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Quincuagésima primera sesión

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-¿Sabías que éste asilo fue construido para albergar a los niños victimas de la purga, Lincoln Loud?

Lincoln olvidó su odio por ese hombre por un segundo y lo miró fijamente antes de darse la vuelta y mirar al asilo detrás de él. Para Lincoln el lugar era una enorme casa de dos pisos y no demasiadas ventanas. Realmente no le agradaba verlo, sabía que había muchas más cosas de las que se podían ver a simple vista, pero todo lo que conocía era una cámara acolchada y un pequeño cuarto con un tubo algo oxidado que gorgoteaba antes de dejar salir chorros de agua caliente. Para Lincoln no era un buen lugar, pero era lo único que ahora conocía. Al recordar su casa, ya no la veía como su casa.

Parecía la casa de otro Lincoln Loud. Un Lincoln Loud que no sobrevivió a la purga.

-El gobierno construyó lugares así como un medio para ocuparse de los niños victimas de la purga. –Dejó salir una gran cantidad de humo de su boca. –Pero no era nada más que una forma para callar todas las quejas de los niños que sufren la purga cada año. Ya sabes, aquellos padres y familiares preocupados tenían que encerrarlos en alguna parte para no tener que ocuparse de ellos, ¿Quién quiere a un niño loco que maldiga en la mesa, se cague encima, o se masturbe analmente en medio de la sala? Y mucho menos a un esquizofrénico inestable que sufre de alucinaciones.

¿Se estaba buscando otro golpe acaso? En estos momentos Lincoln no tendría problemas para dárselo, pero quizás en esta ocasión realmente lograra ser encerrado en algún lugar oscuro y bajo tierra, con una puerta de metal y doce vueltas de llave.

-¿Hace cuanto que tus padres no te visitan, Lincoln Loud? Parecía una adorable pareja de mormones. ¿Qué habrá sido de ellos?

Lincoln no recordaba muy bien cuando fue la última vez que los vio. Albert a veces los mencionaba, por lo que seguramente seguían en contacto con él. Pero Lincoln apenas podía recordar alguna visita después de su cumpleaños. ¿Cuántas habían sido después de eso? No muchas, y todas parecían haberse acortado un poco más.

Eso estaba bien para Lincoln. Ya no podía soportar las risas falsas, o los supuestos castigos y planes vacacionales. Todas sus palabras se repetían como un video que terminaba para volver a iniciar la semana o el mes próximo. A veces Lincoln podía saber que palabras utilizaría su padre con sólo verlo pasar su mano por su boca, o notar lo nervioso que estaba ante todo el silencio. No se perdía las miradas que solía dar a su reloj, esperando que la hora terminara. Si querían irse entonces deberían hacerlo, a Lincoln no le importaba. Y sinceramente no podía seguir soportando los ojos de su madre mientras lo miraba.

Albert sacó su libreta azul y la ojeó un poco. –¿Qué recuerdas de tú hermana Luan?

Chistes malos.

Especialmente los de la primera semana de aquel mes. En concreto aquel chiste de la peste, ese fue el que más le dolió de todos. Después sólo podía recordar su indiferencia. Luan lo ignoraba, o simplemente salía del cuarto cuando se acercaba o trataba de hablarle. Era como si no pudiera soportar estar junto a él. Como si fuera alguna clase de enfermedad que tuviera que evitar a toda costa.

Luan lo trataba como se trataría a un marginado.

-¿Sabías que sus tetas crecieron bastante en este tiempo, Lincoln?

¿Sabía que era un imbécil? ¿Por qué demonios le interesarían las tetas de su hermana? Todo lo que le interesaba era disfrutar de la pequeña hora de libertad que tenía en el patio del asilo. Después de eso podría regresar a su celda a esperar su sopa con vegetales y un vaso de pastillas.

Lincoln miró a una gran ventana al frente del asilo, parecía dar a la sala de espera. No pudo ver claramente a las personas, pero estaba seguro de que no eran muchas: dos o tres. Una era una chica de cabello largo que parecía mirar fijamente al asilo principal. No le sorprendía, ese lugar era aterrador. Lincoln siempre trataba de no verlo cuando salía.

-¿Y Lynn?

Lincoln no quería pensar en ella. Para Lincoln, Lynn era más que una hermana; era su amiga. Lincoln la quería mucho, es por eso que siempre se esforzaba por ayudarla con sus practicas, aun contra su voluntad siempre terminaba apoyándola.

-Ella te traicionó.

La voz de Lidy resonó en sus oídos mientras recordaba todas las palabras y los abusos de Lynn después del video. Su forma de tratarlo había sido la peor de todas. Ella no perdía el tiempo para hacerle zancadillas o atacarlo con sus balones y pelotas, pero lo peor siempre fueron sus palabras, aquellos insultos y denigraciones que tanto lo afectaban. Lynn no conocía mucho de límites.

Realmente la quería.

-Pero ella no te quería a ti, Lincoln. Ella te trató como basura por un simple video escolar. Al final, no era más que un simple matón.

Lincoln ignoró la voz dentro de su cabeza y dejó de pensar en Lynn. Era un poco difícil tomando en cuenta que era su hermana favorita. Aun recordaba cuando solían compartir mantas cuando se escapaban por la noche para ver películas de terror, o cuando practicaba llaves de lucha amistosa con él cada vez que se asustaba con la película y no quería admitirlo. Lincoln podía decir que los dos tenían una relación muy buena con sólo recordar esos momentos, ¿Qué cambió? ¿Cómo un simple video de un día pudo cambiar tanto las cosas?

-¿Por qué no te enfadas, Lincoln Loud? –Albert sacó otro cigarrillo y lo encendió. –Deja salir tú rabia. Ella era tú hermana más cercana, una amiga, quizás tu primer amor infantil. El caso es que de un día para el otro te trata como basura por quien sabe que tontería infantil. Tienes derecho a estar enfadado. Siéntete libre de odiarla a ella más que al resto.

Lincoln no quería odiar a nadie. Todo lo contrario, le gustaría que todo volviera a ser normal. No pudo evitar sentir ganas de reír al pensar en eso, sabía que nada nunca volvería a ser normal.

-¿Qué te parece tu hermana Lily, Lincoln?

Lily. La pequeña y linda Lily. Lincoln la quería mucho. Esa pequeña bebé cuya única palabra que podía decir correctamente era po-po, al menos hasta que Lisa le enseñó a decir no po-po. No fue hasta ese momento que pensó que podrían enseñarle a Lily a odiarlo. Esa idea lo torturaba por dentro. Sentía miedo de pensar que Lily crecería para odiarlo sin ninguna razón, sólo por pensar que estaba bien. Pero ahora era diferente. Ahora crecería sin conocerlo. Lily seguramente ni siquiera lo recordaría. No sería más que una mancha en la familia, un hermanito loco encerrado en el asilo y que ella jamás mencionará por vergüenza.

Ya no valía la pena preocuparse por ella.

-Bueno, bueno. Parece que alguien quiere pasar de la juvenil a las mayores cuando sea grande. –Albert se rio mientras sacaba el cigarrillo de su boca. –Aunque tus padres comienzan a presionarme para que mejores, ¿Qué esperan que haga? ¿Que te abofetee hasta que te vuelvas un niñito precoz común y corriente?

Lincoln le dio una mirada en blanco, ¿Qué no lo había hecho hace poco? Todavía le dolían las mejillas al recordarlo. ¿Cómo había podido mantener el titulo hasta ahora? Lincoln ya no sabía cual de los dos era el verdadero demente.

-Ahora, ¿Cuándo comenzaste a sentirte atraído románticamente por tú hermana? –Sacó una libreta diferente mientras Lincoln se pasaba la mano por la frente. ¿Iban a repetir lo mismo? –No me mires así, se supone que debo reparar tú mente enferma y trastornada de todo daño. –Comenzó a repasar algunas notas y copias de fotografías. –Olvidemos eso de "supuesta" hermana, Lincoln. ¿Hace cuanto que se te levanta el pajarito al pensar en Lynn?

Lincoln suspiró.


Los brazos de Lidy lo rodeaban completamente en un abrazo repleto de cariño. Lidy había apoyado su barbilla sobre su cabeza y se mantenía callada. Las palabras no eran necesarias en ese momento. Todo lo que quería era abrazarlo por todo el tiempo que estuvieron separados.

Lincoln sintió su boca sumamente seca después de hablar. Hace un año que no dice una palabra, y su propia voz le había sonado fuera de tono y totalmente diferente. Trató de remojar un poco sus labios con su saliva, intentar decir algo, pero le fue imposible. Todo su cuerpo estaba rígido y se negaba a obedecerlo.

Lidy finalmente se separó un poco, pero sin soltarlo. Bajo su rostro hasta estar frente a frente con el de Lincoln y comenzó a acariciar su mejilla mientras lo miraba fijamente a los ojos. Por el rostro de la niña había lágrimas cayendo; lágrimas de felicidad por su reencuentro. Lincoln sintió un tipo similar de lágrimas corriendo por sus propias mejillas mientras la veía fijamente.

Lidy se acercó nuevamente y comenzó a besar las lágrimas que caían por su rostro. Aquella acción trajo los recuerdos de la última vez que Lidy había besado sus lágrimas. Lo recordaba claramente ahora. La casa, las habitaciones, los cuerpos…

¡Sus hermanas!

-¡NO!

Lincoln empujó a Lidy con todas sus fuerzas. Eso había estado cerca, por un momento se había perdido en el cariño y seguridad que Lidy le transmitía con su misma presencia. Lincoln utilizó la poca fuerza que le quedaba para ponerse de pie. Todo el dolor había regresado a su cuerpo cuando empujó a Lidy. Podía verla en el piso, su sonrisa no se había desprendido de su rostro mientras lo miraba.

Lincoln se tambaleó mientras trataba de alejarse de Lidy, todo su cuerpo parecía estar a punto de volver a caer al piso en el instante en que dio un paso atrás. No podía moverse mucho, y sus ojos no se desprendían de la imagen de Lidy. La pequeña niña se levantó con lentitud y sacudió un poco de polvo de su ropa. Finalmente puso sus manos detrás de su espalda y le sonrió a Lincoln mientras lo veía.

-A… a… –Tosió un poco mientras sus ojos se nublaban. –Aléjate. –Trató de sonar fuerte y exigente, pero en lugar de eso su propia voz le sonó lastimosa y desesperada.

Lidy no se movió, o alteró de alguna forma su expresión. Aun lo miraba con ojos brillantes y una sonrisa alegre y vivaz.

Lincoln perdió el equilibrio y cayó sobre una rodilla. Lidy trató de acercarse para ayudarlo, pero Lincoln levantó una mano y la detuvo.

-N-no. –Trató de decir. Su voz había cambiado un poco por el dolor en su garganta, pero estaba seguro de que parte de la culpa era por la pubertad. Le sonaba más como la voz de un desconocido que hablaba a través de su boca. –Déjame… en paz.

Lidy se quedó quieta con una expresión abatida mientras lo miraba tratar de levantarse. Lincoln se maldijo por haber hablado con ella, no tenía que hacerlo. Lidy no estaba ahí, ella no era real. No era más que el producto de su imaginación. Una guía creada por su cerebro para apoyarlo contra los horrores de la purga.

Y no tenía más lugar ahí.

-V-vete. ¡Vete! –Agitó su mano mientras trataba de mirarla fijamente. –N-no… lugar aquí. –Se remojó los labios mientras trataba de encontrar las palabras adecuadas. Había pasado tanto tiempo sin hablar que lo sentía como un idioma totalmente nuevo mientras se esforzaba por recordar las entonaciones correctas, incluso el movimiento de su lengua y sus labios parecía fallar mientras trataba de decir algo.

-Lincoln, yo siempre he estado aquí. –Lidy dio un paso al frente. –Estoy aquí para ti, porque te amo.

Aquellas palabras fueron tan afiladas como el filo de un cuchillo y se enterraron profundamente en su corazón. Lidy no lo amaba, porque ella no era real. Ella no era un ser real. Era simplemente una fantasía. Y una peligrosa para las personas a su alrededor.

-Ya no tienes que estar sólo nunca más, Lincoln. Porque yo estoy aquí para ti. –Lidy se acercó más. Su paso era delicado y suave, era como si estuviera flotando en lugar de caminar.

Lincoln se sentía destrozado y confundido. Una parte de él quería terminar con esto, aceptar el amor de Lidy y hundirse en sus brazos mientras lloraba por todo el dolo sufrido. Entonces Lidy lo abrazaría, lo besaría, le cantaría una linda canción y vivirían juntos en aquella hermosa casa. Estaría totalmente protegido de los peligros del mundo que lo esperaban afuera de esas cuatro paredes.

Pero no.

Lidy era peligrosa.

Y lo era por una razón.

-Ale-…jate… –Escupió aun lado, y pudo ver parte su vomito en aquella saliva. –…ellas.

Lidy se detuvo antes de tocar nuevamente el rostro de Lincoln. Su expresión perdió su sonrisa y sus ojos se oscurecieron después de escuchar las complicadas palabras de Lincoln.

-Jamás merecieron tú amor, Lincoln. ¿Crees que lo merecen ahora? –La voz de Lidy se volvió seria y peligrosa mientras las imágenes de todas sus hermanas parecían reflejarse en sus ojos. –Te humillaron, te golpearon, te denigraron, finalmente te abandonaron. Todo por un maldito video escolar. ¿Cuántas veces las apoyaste en sus estúpidos proyectos? ¿Cuántas veces te ofreciste como un maniquí humano o saco de boxeo? ¿Cuántas veces serviste como publico para sus estúpidas canciones o poesía barata? Dime Lincoln, cuando fue la última vez que ellas realmente se ocuparon de ti. ¿Cuándo te preguntaron como estuvo tú día o trataron de conocerte realmente? Jamás les importó. Y cuando por fin les toca a ellas sentir un poco de lo que tú sentías a diario, ¿Qué hacen? –La voz de Lidy pareció crecer hasta ser un grito que penetró fuertemente dentro del cráneo de Lincoln. Era doloroso. –Dejan salir su ira y frustración hacia aquella pequeña vida que deberían haber amado y protegido. Te torturan aunque supliques y llores y finalmente te abandonan para que mueras totalmente sólo.

-C-c…cá-llatate. –Lincoln trató de acallar la voz de Lidy, pero ella apenas parecía escucharlo. Se había perdido en la inmensa piscina oscura que era su interior. Lincoln pudo sentirlo en sus propias entrañas. Era una emoción que jamás pudo reconocer y que ahora estaba aumentando. No se detenía. Lincoln se sujetó fuertemente el estomago tratando de apresarla y devolverla al oscuro rincón de sus tripas, un lugar del que nunca tendría que haber salido. –…Detente.

-Pero no permitiré que vuelvan a lastimarte. Jamás lo hare. –Acarició el rostro de Lincoln con suavidad. Acercó su boca a la oreja de Lincoln mientras comenzaba a susurrar sus siniestras y a la vez amables palabras. –Me encargaré de que jamás vuelvan a tocarte, Lincoln.

Por la pantalla del televisor Lincoln pudo ver el cuerpo de Lori mutilado; el de Leni despellejado mientras aun estaba viva; a Luna con la mitad de su cabeza destrozada y un ojo colgante de su orbita; Luan con sus mejillas cortadas a cuchillo en una sonrisa sangrienta y grandes manos de espuma cocidas en su carne. Con las siguientes imágenes uno de los ojos de Lincoln comenzó nuevamente a lagrimear, en ellas se mostraba a Lynn colgando de ganchos y con sus extremidades colgantes mientras lanzaba gemidos y gorgoteos repletos de sangre, pudo ver otra imagen de Lidy cortándola lentamente a pedazos. La sonrisa de Lidy era calmada y feliz mientras serruchaba la pierna de Lynn. Y Lucy, lo que le estaba haciendo a Lucy no podía ponerle un nombre. Lidy metió sus manos dentro de la pequeña vagina de Lucy y la abrió bruscamente, aun con la falta de sonido Lincoln pudo imaginarse el grito de Lucy mientras la sangre comenzaba a salir de ella en grandes cantidades, entonces Lidy comenzó a meter la cadena de una bicicleta en su interior. Lincoln sintió muchas nauseas y trató de quitar la vista de la pantalla, pero le era imposible.

Lidy comenzó reanudó los besos a sus lágrimas mientras Lincoln veía como cortaba las muñecas de Lola y la retenía mientras la obligaba a ver como se desangraba, finalmente ponía la sangre dentro de una taza de té y forzaba a Lola a beberla. Lana estaba ahí, atrapada en la caja y viéndolo todo mientras luchaba desesperadamente por huir. Sus brazos estaban cortados y dejaban salir una gran cantidad de sangre que sus mascotas ya habían aprendido a disfrutar, más de una ya le estaba dando mordidas y las otras comenzaban a seguir su ejemplo.

-P-por… favor. –Lincoln rogó. Sabía que vendría ahora, lo sabía muy bien. Aun lo recordaba, y no quería llegar hasta ella. Aquella pequeña vida inocente que jamás fue responsable de nada y que Lidy castigó sólo para asegurarse de que jamás se acercara a él.

En la pantalla, Lisa estaba atada a una mesa y Lidy la forzaba a beber todos sus productos químicos. Una gran cantidad de humo salió disparado de la garganta de Lisa mientras se removía desesperadamente en busca de un escape. Entonces su estomago comenzaba a encogerse dentro de su polar y una gran cantidad de humo comenzaba a salir. Su polar finalmente se derretía del mismo modo que sus órganos y Lisa quedaba totalmente inmóvil con una expresión de dolor y sufrimiento sin igual.

-Ellas merecen tú odio, Lincoln. –Lidy lo besó el la frente. –Ninguna de ellas merecía un hermano como tú. –Lidy le sonrió mientras pegaba su frente a la suya. –Eras un niño dulce, amable, siempre te preocupabas por las personas a tu alrededor. –Lidy presionó los hombros de Lincoln con un poco de brusquedad, pero los aflojó en cuanto notó el daño que podría causarle. –Y mira lo que te han hecho. Por su culpa tienes que vivir encerrado en un asilo donde te forzaron a usar pañales los primeros dos meses, para finalmente tener que tocar la puerta tres veces si querías ir a un baño. –Lidy respiró hondo mientras lo miraba fijamente. –Y ese psiquiatra es un imbécil, no hay otra forma de describirlo.

No la había. Lincoln lo sabía de primera mano. Nunca dejaría de preguntarse como es que aun puede ejercer su oficio.

-Ya no las amas, ¿Eso no te dice nada Lincoln? –Lidy le habló con seriedad. –No lo niegues más, y déjalo salir.

Lo único que Lincoln dejó salir fue un golpe que le dio directamente en la mejilla a Lidy. ¿Qué quería que admitiera? ¿Qué odiaba a sus hermanas hasta el punto de quererlas muertas? ¿Qué todo lo que había visto en la pantalla eran sus propias fantasías siendo realizadas por Lidy? En la pantalla ahora podía ver y escuchar como el cuerpo de Lily lloraba y gritaba a todo lo que podía mientras Lidy le introducía un tubo profundamente por el recto. El estomago de Lily comenzó a hincharse de forma antinatural, y finalmente Lidy la abría felizmente con un bisturí. La mierda y desperdicios dentro de Lily comenzaron a salir por aquella abertura y a caer por sus cobijas mientras gritaba y lloraba la única palabra que podía decir correctamente: po-po.

Lincoln apartó la vista de aquella pantalla y volvió a mirar a Lidy con una mescla de asco y odio.

-Sí. Así es hermano, déjalo salir. Déjalo salir en mí si eso es lo que quieres. –Lidy se rio mientras sujetaba su mejilla. Entonces se paró y extendió sus brazos hacia Lincoln. –Vamos, deja que todo ese odio y furia salgan a flote. Admite lo que no quieres ver y grita sus nombres mientras lo haces. Ven a mi hermano.

No, no era nada de eso. Había algo mezclándose en sus entrañas, pero no era odio. No podía ser odio. Sus hermanas cometieron un error que le costó su vida, eso era todo. La bicicleta se rompió y terminó en la purga, eso era todo.

-Pero sin importar cual sea el caso. La única verdad es que no debiste haber estado ahí en primer lugar, Lincoln. –Lidy respondió leyendo su mente. –Jamás tendrían que haberte dejado en la entrada del bosque.

Lincoln cerró fuertemente sus puños. Eso era cierto, nunca tendría que haber estado ahí en primer lugar. Tendría que haberse quedado escondido bajo la cama, o en ático. Pero quería confiar en que cuando subieran las defensas, quizás podría hacer la paz con sus hermanas, de alguna forma. Nunca creyó que lo meterían por la fuerza en el auto familiar y lo dejarían varado.

¿Por qué tendría que creerlo? Ellas eran sus hermanas, y pese a la furia y el rechazo, ellas nunca…

-Lo hicieron, Lincoln. –Lidy se acercó. –Te abandonaron sin mirar atrás.

Lincoln le dio otro golpe directo en la cara. Lidy retrocedió, pero no cayó al piso. Se limpió un poco la nariz y volvió a sonreírle.

-S-suficiente. No… te escucharé más. –Respiró con dificultad mientras su boca y lengua volvían a acostumbrarse a las palabras.

-No puedes negarlo, Lincoln. –Tocó el pecho de Lincoln. –Recuerda, recuerda todo lo que hiciste por ellas hasta ese último mes. Recuerda todos los años que pasaron juntos, abrazados como familia mientras la purga parecía un mundo lejano. Recuerda cada caricia, cada beso y cada risa. Recuerdo todo eso… y luego recuerda como te dejaron por un simple video. Como si fuera la excusa suficiente para odiarte. Recuerda como todo ese amor que te brindaron quedó reducido a nada.

-¡¿Es que no entiendes que no quiero recordar?! –Lincoln le gritó. –¡No quiero recordar a mis hermanas ni en su mejor o peor momento! ¡No quiero recordar el pasado de ninguna forma! ¡No quiero revivir aquellos días donde todo eran sonrisas! ¡No quiero ni pensar en ese último mes! ¡Y no quiero recordar aquella noche! –Lincoln se quitó la mano de Lidy de encima. –No necesito recordar esas cosas. ¿Por qué debería hacerlo? Todo eso es parte del pasado, ya pasó. Finito. Caput. Se acabó. ¿Entiendes Lidy? –Lincoln se rascó el lugar del disparo. –¿Por qué todos me fuerzas a recordar ese día? ¿No podría simplemente olvidarlo? ¿No podríamos olvidarlo todo, Lidy? Ya estoy harto de eso.

Lidy lo miró con piedad mientras acariciaba los dedos que retenían su brazo. –Olvidarlo no va a liberarte, Lincoln. Todavía estas atrapado en aquella noche. Aun los escuchas, ¿Verdad? Cada noche te llaman, te reclaman. Desde esa noche te han perseguido, y te han forzado a refugiarte en tus pastillas. Eso no es el camino, tienes que enfrentarlos.

-Y-ya lo hice. ¡Ya lo hice! –Se separó nuevamente de Lidy. –Los encontré… ¡Los maté! –Sonrió un poco mientras una risa nerviosa salía de su boca. –Sí, los maté. Acabé con ellos. No con todos, pero si la mayoría. Matilde se me escapó, y no encontré a los payasos. Pero la mayoría están muertos… –Lincoln lo recordó. Sus enfrentamientos. Aquellos monstruos que lo buscaron durante tanto tiempo y por fin lo habían encontrado. Pero esta vez peleó. Peleó y ganó. –¿No podemos terminar con esto? No quiero seguir aquí. Por favor Lidy, detente.

-No son todos Lincoln, y ellos no son los monstruos a quienes tienes que enfrentarte. –Lidy volvió a acercarse. –Los verdaderos monstruos fueron los que te convirtieron en lo que eres, ellos se refugian bajo la piel de aquellas a las que llamaste hermanas.

-¡Basta! –Lincoln la tomó de los hombros. –No necesito más de esto, Lidy. Sólo quiero que termine. ¡Quiero que desaparezcas! ¡No te necesito! ¡No te quiero! ¿Entiendes Lidy? ¡No te quiero!

Lidy acarició su mejilla.

-Pero yo te amo, Lincoln.

Lincoln volvió a golpearla en la cara con ira. Lidy solo se rio mientras volvía a caer al piso y se quedaba ahí.

-Vamos, Lincoln. Sólo hazlo. Déjalo salir todo. –Extendió los brazos hacia él. –Sabes lo que quieres. Y sabes lo que sientes. Es momento de que dejes de negarlo y lo dejes salir totalmente.

Lincoln sólo la miró con odio. Aquella niña ni siquiera era real, y todas sus palabras estaban plagadas de un dulce veneno que intoxicaba su mente. Lincoln se acercó y le dio una patada en la cara. ¿Por qué no podía callarse? ¿Por qué no podía dejarlo sólo? Lidy nació en la purga, y era un recordatorio eterno de lo que allí vivió.

Se sentó sobre ella mientras la tomaba del cuello de su camisa y volvió a golpearla.

-Bien, Lincoln. –Lidy lamió parte de su mejilla golpeada. –Dime, ¿Cómo te sientes? ¿Qué sientes ahora? ¿Qué es lo que estas sacando de tu pecho?

-¡Cállate! –Lincoln volvió a golearla. Podía sentir las lágrimas cayendo nuevamente de sus ojos. Quería detenerse, dejar de golpearla. Ella sólo quería brindarle amor, pero su amor estaba podrido, y estaba cargado de los recuerdos de un pasado del que sólo quería deshacerse. Lincoln la miró directamente a los ojos mientras ponía sus manos por su cuello.

Lidy relamió sus labios mientras lo veía. –¿Qué deseas Lincoln? ¿Qué es lo que quieres ahora? ¿Qué es lo que tanto te fuerzas a mantener oculto? –Una de las manos de Lidy acarició su estomago y comenzó a bajar. –No lo contengas, y déjalo salir. ¿Qué es lo que buscas ahora? ¿Cuánto amor necesitas para sentirte bien? Deja que te lo entregue todo, Lincoln.

¿Por qué hacia eso? Era como si la personalidad de Lidy cambiara radicalmente de un momento a otro, pero sus palabras seguían siendo las mismas. La pantalla comenzó a mostrar las imágenes de todos los combates de Lincoln con sus monstruos. Lincoln los odiaba, y los hizo desaparecer. Todos ellos estaban muertos. Y los demás, quizás ni siquiera se encontrara con ellos.

Sintió algo muy extraño subir por su estomago y acumularse en su pecho, poco a poco recorrió todo su cuerpo y comenzó un acenso por su rostro hasta golpear fuertemente su cabeza. Pudo sentirlo en su lengua. No era nada que hubiera saboreado antes: era agrio y desagradable. No lo soportaba.

-¿Qué quieres, Lincoln? –El rostro de Lidy comenzó a alterarse y a tomar la forma de todas sus hermanas. Las vio a todas: Lori, Leni, Luna, Luan, Lynn, Lucy, Lana, Lola, Lisa y Lily. Todas ellas lo vieron fijamente antes de desaparecer lentamente y tomar la forma de Lidy.

Lincoln ya no aguantó más aquella cosa en su cuerpo, estaba apunto de explotar en su interior. No pudo aguantarlo más y gritó, gritó como nunca había gritado en su vida. Su cabeza se sentía a estallar, y la sangre comenzó a machar su cabello. Era como si hubiera vuelto a dispararse en la cabeza y todo su mundo se destrozara a su alrededor.

¿Lo quería? ¿Eso es lo que quería? ¿Quería que dejara salir aquella cosa oscura y desagradable de su interior? ¿Eso es lo que todos querían? ¿Por eso todos hacían tanto escandalo? Si lo querían entonces lo dejaría salir, dejaría salir aquello que tanto están buscando.

Lincoln golpeó a Lidy sin parar con sus puños directamente en la cara y en el pecho. ¿Por qué seguía sonriendo? ¿Por qué se reía?

-Sí, déjalo salir, Lincoln. –Lidy se rio. –Dime hermano, a quien estas lastimando ahora. ¿A quien quieres lastimar? ¿A quien odias?

-Te odio. Te odio a ti. Te odio a ti por todo. –Lincoln dijo mientras la golpeaba. –¿Por qué no puedes déjame en paz? ¿Por qué quieren que deje salir esta cosa? ¿Por qué quieren que la reconozca? Todo lo que quiero es un poco de paz. ¿Eso es mucho pedir? ¿Es mucho pedir que me dejen en paz, Lidy?

Lincoln la golpeó.

-¿Es mucho pedir que me perdonen por una simple estupidez de niño de once años? –La tomó del pecho de la camisa mientras levantó un poco su cara. –Sólo tenía once años, maldición. –Lincoln lloró y dejó de golpearla. –Yo… sólo quería ganar un premio, Lidy. –Su cuerpo se sintió sumamente flojo mientras soltaba el cuello de Lidy. –Quería ganar un premio. Una simple y pequeña medalla, aun si era el tercer lugar, me hubiera gustado tener algo en aquella repisa vacía.

Todas sus hermanas tenían trofeos y medallas que presumir por sus inigualables talentos. Pero él no. Lincoln jamás supo cual era su talento, o si tenía uno en realidad. Quizás, al final, no era más que un fracaso que no tenía nada que dar al mundo. Un simple niño mediocre que hubiera tenido una vida mediocre.

-Sólo quería una medalla… Fue por eso que publiqué el video. –Lincoln sorbió un poco sus mocos. –¿Por qué se enfadaron tanto? Ellas me habían hecho cosas peores en el pasado, todas abusaron de mí de alguna forma distinta y dolorosa. Ya sea siendo un simple reposapiés, o un muñeco de practica. –Hasta sus hermanas menores le habían perdido todo el respeto. –Y retiré el video… lo retiré y subí videos míos. Me humille ante la escuela y la ciudad por ellas. Traté de darlo todo para ganar su perdón. ¿Entonces por qué? Dímelo, Lidy. ¿Por qué?

-Porque eran unas perras, Lincoln. –Lidy dijo simplemente. –¿Una perra necesita razones para ser una perra? Todas ellas te trataron como basura desde que eras un niño, y tú creciste pensando que eso era lo correcto. Te maltrataron mientras te daban su falso amor. Un perro que es entrenado con "La rama y la zanahoria".

Aquella cosa desagradable pareció aumentar dentro de su estomago mientras escuchaba las palabras de Lidy. Aquella niña lo tomo del cuello con suavidad y tiró de el lentamente mientras acercaba su rostro al suyo.

-La zanahoria fue un abrazo o caricia cada vez que eras un buen perro obediente, pero la rama fueron insultos y golpes cuando no obedecías. Todas ellas creyeron haberte domesticado bien, hasta el día del concurso de video. Ese día su perro se reveló, por lo que tuvieron que aumentar el tamaño de la rama. Aquel día ellas demostraron cuanto valías realmente para ellas, Lincoln.

-¿No me… amán? –Lincoln dijo con suavidad. Nunca le gustó pensar en sus hermanas, porque jamás quiso pensar en aquellas palabras. –¿Sólo era… un perro? ¡¿Sólo era un perro para ellas?! –Lincoln tomó a Lidy del cuello de su camisa de la misma forma que ella sujetaba el suyo. –¡¿Dices que todo fue mentira?! ¿Todo lo que pasamos hasta ese día fue una simple mentira? ¡No te creo! ¡No puedo creerte! ¡Yo… yo las am- Las palabras de Lincoln se cortaron en ese momento. Se encontró incapaz de terminarlas. Todo lo que podía hacer era mover su boca de forma complicada mientras trataba de dejarlas salir. Su cabeza dolía sin control mientras aquellas palabras trataban de escaparse por sus labios. –Yo las am-

-Vamos, dilo. Di lo sientes por ellas, Lincoln.

-¡Cállate! –Lincoln la golpeó otra vez y se soltó de su agarre. –No sabes nada de mí. Mi mente te creó para guiarme, pero no eres parte de mí. Eres simplemente un remedo de lo que quedó de aquella puga. Un monstruo como lo fueron todos. Y yo los maté. Los maté, Lidy. ¿Crees que no puedo matarte a ti?

-Creo que no quieres hacerlo, Lincoln. –Lidy le sonrió con ternura. –Pero quieres lastimarme. Eres libre de hacerlo. Acepta lo que tienes en tu interior. –Se enderezó un poco y tomó a Lincoln del cuello bajo su nuca. –Dime que quieres que te entregue, Lincoln. Estoy aquí para ti, y no dejaré de amarte. –Acercó la cabeza de Lincoln y lo besó en la boca. Esta vez Lincoln pudo sentir la lengua de Lidy invadiéndolo. Fue diferente al beso que recibió de aquel castrado. Este beso estaba lleno de ternura y amor.

Cosas muy raras se mesclaban dentro de Lincoln. Algunas eran relajantes, pero otras eran desagradables. Se juntaban y separaban en un extraño y perturbador baile que no parecía tener fin. Algo pareció estallar en su cabeza nuevamente mientras escuchaba el sonido de la bala de salva que destrozaba su cráneo y lo transportaba nuevamente al perturbador mundo de Lidy.

Se quitó a Lidy de encima y la sujetó fuertemente por sus hombros mientras la retenía en el piso. Los ojos de Lidy estaban brillando con felicidad y su boca tenía una sonrisa muy grande. Lincoln sintió cosas muy extrañas mientras la vía. Era inútil saber que era aquella cosa que se revolvía en su interior, pero había algo más. Un cosquilleo que aumentaba mientras veía aquel rostro pecoso.

Las manos de Lidy acariciaron el pecho de Lincoln y bajaron hasta su cintura. Lincoln siguió su recorrido y vio algo que hasta ahora no había visto. Tenía una tienda de campaña en sus pantalones. Esa visión le trajo nauseas y malestar mientras lo veía. Quería soltar a Lidy, pero ella lo tomó de la camisa y lo atrajo salvajemente en otro beso que Lincoln no pudo interpretar.

Otra vez, la actitud de Lidy parecía cambiar nuevamente. ¿Por qué era eso? ¿Qué estaba buscando? ¿Por qué le hacia eso? A Lincoln no le gustaban aquellos cosquilleos que sentía dentro de sus pantalones, le daban asco y repugnancia. Le recordaban al cerdo, le recordaban a Mike. Le recordaban a las bestialidades que vio en la purga.

¿Por qué Lidy quería revivir algo que lo lastimaba? Ella lo amaba. Se supone que lo amaba. Se supone que era su hermana ideal. ¿Por qué le hacia esto? Lincoln se soltó de ella e hizo algo que no pudo entender; le quitó la camisa. Con más brusquedad de la que podía controlar apartó los brazos de Lidy y le quitó la camisa. La arrojó aun lado con violencia mientras miraba el cuerpo de Lidy.

Lidy tenía unas cuantas pecas que pasaban por su estomago y pecho. Sus pechos eran pequeños, pero algo abultados y con puntos rosados. Lincoln presionó uno con violencia mientras comenzaba a chupar y mordisquear el otro. Lidy lo tomo de la nuca y lo presionó más contra ella mientras lo hacia.

-¿Qué es lo que tanto… deseas Lincoln? ¿Qué es lo que hay dentro de tu pecho? ¿Qué sientes por… ah ellas? –Lincoln la mordió con fuerza en el pecho para callar aquellas palabras. ¿Por qué no se callaba de una vez? ¿Por qué tenía que recordarle todo eso? ¿Por qué se sentía así ahora?

Se separó de ella y comenzó a quitarse su propia camisa. Sentía que se asfixiaba en aquella ropa manchada de sangre y vomito. Lincoln la tiró aun lado y se quitó los pantalones. Hizo lo mismo con la falda de Lidy. Los dos quedaron en ropa interior mientras se veían. Lidy ni siquiera se resistió de ninguna forma, sólo lo vio mientras sonreía.

Lincoln la odiaba. Odiaba los ojos y la forma de Lidy. Aquella niña sólo sabía torturarlo con el pasado. Y ahora, por su culpa, estaba sintiendo una mescla de emociones desconocidas que lo matan por dentro mientras aquellos cosquilleos lo atormentan. Era lo que más odiaba, y Lidy extendía sus brazos para invitarlo a algo que lo había asqueado desde esa noche.

Lincoln pisó su pecho y la obligó a quedarse tirada en el piso. Tuvo un fuerte impulso por pisar su cuello y callarla para siempre, de esa forma podría volver a su vida común. Una vida repleta de pastillas y malas comidas. Pero también una vida donde no tendría que soportar aquella noche nunca más.

La pantalla del televisor no dejaba de mostrar imágenes de sus hermanas en sus mejores y peores momentos. La imagen comenzaba con un beso o un abrazo dado por alguna de ellas, sólo para terminar en gritos y golpes por razones tan absurdas que ya no podía recordar. Se sujetó la cabeza con fuerza mientras trataba de combatir los recuerdos.

Con violencia le quitó la ropa interior a Lidy. Cuando tuvo en sus manos aquellas bragas le trajeron una arcada que casi lo hicieron vomitar, se sentían algo flojas, como si el elástico estuviera roto. Los tiró aun lado con fuerza y terminaron en la sala.

-Déjalo salir todo. Sabes que es lo que quieres. –Lidy le dijo mientras dejaba al descubierto todo su cuerpo. –Sabes cuales son las palabras que quieren salir. Aquellas palabras han estado dentro de ti desde el principio, pero hasta ahora nunca te molestaste en hacerles caso.

-¡Basta! –Lincoln la pateó en la cara, ¿No podía callarse? ¿Tenía que seguir sonriendo incluso en esa posición? Lincoln se quitó la ropa interior y la tiró aun lado de una patada. –Tengo una erección, je. –No pudo evitar reírse, pero fue una risa vacía carente de cualquier tipo de emoción. Todo lo que podía sentir ahora era la decepción hacia su propia persona. Y algo incontrolable que luchaba por salir de él.

Se colocó con cuidado sobre Lidy mientras abría sus piernas y sujetaba su pene con suavidad. Con un poco de esfuerzo lo puso dentro de su vagina y lentamente empujó hacia adentro. Se sentía doloroso. ¿Cómo podía haberles gustado tanto a aquellos monstruos? ¿Cómo había personas que podrían matar por esto? Se sentía doloroso. A Lincoln le dolía mucho, y se sentía extraño. El interior de Lidy era caliente, y algo apretado, pero no se sentía bien.

Lidy lo tomó de los hombros y le sonrió mientras su rostro se sonrojaba y sus ojos brillaban con placer. Aquella chica ahora era diferente, nuevamente había cambiado a algo más. Algo que Lincoln despreciaba, pero a la vez añoraba. ¿Pero qué era?

-Dilo, hermano. Sólo dilo.

-Te odio. –Lincoln dijo suavemente mientras retrocedía un poco para sacar su pene de dentro de Lidy, pero en lugar de sacarlo volvió a meterlo otra vez y continuó empujando. –Te odio Lidy, eres el peor error que ha entrado en mi vida. Yo… yo realmente las quería. Eran importantes para mí, hubiera dado todo por ellas. ¡Todo! –Lincoln empujó con más fuerza y velocidad.

-Pero ellas…ah te… traicionaron. –Lidy jadeó por debajo de él. Los pequeños pechos de Lidy temblaban por cada empuje de Lincoln y su respiración de agitaba cada vez más fuerte. Tomó a Lincoln por detrás del cuello y lo atrajo hacia sí misma en un beso profundo.

-Creí que me amaban. Creí que era importante para ellas. Pero no fui más que un simple perro. –Lincoln lloró. –¿Por qué Lidy? ¿Cómo terminó todo así? ¡¿Cómo terminé así?! –Le gritó directo a la cara y comenzó a empujar con más fuerza. –Incluso… cuando me dejaron en la purga… quise creer que era importante para ellas, quise confiar en que fue un accidente. Nunca creí que… pudieran lastimarme.

-Pero lo hicieron… –Lidy lo dejó salir suavemente mientras encorvaba un poco su cuerpo. Lincoln sintió algo extrañamente cálido empujar un poco su pene y salir disparado alrededor, lo ignoró y continuó.

-¿Por qué me siento así, Lidy? ¿Por qué estoy asiendo esto? –Lincoln le preguntó mientras sujetaba fuertemente los hombros de Lody y reanudaba su empuje. –¿Por qué tengo que decirlo?

-Sólo así… serás libre. –Lidy jadeó con más fuerza mientras los empujes de Lincoln se hacían más violentos.

Lincoln se concentró fuertemente, tratando de encontrar aquellas palabras que todo el mundo buscaba. La verdad que había enterrado en su interior y se negaba a dejar salir. No estaban en su cabeza, sino en lo más profundo de su pecho. Ese era el origen de aquella masa oscura y desagradable que ahora recorría su cuerpo. Esas palabras habían crecido dentro de su interior y dejado escapar las cosas malas, todo para poder salir. Querían ser tan libres de Lincoln, como Lincoln librarse de ellas.

Lincoln comenzó a sentir que algo muy extraño se desarrollaba dentro de él. Su pene se sentía palpitante y algo luchaba por escapar de su interior, trató de impedirlo, pero era demasiado fuerte.

-¡Déjalo salir! –Lidy jadeó y gritó. –¡Déjalo salir dentro de mí, Lincoln! Libérate. Libertaré y dámelo.

Lincoln jadeó y sujetó a Lidy del cuello con fuerza para callarla. Comenzó a empujar con todas sus fuerzas mientras las palabras luchaban por salir.

-…Las odio. –Susurró. –Las odio. –Su voz fue ganando fuerza. –¡Las odio! –Finalmente gritó. –Las odio a todas, a todas ellas. ¿Por qué demonios tenían que dejarme en medio de la purga? Fue un maldito video escolar. ¡Un puto video escolar, maldición! Ni siquiera lo dejé en la red más de un día, los míos seguramente siguen en línea. Maldición. –Presionó más fuerte el cuello de Lidy mientras algo comenzaba salir disparado de su interior. Lincoln sintió aquella extraña y espesa cosa caliente escapar de su pene e introducirse dentro de Lidy.

Lidy lo aceptó todo. Aquella cosa que escapaba de dentro de Lincoln y se introducía dentro de ella. El odio puro que sentía por sus hermanas y tanto se había negado a aceptar. Ahora lo comprendía. Aquel sentimiento desconocido que jamás intento comprender realmente es, y siempre había sido, odio.

-Lidy.

-¿Si, Lincoln?

-Odio a mis hermanas, ¿Verdad?

-Sí.

No fue necesario decir nada más. Lincoln separó las manos del cuello de Lidy mientras retiraba el pene de su interior. Pudo ver como su semilla caía desde el interior de Lidy, era mucha. Había estado guardando grandes cantidades, y pudo sentir más de una descarga mientras estrangulaba a Lidy y la dejaba tener parte del odio que había guardado hacia sus hermanas.

Todavía podía sentir una gran cantidad de odio en su interior, pero ahora por fin lo aceptaba.

Por primera vez en mucho tiempo, Lincoln dejó de sentir dolor de cabeza. Se sentó junto al cuerpo desnudo de Lidy mientras respiraba con dificultad. Estaba hecho, había revelado aquello que tanto había guardado en su interior.

Lidy se sentó junto a él y lo abrazó con ternura mientras comenzaba a tararear aquella canción que no escuchaba en mucho tiempo.

-Ya era hora de que lo admitieras, Lincoln Loud.


Albert entró a la habitación donde se encontraba Lincoln totalmente desnudo. Lincoln pudo ver un cigarrillo en su boca y una pistola en su mano derecha, parecía tener un poco de sangre en su traje de pingüino. Pero no le puso mucha atención.

-En serio que eres un desastre, Lincoln. –Albert tiró el cigarrillo aun lado mientras recogía las ropas de Lincoln del piso. Levantó un par de bragas con el elástico roto. –¿Quieres un trofeo, Lincoln? –Lincoln desvió su mirada y abrazó sus rodillas. –Supongo que no. –Las tiró aun lado.

Albert continuó recogiendo la ropa de Lincoln antes de acercarse a él. –Vístete. –Le dijo simplemente mientras le tiraba la ropa encima. –Nos vamos ahora mismo de aquí. –Lincoln no protestó, ni nada. Albert lo ayudó a ponerse de pie y continuó vistiéndose solo.

Albert sacó otro cigarrillo y comenzó a fumar mientras Lincoln se vestía.

Miró el cuerpo de la chica en el piso. ¿Cómo era su nombre? Albert la había visto un par de veces por el asilo. Bien, no era importante. Aquella chica era la clásica chica violada y abusada desde pequeña, algo común y sin mucho interes para él. Parecía haber sido golpeada, y finalmente Lincoln la había estrangulado. Pudo ver las lágrimas que salían de aquellos ojos, pero no había signos de que hubiera intentado luchar.

Lincoln terminó de vestirse y se acercó a Albert.

-¿Un cigarrillo? Son buenos para después de follar. –Albert le tendió un cigarrillo a Lincoln. Lincoln lo vio fijamente y lo tomó con cuidado. Albert lo encendió y vio como Lincoln se lo llevaba a la boca. –Ahora intenta inhalar.

Lincoln lo hizo, y sintió como todo ese humo entraba en sus pulmones demasiado rápido. Tiro el cigarrillo y comenzó a toser sin control. Su garganta ya dolía desde antes, pero ahora sentía que realmente podría morir asfixiado.

-Te acostumbras. –Albert aspiró una gran cantidad de humo, la mantuvo en sus pulmones y finalmente la dejó escapar por su nariz.

Lincoln levantó el cigarrillo del suelo y se lo puso con cuidado en la boca mientras daba pequeñas bocanadas con dificultad. Se sentía realmente extraño tener tanto humo en su interior, y le era desagradable. ¿Cómo podían gustarles esas cosas a los adultos? También recordó a algunos niños en el patio de recreo que se escapaban para compartir un cigarrillo que alguno de ellos le sacara a sus padres. Jamás le encontró el gusto a aquellas cosas.

Junto a él Albert volvió a aspirar una gran cantidad de humo y lo dejó salir con aquella desagradable sonrisa.

Lincoln se sacó el cigarrillo de la boca y lo miró fijamente. –…No seas presumido.

Albert se rio mientras pasaba junto a Lincoln.

-Felicidades, Lincoln Loud. Has dado el siguiente paso.


NA: No creerán lo complicado que es escribir con una combinación de teclado y teclado virtual. La sensación es tan incomoda que no me quedé satisfecho con el capitulo. Creo que podría haber agregado más cosas y ser más descriptivo, pero nada. Lo mismo pasó cuando publiqué "Ellos". Fue una historia que había ido armando poco a poco mientras escribía las demás, pero cuando por fin la terminé, fue cuando mi teclado estaba así.

Bueno, lamento mucho si no lo di todo, pero como dije antes, es realmente una molestia ir combinado ambos teclados.

Las explicaciones se darán en el epilogo.

Nos leeremos no tan pronto como me gustaría, pero ahí vamos.