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Decimonovena sesión

-Veo que estás mejor, Lincoln. –Albert sonrió mientras miraba fijamente a Lincoln.

Lincoln masajeó sus muñecas mientras trataba de olvidar la sensación de la camisa de fuerza en su cuerpo. Hace tres días que se la habían sacado y aun podía sentirla alrededor de su cuerpo. Juraría que aun podía sentir sus huesos crujir cada vez que movía sus articulaciones.

Albert sacó una gran cantidad de hojas. Por un segundo Lincoln creyó que sacaría sus cartas, pero esta vez se había asegurado de romper en varios pedazos aquellas hojas de diversos colores. Dudaba que el hombre frente a él se tomara el tiempo para pegar cada fragmento.

-Son dibujos interesantes los que has hecho, Lincoln Loud. –Levantó uno de los dibujos hacia la luz y pareció examinarlo. –Muy informativos, tengo que decir.

Lincoln no sabía a que se refería. Los dibujos que había podido hacer en su tiempo libre de ataduras no eran más que carteles que lo mandaban a la mierda o dibujos difamatorios. Quizás una o dos muertes brutales, pero nada que ningún otro niño en su situación no haría.

-Tienes talento para dibujar imágenes muy fuertes, más de las que cualquier niño de tú edad debería, Lincoln. –Le enseñó uno de los dibujos de muerte brutal: se mostraba a un hombre de barba y bigote siendo partido a la mitad por un hacha mientras un monstruo con cuernos rugía. –Aunque este es ciertamente mi favorito. –Le enseñó un segundo dibujo: en ese se mostraba a una niña. No se podía distinguir mucho ya que el lápiz era de carbón, pero se podía ver una cola de caballo detrás de su cabeza.

-¿Quién es la niña, Lincoln? –Volvió a inspeccionar el dibujo. –Al principio pensé que se trataba de una de tus hermanas. Tus padres dijeron que tenía un cierto parecido a tu hermana Lynn, creo que por la cola de caballo. Pero Lynn no usa vestidos, según ellos. –Se cruzó las piernas mientras inclinaba la cabeza y sonreía de aquella forma tan desagradable. –¿Quizás otra de tus hermanas, Lincoln? No parece ser de las jóvenes ¿Una de tus hermanas mayores? No, creo que es un poco diferente a cualquiera de ellas.

¿Qué problema tenía con ese dibujo? Volteó la cabeza aun lado. ¿No podía simplemente volver a sus dibujos de brutales? Seguramente un psicoterapeuta que se respete le interesarían más los dibujos de muertos de un niño de once años. ¿Todavía tenía once verdad? Era un poco difícil mantener la cuenta de los días en ese lugar.

Pudo escuchar como algo era rasgado.

Sus ojos se volvieron hacia Albert en estado de pánico. Aquel psiquiatra había rasgado el dibujo de Lidy con una sonrisa mientras lo miraba de reojo. Lincoln abrió la boca sin poder creerlo.

-Si lo que quieres es la imagen de una de tus hermanas, entonces podríamos pedirle a tus padres que te traigan algunas fotografías. Estoy seguro de que lo harían encantados. ¿No crees, Lincoln? –Volvió a rasgar el dibujo.

Lincoln no podía entender porque estaba haciendo eso. ¿No debería estar destrozando los dibujos violentos en lugar del dibujo de una niña que ni siquiera existía? Lincoln ni siquiera sabía porque había intentado dibujar a Lidy. Simplemente lo había hecho mientras estaba pasando el rato con aquellos papeles. Pero Albert parecía haberlo encontrado interesante, y simplemente había decidido romperlo frente a él.

-A menos que haya una razón por la que no quieras que lo rompa. ¿Alguna niña de la escuela? ¿Uno de esos amores del otro lado del pasillo que jamás te darían una segunda mirada? ¿Quizás un saludito un buen día y decidiste acosarla un par de veces? Vamos, Lincoln Loud, ¿Quién es la niña? –Rasgó el dibujo con más fuerza.

Lincoln se paró del diván y estuvo apunto de lanzarse contra Albert.

-Veo que es alguien importante, ¿Por qué no empezamos por ahí, Lincoln Loud? –Dejó el dibujo aun lado mientras juntaba sus manos y miraba fijamente a Lincoln. –Parece tener algunas similitudes con tus hermanas, pero no me parece que sea ninguna de ellas.

¿Por qué tanto interés? Era simplemente un dibujo. Nada realmente importante. Lincoln había hecho más que ese. Si se hubiera fijado bien entonces encontraría que trató de reproducir aquel edificio en el que estuvo encerrado, e incluso la habitación donde fue atado de pies y manos. ¿Qué tenía de interesante el dibujo de Lidy?

A Lincoln ni siquiera le gustaba pensar en ella…

El recuerdo de los cuerpos de sus hermanas siempre le parecía tan real que a veces creía que realmente habían muerto, todas ellas victimas de Lidy. Había noches en las que podía imaginarse a Lidy llamándolo para que se uniera a la matanza, la veía bailar entre la sangre y restos de todas sus hermanas mientras se reía, pero su risa no era como la de los maniacos en la purga, era una risa inocente e infantil.

Los tiernos brazos de Lidy rodeándolo fueron uno de sus recuerdos más claros, ya que los había sentido muchas veces mientras sufría los efectos de la desintoxicación. No importa cuanto tratara de rechazarlos, estos siempre regresaban hasta el punto en que Lincoln no podía decirles que no.

¿La echaba de menos? A veces Lincoln no lo sabía. Lidy fue la única que lo apoyó y le dio guía en la purga, a la vez que le ofreció su cariño y amor a cada paso que dio en esas últimas horas. De no ser por ella posiblemente no lo hubiera logrado.

Sonrió un poco, a veces tenía ganas de reír cuando pensaba en eso. ¿Esto es haber sobrevivido? El doctor Albert tenía razón, esto no es realmente una vida. Era una mierda de pastillas y comidas controladas, sin mencionar tener que ver a un psicópata sádico cada semana por quien sabe cuanto tiempo. Esto no era una vida.

Albert volvió a mirar el dibujo de Lidy, luego sacó nuevamente su libreta y comenzó a anotar algo.

-¿Te interesaría ver a alguna de tus hermanas, Lincoln Loud? –Le preguntó cuando terminó de escribir algo. –Creo que una de ellas está en la sala de espera, desde hace una hora. ¿Qué te parece?

Lincoln se mordió el labio y negó lentamente con la cabeza. No quería ver a ninguna de ellas. Sabía que era lo mejor para ambas partes simplemente se mantenían alejados.

-Como quieras, de todas formas no podría decir si es o no una de tus hermanas, de no tener pechos juraría que es un chico. –Ignoró la confusa mirada de Lincoln y continuó escribiendo.

Lincoln miró el dibujo de Lidy sobre el escritorio. Estaba rasgado pero aun así era distinguible, se había esforzado por hacer las pecas correctamente, en realidad, se esforzó mucho por que se pareciera a Lidy, quizás ese fue su error. Pero sencillamente no había podido evitarlo.


El segundo piso le resultaba un lugar incomodo para estar deambulando. Desde que presenció aquella violación el lugar le era desagradable. No pudo evitar recordar las cosas que Tobías y sus amigos le habían hecho a aquella chica. Hasta ahora no se había encontrado con aquellos dos chicos, y Lincoln estaba feliz por eso. Quizás se habían topado con el caníbal o aquel grandote del tubo de acero, como sea, no era su problema.

Por ahora todo lo que había encontrado eran puertas cerradas y pasillos vacíos, si tenía suerte la mayoría de los maniacos estarían en el primer piso. Volteó nuevamente hacia atrás y esperó un poco mientras apoyaba la espalda contra la pared, después de haber visto a alguien siguiéndolo antes, no podía estar seguro de si lo seguían.

Por ahora no parecía que nadie siguiera sus pasos, por lo que Lincoln continuó andando con cuidado de cada esquina y asegurándose de revisar cada puerta. Le gustaría al menos encontrar algo de alcohol para su herida.

-Pum-Pum. Pam. A qué es bueno el ritmo ¿Eh nena?

Lincoln escuchó que alguien hablaba frente a él. Era una voz nueva, alguien que no había escuchado. Se concentró más y escuchó como parecía estar golpeando algo que sonaba como tambores, o algo así. Era un sonido que le pareció familiar y desagradable, le trajo asco.

Lincoln se acercó y escuchó nuevamente los golpes que parecían provenir detrás de una puerta. Se reprendió a si mismo por seguir siguiendo sonidos desconocidos, no era algo que tendría que hacer en esa situación. Y lo que vio al abrir levemente la puerta se lo recordó claramente. Sintió una nueva arcada mientras se tapaba la boca y trataba de contener el vomito que amenazaba con salir de su garganta.

Otra vez…

Lo que veía era a un chico un poco mayor que él, era delgado, casi como una rama, pero alto y de cabello corto. Parecía estar tarareando a un ritmo continuado y lo que golpeaba era el culo de una chica que tenía contra la mesa. La chica no reaccionaba mientras tenía sus brazos extendidos contra la mesa y dejaba que aquel chico le hiciera eso.

-Un poco demasiado callada, ¿No? Si quieres que me detenga entonces sólo dilo cariño. –Comenzó a aumentar el ritmo mientras tarareaba y golpeaba el culo de aquella chica.

Lincoln jamás en su vida había visto a aquel chico, pero conocía a aquella chica. Como si fuera un castigo cósmico, aquella chica era Sid. Y para hacerlo peor, sus ojos apuntaban directamente hacia Lincoln.

Lincoln se ocultó detrás de la pared junto a la puerta mientras apoyaba la cabeza contra el muro.

¿Por qué? ¿Cómo había pasado Sid de ser violada por tres chicos que parecían conocerla para ser violada por uno que quizás ni conocía? ¿Cómo había llegado hasta ahí? Lincoln podía pensar en miles de preguntas, pero lo que importaba ahora era que Sid estaba siendo violada en la habitación frente a él, y que nuevamente lo había visto. Lincoln no podía quitarse aquellos ojos vacíos de la cabeza. No parecían ser acusatorios o rogar por ayuda, simplemente estaban vacíos.

Lincoln escuchó como aquel chico volvía a golpear el trasero de Sid mientras tarareaba a mayor ritmo.

-Sí, nena. Sí, nena. ¡Ya casi estoy!

¿A que suena rico? –Escuchó la voz de Mike detrás de él. Seguro que le esta dando bien, ¿Por qué no te le unes? Uno por delante y el otro por detrás. –Se rio de forma estridente mientras Lincoln sentía su mano acariciando su trasero de la misma forma que lo había hecho hace años.

Lincoln lanzó un codazo hacia atrás que impactó con la nada y volvió a ver detrás de la puerta.

Vamos, sabes que te gustaría. La chica está usada, pero está muy rica. –Ahora era Mike quien estaba violando a Sid. La imagen era exactamente idéntica a como lo fue hace un año. Incluso la herida en el cuello era visible en esa posición. ¿Así se había visto cuando…? ¿Cuándo él…?

Lincoln se sujetó el estomago mientras seguía mirando como Mike violaba a aquella chica. En ese momento… de no ser por Lidy, Lincoln se hubiera quedado tirado en aquel sofá como un simple trapo viejo mientras Mike y Rick le hacían lo que quisieran. De la misma forma en que Mike está usando a Sid.

Tan apretado. Nunca creí que las vaginas pequeñas pudieran ser tan calentitas y apretadas. Me recuerda un poco a tú culo. ¿Lo recuerdas, Lincoln? ¿Recuerdas lo bien que la pasamos? Ha ha. Mike se rio y un chorro de sangre cayó de su cuello y boca mientras lo hacia. ¿No te gustaría saber que se sintió? ¿O revivir viejos tiempos? Vamos. Ven aquí.

Lincoln lo miró con odio mientras entraba a la habitación. El fragmentó de vidrio nuevamente lastimaba su mano a través de las gasas.

En ese tiempo no había sido más que un niño herido, y estaba asustado. Asustado de todo y todos lo que lo rodeaba. Al final no había podido hacer nada más que quedarse totalmente impotente mientras Mike y su compañero lo lastimaban. No había podido hacer nada para defenderse y había perdido algo muy importante aquella noche.

¿Ya te decidiste? Mike dijo mientras se apartaba de Sid y lo miraba con una sonrisa sangrienta. Vamos, todavía está caliente. Señaló el trasero de Sid. ¿Culo o vagina?

Ya no. No permitiría que Mike lo siguiera torturando, no lo dejaría hacer o decir lo que quisiera, y no dejaría que lastimara a nadie más. No, nada de eso. Lo que Lincoln quería hacer era matarlo. Así de simple. Al demonio la justicia o la venganza. Sólo quería poder volver a matar al hijo de puta que tenía enfrente. Ese tipo había terminado de arrancarle lo último de inocencia aquella noche, y lo había ensuciado en lo más profundo de su ser.

Todavía podía sentir su semen en su interior. Agitándose dentro de su estomago por cada paso que daba más cerca de Mike. Se expandía por cada parte de sus órganos y escurría desde su recto hasta su ropa interior. Podía olerlo escurriendo de sus pantalones al piso que pisaba, y la sangre que lo acompañaba.

¿Qué pasa? ¿Quieres otra vuelta conmigo? Mike se rio mientras comenzaba masturbarse. Pero Lincoln lo vio retroceder lentamente de Sid hasta chocar contra la pared. Abre bien la boca porque estoy apunto de darte leche, mucha leche. –Se volvió a reír de forma desagradable.

Lincoln no lo pensó dos veces cuando hundió el fragmento de vidrio dentro del estomago de Mike. Pudo sentir el vidrio atravesando el estomago hasta la mitad, entonces lo sacó y volvió a apuñalarlo. Mike parecía no saber si gritar o seguir riendo mientras decía obscenidades que Lincoln ya no podía escuchar. Todo lo que podía hacer era apuñalarlo sin parar mientras recordaba las asquerosas cosas que le había hecho en la purga del año pasado, en las que tenía planeado hacerle.

Sintió como las gasas se rompían y, nuevamente, el fragmento de vidrio lastimaba su mano, pero no le importaba. Miró a Mike a los ojos mientras lo apuñalaba repetidas veces. Pudo sentir como los robustos brazos de Mike lo golpeaban, pero los golpes eran más suaves de lo que esperaba. Mike se removió en el lugar mientras continuaba riendo, ¿O estaba llorando? No le importaba.

Lincoln sacó el pedazo de vidrio e hizo algo que había deseado desde hace tiempo: Apuñaló a Mike directamente en los genitales. Ya no podría volver a lastimarlo nunca más. Jamás volvería asentir aquella cosa tan asquerosa dentro de su cuerpo, y no tendría que soportarla otra vez.

Se alejó de Mike y vio caer su cuerpo aun lado. Parecía estar luchando por su vida mientras su estomago no dejaba de sangrar, y su zona genital estaba perdiendo más sangre aun. Lincoln se subió sobre él y lo apuñaló en el cuello, justo en el lugar donde lo había impactado la bala. Vio como un nuevo torrente de sangre salía disparado de su cuello y boca mientras Mike jadeaba en busca de aire y trataba de tapar la herida con sus manos. Pero era inútil, Lincoln lo sabía, y por el miedo en los ojos de Mike él también lo sabía. Lincoln le dio la espalda, esta vez no se quedaría mirando como moría, no era tan importante. Sólo un montón de desperdicios.

Tomó una de las sillas junto a la mesa y se sentó mientras respiraba con dificultad. ¿Cómo debería sentirse ahora? El sudor corría por su frente mientras trataba de recobrar el aliento. Miró a Sid sobre la mesa, ella aun estaba viendo la puerta. Lincoln la había dejado abierta, tendría que cerrarla para que nadie supiera que había alguien ahí dentro. De mala gana se paro y cerró la puerta.

El cuerpo de Mike ya había dejado de luchar en el piso. Había perdido todo rastro de vida.

Y esta vez no regresaría.

No regresaría jamás.


Lincoln siguió mirando los ojos de Sid por un tiempo que le pareció eterno. Sus ojos eran más claros de lo que recordaba antes, pero vacíos. Tan vacíos como los ojos que él veía cada vez que le permitían acercarse a un espejo. Trato de llamar su atención de alguna forma, pero Sid continuó inerte en aquella posición que Mike la había dejado. Lincoln creyó que podría haber muerto, pero pudo escuchar la leve respiración y el subir y bajar de su cuerpo cada vez que respiraba.

Lincoln se levantó y se acercó detrás de ella. Al menos podría arreglar su ropa. El ojo derecho de Lincoln tembló un poco cuando vio las partes íntimas de Sid. No pudo evitar cubrir su estomago mientras veía aquel líquido blanco chorreando de la vagina de Sid, o lo rojizo de su trasero después de haber sido golpeado tantas veces. Cerró los ojos y apartó la mirada. No quería ver eso por más tiempo, pero no podía dejar a Sid así.

Endureció un poco su estomago y levantó sus pantalones hasta que pudo cubrir sus zonas privadas. Con un poco de esfuerzo levantó un poco aquel cuerpo hasta pararlo en dos pies y terminó de levantar sus pantalones, no sabía si la ropa interior estaba bien puesta dentro, pero no era algo que sentía podía solucionar. Se apartó de ella en cuanto lo hizo.

Sid no parecía haber notado nada, pero se mantuvo de pie mientras sus ojos continuaban en el mismo lugar de siempre. La violación parecía haberla afectado mucho, apenas parecía reaccionar a nada.

Lincoln no pudo evitar sentirse peor que la mierda al recordar como la habían violado aquellos chicos frente a él, pero en ese tiempo no hubiera podido hacer nada. No era fuerte, o rápido, ni tenía armas o un talento en artes marciales, era solo un chico común y corriente, cuya condición física jamás fue muy buena. Todo lo que hubiera conseguido sería morir.

Le hubiera gustado poder decirle eso a Sid, pero aun de haber podido, seguramente no hubiera importado. El caso es que la había abandonado, y eso jamás iba a cambiar.

Los pantalones blancos de Sid cayeron nuevamente mientras la veía, parecía que el elástico se había dañado y Lincoln vio su vagina al descubierto. Volteó rápidamente mientras retrocedía con una mueca de asco. Esto era horrible, pero no por lo que había visto, sino por su fobia en si.

Con más calma volvió a subir los pantalones de Sid hacia su cintura y trató de que se quedaran ahí. Sid no hizo ningún movimiento por impedirlo o pareció incomoda, simplemente se quedo callada y con su vista aun en la puerta. Lincoln hizo una mueca de frustración cuando el pantalón volvió a caer, tendría que encontrar algo con que mantenerlo arriba, eso o cambiarlos por otros. ¿Pero donde iba a sacar nuevos pantalones?

Con algo de incomodidad Lincoln tomó su mano, Sid pareció estremecerse un poco ante eso y volver a temblar, Lincoln la soltó al instante y la miró fijamente, sus ojos habían regresado a ser vacíos y su cuerpo dejó de temblar. No tenía idea de como actuar con aquella chica.

A Lincoln le hubiera gustado poder hablar, pero las palabras no habían salido de su boca por casi un año, ya ni estaba seguro de recordar como era hablar con alguien. De haber podido le hubiera dicho que se ocultara o algo así, o al menos le hubiera pedido perdón por dejarla sola.

Pero no podía hacer nada de eso.

Lincoln miró a la puerta y suspiro.

No podía quedarse con Sid. Quizás si cerraba la puerta estaría a salvo, y lo cierto es que eso era lo único que podía hacer. Sería peligroso que lo acompañara, no podía ayudarla de ninguna forma de todos modos.

Lincoln volvió a ver el cuerpo de Mike, como si esperara que se levantara de nuevo, pero estaba seguro de que esta vez se quedaría muerto. ¿Cómo se sentía? No podía decir que lamentaba su muerte, pero tampoco sentía que le hubiera gustado. Lo aliviaba saber que Mike jamás podría lastimarlo otra vez, pero lejos de eso no sentía absolutamente nada por aquel cuerpo en el piso. ¿Eso era bueno o era malo? Decidió que no le importaba, ya pensaría en eso cuando estuviera a salvo.

Miró a Sid otra vez y acarició su cabeza. Trató de imitar los movimientos de Lidy, e incluso transmitirle algo de cariño y confianza. Eso era lo máximo que podía hacer. Le sonrió lo mejor que pudo y se dio la vuelta.


Cuando Lincoln salió de la habitación no pudo evitar suspirar. Sus manos aun estaban manchadas de sangre y el sudor le cubría la cara, pero ya no podía sentir la sombra de Mike persiguiéndolo. No, ya se había liberado de ese demonio.

Mike no volvería jamás.


En una habitación oscura y repleta de monitores, un hombre enfocó de cerca el rostro de Lincoln. No pudo evitar sonreír mientras miraba el rostro del niño, todavía le costaba creer que aquel pequeño hubiera podido matar al otro chico de forma tan brutal. Lo habían distraído totalmente de la falla que había activado los sistemas de seguridad hace unos minutos.

Con una pequeña sonrisa volvió a verificar las fichas de los pacientes de aislamiento.

Cuando llegó a la de Lincoln hizo una mueca de molestia al ver el nombre de Albert Stimbelton como su doctor. Ese era un nombre que jamás dejaría de odiar mientras le quedara aire que respirar. Si hubiera podido lo hubiera matado hace tiempo en la purga, pero confió en que muchos otros estarían dispuestos a hacer lo mismo.

Es una lastima que hasta ahora nadie lo hubiera conseguido.

Continuó leyendo la ficha de Lincoln, pero un mensaje de error lo distrajo.

-¿Qué carajo? –Dijo mientras tiraba la ficha aun lado. Los mensajes de error comenzaron a acumularse en su ordenador y a llenar los monitores a su alrededor. –Vamos. Vamos. ¿Qué pasa?

Las imágenes de los monitores comenzaron a dar vueltas por todo el asilo, muchas de las cámaras se volvieron locas mientras las luces se encendían y se apagaban por los pasillos. El rostro confundido de Lincoln pudo verse en la pantalla mientras miraba aun lado y al otro en busca de una respuesta para aquel espectáculo de luces.

Pero a él le importaba una mierda, sólo quería recobrar el control de su juego.

Comenzó a teclear furiosamente, pero cada comando que escribía parecía ser inútil. Era imposible, él mismo había diseñado los programas, era imposible que algo pudiera haberlos infectado. La única explicación posible es que alguien se hubiera infiltrado en el sistema, pero era imposible, tendría que poder escribir códigos aun más rápido de lo que él puede, y aun así, los códigos serían algo totalmente desconocido. Algo propio de sus programas. Esa era su marca personal.

Nadie podía hacer eso.

-¿Qué mierda es esto? –Negó con la cabeza mientras sacaba un disquete del escritorio. Tendría que reiniciar el programa, desconectarse por un tiempo.

Fue cuando todo su equipo se apagó frente a él.

Miró a su alrededor con confusión mientras trataba de darle algún sentido a todo.

Fue cuando el monitor frente a él se encendió y la imagen lo dejó desconcertado.

Lo que estaba viendo era a una niña pequeña con gafas sentada en un pequeño sofá. Su cabello estaba despeinado y se veía algo grasoso, y su ropa estaba sucia y manchada con lo que parecía ser comida chatarra. Pero lo que le impactó más fueron sus ojos, para ser tan joven tenía terribles ojeras y lo miraban como si no estuviera realmente ahí.

-… ¿Qué está…?

-Te gusta jugar con niños… –La pequeña niña dijo con en voz baja, pero lo suficientemente clara para que la escuchara. Había algo en esa voz que le dio miedo. –¿Disfrutas viéndolos sufrir? ¿Te agrada ser el hombre detrás de la pantalla que controle todo en su propio mundo? Seguro es interesante, y de paso ganas algo de dinero extra. ¿No es cierto?

Una imagen de su cuenta bancaria apareció en otro de sus monitores.

-El daño que sufrirá después de esto será muy difícil y costoso de reparar, agradezco tu generoso donativo.

Sus ojos se llenaron de terror cuando vio su cuenta bancaría bajar hasta cero.

-No. No. No. No puede ser. –Trató de hacer funcionar su teclado. Lo golpeó con todas sus fuerzas antes de arrancarlo desde el cable y tirarlo al piso.

-Sólo es curiosidad, ¿Pero tú limitado intelecto sólo un poco más avanzado que el promedio de casualidad sintió que sería más emocionante transmitir y controlar todo desde dentro del asilo? –La pequeña de ojos cansados mencionó mientras todavía estaba en shock. –¿Quizás en el sótano? ¿En el mismo lugar donde preparaste a los peores?

Esas palabras regresaron su atención a la niña pequeña frente a la pantalla. Aquella niña no podía tener más de cinco o seis años, ¿Quién era? ¿Qué estaba pasando?

-¿Qué estas diciendo?

Los seguros electrónicos de su puerta se abrieron con un zumbido, y pudo escuchar como muchas otras puertas se abrían.

-No trates de escapar. Ya he cerrado la puerta del primer piso. –La niña dijo de forma aburrida mientras bostezaba. –Que esto te enseñe a no meterte con mi hermano.

La imagen se perdió y todo quedó nuevamente a oscuras. No tenía tiempo para entender aquellas palabras, todo lo que podía hacer era mirar la puerta que ahora sólo una corriente de aire podría abrir fácilmente. Afuera ya escuchaba los pasos de todos aquellos dementes que había ordenado encerrar en el sótano. Había creído que sería divertido estar tan cerca de los peores, y a la vez ser el lugar más seguro.

Tragó saliva mientras escuchaba la risa y algunas peleas afuera, ¿Quizás se mataran mutuamente antes de-

Una sirena comenzó a sonar dentro de su pequeño refugio. Sintió como su corazón salía disparado y se dio cuenta de que una de las pantallas se había iluminado con la imagen roja de una sirena que no dejaba de tocar. Con pánico arrojó un baso repleto de coca-cola hacia la pantalla, pero no sirvió de nada.

La puerta frente a él se abrió lentamente y pudo ver la cabeza rapada y unos ojos saltones que lo miraban fijamente. Una sonrisa macabra y carente de dientes fue lo último que vio.


NA: Quiero aclarar que Lincoln se verá obligado a enfrentarse a sus demonios en el fic, pero estos antes tienen que salir, Lincoln los a estado reprimiendo mucho con pastillas este año, y se niega a enfrentarlos. Simplemente corre y se esconde, aun dentro de su mente se niega a darles la cara.

Pero ahora no puede correr, y tendrá que enfrentarlos.

En cuanto a lo que suceda en el asilo, creo que más de uno se a dado cuenta, pero eso déjenselo a Lisa, ella sabe perfectamente como ocuparse de todo aquel que quiera lastimar a Lincoln.

En fin, podríamos decir que la batalla de Lincoln con sus demonios a iniciado definitivamente.