí héroe. –Lola suspiró. Nunca creyó que podría odiar tanto jugar a las princesas. Pero todos los días era lo mismo, una y otra vez, y cuando no quería jugar Lana siempre encontraba una razón para estar junto a ella.

Sinceramente… Era molesto.

Lola nunca creyó que llegaría a extrañar los días en que ambas peleaban entre ellas por cualquier cosa. Ahora todo es puras princesas con Lana.

Estaba cansada.

-Hola.

Lucy salió por la puerta y se acercó a las dos. Lana perdió su sonrisa y la vio con molestia. Lola no entendía por qué Lana había empezado a mirar a Lucy de esa forma, pero siempre parecía estar en guardia cuando aparecía. Especialmente cuando estaban juntas.

-¿Jugando a princesas y caballeros, Lola? –Lucy se acercó a Lola y comenzó a contemplarla. –Te vez muy linda.

-¿Gracias? –Lola lo dijo con algo de dudas, a veces Lucy actuaba de formas extrañas cuando estaba con ella.

Lana se mordió el labio inferior y miró a Lucy con molestia. Lola no sabía lo que había pasado entre ellas, pero parecían estar peleadas por alguna razón. Siempre que Lucy estaba cerca, Lana acostumbraba a mirarla mal y meter las manos dentro de su overol.

-¿Qué quieres Lucy? –Lana le habló con veneno.

-¿No puedo ver a mis dos hermanas favoritas, Lana? –Lucy se rio un poco. Otra cosa que llamaba la atención de Lola es que Lucy acostumbraba a sonreír más cuando estaba con ellas. En parte la incomodaba, jamás se acostumbraría a ver a su lúgubre hermana sonreír de esa manera.

-Estamos bien, gracias. –Lana mencionó mientras se acercaba.

-¿Seguros que no quieren un poco de compa-

-¡Estamos bien!

El grito de Lana hizo que tanto Lola como Lucy retrocedieran.

-No necesitamos de tú compañía Lucy. Puedes irte. –Lola jamás había visto ese lado de Lana, se veía sumamente enfadada. Su ojo derecho había comenzado a temblar mientras su cabeza se movía un poco hacia la derecha.

-¿Lana? ¿Estás bien? –Lola se acercó a su gemela con algo de preocupación. Por un segundo le pareció que Lana se veía muy mal, como si estuviera enferma.

-Yo… sí, sólo… un poco cansada. –Dijo con algo de dificultad. Pareció presionar algo debajo de su overol mientras miraba directamente a Lucy. Había algo en esa mirada que preocupó aun más a Lola.

-Lana, creo que tenemos que ir adentro. No te ves nada bien.

-¿Adentro? –Los ojos de Lana parecieron recuperarse. –Sí, adentro. ¡Vamos adentro Lola! Podemos seguir jugando adentro. –Tomó a Lola por el brazo y la arrastró con ella.

Lana le dio una mirada de muerte a Lucy mientras pasaba junto a ella.


Eso había sido algo diferente, Lana generalmente no la enfrenta. Ella se queda cerca de Lola y actúa como una especie de escudo protector. A Lucy realmente le hacía sentir bien cuando quedaban inmersas en un juego de palabras de doble sentido, era como si fuera una de las villanas de sus historias de vampiros. O un ser desconocido e intocable. Como si su bestia interior pudiera salir levemente en ese momento y se sentía sumamente libre.

Pero ahora Lana la desafió. Además de gritarle parecía como si fuera a atacarla. No sabía muy bien como reaccionar a eso. Después de un año no creyó que Lana la enfrentaría así. ¿Su bestia la había abandonado? ¿O se estaba reservando para tratar de escapar en la purga?

Lucy no lo entendió, pero si Lana estaba perdiendo ese pequeño miedo hacia ella no había mucho que pudiera hacer. No es como si realmente fuera a lastimar a Lola, o a ella. Eran simples palabras, pero palabras que le causaban una gran satisfacción.

Mantener ese control sobre Lana la había hecho sentir realmente grande, y si lo perdía sentía que volvería a ser una persona normal.

¿Quizás debería buscar una forma de mantenerlo? No estaba segura, una parte de ella se sentía mal de que Lana pareciera temerle, pero su lado más oscuro se sentía como una emperatriz que puede ordenar o hacerle lo que se le antoje a sus súbditos.

¿Quizás tendría que buscar una forma de mantener ese control? Aunque sea un poco más. Hasta que pueda desatar a su bestia interna en las calles de Royal Woods. En la noche de la bestia.


Lana arrastró a Lola hasta su habitación.

-Me estás lastimando, Lana. –Lola se separó de Lana con fuerza. –¿Cuál es tú problema? ¿Por qué actúas de esa forma? Tú no eres así.

Lana la miró de forma sombría mientras su ojo derecho no dejaba de temblar.

-¿Lana?

Lana respiró hondo y sonrió con la misma energía de siempre.

-Tienes razón Lola, últimamente no me siento como yo misma. –Hizo una mueca triste. –Creo que es porque… ese día se acerca. –Se sujetó el brazo derecho mientras temblaba. –Ese día perdimos a Lincoln…

Lola entendía, y su mirada se suavizó. Ella también echaba de menso a Lincoln. Pero lo más seguro es que su hermano las odie a todas. Después de que lo tiraron a la calle con su mayor miedo parecía haberse lastimado mucho, lo suficiente para estar fuera de casa todo un año.

No valió la pena.

Después del video Lola creyó que esto sería un castigo suficiente para que Lincoln aprendiera la lección. De haber sabido todo lo que esto traería, hubiera votado en contra. Pero en ese tiempo había estado tan enfadada.

Y ahora su hermano mayor las odiaba.

Lana puso su mano sobre el hombro de Lola.

-No nos odia, Lola. –Lana le dijo con una sonrisa. –Sabes que Lincoln no es así. Él solo se siente mal.

-No responde a nuestras cartas. Y no nos deja visitarlo. ¿Por qué es eso sino nos odia?

Lana no supo que responder. Ella también había querido ir a ver a Lincoln, al menos para decirle la verdad de lo que pasó realmente. Quería decirle que Lucy fue la culpable y buscar su concejo. Lincoln siempre sabía que hacer cuando tenían problemas, pero cuando fueron a verlo junto a sus hermanas mayores…

-…Lincoln no quiso vernos, Lana. –Lola terminó su pensamiento. –Seguramente no quiera volver a vernos otra vez.

Lola entró a su cuarto totalmente desanimada.


Lana entró al baño y se tiró grandes cantidades de agua fría para despertarse. Anoche no pudo dormir más de dos horas mientras cuidaba a Lola. Estaba seguro de que Lucy estaba en los ductos de ventilación, seguramente observándolas. Antes había hecho lo mismo, se había ocultado y susurrado algunas cosas por la noche que la mantuvieron alerta.

Y el otro día Lucy había sido la primero persona que vio al despertar después de quedarse dormida en el patio. Es como si Lucy realmente disfrutara de torturarla de esa forma. Ya estaba en su límite. Lana volvió a lavarse la cara. Quizás después de la cena pudiera robar algunos granos de café para mantenerse despierta.

Había estado cerca, por un momento se había visto a si misma saltar sobre Lucy y apuñalarla con el punzón directamente en el cuello. Pudo sentir el punzón atravesando su carne y la sangre que escurría hacía sus manos.

Y lo peor de todo, pudo sentir el placer de acabar con la vida Lucy. ¡Su propia hermana!

Pero Lucy había hecho de su año una verdadera pesadilla repleta de terror. Había amenazado a Lola y había lastimado a Lincoln hasta el punto de que ni siquiera ella pudiera saber si su hermano las odiaba o no.

Sacó el punzón y lo miró fijamente. Si cerraba un poco los ojos casi podía verlo manchado de sangre, y a Lucy tirada en el jardín… Y a Lola llorando de miedo por lo que vio.

Agitó su cabeza y volvió a lavarse la cara. Tenía que encontrar algo para mantenerse despierta y lucida. Tenía que haber algo que se lo permitiera en algún lugar de la casa.

Nuevamente miró su reflejo en el espejo y tuvo problemas para distinguirse a si misma de su hermana Lola. A veces cuando jugaba con ella sentía como si estuviera jugando consigo misma, o que Lola y ella habían vuelto a cambiar de lugares. Otras veces se vio confundiendo el nombre de su hermana y el suyo propio.

-Jajaja. –Se rio oscuramente mientras veía su reflejo. –Estoy bien, ¿Ves Lola? Estoy bien. Jaja. ¡Basta! –Le gritó a su reflejo. –Reacciona Lol- no, Lana. Sólo reacciona. –Quizás podría dormir un poco después, su cabeza le dolía mucho.

Volvió a mirar el punzón en su mano y lo guardó en su overol.

-Por favor. Por favor, Lucy. No me obligues.

Ya no sabía lo que podría ser capaz de hacer si esto continuaba.


Luna no parecía estar en casa. Luan encontró su cama revuelta con un paquete de pastillas anti-conceptivas abierto. Ya ni se molestaba en ocultarlas. Limpió las latas de cerveza barata del piso y las puso en una bolsa de basura.

Luan ya no sabía que hacer con Luna, todos sus intentos para ayudarla parecían en vano.

-Lincoln sabría que hacer.

Es más, posiblemente Luna dejaría totalmente la cerveza y el sexo cuando Lincoln regresara a casa. Luna había comenzado a ahogarse con alcohol después de que Lincoln fuer internado, el sexo vino poco después, y ahora casi nunca estaba en casa.

Si tan sólo Lincoln regresara.

Luan cerró la bolsa de basura y se tiró de espaldas sobre la cama. Esos molestos pechos botaron un poco por el impacto y se detuvieron. Había llegado a odiar esos dos pesos extras, no entendía como algunas chicas podían tener envidia de ella. Si tanto las querían entonces Luan se las entregaría si pudiera. Sus dolores de espalda estaban empeorando últimamente.

Quizás tendría que decirles a sus otras hermanas que Lori iba a regresar, pero seguramente su madre lo haría por ella esta noche en la cena. Y no quería tocar el tema de Lori por ahora. La más afectada sería posiblemente Lynn, ella había maldecido a Lori de tal forma que Rita la castigó por dos semanas. Luna quizás estaría demasiado borracha para entender nada.

Leni estaría contenta de volver a ver a Lori, eso es seguro. Leni es quien más la echaba de menos, quizás por ser demasiado idiota para entender que Lori las había abandonado y huido.

Las demás eran demasiado jóvenes para entenderlo. Excepto Lisa. Pero no había visto a la niña genio desde hace tiempo.

Se preguntó que estaría haciendo en su laboratorio que fuera tan importante como para no salir durante días. Ni siquiera sabía cual era su postura con respecto a Lincoln, ella no había dicho nada sobre el asunto desde ese día. Sólo sacó a Lily de su cuarto y se aisló del mundo.

Realmente le vendría bien la mente de Lisa para entender muchas cosas, especialmente el estado de Lincoln. Lisa quizás podría comprenderlo mejor que ella. Quizás incluso pensar en una solución. Pero ya no estaba seguro de nada con su hermanita, quizás Lincoln pudiera haber entendido un poco su forma de pensar las cosas, pero Lincoln ya no estaba.

Lincoln era tan necesario en casa. Era como el pilar que lo mantenía todo en orden.

Su querido hermanito menor.

Y ahora estaba encerrado, atado y drogado en alguna habitación acolchada.

Todo por su culpa.


El cuarto estaba a oscuras, lo único que lo iluminaba eran las docenas de pantallas encendidas frente al pequeño sofá de la niña de cinco años de edad. En algunas pantallas podían verse lo que parecían ser los chats y conversaciones gravadas de distintas personas, mientras que en otras se veían a varios grupos de niños y niñas atados en camas mientras se les suministraba drogas a intervalos diarios.

En otra pantalla podía ver a personas que eran claramente mayores que esos niños en estados similares.

Tecleó un nuevo comando y logró obtener datos acerca de esas personas, incluyendo sus estados mentales. Lo mismo con aquellos niños. Pero lo que realmente llamaba su atención era las pantallas de enfrente.

Las pantallas de enfrente mostraban a un grupo de ocho niños atados en camas individuales mientras se les suministraba una intravenosa y se los monitoreaba constantemente. La imagen de uno de esos niños se reflejó en sus gafas mientras lo miraba fijamente.

Durante un año había estado vigilando y monitoreando el estado y progresos de aquel niño frente a ella, pero ahora algo había alterado el estatus quo y el niño había terminado siendo retenido y mantenido en un estado de coma inducido.

Lisa había iniciado un hackeo masivo en el momento en que detectó la alteración del programa. Todo lo que ahora estaba aconteciendo se había llevado a cabo en redes privadas, y parecía haber mucho dinero moviéndose detrás de escena. Todas esas redes de seguridad eran difíciles de penetrar, incluso para ella.

Por ahora, todo lo que había podido encontrar fue una simple palabra:

Asylum.


NA: Y aquí está el primero de los interludios, y posiblemente el último capítulo que tan rápido. ¿Qué puedo decir? Tuve tiempo libre y un poco de inspiración. Espero que el interludio cumpla con algunas expectativas, y pueda aclarar algunas cosas. Como dije antes, no será el último interludio.

También aprovecho para informar que liberé el prologo de Pesadillas, otro fic de The Loud House de horror. Pasen a verlo si tienen tiempo.

Nos vemos.