Capítulo VII/4: Rosa Amarilla [Día 1 - Semana 1]
Stan estuvo cinco segundos. Exactamente cinco segundos parado enfrente de la pantalla, el intercomunicador en el suelo.
Miles de cosas cruzaban su mente, pero no tenía nada en concreto. Estaba desesperado. Su respiración era agitada, y sentía sus manos temblar.
Pero finalmente, después de lo que pareció ser un silencio eterno él fue capaz de respirar, cuando en la pantalla se mostró un cuarto, donde estaba Wendy y Kyle, ambos a salvo.
— ...Ah.
Ambos estaban en una habitación pequeña, un cuadro en la pared del fondo, dos estanterías en el medio del cuadro junto a un florero, y en la esquina izquierda superior había una pequeña mesa con un libro donde se guardaba la partida.
Wendy estaba en el suelo, usando el abrigo de Kyle como cobija. Se acababa de despertar y Kyle se dirigía hacia ella, agachándose para verla cara a cara.
—Buenos días, Ib. ¿Cómo te sientes? —preguntó, en un susurro. Wendy entrecerró los ojos, para luego frotarlos con las manos.
—Tuve una pesadilla —respondió la pelinegra, cabizbaja.
Stan parpadeó. Por un segundo se había sorprendido, pero rápidamente recordó que todo esto era nada más que una simulación, por supuesto que todo era imaginario.
—Ya veo... pobrecita —musitó, frunciendo las cejas. —No puedo decir que me sorprende, siendo expuesta a esa clase de cosas horribles, ¿sabes?
Un silencio se formó en la habitación, y más en el que había en el observatorio, Stan sentía que se ahogaba. Afortunadamente eso duró poco, ya que Kyle le dio una pequeña sonrisa a Wendy, señalando su abrigo.
—Ib, ¿podrías revisar el bolsillo de mi abrigo? —pidió, y así lo hizo Wendy, sacando un dulce. —Puedes quedártelo, cómelo si quieres.
Kyle se levantó.
—Quedemos aquí un rato mientras te repones.
Al decir esto Kyle camina hacia las estanterías, ojeando unos libros en silencio. Wendy se quedó sentada por unos momentos, hasta que decidió levantarse, sosteniendo la chaqueta de Kyle en sus manos.
Ella se acercó a la pintura, cuya placa simplemente rezaba el nombre: Sin Título. Wendy la observó por unos segundos más, para que luego un papel pegado en la pared capturara su atención.
"Reglas de la galería:
No conversar en voz alta.
No fotografías.
No comidas ni bebidas.
No tocar las muestras.
Nunca irse."
Simulación Z.
Butters leyó esa última oración unas tres veces, hasta que la cabeza le empezó a doler gracias a los pensamientos que este pedazo de papel le traía. Decidió alejarse, y al ver a Craig ojeando los libros decidió ir hacia donde él estaba, para darle su abrigo, el cual él tomó sin decir nada.
Butters metió su rosa en el florero que estaba en el medio de ambas estanterías, haciendo que ésta volviese recuperar su energía, dejando el florero vacío.
Estuvieron en silencio por unos momentos, hasta que al ahora pelinegro se le ocurrió una pregunta.
— ¿Por qué tu abrigo está así? —murmuró, observando las rasgaduras del abrigo que poseía Craig.
Craig cerró el libro que tenía en la mano, mirando al chico a su lado.
— ¿Hm? ¿Que por qué mi abrigo está así? —preguntó, Butters asintió. —Ah, no está roto ni nada, es solo el diseño —al decir esto vuelve a mirar la estantería. —Aunque lo he estado usando por tanto tiempo que quizás sí lo esté...
Butters asiente en entendimiento. Quizás ya sea tiempo de salir, pensó, caminando hacia la puerta.
— Ib, ¿ya estás listo para irte? —preguntó Craig en el fondo sin siquiera mirarle para saber que se dirigía a la puerta.
—Estoy listo —dijo Butters con determinación, girando la perilla de la puerta.
—Bien, vamos entonces.
Varios minutos más tarde, Butters y Craig seguían pasando por toda clase de pasillos y habitaciones. Al igual que Wendy y Kyle. El juego se les hacía muy... simple. Aburrido.
Desesperante.
— ¿Sabes algo?
Preguntó el Tipo 1, observando su control con cierta amargura.
— ¿Qué?
—Quiero cambiar las reglas del juego.
El Tipo 2 sonrió de forma desafiante ante la sugerencia de su compañero. Ya era hora de que se le ocurriese algo para hacer esto más divertido.
—Muy bien... ¿Qué tienes en mente?
Tipo 1 presionó el botón "saltar" de su control. Seguido de esto, él abre la gaveta de su escritorio, sacando de allí una muy costosa laptop.
—Quería hacer un cambio de última hora en el libreto... hacerlo interesante, tú sabes.
Ambos sonrieron.
Ahora, todos los participantes de la simulación se encontraban en una sala completamente diferente, que estaba en total oscuridad. Nadie sabía que había pasado, o por qué el juego no parecía andar como el verdadero. Incluso para Butters y Kyle, quienes no sabían mucho del juego, esto les parecía extraño.
Algo estaba pasando.
Pero no sabían qué.
Butters y Craig simplemente ignoraron esto, ya que tenían mejores cosas por la cual preocuparse. Al encender un encendedor, ambos pudieron ver exactamente donde estaban.
Estaban en un pequeño cuarto, un cuadro en el fondo y un total de seis estanterías, tres a cada extremo. Había un montón de cosas escritas en las paredes y el suelo, parecían ser hechas con un crayón.
AYUDA.
NO ME MATES.
NO.
PARA.
DETENTE.
Ambos estaban en silencio, durante unos cortos segundos.
—Esto no es... bueno para mi salud mental... —musitó Craig, tratando de no mirar las palabras escritas en crayones de colores que estaban por todos lados.
Butters solo pudo asentir. Estaba sin palabras, y no es como si fuese capaz de pronunciar alguna, simplemente se limitó a observar a Craig, quien parecía estar debatiendo si quería salir de ese cuarto o no.
Al final lo hicieron.
La misma voz robótica del inicio se escuchó fuertemente, casi les estaba ensordeciendo.
—Atención a todos los visitantes —inició, su voz producía estática y era bastante profunda.—Se les da un ban estricto a aquellos quienes encienden implementos de fuego en la galería. Le solicitamos que reporten el uso de cerillos, encendedores, y objetos en común. El uso de alguno de estos será reportado con el equipo.
Craig y Butters cruzaron miradas, y sin cuestionar ambos fueron por el pasillo, donde se encontraron con manchas rojas en forma de zapatos en el suelo. La reacción de Butters fue inmediatamente ir a guardar partida, en el pequeño cuaderno que estaba a su lado, porque sabía que tendrían que seguir esas pisadas, quisieran o no.
Las pisadas rojas dieron a un cruce, hasta una pequeña puerta, era tan angosta que Craig tenía que dejar sus pulmones sin aire para pasar.
Lo primero que vieron al cruzar la puerta fue un cabello amarillo, y unos ojos azules.
Simulación A.
Era Bebe.
Su cabello rubio era un poco más largo, y más controlado. Llevaba un largo vestido verde con cuello blanco, un pañuelo azul, guantes delicados, unas pantimedias oscuras y zapatos negros.
Kyle no podía describir lo diferente que se veía, incluso si su cabello y sus ojos eran los mismos. Era como observar a una copia de su novia, una niña aparentemente dulce e inocente mientras que la original era todo lo contrario, y no sabía si le agradaba esto.
— ¡¿Ah?! —exclamó, cayendo al suelo, sorprendida.
—Whoa, ¿estás bien? —preguntó Kyle, agachándose a su altura, naturalmente preocupado. Wendy simplemente la miró sin decir nada.
A ella de por sí no le agradaba este personaje.
Justo cuando Kyle se acercó, ella dio unos pasos atrás, después de levantarse.
— ¡Espera! Eres... ¿No eres unos de los visitantes de la galería? —preguntó, y aunque sus palabras iniciaron con alto volumen terminó por hablar despacio; no quería asustarla.
Bebe parpadeó unas veces, hasta que asintió.
—Eso pensé —dijo, sonriéndole. —Soy Garry, y esta niña es Ib. Estábamos en la galería de arte, pero luego nos perdimos en este lugar... estamos tratando de encontrar la forma de salir —explicó, su mirada volviéndose triste. —De casualidad ¿no estarás haciendo lo mismo?
Bebe esperó unos segundos para hablar. —Yo... yo también estaba viendo si había... alguien más—repuso, evitando contacto visual; parecía estar pensando qué decir. —Quería salir, así que...
—Es peligroso estar aquí solo —dijo Kyle, viendo que ella no terminaba su oración. —Hay muchas criaturas horribles por estos lados.
Kyle observó a Bebe después de unos segundos de silencio, y no pudo evitar sonreír un poco. — ¿Quieres venir con nosotros? Creo que es mejor si estamos todos juntos.
Bebe sonrió de oreja a oreja.
— ¡Seguro! —exclamó, su voz volviéndose más aguda por la emoción. — ¡Iré con ustedes!
Wendy le lanzó una mirada al chico al decir esto. Definitivamente no era una buena idea y ella sabía el porqué, pero no podía objetar, no podía decir nada. Tenía que quedarse callada y observar como todo estaría poco a poco derrumbándose con mayor rapidez.
— ¡Entonces está decidido! ¿Cuál es tu nombre!
Bebe frunció las cejas ante la pregunta por alguna razón, como si no esperase ello proviniendo de él. Aún así respondió, indicando que su nombre era Mary.
Por alguna razón ese nombre le quedaba perfecto a Bebe.
—Es un gusto —dijo Kyle, sonriéndole. Bebe simplemente asintió y se dirigió hacia donde estaba Wendy, extendiéndole su mano.
—Um... —Bebe habló, algo nerviosa. —Gusto en conocerte, Ib...
Wendy entrecerró los ojos, desconfiada. Ella sabía que Bebe, o al menos Mary, no se traía nada bueno entre manos. Incluso si no hubiese jugado el juego antes, ella no iba a estar tan emocionada al encontrar a alguien nuevo en esta situación.
Simplemente le dio la mano, para no actuar de forma grosera.
—Seguro.
Luego de esa introducción, los tres emprendieron su camino, pasando por un pasillo; este siendo de color morado. El pasillo se dividía en dos, el del fondo dando a un florero y el del frente hacia otra sala, que fue hacia donde Wendy se quería dirigir, pero Kyle le detuvo.
—Uh, ¿Ib? —la llamó. —Hay un florero aquí atrás, creo que deberíamos poner nuestras flores, por si acaso.
Wendy suspiró, molesta, pero fue de todas formas hacia donde ellos estaban y sacó su rosa del bolsillo de su vestido. No pudo evitar gimotear ante su estado. No se había dado cuenta de lo marchita que estaba, apenas tenía dos pétalos que parecían estar a punto de caer; Wendy no podía entender cómo permitió que la flor se dañara tanto.
Colocó la flor en el agua, y esta se recuperó al instante, reconstruyendo sus pétalos.
—Oye, Mary... —habló Kyle, mirando a la chica. —Sabes, Ib y yo tenemos rosas. ¿Tú tienes una?
Bebe asintió, sonriendo. — ¡Sí! —exclamó, felizmente. — ¡Una rosa amarilla!
Kyle asintiendo en entendimiento, devolviendole la sonrisa, diciéndoles a ambas que mantuvieran sus rosas a salvo.
—No se atrevan a perderla, —advirtió. —Tampoco se la den a nadie, y-
— ¡Ooooh! —interrumpió Bebe, euforia en su voz. — ¡Wow! ¡La rosa de Ib es roja! ¡La mía es amarilla! —notando lo obvio, empezó a dar pequeños brincos de emoción. —Me gusta el amarillo, ¡pero también el rosa! ¡Oh! ¡Y el azul!
Kyle suspiró ante Bebe, quien seguía hablando sin parar.
—Aprende a escuchar, ¿quieres? —pidió, su tono de voz algo exasperado.
Wendy decidió que era tiempo de seguir.
CONFESIONARIO Z (Observatorio)
Cartman veía la pantalla atentamente, el controlador firme en su mano. Wendy quería entrar por una puerta, pero estaba cerrada, así que fueron hacia otra, que daba a un cuarto lleno de ornamentos en forma de conejos de colores, y un gran cuadro de un conejo rosa.
Cartman decidió que no le gustaba ese cuarto... así que decidió hacerlo más... agradable.
—Pero qué... este cuarto, esa pintura —Kyle parecía estar enloqueciendo. — ¡¿Por qué tiene que ser así de horrible?!
Cartman no pudo evitar reír un poco ante su reacción. Se había asegurado de que la vista de Kyle fuese completamente diferente a lo que las chicas veían. Para ellas, era solo una sala colorida repleta de lindos conejillos.
Bebe le dio una mirada a Kyle, extrañada. — ¿En serio? Yo creo que son lindas...
— ¡¿Qué parte de esto es lindo?! —espetó el de cabellos violetas, frunciendo las cejas. Bebe solo se encogió de hombros.
—Solo creo que lo es —dijo, para luego mirar a Wendy. — ¿Qué piensas tú, Ib?
Wendy miró a Kyle, buscando por respuestas. Al no obtener ninguna, decidió darles una respuesta ambigua.
—No lo sé...
Eric dejó el control sobre sus piernas, cruzándose de brazos. Por un momento consideró permitirles a las chicas ver lo que Kyle veía, pero decidió en contra, ya que al menos Wendy le agradaba un poco.
Y no era una estúpida judía como Kyle.
Cartman veía atentamente como Kyle y Bebe discutían sobre la sala, él insistiendo que era horrible y que apenas podía soportarla, mientras que la rubia se limitaba a decir que él era un raro por eso. Esto duró por unos momentos más hasta que Kyle decidió que era suficiente.
—Investiguemos esta sala para irnos de una vez —pidió Kyle, quien se veía con bastante estrés. —Siento que me están observando aquí.
Eric sonrió de forma burlona ante el obvio comentario de Kyle. Era como si al imbécil se le hubiese olvidado que estaba siendo observado. Claro, no podía esperarse más de él.
Al ver como los tres inspeccionaban el lugar, Cartman trataba de pensar en cómo hacerles todo diez veces más difícil. Rápidamente se dio cuenta que le gustaba tener esta clase de poder, era muy divertido ver cómo se volvían locos tratando de resolver cómo salir de ahí.
Él vio que Wendy tomaba un libro, el cual comenzó a ojear.
"Si tu espíritu sufre mucho, pronto empezarás a alucinar. Y al final, te destruirá. Y lo más preocupante... es que nadie lo notará."
Rápidamente se arrepintió de abrir el libro, y lo dejó en su lugar. Automáticamente, un ornamento de conejo cayó, "por accidente."
Bebe fue a revisar, y entre los pedazos de cerámica despedazada encontró una llave violeta, la cual le entregó a Wendy, emocionada por contribuir. Con eso podrían seguir avanzando.
Los tres salieron por la puerta, pero un ruido hizo que se detuvieran en seco. Había un cuadro en el pasillo, por donde estaba saliendo un sonido que al principio se escuchaba a lo lejos.
— ¿Huh? —Bebe acercó la mirada hacia el cuadro, para luego observar a Kyle y a Wendy. —Ese sonido... se está acercando...
Cartman esperaba impacientemente a que sucediera lo planeado, sonriendo. Mientras ellos observaban el cuadro, inconscientes de lo que estaba a punto de pasar, él simplemente los veía en silencio.
En cuestión de meros segundos, un montón de espinosas raíces verdes forzaron un entrada al pasillo a través del suelo, encerrando a Kyle por el lado izquierdo del pasillo y a Bebe por el otro, Wendy estando justo en el medio, sin poder irse con Kyle, que era lo que quería hacer. La única opción que tenía era irse hacia la derecha, que era donde más tenía espacio para salir.
— ¡Algo salió del suelo! —notó Bebe, dando unos pasos atrás con miedo. En ese instante hubo un estruendo en la sala, el suelo estaba temblando fuertemente, pero las raíces no se movían y se rompían. Parecían estar hechas de concreto.
— ¡E- esto es malo! ¡Ib, aléjate de la pintura! —pidió, desesperado. Wendy parecía tener dificultad pero logró salir, justo cuando las raíces salieron disparadas en el lugar donde ella estaba.
Si se hubiese quedado ahí más tiempo, eso la pudo haber matado.
Cartman sonrió.
— ¡¿Están bien?! —preguntó Kyle, tratando de acercarse a ambas, pero sin lograr nada.
—Eso me asustó —comentó Bebe, haciendo un puchero mientras se cruzaba de brazos.
— ¿Estás bien, Ib? ¿Te pasó algo?—Kyle se dirigió a la azabache, quien solo estaba mirando las raíces verdes, miedo en sus ojos.
—No... —murmuró, alejándose un poco. Kyle asintió, aliviado, pero duró poco cuando intentó romper las ramas, sin mucho uso.
—No puedo ir allá... estas cosas... están en el medio —dijo, forcejeando con las ramas verdes, hasta que se dio cuenta que era inútil intentarlo, ya que las enredaderas parecían no querer ceder.
—Hey, Ib —nombró la rubia, tocandole el hombro a Wendy para llamar su atención. —Tienes la llave que te di, ¿no?
Wendy asintió, sacándola de su bolsillo.
—Quizás esa llave... abra esa puerta —sugirió, señalando la puerta que estaba al fondo del pasillo. Wendy consideró esto, pero no decidía si era buena idea. —Puede que encontremos algo para deshacernos de esto. ¿Deberíamos ir?
Kyle frunció las cejas, preocupado.—Me pregunto si estarán bien...
Bebe chasqueó su lengua, moviendo el dorso de su mano como para restarle importancia al asunto. — ¡Estaremos bien! ¿No es así, Ib?
—Preferiría que no nos separemos —dijo, ganándose una mirada mala de la rubia, quien parecía estar lista para irse. Kyle, por otra parte, simpatizaba con ella.
—Es nuestra única opción —comentó Kyle. —Puede que Mary tenga razón y sí encuentren algo para quitar las enredaderas.
Wendy miró a ambas personas, y en realidad no quería irse con Bebe. Sabía que no era una buena opción, pero aunque no estuviese de acuerdo, era la única que tenía. Al final, supo que tenía que irse quisiera o no, y eso hizo, yéndose con Bebe a la otra habitación.
Además, era solo una simulación después de todo. No es como si algo malo en verdad le fuese a suceder.
¿Cierto?
CONFESIONARIO A (Observador)
Stan observaba la pantalla, ansioso. Wendy y Bebe iban caminando entre sala y sala, mientras que Kyle iba por su cuenta.
Los puzzles del juego cada vez se les dificultan más. En uno de ellos tenían que encontrar esferas de pintura, y cuando aún estaban tratando de averiguar cómo resolverlo Kyle estaba en una habitación llena de estanterías, y había una esfera de pintura rosada, pero al tener las estanterías bloqueando la vista y sin que se pudiesen mover, él no podía hacer nada.
Stan no podía evitar sentirse mal por él. Se notaba que el anteriormente pelirrojo estaba perdiendo la cordura con ese juego. Unas muñecas horrendas no lo dejaban en paz, persiguiendolo por todos lados.
Luego estaba el puzzle del paraguas rojo, un cuadro de una mujer sin su paraguas lo necesitaba, para lograr hacerlo tuvieron que subir el paraguas a través del cuadro de un anzuelo, que lo trajo hasta la otra habitación para que las chicas lo tomaran. Todo esto logró que le pudiesen dar su paraguas y así lograr que lloviese en la habitación para apagar los extraños gases rojos que no les permitía pasar.
A Stan le dolía la cabeza de solo recordarlo. No podía entender mucho del juego, solo estaba agradecido de no tener que estar ahí.
Tratando de olvidar eso, Stan observó la palma de su mano, en la cual había escrito un montón de números que estaban escritos en las pinturas. Al principio creyó que era tonto hacerlo, pero luego se dio cuenta de que los necesitaba para que pudiesen encontrar más esferas de pintura. De repente deja de sentirse tan inútil.
—Me pregunto si hay algo que me sirva...
La voz de Kyle interrumpió su viaje a imaginaciónlandia, haciendo que volviera a dirigirle su atención. Kyle estaba en la misma sala con las estanterías, pero esta vez logró moverlas, aparentemente. Stan no logró ver lo que había pasado.
Estaba leyendo un libro.
"Mary, (?)
El último trabajo en la vida de Guertena.
Mientras que la pintura de la chica tiene una imagen muy realista y vívida, naturalmente no está basado en una persona real."
Una pintura de Mary- de Bebe salió de entre las páginas del libro. Era ella; casi parecía una foto, se veía demasiado real para ser una pintura.
Stan abrió los ojos como platos, para luego golpearse la frente por no haber averiguado esto antes. ¡Por supuesto que ella era mala! ¡Era obvio!
— ¿P- por qué? —Kyle frunció las cejas, sorprendido. —No... no puede ser. Es... ¿Mary?
—Sí, lo es, Kyle —musitó, posando su mano derecha en el puente de su nariz. —Yo pude haberme dado cuenta de eso- yo sabía eso- pero no hice nada, lo olvidé. Soy un imbécil —habló Stan, enojado consigo mismo, ni siquiera notando cuando Kyle salió de la habitación.
Ahora él estaba abriendo el estómago de una muñeca, de dónde había sacado una esfera de pintura. Stan realmente tenía que dejar de distraerse y prestar más atención.
El chico de cabellos violetas entró por una puerta que solía estar bloqueada. Habían decenas de esas muñecas oscuras y perturbadoras, por todos lados, junto con un cuadro completamente blanco en el fondo. De ahí tomó una esfera blanca, y con esa tenían las siete que les hacía falta para poder avanzar.
—Ya son siete —dijo Kyle, sonriendo un poco, como si el lugar donde estaba no le afectara en absoluto. Aunque se notaba que trataba bastante para no mirar ninguna de las muñecas.
Cuando intentó salir, la puerta se trabó.
— ¿Ahora qué? Mierda —Stan sentía ganas de entrar al juego y poder ayudar de verdad, pero sabía que era inútil molestarse.
La sala se tornó azul, y oscura.
Entonces, una voz chillona habló, entre risas.
— ¿Te gustaría otra busqueda del tesoro? —cuestionó, para luego soltar una risa molesta.— ¿Quién? ¿quién? ¿quién tiene la llave?
Kyle entró en pánico cuando el cuarto se volvía cada vez más oscuro, intentando abrir la puerta con toda la fuerza que tenía, pero nada pasaba.
Una cabeza comenzaba a asomarse por la pintura.
Stan tomó en intercomunicador con fuerza entre sus manos.
— ¡KYLE, DEJA LA PUERTA! —gritó el pelinegro, notando como su arranque repentino hacia espantar más a Kyle. — ¡Tienes que abrir esas malditas muñecas para encontrar la llave! ¡AHORA!
Kyle no tardó en obedecer, yendo lo más rápido que podía para romper las muñecas. Una tras una, pero sin frutos. Ninguna parecía tener la llave.
—Apresúrate, Kyle, por favor —pidió, sintiendo como su ritmo cardíaco aumentaba con mucha velocidad cuando la muñeca en la pintura se acercaba cada vez más. Su piel azul, sus ojos rojos y saltones, su negruzco cabello erizado y su sonrisa llena de dientes afilados. Era un asco, y estaba demasiado cerca de salir del cuadro.
Stan cerró los ojos con fuerza; no quería verla más.
— ¡La encontré!
Ante su voz, los volvió a abrir, y pudo respirar otra vez.
Kyle salió corriendo fuera de la habitación lo más rápido que pudo, terminando exhausto en una esquina. —T... Tengo... suficiente de- de esa sala... —dijo, respirando pesadamente. Stan no pudo evitar reír un poco de nerviosismo.
—Lo hiciste bien amigo,—comentó, en un susurro. —Yo hubiese muerto ahí dentro.
Pudo ver a Kyle sonreír.
—Hay una puerta abierta —le informó, luego de esperar unos momentos a que Kyle se recuperara. —Ve por ahí.
Kyle obedeció y pasó por esa puerta, que dio a unas escaleras, pero se detuvo.
— ¿Debería subir? No sé si quiero hacerlo.
Stan parpadeo ante las palabras de Kyle. — ¿Te estás rindiendo, idiota? —preguntó, sabiendo que no obtendría respuesta. —Ve ahí y sigue. Tienes que ganar esto después de pasar por toda esa mierda ¿entiendes? Hazlo. Yo estaré aquí.
Kyle miró las escaleras, con un súbito aire de determinación. Le había escuchado.
—Pero... tengo que.
Kyle subió por las escaleras sin objetar.
La vista de repente cambió, y ya no podía ver a Kyle. Ahora estaba viendo a Wendy y a Bebe, la última estando demasiado tranquila y callada de lo normal.
Wendy parecía estar al tanto de esto.
— ¿Mary?
—Mary... —repitió la rubia. —Yo soy Mary ... ohohoh, ahahahah.
La rubia comenzó a reír como una loca, para luego salir corriendo en dirección opuesta hacia un pasillo. Wendy la siguió, y cuando vio lo que estaba haciendo quiso no haberlo hecho.
Bebe estaba sentada en el suelo, insertando un cuchillo de paleta a una cabeza de maniquí múltiples veces.
—Me estorbas, me estorbas, ¡ME ESTORBAS! —le espetó con furia al objeto, sin parar de clavarle el cuchillo.
Wendy salió del pasillo, sin intentar hablarle.
Pero Bebe salió junto con ella.
—No me dejes... —murmuró, intentando acercarse a ella, pero Wendy se alejaba con cada paso que ella daba.
Rápidamente Bebe la empezó a perseguir, y Wendy no tuvo más remedio que entrar a una habitación.
Había una llave. Un puente de arcoíris conectando ambas partes de la habitación fue lo que le permitió tomarla.
Cuando salió, Bebe había desaparecido.
—Entra por la puerta —dijo Stan, viéndola hacer lo que le había pedido. Esa puerta la condujo a unas escaleras.
— ¿Por qué te vas sola? —Bebe apareció en el pasillo, su expresión tranquila. —Prometiste que estaríamos juntas... ¿cierto?
Wendy daba pasos hacia atrás, tratando de alejarse de ella.
— ¿Por qué corres?
— ¡IB!
Kyle subió las escaleras lo más rápido que pudo. — ¿Qué crees que haces, Mary?
La expresión tranquila de Mary se fue. Esa no era Bebe, en definitiva. — ¡Cállate! ¡Si solo te hubieses quedado quieto ahí!
Kyle frunció las cejas. —Lo sabía... eres...
Mary sacó el cuchillo de su vestido, tratando de apuñalar a Kyle. — ¡ALEJATE!
Kyle hizo algo que no esperaba de él. Empujó a Mary, dejándola tirada en el suelo, sin ser capaz de moverse, su rosa amarilla cayendo junto con ella. La expresión de Kyle solo podía describirse con una palabra: horrorizado.
Lo más extraño fue que él se veía como si estuviera en piloto automático, como si alguien más lo controlara.
— ¡Ib! ¡¿Estás bien?! Lamento haberme tardado —habló, desesperado, una vez dejó de concentrarse en Mary.
Wendy lo abrazó, sin decir nada.
— ¡Ib! —Kyle tardó un poco en entender que hacía, pero rápidamente le devolvió el abrazo. —Lo siento... las cosas que debías haber visto seguro fueron horribles... pero estamos bien ahora.
Al decir esto ambos se soltaron.
—Puede que no me creas pero Mary... no es humana. Es una pintura de Guertena. Es peligroso estar a su lado; si me hubiese tardado más... no quiero saber que es lo que ella hubiese hecho.
Wendy solo lo miró en silencio, esperando a que él continuara de hablar.
—Puede que te sientas mal por ella, —repuso, observando a la rubia en el suelo. —Pero debemos seguir.
Y con esas palabras, ambos salieron por la puerta.
