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Capitulo Extra

Lana

Lola se quitó toda la ropa y se metió a la reguera mientras dejaba correr el agua caliente. Se sentía tan cansada. Estos eran los momentos donde tendría que estar en la cama junto a su gemela, mientras Lincoln les lee alguna historia de sapos y princesa mientras la purga termina.

Lola dejó que el agua caliente recorriera su cuerpo, entonces cerró los ojos y levanto la cara hacia las gotas de agua.

Aquellas noches donde todos se abrazaban en la sala mirando películas y comiendo comida chatarra se acabaron hace un año. Simplemente dejaron de existir, y Lola sabía que jamás regresarían. Todo eso había acabado cuando Lincoln quedó atrapado en la purga de hace un año. Cuando ellas lo dejaron ahí.

El recuerdo de Lincoln gritando y lloriqueando aun la perseguía. Al principio se había sentido decepcionada e incluso asqueada por la forma en que su hermano mayor lloraba tanto por una noche tan simple. Sentía que cuando regresara no volvería a verlo de la misma forma, sino como un ser patético que se orinaba en los pantalones ante la mención de un simple nombre. Lola así lo había sentido.

Y entonces el sistema de seguridad se había activado y toda la casa fue aislada. Sólo eran ellas diez, y su hermano estaba afuera. En aquella noche que tanto temía.

Desde ese aquella noche todo había ido mal.

Lola quiso confiar en que Lincoln se encontraría bien, que se salvaría y volverían a ser una familia. Quizás la purga no era tan mala como siempre la hacían sonar, quizás había un poco de verdad en las palabras de Lucy, y Lincoln podría estar bien. Incluso había pensado en algunas formas de molestar a Lincoln por sus lloriqueos cuando regresara.

Pero nunca llegó.

Lola todavía se sentía enferma al recordar cuando recibieron aquella llamada del hospital. Todos habían salido inmediatamente en el auto familiar para asegurarse de que Lincoln estuviera bien, pero a excepción de Lori y sus padres, a ninguna se le permitió verlo. Cada minuto en aquel lugar que olía raro se le hizo una eternidad a Lola, más de una vez estuvo apunto de saltar sobre alguna enfermera en busca de respuestas. Pero Lana había sabido como contenerla.

Lana se había quedado junto a ella durante toda la semana que Lincoln estuvo desaparecido después de la purga, de no ser por ella no sabía que hubiera pasado.

Cuando sus padres regresaron se veían totalmente desechos, incluso Lori tenía la cara roja y manchada de lágrimas mientras se limpiaba lo mejor que podía con un pañuelo. Ella se había ido con las mayores mientras sus padres les daban la noticia que Lola tanto temía…

Lincoln estaba lastimado. Lola sintió un terrible dolor en el pecho cuando le dijeron eso entre lágrimas. Nunca antes se había sentido así, pero era desagradable y no le gustaba. Sintió fuertes ganas de llorar y se sujetó más fuerte a la mano de Lana mientras sus padres continuaban hablando.

A Lincoln le habían pasado cosas malas afuera, y tendría que quedarse en el hospital un tiempo antes de poder regresar a casa. Eso fue todo lo que les dijeron, pero lo hicieron mientras trataban de no llorar. Lincoln debía estar muy lastimado para que se sintieran así. Lola quiso verlo para desearle que se mejorara pronto, pero sus padres dijeron que aun no podía recibir visitas. Después de eso no pudo evitar ponerse a llorar en los brazos de su gemela hasta que estuvo tan cansada que no pudo hacer otra cosa que dormir.

Cuando despertó Lana estaba junto a ella, pero se veía diferente. Además de estar triste, se le veía preocupada y asustada. Supuso que era por el estado de Lincoln, pero después de ese día casi nunca la dejaba sola. Eso se convirtió en una rutina agotadora.

Creyó que cuando Lincoln sanara entonces todo estaría bien. Él regresaría a casa y volverían a ser una familia.

Pero no regresaría.

Sus padres le dijeron que algo malo había pasado, y que Lincoln parecía estar más lastimado de lo que pensaron antes. Poco después pasó algo en el hospital que mantuvo muy alteradas a sus hermanas. Lola nunca supo que pasó, pero incluso ella no se atrevió a mencionarlo.

Luego les dijeron que Lincoln sería mandado a un lugar donde pudieran curarlo. No iba a regresar a casa con ella, sino que se iba a un lugar muy lejos. La noticia trajo nuevamente aquel dolor desagradable, y una sensación de vacío interno que no pudo explicar. Nuevamente lloró junto a Lana como el día en que fueron al hospital.

Fue cuando notó que las cosas en su familia comenzaban a cambiar.

Cada una de sus hermana comenzó a comportarse de maneras muy diferentes: Lori se sujetaba fuertemente el estomago mientras no paraba de llorar; Leni se encerraba en su cuarto buscando palabras difíciles con su celular mientras lloraba, ni siquiera parecía seguir interesada en la moda; Luna casi nunca estaba en casa, y a veces regresaba oliendo feo y balbuceando un montón de cosas sin sentido; Luan ya no hacia ni un sólo chiste, incluso cambió su forma de vestirse; Lynn, bueno, ella comenzó a meterse en muchas peleas y regresaba a casa sucia y llena de moretones; Lucy, ella preguntaba por Lincoln, pero su forma de pensar sobre la purga hacían que a Lola le desagradara, y Lana no paraba de decirle que se alejara de ella. No era necesario que se lo dijera dos veces, a veces Lola sentía que podría golpearla de la misma forma que lo hizo Lynn; Lana, ella se había vuelto muy pegajosa, tanto que a Lola comenzaba realmente a molestarla. Y más ahora que parecía estar usando su maquillaje, e incluso llegó a ponerse su ropa. Pero lo más aterrador era despertar y encontrarla mirando su rostro fijamente mientras su ojo derecho temblaba un poco. A veces Lola sentía deseos de gritar muy fuerte cuando lo hacia.

También estaba Lisa, pero Lola apenas la recordaba. No la había visto desde hace un año, y se preguntaba si simplemente no se había mudado a otra parte con sus compañeros genios o algo así.

Y Lily ahora parecía estar bajo el cuidado de Leni.

Sí, las cosas en su casa habían cambiado mucho.

A veces Lola sentía que realmente las odiaba. No podía dejar de sentir una extraña rabia que no dejaba de aumentar cada día mientras veía como sus hermanas actuaban. Incluso Luna comenzaba a darle mucho asco. Todo lo que pudiera sentir por ellas cambió tan rápido que ni siquiera se había dado cuenta.

Apagó el agua de la regadera y salió de la ducha. Podía sentir el aire frío chocando contra su cuerpo mientras comenzaba a secarse con la toalla. Ya casi terminaba la noche, no faltaba mucho para que comenzara a sonar la bocina que podría fin a la purga. Ahora el baño parecía ser la única forma de poder estar sola. Lana casi nunca la dejaba sola. Al principio fue agradable tener a alguien con quien jugar a las princesas, pero con el tiempo Lana terminó por agotarla. Lola había llegado a temer despertar y encontrarla sentada en la mesa del té fingiendo ser un mayordomo o algo así. ¿No podía darle un respiro?

Ajustó la toalla alrededor de su cuerpo mientras suspiraba con molestia.

Realmente extrañaba mucho a Lincoln. Le había mandado muchas cartas y fotos lindas deseándole que se recuperara pronto, pero nunca recibió una respuesta. Lo peor vino cuando trató de ir a visitarlo junto a su familia: se había puesto su mejor vestido, se había maquillado con más esmero que cuando competía en los certámenes de belleza y había practicado su mejor sonrisa.

Pero nada de eso valía nada cuando Lincoln no quería verlas. Pudo sentir como su pequeño corazón se rompía a pedazos cuando aquella mujer vieja de detrás del vidrio les dijo que no aceptaba la visita. Las chicas habían comenzado a gritarle y a criticarla, pero Lola sólo pudo retroceder mientras comenzaba a llorar. Lana la había abrazado fuerte mientras iban a sentarse en la sala de espera, y unos minutos después ya estaban conduciendo a casa. El camino de regreso fue silencioso e incomodo, ninguna se atrevió a decir palabra alguna.

Fue desde es día que Lola estuvo segura. Lincoln las odiaba.

Y ni siquiera podía culparlo por odiarlas.

-Desearía no haber dado esa idea… –Murmuró con pesar. Ella nunca creyó que una simple idea en un momento de furia pudiera desencadenar tantos problemas. –Lo siento, Lincoln.

-Estoy cansada.

Lola se alteró un poco y la toalla casi cayó al piso mientras daba un pequeño salto. Estuvo apunto de resbalar y caer, pero se sujetó al lavamanos.

-Tan, tan cansada. –Lana se acercó a ella. La confusión de Lola se desvaneció como cualquier tipo de pregunta cuando la vio usando su ropa otra vez. Incluso parecía haber estado usando su maquillaje. Ya le había advertido que no quería que volviera a usarlo. –Tengo tanto sueño, Lola.

-¡Lana! ¡Ya te dije que no quier-

No terminó de hablar. Lana se adelantó y la sujetó de un hombro mientras tapaba su boca con la otra mano. Al estar frente a frente con los ojos de su gemela, Lola sintió un terrible miedo. Parecía haber algo diferente en los ojos de Lana, pero no podía reconocer que era.

-Durante tanto tiempo e estado siguiendo este juego. Esperando, protegiendo, confiando. Tenía la esperanza que cuando Lincoln regresara las cosas podrían ir bien, quizás incluso me ayudara a desenmascarar a Lucy. –Se rio de forma nerviosa mientras comenzaba a acariciar el hombro desnudo de Lola. –Pero Lincoln no regresó. Ella lo lastimó mucho y no regresó, Lola. ¿Puedes entender eso? Sé lo que pasó, pero no puedo decirlo. –Acercó más su rosto al de su gemela. –Por mí. No, lo siento. Por ti.

Lola no entendía que estaba pasando, trató de quitarse a Lana de encima, pero Lana la sujetó más fuerte mientras la tenía contra el lavamanos. Lola podía sentirla cerca de su nuca mientras Lana la presionaba más fuerte.

-Tengo tanta envidia, Lola. –Se rio otra vez mientras sus ojos subían y bajaban por su rostro. –Tú puedes dormir todas las noches. No tienes porque mantenerte despierta temblando mientras te preocupas por cada pequeño sonido en la ventilación, o tener miedo cada vez que te despiertas para encontrarla a ella viéndote dormir. Es tan molesto. Tan, pero tan molesto. ¡Y no aprecias nada! ¿Sabes cuantas cosas he hecho por ti, Lola? Te entregué un año entero. –El ojo derecho de Lana comenzó a temblar sin control mientras hablaba.

Lola comenzaba a asustarse mientras veía como la cabeza de su gemela parecía seguir a su ojo en sus temblores, y se aterró más cuando vio una pequeña gota de sangre escapando de su nariz.

-Estoy cansada, Lola. –Lana repitió, y se acercó más al oído de Lola. –¿Quieres saber un secreto? ¿Quieres saber como terminé así? ¿Quieres saber porque me pego tanto a ti mientras juegas tus tontos juegos de niña? ¿Quieres saber que le pasó a nuestro Lincoln? ¿Quieres saber quien lastimó a Lincoln, Lola? Sí, quieres.

Lola no podía entender que estaba diciendo Lana. Su agarre se había vuelto más fuerte mientras colocaba su boca contra su oído y comenzaba a presionar mientras trataba de hablar.

-Escucha, Lola. Mí querida, Lola. Mí amada princesa. Te voy a contar un secretito.


Lucy se revisó al espejo con molestia. Su nariz aun se sentía rara por el golpe que le dio Lana. Todavía no podía creer que Lana se hubiera atrevido a golpearla, no después de todo este tiempo. Quizás simplemente la atrapó en un mal día, pero eso no era excusa para golpearla. Se tocó la nariz y sintió un pequeño dolor mientras lo hacia.

No podía quejarse. No, las criaturas de la noche no sentían dolor. Y su bestia interna la protegía de todo daño que su yo físico pudiera tener. Y rugía por la venganza. Lucy había estado pensando alguna forma para devolverle el golpe a Lana. Tenía que enseñarle que no debía jugar con las fuerzas oscuras, mucho menos en una noche escogida sólo para ellas.

Desde que inició la purga había estado pensando una forma de aterrar a Lana. No iba a lastimarla, por supuesto, pero se encargaría de que no volviera a intentar siquiera pensar en lastimarla. Y de paso quizás pudiera verla temblar un poco como antes, eso sería divertido. Su bestia interior parecía compartir su pensamiento mientras trataban de pensar como asustarla.

Sea lo que sea, tenía que ser algo dentro de la purga. Tenía que pensar en algo que realmente pudiera aterrar a Lana. La única forma que se le ocurría para asustar verdaderamente a Lana, era acercarse de alguna forma a Lola. Pero incluso Lucy sabía como podía ponerse Lola si algo la molestaba, por lo que tenía que ser de alguna forma que sólo Lana pudiera entender.

¿Pero cómo? Lucy intentó buscar ayuda en los espíritus inquietos de aquella noche oscura. Alguno de ellos tenía que enviarle una respuesta. Y si era necesario, entonces lo convertiría en una orden. Su bestia estaba hambrienta y harta de ser retenida, cualquier espíritu se doblegaría ante ella.

Se concentró en su oscuridad y se vio a si misma bañada en la oscuridad mientras una bestia enorme y negra la rodeaba y rugía al cielo. Sí, así de grande era el monstruo que crecía en su interior. ¿Es que su familia no podía verlo? Tenía que salir en esta noche, o podría ser peligroso para toda la casa.

Hasta ahora había podido retenerla, pero no sabía cuanto tiempo más podría.

Toda su fantasía se acabó cuando la puerta de su habitación fue goleada de forma brutal desde afuera. Por primera vez fue Lucy la que saltó en su lugar mientras sentía esa descarga de miedo momentáneo que tanto disfrutaba en causar a los demás.

-¿Qué?

La puerta se abrió fuertemente con el segundo golpe y una chica en toalla entró con el fuego de la furia ardiendo en sus ojos.

Lucy se quedó tan confundida que no supo muy bien que estaba pasando, o de quien se trataba. -¿Lana? –Se aventuró aun confundida por lo que había pasado.

La chica estrechó sus ojos mientras miraba alrededor de la habitación. Cada vez que su vista se posaba en alguno de los artículos de Lucy, aquel fuego parecía crecer.

Lucy agitó su cabeza para recuperarse y regresó a su expresión seria. –¿Quién te crees al entrar de esta forma a mis aposentos, Lana? –Lucy trató de sonar amenazadora. –Debería-

-¡Tú! ¡Maldita perra! ¡Mal nacida! ¡HIJA DE PUTA! –Gritó mientras entraba a la habitación.

Lucy se quedó en blanco y con la boca abierta mientras la veía. –Ow.

-Lana me acaba de contar absolutamente todo, maldita Lucy. –Lola comenzó a acercarse más a la chica gótica.

-N-no sé de qué me hablas. –Lucy pareció perder todo su valor mientras Lola se acercaba hasta ella. Hacía tiempo que había dejado de temer que Lana pudiera decir cualquier cosa de lo que realmente había pasado aquella noche, y no creyó que alguien fuera a creerle ahora. Tenía esperanzas de que todo quedara en el pasado, un pasado que se olvidaría cuando Lincoln regresara con un nuevo hombre. –Yo sólo-

-¡Cállate perra! –Lola le dio una fuerte bofetada. Lucy casi cayó al piso por el golpe y tuvo que retroceder mientras se sujetaba la mejilla. Podía sentir como la mejilla le ardía mientras miraba a Lola. –Lincoln está herido por tú culpa. ¡Lincoln nos odia por tú culpa, Lucy! ¡Te voy a matar, maldita perra!

-No.

Una voz idéntica sonó desde la puerta.

Aquella imagen dejó desconcertada a Lucy. Por un segundo toda la escena de antes pareció borrarse mientras veía a Lola entrar por la puerta. ¿Entonces la que la golpeó fue Lana? No iba a negar su confusión por lo que estaba frente a ella.

Lola o Lana entró a la habitación moviendo sus caderas en un elegante paso, tenía puesto su vestido rosa y su rostro estaba tan maquillado que casi parecía brillar en la oscuridad que era el cuarto de Lucy.

-Lana. –Lola la llamó. –Tenemos que hacerla pagar por lo que hizo. Por lo que te hizo.

-Ella va a pagar, Lola. –Lana se detuvo frente a su gemela y le sonrió con dulzura. –Por culpa de Lucy las cosas terminaron así. Ella es la mala aquí. El cáncer de esta familia, y va a ser extirpado. –Aquellas palabras no parecían propias de Lana, y Lucy comenzaba a sentirse un poco incomoda por lo que estaba escuchando.

Parece que Lana le había dicho la verdad a Lola, y Lola le había creído. Tenía sentido, ¿Por qué no creerle a su gemela? Lucy lo había esperado, y ya tenía una historia lista para esto, pero era como si su cabeza se hubiera quedado totalmente en vacía mientras miraba a las dos chicas exactamente iguales.

-Sí. Lo hará. –Lola estuvo de acuerdo. –Se lo diremos a mamá y papá, y a las chicas. –Le sonrió cruelmente a Lucy. –Entonces te echaran de casa, y Lincoln va a regresar. –Las palabras de Lola parecían muy seguras.

Lucy comenzó a sentirse un poco nerviosa mientras miraba la seguridad en las palabras de Lola. –N-nadie va a creer-

-Ahórrate esa basura, Lucy. –Lana le contestó sin verla. –Dentro de poco, ni importará lo que tengas que decir. –La miró fijamente y Lucy vio como su ojo comenzaba a temblar y un hilillo de sangre salía de su nariz.

-Tenemos que decirles a todos, Lana. –Lucy sintió un terrible pánico mientras la veía caminar hacia la puerta de la habitación. Por un segundo se imaginó a si misma frente a sus hermanas después de que las gemelas contaran la verdad, pudo ver la furia en los ojos de todos ellos, y a Luna llorando y confesando mientras se disculpaba por todo. ¿Realmente le creerían? No es como si realmente hubiera querido lastimar a Lincoln.

-No. –Pero Lana la sujetó del brazo y la detuvo.

-¿Lana? ¿Qué haces? Tenemos que decirlo.

-Estoy cansada, Lola. Muy, muy cansada. –Se rio un poco mientras su cabeza volvía a temblar. –No sabes lo cansada que estoy, a veces me cuesta saber si estoy despierta o dormida, y el dolor de cabeza no me deja pensar. Mi cuerpo se mueve, pero mi cabeza se siente paralizada. Siento una terrible molestia, pero mi cuerpo continua. A continuado durante todo un año. Y el miedo no me dejaba parar. –Se rio un poco más fuerte, pero esa risa casi pareció un lamento. –Lo he hecho todo por ti, Lola. Para que pudieras continuar con tu vida. Quería que estuvieras a salvo. Quería que fueras feliz. Feliz en la ignorancia. –Presionó más fuerte el brazo de Lola mientras hablaba. –Feliz en la estupidez.

Lola se sintió molesta por aquellas palabras, pero también sentía lastima por su gemela. Lana le había contado como Lucy la había amenazado con lastimarla sino cerraba la boca, o como la había estado aterrando durante todo un año. Todo el daño que había visto en Lana en todo este tiempo fue por culpa de Lucy. Maldición, todo lo malo en la casa había sido obra de Lucy. Aquella perra gótica les había quitado a Lincoln y las había condenado a todo esto.

-Lana, escucha…

-Quizás Lincoln siempre nos odió. –Lana dijo por fin.

Tanto Lucy y Lola detuvieron sus pensamientos mientras la escuchaban. Ahora la voz de Lana se escuchaba terriblemente cansada y deprimida.

-Lincoln terminó sólo en la purga por un video que realmente no me interesó desde un principio, sólo te seguía la corriente Lola. –Acercó un poco a Lola a su cuerpo y soltó su brazo. –¿Era justo? ¿Un mes de tortura y luego la purga? No. ¿Y de quien fue la idea, Lola? Dime, quien dijo aquellas palabras que terminaron en un plan para echar a Lincoln a la purga.

Lola retrocedió y desvió la vista, parecía estar apunto de llorar.

Lucy intentó decir algo para recobrar el control de la situación, pero cuando dio un paso al frente y trato de decir algo, Lana se paró frente a ella y le dio una patada en el estómago que la tiró al piso.

-¡Quédate callada, Lucy! –Lana le gritó mientras frotaba un poco sus manos y movía su cabeza entre ella y Lola. –Todavía no termino. Aun no. Sí, todavía no puedo dormir. –Dijo mientras recuperaba un poco más de su control. Se limpió otro hilo de sangre que caía por su nariz y volvió hasta Lola.

-Lola. Te amo. Te quiero. Eres mí hermana favorita. Eres lo más importante de mi vida. Incluso te entregué un año de mi vida, aun cuando no lo sabías. –Tapó la boca de Lola con una mano antes de que pudiera decir nada más. Lola trató de quitársela, pero el agarre era terriblemente fuerte. –Pero estoy más que cansada de todo esto, Lola. –Lana le gritó a la cara. –¡Estoy cansada de esta vida! ¡Estoy cansada de fingir que todo está bien! ¡Estoy cansada de fingir que las cosas mejoraran! ¡Nada va a mejorar! ¡Nada! –Comenzó a mover la cabeza de Lola hacia atrás y hacia adelante. El movimiento fue tan salvaje que la toalla que cubría el cuerpo desnudo de Lola cayó al piso. Lola intentó cubrirse con sus manos, pero el dolor en su boca fue más fuerte y decidió antes quitarse a Lana de encima.

Lucy sólo se quedó viendo a las dos desde el piso, aun tenía problemas para entender que estaba pasando. Toda la situación la tenia totalmente confundida. ¿Qué estaba haciendo Lana?

-Pero más que nada… –El rostro de Lana se volvió lastimoso, y algunas lágrimas comenzaron a caer. –…Estoy harta de ser Lana. –Dijo entre llantos. –Ya no puedo más hermanita. No puedo soportar más esto. Me duele mucho la cabeza. –Se rompió en un pequeño llanto. –Me duele la cabeza, y mi ojo se siente raro. Cada vez que me sangra la nariz siento como si algo se hubiera roto dentro de mi cabecita y me siento enferma. ¿Por qué tengo que sentirme así, Lola? Sólo quiero dormir. –Miró a Lucy. –Pero ella no me deja. –Luego volvió a ver a Lola. –Tú no me dejas. Te amo tanto que simplemente no puedo dejarte sola. ¿Por qué no lo entendiste? ¿Por qué no lo entiendes?

El llanto de Lana comenzó a crecer en la habitación mientras su agarre en la boca de Lola se aflojaba y caía al piso.

Lola la vio con tristeza. Las cosas para Lana debieron ser aun más difíciles que para ella. Debería haberlo visto. Ellas eran gemelas, debería haber entendido que algo malo estaba pasando con Lana.

-Lana- Ah.

Sintió algo extraño en su costado. Era un dolor agudo que parecía estar entrando en su interior. No pudo darle un sentido hasta que miró hacia abajo y vio que algo plástico estaba contra el costado de su estomago. Parecía el mango de uno de los destornilladores de Lana, ¿Por qué lo estaba apoyando contra ella?

-Así que… ¿Me lo podrías dar, Lola? –Lana le sonrió lo mejor que pudo. –¿Me podrías dar tu vida? –Giró el destornillador y trató de empujarlo aun más adentro mientras lo retorcía, pero ya no podría enterrarse más fuerte. –Sólo quiero dormir un poco. –Lo retiró con un fuerte tirón y un gran chorro de sangre manchó su vestido.

Por un segundo las dos se vieron directo a los ojos, entonces Lola sintió su mundo temblar y cayó al piso.

Lana limpió el destornillador con su vestido y se inclinó junto a Lola. Presionó la herida con una mano, luego la otra. Podía sentir las lágrimas crecer mientras veía como Lola dejaba salir pequeños sonidos de dolor y su respiración se agitaba.

-Le diré a Lincoln que lo amas. –La besó en la mejilla y se levantó.

Lucy estaba totalmente en shock por lo que acababa de ver. Podía ver como Lola estaba desnuda en el piso, con una herida profunda que no dejaba de sangrar. Las lágrimas comenzaron a caer del lindo rostro de la niña mientras trataba de presionar la herida y miraba a su hermana gemela con incredulidad.

-¿Q-qué? ¿Ah? ¿Lana? ¿Por qué? –Lola trató de decir algo mientras movía su cabeza de un lado al otro, como si de esa forma fuera a encontrar algo que pudiera ayudarla. –Yo… ¿Ah? No… No quiero… ¡Me duele! ¡Duele! –Su rostro se arrugó mientras comenzaba a llorar en el piso. –¡Me duele Lana! ¡Me duele mucho! ¡Ahhh!

-Sí. Duele mucho. –Arrojó el destornillador hacia Lucy.

La chica gótica sintió el arma del crimen chochar contra su cuerpo y retrocedió mientras lo golpeaba aun lado. De Lola, pasó a mirar a Lana. Lana tenía una extraña mueca entre llanto y sonrisa, era una mueca deforme que la asustaba.

-A-Ayuda… –Murmuró Lana. –Ayuda. –Trató de decirlo un poco más fuerte, pero su voz falló y terminó tosiendo un poco. Tomó aire y lo intentó con más fuerza. –¡AYUDA! –Esta vez el grito fue perfecto. –¡Alguien ayúdeme! –Salió corriendo de la habitación.

-La atacó. La atacó. –Comenzó a gritar mientras corría por los pasillos y bajaba las escaleras. –¡Lucy atacó a Lana! ¡Lucy lastimó a Lana! –Las lágrimas no dejaban de caer por su rostro mientras lo decía. –La lastimó. Hay mucha sangre.

-¿Lola? ¿Qué pasó?

Lana extendió sus manos y le enseñó su vestido manchado de sangre a Luan. –Lucy… ¡Lastimó a Lana! –Comenzó a llorar.

Luan al principio no parecía poder creer lo que escuchaba, pero la sangre hizo lo suyo. Su rostro adoptó una expresión de horror y corrió rápidamente hacia las escaleras.

-¡Está en el cuarto de Lincoln! –Lana gritó desde abajo. –¡El de Lucy! –Se corrigió. –¡Ayúdala, por favor!

-Lola. ¿Qué pasó? –Leni entró rápidamente junto a sus padres.

Lana se arrojó a sus brazos sin decir palabra y comenzó a llorar con más fuerza.

Las lágrimas eran reales. ¿Por qué no serlo? Acababa de perder a su gemela. Nadie podría salvarla. Nadie.

Los gritos ya comenzaban a escucharse arriba mientras sus padres comenzaban a correr hacia las escaleras.

Ahora todo terminaría.

Lucy podría intentar hablar, pero no le serviría de nada.

Después de todo, ¿A quién iban a creerle?


NA: Este es el fin de Asylum. Ahora ya saben la verdad de aquella noche, y seguramente no volverán a ver a "Lola" con los mismos ojos en el epílogo.

Gracias por todo el apoyo y sus comentarios, me han ayudado mucho a lo largo de esta historia.

La historia continúa en La Purga Loud: Sueños Rotos.