Perdón por el restaso, pero realmente estaba bloqueada con esta historia, hoy por fin he logrado que saliera algo, pero ha quedado raro. No me convence lo más mínimo, pero por más que lo intento no logro que salga nada más, así que me diculpo por el minicapítulo que traigo
Una vez que Kate abandonó la habitación Rick sacó del bolsillo de su bata el papel que aquella mujer le había dejado, tan sólo contenía unas pocas palabras, "¿nunca te has cuestionado si estás en el bando equivocado?"
Con dificultad se levantó de aquel sillón y con sumo cuidado se tumbó en su cama, estaba realmente cansado. Tan pronto apoyó la cabeza sobre la almohada Morfeo vino por él.
-Hola, ¿te gusta?
-Sí es mi libro preferido – contestó sonriendo dejando ver al hacerlo lo desdentado que estaba.
-El mío también.
-¿En serio? – Aquella persona asintió – Yo de mayor quiero ser como el prota.
El hombre tomó aquel libro entre sus manos y se dirigió con él a la zona de cajas, tras abonar el precio regresó junto al chico.
-Es tuyo – le dijo tendiéndole el libro.
-No puedo aceptarlo – contestó agachando la cabeza.
-¿Y eso por qué?
-La señorita Wells dice que no podemos aceptar cosas de desconocidos – contestó encogiéndose de hombros.
-Entiendo, hagamos una cosa – le miró esperando a ver qué era lo que el hombre quería hacer- Hola, me llamo Jackson Hunt – tendió la mano hacia el crio.
-Hola, me llamo Richard Castle – contestaba él aceptando la mano tendida por el hombre.
-Ya no somos desconocidos, así que ahora ya puedes quedarte con el libro –Rick le miraba aún indeciso – Puede ser nuestro secreto – le decía Hunt guiñándole el ojo haciendo que Rick sonriese y asintiese con su cabeza.
-Será nuestro secreto – dijo tomando el libro con una gran sonrisa.
Castle se movía inquieto en la cama, se llevó la mano al pecho, abrió los ojos de golpe, el dolor que sentía le hizo despertarse, no hizo falta que avisase al control de enfermería rápidamente sus máquinas comenzaron a sonar y su habitación se vio invadida por médicos y enfermeras.
Tras media hora conseguían estabilizarlo – Debe descansar, nada de levantarse de la cama, esta vez sus pulmones han avisado, la próxima vez puede que no tenga tanta suerte – Le comentaba su médico- Las heridas que sufrió fueron graves así que tómese las cosas con calma – Rick tan solo asintió, no tenía fuerzas para pronunciar palabra alguna.
El doctor antes de salir aumentó la dosis de morfina en la bomba de medicación, así cómo subió la cantidad de oxigeno que las gafas le suministraban, advirtiéndole que no debía quitárselas hasta que él se lo indicase.
Castle lentamente volvió a ser llevado hasta el reino de Morfeo.
-La leche, me han aceptado – decía tras abrir el sobre.
-¿En serio? – le tendía la carta para que la leyese- Joder, tío, eso es suerte. Es uno de los mejores centros para estudiar ingeniería, pero ¿cómo lo has logrado con la mierda de nota que tenías?
-Ni puta idea, supongo que les gustaría mi carta de presentación. Tío, esto hay que celebrarlo, esta noche nos vamos de copas.
-Castle, no podemos saltarnos otra vez el toque de queda.
-Venga ya, no seas muermo Tom – Castle sacaba de encima del armario su lata, y de ella cogía un porro- La señorita Wells no tiene porque enterarse – decía dando una calada.
Rick sintió como la enfermera le tomaba la temperatura, intentó abrir los ojos pero los párpados le pesaban demasiado.
-No lo intente señor Rodgers, la morfina hace su efecto, descanse – Castle escuchaba como aquella voz se iba alejando y al final escuchó una puerta cerrarse.
-Señor Castle, bienvenido – le decían nada más atravesar el hall de entrada.
-Hola – contestaba algo cortado.
-Acompáñeme, el director le está esperando en su despacho – Castle seguía los pasos de aquel hombre.
Recorrieron un pasillo, subieron las escaleras y tras atravesar un ala entera de la planta superior por fin llegaron al despacho de dirección.
-Siéntese mientras aviso al director de su llegada – Castle hizo lo que el hombre le había indicado, sentía como sus manos sudaban, el estomago se había encogido, sólo quería salir corriendo de aquel lugar.
-Puede pasar – dijo el hombre desde la puerta del despacho.
Castle dudó pero finalmente se puso en pie y camino hasta aquella puerta.
-Richard Castle, bienvenido al centro de estudios Taquessi – Fue el saludo que el director le hizo- Mi nombre es Mark Thomas y soy el director de esta institución. Mi amigo el señor Hunt me insistió para que pese a sus pésimas calificaciones le aceptásemos, espero que no defraude la confianza que Hunt tiene depositada en usted.
-¿Quién es el señor Hunt? – preguntó bastante perdido.
-Alguien que le conoce y confía en sus capacidades- Thomas tomó el expediente de Castle entre sus manos – Su cuarto será el 22 empezará las clases mañana, le aconsejo que aproveche el día de hoy para conocer todas las instalaciones.
Sintió los rayos de sol sobre su rostro, poco a poco fue abriendo los ojos, aun los notaba pesados, pero al menos esa mañana podía abrirlos.
Se intentó incorporar un poco, tenía unas ganas terribles de orinar, pero no se sentía con fuerzas para salir de la cama, tomó entre sus manos el botón de aviso, lo pulsó y en pocos minutos una enfermera entró en su habitación.
-Buenos días señor Rodgers, ¿cómo se encuentra hoy? – Preguntó mientras se acercaba a comprobar el gotero- El suero está terminado, le preguntaré al doctor si se lo cambio o puede ingerir alimentos.
-Gracias, necesito ir al servicio – dijo con algo de dificultad.
-No se preocupe, anoche le sondamos – Castle levantó la sabana comprobando que lo dicho por la enfermera era cierto- Debe estar en reposo absoluto unos días, o el riesgo de que sufra una recaída es muy grande.
-Ya, ¿y si lo que necesito hacer es otra cosa?
-Usará la cuña – Castle frunció el ceño al escuchar aquello- Nada de levantarse de esa cama, hasta que el doctor de la orden. Voy a ver si puede desayunar o le pongo nuevamente suero.
Cuando la enfermera salió Castle golpeó la almohada, aquello era humillante, lentamente sus ojos comenzaron a cerrarse nuevamente.
-No te alejes mucho, me has traído suerte.
-¿Perdona?
-Que no te vayas, desde que te has sentado en esa silla mi suerte ha cambiado y he ganado cada mano.
-Ya, así que soy una especie de amuleto, ¿no?
-Una especie, no, eres mi amuleto – dijo sonriendo- Soy Rick – le dijo dándole un beso en la mejilla.
-Sara – dijo ella sin pensarlo.
-Bonito nombre, entonces ¿serás mi amuleto? – preguntó él alzando las cejas repetidamente.
-Sólo si repartimos las ganancias – contestó ella alzando una de sus cejas.
-Pero eso no es justo, el que juega soy yo.
-Ya, pero la que te da suerte soy yo.
Castle abrió los ojos de golpe- Joder, es ella. Me mintió no se llamaba Sara su nombre era Kate, Beckett.
