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Trigésima novena sesión
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Lincoln fue escoltado por dos enfermeros al consultorio de Albert en el asilo juvenil. Había hecho el recorrido tantas veces que se conocía los pasillos de memoria. Incluso había contado los pasos: 79. Hay quienes pensarían que eran demasiados, pero para Lincoln eran muy pocos, tomando en cuenta que era uno de los pacientes de aislamiento, y esas habitaciones tenían que estar alejadas de los otros. A veces creía que Albert había trasladado su consultorio sólo para poder tenerlo más cerca.
Uno de los enfermeros abrió la puerta frente a él y lo invitó a pasar como cada semana, y como siempre, Lincoln dudaba en dar un paso al frente. Quizás no pudiera estar seguro de si mismo o lo que sentía en estos momentos de su vida, pero estaba seguro de que realmente le desagradaba Albert Stimbelton. Toda su actitud parecía haber sido creada con el único afán de fastidiarlo.
Por un segundo pensó en huir, simplemente se daría la vuelta y correría. Los enfermeros estaban demasiado acostumbrados a que cediera y entrara a aquella habitación, no se esperarían que saliera corriendo. Sabía que no podría escapar, no es como si tuviera un lugar a donde ir de todas formas, pero al menos volverían a encerrarlo en su habitación acolchada.
Perdió esa oportunidad cuando dio un paso al frente y a este lo siguieron tres más. La puerta se cerró detrás de él y quedó a solas con aquel psiquiatra tan particular.
-Hola, Lincoln Loud. –Albert sonrió cuando lo vio. Sus ojos brillaron como un niño al que le habían permitido jugar un rato más con su juguete preferido, o al menos así es como comenzaba a ver Lincoln aquel brillo en sus ojos. –Toma asiento, hoy tenemos mucho de que hablar. –Extendió la mano hacía el diván y a Lincoln no le quedó otra más que sentarse como lo había hecho tantas veces en el pasado.
Albert estaba cruzado de brazos y apoyado contra aquel escritorio de madera. A Lincoln comenzaba preocuparle aquella sonrisa que veía en los labios de Albert. No era extraño que sonriera al verlo, pero la forma en que lo miraba mientras sonreía era más incomoda que las anteriores sesione. Le recordó un poco a su forma de sonreír la primera vez que se vieron.
-¿Qué te parece si hablamos un poco de tus hermanas, Lincoln? –Comenzó a recorrer la habitación a paso lento. –¿Te gustaría eso?
Lincoln no contestó. Pero Albert ya debería saberlo. Aunque Albert dijera que hablaran, lo cierto es que era sólo Lincoln escuchando lo que tuviera que decir, y odiando cada palabra que saliera de su boca.
Albert se quitó las gafas un momento y limpió el vidrio antes de volver a ponérselas y ajustarlas contra sus ojos. Esa acción le recordó un poco a Lisa, su hermanita genio. Ahora ella debía de tener cinco años y seguramente haber ganado más de un premio novel. Bien por ella.
-Ahora, ¿Qué tal una pequeña charla sobre tus hermanas? Todas ellas, Lincoln Loud. –La sonrisa de Albert creció. Este no parecía ser un tema que fuera a dejar pasar como los otros. –Vamos a dejarnos la mierda de suspenso e ir directo al grano, Lincoln. –Se paseó por la habitación mientras sacaba una pequeña libreta roja de su bolsillo. –Tus hermanas te dejaron en la purga, ¿Sus razones? Quizás mataste al gato, o incendiaste la sala, o te atraparon masturbándote con la ropa interior de alguna de ellas. El caso es que te dejaron tirado en la purga, ¿Pero quererte muerto? Ninguna chica que venga tantas veces aquí preguntando por ti puede quererte realmente muerto. ¿Qué pasó Lincoln Loud? ¿Qué le hiciste a tus hermanas para que su propio odio y egoísmo pudieran más que su lindo amor por su hermanito menor? ¿A cual de ellas maltrataste? ¿A cual le dijiste que se te paraba el pajarito cuando la veías en ropa interior? –Sacó una foto de Lola de su libreta. –De casualidad te gustaba sacarle fotos sensuales a tu hermanita. –Le mostro una foto de Lola acostada en la cama de forma sugerente mientras le giñaba un ojo y le sonreía con una dentadura perfecta mientras se lamía un lado de la boca. Abajo había la marca de un beso y la palabra "te espero". –O convenciste a la reina de los colores a practicar uniones prohibidas para sus rituales satánicos y complacer a las fuerzas de la oscuridad. –Tiró la foto de Lola sobre su hombro y se acarició la barba mientras miraba fijamente a Lincoln. –Diez chicas, quizás dos de ellas en su día del mes. Seguramente no te habrían dejado escapar con una bofetada en la mano, o un gancho derecho en medio de la cara. –Levantó un dedo. –Pero te dieron una bicicleta. Una bicicleta de mierda, pero una bicicleta. ¿Qué me indica eso? Que no querían que murieras, así que lo que hiciste debió ser una estupidez de niño de once años y tus hermanas se lo tomaron como unas verdaderas perras.
Lincoln estrechó sus ojos mientras lo veía.
-¿Qué? ¿Te ofende que insulte a tus queridas y estúpidas hermanitas? –Se relamió los labios mientras miraba a Lincoln. –¿Siquiera las amas en este punto? ¿Es por eso que te ofendes? ¿Te ofende saber la verdad de las chicas que te dejaron pudrirte en la purga? –Levantó ambas manos al aire y las dejó caer. –O las odias. ¿No las odias, Lincoln? Tenías once años, lo que sea que hayas hecho no debió ser tan malo. ¿Qué pasó realmente? Vamos, Lincoln. Sólo admítelos: las odias. Si sigues negando esa verdad y apoyándote en un amor que ya no existe entonces será peor para ti. –Señaló a Lincoln directamente. –Apuesto a que no tienes idea de lo que sientes por ella ahora, ¿Verdad, Lincoln Loud? Estás confundido sobre tus sentimientos, es por eso que no puedes saber que sientes por ellas y tratas de aferrarte a los recuerdos de una emoción que ya no existe. –Negó con la cabeza mientras se reía un poco. –Y es por eso que no quieres verlas. Tienes miedo. Miedo de volver a verlas y darte cuenta de que tus esfuerzos son inútiles. Darte cuenta de que todo el amor que sentías por ella se a desvanecido. Finito. Caput. Adiós amor mío. Aquí yace el amor de Lincoln por sus hermanas. –Dejó la libreta aun lado se acercó a Lincoln. –Tú lo sabes, yo lo sé, y Lidy también lo sabe. Seguramente a estado tratando de decírtelo desde hace tiempo, pero cubriste tus ojos, tapaste tus oídos y encerraste a la pequeña para no tener que volver a verla. Pero al final del día, ella es y seguirá siendo un reflejo de tus deseos, de la verdad que se oculta dentro de tú cabeza. Del odio que sientes y sólo quiere salir. –Tomó la barbilla de Lincoln y lo obligó a verlo fijamente. Las lágrimas habían comenzado a caer de los ojos del niño. –Pero el odio no desaparece sólo porque lo tengas encerrado, tampoco muere y se vuelve polvo al viento. No, nada de eso. El odio se acumula, Lincoln Loud. Se vuelve más grande dentro de ti, a cada paso que das. Ya lo sentías en la purga y Lidy sólo fue una conveniente forma de dejarlo salir de ti, Lincoln Loud.
Lincoln movió su cabeza con brusquedad para soltarse de los dedos de Albert. No podía soportar tenerlo tan cerca, sentía que estaba apunto de saltar sobre él y quitarle aquella sonrisa de los labios a golpes.
-Ellas merecen morir, Lincoln.
Lincoln tapó rápidamente sus oídos ante aquella dulce voz que le habló. Esa acción automática llamó la atención de Albert y sólo pudo sonreír mientras sus ojos volvían a iluminarse.
-No la niegues. Escucha sus palabras. Habla con ella. Deja que todo salga de tú interior. Acepta todo aquello que hay en tú interior, Lincoln Loud. Sólo así podrás dar el paso.
¿Qué tipo de psiquiatra le pedía a un niño que hablara con sus propios delirios? Especialmente uno que le gritaba matar. Lincoln dejó su mente en blanco y respiró hondo mientras trataba de callar aquella dulce voz que tanto lo tentaba desde lo profundo de su mente. La puerta de aquel hogar repleto de muerte nunca debía ser abierta otra vez. Si él hombre frente a él hubiera visto lo que él vio entonces no le interesaría conocer tanto de Lidy. Era mejor así.
-Será peor si esto sigue así, Lincoln Loud. –Albert suspiró mientras volvía a apoyarse en su escritorio. –Ella esta ahí dentro. Esperará el momento en que vuelvas a necesitarla, y su carnada será entregarte aquello que tanto deseas: amor. –Se rio un poco. –Casi románticamente cómico, ¿No te parece, Lincoln Loud? –Sacó el dibujo de Lidy de su bolsillo. –Su nombre varía del bebé de la familia, pero su imagen es una variación de la hermana con la que te hubieras masturbado si no se hubiera jodido la cosa. –Dejó el dibujo sobre el escritorio junto a la libreta. –Lidy. La hermana que da amor incondicional, confianza, te protege, y seguramente te daría una mamada cada vez que se lo pidieras. –Sonrió hacia Lincoln. –Si que estás enfermo, Lincoln Loud.
Lincoln lanzó pequeños jadeos silenciosos mientras trataba de soportar las ganas de llorar. Trató de reprimir las lágrimas lo mejor que pudo, pero no dejaban de salir.
-¿Vas a llorar, Lincoln Loud? Vamos, hazlo. Llora de una vez. Deja salir un fuerte grito de rabia que se escuche por todo el asilo. –Albert se acercó a Lincoln rápidamente, lo tomó de la camisa blanca y lo obligó a levantarse. –¡Grita de una vez maldito mocoso enfermo! ¡Deja salir todo lo que tienes guardado en tú interior! –Zarandeó a Lincoln con fuerza. Lincoln sujetó la mano de Albert y trató de zafarse con esfuerzo. –Llama a mami o papi para que te salven, maldice a tus hermanas por lo que te hicieron, llama a Lidy para que te lo chupe. ¡Sólo deja salir lo que tienes adentro! –Le dio un pequeño golpe a Lincoln el la mejilla. –Mocoso enfermo. Mira a lo que te han reducido tus queridas hermanas: eres un despojo del patético niño que una vez fuiste, Lincoln Loud. –Le dio otro golpe en la mejilla. –Apuesto a que desearías que tus padres hubieran usado condón sólo para no tener que vivir esta mierda de vida, Lincoln Loud. –Le dio otro golpe. –Que tus hermanas no fueran unas perras dominantes que no aguantaron que por una vez fueran ellas las jodidas, Lincoln Loud. –Lo agitó y golpeó otra vez. –Que no fueras tan patético que incluso las niñas abusan de ti en la escuela, Lincoln Loud. –Otro golpe, y este fue más fuerte que los otros. –O que al menos el pitulin no se alterara cuando estabas tan cerca de una de tus propias hermanas, Lincoln Loud. –Un golpe más fuerte en la otra mejilla. El cuerpo de Lincoln parecía haberse quedado colgando mientras Albert le gritaba y golpeaba. –¿Qué pasa? ¿Eres tan patético que no sabes cuando te insultan y te golpean? Vamos, Lincoln Loud. ¿O irás corriendo a las tetas de Lidy? Seguramente esa niña te entregaría hasta el culo para hacerte sentir mejor, ¿No, mi patético paciente pervertido y sin agallas?
Albert levantó nuevamente el brazo para darle a Lincioln otro golpe, pero esta vez Lincoln bloqueó el golpe con su brazo, miró a Albert con una gran ira y odio mientras cerraba fuertemente su puño y le dio un golpe directo en la nariz a aquel psiquiatra. Albert retrocedió un paso mientras soltaba a Lincoln y se sujetó la nariz.
Lincoln casi cayó al piso mientras jadeaba sin control y sentía que toda la fuerza lo abandonaba.
Eso era todo.
Albert llamaría a los dos enfermeros en la puerta, ellos lo inyectarían y despertaría con una camisa de fuerzas, un bozal y sus piernas atadas. Sería como un gusano encerrado en una celda de colchas. Ya podía verse a si mismo arrastrándose en aquel pequeño espacio sin ventanas mientras trata de comer un licuado con popote.
Albert se recuperó rápidamente, se puso derecho y sacó un pañuelo rojo de su bolsillo que usó para limpiar la sangre que salió de su nariz. Fue entonces que miró a Lincoln con una sonrisa. Lincoln se confundió un poco, pero llegó a creer que ese hombre buscaba una excusa para hacerlo sufrir todavía más, y ya se la había dado.
Albert se acercó a su escritorio y presionó un botón aun lado. Seguramente ahora sería cuando los enfermeros entraran a llevárselo.
-La sesión continuará en el patio, que nos preparen algo fresco y dulce para beber, y algunos sándwichs de jamos. Que lo carguen a mi cuenta. –Soltó el botón y pasó junto a Lincoln. –Vamos, te has ganado un descanso, Lincoln Loud. Hoy hemos hecho un gran progreso.
Sonrió mientras salía por la puerta. Lincoln lo vio salir con la confusión aun dibujada en su mirada.
¿Qué había sido todo eso?
Lincoln cayó de rodillas mientras su cabeza trataba de poner todo en orden. La comezón en su cabeza estaba parando y el dolor se había vuelto algo manejable. Respiró hondo y con pequeñas pausas para aligerar la tención y normalizar los latidos de su corazón. Todo su cuerpo se sentía cansado y adolorido, todo lo que quería en ese momento era tirarse en el pasillo y quedarse así. Quizás, por el daño en su cuerpo, lo confundan con un cadáver y lo dejen ahí tirado. Pero sería demasiado bueno para ser verdad.
Arrastró un poco su tambaleante cuerpo hacia la pared y trató de apoyarse en ella para levantarse. Su mano herida dejó una mancha de sangre en el lugar donde se apoyaba, y dejó otras dos más antes de poder pararse correctamente. Volvió a saborear el vomito que antes había caído de su boca y sintió que se venía otra oleada, pero no lo hizo, sólo una pequeña cascada que subía y bajaba desde su estomago antes de detenerse.
Su mano derecha comenzaba darle comezón y las punzadas resultaban molestas. Lincoln se ajustó un poco más los restos de las gasas, y finalmente se las quitó, ya de nada le servían, se habían convertido en trapos mojados sin utilidad. La comezón en su mano aumentó un poco al estar en contacto directo con el aire. Lincoln limpió un poco su mano en su camisa y dejó algunas manchas rojas, pero en este punto era lo de menos.
La cortada era pequeña pero larga, las esquirlas parecían haberse enterrado muy profundamente en su mano, de ahí esa pequeña comezón y sensación de agujas. Lincoln la agitó un poco con la esperanza de que algunas de ellas saltaran, pero sabía que era inútil. Si realmente quería tratar su mano, lo que necesitaría sería un buen doctor.
Continuó cojeando mientras se pegaba a la pared. Había escuchado algunos gritos provenir de los pacillos mientras caminaba, por lo que prefería mantenerse alejado de ellos. Mientras caminaba no dejaba de escuchar el sonido de las rejas que se abrían y cerraban una tras otra, y todo iba combinado con los gritos. Era como si alguien estuviera jugando a un macabro juego de encerrados detrás de él.
Al llegar a una esquina vio como una reja se cerraba frene a él, ya no podría tomar ese camino. Miró hacia atrás y otra reja se cerró. Cada pasillo parecía tener al menos dos rejas en alguna parte. Esa era mucha seguridad para tratarse de un lugar normal. Lincoln pegó su frente contra la pared y decidió tomar el camino que seguía abierto. Nada de esto le gustaba en lo absoluto.
Al final del pasillo vio a un chico que corría rápidamente, por un segundo lo vio con una mascaras de payaso, pero la imagen se deshizo demasiado rápido mientras veía como era perseguido por un hombre sin pantalones y con las manos extendidas mientras gritaba "taca" "taca". El hombre se detuvo antes de llegar al final y su cabeza volteó rápidamente hacia Lincoln, tenía una enorme sonrisa mientras lo veía, entonces su cuerpo dio dos vueltas en el lugar y comenzó a correr en el lugar mientras hacia sonidos raros. Lincoln ya estaba retrocediendo cuando una reja se cerró frente a ese hombre. Ese tipo chocó contra la reja de cara al menos dos veces antes de darse cuenta de que algo bloqueaba su paso, miró a Lincoln sin quitar la sonrisa y comenzó a girar antes de correr hacia otro pasillo.
-Que desagradable.
Lincoln no tardó mucho en encontrar las escaleras al segundo piso, todos los pasillos estaban totalmente cerrados a su alrededor por lo que no es como si pudiera perderse. Miró hacia arriba y se encontró de cara con una cámara con una luz encendida que parecía estar enfocándolo directamente. Lincoln hizo una mueca y desvió la mirada mientras bajaba por las escaleras.
Lo primero que vio mientras bajaba fue un cuerpo tirado en medio de las escaleras. Este cuerpo era de un hombre mayor, alguien le había girado la cabeza en la dirección equivocada y lo había dejado tirado ahí. Lincoln pasó junto a él mientras trataba de no verlo, ¿Cuándo se había acostumbrado tanto a ver cuerpos? No lo sabía, y no quería perder el tiempo recordando cuando fue la última vez que se alteró al ver un cadáver.
Nuevamente en el segundo piso, en alguna parte que no estaba cerrada por las rejas. Lincoln comenzó a caminar y vio como algunos caminos se abrían y otros se cerraban. Miró a su alrededor mientras las luces volvían a titilar sobre su cabeza. Los colores a su alrededor pasaban de blanco a rojo y finalmente todo quedaba oscuro antes de repetirse el patrón.
Un enorme relámpago sonó afuera y algunas rejas comenzaron a abrirse y cerrarse sin control mientras las luces se volvían totalmente rojas sobre su cabeza. Aquel relámpago parecía haber quemado más de un fusible, ya que las rejas finalmente comenzaron a abrirse lentamente a su alrededor. ¿No se supone que las rejas tienen que cerrarse en una emergencia? Quizás nadie pensó en un escenario donde un montón de locos esté vagando por los pasillos.
Lincoln suspiró.
Estaba cansado de todo esto. ¿Qué había estado buscando desde un principio? Ya no podía recordarlo. ¿Por qué estaba subiendo y bajando en un lugar repleto de gente tan peligrosa? Tendría que estarse ocultando. Miró a su alrededor. Había dejado a Sid totalmente sola en alguna parte del segundo piso, lo mejor que podía hacer era encerrarse con ella en alguna parte. Al menos le debía eso.
-Quiero ir a casa. –Lincoln se agachó y se cubrió la boca. ¿De donde había salido eso? Hacía tiempo que no pensaba en su casa. ¿Cómo estaría todo allí? Sus padres simplemente le decían lo mucho que parecía estar mejorando, y todo lo que harían cuando regresara. Pero no decían mucho de nada. ¿Qué habría sido realmente de sus hermanas? Podía recordarse rechazando más de una visita a la semana por parte de alguna de ellas, ¿Por qué querían verlo ahora? A Lincoln le hubiera gustado que simplemente lo olvidaran y ya. Que continuaran con sus exitosas vidas. Era lo mejor. –No, ya no tengo una casa a la cual regresar.
Recordó un poco a su viejo amigo Clyde. Algunas de sus visitas habían sido de aquél niño con el que compartió tantas aventuras, pero Lincoln lo había rechazado. Era mejor para Clyde olvidarse de él. El Lincoln que conoció antes de la purga y el Lincoln que era ahora eran personas totalmente diferentes, era mejor para Clyde conseguirse un nuevo mejor amigo con una hermana caliente.
Lincoln se tambaleó un poco mientras recorría aquellos pasillos. No lo había notado, pero realmente tenía sueño. Se había esforzado mucho hasta ahora, y le gustaría irse a dormir pronto. Pero antes tenía que encontrar a Sid. Quizás podría atrancar aquella puerta y estarían a salvo por un tiempo. Lo suficiente para poder dormir un poco.
Cerró los ojos y recordó las calles de su hogar. Juraría que sintió el duro suelo de las calles, escuchaba los autos que pasaban. Levantó la vista y vio el cielo azul, había algunas nubes negras, pero no creyó que lloviera. No mucho al menos.
Acortó un poco el camino al pasar por el jardín, miró aquel árbol que crecía y se apoyó un poco en el. La madera era robusta y resistente, tenía algunas marcas de puños de cuando Lynn se enfadaba, pero nada demasiado grande. Lynn generalmente no se enfadaba tanto. Lincoln pestañó y las marcas desaparecieron del árbol, como si nunca hubieran estado ahí en primer lugar.
-¿Qué pasa? –Se sintió mareado y confundido. ¿Qué estaba haciendo ahí? Se suponía que tenía que encontrar a Sid, no estar regresando a casa. –Esto no está bien.
Lincoln agitó su cabeza y miró al jardín: estaba limpio. ¿Dónde estaban todos los juguetes? ¿Y la portería? ¿El auto rosa de Lola? Lincoln caminó hacia el centro del jardín y miró a su alrededor. Todo estaba extrañamente callado. Nunca hay silencio en la casa Loud, ¿Por qué ahora pareciera que todo el mundo hubiera quedado tan mudo como él?
Unos delgados dedos tocaron suavemente su pecho y su mente quedó totalmente en blanco. Aquellos dedos comenzaron a subir por su pecho hasta llegar a su cuello, y de ahí comenzaron a acariciar su mejilla. Pudo escuchar una sube respiración detrás de su oreja.
-…Abre la puerta.
-¡NO! –Lincoln se liberó de aquella mano y saltó hacia adelante. El cielo azul fue reemplazado por el rojo de las luces, y aquel pasto verde donde antes estuviera parado volvió a ser el frío suelo de los pasillos de aquel asilo. –Maldición.
Trató de limpiar la sensación de aquellos dedos contra su piel, pero le era imposible desprenderse de ellos. Con una mueca de rabia golpeó la pared con su puño herido, esperando que el dolor terminara de despertarlo de aquella pesadilla en la que había estado atrapado. Pero sin importar cuantas veces la golpeara, aquella caricia se negaba a desprenderse de sus recuerdos.
-Estoy esperándote, Lincoln.
Lincoln detuvo sus golpes y respiró hondo. ¿Por qué no podía quedarse encerrada? Lincoln no quería nada que ver con ella. Apoyó su espalda contra la pared y comenzó a deslizarse lentamente hasta sentarse en el piso. Dejó la pata de silla aun lado y abrazó sus rodillas.
-Está bien, Lincoln.
Nada estaba bien. Todo su infierno había vuelto a iniciar. Pero esta vez estaba atrapado en un edificio del que no tenía ni idea si tenía que subir o bajar para ser libre. No, ni siquiera eso. Jamás podría ser libre. Aunque se esconda lo encontrarían. Ellos son monstruos, es su trabajo encontrar niños asustados a los cuales devorar.
-No dejaré que te lastimes, Lincoln.
No podía evitarlo. Ella ni siquiera era real.
-Déjame estar contigo. –Su suave voz sonó más cerca. –Déjame tocar tu cuerpo, abrazarte, besarte. Por favor, deja que te dé todo el amor que mereces. Lincoln, abre la puerta.
-Déjame. No quiero verte. No quiero verte otra vez.
-Yo quiero verte, y quiero estar contigo. Déjame que este ahí, en el lugar donde ninguna de ellas estuvo. Déjame ser la hermana que te comprenda, que se preocupa por ti, que te ame.
Lincoln tapó sus oídos. No quería escuchar a Lidy. En cualquier momento volvería escupir su veneno sobre sus hermanas. Y entonces la imagen de sus muertes volvería a inundar sus recuerdos tan claramente como la sonrisa de Lidy cuando mató a todas ellas.
-Esas perras no te merecen, Lincoln.
Lincoln cerró fuertemente sus ojos cuando sintió los brazos de Lidy rodeando su cuerpo desde el frente. Finalmente su respiración sobre su rostro mientras comenzaba a besar su frente y se abría paso a sus mejillas.
-Te amo, Lincoln.
Los dedos de Lidy acariciaron su cabeza mientras jugaban un poco con su pelo. Lincoln ya no se esforzó en retener sus lágrimas, aquellas palabras habían roto lo último de sus defensas. Ya no podía dejar de llorar. Su boca se abrió un poco, como tratando de decir algo con una voz que ya no sabía si alguna vez había existido.
-Shh. –El dedo de Lidy impidió que pudiera abrirla más. –Te amo, nunca dudes eso. Todo lo que quiero es que seas feliz, y estés a salvo. Pero ahora tienes que pelar. –Lidy puso un dedo en la barbilla de Lincoln y lo instó a levantar un poco la cabeza. Lincoln aun tenía sus ojos fuertemente cerrados. –Tienes que matarlo si quieres sobrevivir. –Aquellas siniestras palabras no parecían propias de una voz tan dulce. Lincoln sintió un suave beso en su mejilla y la voz de Lidy resonó por última vez en su oído. –Abre los ojos.
Y Lincoln los abrió.
Las luces rojas parecían encenderse y apagarse sin control alguno y con desesperación sobre su cabeza mientras que las rejas a ambos lados se abrían y se cerraban tan fuerte que dejaban salir un espantoso sonido. Pero todo eso era lo de menos, lo importante era el rostro del monstruo frente a él.
Lincoln vio fijamente los ojos del monstruo, pudo sentir su respiración caliente sobre su cara mientras la saliva chorreaba de aquella enorme boca de toro. Sus ojos brillaban de un rojo salvaje mientras lo miraban con locura. Mientras Lincoln se había quedado como una bola contra la pared, aquel monstruo lo había rodeado a ambos lados con sus brazos y lo miraba a sólo un centímetro de distancia.
Lincoln bajó un poco los ojos y vio la sangre que aun manchaba el hocico del monstruo. Aquella criatura sacó una enorme lengua teñida de rojo y lamió la nariz de Lincoln, lanzó un jadeo mientras levantaba un poco su cabeza y volvió a acercar su lengua contra él.
Entonces Lincoln la mordió.
Lincoln utilizó toda la fuerza de su mandíbula para mantener sujeta aquella legua mientras el monstruo gruía y movía su cabeza de un lado a otro. Lincoln sintió como sus dientes se aflojaban por los tirones de aquella cosa. El monstruo sujetó con fuerza la cabeza de Lincoln y comenzó a tirar de su cabello para que soltara su lengua. Lincoln pudo saborear el hierro que salía de la lengua del monstruo mientras lo mordía con fuerza. Aquella criatura lo golpeó con fuerza con su propia frente, pero Lincoln no cedió. El monstruo gritó mientras seguía moviendo su deforme cabeza de un lado a otro y finalmente cayó de espaldas, una gran cantidad de sangre salía de su boca mientras jadeaba.
Lincoln escupió un pequeño pedazo de carne roja machada con sangre aun lado. Sujetó fuertemente la pata de silla y se levantó apoyándose contra la pared. El monstruo dio una vuelta en el piso y comenzó a escupir sangre mientras gruñía.
Tan horrible como aquella noche. No, ahora era peor. Aquella noche Lincoln pudo ver al hombre que se ocultaba tras el casco adornado, pero ahora veía al monstruo que se ocultaba dentro de la carne. Ese casco no fue sino una mala representación de la criatura que se erguía frente a él.
El monstruo se paró en dos deformes pezuñas mientras gruñía y miraba a Lincoln con verdadero odio. La punta de su lengua había sido totalmente arrancada por esa brutal mordida y la sangre escapaba de su hocico cada vez que lo abría. Todo el miedo que Lincoln sintió la primera vez que lo vio regresó de un golpe, esta vez estaba frente a frente con el monstruo, sin ningún tipo de mascaras o protecciones. Pudo ver su enrome cuerpo decorado con imágenes de laberintos que no paraban de cambiar y combinarse, los seis pezones; dos de ellos arrancados y chorreantes de sangre. Los enormes brazos que casi parecían rozar el piso, y más que nada, la desfigurada cabeza de toro.
Pero esta vez Lincoln no se orinaría en los pantalones y dejaría que un golpe de suerte lo salvara, sería ilógico que algo como eso pudiera detener a un monstruo. Esta vez Lincoln tendría que pelear.
El monstruo se lanzó contra Lincoln con un horrendo mugido y extendió sus dos brazos contra él. Lincoln levantó la pata de silla y descargó un golpe lo más fuerte que pudo, pero el monstruo lo bloqueó con su enorme brazo y lo lanzó aun lado. El cuerpo de Lincoln pareció apunto de caer por el impacto, pero llevó su otra pierna detrás y recuperó el equilibrio. Trató de dar otro golpe al cuerpo, y el monstruo aprovechó ese momento para sujetar la pata de silla y quitársela de las manos con un fuerte tirón. Lincoln vio como la pata de silla se convertía en un hacha de doble filo chorreante de sangre. Pero en lugar de usarla, el monstruo la tiró aun lado y regresó a ser la pata de silla de siempre.
Lincoln retrocedió un paso mientras el monstruo lamía la sangre que caía de su boca con su lengua partida y miraba a Lincoln con un apetito voraz.
Ahora los dos estaban frente a frente, sin más armas que sus propios cuerpos: un monstruo y un niño herido y cansado. Una presa fácil para cualquier bestia de la purga. Y el monstruo lo sabía, se acercó a Lincoln con paso decidido, dispuesto a devolverle la mordida.
Pero si acorralas a una presa, hará lo único que puede hacer si quiere sobrevivir.
Lincoln se lanzó directamente sobre el monstruo y mordió su hombro con fuerza. El monstruo se movió aun lado y al otro para quitárselo de encima, parecía una repetición de sus movimientos anteriores, pero esta vez Lincoln mordía su brazo. Arrojó a Lincoln contra el piso con un fuerte empujón, esta vez una de las muelas de Lincoln salió volando, pero en parte se llevó parte de la carne del monstruo con él.
Lincoln volvió a escupir aquél líquido repleto de hierro con asco mientras retrocedía. El monstruo lo pisó fuertemente en el pecho con su pezuña. Lincoln creyó que algo tan grande y fuerte podría atravesar su pecho sin problemas y destrozar su corazón, pero sólo lo estaba reteniendo. Entonces sintió un gran dolor en la cara cuando el monstruo le lanzó un golpe con su mano izquierda, luego la derecha, y finalmente la izquierda otra vez. Un poco de la sangre que salió de la boca de Lincoln se pegó a su puño, el monstruo la lamió y levantó su cabeza mientras lanzaba un pequeño jadeo.
Lincoln trató de recordar parte de las lecciones de Lynn cuando un brabucón le tenía en esa posición. Realmente no recordaba que le enseñara nada útil a parte de un pie retorcido, pero era más fácil cuando era una práctica y no cuando trataban de matarlo. El cuerpo del minotauro era demasiado pesado y presionaba con demasiada fuerza para poder retorcer su pezuña. Cualquier movimiento de Lynn sería totalmente inútil contra él.
El monstro quitó la pezuña por si mismo y levantó a Lincoln del cuello con una fuerza tremenda. Entonces lo tiró contra la pared, Lincoln sintió como si sus pulmones escaparan de su boca cuando impactó y cayó al piso. Trató de levantarse en el mismo momento que el monstruo lo tomaba del cabello y comenzaba a arrastrarlo por el piso. Lincoln comenzó a golpear su muñeca con desesperación. El monstruo lo alejó de la pared y volvió a sujetarlo del cuello con ambas manos antes de levantarlo y arrojarlo contra el pasillo.
Lincoln se golpeó en la cabeza y tardó en orientarse donde era arriba y abajo. Agitó su cabeza para recuperar un poco de sentido. El monstruo frente a él se había distraído con la imagen de su propia lengua en el piso. Caminó con paso lento hacia ella y la levantó con cuidado. Comenzó a olfatearla y la lamió con cuidado. Levantó la cabeza en un jadeo y se la metió en la boca. Lincoln lo vio masticar aquella parte de su propia lengua con placer y aprovechó el momento para retroceder un poco.
Encontró la pata de silla un poco alejada de él. Se paró lo más rápido que el dolor se lo permitió y corrió hacia ella.
El monstruo lo vio y mugió con ira mientras lo embestía. Lincoln giró aun lado cuando se lanzó con todo su cuerpo sobre él. El monstruo lo miró directamente y Lincoln le dio un fuerte golpe directo al hocico. El minotauro agitó su cabeza por el golpe y extendió su enorme brazo y tomó a Lincoln de la camisa mientras lo acercaba hacia él para darle una mordida. Lincoln extendió sus dos brazos y lo empujó hacia atrás por el pecho. Aquel monstruo trató de levantarse y tirarse sobre Lincoln en ese momento, por lo que Lincoln le dio otro puñetazo y lo empujó lejos.
Podía sentir como la adrenalina corría por todo su cuerpo mientras el terror lo inundaba, y a la vez la furia por todo el daño que había recibido de aquella criatura frente a él. Lincoln enderezó su cuerpo y pudo levantarse un poco, utilizó toda la fuerza que pudo poner en sus piernas para lanzarse sobre el minotauro. Ahora era él quien estaba encima de ese enorme cuerpo. Lanzó dos golpes contra su hocico y un más contra la mejilla. De alguna forma había logrado encerrar uno de esos enormes brazos bajo su pierna, mientras que el otro se agitaba hacia arriba tratando de golpear a Lincoln.
Lincoln se detuvo y miró al monstruo a los ojos. Aquel monstruo le había traído una gran cantidad de pesadillas por casi un año, era la imagen que la mente de Lincoln creaba cada vez que Lincoln sentía terror. El monstruo que se come a los niños, realmente no importa si se portan bien o mal. Aquella criatura no pararía de comérselos.
Lincoln abrió la boca y le hincó los dientes directamente en el cuello. El minotauro lanzó un mugido que casi pudo ser un grito mientras golpeaba a Lincoln en la espalda con todas sus fuerzas y trataba de liberarse. Logró liberar su otro bazo en la desesperación y sujetó a Lincoln por los hombros mientras movía su cuerpo de forma incontrolable y trataba de quitárselo de encima.
Lincoln se aferró aun más fuerte de lo que se había aferrado a su lengua. Pudo sentir sus dientes desgarrando poco a poco el cuello del monstruo mientras aquella cosa trataba de quitárselo de encima. Lincoln cerró los ojos anegados de lágrimas de dolor y continuó mordiendo con todas sus fuerzas.
El monstruo mugió con más fuerza mientras gotas de sangre comenzaban a caer con fuerza de su cuello. La sangre aumentaba cada vez que tiraba de Lincoln hacia atrás. Finalmente Lincoln aprovechó aquellos empujes para tirar su cuerpo hacia atrás y comenzar a desgarrar el cuello de la criatura. La sangre comenzó a salir disparada de aquella herida en medio del cuello, y Lincoln tiró aun más fuerte. El sonido de la carne desprendiéndose del cuello del monstruo casi le recordó al sonido de la tela siendo desgarrada. Los esfuerzos del monstruo por quitárselo se volvían cada vez más desesperados y débiles.
Cunado el monstruo apenas podía luchar, Lincoln abrió la boca. La carne se negaba a desprenderse de sus dientes, así que la sujetó con una mano y se la desprendió por si mismo. Se levantó del cuerpo del monstruo y escupió aun lado para borrar el sabor de la carne de aquella criatura.
El monstruo estaba jadeando sin control mientras burbujas de sangre se formaban en grandes cantidades dentro de su herida abierta, la carne de su cuello había quedado colgando aun lado de aquella herida. El monstruo trató de tocarla y taparla con sus manos, pero al darse cuenta de que era inútil movió los brazos y las piernas con desesperación mientras intentaba buscar algo que pudiera ayudarlo.
Con unos últimos jadeos repletos de sangre, Lincoln vio como dejaba de moverse.
Se acercó a él y lo pateó un poco para asegurarse de que estuviera muerto. Los monstruos nunca morían, ellos se levantaban y te daban un último susto antes de matarte. Lincoln no quería eso, así que fue hacia la pata de silla y la sujetó fuertemente mientras comenzó a darle golpes a la cabeza deforme del minotauro.
Los golpes fueron tan duros que la pata de silla se partió por la mitad. La madera ya se había dañado desde antes por todos los golpes dados, no era extraño que finalmente hubiera cedido. También fue una llamada de atención para que Lincoln dejara de golpearlo. El rostro de toro ahora era un amasijo irreconocible de carne.
Lincoln tiró los restos de su pata de silla aun lado y continuó.
El monstruo estaba muerto.
Lincoln apenas podía sostenerse en pie. Todo su cuerpo le dolía, y aquellas luces rojas aumentaban su dolor de cabeza mientras cojeaba lastimosamente por los pasillos. Se tambaleó un poco antes de caer de rodillas, estuvo así un minuto, jadeando y tratando de recuperar aire, hasta que volvió a levantarse. Se limpió el sudor y las lágrimas del rostro con una manga ya manchada de sangre.
Todo su cuerpo estaba repleto de sangre.
Los restos de la sangre de los demonios que pudo encontrar. Aquellos torturadores silenciosos que lo atormentaban cada noche. Los monstruos reales que habían destruido su vida en una noche.
Pero no fueron todos.
Todavía había más.
Lincoln se apoyó en la pared mientras tosía y algo de vómito escapaba de su boca. Escupió algunos restos y se la limpió lo mejor que pudo. Su cuerpo estaba al límite. Era un milagro que hubiera aguantado tanto tiempo, su condición estaba lejos de ser tan buena como antes, y antes ni siquiera era atlético, era más un enclenque.
Apoyó su hombro contra la pared mientras cojeaba, su visión estaba comenzando a fallar. Y estaba sediento.
Cerró los ojos un momento mientras continuaba arrastrándose. Pudo escuchar como más puertas comenzaba a cerrarse a su alrededor mientras caminaba.
Estaba tan cansado.
Se había hartado de sentir miedo. Sólo quería un lugar para poder tener paz.
Lincoln se detuvo frente a una puerta, había algo en ella que le parecía familiar mientras la veía. Era diferente a todas las demás puertas del asilo. La tocó con su mano y pudo sentir la madera, era una sensación familiar que le trajo algo de calma.
-Abre la puerta.
Lincoln sujetó el picaporte fuertemente con su mano y empujó la puerta para abrirla. Lincoln se sintió desvanecerse y cayó de rodillas dentro de aquella habitación. Jadeó un poco y levantó la cabeza con algo de esfuerzo.
Todo se veía exactamente igual a como lo recordaba.
Podía ver la sala con el enorme sofá frente al televisor de pantalla grande, parecía que estaban dando una película de terror. Lincoln pudo ver un hombre desnudo y carente de genitales siendo golpeado sin piedad por una silla. Cerró los ojos y miró hacia otra parte. La cocina estaba vacía, no podía ver los restos de comida que siempre estaban tirados por ahí, eso era extraño en una familia tan grande como la suya. Sus hermanas no acostumbraban ser ordenadas.
Miró hacia atrás y pudo ver parte del frente. El aire frío entraba por la puerta y chocaba contra su cara mientras veía como mecía un poco las hojas del viejo árbol.
Lincoln levantó un poco su espalda mientras aun estaba de rodillas y miró la escalera. No creyó que pudiera subir por ellas, pero tampoco le incomodaría dormir en la entrada. No pensó que le importaría a nadie, de todas formas no parecía haber nadie en casa.
Una pequeña sombra sobre las escaleras le indicó lo contrario.
Lentamente Lincoln levantó su cabeza hacia la cima de las escaleras. Al llegar al origen de aquella sombra, sus ojos se abrieron enormemente.
La pequeña figura comenzó a descender por los escalones peldaño a peldaño mientras una sonrisa adornaba su rostro pecoso. Dio un pequeño salto desde el segundo escalón y su cola de caballo se levantó un poco antes de caer. Al estar frente a Lincoln se arregló un poco el cabello rubia y llevó ambas manos detrás de su espalda mientras su sonrisa crecía.
Los ojos de Lincoln comenzaron a soltar pequeñas lagrimas, ¿Pero de qué?
-Bienvenido a casa, hermano.
Aquella dulce niña lo saludó con verdadera alegría. Ella misma parecía apunto de llorar mientras miraba fijamente a Lincoln con ojos repletos de emociones. Lincoln la vio y supo que todo este tiempo había estado esperándolo. Encerrada en esa casa, contando los días, las horas, minutos y segundos por aquel momento. Se acercó a Lincoln lentamente y lo abrazó fuertemente pero con cuidado de no lastimarlo. Lincoln pudo sentir todo su calor recorriendo su cuerpo mientras aquella dulce niña lo abrazaba y finalmente comenzaba a besar su mejilla.
-He esperado tanto tiempo por este momento, Lincoln. –Dijo mientras algunas lágrimas escapaban de sus ojos. –El momento en que por fin volveríamos a estar juntos. –Acarició la mejilla de Lincoln mientras lo miraba a los ojos. –Por tanto tiempo esperé esto, hermano. –Unió sus labios a los de Lincoln en un beso carente de cualquier tipo de incitación romántica o sexual, y los mantuvo ahí por un tiempo que a Lincoln le pareció eterno. Finalmente se separó de él. –Lincoln.
Lincoln abrió la boca y la volvió a cerrar sin saber que hacer.
Había abierto la puerta. Había vuelto a caer y sin saberlo había abierto la puerta que no debía abrir.
Y ahí estaba ella.
Siempre había estado ahí.
Jamás se fue.
Y nunca lo haría.
Su mayor temor.
Su mayor deseó.
-…L-Li…dy.
NA: Estamos en la recta final sin contar el último interludio y un capitulo extra después del epílogo. Lincoln finalmente a llegado hasta Lidy. No pudo encontrar a los payasos ni a Matilde, pero siempre hay otra noche.
No haré comentarios sobre la sesión de Albert, creo que todos ustedes pueden sacar sus propias conclusiones.
Ahora toca Lidy, el ángel y demonio que vive en lo más profundo de Lincoln.
