Día 24 por la mañana Ennoshita llegó al café donde habían quedado de encontrarse con Akiteru pero al no ver a nadie parecido a la persona del video o fotos adjuntas decidió sentarse en la barra y esperar.

-Ennoshita ¿no? -dijo una voz del otro lado del mostrador. Ennoshita lo vio y asintió, dándose cuenta de que era la misma persona rubia que estaba buscando- Dame un segundo que termina mi turno y vamos, cinco minutos.

Así como apareció, se fue a preparar rápidamente órdenes que tenía pendientes. Ennoshita esperó, como había dicho, los cinco minutos y, ni uno más ni uno menos, Akiteru ya se encontraba fuera del local con una maleta en la mano y haciéndole señas para que salga.

Akiteru dejó su maleta en el baúl del auto de Ennoshita, se subieron y se pusieron en marcha a destino.

-No dijiste nada de trabajar en un café- dijo Ennoshita una vez en camino.

-Sí, no pensé que sería muy relevante. Es algo provisorio igual, no le des mucha importancia. De todas formas ¿Cómo es tu familia?

-¿En una palabra? Difícil. Si no preguntan, no respondas. La mayoría de mis tías son homofóbicas, espero que no te moleste. Antes que nada ¿Estás bien con todo esto? Digo, pareja gay ¿te va?

-Sí, no hay problema-dijo asintiendo. En persona parecía aún más apuesto.

-Ok, porque si no te incomoda me gustaría hacer algo de contacto físico mientras estemos con ellas, ya sabes, para molestarlas. ¿Qué más? Creo que mucho más no queda, en todo caso te diré mientras pase el tiempo, nos quedamos allí esta noche y la próxima, volveríamos a la mañana del 26, no sé si lo mencioné.

-Entendido. Estoy bien con el contacto físico, lo que quieras.

Ennoshita agradeció lo amable que se veía Akiteru por las exigencias que ponía.

-Por cierto, quizás sería mejor que me llames por mi primer nombre, Chikara, ya que se supone que somos novios, ya sabes.

-Está bien, Chikara- dijo sonriendo el otro. Quizás no estaba pidiendo demasiado, pero al menos Akiteru no parecía raro como los demás que le habían mandaron videos.

-¿Te molesta si pongo algo de música? Algo como, no sé, "La novicia rebelde".

-Me encanta esa película ¿No importa si canto?

-Sería raro que no lo hicieras. Al menos empezamos con el pie derecho.

Puso play al audio y ambos se entretuvieron el viaje cantando y, aunque se conocían hace menos de una hora, Ennoshita pensó que esto quizás sí podía funcionar.

Llegaron a la casa de sus padres y aparcó el coche cerca, ya que la cochera ya estaba ocupada por otra persona, seguramente su abuela. Llamaron al timbre y los atendió su mamá.

-Hola, Chikara, a ver el novio- dijo su mamá ni bien lo vio.

Tenía ganas de responderle de mala gana diciendo que sí, estaba bien, sí, se había cortado el cabello y sí, tengo novio, pero se lo guardó para sí.

-Hola, señora Ennoshita, soy Akiteru. Déjeme decirle que Chikara nunca dijo que tenía una madre tan bonita, veo que de usted sacó la belleza.

Ok, buena esa, pensó. Luego de hacer un gesto de vergüenza, su madre dijo:

-Ay, no se queden afuera que hace frío, pasen. Akiteru, cariño ¿Quieres algo? Te, café, lo que quieras, siéntete como en tu casa.

-Así estoy bien, muchas gracias.

Se sacaron los abrigos y Ennoshita hizo un gesto para que suba las escaleras hacia su habitación así dejaba la maleta y Akiteru lo siguió.

-Como aceptaste hacer todo esto te dejo usar mi cama, yo dormiré en el colchón.

-No, no dejaré que duermas en el suelo, usa la cama, si es tuya.

-De qué hablas, tú eres el invitado.

-Duermo una noche yo y la otra tú. ¿Te parece? Así estamos parejos.

-Está bien, solo por hoy.

-Ah, traje un budín, no sé cocinar, asique es uno comprado que puse en un molde casero para no quedar mal.

Ennoshita rió por eso último y le dijo que ya lo llevarían una vez que terminen de desempacar sus cosas. Minutos después su mamá los llamó para que bajen y aprovecharon a llevar también el budín de Akiteru.

-Vengan, ayúdenme a pelar frutas para la tarta. Que uno me pele las manzanas y otro las naranjas, van a haber muchos postres, una tía también va a traer algo-le explicaba a Akiteru.

Ennoshita dejó el budín en una mesada y se puso a hacer lo que le pidieron. Mientras tanto, su madre se encontraba haciendo una especie de crema alejados de ellos.

-Qué amable es tu mamá, dijiste que era peor-dijo Akiteru mientras pelaba las manzanas.

-Sí, porque estás tú. Además, las peores son las tías, mi abuela no tanto pero a veces se pasa con algunos comentarios. Ya veremos cómo te tratan.

Una vez que terminaron de pelar las frutas, su madre les dijo que ayuden a poner los adornos que faltaban en las paredes antes de que llegaran las visitas unas horas después. Luego de eso, los adornos de jardín y, luego en otra cosa más, por lo que a penas les dieron tiempo a bañarse y vestirse antes de que llegaran las visitas.

Ennoshita tenía que admitirlo, Akiteru se veía muy bien cuando no acababa de salir del trabajo o de pelar manzanas. A simple vista parecía el novio perfecto, alto, linda sonrisa y amable. Ahora, salido de la ducha y con el cabello mojado, se ahorraba los comentarios, por lo que se dirigió rápido al baño en caso de que se quedara demasiado tiempo viéndolo. Que quizás sí haya hecho. Esperaba que no.

Cuando bajaron nuevamente al living sus familiares habían llegado y se encontraban charlando felizmente. Ahora vengo yo, el primo gay, a echarles a perder la velada, pensó Ennoshita.

-Ahí está el novio de Chikara- anunció su mamá, orgullosa. Seguramente había estado presumiéndolo desde que llegaron.

-Por fin se consigue uno, ya era hora- escuchó decir a una tía.

-Esperaba que al menos este año sea una linda muchacha- dijo otra. Para su sorpresa, Akiteru le rodeó la cintura levemente, lo suficiente para que sus tías lo noten. No se esperaba que fuera él el primero en hacer algo de contacto físico.

De todas formas, la familia se acercó a Akiteru para preguntarle cosas y estaban atentos a las respuestas como si esperaran a un bebé decir sus primeras palabras.

-Ahora que estamos todos juntos podemos sentarnos a la mesa, que si no se enfría la comida-dijo su mamá.

Se sentaron todos en sus lugares que tomaban generalmente en las fiestas, Akiteru al lado de Ennoshita y, en frente, sus tías y primos.

-Y dime, Akiteru ¿De qué trabajas?-preguntó una de las tías mientras su mamá servía la comida en los platos.

-Déjame que yo sirvo-dijo Ennoshita, dejando que su mamá se siente y escuche atentamente lo que Akiteru iba a decir. Aunque, como los demás, él tampoco sabía lo que el otro iba a decir más que trabajar en un café.

-Trabajo en un estudio contable-dijo, para luego tomar un vaso de agua.

-Qué interesante-dijo una tía-. Es decir, trabajas con números y haciendo cuentas.

-Sí, generalmente hay números. Cuentas también- Ennoshita dudaba que sea verdad lo del estudio contable pero no dijo nada.

-Y, Chikara, además de eso que haces de dirección de películas o lo que sea ¿No va siendo hora de que te consigas, ya sabes, un empleo estable?

-¿No va siendo hora de que te consigas, ya sabes, un marido estable?-dijo en su tono más amable. Su mamá tosió para cambiar de tema- Por cierto, muy rica la ensalada- sonrió y volvió a su plato.

Hubo un silencio en la mesa unos minutos hasta que volvieron las preguntas a Akiteru. Como había dicho en su video, sí era bueno hablando con los familiares. En un momento su primo más chiquito, de unos cuatro años, negándose a comer, quería irse de la habitación y Akiteru, sin levantarse siquiera de la mesa, lo atrapó y lo puso a comer en su regazo, lo que al parecer ayudó a calmarlo. Su primo mayor estaba impresionado de que un desconocido logre hacer lo que él no podía y, sinceramente, Ennoshita también lo estaba.

Sin más comentarios sarcásticos ni tías hablando mal de él, la cena trascurrió bastante tranquila. Akiteru se había visto bastante paciente a la hora de hablar con su abuela y tías, además de contestar preguntas sobre su educación y familia.

-¿Y cómo se conocieron? Quiero escuchar la historia- dijo una prima.

Ennoshita, preocupado por conseguir o no una cita para ese día, se había olvidado completamente de esa pregunta obligatoria. Estaba en blanco ¿Qué se supone que tenía que decir?

"Lo golpeé en la entrepierna tratando de abrir un paraguas y me quedé a su lado hasta que se recuperó" Escuchó decir a Kinoshita en su cabeza.

No. Simplemente no.

"Nuestros perros se gustaron en la plaza" se imaginó decir a Narita. Ni siquiera tenía perro.

-Amigos de amigos-dijo Akiteru. Bueno, esa no era mala idea pero no se diferenciaba mucho de las suyas.

-Sí, fue casi una cita a ciegas ¿verdad?- simuló Ennoshita.

-Así es- dijo Akiteru. El momento de poner incómodas a las tías era este ¿no? Se inclinó lentamente hacia el otro haciéndole una leve señal para que capte la idea y Akiteru también se acercó. Fue un leve roce de labios como se supone que hacen las parejas reales, sin embargo no le hubiera molestado seguir por más. Pero no era el momento. No lo conocía. No sabía qué estaba pensando.

Llegó la parte del postre y, entre tantos, sirvieron el budín de Akiteru, diciendo lo bueno que se veía y que el sabor era aún mejor. Ambos se rieron por lo bajo al saber que él no lo había hecho.

Luego del brindis a las doce horas, la mayoría de los invitados tuvieron que irse, ya sea porque el nene tenía que dormir o las tías tenían clase de yoga a la mañana temprano.

Ennoshita se excusó diciendo que tuvieron un viaje largo y cansador, por lo que ahora tendrían que irse a dormir temprano. El rubio lo siguió hacia la habitación y se cambiaron para dormir, Akiteru en su cama y Ennoshita en el colchón en el piso.

Apagaron las luces y la casa quedó en un completo silencio.

-¿Sigues despierto?-preguntó Ennoshita en voz baja a la media hora de acostarse.

-Sí ¿Por?- respondió Akiteru.

-¿Quieres ver una película? Tengo Netflix y se puede ver desde la tele.

Akiteru asintió y se levantó hasta que Ennoshita conectó los cables y prendió la tele.

Ambos se sentaron a los pies de la cama, usándolo como respaldo, agarrando algunas almohadas para estar más cómodos.

-¿Cuál quieres ver?-preguntó Ennoshita una vez que apareció la lista de películas.

-¿Hay alguna de Navidad? Ya que estamos en la fecha.

-¿"Love Actually"?

-No te quiero engañar, la vi ayer.

-¿"12 citas para Navidad"?

-¿De qué trata?

-Parece ser como que una chica quiere la Navidad perfecta y revive el mismo día 12 veces hasta lograrlo.

-Como "El día de la marmota".

-Sí, algo así.

-Me encantan esas películas, veamos esa.

-Traigo algo para comer y la vemos.

Una vez que Ennoshita hubo vuelto de la cocina con helado que sobró de postre, pusieron el botón de play y comenzó la película.

En mitad de lo que iba la reproducción ya ambos habían bromeado la mayor parte del tiempo, algunas veces riéndose tan fuerte que se tuvieron que callar para no despertar a nadie.

-¿Qué harías tú si supieras que, no importa lo que hagas, el día se repite?-preguntó Akiteru, tratando de bajar el tono de voz mientras veían los créditos pasar en la pantalla.

-Probablemente saldría a la calle en ropa interior y bailaría sobre alguna mesa. Al día siguiente nadie lo recordaría.

-¿Y cómo sabes que ese no es el último día, como, "el día perfecto", tu verdadero yo?

-Tienes razón. En ese caso me tomaría un avión a otro país y visitaría a algún director de cine renombrado. Suena lógico ¿No? ¿ Y tú?

-Quizás haría como la protagonista, eso de comprar todo lo que yo quiera, la tarjeta después no me lo reclamaría. Aunque, si ese es mi último día, sí estaría en un aprieto.

-Sí, aunque ¿Te diste cuenta de que siempre que la chica ponía el mando de la televisión a su lado al acostarse, cuando tocaban las 12 aparecía de nuevo al lado del perro? Lo hicieron más de una vez.

-¿Siempre te fijas en esos detalles o solo cuando hay visita?-preguntó con una sonrisa.

-La segunda, especialmente cuando duermen en mi cama y se comen todo mi helado- le devolvió la sonrisa.

-¿De qué hablas? ¡Tú te comiste casi todo!

-No, cuando quise comer algo ya estaba por la mitad-dijo, mostrando el recipiente ya vacío.

-No tienes pruebas.

-¿No se supone que eres mayor que yo? Toma la responsabilidad- agarró la cuchara que hasta el momento había utilizado y la pasó por el recipiente con algo de helado para luego ponerla en la mejilla del otro.

-¡Está fría! ¿Por qué hiciste eso?-preguntó tratando de no elevar al voz.

-Ven aquí- dijo limpiándole con una servilleta la mejilla al otro-. Eso te pasa por inmaduro- una vez que terminó de limpiarle la mancha, su mano parecía no querer moverse, viendo la cara del otro tan cerca suyo.

-Disculpe usted, señor adulto que ensucia a otros la cara con una cuchara- le dio un golpe suave en el brazo, volviendo nuevamente a sus posiciones de antes. No había nadie de la familia del otro como para ponerse románticos

Ambos se rieron sus comentarios, evadiendo lo que sintieron en aquel momento. No podían creer que a penas se habían conocido ese mismo día a la mañana. Olvidaban que esto era parte de un trato y, dentro de unos días, ya no volverían a verse, siendo nuevamente extraños. La estaban pasando tan bien que ni querían pensar en eso como una posibilidad, mucho menos algo definitivo. ¿No podrían quedarse así, disfrutando de una película y bromeando para siempre?

Entre risas y charlas solo fue cuestión de tiempo para que a uno se le escape un bostezo, haciéndolos volver a la realidad y darse cuenta de que ya eran casi las cinco y mañana se levantarían temprano. Se dirigieron a sus camas y trataron de dormir, no sin antes seguir otra pequeña charla sin sentido. Luego de un rato, la casa nuevamente quedó en completo silencio.