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Trigésima tercera sesión

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-¿Quién es Lidy?

Lincoln estaba acostumbrado a las preguntas directas, e incluso indiscretas de Albert, pero esto fue un poco más de lo que pudo controlar. Su cuerpo tembló y sus ojos se abrieron enormemente y miraron fijamente el rostro sonriente de Albert.

-¿Qué? Sabías que tocaría este tema tarde o temprano, Lincoln Loud. –Albert volvió a sacar el dibujo de Lidy de su bolsillo. El papel se veía más gastado y arrugado de lo que recordaba. –Ahora, ¿Qué puedes decirme sobre esta pequeña? –Le sonrió mientras le mostraba el dibujo.

Lincoln volteó la cabeza con una mueca. Presionó fuertemente sus dientes mientras se maldecía a si mismo por haber dibujado a Lidy, ¿Por qué lo hizo? No había realmente una razón. Simplemente la dibujó por un capricho, y el dibujo podría haber sido de cualquier persona. ¿Por qué aquel demente creía que se basaba en alguien específico? También dibujó aquel cuerpo del callejón, e incluso algunos rostros de payasos con muecas asquerosas. ¿Por qué el de Lidy le parecía tan interesante?

-¿Sabías que éste fue el único de tus dibujos que no fue de naturaleza violenta? –Como si le hubiera leído el pensamiento, Albert contestó a esa pregunta. –De todos tus dibujos este fue el más, como decirlo, normal: una niña sonriente. Como una luz a la cual seguir en medio de la oscuridad, ¿Por qué tienes miedo de esta pequeña luz, Lincoln Loud?

Una luz. Sí, Lincoln también la vio así en la purga. Lidy le trajo paz, le dio comprensión, le dio guía, pero más que nada, le dio amor. Cada una de sus palabras, cada una de sus caricias, todas sus sonrisas, todo estaba cargado de cariño hacia él. Lidy le ofreció algo que sus hermanas no le habían dado en mucho tiempo; Lidy le dio amor.

Pero a la vez le demostró que era muy capaz de sentir odio.

El veneno que salía de aquello pequeños y suaves labios al hablar de sus hermanas fue algo que Lincoln no pudo soportar. Las palabras de Lidy entraron directamente dentro de su cabeza y no querían salir. Revotaban en su interior de la misma forma en que su cerebro rebotó al dispararse, pero a diferencia de su cerebro, estas palabras se negaron a detenerse. Aun continuaban rebotando dentro de su cabeza, negándose a abandonarlo.

Al recordarlas, no podía evitar rememorar la delicada voz de Lidy al referirse a cada una de sus hermanas. Decir que Lidy odiaba a sus hermanas sería sólo un eufemismo ante lo que se ocultaba dentro de aquella linda niña que tanto cariño y seguridad le había transmitido. Todavía recordaba la suavidad de sus labios al beber sus lágrimas mientras veía los cuerpos colgados de sus hermanas.

Lo peor de todo, es que Lidy realmente creía que eso es lo que quería. Lidy había torturado y asesinado a todas sus hermanas de formas crueles pensando en sus propios deseos, pero no, Lincoln jamás desearía nada de eso para sus hermanas. Ya no podía decir que las amaba, pero tampoco podía odiarlas. Ellas eran su familia después de todo.

Albert subió sus piernas sobre el escritorio y miró fijamente a Lincoln mientras sonreía. No parecía que fuera a decir nada más, simplemente continuó viendo la figura asustada de Lincoln mientras temblaba.

-¿Leíste el libro que te regalé?

La pregunta fue muy repentina, lo suficiente para sacar a Lincoln de sus temores al traer el recuerdo de lo que leyó en esas páginas. Normalmente destruiría ese estúpido libro de sexualidad, pero era lo único que podía leer. Había destruido todos sus comics, y después de eso no había recibido más material de lectura.

Se le volvió a revolver el estomago al recordar esas imágenes y le mandó una mirada asesina a Albert.

Albert se encogió de hombros. –Tus padres insistieron en que doce años era la edad adecuada para tener una charla, pero no querían dártela. No es mi culpa que no entiendan que tienes una terrible aversión a todo lo que se refiera a la sexualidad. Si fueran mis tiempos entonces esperarían a atraparte con las manos en la banana y te pondrían frente a una pantalla con una buena porno. –Sacó otra de las libretas que tanto odiaba Lincoln y comenzó a revisar algo.

Lincoln trató de despejar sus pensamientos de Lidy, pero una vez iniciados sus recuerdos era casi imposible liberarse de ellos. Casi podía imaginarse a Lidy dentro de aquella versión retorcida de su hogar, esperando por él.

¿Sus hermanas lo esperarían de la misma forma? Lincoln ya no podía estar seguro de eso. No importa cuanto tratara, no podía imaginarse a sus hermanas tristes o felices por su partida. Simplemente las recordaba como fueron aquel último mes, era como si todo lo que vivieron en el pasado no importara absolutamente nada.

-Pon atención, chico. No pienso repetir esto. –Albert se quejó mientras guardaba su libreta. –El que te desagrade todo lo que tenga que ver con sexo no significa que no sufras de impulsos sexuales ahora que estás entrando a la pubertad. Te aconsejo que los dejes salir como puedas, si tratas de reprimirlos como si fueran algo malo entonces podrían explotar de formas catastróficas. Y no, no estoy exagerando. –Sacó un cigarrillo y comenzó a fumar. –Cuando se te levante la banana comienza agitarla como un buen adolecente, y trata de no vomitar. La política nos impide darte cierto tipo de píldoras hasta que cumplas los quince.

Lincoln comenzaba a creer que Albert no era más que un depravado sexual que disfrutaba de burlarse de los niños con todo tipo de comentarios y teorías sucias. Últimamente sus teorías se iban mucho por ese tema de la sexualidad, y Lincoln lo odiaba aun más por eso. ¿No había descifrado el terrible asco que sentía hacia ese tipo de cosas? Y ahora le pide que haga las cosas que describía el libro cuando sintiera los impulsos. Que asco.

-¿Qué? ¿Quieres volver al tema Lidy? –Le lanzó una media sonrisa mientras levantaba el dibujo de Lidy frente a él.

Lincoln desvió la vista una vez más.

Albert se rio un poco. –Entonces, ¿Qué tal si hablamos un poco de tus hermanas? ¿Te parece eso mejor, Lincoln Loud?

Lincoln continuó sin verlo.

-¿Recuerdas a una rubia de pelo corto que está todo el día al teléfono, Lincoln Loud? –Albert le preguntó mientras aspiraba un poco más de humo. Entonces sacó una libreta azul y pasó algunas páginas antes de guardarlo. –Sí, Lori Loud. En fin, la chica hizo las maletas y movió el culo de la casa de sus padres.

Lincoln regresó su atención a Albert. ¿Lori se había ido de casa? Bueno, en estos momentos ella ya debía ser mayor de edad, no sería extraño que tarde o temprano se mudara. Quizás había conseguido un pequeño departamento cerca de la universidad o algo así, quizás incluso viviera junto a su novio. Por lo que recordaba, Lori no podía estar cinco minutos sin hablar con él.

-Tus padres me pidieron mi opinión sobre eso, y como te afectaría la noticias. –Lincoln lo miró como si le estuviera jugando una mala broma, ¿Sus padres pidieron la opinión de ese tipo? –Les dije que me importaba una mierda y que a ti te importaría menos, pero mencionaron un punto interesante. ¿Sabías que tú hermana mayor últimamente tiene graves problemas estomacales, Lincoln Loud? –Albert sonrió mientras dejaba el cigarrillo aun lado, y se sentaba correctamente. –Parece que se sujeta el estomago continuamente y se levanta todas las mañanas para vomitar, o al menos lo intenta. Tiene problema para comer y parece que sufre de un poco de falta de sueño. Y no, no tiene un pequeño parasito de nueve meses esperando para arruinarle la vida. ¿Sabes que es eso Lincoln Loud?

Lincoln no sabía a donde quería llegar ahora. Aquella noticia sobre Lori no era muy impactante, tarde o temprano tendría que irse de casa, y al estar en la universidad no sería muy extraño que se mudara a una residencia más cercana. Lori solía hablar de eso de vez en cuando, pero que jamás dejaría a su Bobby. Lo de los problemas estomacales le pareció que estaba un poco de más.

-Se siente como piedras que caen dentro de tu estomago con un pom. –Albert se golpeó un poco el estomago mientras se levantaba de la silla. –Estas piedras se acumulan una sobre la otra sin parar, y entre más trates de librarte de ellas, peor son sus caídas. Tratas de vomitarlas para quitártelas de encima, incluso llegas al extremo de tomar una o dos píldoras que no deberías tocar. –Se rio un poco mientras caminaba hacia Lincoln con un paso suave. –Pero no se van, sólo se acumulan poco a poco. Quizás en grandes cantidades dependiendo de distintos estímulos externos. Y supongo que en aquella casa de locos tú hermana tenía estímulos de donde escoger, Lincoln Loud.

Lincoln comenzaba a sentirse incomodo, siempre que Albert hablaba de esa forma le iba a soltar algo que lo haría odiarlo aun más. Sólo esperaba que esto no terminara con otra revista PlayBoy tirada frente a su cara. Tuvo suficiente de eso las primeras tres veces.

-Yo diría que su malestar es más psicológico, Lincoln. Que las pequeñas pierdas que se acumulan en su interior son producto de un enorme miedo, estrés y culpa. –Se acarició la barba mientras parecía pensar. –¿Por qué el miedo? Las adolecentes como tu hermana seguramente tienen mucho que temer: el futuro, sus teléfonos, fotos picantes que subieron por "accidente", embarazo. Pero este parece ser un poco diferente, yo diría que es un poco más profundo. –Miró a Lincoln y se lamió los labios. –¿Por qué el estrés? Quizás el tener que vivir con una mentira patética que sólo una madre creería, eso y nueve hermanas y un hermanito loco que le recuerden constantemente que es una mierda sobre la tierra. –Levantó las cejas dos veces mientras miraba a Lincoln. –¿La culpa? Quizás algo hace tiempo. Algo terriblemente estúpido y desalmado que le hiciera a su pequeño y lindo hermanito menor. ¿Qué crees Lincoln? ¿Crees que una chica podría vivir en una casa repleta de chicas que le recuerdan su estúpida mentira? ¿Qué son cómplices en la destrucción de una de las personas más importantes de sus vidas? O crees que se iría corriendo como una gallinita cobarde ante la primera oportunidad de escape. –Apuntó a Lincoln con un dedo. –Yo creo que es la última, ¿Pero que opinas tú?

Lincoln lo miro fijamente sin contestar. Si quería decir algo que lo dijera ahora y se callara lo que durara la sesión.

Albert levantó sus brazos en signo de exasperación y le dio la espalda a Lincoln. –Bien. ¿Sabes? Olvidemos ésta mierda. Tú hermana prefirió salir corriendo con la cola entre las piernas antes de seguir viviendo en un lugar que le recordaría eternamente que es una estúpida mentirosa de mierda. Posiblemente se había esforzado para que esas "pierdas" no afectaran sus notas, o se la chupo de otro mundo a algún profesor para que le diera una A, que me importa. El caso es que huyó. –Volvió a darse la vuelta y miró a Lincoln con una sonrisa. –Fue ella, ¿Verdad? Ella es la única que puede conducir de todas formas, es por eso que te alteras un poco al escuchar su nombre. Seguramente la última vez que la viste fue cuando se alejaba en ese destartalado auto familiar y te dejaba totalmente cagado en alguna parte de Royal Woods.

Lincoln presionó fuertemente sus puños.

-Calma, chico. –Albert se rio. –¿O quieres volver a la camisa de fuerzas?

Esas palabras sirvieron para relajarlo un poco, pero no lo suficiente para no estar seguro de si atacaría o no a aquel hombre.

Albert sacó otra libreta mientras seguí sonriendo y asintió con la cabeza.

-Bien, ahora, ¿De que quieres hablar? Tenemos una vasta selección de puntos interesantes que tocar, Lincoln Loud. –Miró a Lincoln con un brillo en los ojos. –Lidy, ese sería nuestro nuevo punto principal. –Lincoln se estremeció y apartó la vista. –La purga, ¿Qué cositas interesantes viste ahí, Lincoln Loud? –Nada interesante, sólo monstruos. –Tus hermanas, unas idiotas sin cerebro a las que harías bien en odiar. –Eso no era asunto suyo. –Tú madures sexual. –Sin comentarios. –Tus problemas mentales, traumas y fobias. –¿Eso no tendría que haber venido desde el principio? –Tú vida personal antes de la purga. Aquí te va un resumen: aburrida. Así que pasemos la hoja a esa estupidez. –¿Qué tenía ese hombre contra su vida personal? Quizás no era la mejor, pero al menos era una vida que podía vivir. –Una posible atracción hacia algunas de tus hermanas. –Oh, que se vaya a la mierda. –Cielos, hay tantos temas interesantes que no sé donde escoger. –Se rascó la cabeza mientras se reía un poco. –¿Qué puedo decir? Eres mi paciente favorito, y no le digo eso a cualquier niño con serios problemas mentales, Lincoln Loud.

Esas palabras no lo hicieron sentir mejor.


Lincoln se sentía cansado. Se había esforzado mucho para acabar con el cerdo, seguramente un ser tan patético no merecía ese grado de esfuerzo físico, pero el odio que Lincoln sentía por él no le había permitido parar. En ese momento sólo quería que sufría al menos una pequeña parte de lo que él mismo sufrió en ese lugar.

Lincoln miró cada pasillo mientras sus memorias del antiguo terror que sintió al recorrerlos regresaban a él. En ese momento se había sentido tan perdido y aterrado que todo lo que quería era enterrar su rostro en el pecho de su madre y llorar hasta que las cosas malas se alejaran de él. Había sido tan ingenuo en ese momento. Nadie podría jamás protegerlo de aquellos monstruos que lo atormentaban.

Y ya no podía huir de ellos.

No quería huir de ellos.

Aquellas criaturas que se disfrazaban como humanos habían dejado un horrible estigma en lo más profundo de su alma que lo atormentaba cada noche al cerrar los ojos. Miró hacia atrás, aun después de haber acabado con el cerdo podía sentir la marca del siete palpitando de dolor en su pectoral izquierdo. Ahora realmente podía estar seguro de que ese olor a carne quemada jamás se desprendería de él.

Había cosas que sencillamente ya jamás podrían cambiar.

Se apoyó contra una puerta mientras trataba de controlar su respiración. La puerta tenía una ventana de vidrio con la palabra "secretaría". Lincoln la golpeó con su pata de silla y el vidrio se agrietó, parecía ser de un material muy resistente. La golpeó dos veces más mientras trataba de concentrar sus esfuerzos, la mano le dolía mucho y sus músculos parecían estarlo quemando desde dentro. Finalmente consiguió destruir el vidrio de la puerta.

Lincoln la golpeó un poco más para tirar todos los fragmentos sobrantes hacia adentro. Entonces trató de abrirla, pero estaba cerrada. Lincoln ya se lo esperaba, así que simplemente se metió por el espacio que había abierto a golpes. Se rasgó un poco la camisa con un fragmento de vidrio en los bordes y se lastimó aun más las manos con los que sobraban, pero no le dio mucha atención.

Cuando estuvo adentro busco un fragmento de vidrio que fuera lo bastante grande para sujetarlo con una mano y lo bastante afilado para poder lastimar a alguien. Encontró uno que era más grande que el anterior, Lincoln lo sujetó por el medio y se dio cuenta de que todavía era más grande y puntiagudo. Era como una pequeña cuchilla de vidrio en su mano.

Lo arrojó por la ventana de la puerta y cayó en medio del pasillo. Comenzó a golpear los pequeños fragmentos de vidrio que aun quedaban sueltos en la puerta y finalmente se lanzó hacia el otro lado. Su mano había vuelto a sangrar bajo las gasas, posiblemente por todos los golpes que había descargado y la fuerza con la que había sujetado la pata de silla, eso y las pequeñas esquirlas de vidrio aun atoradas dentro. Lincoln aun podía sentir esos pequeños cuchillos dentro de su carne, se sentían como pequeñas agujas que lo picaban desde el interior cada vez que movía un poco su mano.

Se ajusto las gasas lo mejor que pudo, pero una parte de ellas cayó al piso y las restantes quedaron colgando. Lincoln tendría que encontrar más si quería tratar su herida, pero posiblemente ya no importaba. Aquella herida estaba destinada a infectarse de todas formas. Lincoln sujetó fuertemente aquel gran fragmento de vidrio en su mano derecha y lo agitó, el zumbido que hizo al cortar el aire le recordó mucho al sonido de un chuchillo.

Ahora tenía una pata de escoba en su mano izquierda y un gran fragmento de vidrio duro en su mano derecha. Sabía que podría necesitar más si quería acabar con la familia, y mucho más si quería acabar con aquel monstruo. Pero por ahora era todo lo que podía obtener.

La música de carácter satánico y sexual comenzó a aumentar de volumen mientras se movía por aquellos pasillos. Lincoln se tapó los oídos para dejar de escuchar esa asquerosa música, pero era como si se estuviera tocando dentro de su cabeza, podía escuchar cada cambio de volumen y cada nota de la guitarra eléctrica de formas tan claras que sentía como si alguien estuviera sujetando su cabeza frente al instrumento musical.

Lincoln sólo quería gritar para que se detuviera. Las luces sobre su cabeza siguieron parpadeando con una combinación cada vez más grande de colores y a un ritmo aun más rápido. Comenzaba a sentirse confundido y mareado. Todo estaba cambiando cada vez más rápido mientras su cuerpo comenzaba a tambalearse en medio del camino, en un parpadeo las paredes del edificio cambiaban para convertirse en otro lugar totalmente diferente. Los pasillos que antes estaban ahí desaparecían en un instante mientras Lincoln se apoyaba en una puerta que no debería estar ahí.

Trató de soportarlo, pero finalmente cayó de rodillas y comenzó a vomitar los bocadillos y la coca-cola que comió antes. Toda la masa había adoptado un tono amarillento y consistencia pastosa mientras pasaba por su lengua y caía en el piso de forma brusca, las gotas comenzaron a salpicar y manchar su ropa mientras Lincoln sujetaba su estomago y trataba de parar.

Finalmente terminó y su respiración comenzó a calmarse mientras las luces titilaban más lentamente y comenzaban a adoptar un tono blanco e incoloro. Su cabeza se movió hacia arriba entre jadeos y se sentó contra la pared junto a su vomito mientras escupía los restos de su boca y trataba de volver a respirar por su nariz.

No sabía cuanto tiempo pasó sentado en ese lugar, pero parte de su fuerza regresó mientras trataba de centrar su cabeza en el lugar donde estaba ahora. Se apoyó en la pared y, con sus piernas temblorosas, se puso de pie. No podía quedarse sentado ahí, el lugar no era seguro. Tenía que ocultarse hasta que todo pasara, ese era el plan. ¿Lo era no? Tenía que ocultarse o las cosas malas lo encontrarían y volverían a lastimarlo.

El dolor en su pierna pareció aumentar por cada paso que daba. Recordó las palabras de los doctores al decirle que el músculo de su pierna derecha jamás volvería a ser el mismo, el daño había sido demasiado, y que tuvo suerte de no haber perdido la pierna. Cualquier cosa fuera de eso había sido demasiado técnico para entender nada, a veces Lincoln sentía que aquellas palabras tan complicadas habían sido inventadas simplemente para que los doctores no tuvieran que torturarse al decirle a un niño que su pierna se había jodido a lo grande.

Lincoln pudo ver dos cuerpos tirados en el piso frente a él, era como si hubieran aparecido de la nada, Lincoln no podía recordar haberlos visto antes. Pasó junto a ellos: un chico y una chica. Pudo reconocer a un de los chicos de aislamiento, el que había golpeado aquella puerta, tenía una cortada en el cuello que iba de lado a lado y la sangre se había acumulado a su alrededor.

Lincoln sintió una nueva puntada en su cabeza y la comezón regresó peor que nunca mientras se sujetaba el lugar del disparo. Por un segundo pensó en utilizar su nuevo vidrio y apuñalar el origen del dolor para callarlo de una vez. Sólo quería arrancarse esa parte de la cabeza y tirarla lejos para no tener que seguir sufriendo aquel dolor, o al menos la maldita comezón.

La chica estaba junto a él, a ella la había estrangulado, pudo ver los moretones alrededor de su cuello. Su cara estaba roja por todo el esfuerzo que debió hacer por respirar y su lengua había salido disparada de su boca y caía aun lado de su mejilla, y sus ojos había girado hacia arriba hasta no ser más que bolas blancas con marcas como venas totalmente rojas.

Los pantalones de la chica habían sido bajados hasta dejar ver su vagina y sus piernas estaban extendidas. Lincoln pudo ver un líquido blanco y asqueroso chorreando hacia el piso. Hizo una mueca de asco mientras lo veía, pero no apartó la mirada. Miró totalmente el cuerpo de la chica y se dio cuenta de que un estado así tenía que haber tardado un poco después de muerto, Lincoln sabía de esas cosas por sus antiguos comics, pero más que nada, por comentarios muy incomodos de Lisa cuando se tocaban temas como la descomposición. Y el semen que todavía escurría…

La chica ya estaba muerta desde hace un tiempo cuando alguien había abusado de ella. Lincoln negó con la cabeza con un nuevo ataque de asco, pero no creyó que pudiera vomitar otra vez. Con un suspiró tomó los pantalones de la chica y los subió hasta cubrir su partes privadas y cerró sus piernas.

Lincoln comenzaba a entender algo: todas las personas con las que se había cruzado parecían tener sus propios problemas mentales, cada una más grave que las otras. Por la conversación de aquellos chicos, ellos habían vagado por un tiempo y pertenecían a un pabellón normal, luego estaba Lincoln y su grupo de aislamiento, entonces habían aparecido aquellos tipos tan raros, y quien sabe que más vendría después.

En ese momento recordó el reloj en su cintura, lo había olvidado totalmente hasta ahora. Le sorprendió un poco encontrarlo aun colgando en sus pantalones después de todo lo que había pasado. Colocó la pata de silla contra la pared y sacó con cuidado aquel reloj, lo agitó un poco para asegurarse de que aun funcionara. Miró la hora y se dio cuenta de que apenas eran las cuatro. ¿Tantas cosas habían pasado en tan poco tiempo? Lincoln sentía que había pasado una eternidad desde que había comenzado a explorar ese lugar.

Volvió ponerse el reloj en sus pantalones con cuidado y se alejó de los cuerpos mientras tomaba su pata de silla.

Algo muy retorcido estaba pasando en ese lugar, pero de todas formas no era su trabajo averigua que pasaba, lo importante ahora era ocultarse hasta que terminara.


-Sólo seguí. Sí. Seguí así. Ah. –Esteban cerró los ojos y levantó la mirada mientras se apoyaba contra la pared. –No lo muerdas… no lo muerdas… así… ha.

Nataniel estaba arrodillado frente a él mientras tenía lágrimas en los ojos y chupaba el pene de Esteban. Se lo había metido completamente en la boca y movía su cabeza a un ritmo continuó mientras dejaba escapar pequeños jadeos productos de su llanto silencioso.

-Lo siento… es que… –Nataniel jadeó y tragó saliva mientras acariciaba el cabello de Nataniel con una mano y le apuntaba con una pistola con la otra. –Después de Sid… ya no puedo parar, Nat. No puedo… olvidar aquella sensación. Ah, más rápido. –Comenzó a empujar la cabeza de Nataniel hacia atrás y adelante más rápido. –Traté de masturbarme, pero ya no sirve. Lo necesito Nati. Nati. Sí, un Nataniel con tetas. Ah… sí. –Hizo un sonido de siseo mientras presionaba sus dientes. –¡Aquí voy! –Presionó la cabeza de Nataniel contra su pene con fuerza mientras algo parecía salir.

Nataniel cerró sus ojos fuertemente por el dolor y el asco que sentía mientras algo comenzaba a llenar su boca. De los bordes de sus labios salió disparado un poco de semen, creyó que por fin iba a terminar, pero una segunda descarga hizo que Esteban volviera a presionar su cabeza contra su pene.

Finalmente Esteban lo soltó y cayó de lado contra el piso del pasillo. Escupió todo el contenido de su boca mientras empezaba a llorar y lanzar pequeños gritos. Desde que Esteban había encontrado esa arma dentro de un cajón se había coronado el líder y lo había estado dirigiendo en busca de chicas. Esteban parecía haberse vuelto todavía más loco después de que tuvieron sexo con Sid y ahora sólo podía pensar en eso.

Maldición, incluso había tenido sexo con el cadáver de una chica hace unos minutos. ¿Cómo podría seguir haciendo esto? Escupió más semen y miró a Esteban con un verdadero odio mientras lloraba. Fue cuando vio el cañón del arma apuntándole otra vez y a Esteban con una nueva sonrisa repleta de deseo y lujuria.

-No puede ser. –Era imposible que pudiera hacerlo otra vez. Nataniel sólo había podido hacerlo una vez con Sid, pero Esteban lo había repetido al menos tres veces, y también se había masturbado sin ningún tipo de vergüenza, incluso después de que lograron huir de aquel hombre sin pelotas, en realidad, eso parecía haber hecho que se le pusiera todavía más dura.

-Otra vez, Nati. –El pene de Esteban volvió a crecer mientras se tocaba y dejaba salir una pequeña risa de su boca. –Lo necesito otra vez. Lo siento, pero tengo que hacerlo. ¿Lo entiendes no? Te dejaré primero si encontramos a otra chica, pero tengo que sentir algo caliente cubriendo mi pene otra vez. ¡Por favor! –Le gritó a Nataniel mientras lo encañonaba directamente en la cabeza.

Nataniel no contestó, simplemente lo miró con odio mientras nuevas lágrimas salían de sus ojos y acercó su cabeza a sus piernas.

-No… eso no. –Se relampió los labios y pareció dudar un poco de como continuar. –Q-qui… quítate los pantalones.

El corazón de Nataniel pareció detenerse. No, eso no. No podía hacer eso.

-¡Quítatelos! –Le gritó mientras sujetaba el arma con ambas manos y la presionaba más fuerte contra su cabeza. –No le pude dar por el culo a Sid, pero al menos voy a imaginar que eres ella. Vamos, Nat. Hazme ese favor.


Repugnante.

Eso era todo lo que Lincoln podía pensar mientras se acercaba a aquellos chicos. Reconoció a los violadores de Sid directamente cuando los vio, sólo verlos le daba un terrible asco mientras sujetaba la cicatriz de su cabeza. Su cuerpo había comenzado a tambalearse mientras se acercaba a aquellos dos chicos.

Nataniel ya se había bajado los pantalones cuando lo vio acercarse, por un segundo su mirada pareció dejar salir un gran alivio, pero luego preocupación al ver sus ropas. Era natural, la ropa de Lincoln estaba manchada de sangre y algo de vomito, y la pata de silla todavía goteaba un poco de sangre mientras se acercaba.

Esteban lo miró y su sonrisa pareció crecer, entonces su pene tembló y pareció crecer un poco más.

-Eh, de la que te salvaste Nati. Aquí viene una chica más buena. –Por un segundo pareció acercarse, pero cuando vio toda la sangre y las armas de Lincoln se alejó un poco. –Oye, ¿Y si dejas eso aun lado, amor? –Hizo un beso mientras levantaba el arma sobre su cabeza y le apuntaba directamente a Lincoln.

Lincoln no le hizo caso, simplemente siguió moviéndose hacia esos dos. Su cabeza le dolía mucho y la comezón parecía ser imposible de quitar.

-¿Es que estás loco o qué? –Se rio un poco. –Mierda, estoy que no aguanto. –Comenzó a tocarse mientras apuntaba a Lincoln. –Mira, sólo dame el culo y te dejo pasar, ¿Sí? Por favor, que no quiero hacerlo con otro cadáver. ¿Te limpias el culo verdad? Creo que Sid lo tenía un poco sucio cuando le metí el dedo. –Se masturbó con más furia. –Que no aguanto.

La cabeza de Lincoln lanzó un espasmo mientras regresaba a aquel terreno repleto de basura de hace tanto tiempo. Pasó junto al sofá donde estaba el mismo perro sarnoso y cobarde de antes y se acercó a aquel hombre que tanto dolor le había causado.

¿Por qué no vamos a la fiesta todos juntos?

Vio a Matías sentado junto a su padre mientras comenzaba a lamer todo el semen que aquel hombre le había descargado dentro de la boca. Miró a Lincoln y comenzó a sorber sus dedos con más placer, como si estuviera disfrutando de un gran manjar.

¿El tuyo estará rico?

Lincoln miró a su alrededor en busca de Matilde mientras se acercaba a esos dos. Aquella chica tan asquerosa no parecía estar cerca, pero no creyó que se separara mucho de su querida familia. Posiblemente estuviera en un lugar cercano. Lincoln presionó fuertemente el vidrio en su mano mientras recordaba la sensación de esa cálida orina cayendo sobre su rostro.

-Para…ah mierda. –Esteban gritó mientras se la agitaba más rápido. –Uf, que no me quiero coger a un cadáver.

Si quieres vivir. Tienes que ladrar. Wof. Wof. ¿Te parece bien?

Sí, ladra. Haha. Sólo un wof con todo el alma y te dejamos.

No lo harían. No tenían planeado dejarlo ir. Sólo querían volver a humillarlo mientras se burlaban y lo mancillaban. Entonces le harían cosas realmente horribles y asquerosas mientras se reían. Ese sería el momento en que llegara Matilde, estaba seguro de eso.

-Ah, parece que si te tocará a ti otra vez, Nati. –Jadeó mientras apuntaba a la cabeza de Lincoln. –Di queso.

Ladra como un perro.

Lincoln levantó la pata de silla y descargó un fuerte golpe en la muñeca de Esteban. El arma salió volando sobre su cabeza y cayó sobre el piso a pocos metros de Nataniel.

-¡Mierda! ¡Como duele! –Esteban sujetó su muñeca con dolor mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. –Mierda. Mierda. ¿Qué hiciste Dios? No hablaba enserio.

Lincoln volvió a levantar la pata de silla y golpeó la cabeza de Esteban con fuerza. La cabeza de Esteban pareció revotar en el lugar y su rostro dejó toda expresión mientras retrocedía un paso. Un pequeño hilillo de sangre comenzó a caer de su frente y cruzar por su rostro, y muchos más comenzaron a caer en mayor medida. Esteban se tocó la cabeza y miró su mano ensangrentada antes de volver a ver a Lincoln y caer al piso.

Lincoln vio como el cuerpo de aquel hombre comenzaba a jadear y a temblar mientras sus ojos miraban fijamente el cielo.

-G-gracias. Dios, gracias. –Nataniel escupió más semen y lloriqueó mientras tomaba el arma. –No tienes idea… de lo que quería que hiciera. –Nataniel comenzó a llorar un poco mientras se limpiaba la boca y escupía aun lado.

Lincoln volteó su cabeza y lo vio, pero en sus ojos sólo podía ver la imagen burlona de Matías. Se acercó hacia él lentamente mientras dejaba salir una mueca de furia absoluta.

-Eh. Ya está… –Nataniel retrocedió un paso. –Fue cosa de él. Yo soy una víctima aquí.

No había visto mucho de Matías la última vez, y Lincoln lo consideraba más una pobre imitación de aquel hombre en el piso. Pero como todos los demás, ese chico lo había humillado y planeaba hacerle cosas terribles. Lincoln podía recordarlo arrastrándolo a aquel edificio donde pasó la peor parte de la noche, el modo en que se esforzaba por lastimarlo mientras Matilde se la pasaba mostrándole sus partes íntimas y riéndose en su cara.

Esos tres le habían arrebatado todo su orgullo, y además del orgullo, también planeaban quitarle la vida de formas grotescas. No iba a permitir que algo como eso pudiera volver a pasar.

Nataniel levantó el arma y apuntó directamente al pecho de Lincoln.

-Para. ¡O te disparo! –Trató de sonar duro mientras sujetaba el arma con sus dos manos. –¡Para ya!

Lincoln no tenía intenciones de detenerse.

Nataniel presionó los dientes y cerró los ojos mientras jalaba el gatillo.

Un clic vacío fue lo único que salió de aquella arma.

-¿Eh? –Nataniel miró la pistola y volvió a disparar contra Lincoln. –¿Qué pasa? ¿Por qué no sirve? –Volvió a disparar contra Lincoln mientras agitaba el arma y comenzaba a llorar. –¡Dispara! –Le gritó al arma.

Lincoln lo apuñaló en un costado del estómago con aquel enorme fragmento de vidrio. Nataniel pudo sentir como todo el aire era expulsado de sus pulmones mientras jadeaba y sus ojos se abrían enormemente. El dolor no tardó en llegar, pero estaba demasiado shockeado para darse cuenta. Lincoln retorció el vidrio dentro de Nataniel y lo enterró más profundo dentro de su carne antes de soltarlo.

Nataniel dejó caer el arma mientras retrocedía y miraba el fragmento de vidrio enterrado profundamente dentro de él. –N-no… –Su expresión cambio a una de miedo mientras las lágrimas comenzaban a caer de sus ojos y se ponía a gritar y llorar. –No quiero… –Cayó al piso de costado y se cubrió la cara con las manos. –No quiero… –Empezó a jadear y llorar con más fuerza mientras trataba de arrastrarse lejos de Lincoln. –No quiero… esto… ah… por favor… mamá.

Lincoln vio como Nataniel se arrastraba patéticamente por el piso lejos de él, estaba llorando cada vez con más fuerza mientras negaba con la cabeza y la saliva y semen caían de su boca abierta mientras dejaba escapar sus jadeos.

Esa imagen le dio asco.

Lincoln sólo podía ver arrastrándose a Matías mientras se alejaba de él. Si creía que por comenzar a llorar y pedir ayuda a su mami iba a salvase, entonces se equivocaba. Lincoln jamás hubiera recibido piedad por parte de ellos si hubiera llorado por su mamá, ¿Por qué debería dársela? Levantó el arma del piso y la examinó con cuidado.

Era un modelo. Lisa le mostró uno una vez, solía utilizarlas como base para crear distintas pistolas de condimentos o pasteles. Una forma fallida para defenderse de Luan el día de los inocentes que terminó por aumentar su ya vasto arsenal. La tiró aun lado, de nada le servía un simple modelo.

Volvió su atención al hombre tirado en el piso. Los ojos de ese hombre aun se movían de un lado a otro, pero era difícil saber si estaba o no consiente. Lincoln lo golpeó otra vez directo a la cabeza con todas sus fuerzas y pudo ver una protuberancia formarse en el medio de su frente. Su pene todavía estaba erecto entre sus piernas, y Lincoln no vio mucha diferencia entre él y ese cerdo de antes. Posiblemente no la hubiera realmente, los dos eran asquerosos de la misma forma.

Hizo lo mismo que con el cerdo de antes y golpeó su erección con fuerza, esta vez pudo ver como el pene parecía romperse y comenzar a sangrar por el impacto. La boca del hombre apenas emitió sonido, su mente parecía todavía estar algo perdida por el golpe. O quizás ya no pudiera sentir nada. Lincoln respiró hondo y le dio un fuerte golpe que le dio directamente al cuello. La boca de aquel hombre comenzó a abrirse y cerrarse de forma automática mientras dejaba salir pequeños jadeos y una gran cantidad de saliva.

-A-a-ayuda… –Nataniel jadeó mientras seguía arrastrándose lejos.

Sus lloriqueos distrajeron a Lincoln mientras veía morir al hombre. En lo personal, Matías no era muy importante. Si se ponía a pensarlo no parecía mucho, sólo una burda imitación de su padre que disfrutaba de manosear a su hermana. Había contribuido a su humillación, y seguramente lo hubiera lastimado de la misma forma que aquellos dos si no hubiera escapado. Pero eso no cambiaba el que fuera algo patético.

Lincoln se acercó a él lentamente, aun con su cojea sería fácil alcanzarlo, la herida en su costado parecía estar ralentizándolo mucho mientras se arrastraba.

Nataniel lo miró con terror y sus ojos anegados de lágrimas mientras se arrastraba con desesperación. Se esforzaba por mantener su cuerpo un poco más arriba para que el piso no moviera el trozo de vidrio que tenía enterrado en su costado.

Lincoln lo alcanzó fácilmente y comenzó a caminar junto a él mientras lo veía arrastrándose como un gusano para salvar su patética vida. La imagen le recordó un poco a si mismo en el pasado, él también se hubiera arrastrado si con eso lograba unos segundos más de vida. Negó con la cabeza y pisó la espalda de Matías con su pierna sana para detenerlo.

-P-por favor… no quiero morir… ayúdame. –Aun seguía llorando, pudo ver dos franjas de mucosidad que caían asquerosamente hasta llegar a sus labios. –Lo siento, por favor… no me mates… no me… mates… ah.

Lincoln le dio un golpe en la cabeza un poco más ligero que a aquel hombre, pero no menos doloroso. La cabeza de Matías casi cayó al piso por el golpe, pero su cuerpo terminó por caer y jadeó de dolor cuando aquel trozo de vidrio en el costado de su estómago se hundió más profundo en su interior. Lincoln le dio una patada con ira. Soltó la pata de silla y lo sujetó por los lados para darle la vuelta.

Nataniel movió sus manos con algo de dudas mientras las luces parecían cegarle, podía sentir un extraño entumecimiento dentro de su cabeza que lo confundía un poco mientras todo a su alrededor temblaba. Cuando el mundo dejó de temblar el dolor regresó y pudo ver a Lincoln sobre él.

-N-no… no… yo… ¡AH!

Lincoln pisó fuertemente el fragmento de vidrio y lo hundió aun más en el interior de Nataniel. Retorció el pie para hacerlo girar en su interior y pudo ver como Nataniel intentaba quitárselo de encima con pequeños golpes inútiles. Gritó lo más fuerte que pudo para tratar de liberarse de aquel dolor que lo estaba matando, pero todo era inútil.

Lincoln comenzó a pisotear el vidrio hasta que la otra punta pareció atravesar la carne de su espalda y chocar contra el piso.

En este punto Nataniel comenzaba asentir mucho frío en todo su cuerpo, y sus labios temblaban mientras adoptaban un color azul.

-¿P-por… qué?

Lincoln lo vio mientras jadeaba y lloraba por su vida. Pudo ver como la luz se desvanecía lentamente de sus ojos hasta no quedar nada más que un cuerpo temblante y confundido, finalmente el temblor se detuvo y sólo fue un simple cuerpo como cualquier otro.

Tomó la pata de silla y se acercó al hombre tirado. Su cuerpo no era muy diferente, sus ojos eran más saltones y su lengua había salido disparada de su boca, parecía un retrato mal hecho de aquella chica muerta de antes. Pero esta vez Lincoln no se molestó en cubrirlo su pudor, sólo lo escupió y continuó.

Matilde no podía estar muy lejos.


NA: Premio para los que creyeron que los violadores de Sid serían las representaciones de la familia en la mente de Lincoln, por desgracia Matilde pareció escapar a su venganza. Pero siempre podría encontrarla en algún pasillo.

Ahora, ¿De que les gustaría que fuera la siguiente sesión de Lincoln? Albert mencionó muchos puntos interesantes que me gustaría explotar para poder entender un poco más la mente de nuestro peliblanco favorito.

PS: subí un nuevo proyecto que no sé si continuará o no (el trabajo se me acumula y no es como si tuviera tiempo libre infinito. Sólo muchas ganas de escribir). Se llama Animatronic Loud, pasen a verlo si tienen tiempo.