Ennoshita no podía creer lo que estaba pensando. Por más que su relación con Akiteru había comenzado como una farsa, lo que ocurría entre los dos no parecía nada fingido.

Esa mañana habían llegado a su departamento y se sintió tan bien por fin poder concretar lo que habían pospuesto varias veces el día anterior que lo demás mucho no importaba. Quizás eso también afectaba su cerebro, después de tantos meses sin haber tenido relaciones cualquier cosa le venía bien. Pero Akiteru no era cualquier cosa. Como con los besos, el rubio sabía bien lo que hacia y, comparado con la ultima vez varios meses atrás, encontrar a alguien así era realmente un alivio.

Su cabeza era un lío. No entendía por qué en su imagen de pareja feliz ahora Akiteru se encontraba allí. Quizás sus amigos tenían razón y ya era hora de encontrarse una pareja estable. Quizás estaba sintiendo ese tipo de sentimiento con el otro. No sabía si eso era algo bueno o malo. El día anterior se había dejado llevar por la situación y le siguió coqueteando y, para ser honesto, no se arrepentía de nada. Ese fin de semana con un completo extraño terminó siendo como salir con un amigo. Bueno, con un amigo que luego te acuestas con él. Pero lo que pasaba en su cabeza en ese momento era que no quería que el fin de semana termine. Quería seguir viendo a Akiteru y no entendía cómo había caído en sus manos un chico así.

Se encontraban todavía en la cama, desnudos, disfrutando la tranquilidad del momento. Ennoshita levantó la vista para verle la cara, con todos los pensamientos en mente.

-¿Por qué aceptaste este fin de semana? Digo, no dije que había una recompensa ni nada así-preguntó, cortando el silencio entre los dos.

-Tú eres mi recompensa- respondió el otro, soltando una leve risa al final de la frase.

-Lo digo enserio-se rió también, aunque no sabía si el otro lo decía en broma o se reía porque era cierto y se avergonzaba por ello-. No soy un supermodelo o algo así que digas "Wow, quiero salir con este chico".

-Para serte sincero no sé por que. Ni siquiera sé qué hacía en esa página pero una vez que vi el anuncio tuve ganas de conocerte. Como mi familia no celebra mucho Naavidad me pareció buena idea. En un principio tenía miedo de que hubiese llegado tarde y ni leyeras el mail.

-Creéme, fuiste de los videos más decentes que recibí.

-Supongo que eso me da una idea de cómo habrán sido los demás. Y sí puedes ser un supermodelo. De…¿manos? Tienes lindas manos.

-¿Cómo no lo pensé? Podría ganar millones con mis manos, relojes, anillos, un sinfín de posibilidades- puso los ojos en blanco con una sonrisa en los labios. Ya se estaba pareciendo a Kinoshita diciendo que sus ojeras eran lindas. La diferencia era de quién provenía.

-No, lo digo enserio. Mira- le tomó las manos. Por alguna razón a Ennoshita le pareció muy íntimo, eso de tomarse las manos acostados en la cama desnudos. De todas formas, no era que le molestaba-, piensa en las historias que escribiste con estas manos, tus películas, seguro que son grandiosas. No sé las demás, pero la que me contaste el otro día sonaba genial, tienes que escribir el resto.

-Después lo hago, y no digas esas cosas cursis, es raro- se tapó la cara con las manos que seguían sostenidas por las de Akiteru.

-A esta altura ya deberías saber que soy cursi- por un momento se miraron a los ojos-. Dale, sigue lo que me contaste ayer, realmente me interesó, aunque no tenga el rol principal-dijo riendo.

-Más tarde. Ahora quiero dormir- dijo, volteándose al lado contrario donde se encontraba Akiteru. Si había algo que le gustaba del otro era el interés que presentaba por sus películas. Realmente no quería dormir en ese momento, simplemente no le quería decir la continuación porque todavía no la tenía.

Akiteru se acercó a la espalda del otro, dándole pequeños besos en la nuca y hombros.

-Si no me dices no te dejaré conocer a mis perros- ya se encontraba con la barbilla en el hombro del otro, tomándolo nuevamente de las manos desde atrás.

Ennoshita suspiró. No iba a mentir, sus perros sí se veían lindos. Se tomó un tiempo para pensar la continuación, al menos de esa forma tenían tema para hablar en esa perezosa mañana.

Minutos después ya se encontraba contándole la continuación. Estaba en parte agradecido, ya que no pensaba seguirla hasta dentro de unos días pero, una vez que terminó de contarle la idea, tenía ganas de ir a escribirlo con las supuestas manos lindas que tenía según Akiteru.

Realmente eso no era tan malo. Relajados en la cama, abrazados, hablando de lo cursi que era el rubio o de sus películas. Su plan los últimos años no consistía en salir con gente, simplemente quería concentrarse en sus películas, ya que de otra forma le haría perder tiempo, pero Akiteru no parecía el caso.

Akiteru no parecía el caso para nada. Al comienzo Ennoshita no quería ni ver los videos de los candidatos para la cena de Navidad sin haberlos conocidos antes y finalmente terminó acurrucado con uno.

Entonces pensó que quizás ese fin de semana no tenía por qué acabar. Ya no tenían por qué fingir y podían ser tan cursis como Akiteru quisiera, tener las siestas que a él le gustaban luego de quedarse hasta las cinco de la mañana viendo películas malas, como también le gustaba la idea de conocer a los perros del otro y conocerlo más a él.

Principalmente eso último.