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Decimoquinta sesión
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Lincoln miró al doctor frente a él con el asesinato escrito en sus ojos. La rabia que sentía hacia aquel hombre no podía ser comparado con nada que hubiera sentido antes.
-Sólo respira profundo, Lincoln Loud. –Albert sonrió mientras lo miraba detrás del escritorio.
Los huesos de los brazos de Lincoln parecieron tronar bajo su nueva camisa de fuerzas. Hacía una semana había logrado salir de una de aquellas malditas cosas, e incluso habían parado sus problemas con las pesadillas y alucinaciones. ¡Y nuevamente tenía que sufrirlo todo junto! Y todo por culpa del hombre frente a él.
Albert sonrió mientras lo miraba fijamente desde detrás del escritorio. Lincoln no pudo evitar pensar que realmente estaba disfrutando con todo su sufrimiento. El maldito le había quitado sus pastillas y lo había llevado a usar nuevamente una camisa de fuerzas.
-Entiendo que el camino de la desintoxicación puede ser complicado, especialmente si te siguen suministrando las mismas drogas en menor medida. –Sacó una pequeña libreta y comenzó a leerla mientras hablaba. –Pero confío en que podrás superar ésta dura prueba, Lincoln Loud.
Lincoln continuó mirándolo mientras la presión en sus músculos aumentaba. La comezón volvió a atacarlo, pero no era sólo en la cabeza, podía sentir una extraña comenzó en todo su cuerpo. Sus problemas de sudor también se habían vuelto algo que le preocupaba, y la sed que sentía era terrible. Y todo eso porque el hombre frente a él le había retirado sus píldoras.
¡Necesitaba esas píldoras!
Sus pesadillas habían comenzado a regresar lentamente desde que las retiraron. Anoche Lincoln se había visto a si mismo corriendo con desesperación por las calles de Royal Woods mientras era perseguido por monstruos invisibles; criaturas que se ocultaban en las sombras de los callejones y se reían de sus patéticos intentos de escape.
Todos ellos lo estaban llamando. Incluso ahora comenzaba a escuchar sus risas y sus llamados. Lincoln cerró fuertemente los ojos mientras trataba de bloquear todas las risas. Fue cuando comenzó a escuchar los gemidos.
Lincoln quiso tapar sus oídos para bloquear el sonido de los gemidos del cerdo que lo había ensuciado. La marca que había descargado sobre su pequeño cuerpo era algo tan permanente como el siete grabado en su pectoral izquierdo. La peste que dejaba salir aquella cosa caliente que se escurría lentamente por todo su cuerpo comenzó a inundar su nariz y sintió ganas de vomitar.
-¿Cree qué la rubia estúpida me la chupe si le digo que es una rica barra de caramelo?
Lincoln abrió los ojos y vio directamente hacia el doctor Albert. Hizo una mueca de asco y horror al ver a aquel psiquiatra desnudo y masturbándose frente a él. Retrocedió un poco en el diván mientras Albert se acercaba.
-¡JAJA! Seguro me la chuparía por simplemente pedírselo, Lincoln Loud. ¿Te pajeabas pensando en ella, Lincoln Loud? –Albert sonrió de forma desagradable. –Te pajeaste, ¿Verdad? ¿Quién no se haría la paja teniendo a una hermana como esa? La clásica rubia estúpida que se dejaría dar hasta por el culo. –El ritmo de Albert comenzó a crecer mientras comenzaba a gemir. –¿Alguna vez te dejó tocarle las tetas? Lo que daría por que me diera un trabajo de tetas mientras me lo chupa. Sería riiiiicooo.
Lincoln tembló mientras lo miraba con furia. Lo sabía. ¡Sabía que ese hombre estaba loco! ¡Sabía que no había diferencia con él y con los monstruos de la purga!
La respiración de Lincoln comenzó a fallar mientras luchaba contra la camisa de fuerzas. Si tan sólo pudiera liberar al menos un brazo podría correr hasta la puerta y escapar, o tomar algo con lo que defenderse. El hombre frente a él comenzó a reír mientras gemía y se masturbaba con más intensidad. Lincoln ahora podía notar el traje de cuero y la mascara. La imagen de un cerdo fue lo primero que vino a su cabeza mientras lo miraba.
Aquella imagen tan familiar hizo que Lincoln luchara con más fuerza, pero las cuerdas eran demasiado fuertes. Trató de mover su cuerpo para romper la silla en la que estaba atado mientras el cerdo continuaba masturbándose y gimiendo. Las lágrimas comenzaron a recorrer sus ojos mientras la puerta detrás del cerdo se abría y una mujer vestida de rojo con antifaz de mariposa entraba con una pistola en su mano.
Lincoln vio aquella mujer con un horror más grande del que el cerdo frente a él le inspiraba. La mujer comenzó a lamer el cañón de la pistola mientras se acercaba moviendo sus caderas de forma sensual y liberaba los botones de su falda. En este punto Lincoln ya había comenzado a hiperventilar mientras la mujer de rojo dejaba caer su falda y comenzaba a quitarse la chaqueta.
Entonces sintió un dolor en la mejilla y su cuerpo regresó al consultorio.
-¿Mejor, Lincoln Loud? –Albert le preguntó mientras regresaba a su escritorio.
Lincoln miró a su alrededor con confusión, no podía entender muy bien donde estaba todavía. Albert había regresado a ser el mismo, y el consultorio estereotipado ya no era aquella pequeña habitación donde había estado retenido. El dolor en su mejilla era fuerte y comenzó a darle comezón, le recordaba un poco a…
¡¿Lo había abofeteado?!
-¿Alucinaciones? –Preguntó mientras comenzaba a escribir algo en sus notas. –Deben ser más graves de lo que imaginaba si te afectan a tal grado pese a la medicación controlada, Lincoln Loud. –Sonrió un poco mientras lamía la punta del lápiz y continuaba escribiendo algo que Lincoln no podía ver. –¿Qué tipo de alucinaciones, Lincoln? Dado tú estado, me atrevería a pensar que tus recuerdos y pesadillas se están mesclando, lo que seguramente te tendrá algo confundido ante lo que fue real y que es una pesadilla, eso combinado con tu frágil mente infantil podría causar que revivieras los peores momentos en forma de alucinaciones. –Se reclinó un poco en su silla. –¿Pero hasta que punto, Lincoln Loud? –Sonrió con interés mientras miraba fijamente a Lincoln. –¿Qué tanto ves? ¿Qué escuchas? ¿Qué tanto sientes? ¿Hasta que grado podrían afectarte?
Los músculos de Lincoln se tensaron mientras se removía en la camisa de fuerzas. No podía soportar estar tan retenido en un lugar cerrado, especialmente si estaba encerrado con un lunático. Menuda ironía que sea él quien tenga la camisa de fuerza.
-Ahora, si prometes dejar de insultarme con tus mensajes y de mandarme al infierno, podría considerar regresarte tus lindos lápices de carbón y algo de papel de arroz, ¿te gusta la idea, Lincoln Loud? –Sonrió de la misma forma desagradable que tanto detestaba Lincoln. –Estoy seguro de que podrías dibujar cosas muy interesantes si te lo propones.
A Lincoln le gustaría poder hablar para decirle que se vaya a la mierda.
Lincoln escupió aun lado del pasillo mientras sentía ese asqueroso sabor rancio en su boca. Aquel eunuco lo había besado de forma salvaje y asqueroso, ¿Eso contaba como el primer beso? Lo único que no se habían llevado de la purga el año pasado fueron sus labios, y ahora un salvaje castrado le había dado un beso salvaje y desagradable.
Recordó como a Lori le salían corazones de los ojos mientras repetía que el primer beso nunca se olvida, y Lincoln podía estar de acuerdo, este beso no era algo que podría olvidar jamás. La rasposa lengua que se movía dentro de su boca y aquellos ojos que dejaban salir tanto locura como deseo se quedarían grabados dentro de su mente eternamente.
No pudo evitar volver a escupir mientras se movía pegado contra la pared por aquellos pasillos.
Miró hacia atrás esperando ver al eunuco o aquel chico de la cobija siguiéndolo, pero hasta ahora no había aparecido nadie detrás de él. Por un segundo le pareció volver a ver las oscuras calles de Royal Woods cada vez que volteaba, en aquel tiempo en que esperaba ver a aquel hombre disfrazado de minotauro persiguiéndolo con su hacha ensangrentada.
Mientras cojeaba pegado a la pared le costaba recordar que ya no estaba en la purga o en las calles de Royal Woods. El lugar a veces se veía tan idéntico a los callejones que a veces esperaba escuchar disparos y explosiones cada vez más cerca de él. Sabía que era sólo su mente jodiendolo por la falta de su medicación. Le había resultado muy difícil controlar sus pesadillas cuando su medicación regresó a la dosis normal, y ahora que se la habían quitado era cada vez más difícil moverse sabiendo que tarde o temprano podría ver cosas que realmente no estaban ahí.
Uno de los pasillos estaba bloqueado por otra reja. Lincoln sujetó los barrotes y comenzó a jalar de la puerta esperando que estuviera abierta, pero fue inútil. Casi todas las puertas estaban cerradas en ese lugar. No era de extrañar que pudiera encontrarse con locos caminando por los pasillos, y sin un lugar claro donde esconderse todo lo que podría hacer era huir y esperar no cruzarse con otro mientras huía.
Cuando estaba apunto de intentar por el otro pasillo tuvo que volver a esconderse en la esquina mientras el pánico lo inundaba. Por el otro pasillo estaba aquel caníbal que había visto antes. El caníbal parecía estar demasiado distraído con una masa de carne en sus manos como para haberlo notado, lo estaba masticando y lamiendo como si nada más importara. Le dio una pequeña pero fuerte mordido mientras algo de sangre se escurría de sus manos. Lincoln podía darse una idea de que era esa carne dura y que le parecía tan difícil de masticar.
El caníbal desapareció por otro pasillo mientras la sangre se escurría de entre sus manos y el sonido de sus duras y difíciles mordidas lo acompañaban. Lincoln no podría decir si realmente las estaba escuchando o estaban dentro de su cabeza, la tormenta afuera le dificultaba escuchar nada, pero juraría que realmente estaba escuchando aquel difícil morder y masticar cada vez que los dientes se encontraban con la carne.
Dado lo delgado que ahora veía a aquel hombre, seguramente no le gustaría comer nada más que no fuera aquella carne tan especial que ahora puede encontrar por estos pasillos. Y dada la dificultad con la que mordía aquel pedazo, lo más seguro es que prefiera la carne tierna y blanda de los niños. O eso al menos es lo que pensó Lincoln cuando lo vio masticar aquel pedazo de carne y recordó el inmenso placer que pareció sentir al devorar los genitales del niño de antes.
Se pegó a la pared y cojeó con cuidado mientras se acercaba a la otra esquina. Miró un segundo y vio que el caníbal se había detenido en medio del pasillo y masticaba cada vez con más esfuerzo mientras movía su cuerpo de un lado a otro tratando de arrancar los cartílagos de aquel pedazo de carne. La carne se le cayó al piso más de una vez y Lincoln tuvo que volver a ocultarse esperando que no lo hubiera visto o que no regresara. Lo escuchó gruñir y aquel pedazo de carne deforme pasó volando junto a él y chocar contra el piso mientras botaba y dejaba rastros de sangre cada vez mayores.
Al caníbal no parecía gustarle mucho esforzarse tanto por un poco de carne.
Lincoln lo escuchó gruñir otra vez y perderse en los sonidos de la tormenta. Cuando volvió a mirar por la esquina, el caníbal ya no estaba. Sintió deseos de suspirar con alivio, pero no le vio razón, el que no pudiera verlo no significaba que aun no estuviera rondando por ahí. Sabía que bajar había sido una mala idea, pero su necesidad por sus pastillas parecía crecer a cada segundo mientras aquella antigua comezón volvía a resurgir.
Las palabras de Albert sobre la adicción que podría desarrollar con aquellas pastillas volvieron a resurgir en su memoria. Lo peor de aquel tiempo fue sin lugar a dudas la desintoxicación por la que tuvo que someterse. Esas fueron las peores semanas de su vida en aquel asilo. Y ahora estaba en otro totalmente desconocido y arrastrándose por pasillos oscuros repletos de dementes psicópatas mientras trataba de encontrar pastillas.
Decidió seguir el pasillo contrario por el que aquel caníbal se había ido y probar todas las puertas. Algunas de ellas tenían carteles con los números de distintas salas: la A- estaban cerradas, pero la A-5 estaba abierta. Trató de ver algo por el vidrió de la puerta antes de entrar, pero era difícil ver hacia el otro lado en esa clase de vidrios. Así que entró mientras presionaba un poco más el fragmento de vidrio y lo sentía hundirse en su piel. Se parecía mucho a aquella salita médica donde se dio algunas vacunas cuando era niño: Era pequeña y con una camilla recubierta en plástico.
Lincoln revisó los estantes y encontró un poco de algodón y algunas gasas, lo que no pudo encontrar fue algo de alcohol para su herida. Aquel fragmento de vidrio había vuelto a lastimarlo y Lincoln estaba seguro de que terminaría por infectarse. Dejó el fragmento de vidrio sobre la camilla y comenzó a limpiarse la sangre con algunas gasas. Le dolía mucho, aquellas pequeñas esquirlas de vidrio parecían hundirse aun más dentro de su carne cada vez que pasaba la gasa. Trató de morder su labio inferior mientras colocaba con cuidado algo de algodón sobre la herida y comenzaba a vendarla con fuerza. Tenía que presionar las gasas con mucha fuerza para que no perderlas, pero podía sentir aquellos fragmentos nadando cada vez más profundo dentro de su mano. Sintió la terrible necesidad de simplemente olvidarlo y dejar la herida al descubierto, total, seguramente se infectaría de todas formas. Pero con mucho esfuerzo continuó, ese dolor no era nada comparado al que había sufrido antes, y sería el menor de sus problemas si lo atrapaban.
Una vez su mano estuvo vendada, apretó el nudo con fuerza y comenzó a recubrir su mano con otro par de gasas, esta vez se aseguró de rodear bien la parte entre su dedo índice y pulgar mientras rodeaba su mano. Cuando terminó volvió a sujetar el fragmento de vidrio y aplicó un poco más de presión. Pudo sentir su herida bajo las gasas, pero trató de no prestarle atención. Al menos así sería más difícil que se lastimara con el fragmento de vidrio. Hubiera hecho lo mismo con su mano izquierda, pero no había suficientes gasas.
Cuando estaba apunto de salir vio una sombra que pasaba frente a la puerta. Se quedó paralizado mientras la veía cruzar frente a él: era alta, pero a parte de eso no podía reconocer nada más. No era tan alta como aquel hombre desnudo, pero si lo suficiente para pertenecer a un mayor. Lincoln esperó con su mano izquierda aun extendida mientras aquella sombra continuaba cruzando el pasillo.
-Este lugar es horrible. –Cualquier cosa podía aparecer en cualquier lugar si no tenía cuidado. Tenía que encontrar sus pastillas y un lugar donde esconderse.
Salió por la puerta y miró hacia ambos lados antes de continuar. No quería seguir el mismo camino que aquella sombra, pero tampoco quería seguir a ese caníbal. ¿Entre algo desconocido y algo conocido que era mejor?
-Mejor mal por conocer… –¿Dónde había escuchado eso antes? Creía recordar que Lisa había mencionado algo así una vez, aunque era un poco difícil recordarlo cuando de su boca sólo salían un montón de galimatías raros junto con su tartamudeo. Sólo esperaba que no fuera para peor.
Cuando llegó a la esquina hizo una mueca al ver a un hombre con barba orinando en medio del pasillo mientras comenzaba a silbar una canción. La cosa se puso peor cuando aquel hombre comenzó a agitar el pene y este se le comenzó a endurecer.
-A, vamos, aquí no. Contrólate un poco Henri. –Aquel hombre le habló a su propio pene. –Sé lo que quieres, pero no es el momento.
El pene subió dos veces como si estuviera quejándose por algo. Lincoln volteó la vista y esperó, no tenía por que ver algo como esto. Y su estomago no duraría mucho si seguía viendo cosas así.
-Bueno, sólo esta vez y ya, ¿Bien? –Aquel barbudo dijo mientras comenzaba a tocarse. –Sí, ¿Te gusta Henri? ¿Te gusta? Se que te gusta. Te hace sentir tan bien. –Dijo mientras respiraba con fuerza. –Ahora hazme sentir bien a mí. ¡Ah! ¡Sí! ¡Así Henri! Uf, ¿Mejor?
Parecía haber terminado muy rápido. Lincoln volvió a voltear y lo vio recoger todo el semen de la pared y comenzar a comérselo.
-Mmm, un poco más salado que de costumbre. Tendré que cambiar un poco tu dieta Henri, este tipo de leche no puede ser sana. –Continuó lamiendo su mano mientras se subía el pantalón y continuaba caminando.
-¿Por qué cada persona con la que me cruzo parece ser alguna especie de depravado sexual? –Lincoln no pudo evitar pensar en eso. Incluso en la purga las peores personas resultaban ser alguna clase de depravados sexuales, y aquí también. Como si todo en la vida tuviera que ver con el sexo.
Albert le había explicado un poco de eso, de como los crímenes sexuales parecen ser la mayor cantidad de crímenes después de los cibernéticos. Aparentemente las personas preferían el sexo gratis y sin castigo a las matanzas, no, las matanzas eran sólo un extra para descargar adrenalina. Su verdadero interés era en hacer a una chica o a un chico, o incluso a los niños, gritar como yeguas salvajes mientras se la enterraban bien profundo. Y se lo explicó con esas mismas palabras.
-Maldito psicópata con titulo.
Lincoln esperó mientras aquel hombre continuaba caminando por el pasillo y silbando. ¿Era consiente de que aquello podría atraer a más dementes? Eso sería malo para Lincoln. Miró detrás de él y nuevamente le pareció ver las calles vacías de Royal Woods por un segundo antes de que regresara a ser los pasillos del asilo.
Lincoln se separó del camino del barbudo y continuó por el siguiente pasillo. Lo que encontró fue otra escalera que iba hacia arriba y dos rejas a los lados. Era él único camino que podría seguir. Posiblemente el lugar diera a alguna parte del segundo piso a la que no hubiera podido acceder de no haber bajado. El lugar comenzaba a parecerle más un maldito laberinto. ¿Cómo iba a encontrar sus pastillas sino hacía nada más que subir y bajar a ciegas? Si tan sólo tuviera un mapa o algo así.
Miró hacia arriba y negó con la cabeza, subiría en cuanto encontrara sus píldoras.
Se dio la vuelta, y le pareció ver una cabeza que se ocultaba en la esquina. Lincoln retrocedió un paso y tembló. ¿Lo estaban siguiendo? Estaba seguro que vio algo como una cabeza ocultarse tras la esquina, la oscuridad del lugar no le ayudó mucho para distinguir nada, pero estaba seguro de que fue eso.
Miró la escalera de reojo, no iba a ser tan estúpido como para dirigirse hacía allí si alguien realmente lo seguía. ¿Qué iba a conseguir? ¿Qué lo mataran más rápido? Podría simplemente subir por las escaleras y tratar de perder a su perseguidor, ¿Pero que encontraría arriba? Podría ser incluso peor. Y sus pastillas quizás estuvieran en el primer piso.
Antes que nada tenía que asegurarse de que lo seguían. Lincoln se pegó a la pared y comenzó a mirar la esquina con mucho cuidado. Esperó hasta que vio como algo pequeño salía y volvía a ocultarse rápidamente. Entonces le pareció escuchar que algo corría lejos de él. Sea lo que sea parecía haberse asustado de él y salir corriendo.
Lincoln esperó un poco y comenzó a caminar nuevamente hacia la esquina, miró con cuidado y no vio a nadie.
Había sido descuidado. No sabía quien era, pero si no lo hubiera visto en ese momento… Tembló al pensar que hubiera podido pasar con él.
-¡Maldición! –Golpeó la reja con fuerza. Estaba demasiado frustrado como para importarle que alguien lo escuchara.
Detrás de la reja podía ver dos cosas, lo primero: un cadáver con el cuello cortado y cuya sangre aun corría fácilmente por el piso. Tenía que ser una herida reciente, lo segundo: un letrero con la palabra "Farmacia" sobre una puerta blanca. El cadáver era preocupante, como las marcas rojas sobre la puerta blanca. Alguien había tratado de abrir la puerta por la fuerza y no parecía haber tenido éxito. Pero era la farmacia del lugar.
Al menos había encontrado la farmacia. Lo que no podía hacer era acceder a ella.
Tendrá que regresar hacia las escaleras y buscar un lugar para bajar hacia el otro lado de las rejas. Pero la puerta podría ser un problema. ¿Cómo iba a forzarla? Quizás podría arrastrarse por los ductos de ventilación, pero quizás no fuera el único demente con la misma idea. No quería saber que podría encontrarse dentro de aquellos ductos.
Golpeó la reja otra vez con su puño derecho y sintió nuevamente como las esquirlas de vidrio se enterraban en su carne. Su respiración comenzó a fallar mientras la comezón en su herida de la cabeza comenzaba a aumentar.
-Cálmate Lincoln. –Respiró profundo mientras abría los ojos.
Lincoln retrocedió cuando vio cuatro pares de brazos atravesando las rejas directamente hacia él. La reja parecía apunto de caer abajo mientras los payasos tiraban de ella y lo miraban con aquellas sonrisas pintadas en sus mascaras. Pero ya no eran mascaras, ahora eran rostros sangrientos con sonrisas hechas al filo del cuchillo mientras aquellas narices rojas no eran más que el resultado de arrancar su propia carne de la nariz y los ojos saltones salían de sus orbitas para caer junto a sus mejillas.
Lincoln retrocedió un poco más mientras los veía tomar las rejas y comenzar a tirar de ellas mientras se reían estridentemente.
-¡Vamos que te cantamos la meme! –Se reían y gritaban.
-Ábrenos. Ábrenos. Que te llevamos a casa. Jajaja.
La reja comenzó a retorcerse y las paredes a su alrededor a destrozarse mientras la reja se aflojaba aun más.
No era real. Lincoln tenía que recordar eso.
Se dio la vuelta esperando que todo desapareciera con el tiempo. Y lo hizo a tiempo para moverse aun lado. El hacha cayó justo en el lugar donde había estado hace un segundo.
-MUUUUAAAA.
El monstruo con cabeza de toro lanzó un mugido que casi podría ser confundido con un rugido. Se veía más grande y monstruoso que antes. Lincoln pudo ver los pezones sangrantes que él mismo había arrancado, pero esta vez eran seis y no dejaban de escurrir un líquido lechoso combinado con sangre. El casco ahora era una cabeza real de toro que dejaba salir una gran cantidad de saliva humeante mientras sus ojos lo miraban con una mescla de rencor, odio y furia.
Volvió a mugir mientras se acercaba lentamente a Lincoln.
-No es real. No es real. Si cierro los ojos y respiro, entonces-
-¡Corre Lincoln! ¡Tienes que correr!
Lincoln abrió sus ojos y evitó otro golpe del hacha de ese monstro. Por un momento la imagen del monstruo desapareció y fue remplazada con la imagen de un hombre sin camisa y rostro rubicundo con un enorme tubo de hierro.
Lincoln comenzó a correr lo más rápido que su cojera se lo permitía. Podía escuchar las pesuñas del monstruo acercarse detrás de él mientras blandía aquella hacha. Si lo alcanzaba sería el final. Pero no era real. Lincoln sabía que no era real.
En el siguiente pasillo su idea de lo real y lo irreal apenas le importaba, porque había regresado a los callejos de Royal Woods.
Todo seguía exactamente igual: los contenedores de basura, la basura que escurría aquel líquido oscuro y los gusanos, el olor, los garabatos en las paredes.
Lincoln se apoyó en aquellas frías paredes tan conocidas y pudo sentir el moho que se pegaba en su mano. Al bajar la vista pudo verse nuevamente como era hace un año, sus ropas habían regresado, y se sentía más pequeño que antes.
-MUUUUAAAAA.
Volteó hacia atrás y volvió a ver al monstruo detrás de él. No había tiempo que perder, tenía que seguir corriendo. Tenía que escapar de ese monstruo.
Tenía que escapar y ocultarse. Esta vez se ocultaría. No volvería a tratar de regresar a casa, se ocultaría entre la basura y la porquería y evitaría que las cosas malas pasaran.
Al llegar a la esquina recordó el tubo de hierro que había lastimado su pierna, trató de evadirlo esta vez, pero el dolor que sintió le demostró que su esfuerzo fue inútil. Pero esta vez no cayó al piso, continuó corriendo mientras el dolor crecía en su pierna.
-Ricas tetas, ricas tetas, ricas-¡AAAHHH!
Escuchó los gritos de dolor y suplica de aquel hombre mientras corría. Las lágrimas le impedían ver muy bien mientras trataba de orientarse por aquel lugar oscuro.
Un agudo sonido se escuchó muy cerca de él y todo se volvió rojo. Lincoln cayó al piso mientras cubría sus oídos al mismo tiempo que una reja salía de la pared y atravesaba limpiamente un contenedor de basura como si no estuviera ahí.
Cuando aquel sonido cesó, Lincoln abrió los ojos. Todo había regresado. Nuevamente estaba en los pasillos del asilo. Las luces rojas habían regresado y lo iluminaban todo.
Detrás de él un hombre con un cuerpo bien construido y un tubo de hierro golpeaba la reja que los separaba. En algún momento un sistema de seguridad se había activado y una reja había salido de un pequeño espacio en la pared y le había cerrado el paso hacia Lincoln. Lincoln lo vio fijamente, nada de él se parecía al monstruo que lo había perseguido por las calles de Royal Woods, pero no por eso era menos peligroso.
Lincoln retrocedió arrastrándose por el piso y se levantó con dificultad. Las gasas parecían haber protegido un poco sus manos, pero el dolor todavía era algo molesto. Cundo se levantó, las luces rojas desaparecieron, por un segundo creyó que las rejas se abrirían, pero continuaron bloqueando el paso. Aquel hombre le gruñó y siguió golpeando las rejas.
Lincoln respiró hondo y trató de no verlo. Ya estaba iniciando, y esta vez sería peor de lo que nunca había sido. Sujetó la cicatriz de su cabeza mientras continuaba su camino. Tenía que llegar a aquellas escaleras y encontrar una forma de entrar a la farmacia.
Esa farmacia era su única esperanza de no perder la cabeza.
NA: El estado de Lincoln está empeorando y la puerta hacia su salvación está cerrada y puede que rodeada de maniacos. Y todavía queda por desvelar el misterio de que a ocurrido en aquel asilo.
Sin muchos comentarios otra vez, realmente no tengo mucho que decir sobre el fic últimamente. Como me aconsejaron antes, es mejor dejar que los lectores saquen sus propias conclusiones. Espero que el capitulo les guste, en el próximo podría aparecer un personaje que torturará un poco la conciencia de Lincoln. (Ya se imaginaran quién)
