Capítulo I Temporada de frio

Ya han pasado más de cinco años desde la muerte de sus padres y aun con la vieja tradición que respetaba como un más que intimo credo se disponía a aceptar lo que le aguardaba, así de este modo el joven impulsivo Madox disponía a moverse de domicilio, ya que sus tíos Bonnet y Sophia, renegaban mucho sobre su carácter reservado y lleno de ira de esta forma, lo enviaron con unas personas, que teniendo el antecedente de ser solo amigos y vecinos de los padres de Madox se dispondrían a cuidarlo.

Después de unos meses en la costa, en una pequeña cabaña con techo de palma y escases de recursos y de situación realmente peligrosa ya que seguido se infiltraba uno que otro alacrán o serpiente venenosa, Madox se había adaptado, realmente todo el tiempo se la pasaba sumido en lectura clásica y en solitario planeando sus acciones, sin embargo aquellas personas que lo "cuidaban" siempre se encontraban fueras y lo dejaban a la atención de una adolescente de aproximadamente veinte años llamada Samanta que aunque era paciente y comprensiva Madox le tomaba poca importancia.

Llegaba el momento de pasar a la escuela secundaria y Samanta hizo todo lo que estuvo en sus manos para poder inscribir al joven Madox en una institución cercana.

Así llegaba el primer día y le habían asignado el turno de la mañana y el grupo IIID, sin embargo si algo odiaba más que los días de calor eran las mañanas, ya que no le alcanzaba el tiempo siquiera de respirar y con obstinación y autorreflexión se dispuso a aceptarlo.

Llegaba a la clásica formación de primer año, en donde presentaban a todos los grupos en el patio principal de la institución, así pasaron los primeros cuarenta minutos de clases y otros cincuenta dentro del aula obligados por los maestros a presentarse los unos con los otros.

Dentro de receso se dispuso a disfrutar de su libro favorito en ese entonces La Divina Comedia de Dante Alighieri ya que no concordaba con ninguno de los compañeros de su clase así de esta forma Madox vivía en un exilio permanente.

Tocaban las campanas de término de descanso y Madox de camino a su salón recordaba lo que le había dicho una prima de su padre de origen mulato en el funeral:

-Hijo, tú tienes alma de viejo y por desgracia nunca te llevaras bien con las personas de tu misma edad puedes tomarlo como una bendición o como una maldición pero esta hecho y tus padres nunca hubieran pensado que fueras así.

Con esas palabras grabadas en la mente de Madox se disponía a sentarse en su respectivo lugar, cuando de repente llegaba el clásico puberto prepotente y no buscaba nada más que problemas, así Madox no respondió siquiera a las provocaciones verbales hasta que este sujeto invadió su espacio vital ahí fue cuando el joven Madox apelo a sus provocaciones preparándose para pelear.