Vigesimonovena sesión
…
Lincoln miró el pastel de crema, chocolate y cerezas frente a él. Sus padres lo habían puesto en una pequeña caja con una tarjeta de felicitaciones y se la habían mandado con la firma de todas sus hermanas. Lincoln no se molestó en leerla, en lugar de eso la tiró aun lado y miró nuevamente el pastel. Tenía una vela con el número doce que parecía estar hecha de masa pan.
Hacía tiempo que Lincoln no comía nada dulce en ese asilo, a los pacientes de aislamiento no se les da postre, por la hiperactividad que algunos pueden desarrollar por el azúcar. Pero al ser su cumpleaños se hace una excepción y pueden disfrutar de un rico pastel en sus celdas de aislamiento.
Lincoln suspiró mientras lo veía. ¿Debería comérselo? No estaba seguro. Sus padres dijeron que todas sus hermanas habían contribuido en su preparación, incluso Lynn, y Lincoln recordaba lo mucho que Lynn odiaba cocinar. Pudo ver unas cuantas cerezas en forma de cráneos dentro del pastel, supuso que esa debía ser Lucy.
Lincoln realmente quería comérselo, sus padres se habían quedado el resto de la hora hablándole de lo mucho que sus hermanas se esforzaron en hacerlo, y parecían esperar que se lo comiera frente a ellos. Quizás para decirle a sus hermanas que lo había disfrutado. Pero en lugar de eso Lincoln se quedó viéndolo fijamente sin decir palabra alguna en toda la hora.
¿Ya tenía doce años? Lincoln no sentía haberlos cumplido. Se sentía igual de pequeño que antes, pero su padre parecía haberlo notado y le dijo que no pasaría mucho antes de llegar al techo. A Lincoln le pareció una tontería.
No es por ser cruel, pero las visitas de sus padres eran sumamente molestas. Le hablaban como si fuera una especie de niño pequeño, alguien tendría que decirles que estar loco no es lo mismo a ser estúpido. Y no es como si hubiera tenido tantos episodios como antes, por lo que su único problema ahora era su mutismo.
Acercó una mano hacia el pastel con deseos de tomarlo, pero la retiró en un instante. Cada vez que acercaba su mano pensaba en el rostro de todas sus hermanas, pero no eran los rostros sonrientes que últimamente le costaba tanto recordar, sino los rostros molestos que le habían dado ese último mes.
Se levantó y pateó el pedazo de pastel mientras recordaba las sonrisas burlonas de Lynn y las bromas ofensivas de Luan. Ese día no podía dejar de estar enfadado con ellas, pero a la vez no le veía razón: fue un accidente. ¿Verdad?
Tenía que serlo.
Se sentó contra la pared acolchada y cubrió su cara mientras trataba de olvidarlo todo. Era mejor olvidarlo. Lo dejaría todo atrás hasta que su mente decidiera borrarlo totalmente de sus recuerdos. Eso era lo mejor.
-O el pastel era una mierda o tienes graves conflictos con tus hermanas, Lincoln Loud. –Albert entró sin tocar por la puerta. –Posiblemente las dos. –Pateó un pedazo de pastel con una enorme cereza en forma de cráneo, hizo una mueca cuando vio la mancha en el zapato y se la limpió en la colcha que era el piso.
Lincoln lo miró con una mueca de molestia.
-¿Qué? ¿Esperas una canción de cumpleaños? Todavía tenemos un programa que cumplir Lincoln Loud, me pagan por eso. Una muy generosa suma, tú acosador anónimo tiene que tener mucha pasta para ofrecer tanto, o estar muy obsesionado con tu pecoso trasero.
A Lincoln no le interesaba nada de eso, sólo quería que Albert lo dejara en paz por ese día. Se abrazó a sus rodillas y miró para otro lado. Ya tenía doce años, por lo tanto era lo bastante mayor para decirle a su psiquiatra que se fuera al diablo. No estaba de humor para otra de sus estúpidas sesiones.
-Bien, quédate ahí tirado con la mirada perdida mientras yo hablo. –Sacó una libreta del bolsillo y comenzó a repasar algo escrito en ella. Lincoln había llegado a odiar mucho esas libretas, cada vez que Albert las sacaba decía algo que lo afectaba internamente, ya sea de la purga o de sus hermanas. ¿Qué iba a decirle ahora?
-¿De casualidad conoces a una niña llamada Ronnie Anne? –Dijo con una pequeña mueca. –Ella y una de tus peculiares hermanas causaron un revuelo en la sala de espera hace tres días.
Lincoln levantó una ceja. ¿Ronnie Anne? Conocía ese nombre por un matón que siempre lo molestaba en la escuela. Esa chica solía humillarlo y darle nombres tontos para molestarlo. No había pensado en ella en mucho tiempo, ¿Qué era eso de que se peleó con una de sus hermanas?
-Según tengo entendido la pelea fue bastante grande, pero nada que tú hermana karateca no pudiera controlar. –Esta tenía que ser Lynn, Lincoln la recordaba presumir sus medallas de karate, e incluso había probado algunos de sus golpes cuando la ayudaba a practicar, y recordaba mucho más los que vinieron después. –Aquella chica terminó inconsciente y con unos dientes de menos, mientras que tú hermana sólo terminó con un ojo morado y algunas contusiones menores. –Volteó la hoja mientras se reía un poco. –Según los testigos la pelea fue iniciada por esa tal Ronnie Anne, así que además de recibir una paliza se le prohibió la entrada al asilo y tú hermana estuvo apunto de levantar cargos contra ella. Pero por alguna razón los retiró casi inmediatamente, según parece tuvo algo que ver con algo que le dijo el hermano de aquella chica, pero bueno, tus padres no parecían saber nada más, y parece que no quieren que hable con tus hermanas, por lo que mis manos están atadas.
Lincoln no quería ni imaginar esa pelea, y realmente no tenía porque hacerlo. ¿Pero qué hacía Ronnie Anne en el asilo? No le veía un sentido a su presencia ahí. No creyó que fuera a verlo a él, esa chica lo odiaba, nunca supo porque, pero ahora no importaba mucho. Ronnie Anne ya no era la imagen imponente de una niña mala, ahora la veía más como una simple niña que jugaba a ser niña mala. Lincoln había conocido a las verdaderamente malas en la purga.
Miró a Albert a los ojos, ese hombre parecía estar esperando por algo aunque Lincoln no estaba seguro de que, así que simplemente se mantuvo mirándolo y esperando por algo. Albert relamió sus labios mientras sonreía y Lincoln apartó la mirada, comenzaba a creer que hacia eso sólo para molestarlo.
-Supongo que podemos bloquear esta pequeña ruta. –Golpeó la libreta y la guardó en su bolsillo. –Pobre, seguramente estará devastada, mi pequeño rompe corazones.
Lincoln se confundió un poco por esas palabras, pero no les dio mucha importancia. La mayoría de las cosas que decía Albert lo desconcertaban casi tanto como lo irritaban.
Albert sacó una segunda libreta y Lincoln golpeó su cabeza con la palma de la mano, estaba harto de esas malditas libretas. No fue hasta que Albert la tiró a sus pies que se dio cuenta de que era un libro delgado.
-Feliz cumpleaños, Lincoln Loud. –Después de eso Albert salió de la habitación.
Lincoln tomó el libro entre sus manos con algo de desconcierto y leyó la cubierta: Pubertad y adolescencia.
Lincoln leyó la primera página antes de arrojar el libro aun lado de la habitación con una mueca de asco.
-Hijo de puta.
Lincoln encontró un cuerpo tirado en medio del pasillo, lo reconoció como aquel niño que había corrido como loco y se puso a pelear con los otros dos. Su primera idea es que alguno de ellos pudo haberlo matado, pero cuando vio las mordidas y la sangre que caía de su cuello y genitales se dio cuenta de que no era nada de eso. Había algunas pisadas de sangre junto al cuerpo, por lo que Lincoln se decidió a seguirlas.
Sabía quién había sido, los únicos que podían hacer algo tan bestial como esto a un niño son aquellos tres que vio: la familia. Sí, así se habían llamado. Aquel hombre que parecía abusar de sus hijos, la chica que lo había orinado, y ese chico que se había burlado y había tratado de parecer duro. No los conoció por mucho tiempo, pero sabía que eran capaces de hacer esto. Miró otra vez el cuerpo y esta vez pudo ver la mierda que salía de la boca del cadáver, también la orina y semen que lo cubrían.
Esos tres fueron los responsables de que conociera un lado de la purga que le arruinó totalmente la vida. Jamás podría dormir tranquilo mientras supiera que todavía estaban vivos, aun recordaba el nombre de dos de ellos: Matilde y Matías. Pero no conocía el nombre del hombre que decía ser su padre. No importaba, no necesitaba saber su nombre, sólo que jamás volvería a molestarlo otra vez.
Presionó fuertemente la pata de la silla.
Lincoln se aseguraría de que jamás volvieran a molestarlo otra vez.
Era más fácil orientarse ahora que las luces habían regresado, pero por la tormenta afuera no le sorprendería que volvieran a apagarse en cualquier momento.
La sangre era fresca, así que Lincoln corrió por los pasillos para poder alcanzarlos, sin embargo, una reja salió de la pared justo enfrente de él, bloqueándole el camino. Lincoln sujetó una de las barras y trató de moverla.
-¿Qué es esto?
Trató de forzar las rejas de alguna forma, pero no logró moverlas ni un centímetro. Les dio una patada y un golpe con la pata de la silla, pero no consiguió nada. Miró a su alrededor en busca de una respuesta, pero no encontró nada que le indicara que había pasado. La reja simplemente había aparecido frente a él y le había bloqueado totalmente el paso hacia la familia.
Lincoln maldijo interiormente y se dio la vuelta, tenía que encontrar otro camino.
Regresó hacia atrás cojeando lo más rápido que pudo mientras trataba de encontrar un lugar para rodear la reja. Escuchó lo que reconoció como un grito antes de morir sobre su cabeza, podía reconocerlos bien por su experiencia en la purga, quizás algunos de esos locos se estuvieran matando en el tercer piso. ¿Podría encontrar un camino al subir por las escaleras? Todos los demás caminos en el segundo piso parecían estar bloqueados.
Lincoln cojeó hasta las escaleras y vio como otra reja estaba a medio camino de bloquearle el paso, pero a diferencia de las otras esta estaba cerrada sólo a la mitad. Lincoln notó como algunas chispas parecían salir de la pared donde comenzaban. No le prestó más atención y comenzó a subir al tercer piso.
Al llegar al tercer piso se encontró con los pasillos vacíos de aquel edificio de hace un año. Miró hacia abajo y volvió a ver a aquel chico con capa negra jalando la cadena de la chica que tenía entre sus piernas. Nuevamente sintió el mismo asco de antaño, y la bilis que subía desde su estomago hasta atorarse en su garganta. Tragó con fuerza y sintió algo amargo que regresaba nuevamente hacia su estomago.
El lugar era justo como lo recordaba en sus pesadillas, sabía que cada puerta lo revelaría a él mismo siendo torturado de distintas formas. Se agachó y miró por el ojo de la cerradura de una de aquellas puertas, y vio como a un Lincoln más joven y sin camisa se le grababan una enorme cantidad de sietes por todo el torso mientras lloraba y gritaba por piedad.
En otra puerta Lincoln podía ver como el número en su pectoral izquierdo era cosido a mano mientras los jadeos del cerdo lo acompañaban. Pero ya no podía escuchar a la mujer de rojo, y sabía que nunca más lo haría.
Lincoln sujetó la marca de siete en su pectoral izquierdo y camino por esos pasillos solitarios. Aun si no encontraba a la familia, había alguien más de quien tenía que encargarse. Alguien que lo había ensuciado aun más de lo que Matilde lo había hecho. La orina podía limpiarse, pero lo que ese cerdo le había arrojado todavía lo estaba quemando profundamente en el pecho. Podía sentir las garras y colmillos de aquella asquerosa cosa aferrándose a él mientras dejaba salir una peste a salmón descompuesto.
Se rascó el pecho con fuerza tratando de quitarse aquellas asquerosa cosa, y lo que vio en su mano fue una acumulación de gusanos que pululaban sobre en su pecho mientras se hundían dentro de él. Lincoln agitó su mano para librarse de ellos, pero los gusanos no tardaron mucho en hundirse en su mano y nadar dentro de su cuerpo.
-Te lo digo Henri, no podemos hacerlo otra vez. –Un hombre con barba salió del pasillo en el mismo momento que Lincoln pasaba por ahí. Vio a Lincoln con sorpresa antes de suspirar y hablar nuevamente con su parte inferior. –¿Ves Henri? Hay niños presente, al menos saluda.
Lincoln vio que tenía una enorme erección en sus pantalones. La erección se movió dos veces hacia arriba, como si lo estuviera saludando. Pero a los ojos de Lincoln aquel hombre barbudo había desaparecido y reemplazado por algo más. Sus ojos se estrecharon mientras recordaba todo el sufrimiento que aquel hombre le había causado.
-Ahora, chico. Mi amigo y yo estamos un poco perdidos por el lugar, y parece que no es muy seguro. ¿Crees que podría-
Lincoln le dio un golpe directo en la nariz con la punta de la pata de la silla. Algo de sangre salpicó mientras la cabeza de ese hombre retrocedía. Se llevó una mano a la nariz, pero Lincoln pudo notar que se le había roto por el golpe.
-¿Pero que-
Lincoln le dio una fuerte patada en los genitales y el cuerpo del cerdo se encorvó, fue cuando Lincoln le dio un fuerte golpe con la pata de la silla y lo tiró al piso. Miró como se retorcía aquel ser patético que lo había hecho sufrir cuando estaba atado en aquella silla. Los recuerdos de aquel momento se aferraron a él casi tan fuerte como la peste que ahora lo seguía por su culpa.
Ese cerdo lo había manoseado entre jadeos antes de decidirse a hacer algo que lo marcaría, no sólo en el cuerpo, sino también en su alma. Lincoln recordó como se bajó la ropa interior de un golpe para darse valor y había comenzado a masturbarse mientras lo tocaba en el pecho. Lincoln no era lo bastante joven o desinformado para saber que eso estaba mal, el miedo y el asco que sintió en ese momento lo marcó, ese fue el verdadero origen de sus miedos.
Lincoln lo vio retorcerse, parecía haber olvidado el dolor en su entrepierna y se sujetaba la cabeza, estaba perdiendo una buena cantidad de sangre de un enrome tajo causado por el golpe. Lincoln vio al mismo hombre patético y jadeante de hace un año.
Perdón. Perdón. Perdón.
Y aquellas mismas palabras que le dijo después de lastimarlo.
-De nada te sirve disculparte.
-Dios. ¡Como duele!
El cerdo lo miró con ojos muy abiertos mientras la incredulidad y el miedo lo inundaban, comenzó a arrastrase de la misma forma que los gusanos que ahora recorrían el cuerpo de Lincoln. Lincoln sentiría lastima de él de no ser porque fue lastimado por aquel pequeño y débil hombre. No importa lo patético que fuera, el caso es que lo había lastimado de una forma horrible.
-¡E-espera! –Levantó la mano hacia Lincoln. –S-sólo estaba jugando, ya entendí. ¡Te daré un poco de leche también!
Todo lo que Lincoln podía escuchar eran las disculpas y gemidos de placer del cerdo que lo había marcado con el siete en su pectoral izquierdo.
-Esa marca jamás se irá.
Nunca podría borrar aquel número. Eternamente sería un recordatorio de aquel momento, pero más que nada, le recordaría aquella noche. Lincoln golpeó nuevamente el cuerpo del cerdo mientras estaba en el piso.
-P-por favor… –Había comenzado a lloriquear. –Te daré toda la leche que quieras… Henri tiene de… de sobra.
Lincoln volvió a golpearlo en el cuerpo con la pata de la silla. Le daba asco seguir viendo a aquel cerdo. Lo golpeó una y otra vez en el cuerpo, antes de notar que su erección aun seguía arriba. Fue cuando le dio un golpe directo en el pene con la pata de silla. Pudo ver como aquella cosa asquerosa se doblaba y se quedaba así.
-¡Henri! –Gritó con desesperación mientras llevaba sus manos hacia su pene. –Henri… –Lloró con fuerza.
Lincoln vio como el cerdo comenzaba a llorar mientras se disculpaba, pero en lugar de pena, todo lo que sintió fue como su asco y furia aumentaban. Aquel cerdo se había aprovechado de él mientras estaba atado en una silla y le había hecho algo horrible. Lincoln no iba a tener piedad.
Continuó golpeándolo en la cabeza y el cuerpo hasta que sintió como todos los huesos se rompían, aun así no paró.
Cuando por fin dejó de golpearlo pudo sentir todo el aire escapando de su cuerpo mientras se encorvaba. El cerdo estaba inmóvil y sangrando por varias partes de su asqueroso cuerpo, sus brazos y piernas estaban repletos de contusiones, moretones y una terrible hinchazón comenzaba a formarse. Lincoln no pudo evitar reír un poco cuando lo vio. Por fin estaba sintiendo como aquellos gusanos caían muerto de su pecho, y aquella criatura asquerosa de la que habían nacido se estaba despegando de él.
Sin pensarlo mucho movió un poco el cuerpo y abrió sus piernas, escuchó un leve jadeo, lo que significaba que el cerdo aun estaba con vida. Cuando abrió bien sus piernas se alejó un poco, levantó la pata de la silla sobre su cabeza y descargó un fuerte golpe en los genitales. Dentro de la ropa interior de cuero del cerdo, algo comenzó a gotear antes de que una gran cantidad de sangre saliera. Lincoln volvió a levantar la pata de la silla y lo golpeó nuevamente de la misma forma. Tanto la sangre como un líquido salieron volando y lo salpicaron un poco en la cara.
-Otra vez tratas de ensuciarme…
El cuerpo jadeaba lastimosamente mientras una gran cantidad de espuma sanguinolenta salía de su boca y sus ojos habían perdido todo color. Lincoln se limpió el sudor de la frente mientras lo veía, finalmente lo escupió directamente a la cara y continuó golpeándolo hasta que la vida pareció abandonar todo el cuerpo.
Por fin salió. Lincoln lo sentía. Ahora que el cerdo ya no estaba, y ahora que la mujer de rojo había muerto, por fin había salido de aquella habitación. Todas sus ataduras habían sido destruidas y había salido de aquella habitación donde lo habían marcado eternamente. No pudo evitar reír un poco mientras se sentaba contra la pared y miraba el cuerpo destrozado del cerdo. La herida de su mano le ardía como nunca por todos los golpes que le había dado a su cuerpo con la pata de la silla, y sentía unos terribles tirones en ambos brazos.
Pero valía la pena.
Por fin era libre de la marca del cerdo.
-Lincoln…
Lisa sólo pudo ver con lágrimas en sus ojos como Lincoln se separaba del cuerpo que él mismo había destrozado sin ningún tipo de remordimiento.
Su Lincoln no era así.
Su Lincoln era amable.
Su Lincoln era gentil.
Su Lincoln jamás podría lastimar a nadie de forma tan cruda.
Se quitó las gafas y limpió sus ojos lo mejor que pudo.
Cuando vio como Lincoln mataba a aquel chico debió saber que había algo mal. Pero Lincoln había salvado a aquella chica, por lo que lo vio como un acto necesario, y después de lo que sufrió en la purga, no podía culparlo por odiar ese tipo de actividades.
Pero luego lo vio matar a aquel hombre castrado…
Lisa trató de convencerse de que Lincoln lo hizo en defensa propia, de que su bestialidad sólo había sido producto de sus traumas. Los traumas que ellas le causaron por su estúpido error hace un año.
Lisa volvió a ponerse sus gafas. Lo que sea que pasara con Lincoln era algo que ella se aseguraría fuera reparado totalmente, se aseguraría de que Lincoln volviera a ser el hermano mayor que recordaba. Y esta vez se aseguraría de ser la hermana que el merecía.
-No como ustedes…
Miró a las otras pantallas, en ellas se mostraban las distintas habitaciones de la casa familiar y sus integrantes. Sonrió un poco cunado vio como Lori golpeaba su puerta con desesperación, al fijarse en otra pantalla vio el cuerpo de Lola, ¿O era Lana? Tirado en el piso mientras sujetaba el costado de su cuerpo, parecía estar perdiendo mucha sangre.
Nada que tuviera que importarle. Había llegado a la conclusión que ninguna de ellas merecía a Lincoln como hermano, por lo que podían matarse mutuamente si eso querían. Eso sería lo mejor, cuando Lincoln regresara sólo la necesitaría a ella. Ella sería la hermana perfecta que él necesita, y no necesitaba de todas las demás arruinándolo todo como siempre.
Ninguna de ella sabía lo que Lincoln realmente había sufrido, sólo ella podía entender aquellos complicados traumas y el daño que había recibido, y sólo ella podía ayudarlo a superarlos todos, pero sólo cuando Lincoln estuviera listo para volver a verla. Hasta entonces no podía ser nada más que una cámara en la pared.
Se sirvió otra taza de café, había tenido que aumentar en gran medida su dosis de cafeína para mantenerse despierta, pero las pastillas era algo que ella no iba a aumentar, ya había visto los efectos que podrían tener después de alterar las pastillas secretas de Luna a sus espaldas. Esa chica no tardaría mucho en hundirse definitivamente, pero Lisa quería que fuera lentamente. Que sufriera por lo que hizo hace un año.
Se rio un poco, aunque no supo bien de qué.
Luego miró la imagen de Lucy, se la veía asustada y confundida mientras trataba de detener el sangrado de aquella niña que ya no tenía esperanzas.
Ella sería la siguiente.
NA: Lincoln perdiendo la cabeza (O recuperándola), y las cosas en la casa Loud no pintan nada bien. Lisa, la pequeña genio, parece que todo lo que vio en la purga, combinado con lo que sufrió Lincoln, y su gran intelecto que le permite entender las cosas mejor que nadie, le han hecho un daño grave a su mente de cuatro años.
Pare ser sincero no me agradó mucho la pelea que Lincoln tuvo con su tercer demonio, me hubiera gustado hacerla más grafica o dramática tomando en cuenta que es uno de los responsables de sus traumas, pero Lincoln no es precisamente un experto en el arte de la tortura, y su estado no está al punto en que le meta la pata de silla en el culo (y miren que lo pensé).
En cuanto al caníbal, que tome su trabajo como algo hecho por la familia no quiere decir que lo vea como la familia cuando lo encuentre. Pero ya veremos.
