Capítulo VI Tiempos de cambio.
Después dela novena hora de la mañana llamaron como ya era costumbre al joven Madox a desayunar y llegando por el mismo corredor se dispuso sentarse, automáticamente Isabela le sonrió con agrado.
Transcurría el dicho evento y nadie se atrevió a cruzar palabra con los demás a excepción de algunas miradillas de Isabela al joven.
Después del término de la misma, el joven se dispuso a recorrer los jardines del patio trasero, entonces se encontró con un enorme laberinto de arbustos cuanto menos de dos metros de alto y cuando se disponía a adentrarse Isabela lo interrumpió.
-Cada vez que necesito relajarme entro hasta lo más profundo del laberinto.
Madox moviendo la cabeza exclamó:
-Pues tengo curiosidad, ¿Puedes mostrarme el camino?
A lo que Isabela respondió con una sonrisa.
De tal manera pasaron la mayor parte de la mañana recorriendo tranquilamente cada pasadizo del tan monumental laberinto, disfrutando de la compañía mutua y entre cada plática entrecortada que formaban llegaron las primeras horas de la tarde que terminado el recorrido repentinamente uno delos sirvientes llamo a la joven.
De esta manera Madox se dispuso a seguir curioseando por el amplio paisaje que tenía a su alcance durante el trayecto, se encontró con una banca a lado de un pequeño jardín de tulipanes, que en cuanto vio la banca ornamentada se dispuso a sentarse y meditar.
Aun con tanto que le había aclarado Isabela, Madox se sentía intranquilo sin embargo, tenía que esperar a que sus heridas pararan de sangrar.
Pasaron más de dos meses y vaya que lo que quedaba de la familia "Ponce de León" era muy cálida, pero sus heridas terminaban de sanar ahí es cuando se dio cuenta de que ya era hora de partir.
Durante ese tiempo, entre Isabela y Madox yacía una extraña chispa más allá del agrado pero para su desgracia solo se mantenía en secreto.
Llegaba un lunes por la mañana y durante el almuerzo, Madox les hizo saber la noticia:
El joven partía esa misma tarde a lo que Isabela no le alegro en nada.
Pasaban de las tres y media de la tarde y Madox bajo por las escaleras sin antes despedirse de tan atentas personas que lo habían auxiliado.
El joven cruzaba el umbral de la puerta principal cuando de repente se escuchó detrás de él, un estruendo aparatoso, era Isabela que había caído al suelo, Madox se precipito a auxiliar a la joven desfallecida a lo que, Marianne quedo estupefacta y sin reacción alguna por unos segundos, Madox cargo a Isabela hasta su habitación mientras le gritaba a Marianne que llamara a un médico.
Marianne inmediatamente obedeció a la orden ya la llegada del mismo empezó un silencio de incertidumbre afuera de la habitación de la joven, mientras el medico daba su veredicto
Después de una larga espera, el medico salió de la habitación de la joven y con postura firme observo a Marianne que después de una pausa suspensiva el medico refiriéndose a la preocupada señora dijo:
-Por desgracia su hija padece una enfermedad denominada "Anemia degenerativa".
Y en tono aún más serio repuso:
-La única forma de que se pueda alargar su longevidad es con transfusiones de sangre cada mes, aun así no le aseguro nada, entonces el medico se retiró al instante.
Poco después de escuchar la noticia Madox se tornó serio y con decisión se dispuso a cuidar a Isabela toda la noche.
Al día siguiente Isabela se despertó con la entrada del primer rayo de luz en la habitación y con un tono de voz tenue enuncio:
-Madox ¿Eres tú?
A lo que el joven con su rostro desmejorado y frio respondió:
-Aquí estoy Isabela.
La joven sonrojo ligeramente sus mejillas mirando fijamente a Madox, y con agrado sonrió.
Sin embargo era tiempo de que el joven siguiera su camino y le hizo saber la noticia a Isabela de esta forma:
-Me tengo que ir, pero he de prometer que no pasara un día sin que te escriba hasta que nos volvamos a ver.
Así la joven melancólica replico:
-Espero que tu viaje sea mozo y estaré esperando impaciente tu correo.
De esta forma Isabela despidió a Madox reprimiéndose al decirle todo lo que sentía por él, sin embargo la joven lo dejo ir recibiendo un beso en la frente.
Madox cruzó la puerta de la habitación de Isabela lentamente hasta cerrarla y con ira de lo que le había pasado a Isabela se retiró.
De esta forma Madox continuo su camino a casa después de aquellos dos meses de gozó para Madox.
Y con la promesa en su mente cada noche al caer en completa obscuridad, Madox le escribiría contando sus hazañas.
El joven viajaba casi todo el tiempo tan solo deteniéndose para descansar un poco, al cabo de un día y medio por fin llego a su destino.
Se encontró con la humilde cabaña vacía como ya era de costumbre y se dirigió al pequeño espacio en donde solía dormir.
Al día siguiente Madox se despertó abruptamente puesto que escucho como Samanta entraba por la puerta principal y tenía la seguridad de que era ella ya que se podía reconocer un pequeño sonido que hacían sus zapatos al caminar, caminando por el comedor Samanta se sorprendío por ver a Madox y exclamo:
-Madox, has vuelto.
Y relajando su tono de voz comentó:
-Tengo muy malas noticias para ti, cuando te estuve buscando, Bonnet y Sophia llamaron solo para saber dónde estabas ya que planean llevarte a otro lugar, en serio, cuanto lo siento Madox.
El joven solo respondió frunciendo el ceño.
Entonces Samanta repuso:
-Vendrán a las cinco, no pude hacer nada para cambiarlo.
Madox pregunto con preocupación en su voz:
-Quienes vendrán.
Y Samanta respondió:
-"Amigos suyos".
Sin tomarte importancia Madox se retiró sin decir alguna otra cosa de la cabaña y se dirigió a aquella casa donde solía recitar su saloma a diario, solo para subir a lo más alto de la cornisa y disfrutar de la hermosa tarde que le ofrecía.
Tocando la manecilla de la hora el número cinco, llegaron los supuestos "amigos" de Bonnet y Sophia que, a primera vista parecían tan antipáticos y disfuncionales como sus tutores actuales y con desdén se dispuso a subir al vehículo de esas personas mencionando al aire:
-Gracias Samanta.
Mientras el vehículo se alejaba Samanta rompía en llanto por lo que le depararía al joven.
Durante el trayecto Madox no dijo ni una sola palabra aun cuando los amigos de sus tíos le preguntaban morbosamente sobre su vida y su familia al mismo tiempo que hacían comentarios de sarcasmo pobre y vulgar.
Al cabo de un rato Madox cerró sus ojos y se dispuso a meditar para poder evitar el bombardeo de preguntas que caían sobre él.
Cuando el auto se detuvo Madox abrió los ojos y miro por la ventanilla, estaba enfrente de unos edificios con apariencia anticuada e insegura, rápidamente Madox se dio cuenta que estaba en algún barrio de mala muerte de la urbe.
Los tres subieron por las escaleras del viejo edificio que tenían delante hasta llegar a un departamento lúgubre y con mobiliario tan antiguo como descuidado, seguido de la entrada las dos personas se presentaron:
-Yo soy Catherine.
-Exclamo la mujer-
- y yo soy Paulo.
-Exclamo el hombre-
El sujeto prorrumpo sin expresión:
-Somos tus nuevos tutores.
La mujer complemento:
-Los cambios legales están hechos e incluso tu cambio de escuela.
El supeditado enuncio:
-Sígueme, te mostrare tu habitación.
Madox obediente acompaño al sujeto hasta llegar a un cuarto de color gris con una cama individual y un escritorio a lado de la puerta, el hombre repuso:
-Mañana te enseñare el camino a tu nueva escuela y hasta entonces descansa.
Madox asintió con la cabeza y el individuo cerró la puerta abruptamente.
