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Vigesimoquinta sesión
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-¿Alguna vez te sentiste atraído sexualmente a alguna de tus hermanas, Lincoln Loud?
¿No habían pasado por esto antes? Lincoln dejó las pesas de plástico llenas de agua y volteó a verlo con los mismos ojos en blanco de la última vez.
Albert volvió a encogerse de hombros. –La última vez no me respondiste, ahora me gustaría al menos cerrar esa pequeña puerta. –Albert mencionó mientras sacaba otra libreta. –Parece que pasabas una gran cantidad de tiempo con todas tus hermanas, Lincoln. Ya sea para ayudarlas u ofrecerles algún tipo de apoyo. –Negó con la cabeza. –Nueve chicas y una bebé, me sorprende que no hubieras terminado aquí antes. Por otro lado, seguramente viste muchos pechos. ¿Alguna vez te quedaste pensando en un tipo particular de pechos? Ya sabes, ese tipo de tetas que no te dejan dormir por la noche.
Lincoln se cruzó de brazos y siguió mirándolo con los ojos en blanco. ¿Cuál era su problema con sus hermanas? Sí, solía pasar mucho tiempo con ellas, pero nunca las vio de cualquiera de esas formas. Comenzaba a pensar que el tipo tenía graves desviaciones sexuales, o algo por el estilo. ¿Algún tipo de parafilia? Lincoln no pudo evitar imaginarlo con revistas sucias sobre hermanos y hermanas mientras se masturbaba en el baño. Hizo una mueca de asco y le dio la espalda.
-Como quieras, demos esta puerta por cerrada. De todas formas la teoría era débil y sin fundamentos, al menos de tú parte. Aquella chica ya comienza a molestar con sus constantes visitas…
Lincoln levantó una ceja.
-…A menos que… –Albert sonrió de forma desagradable hacia Lincoln. –Algo muy profundo de ella la estuviera matando por dentro al ver el barril de mierda en que se a convertido la cabeza de su querido hermanito. Me preguntó que será, y porque. ¿Algo relacionado con aquella noche de desgracia, Lincoln Loud?
Lincoln dejó de mirarlo, ¿Por qué tenía que tocar siempre ese tema? ¿Qué había de importante en esa noche? Lo que pasó ya pasó, no es nada que tenga que importarle. Y Lincoln no quería recordar eso.
-Parece que antes de esa noche tus hermanas te trataron como una verdadera mierda. –Albert sacó otra libreta. –Insultos y abuso físico entre otros. –Se rio un poco. –¿Incluso de parte de tus hermanas menores? Cualquiera pensaría que un hermano mayor tendría que infundir respeto. Tenías que haber sido muy patético si incluso tus hermanitas menores se burlaban de ti.
A Lincoln le dieron ganas de arrojar la pequeña pesa de plástico directamente a su cabeza. ¿No podía dejarlo pasar? Lincoln no quería volver a pensar en eso. Simplemente quería dejar todo atrás y, quizás, algún día, olvidarlo definitivamente. Era más sencillo si lo olvidaba y no volvía a tocar el tema nunca jamás.
-Deja de correr, maldito niño cobarde. –Albert le gritó desde la entrada. –¿Realmente crees que las cosas malas te dejarán en paz si huyes y te escondes? Sólo dales frente, maldita sea. Nunca podrás recuperarte si no les das la cara, Lincoln. –Sacó un cigarrillo y lo encendió aunque estuviera en una zona de no fumar. –Aquí va mi teoría: tus hermanas son estúpidas. –Lo dijo así de simple. –Y de alguna forma, por cualquier razón de mierda, te dejaron abandonado en la purga. ¿Estoy cerca de la verdad, Lincoln Loud?
Lincoln se estremeció. Abrió la boca, y por un segundo creyó que terminaría por decir algo, que por fin, después de tanto tiempo, una palabra saldría de su boca. Pero no dijo nada.
-Bien, es sólo una teoría. Pero es débil, porque nadie sería tan jodidamente estúpido o enfadado, o desalmado para dejar a un niño de once años en la purga. ¿No tienen Internet en casa? Cualquier persona podría encontrar videos sobre lo que pasa en esa noche con buscar un minuto. –Aspiró el humo y lo saboreó dentro de sus pulmones antes de dejarlo salir.
-Ellas nunca se preocuparon por ti.
Lincoln se estremeció al escuchar esa tierna voz detrás de él.
-Sólo te utilizan cuando les conviene, y te dejan tirado cuando más las necesitas. Ellas no son tus hermanas, ellas no son nada.
Lincoln agitó la cabeza mientras trataba de liberarse de la voz de Lidy. No podía escucharla, no ahora. La purga ya había terminado, ella no tenía razón para seguir torturándolo. Ella nació en la purga, y tendría que haber muerto después de ella. ¿No era por eso que lo dejó ir? ¿Por qué la purga había terminado? Lincoln había tenido mucho tiempo para pensar en eso, cuando le era imposible olvidarlo al menos.
-Te quiero Lincoln.
Esas últimas palabras le cayeron como un balde de agua fría. ¿Cuándo fue la última vez que sus hermanas le dijeron que lo querían? Lincoln siempre trataba de apoyarlas y demostrarles lo mucho que las amaba, ¿Pero ellas? ¿Cuándo fue la última vez se acercaron a él para nada que no fuera pedirle algo a cambio?
Negó con la cabeza otra vez. Nada de eso importaba ahora. Todo se quedaría atrás y no regresaría. Era mejor de esa forma.
-Escuchando cosas interesantes, Lincoln Loud.
Lincoln había estado tan concentrado en la voz de Lidy que había olvidado por completo la presencia de Albert. Aquel psiquiatra lo miraba con una sonrisa más grande de lo que había visto hasta ahora. Sacó su libreta y volvió a escribir algo. Las preocupaciones de Lincoln crecieron por cada vez que la punta de ese pequeño lápiz tocaba el papel.
Al terminar, Albert lo miró con la misma sonrisa desagradable. –Ciertamente, no eres aburrido, Lincoln Loud.
Lincoln le dio la espalda y continuó ejercitando su brazo izquierdo, sólo le quedaba una semana de rehabilitación, después de eso no sabía cuando sería la próxima vez que podría volver a hacer ejercicio. Nunca había notado lo bien que se sentía hacer ejercicio, o quizás lo había hecho pero no le había dado mucha importancia hasta ahora.
Podía entender un poco más la obsesión de Lynn por los deportes. La sensación al terminar era increíble.
Lastima que no volvería a esa sala una vez terminada su rehabilitación.
-Podría arreglar que se te de acceso diario a esta sala, Lincoln. –Albert sonrió.
Lincoln lo miró a los ojos. ¿Cómo parecía poder ver siempre a través de él de esa forma? Era realmente incomodo.
-Sacó una hoja de papel doblado de su bolsillo y la desdobló lentamente mientras miraba a Lincoln. –¿Tiene nombre?
Era aquel dibujo de Lidy. Lincoln creyó que para este tiempo ya la habría tirado.
Lincoln volteó la cabeza y continuó ejercitando su brazo.
-Entonces deja que yo lo adivine. –Albert aspiró humo y lo dejó salir. –¿De casualidad no será algo con L y de cuatro letras? No se si tus padres son ingeniosos por pensar en nombres tan cortos, o alguna clase de obsesivos compulsivos. ¿Seguro que no te iban a llamar Linc o algo así?
Lincoln no lo había notado hasta ahora, pero era cierto: todas sus hermanas tenía nombre con L, y cuatro letras. Trató de repasarlos un poco para cerciorarse: Lori, Leni, Luna, Luan, Lynn, Lucy, Lana, Lola, Lisa y Lily. Es cierto, todas comienzan con L y tienen sólo cuatro letras. ¿Quién lo diría? Supuso que cuando se convive tanto tiempo con algo pasa a ser algo demasiado natural para prestare atención.
-No hay muchas opciones, ¿Cierto? –Se rascó la barba como si estuviera pensando detenidamente. –¿Sería algo como Lina? ¿Lika quizás? ¿Lubi? ¿Liby?
Lincoln ocultó un pequeño escalofrió lo mejor que pudo, ese nombre estaba muy cerca.
-No, nada de eso. –Volvió a sonreír. –Quizás si tomamos el nombre de una pequeña a la que seguramente no le guardes tanto rencor por tal cosa, como la pequeña Lily. Tendría que ser algo parecido, ¿Cierto? –No esperó una respuesta, pero empezó a escribir varios nombres en su libreta. –¿Quizás cercano a Liby? ¿Cómo Liny? ¿Lity? ¿Lidy?
Lincoln sintió como un sudor frío recorría su espalda, y no pudo evitar estremecerse. ¿Cómo podía llegar a todas esas deducciones? Ni siquiera había hablado con él desde que comenzó a tratarlo. Todo lo que hacía era guardar silencio mientras hablaba. No hacía nada que no fuera escuchar.
-Sí, Lidy. –Albert saboreó la victoria del momento. Lincoln había perdido el ritmo de sus ejercicios y había comenzado a temblar en cuanto mencionó el nombre de Lidy. –¿Alguna hermanita secreta que tengan oculta en el sótano, o que hayan vendido en el mercado negro para pagar las cuentas? Podría explicar como siguen adelante con once hijos en casa.
Lincoln no respondió. Por supuesto que no iba a hacerlo. No podía hablar. De haberlo hecho le hubiera dicho que no se meta en sus asuntos. Lidy era una puerta que tenía que mantenerse cerrada, y eso era todo. Ya no estaba en la purga, ella no tenía lugar aquí, y se había asegurado de mantener cerrada esa puerta. Jamás la abriría otra vez.
Era lo mejor.
Albert terminó su cigarrillo y lo tiró al piso antes de pisarlo, y volvió a guardar el dibujo con cuidado en su bolsillo.
Lincoln no volvió a verlo, pero sabía que lo estaba mirando fijamente. De la misma forma que sabía que estaba sonriendo de aquella forma que tanto le desagradaba mientras se relamía los labios. ¿Cómo podía haber descubierto a Lidy sólo por un simple dibujo? Podría haber sido cualquiera, incluso Lynn, o Luan, o hasta Leni con cola de caballo. ¿Cómo Albert parecía poder ver a través de él tan fácilmente?
Lincoln sintió que jamás podría dejar de odiar a ese tipo.
Lincoln sintió como si un enrome peso hubiera dejado sus hombros. Podía visualizar aquella habitación donde Mike lo había retenido, recordaba a la mujer drogada en el sofá, a su compañero filmándola y al mismo Mike tomando la jeringa y clavándola en su nalga. Pero ya no se sentía dentro de esa habitación, era como si después de tanto tiempo por fin hubiera podido salir de aquel horrible lugar.
Pero aun estaba atrapado en aquel edificio que tanto sufrimiento le había causado, podía ver las luces fluorescentes parpadeando sobre su cabeza sin control. La música y las risas no tardaron en llegar a sus oídos, fue cuando vio los repugnantes cuerpos moviéndose por los pasillos. Pudo ver a aquellos hombres cuyas cadenas atravesaban la carne de sus muñecas y sus piernas mientras monstruos con brazos de látigo y cuchillas los azotaban.
Al voltear la vista vio tres cuerpos fusionados mientras se besaban y tocaban entre sí, era repugnante. Uno de esos cuerpos estaba de cabeza mientras chupaba las partes íntimas de la parte femenina, y la parte masculina del frente la besaba y penetraba mientras su brazo pasaba dentro de su pecho izquierdo y masturbar a la tercera parte masculina.
Evitó a un hombre que caminaba en cuatro patas mientras llevaba a una mujer usando un traje de cuerpo que dejaba al descubierto dos pechos con piercings atravesando sus pezones mientras una fina cuerda como alambre los ataba a la boca de aquel hombre perro. Cada vez que ese hombre ladraba los piercings tiraban de los pezones de aquella mujer y ella lanzaba un gemido de placer mientras lo golpeaba con una paleta repleta de clavos.
Lincoln no les dio una segunda mirada y continuó adelante. Le dio una última mirada a la habitación detrás de él, había dejado a aquella mujer tirada en el sofá sin molestarse en saber si estaba viva o muerta, pero eso ya no importaba, ella había estado ahí por una razón, lo que pasara con ella era su responsabilidad. Regresó la vista al frente y se metió entre la multitud, todos ellos se apartaban y le sonreían, casi como si fuera uno de los suyos.
Lincoln recordó a la mujer de rojo, aquella maldita mujer que había destruido lo último que le quedaba de confianza en otros en ese maldito lugar. Cuando aquella mujer mató al cerdo creyó que era su salvación, pero en lugar de eso resultó ser una criatura aun peor. Lo había hecho sentir como un juguete que sólo sirve para chupar y morder mientras decía cosas desagradables y sin sentido.
Y finalmente lo había dejado estando segura de que moriría.
Presionó fuertemente el fragmento de vidrio, la sucia sangre de Mike todavía caía al piso en pequeñas gotas mientras caminaba. Aquella sangre sucia que cubría sus manos y parte de su cuerpo, de la misma forma que Mike lo había ensuciado en el interior, ahora había ensuciado su cuerpo exterior. El olor a hierro lo cubrió, era algo nuevo oler sangre que no era suya.
Lincoln continuó explorando aquel edificio, cada habitación le parecía una copia de los primeros que vio, pero las criaturas eran diferentes, y cada vez más repugnantes. Pudo ver como un hombre se cagaba en un plato para perros y forzaba a uno de aquellos hombres encadenados a hundir el rostro hasta el fondo del plato mientras lo forzaba a comérselo, cuando el hombre se negó, le disparó en la cabeza y siguió con el siguiente.
El asco que Lincoln sentía iba en aumento, pero todo su miedo había sido reemplazado con furia. Al recordar la impotencia, el dolor, la soledad y la humillación todo lo que había sentido antes era la necesidad de olvidar, pero ya no podía darse ese lujo, no cuando todos ellos estaban en alguna parte de aquel edificio.
Miró por una de las ventanas de aquel lugar, afuera había empezado a caer una terrible tormenta, pero podía ver al monstruo con cabeza de toro mirándolo fijamente a través de toda esa agua, los payasos ya habían entrado y estaban buscándolo, pero ese monstruo esperaría hasta que se sintiera seguro y atacaría sin piedad. Lincoln tenía que estar preparado para entonces.
Presionó fuertemente el vidrió mientras recordaba a la mujer de rojo, ella era la siguiente, ella tenía que pagar por lo que le hizo.
Sabía que estaba en el primer piso, había huido de ella después de que lo obligó a darle ese beso rasposo, pero ya no correría. Le daría cara, como tendría que haberlo hecho antes, y se libraría de otra de aquellas sombras que tanto lo torturaban
Lincoln bajó nuevamente al primer piso del asilo, ¿Por qué había bajado? No podía recordarlo muy bien. Sólo sabía que estaba muy enfadado y que no podía dejar de caminar. Ni siquiera se aseguraba de que no hubiera nadie en el otro pasillo, todo lo que podía hacer era sentir la furia. Pero tenía razones para estar enfadado, ¿O no?
Todo había vuelto a empezar. Estaba atrapado en un lugar desconocido con un montón de locos que sólo quieren matarlo, y lo habían separado de sus pastillas sin ninguna razón. Simplemente lo habían dejado ahí tirado al igual que… igual que…
-¿Ellas?
Lincoln recordó el olor del auto familiar mientras temblaba en el asiento trasero. Lori no había dicho nada en todo el camino. Ella sólo se había mantenido callada mientras lo dirigía hacia aquel lugar donde su pesadilla empezaría. Recordó el clima frío que hacía en la entrada del bosque, y sintió el suelo de tierra bajo sus zapatos.
Lori no había dicho mucho después de dejarlo, simplemente lo dejó con la bicicleta de Lynn y se fue sin mirar atrás. Como si no importara haberlo dejado ahí tirado como si nada.
Lincoln pudo ver de nuevo el auto familiar perderse en el camino. Luego vio la bicicleta. Esta vez la falla en la cadena fue más fácil de distinguir; estaba cortada desde el principio, y las ruedas estaban pinchadas. Lo peor de todo eran las palabras insultantes que habían escrito en ella, todas ellas eran las que más le habían dolido a Lincoln en aquel mes.
Le dio una patada a la bicicleta lo más fuerte que pudo y la vio destrozarse en muchos pedazos.
-Tan frágil.
-Pero no tendría que ser así.
No. No tendría que ser tan frágil. Aquella acumulación de tierra en el camino ya no le parecía tan grande como antes. Recordó todas las acrobacias peligrosas y saltos que Lynn hacía con aquella bicicleta y le pareció algo estúpido que la cadena pudiera ser destruida tan fácilmente.
-No. No quiero pensar en eso.
Pero aun se negaba a creerlo.
Nuevamente vio los pasillos de aquel asilo desconocido.
Tenía que mantenerse centrado o perdería la cabeza.
¿Qué era lo que estaba buscando? Por una razón había bajado, sólo tenía que recordar cual era, pero le era un poco difícil pensar mientras los recuerdos de aquella noche no dejaban de llegar. ¿Por qué estaba pensando tanto en eso? Generalmente trata de no pensar tan seguido en aquel tiempo, pero ahora no podía dejar de hacerlo.
Lincoln pasó por la puerta rota y miró aquella habitación donde se había ocultado antes. Pudo ver todos los casilleros abiertos y varias cosas destruidas, la bolsa con bocadillos había desaparecido y todo se veía aun más desordenado que antes.
-Te dije que podía olerte el coño. –Aquel castrado dijo mientras aparecía por la puerta. Uno de sus brazos colgaba aun lado, parecía tener muchos moretones. Escupió un poco de sangre y uno de sus dientes cayó al piso. Pero lo más afectado parecía ser su pene, le habían arrancado la piel y dejado expuesto el glande. –No te bastó con arrancarme los bombones de azúcar. ¡Sino que también destruiste mi barra de chocolate!
Pero lo que Lincoln veía era la forma coqueta de aquella mujer que le arrebató toda confianza y lo humillo. Pudo verla sonreír mientras aquella mascara de mariposa cubría su rostro. Su cuerpo estaba totalmente desnudo y pasaba sus manos sensualmente mientras presionaba sus pechos y tocaba sus partes íntimas.
Mi niño. Mi niño. ¿A dónde vas? Todos están esperando por ti.
-¿No te gusta el chocolate Verónica? A tú hermanita le encantaba. –Se rio un poco, pero su risa se transformó en una mueca de dolor cuando comenzó a tocar su glande. –Maldita puta, mira lo que me has hecho. ¿Tan celosa estabas de mi princesita? ¿Tanto te molestó entrar a la habitación y ver como devoraba mis bombones? ¡Pero si traté de darte un hijo mío! ¡Podríamos haber sido una familia todo juntos! Pero lo arruinaste. ¡Ahora pídeme disculpas!
Se lanzó contra Lincoln. Lincoln no trató de escapar, lo que hizo fue lanzarse contra esa asquerosa mujer y le clavó el fragmento de vidrio profundamente en el estómago.
-¡Puta!
Mi niño. Eso no se hace.
El fragmento de vidrio por fin se rompió por los movimientos de aquella mujer y Lincoln recibió un fuerte golpe en la mejilla. Cayó aun lado mientras la mujer de rojo se rascaba la parte donde tenía enterrado el vidrio, pero nunca dejó de sonreír.
Eres travieso, mi pequeño. Se relamió los labios rojos. Quizás tenga que disciplinarte un poco.
-Maldita perra puta. Eres una maldita puta peor que tú madre, Verónica. –El hombre gritó mientras tomaba una de las sillas y se la arrojaba a Lincoln. La silla pasó cerca de su cabeza y siguió su camino. –¿Es que quieres que me marche, Verónica? ¿Quieres que me vaya? ¡No son nada sin mí, puta! ¡Nada! ¿Quién las alimentará? –Se movió hacia Lincoln y lo tomó del cuello con la mano de su brazo sano. –¿Quién les dará ricos dulces de azúcar y chocolate? ¿Tú madre? ¡JA!
Tienes rasgos tan exóticos. La mujer de rojo acarició su cabeza. Y eres tan dulce. Mí niño.
Lincoln vio a la mujer de rojo directo a los ojos mientras su aire se agotaba y la vista se le nublaba. Había levantado levemente su cuerpo del piso y lo miraba directamente a la cara. Lincoln trató de forcejar con aquella pequeña mano, pero era más fuerte de lo que parecía a simple vista. Soltó aquella mano y la vista se le oscureció más rápido, no sabía si había cerrado los ojos, pero no le importaba. Sujetó ambas partes de la cabeza de aquella mujer y comenzó a enterrar sus pulgares en sus ojos. No deseaba volver a ver esos ojos nunca otra vez.
La mujer de rojo lo soltó y comenzó a agitar su cabeza de un lado al otro tratando de liberarse de sus manos. Lo golpeó un poco en la cara, pero Lincoln se concentró en mantener sus manos fuertemente sujetas mientras sus pulgares se hundían cada vez más. Pudo sentir como atravesaba algo blando entre más presión ejercía y un liquido blanco y rojo comenzó a escurrirse de entre sus pulgares.
-¡PUTA!
La mujer de rojo le dio otro golpe y esta vez Lincoln sintió que se desvanecía por un segundo y no pudo evitar soltarlo.
-¡Eres una puta de mierda! –Aquel castrado lloró lágrimas de sangre mientras habría sus ojos destrozados y comenzaba a sollozar. –¿No entiendes que las amo? –Lloró mientras pasaba su brazo por sus ojos. –Yo las amos. Realmente las amo.
Lincoln se paró jadeando. Su cara le dolía mucho por aquel golpe y le costó mantener un poco su equilibrio. La mujer de rojo estaba sentada en el piso mientras limpiaba sus ojos. Sabía que eso no la detendría por mucho tiempo. Tomó una de las sillas y la sujetó con fuerza.
-Verónica, por favor. Ve por tú madre, creo que estoy ciego-
Un terrible golpe no lo dejó terminar. La silla impactó directamente a su cabeza y lo tiró al piso. Lincoln la volvió a golpear otra vez en su cuerpo y la cara antes de soltar la silla. Jadeó sin control mientras veía el cuerpo temblante de la mujer de rojo bajo sus pies.
Mí… niño… chupa.
Lincoln la miró con asco. ¿Quería que chupara? ¿Quería que mordiera? Entonces iba a chupar y morder. Eso es lo que haría.
Se subió sobre el cuerpo de la mujer de rojo, se sentía más robusto ahora que lo tocaba. Tuvo que aguantar las ganas de vomitar mientras la veía con furia. Le dio dos golpes en la cara con sus puños y finalmente hundió sus dientes directamente en uno de sus pezones. Los mordió con fuerza y se regocijó al escucharla gritar de dolor, fue cuando tiró y arrancó el pezón de la mujer de rojo. Lo escupió y repitió el proceso con el siguiente. La sangre de aquella mujer era asquerosa. Lincoln tendría que limpiarse la boca a fondo durante muchas noches antes de liberarse de aquel sabor a hierro.
Se levantó y escupió aun lado. Su sangre era incluso más asquerosa que sus besos.
-Ve- Ve… roñia.
Lincoln le dio una patada en la cara con su pierna sana y pisoteó su rostro un par de veces antes de volver a sujetar la silla.
Aquella mujer le había hecho pasar uno de los peores momentos de su vida en toda la purga. Pero ya jamás volvería a sufrir por su culpa. Tomó la silla con fuerza y comenzó a golpearla una y otra vez en todo el cuerpo. Se concentró en golpearla en la cara para borrar aquella sonrisa lasciva de su rostro y no volverla a verla jamás. No paró hasta que el cuerpo dejó de convulsionar.
-¿Te sientes mejor?
Lo hacia. Aquella mujer había sido una de las peores cargas que había tenido sobre sus hombros. Pero ahora se había ido, ya no podía sentirla respirando en su espalda. Aquellas palabras coquetas que tan calmadamente le decía ya no volverían a escucharse otra vez.
Por fin era libre de aquella mujer.
Lincoln sonrió al ver el estado en que aquel cuerpo había quedado. Ya no podía distinguir el rostro de aquella mujer, ahora era simplemente una masa sin forma que jamás volvería a levantarse. Sólo por las dudas la pateó dos veces más. Pudo notar que su ropa blanca había quedado manchada por toda la sangre que había salpicado. Trató de limpiarla un poco, pero sólo la expandió aun más. No importaba, ya se cambiaria y quemaría aquella ropa. No quería nada que tuviera relación con la mujer de rojo.
Se sentó un segundo en la mesa mientras recuperaba un poco el aliento. Miró sus manos, le dolían mucho, y sus músculos tiraban un poco. Hacía tiempo que no se esforzaba tanta. Se limpió el sudor con la manga y algo de aquella sangre se quedó pegada a su frente, por ahora no le importó mucho, sólo quería recuperar su aire.
Encontró uno de los bocadillos tirados en el piso. Ahora que lo pensaba tenía un poco de hambre. Lo levantó y lo abrió. Lo sujetó desde la bolsa y comenzó a comérselo; era algo grumoso, pero sabía como a queso y jamón. Hacía mucho que no comía algo así, le gustaría tener algo de agua para poder bajarlo.
Se movió hacia el pequeño refrigerador y sacó una pequeña botella de coca-cola a medio terminar, ya estaba algo caliente, pero se la tomó casi de un trago mientras terminaba de comer su bocadillo.
No se había dado cuenta de cuanto los extrañaba hasta ese momento. Buscó otro bocadillo tirado por el piso y se lo comió con la misma voracidad.
Ahora se sentía un poco mejor.
Le dio una última patada al cuerpo de la mujer de rojo y siguió adelante.
La sala estaba tal como la recordaba, pero el vidrio de seguridad tenía una marca similar a la tela de una araña, parecía que alguien había intentado romperla y casi tuviera éxito.
Lincoln chocó contra un pequeño cuerpo en el piso. Pudo reconocer al chico que gritaba por su cobijita, por la hinchazón del cuerpo y la falta de color, parecía haber sido asfixiado. Había algo rojo chorreando de su boca y lo que parecía un fragmento de carne arrugada que colgaba de sus labios. Lincoln no sabía lo que era, pero prefirió no mirarlo.
Sintió un poco de pena por aquel chico, si se ponía a pensarlo, ese niño seguramente estaba tan asustado como él. Todo lo que quería era encontrar su cobijita para no tener miedo. Seguramente había una historia triste detrás de eso, pero ahora no importaba absolutamente nada, porque estaba muerto.
A Lincoln le hubiera gustado hacer algo más que pasar sobre su cuerpo, pero era muy tarde para nada más.
Afuera los relámpagos comenzaron a iluminar las ventanas, parecía ser una gran tormenta la que acontecía afuera. Pero esos relámpagos no pudieron evitar que escuchara las risas de los payasos, ellos aun estaban buscándolo. Y el monstruo, ¿Ya habría entrado? Estaba en alguna parte esperándolo.
Lincoln miró a su alrededor y encontró la pata de silla tirada un poco más lejos del cuerpo. Ya no tenía el fragmento de vidrio, por lo que necesitaría algo más para defenderse.
Las luces volvieron a titilar otra vez sobre su cabeza antes de que algunos ordenadores en la sala comenzaran a encenderse y mostrar la imagen de un montón de números sin sentido.
-¿Qué?
Lincoln se sintió rodeado mientras veía todos los ordenadores dejar salir la misma secuencia numérica. Se alejó de ellos y corrió hacia las escaleras. Las luces sobre su cabeza se encendieron totalmente y toda la sala se iluminó. Lincoln pudo verlo todo perfectamente, parecía que la energía había regresado al lugar.
NA: La mujer de rojo a muerto (Al menos en la mente de Lincoln, quien ya no puede distinguir entre realidad y fantasía).
A Lincoln todavía le cuesta un poco aceptar algunas cosas sobre sus hermanas, pero poco a poco parece que las cosas están haciendo click en su cabeza.
Nos vemos en la siguiente sesión.
