he pensado que el capítulo de ayer quedó sin terminar. Claudia no lo leas hoy
CAPÍTULO 8
Fue incapaz de volver a dormir, una extraña sensación le recorrió el cuerpo al descubrir el secreto de la detective Beckett, sonrió, ahora recordaba con total nitidez los días pasados hace casi 9 años en aquella habitación de hotel al lado de aquella mujer. De repente dejó de sonreír, ¿ella le recordaría? Bueno, eso en el fondo daba lo mismo, ambos habían mentido a cerca de sus trabajos, aunque él había sido sincero con su nombre.
-Al menos yo dije que me llamaba Rick – lentamente los ojos se le fueron cerrando- Me tienen que bajar la dosis de morfina – dijo en voz alta antes de caer vencido por Morfeo.
El agua templada caía sobre su cuerpo, notaba como se iba relajando cada músculo de su cuerpo, le sintió antes de verlo.
-¿Qué haces?
-Darte los buenos días –contestó.
Se quitó su pijama y entró en la ducha pegándose a ella, la abrazaba fuertemente, sus labios se posaban en los de ella sellando su boca. El agua corría por sus cuerpos.
Deslizó sus manos por la espalda de ella hasta agarrar sus glúteos. Sus bocas estaban desesperadas por besarse sin control.
-Rick – gimió Sara al sentir los labios de él recorrer su cuello.
Richard tomó la esponja y comenzó a enjabonarla, comenzó por los hombros, lentamente fue bajando por el torso de la detective. Los ojos de ambos estaban fijos en el otro, mientras sentían como el deseo crecía en su interior.
Siguió bajando por su vientre hasta llegar a su centro, soltando la esponja comenzó a recorrer con sus dedos el clítoris de Sara, no podía dejar de acariciar aquel cuerpo que le volvía loco.
Los pechos de ella subían y bajan por el deseo que la consumía. Rick tomo entre sus manos los pechos de Sara, presionando con sus dedos los pezones erectos de ella. Comenzando nuevamente a besarse apasionadamente, sentían el calor de sus pieles aun estando bajo el agua.
-Sara, te deseo tanto – dijo él con la voz ronca por el deseo que le consumía.
Se inclinó para tomar entre sus labios los pezones de ella, lamía y mordía uno de los endurecidos pezones de Kate mientras el otro era apretado por una de sus manos.
-Rick – gemía ella.
La mano libre de él bajó hasta el clítoris de ella, sus dedos comenzaron a masajearlo, notando lo abultado que estaba, la penetró con dos dedos, al tiempo que su boca se perdía por su cuello.
Sara arañaba la espalda de su amante y sus caderas se pegan más aun a él.
-Te necesito dentro ya – suplicaba ella.
Richard la alzó tomándola por los muslos, ella rodeo con sus piernas la cintura de él al tiempo que él la penetró de un solo golpe, profundamente.
Sara apoyo su espalda en la pared haciendo así que él la penetrase más profundamente, sus empujones eran lentos y cada vez más profundos y más fuertes, los gemidos de ambos crecían con cada embestida.
-Más rápido, más duro– suplicaba ella.
Richard aceleró el ritmo de cada embestida, hasta que sintió como los músculos de la vagina de ella se contraían sobre su pene. Las uñas de ella se clavaron en la espalda de él al tiempo que Rick terminaba de irse dentro de ella.
Despertaron con los primeros rayos de sol, ambos desnudos, sus piernas enredadas, y abrazados.
-Creo que será mejor que regrese a mi habitación – Sara salió de aquella cama tapándose con la camisa de él.
-¿Nos vemos más tarde?- Ella se volvía a mirarlo tras haberse puesto ya su ropa.
-No, debo regresar al trabajo.
-Vaya, es una lástima, si hubiera sabido que era nuestra despedida no te habría dejado dormir – Decía sonriendo.
-Sí, es una lástima. Disfruta lo que te quede de días libres – Dijo Sara ya saliendo de aquel dormitorio.
Castle se despertó, necesitaba urgentemente una ducha helada.
-Me cago en la puta, fue el mejor sexo que tuve en mi vida – dijo muerto de la risa.
La puerta de la habitación se abrió dando paso a la enfermera, esta vez venía acompañada del doctor.
-Buenas tardes señor Castle, ya tenemos los resultados de las pruebas realizadas este medio día, le vamos a ir bajando la dosis de morfina y le permito estar sin oxigeno un par de horas al día, pero de levantarse de la cama ni hablar.
-Está bien, entonces de librarme de la sonda nada, ¿no? – El doctor negaba- Ya, ¿alguna vez ha estado sondado doc?
-No, nunca.
-Ahora lo entiendo. Es lo más humillante que hay – se quejó Rick.
En aquel instante la puerta de la habitación volvió a abrirse, la detective Beckett entró – Perdón, no sabía que estaban haciendo la ronda- Dijo girándose para salir.
-No se preocupe, ya habíamos terminado – El doctor la miró poniendo la mejor de sus sonrisas- Soy Josh Davidson – se presentaba tendiendo la mano.
-Ya, Katherine Beckett – contestó ella.
Rick contemplaba la escena desde su cama, con una sonrisa y alzando una de sus cejas.
-Si me permite me encantaría poder ver a mi compañero – dijo Kate intentando pasar entre la puerta y el doctor.
-Perdón, claro, nosotros ya nos íbamos – se separó un poco para dejar paso a la detective- Me encantaría tomar un café con usted detective.
Rick miró la reacción de su compañera, podría asegurar que no se sentía nada cómoda con la invitación del doctor.
-¿Tiene que comentarme algo del estado de mi compañero? Porque de no ser así, no estoy interesada en ese café – Rick no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar aquello.
El doctor salió con bastante mal humor tras la respuesta dada por la detective.
-No creo que debieras reírte así de tu médico – dijo ella acercándose hasta la cama de Castle.
-Ya, ahora que lo dices no ha sido buena idea.
-¿Cómo te encuentras?
-bueno, he tenido días mejores. No puedo levantarme de la cama, el oxigeno siempre puesto salvo dos horas al día, y estoy sondado – contestó encogiéndose de hombros.
-Demasiada información – contestó Kate entrecerrando sus ojos.
-He estado pensando – Rick la miró y sonrió.
-¿Debo acertar lo que has pensado?
-Cuando me den el alta me iré a pasar unos días a Las Vegas, seguro que allí me recupero.
-Las Vegas, ¿tú crees que es el mejor destino para recuperarse?
-Sí. ¿Me quieres acompañar? – preguntó él alzando las cejas.
-Estás de coña ¿no? – Rick negó- Rodgers, tenía entendido que el cerebro no se había visto afectado pero veo que estaban equivocados.
-Vamos detective, seguro que nos lo pasaríamos bien – Tenía que reconocer que se estaba divirtiendo con ese juego- Podrías ser mi amuleto mientas juego a las cartas – Kate le miró tensándose al escuchar aquella última frase- ¿Qué me contestas?
-Vuelve a llamarme amuleto y te pegaré un tiro – Kate estaba realmente nerviosa, con aquella conversación.
-¿Eso es un no?- la detective le miró con cara de pocos amigos- Lástima, seguro que nos lo pasaríamos genial – contestó Castle chascando la lengua.
-Ya veo que no te estás muriendo, me voy.
Kate no esperó a que su compañero la despidiera, salió de aquella habitación, necesitaba entender lo que allí terminaba de pasar.
