.
. .
. . .
-2-
Se Buscan
. . .
Sus labios se amoldaban de manera perfecta, era excitante sentir su lengua juguetear con la suya sacando chispas de deseo mientras sus manos la recorren palmo a palmo en interminables caricias. En algún momento la ropa había estorbado y con lentitud la había despojado de cada prenda, dejándola desnuda.
Con su boca, con eso labios que queman como brazas ardientes va tatuado capa pedacito de su piel desnuda. Siente la ausencia en sus labios de esa tentadora maquina de besos, pero se equivoca no se ha ido a ningún lado, solo desea saborear su dorada piel, pone su atención primero en su largo cuello y baja con una lentitud torturante por su clavícula, deteniéndose en el nacimiento de sus senos ahora libres del molesto sujetador. Sigue su labor de manera meticulosa pasando su lengua por esos des montes erguido y los besa sin prisas con detenimiento, con tal devoción como si de eso dependiera su vida, y después, solo después de haberlos explorado lo suficiente continua descendiendo por un vientre plano que se agita y tiembla por la respiración agitada de la chica, que gime y suspira de placer por cada contacto.
Esta enloqueciendo con cada caria, todo su cuerpo arde como si se estuviera quemando, pero no es algo doloroso, es un calor satisfactorio, un suplicio sublime, pero quiere mas y su cordura está en juego, arquea la espalda cuando lo siente tocar partes sensibles, territorios vírgenes, y con todo un explorador experto es precavido y lento, solo besa, solo toca y acaricia arrebatando mas suspiros, mas gemidos de placer, y por momentos siente que va a reventar su corazón que late con todas sus fuerzas.
Su cuerpo caldo perlado de sudor parece brillar y se endereza sobre sus codos, se levanta un poco de aquel lecho de sabanas de seda negra, e intenta ver su rostro, pero parece imposible porque el no abandona su posición sigue en su trabajo concentrado, sin inmutarse, y ella se debate entre querer ver el rostro de aquel hombre que le está haciendo tocar el cielo o solo dejarse llevar y seguir sintiendo la gloría entre sus piernas.
No puede más la curiosidad la mata y lo jala hacia arriba para admirar el rostro del hombre, su hombre que con su boca esta tatuándola como suya. Pero no logra verlo porque a penas lo hace un sobresalto la invade y despierta.
-¡Por Merlín! Que sueño -Exclama agitada aun con aquel cosquilleo en su estomago y ese ardor en su piel, había sido un sueño tan vivido que frustraba darse cuenta que solo había sido eso un sueño, uno muy candente pero al fin solo un sueño.
Ve el reloj de pared de su cuarto, y entra en pánico se ha quedado dormida, de no darse prisa llegara tarde al trabajo y Hermione Granger nunca llega tarde. Maldijo por lo bajo, solo a ella se le ocurría desvelarse por estar hablando con un desconocido hasta entrada la madrugada, ahora corria de un lado a otro a toda prisa arreglándose, sabía que se tendría que saltar el desayuno con tal de llegar a tiempo y eso le molestaba pero no había remedio.
En tiempo record estaba lista, su cabello meticulosamente peinado al igual que su maquillaje y su vestido impecable, bajo corriendo las escalera con el abrigo y la bolsa en mano y apenas salió al pórtico desapareció.
Más al norte otra persona despertaba adolorido de la espalda, se quedo dormido sentado frente al escritorio y por muy cómoda que fuera la silla la posición en la que quedo le tenía los huesos molidos, ni que decir de la fuerte resaca que tenia después de terminarse dos botellas completas de Whisky de fuego. La luz que se filtraba por la ventana del despacho le pego de lleno en la cara haciendo que maldijera, pero al segundo se cayó, su propia voz hacia que le retumbara aun más la cabeza.
Necesitaba reforestarse y tomar alguna poción que le quitara los horribles síntomas, fue al botiquín del baño y encontró lo que buscaba, después de todo eso pasaba con bastante frecuencia por lo que siempre tenía a la mano aquel remedio que bebió de un solo trago, el sabor era amargo pero no le importaba con tal de dejar de sentir que su cabeza se partiría en dos y que pasar también el malestar en su estomago.
Tenía todos los músculos engarrotados por dormir en la silla, lleno la tina de baño de cálido líquido y coloco un poco de sales aromáticas para relajarse. El rubio no tenía obligaciones del trabajo, así que no le importaba el tiempo en lo mas mínimo, el no vivía contra reloj como el resto de los mortales, el era un príncipe, uno desterrado por voluntad propia de su mansión, pero lo prefería así antes de tener a su padre sobre el atosigándole y exigiéndole que se hiciera cargo de sus negocio, además de que lo abrumaba con la charla de siempre, quería un heredero.
Se quito la ropa dejando al descubierto su apetecible cuerpo, y se adentro en la tina poco a poco, dejando que el agua cumpliera su propósito, paso su mano por sus cabellos mojándolos, aun le molestaba un poco el dolor de cabeza, pero ya era mínimo, sabía que pronto pasaría.
Cerró los ojos disfrutando del cálido liquido y entonces un recuerdo lo asalto robándole un poco de la paz que tenía en ese momento, recordó que motivado en mucho por el licor que había ingerido, marco a una estación de radio, en su sano juicio no lo hubiera hecho, pero ya que lo pensaba mejor fue divertido, esa tal Dana era una boba, pero le habia agradado después de todo.
Era raro reconocer como resultaba fácil hablar de esa manera con una desconocida, sonrió de medio lado con arrogancia por utilizar el nombre de su odiado enemigo, y aun así se sintió satisfecho, jamás había hablado con tal sinceridad con nadie y resulto reconfortante, proporcionándole un extraño alivio, era como si al compartir sus pensamientos de esa manera se sintiera liberado de alguna manera. Le pareció tonto, pero no podía negar que le agradaría hacerlo de nuevo, le encantaría adoptar otro nombre y hablar con esa mujer desconocida solo por el gusto de hablar con libertad, hablar sin el peligro de que lo juzguen o lo consideren débil.
El rubio tenía hambre ya pasaba del medio día, no le apetecía comer en casa, así que se arreglo para salir a comer. Mientras se alistaba para salir de la elegante casa que rentaba no podía dejar de pensar en Dana, en esa desconocida que le resultaba exasperante, testaruda y terca, pero encantadora de alguna manera, la forma en la que defendía su punto de vista y su inteligencia para contestar a sus ataques le resultaba atractivo, no muchas mujeres se atrevían a contradecirlo o tenían el valor para enfrentarlo como ella, a si mente solo llego una mujer, pero no quiso pensar mucho en esa odiosa chica castaña del colegio, prefirió recordar la voz firme de Dana defendiendo a capa y espada sus ideales.
No muy lejos, Zulle estaba hasta el tope de correspondencia y seguían llegando infinidad de cartas.
-¿Qué vamos hacer Zulle?
-No tengo ni idea Max. -Contesto la morena que intentaba inútilmente de leer todas las cartas que llegaban, pero conforme abría un sobre llegaban más y no alcanzaba a pesar de la ayuda de Max, otro de los conductores. Ademas de que la recepcionista se vio en la necesidad de poner la grabadora para que dejaran mensajes de voz porque no se daba abasto con las llamadas.
-¿Cómo demonios no me di cuenta que se habían quedado esos dos al aire?
-Se positiva, nunca habíamos tenido tanto Rating
-Lo sé y eso no es el problema me gusta la respuesta de los radioescuchas pero que voy hacer ahora.
-Juntar a ese par y ofrecerles un programa podemos hacer espacio y meter un nuevo programa.
-Se escucha genial pero como voy a contactarlos. -Replico agotada Zulle
-Vamos no te desanimes en el programa de hoy pídeles que se contacten contigo, supongo que ambos siguen tu programa de otra manera porque hablarían.
-Eso espero, porque si no que vamos a hacer, todos están locos por escucharlos de nuevo. Muchas cartas dicen que ambos son geniales, incluso ya tiene club de fans, otros dicen que son tan diferentes que es divertido escuchar como discuten ¿Puedes creerlo?
-Como dudarlo. -Dijo el chico señalando los montones de cartas dispersas por el escritorio.
-Renuncio. -Grito desesperada amanda la recepcionista.
-Vamos Amy no nos hagas esto, sabes que te necesitamos.
-Es que ya no aguanto más me duelen mucho mis oídos toda la mañana no ha parado de sonar los teléfonos. -Dijo a punto de llorar.
-Cálmate mejor tomate un descanso yo me hare cargo. -Dijo Zulle
-Gracias. -Dijo levantase y tomando su bolsa para salir, antes de escuchar de nuevo los teléfonos repicar y volverse loca ahí mismo.
-Sabes que también podríamos hacer, podemos poner carteles en las calles. -El chico aporto su idea.
-¿Carteles?
-Si buscando a Dana y a Harry.
-¿En verdad crees que se llamen así?
-Claro que no, pero sus seudónimos son lo único que sabemos de ellos.
-Espero que los encontremos pronto.
-Por el bien de todos será lo mejor, no tardan en saber esto el jefe y nos pedirá cuentas. -Dijo desolada.
El dia laboral había terminado, Hermione estaba agotada y sumamente hambrienta, se dirigía a un restaurant cercano a su trabajo, caminaba distraída aun sin poder olvidar el sueño de la mañana, sabia que era consecuencia de las insinuaciones del tal Harry, no por nada no le pudo ver el rostro, no era más que un desconocido.
Caminaba por la acera cuando choco con alguien que la sujeto para que no cayera, y cuál sería su sorpresa que era nada más y nada menos que Malfoy, su acérrimo enemigo.
-Granger
-Malfoy
-Que sorpresa encontrarte por aquí, pensé que seguías en Londres con tus amiguitos.
-Pues ya ves que no es así, me puedes soltar. -Le pidió lo mas Cortez que pudo después de todo la había librado de un buen golpe.
El rubio la soltó, no sin notar lo cambiada que estaba la castaña habían pasado algunos años desde la última vez que la vio y se podía notar más mujer. El vestido azul que lucía mostraba una figura definida y armoniosas curvas.
Hermione también noto que el rubio seguía tan guapo como siempre, quizás un poco más maduro, pero no perdía su porte aristocrático y su semblante arrogante.
-Bueno Malfoy, Adiós. -Dijo como despedida y comenzó a caminar.
-Hasta Pronto Granger. -Contesto con seguridad. Pero la castaña no le presto atención siguió su camino. -Te aseguro que nos volveremos a ver. -Dijo divertido y con una mirada lujuriosa vio como la chica se alejaba contoneando sus caderas.
