Capítulo XIV: 200 años atrás... [Día 4 - Semana 2]
Simulación A
"¿Cuánto tiempo crees que el príncipe ha estado allí?"
"Oh, ¡no tengo ni la menor idea, doctor! He estado resguardando el castillo desde que mi padre me dejó a cargo, ¡y puedo asegurarle que jamás le he visto aquí!"
"Que extraña es esta situación... podría jurar que no estaba ahí esta mañana. ¿Está seguro usted que se trata de nuestro príncipe y no un... impostor?"
"¡Por todos los cielos, señorita Turner! Mi familia ha servido para la realeza desde generaciones, creo que soy capaz de reconocer al príncipe de nuestro reino."
"Oh, mis más sinceras disculpas, señor, mi intención no era ofender-"
"Shh, ¡está despertando!"
Al escuchar varias voces susurrando a su alrededor, Stan abre los ojos lentamente, su vista borrosa y su cabeza punzante, se sentía mareado y completamente desorientado. Nng... ¿dónde estoy? se preguntó a sí mismo, intentando levantarse de golpe, su vista se nubla y vuelve a caer en la superficie en la que estaba. ¿Una cama?
— ¡Príncipe Stan! —escuchó una voz profunda exclamar con preocupación, la misma voz que hablaba con la mujer, acercándose a él. —Por favor, no se presione, ¡apenas se acaba de despertar!
Ante eso Stan vuelve a abrir los ojos, parpadeando un par de veces en un intento de poder aclarar su vista. En unos momentos, podía visualizar dónde era que se encontraba, observando las cuatro paredes del área y el equipamiento médico, no fue difícil para Stan deducir que estaba en una enfermería.
— ¿Se encuentra bien, príncipe? —preguntó una joven que estaba a cierta distancia, hablando con un hombre alto y de piel oscura que usaba una armadura de viejo aspecto. Stan tomó ese instante para ver quienes eran los que estaban en la habitación junto con él.
Aparte de la joven y el sujeto de armadura, estaba un hombre con bata blanca quien Stan asumió era un doctor, y a un lado de él estaba otro tipo, un chico con desordenado cabello rubio y de ojos verdes que también traía la misma armadura, sus facciones unas de preocupación en su rostro.
— ¿Príncipe? —al notar que Stan no había respondido la pregunta, se aclara la garganta, lo cual hace que entre en un ataque de tos, alertando a todos los que estaban en la habitación. — ¡Oh, Dios! ¡Necesita tomar agua!
La chica castaña corrió hacía un filtro y le llenó un vaso de agua, apresurandose para entregárselo, como si su vida dependiera completamente de ello.
—Aquí tiene, señor —dijo, dándole el vaso en sus manos con sumo cuidado. —Ha de estar sediento, ¿no? Han pasado tantos años...
Stan observó el frío líquido y de súbito se da cuenta de lo seca que se sentía su garganta. —Gracias —musitó, para luego tomar el agua de un solo golpe, el frío calmando el escozor.
La señorita levantó las cejas, sorprendida, para luego darle una sonrisa dulce. —Oh, con mucho gusto.
— ¿Qué me pasó? —preguntó Stan al doctor, tratando en lo posible seguirles todo el juego del "príncipe" aunque realmente no estaba acostumbrado a tener aquel trato, mucho menos ese título.
—Mi más estimado príncipe, usted ha despertado del Sueño Profundo —declaró el doctor C. Donovan, según decía su placa en su uniforme. —Lamentablemente no tenemos explicaciones del porqué usted y los demás han despertado después de tanto tiempo, pero asumimos que es debido a que el hechizo finalmente se deterioró.
—Sabía que la magia de esas brujas era momentánea —murmuró el rubio, sus cejas fruncidas en pensamiento, para luego dirigir su mirada hacia Stan. —De todas formas, es un honor poder estar en frente de su presencia, señor.
Stan sonríe, intentando como podía descifrar cómo poder hacer todo el cuento del príncipe algo creíble. Por ahora, éstas personas parecían estar convencidas.
—Eh, doctor Donovan —al mencionar su nombre el sujeto le dirige su total atención. —Usted había dicho que "los demás" habían despertado, ¿no?
Donovan asintió. —Ah, sí, un total de cinco personas fueron encontradas en el castillo, todas acababan de despertar del Sueño Profundo, como usted.
— ¿Puedo ir a verlos? —preguntó Stan, haciendo que el rubio lo mirara, confundido.
— ¿Usted desea verlos? —cuestionó, como si fuese algo completamente fuera de su carácter habitual. Stan simplemente asintió. — ¿No sería mejor que descanse, príncipe?
Stan rió un poco, bajándose de la cama en la que estaba. —Aparentemente he estado durmiendo durante doscientos años, un poco de movimiento no me haría mal.
—Tiene razón —dijo el doctor, colocando sus manos en los bolsillo de su bata blanca. —Le vendría bien salir un momento, ya se encuentra estable, después de todo.
—Okay, gracias —dijo el pelinegro, para luego entregarle el vaso a la joven, quien enseguida lo guardó.
Dirigiéndose hacia la puerta y dando un paso fuera de la enfermería, Stan se da cuenta de que no reconocía el lugar en absoluto. —Uh... ¿Saben dónde están? —preguntó, haciendo que el rubio asistiera.
—Están en el comedor si mal no recuerdo, ellos despertaron horas antes que usted, príncipe —repuso, para luego salir de la enfermería. —Lo acompañaré, seguramente después de tanto tiempo ha olvidado donde se encuentra todo.
Silenciosamente agradecido, Stan asiente y sigue al hombre de armadura a través de los extensos pasillos del castillo.
Mientras se dirigían al comedor de los sirvientes, el rubio le explicaba a Stan todo lo que había sucedido en el reino mientras él había estado ausente. El rey, aparentemente, nunca fue encontrado desde aquél incidente hace doscientos años, mientras que la reina había sido quemada por uno de los hechiceros. Al parecer, despreciaban a la reina más que a todos los demás de la realeza.
— ¿Y qué ha pasado con esas personas? —preguntó Stan, intrigado. —Los hechiceros y los tiranos, me refiero. Todo parece estar calmado ahora.
El tipo suspiró. —Después de la tragedia del Sueño Profundo y la guerra que duró varios años, simplemente desaparecieron. Nadie sabe por qué; la mayoría asume que es debido a que se aburrieron del reino, pero nadie está seguro.
Diciendo esto, abre la puerta del comedor, apartándose para darle paso a Stan. —Pase adelante, príncipe.
Entrando al comedor, Stan es recibido por un par de sirvientas quienes no conocía, las cuales le hicieron una reverencia inmediatamente al verlo, dirigiéndole toda su atención. Stan sonrió, algo incómodo por toda la atención.
— ¡Príncipe! ¿Se encuentra bien? —preguntó una sirvienta, llevaba su rojo cabello en una coleta y traía puesto un delantal con algo de harina, como las demás chicas. Stan asintió, buscando con su mirada a alguno de los participantes del concurso.
—Estoy bien, gracias —dijo, haciendo que la chica exhalara, aliviada. —Um, ¿saben donde están los demás que despertaron?
—Oh, están en la cocina, los llamaré enseguida.
La pelirroja sale del comedor con rapidez, dejando a las otras sirvientas observando a Stan de manera expectante, como si estuviesen esperando una especie de orden de su parte.
— ¿Tiene hambre, señor? —preguntó una chica con corto cabello rubio. —Podríamos cocinar algo para usted, como unos pancakes, si eso desea.
Stan consideró esto por un momento. No quería andar dando órdenes por todos lados, pero sí tenía algo de hambre, y era un príncipe después de todo. Podía permitirse ciertos lujos, al parecer.
—Uh, seguro —dijo, para luego dirigirse al guardaespaldas, quien ahora Stan notaba se veía algo cansado. — ¿Quieres comer algo? ¿O quizás tomar café? Parece que lo necesitas.
El hombre se vio algo sorprendido ante esa pregunta, pero finalmente asintió.
—Una taza de café estaría muy bien, príncipe; muchas gracias.
Las sirvientas no esperaron más, dirigiéndose hacia la cocina para preparar la comida, justo cuando la chica pelirroja había vuelto a entrar, acompañada de dos personas que Stan reconoció inmediatamente.
Eran Kyle y Craig, ambos usando la misma armadura que su guardaespaldas.
— ¿Stan? —Kyle le observó de pies a cabeza, una sonrisa tirando de las comisuras de sus labios al ver el atuendo que el pelinegro poseía.
Stan llevaba puesto un fino traje de época, seguramente diseñado por los mejores costureros del reino. Una chaqueta mangas largas azul oscuro, una banda blanca, pantalones grises y zapatos del mismo color. A pesar de que no se veía acostumbrado a usar ese tipo de atuendos, le quedaba a la perfección.
—Te ves... diferente —comentó el pelirrojo, aguantando una risa. Stan rodó los ojos, pero sonrió.
—Oh, cállate.
— ¿Es así como recibes al príncipe? —interfirió el guardaespaldas, ofendido por el informal trato que Kyle le ofrecía a Stan.
Stan parpadeó, confundido ante la reacción del rubio. —Oh, está bien, no importa.
—Deberían tratar a la realeza con más respecto —declaró, frunciendo el ceño a los dos chicos.
—Lo siento... príncipe —murmuró Kyle, dudando si decir el título o no. Stan sonrió sin decir nada, considerando la situación divertida.
— ¿Qué hay de ti? —cuestionó el guardaespaldas, observando a Craig de manera vigilante. Craig solo lo miraba de vuelta en silencio, viéndose completamente sorprendido.
Estuvo así durante unos segundos, hasta que Craig finalmente pudo pronunciar palabra.
— ¿Tweek? —con estupefacción en su voz, Craig se acercó al rubio, analizándolo. — ¿Eres tú?
El guardaespaldas entrecerró los ojos en pensamiento, para luego asentir. Craig rió un poco, al parecer tomado por sorpresa.
— ¿Lo conoces? —preguntó Kyle, notando el interés que Craig tenía en el rubio, algo que no había visto en él desde que había llegado al concurso.
—Heh, podría decirse —respondió con una sonrisa, sin siquiera molestarle en dirigirle la mirada. — ¿Qué haces aquí, Tweek? Pensé que no querías estar en esto.
Craig intenta acercarse más al sujeto, pero este da un paso atrás, su mano yendo hacia la funda de su espada, lo que hace que Craig se detenga, confundido.
— ¿Qué estás intentando hacer? —cuestionó, su voz y sus expresiones faciales dando a entender que estaba desconfiando de Craig. —Aléjate.
Craig frunció las cejas ante el extraño comportamiento de Tweek. —Hey, sé que aún no estás muy cómodo con la afección en público, pero lo creas o no, te extrañé.
— ¿Qué? —Tweek guardó la espada de vuelta, muy confundido como para estar en modo de ataque. — ¿De qué rayos hablas? Ni siquiera sé tu nombre.
—Vaya, no te he visto tan en personaje desde que hicimos creerle a la escuela que habíamos terminado —comentó Craig, cruzándose de brazos mientras observaba a Tweek, tratando de descifrar por qué actuaba de esa forma. —No estás entrando en ataques de hiperactividad, ¿has dejado de tomar tanto café como te dije que hicieras?
Tweek iba a decir algo, pero en ese instante entró el resto de las sirvientas con la comida para Stan. Tweek tomó esa oportunidad para dirigirse hacia una de las sirvientas que había estado viendo toda la escena.
— ¿Qué clase de medicamentos le han dado a aquel guardia? —preguntó, refiriéndose a Craig, quien rodó los ojos.
— ¿Es en serio? Vamos, Tweek, deja de pretender que no me conoces —pidió, algo frustrado con la manera que el rubio actuaba. Notando que Tweek no quería cooperar, el pelinegro suspiró. —Okay, bien. ¿Craig Tucker? ¿Tu novio desde la jodida primaria?
Ante eso hubo un silencio en el comedor, los ojos de las sirvientas fijos en ambos, unas murmurando cosas. La tensión en el comedor era tanta que Stan y Kyle no sabían si quedarse o salir de allí lo más rápido que podían.
Y entonces, sin darle tiempo a ninguno para reaccionar, Tweek sacó su espada y la apuntó al cuello de Craig en un solo movimiento rápido, su mirada enojada.
—Príncipe, le ruego no escuche una palabra de este... guardia —pidió, sus manos sosteniendo firmemente la espada. —Considero que el Sueño Profundo le ha hecho perder la razón por completo.
Stan miró a Tweek, para luego ver a Craig, quien se veía sumamente asombrado por lo que estaba sucediendo en ese momento. Era la primera vez que le notaba mostrar tantas emociones en tan poco tiempo.
Craig tragó saliva, dirigiendo su mirada a Stan por un segundo.
—Stan, dile que baje la espada.
—No le des órdenes al príncipe, guardia insolente —espetó Tweek con odio, como si estuviese listo para esperar la orden y poder clavar la espada en la garganta de Craig.
Stan consideró que hacer por un segundo. Seguía molesto con Craig, pero al grado de permitir que fuese asesinado por su guardaespaldas en una simulación. Aunque no moriría de verdad, ¿no?
Stan negó ante sus pensamientos. No podría hacer eso.
— ¿Tweek? —llamó Stan, dudando si ese de verdad era su nombre, pero al ver que eso había hecho que obtuviera la atención del rubio se dio cuenta de que en serio se llamaba así. Que nombre tan extraño.
— ¿Sí, príncipe? ¿Qué sugiere que haga con él? —preguntó, para luego volver a enfocarse en Craig. Stan suspiró, acercándose a ambos.
—Baja la espada —ordenó Stan, a lo que Tweek obedeció de manera inmediata, para luego lanzarle una mirada a Craig. —Tienes suerte que no te odie tanto, Tucker.
Craig se veía evidentemente molesto, pero decidió resistir hacer algún comentario al respecto y simplemente se quedó callado.
— ¡Príncipe! —la misma voz profunda de antes llamó a lo lejos, el hombre entrando al comedor junto con la joven que los había acompañado en la enfermería. Tweek le había contado que sus nombres eran Token Black y Heidi Turner.
— ¡Ha llegado una carta! —exclamó Heidi, haciendo que Stan parpadeara, por un segundo olvidando que se suponía que él era el que estaba a cargo de recibir esas cosas.
— ¿Qué es lo que dice?
—Creo que es mejor que usted lo vea por sí mismo...
Al notar las expresiones de ambos, quienes se veían bastante preocupados y alarmados, Stan tuvo un mal presentimiento de lo que ese carta podría significar.
Heidi le entregó el papel, sus pequeñas y delicadas manos temblando.
"Sus propias mentes los van a consumir lentamente, se destruirán a ustedes mismos si no hacen algo al respecto. Sin darse cuenta, se convertirán en sus propias víctimas.
Este castillo simboliza todos sus secretos, sus inseguridades, sus miedos; todo lo que hace que se odien a sí mismos. Todo lo que representa su odio, su tristeza, aquellas emociones que quieren ocultar y encerrar en lo más profundo de sus almas. Aquellas emociones que hace que construyan un fuerte mental para ocultarse en él, y evitar que alguien entre y observe sus más profundas desesperaciones.
Dense la oportunidad para escapar, o mueran por su propia mano.
Sinceramente,
1 y 2."
Cuando Stan lee la última parte de la escritura, el papel de súbito se prende en llamas frente a él, haciendo que Stan lo dejara caer para evitar quemarse las manos. Aquella carta se evaporó en el aire, sin dejar ningún rastro de que una vez estuvo ahí.
— ¿Qué mierda? —preguntó Kyle, viendo que todos los demás estaban demasiado alarmados como para decir algo. La atención fue enfocada en él, pero luego se dirigieron a Stan.
—Son los tiranos... —musitó Heidi, su mirada perdida y su voz flaqueando por la preocupación. —Ellos... han vuelto.
Repentinamente, las luces del comedor, y quizá del castillo entero se apagan, dejándolos a todos en completa oscuridad. Unos gritos se escucharon, junto con el sonido de puertas abriéndose y vidrios colapsando contra el suelo.
— ¡Stan! ¡Craig! ¡Salgamos de aquí! —gritó Kyle, tratando de buscar a los chicos para poder salir del comedor, pero no podía verlos.
— ¡Kyle! ¡¿Dónde estás?! —Stan preguntó en medio de gritos y ruidos de objetos rompiéndose. Sintió una mano tomar su muñeca, jalandolo hacia un lado de la habitación.
—Stan, no puedo abrir esto —dijo Kyle, su respiración agitada mientras intentaba abrir la puerta como podía. Intentaba mover la perilla, tirar la puerta, nada servía. —La puerta está trancada-
— ¡No! ¡Basta! —exclamó una de las sirvientas, usando todo el aire en sus pulmones para gritar y alejar a lo que sea que le estaba haciendo daño.
— ¡Red! —gritó Token, posiblemente yendo hacia donde creía estaba la chica. — ¡¿Dónde estás, Red?!
Una fuerte ráfaga de viento golpeó el lugar, haciendo que Stan chocara contra la pared. Más gritos se escucharon, unos implorando por piedad, otros simplemente de desesperación, mezclados con el sonido del fuerte viento; Stan sentía que sus oídos empezarían a sangrar por el volumen de los estruendos.
Y, en ese instante, las luces vuelven a encenderse, dejando ver el comedor nuevamente.
Todo estaba destrozado.
Era como si un huracán hubiese despedazado todo a su alrededor. Las mayoría de las sirvientas estaban en el suelo, una piscina de sangre cubriendo sus cuerpos inmóviles.
—R- Red...—musitó Heidi entre lágrimas, quien estaba sosteniendo el cuerpo de la chica pelirroja en sus brazos. Red tenía los ojos en blanco, sangre cayendo por su boca.
Stan sentía que estaba a punto de vomitar ante la escena. Craig estaba recostado en la pared, sosteniendo su hombro que estaba sangrando considerablemente. Tweek estaba del otro lado de la habitación, intentando despertar a Token, quien tenía una herida en la cabeza, como si le hubiesen golpeado con botellas de vidrio.
— ¿Dónde... mierda... estamos? —preguntó Kyle entre fuertes respiraciones; él estaba en el suelo, afortunadamente no tenía heridas pero se veía bastante agitado, como si estuviese a unos segundos de entrar a un ataque de pánico.
Stan no supo cómo responder.
Solo podía pensar en aquellas palabras en la carta.
"Dense la oportunidad para escapar,
o mueran por su propia mano."
Tragando saliva, Stan solo pudo caer a una conclusión; necesitaban huir de ese lugar.
Y rápido.
