Katsuki Yuri despertó en una fría mañana en San Petersburgo. Si bien el apartamento de su prometido tenía un moderno sistema de calefacción y las frazadas de su cama eran cálidas y acogedoras, los vidrios empañados eran prueba suficiente de que sería otro día helado.

Viktor Nikiforov aún descansaba plácidamente abrazado a su pecho. Yuri estiró un brazo hacia la mesa de luz y tomó sus anteojos. "En verdad, debería ir a una óptica. Tengo que dejar de aplazar la compra de mis lentes de contacto", pensaba Yuri mientras se colocaba sus gruesas gafas azules.

Más tarde bajó la mirada para observar a Viktor. Sus largas pestañas plateadas destellaban con los primeros rayos de sol y su pálida piel estaba sonrosada. El menor quitó un mechón de cabello que caía sobre sus párpados aún cerrados. En las manos derechas de ambos relucía la promesa de su amor, esos anillos de oro que compró en un loco impulso. "No me atreví a proponerle matrimonio, pero él sin embargo entendió ese deseo y me extorsionó con eso para que yo ganara mi oro en el Grand Prix final", rió Yuri internamente. "Lamento tanto haberle fallado". El tímido japonés se había mudado a Rusia para entrenar aún más duro y demostrarle a su entrenador -y a sí mismo- que era capaz de más. Él ganaría ese oro, aunque tuviera que vencer al mismo Viktor Nikiforov, y así, con el orgullo en alto, tendría la confianza suficiente para pedirle que sea su esposo.

Yuri se giró lentamente para pararse de la cama sin despertar a su compañero, pero Makkachin que dormía en los pies de ambos se despertó por el movimiento y se levantó de un salto para seguir a Yuri a la cocina. Esto despertó a Viktor, quien últimamente estaba siendo siempre el último en despertar. Su amante se burlaba a menudo con que la edad ya estaba afectándolo, y el pentacampeón fingía una mueca de enojo pero realmente estaba preocupado, ya que a menudo se sentía más cansado de lo normal y necesitaba más y más alimento para ganar energías. Había decidido no preocupar a Yuri con eso e ir al médico en cuanto tuviera la oportunidad.

-Mhh... ¿Yuri?- murmuró Viktor con los ojos entrecerrados.

-Oh, sí. Lo siento. Makkachin te despertó. Tú duerme un poco más. Prepararé el desayuno-contestó el otro saliendo de la habitación.

Cinco minutos después, el mayor se incorporó sobre su cama y se restregó los ojos por un rato tras bostezar. Sintió mareos, esos típicos que tienes cuando te levantas de golpe, o eso es lo que él se dijo a sí mismo. Una vez recompuesto, se paró y se calzó su par de pantuflas. Se acercó al armario para tomar una playera y se la puso sobre el torso desnudo. No se puso los pantalones. Si bien jamás se lo dijo, sabía bien que a Yuri le gustaba verlo en su ropa interior negra, así que trataba de lucirla a toda hora en su hogar. Sus redondas y firmes nalgas volvían loco a su prometido y él disfrutaba viendo cómo eso se reflejaba con un rubor en su rostro.

Había pasado apenas una semana que Katsuki Yuri se había ido a vivir con él. Se sentía irreal tenerlo en su hogar, aún no lo asimilaba del todo. Sin embargo su alumno parecía haberse acostumbrado rápido a su apartamento y se movía con toda naturalidad en él.

Luego de pasar por el baño, Viktor se dirigió a la cocina y tomó a Yuri quien preparaba dos cafés, por detrás.

-Buenos días, mi sexy cerdito-ronroneó Viktor en su oído haciéndolo sobresaltar.

-Bu-buenos días-tartamudeó el menor. La cercanía física de su ídolo jamás dejaba de parecerle algo nuevo y excitante, simplemente no podía acostumbrarse. Sin embargo, giró la cabeza hacia él y le dio un dulce y corto beso-. Puedes sentarte, te alcanzaré las cosas.

El ruso se sentó y tomó su celular para revisar si había recibido mensajes durante sus horas de sueño. Una pata de Makkachin sobre su regazo le hizo dejar el celular a un lado.

-¿Qué sucede, muchacho?-preguntó a su mascota mientras le rascaba la cabeza.

El perro se deshizo de su mano y apoyó la cabeza en sus piernas bruscamente. Makkachin buscaba caricias a toda hora pero jamás así, él simplemente se pegaba a su lado tranquilamente esperando a que los mimos comenzaran. Por eso se sorprendió aún más cuando este con su hocico dio dos golpecitos suaves contra su estómago y levantó la mirada para verlo fijo al rostro. El caniche movía la cola con intensidad y se lo veía alegre como un cachorro.

-¿Qué sucede?-preguntó Yuri cuando escuchó a Viktor jadear en sorpresa.

-Oh, no es nada. Creo que Makkachin amaneció con ganas de jugar-sonrió.

Ambos se dispusieron a terminar el delicioso desayuno al estilo japonés que Yuri había preparado. En San Petersburgo el reloj marcaba las 07:34 am del martes. Aún tenían tiempo para alistarse y salir al entrenamiento, por lo que Yuri aprovechó el rato para llamar a su madre.

En Hasetsu ya era pasado el mediodía y Katsuki Hiroko había decidido tomarse su hora del almuerzo. Cuando se disponía a comerse un onigiri como opción rápida, su teléfono celular sonó. Tenía una videollamada de Yuri.

-Yuri-chan! Buen día!-contestó alegremente.

-Buenos días, mamá. Espero no haberte interrumpido-sonrió Yuri.

-Claro que no! Siempre tengo tiempo para tí. Te ves muy guapo-rio.

-Ehh...

-Ohayou, Hiroko okasan!-interrumpió Viktor asomándose a la cámara.

-Vicchan! Se te ve radiante como siempre-contestó la señora con dulzura.

-Gracias. Usted se ve cada día más hermosa-guiñó un ojo, el único que su flequillo no tapaba.

-Oh, basta-se sonrojó su suegra.

-Oigan, oigan, no tenemos mucho tiempo, tenemos entrenamiento-intervino Yuri.

-Vaya, qué repentino interés, Yuri-se burló Viktor.

-Solo quiero saber cómo se encuentran todos por allá—dijo Yuri poniendo los ojos en blanco.

-Jaja, bueno todos estamos bien. Minako-sensei dijo que su avión aterrizará en San Petersburgo el viernes. Vayan por ella al aeropuerto, por favor.

-Claro-asintió Yuri. Le alegraba saber que su sensei iría a visitarlo y a ayudarlo con sus movimientos. Alquilaría un departamento por el mismo vecindario a pesar de que le ofrecieron quedarse con ellos repetidas veces. "No me gustaría incomodar a los tortolitos" contestó ella más de una vez riéndose-. Bueno, me alegra oír que todos están bien.

-Si-sonrió ... y que hay de Yurio-chan? Sigue portándose distante?

-Sí, y cada vez se pone peor-contestó Viktor en lugar de su hijo-. No quiere hablar y explicar qué le pasa.

-Lamento oir eso...-dijo desanimada.

-Ya se le pasará-dijo Yuri-. Sé que algún día se dejará ayudar. Yurio parece duro por fuera pero es realmente dulce y sensible por dentro-recordó con cariño cuando Yurio intentó levantarle el ánimo tras la copa Rostelecom.

La pareja se despidió de la adorable mujer no sin antes mandar muchos saludos. Ambos levantaron la mesa(Viktor obligado por Yuri, porque le generaba pereza siempre: "para eso pagaba un servicio de limpieza semanal, pero tú no quieres que siga haciéndolo" refunfuñaba siempre el mayor)

En el dormitorio, Viktor se puso de espaldas a Yuri para buscar ropa en su armario. De pronto, como una llama intensa, sintió la mirada de su prometido sobre su trasero y se dio vuelta rápidamente para sorprenderlo. El otro corrió la vista a gran velocidad.

-Mhh? Yuri me parecía que me estabas mirando. Pasa algo?-preguntó divertido acercándose a él.

-No, para nada. Creo que te lo imaginaste-dijo Yuri intentando desviar su mirada y sonar convincente.

-De verdad?-inquirió Viktor levantando las cejas y mirándolo fijo a los ojos.

Acto seguido empujó al japonés sobre la cama y se sentó sobre él.

-Tenemos algo de tiempo, ¿no crees?-dijo Viktor con aire seductor mientras metía sus manos por debajo de la playera pijama de Yuri e intentaba quitársela.

-Viktor! Tú eres siempre el que se queja si llegamos tarde!

-Pues sí, pero anoche no lo hicimos y en verdad tengo ganas de Yuri-dijo con un tono medio infantil medio sexy.

-Yakov se molestará-dijo Yuri que comenzaba a respirar pesadamente y ponía dos dedos en la boca de Viktor.

-No si lo hacemos rápido.

Viktor lamió seductoramente los dedos de Yuri y éste ya con el pecho descubierto, se hizo paso entre la ropa interior e insertó en él ambos dedos. Con la otra mano, agarraba fuertemente una de las nalgas firmes del ruso y se dispuso a besar y dar pequeños mordiscos en su cuello.

-Ahh, sigue-le rogó Viktor gimiendo.

Yuri ya podia sentir la erección del otro. La destapó con una mano y notó que de esta ya salía líquido preseminal. No pudo evitar sorprenderse de que ya estuviera tan excitado, y además, no paraba de gemir. El japonés comenzó a masturbar su miembro y Viktor soltó un fuerte alarido de placer.

-Ahh! Yuri, estoy cerca! AHHH!

Su prometido se vino en su mano. Incluso a pesar de los múltiples estímulos, eso era pronto. Yuri aprovechó el liquido pegajoso y lo desparramó por la entrada de Viktor. Él también se había puesto duro ya, por lo que se descubrió el pene y comenzó a insertarlo lentamente en el mayor que ya estaba volviendo a tener otra erección.

El miembro de Yuri entró por completo y Viktor lo apoyó contra la cama y se encargó él de la situación moviendo sus caderas hacia abajo y hacia arriba. No paraba de gritar de placer y se mordía sin cesar los dedos para contenerse.

Cuando se halló cerca del climax nuevamente, se agachó para darle a Yuri un apasionado beso de lengua. La saliva chorreaba por la mandíbula de ambos y Yuri sintió a Viktor ahogar gemidos dentro de su boca mientras llegaba al orgasmo.

Los ojos del japonés se abrieron como platos cuando Viktor se separó de él para colocarse en la posición de "cuatro" y se llevaba ambas manos a sus nalgas para poder estirar su entrada.

-Yuri, sigue. Acaba dentro de mí- le dijo con mirada ardiente y voz ronca.

Para cuando Yuri tuvo su orgasmo, Viktor se había venido cuatro veces y el último había sido un orgasmo seco, cosa que jamás les había pasado en todo el tiempo que llevaban saliendo.

Tuvieron que darse una ducha rápida y vestirse a toda velocidad. Viktor estaba un tanto abrumado y ruborizado por lo que había sucedido. Ni él podía entender de dónde había surgido tanto apetito sexual.

Llegaron media hora tarde y Yakov los recibió con una mirada helada pero sin embargo se ve que decidió no decir nada. Georgi ya estaba deslizándose por la pista. Y mientras se dirigían a los vestuarios apareció Mila que corrió para abrazar a Yuri por detrás y saludar a Viktor que se ponía rojo como un tomate de ira. La joven chica sonrió y se alejó hacía un costado de la pista para estirar.

Allí la halló el ganador del último Grand Prix en su debut como senior, Yuri Plisetsky. Con su figura pequeña y menuda pero a la vez fuerte y desafiante. Con la pierna derecha extendida junto a su cabeza y sostenida por su brazo. Unos auriculares voluminosos colgaban en su cuello.

-Debes dejar de molestar a esos idiotas. Viktor te considera un peligro real-le dijo a Mila en un tono amargo.

-Mhh? Qué pasa? Celoso de que al menos me consideran una amenaza?-le preguntó burlona.

-Tsk, quitate del medio, bruja-gruñó Yurio chocando contra su hombro y yendo a sentarse a una butaca cercana.

Tomó su celular y abrió un chat con el único que sentía que lo entendía.

En Almatý ya habían pasado las 11 am y el joven de apariencia estoica y cabello rapado sintió su teléfono sonar mientras se daba un descanso del entrenamiento.

Yuri: Ya no lo tolero más. En verdad lo intento, pero no puedo soportar verlos juntos todo el tiempo. Parecen imantados. Es desagradable y doloroso. Además, Viktor tiene un chupón muy notorio en el cuello.

Otabel Altin suspiró. Su amigo no tenía un buen día. Cosa que no era novedad, porque en la última semana desde que Katsuki Yuri se había instalado en Rusia, siempre había estado de un humor detestable.

Beka: No sé bien qué decirte. Sólo sé paciente e intenta concentrarte en otra cosa.

Otabek se sentía tal vez incluso más deprimido que él. Moría de ganas de acortar la distancia geográfica que los separaba y abrazarlo para tranquilizarlo. Sabía que Yuri lo dejaría. Con él era menos frío que con el resto. "Si tan solo pudiera sobar su espalda, besarle la frente y decirle cuánto lo amo y deseo; decirle que se olvide de ellos y me mire solo a mí... si tan solo tuviera el valor de decir eso tan solo por mensaje" pensó decepcionado de sí mismo.

El quinceañero leyó con una sonrisa algo triste. Sabía que el kazajo tenía razón. Aunque era difícil, él tenía toda una rutina nueva en la cual concentrase, por ejemplo.

Cuando se disponía a contestarle, lo vió.

Katsuki Yuri iba con un pantalón ajustado negro, su polera de mangas largas negra y se había quitado las gafas. Verlo sobre el hielo era un placer para sus ojos. El cómo esa tímida figura se tornaba poderosa, grácil y atractiva con tan solo empezar a patinar, era algo que no dejaba de inundarlo de admiración. El katsudon comenzó a hacer unos movimientos de baile relajados. Yurio se sentía hipnotizado. En verdad era algo hermoso de ver. No podía dejar de adorarlo sin importar qué.

Y ahí, justo a su lado, estaba Viktor. La razón de sus desgracias.

El rubio se había enamorado del japonés a primera vista cuando lo vio patinar en ese primer Grand Prix Final. Si bien Yuri había fallado mucho, sus secuencias eran preciosas, imposible dejar de verlo. Pero él siempre se mostró hostil, más que nada porque no sabía cómo comportarse a su alrededor o cómo hacerse notar. Y sin embargo, nunca tuvo la más mínima chance. Viktor siempre estuvo un paso delante de él. Jamás olvidaría la noche de la fiesta en que el cerdito se había emborrachado y lo feliz que se sintió de que lo invitara a un duelo de baile. Y justo después de eso, lo dejó, bailó con Viktor, lo abrazó y le pidió que fuera su entrenador. "Le gusta Viktor" pensó Yurio, notando que ya había llegado tarde.

Lo peor, era que su desgracia era doble, porque muy a su pesar, hace unos meses también había fijado su interés en Jean Jacques Leroy. Le parecía un imbécil ególatra, pero cuando se dio cuenta que no podía dejar de pensar en él en todo el día, supo que no había vuelta atrás y había caído. Esto tal vez incluso fue más tonto de su parte, porque se enamoró de JJ sabiendo que este estaba prometido con su novia, Isabella.

No era sencillo haberse dado cuenta a sus quince años que era homosexual y la vida desde entonces no le había tirado una soga de auxilio exactamente. El jovencito se sentía frustrado y dolido. Sólo podía ocultarlo apartando a todos. A todos menos a Beka y a su abuelo. Cuánto los necesitaba a ambos a su lado en ese momento.

Katsuki Yuri se deslizaba por la pista y Viktor Nikiforov lo observaba de cerca. Al menor siempre le generaba un nerviosismo enorme que lo mirara con tanta profundidad y el semblante tan serio.

-Yuri, estás perdiendo estabilidad porque no pones la espalda recta antes de iniciar el giro. Te lo mostraré-explicó Viktor.

El ruso comenzó a moverse para ganar un poco de velocidad antes de realizar el giro. Se movía con gracia mientras trataba de evitar recordar su arrebato de la mañana. Hasta que sintió unas fuertes náuseas y fijó la vista en sus patines. El joven empezó a verlos dobles y allí repentinamente perdió la consciencia y cayó.

Cuando Viktor volvió a abrir los ojos, se vio en brazos de Yuri que corría junto a Yakov, Mila y Yurio. Soltó un quejido y entonces todos se detuvieron. Su novio se dirigió a una butaca, lo bajó despacio y lo ayudó a sentarse.

-Viktor, amor. Despertaste-sonrió con lágrimas en los ojos. Tomó la mano de su enamorado y la apretó con fuerza.

-Yuri, qué pasó?-preguntó el ruso en un hilo de voz.

-Te desmayaste en la pista... disculpame. Yo... no llegué a detener tu caída-sollozó Yuri.

-Oh, no. No llores, Yuri.-apretó su mano-. Estoy bien-sonrió cerrando los ojos.

-Lo hablaremos después. Trata de recomponerte un poco, iremos al hospital.

Minutos después Viktor y Yuri salieron a buscar un taxi y se dirigieron al hospital más cercano. Al mayor le tomaron los signos vitales y una muestra de sangre y orina. Permaneció recostado en una cama en el sector de guardias médicas con su pareja a su lado.

Tiempo después, un médico con una seríe de papeles se hizo presente. Se lo veía totalmente perplejo.

-Señor Nikiforov, un gusto. Soy el Doctor Todorov-estrechó su mano-.Y usted es?-dijo extendiendo una mano hacia Yuri.

-Katsuki Yuri-dijo éste estrechando su mano también.

-Mi prometido-dijo Viktor.

-Ya veo. Entonces le pediré con más razón que se quede mientras doy mi parte.

-Por supuesto-asintió Yuri que jamás pensó en irse.

El doctor titubeó, miró a sus costados. Suspiró y finalmente dijo:

-Iré sin rodeos porque en verdad yo mismo no salgo de mi asombro. El señor Nikiforov está embarazado. Ustedes van a tener un bebé.