-La obra no me pertenece a mí, sino a Hideaki Sorachi-
Episodio 2: Los trabajos creados por fans no son para nada un reflejo de la realidad en una obra de ficción. Aunque después de todo es ficción y no realidad, ¿verdad?
Ahora que por fin aquella pelirroja dejó de golpearme, prosigamos con la historia.
Como bien podrán imaginar, aquella encuesta de popularidad de las parejas en Gintama se volvió bastante viral. Los verdaderos matrimonios en Edo estaban resignados con los resultados, y no entendían qué había ocurrido realmente con aquél top. Por supuesto muchos sospechaban que se trataba —otra vez— de la Yorozuya trayendo un nuevo problema al distrito, pero el cómo aquél ranking había nacido era casi un misterio.
El comandante de la tercera división del Shinsengumi, Saito Shimaru, era un tipo bastante callado y tranquilo. Dentro de él guardaba una faceta muy tímida, y le costaba comunicarse con los demás.
Aquél no sabía muy bien cómo afrontar la situación; le habían comunicado que pertenecía al infame ranking de popularidad y no podía creerlo. Además de ser alguien que no conocía en lo absoluto, aquella persona pertenecía al Mimawarigumi, grandes rivales de su propia fuerza policial. De todas maneras, dentro de él tenía ese sentimiento de querer ir a disculparse con la tal Nobume, diciendo que no había sido su idea ni nada. Fue así que se retiró del cuartel, utilizando un simple kimono y no su usual uniforme, y se dirigió hacia el sitio donde se encontraba tal facción. Se paró enfrente de la entrada y la golpeó suavemente.
—¿Sí? —Respondió al llamado un soldado que utilizaba un traje similar al de él pero blanco de uniforme.
Saitou, algo nervioso y mirando hacia otro lado, alzó su cuaderno donde tenía escrito el nombre de la chica.
—Imai… Imai Nobume… ¿La vice capitana? ¿Qué quieres con ella?
El chico del afro naranja tomó su lápiz y continuó.
—Vengo a… Disculparme. ¿Qué le has hecho, eh?
Shimaru estaba algo nervioso por lo cual empezó a sudar de forma incesante. Sin embargo, antes de que pudiera volver a mostrar aquél cuaderno, una hermosa chica de azules cabellos y ojos intensamente rojos apareció.
—Ya es suficiente —cortó aquella chica—. ¿Qué ocurre aquí?
—¡V-Vice capitana! —el soldado se sobresaltó al oír tan delicada voz.
—¿Y tú qué quieres? —Preguntó, refiriéndose al afro.
Éste, increíblemente nervioso y con las mejillas de un color rojo intenso, huyó del lugar lo más rápido que pudo.
—Qué diablos… —cuestionó Nobume— Qué más da —finalizó.
—¡Kondou! ¡Hay que hacer algo con ese ranking de popularidad de parejas que anda circulando por ahí! ¿Qué diría mi esposa si se entera de que estoy yo con esa vieja? ¡Me matará! —gritó Matsudaira, sacudiendo al comandante del Shinsengumi.
—Pero jefe, ¡esto es genial! ¡Otae-san y yo quedamos en el ranking también! —sonrojó el gorila.
—¿Tú y Otae? ¿No querrás decir tú, la chica Yagyuu y Otae? —contestó Hijikata, riendo.
—¡Toshi! ¡No se suponía que dijeras eso! —largó a llorar Kondou, colocando sus manos en los hombros del príncipe mayo y mirando hacia abajo.
—Está bien, está bien, Kondou-san. Al menos no estás en mi situación… —respondió Hijikata, abrazando a su comandante y largando una lágrima—. Aquí el único que debería estar contento es Yamazaki después de todo…
—Tama-san y yo en el ranking de las mejores parejas de Gintama… Por fin estamos teniendo algo de reconocimiento —sonrió Zaki—. Hoy iré a verla, es un buen día —concluyó.
—Iré contigo, tengo que hablar con esa vieja urgentemente, y ese robot trabaja para ella, ¿no? —preguntó Matsudaira.
—¿Cómo que robot? Ta-ma-san —deletreó Yamazaki.
—¡Cállate y ven conmigo! —el jefe tomó por la fuerza al muchacho y lo arrastró por el suelo hasta la salida del cuartel.
—¿Qué vamos a hacer, Kondou-san?
—Quizá por ahora deberías ir a la Yorozuya, a hablar con ya sabes quién—rió el gorila.
Hijikata mandó el cigarrillo que tenía a la boca. No sabía cómo diablos manejar la situación.
—Creo que eso haré… —contestó, apartando aquél mismo cigarrillo y apagándolo—. Hasta han incluido a Hamada en este lío, cuando apenas habla en todo el anime.
—Mi nombre es Harada, vice comandante.
—De verdad… ¡Encima con toda una hermosura de Yoshiwara! Aunque jamás será tan hermosa como Otae-san, pero algo se le acerca. Qué suertudo eres, Hasada-san.
—Que mi nombre es…
—¿Siquiera se conocen esos dos? Aunque debo decir, no es ni por asomo el más sorprendente en esta lista —comentó Toshi, observando un panfleto que tenía dicho top—. Una idol y un yato asesino, eso sí se les fue de las manos.
—Aunque debo decir que la justaway y el otro yato no harían mala pareja —carcajeó Kondou.
—Oigan…
—Hablando de yatos… ¿Dónde está Sougo? No puedo esperar por ver su cara de molestia cuando vea que lo emparejaron con aquella niña yato de la Yorozuya —sonrió el vice comandante.
—No lo he visto, aunque, conociéndolo, de seguro ni se haya enterado todavía —añadió Kondou.
—¡Dije oigan! —gritó Harada.
Kondou y Hijikata se sobresaltaron ante el grito de aquél policía.
—¿Q-Qué pasa? —contestó el gorila.
—Primero que nada, me llamo Harada —abroncó— y segundo —comenzó el calvo, sonrojándose un poco ante la situación—, yo…
—¿Qué ocurre, Harada-san? —preguntó algo nervioso Toshi.
—Yo… Hinowa y yo…
—Acaso ustedes… —cuestionó Kondou.
—¿¡Por qué está sonrojado!? —agregó Toshi.
—Hace tiempo que no veo a Hino-chan, quizás debería pasar a saludarla, ¿ustedes qué creen?
—¿H-Hino-chan? —sorprendió el comandante.
—¿En serio quieres consejos románticos por parte de Kondou-san y yo? No te recomiendo que vengas a nosotros buscando ese tipo de ayuda —rió Hijikata—. Pero, ¿qué pasó exactamente entre aquella mujer y tú?
—Digamos que… Solía ser uno de sus clientes más frecuentes en el pasado. Iba a Yoshiwara, pasábamos un buen -pero corto- rato juntos, y siempre me despedía alegremente —esbozó una sonrisa.
—¿¡Había una historia real entre ustedes!? —dijo, exaltado, Toshi.
—¿¡Y qué pasó después!? —preguntó Kondou.
—Sin embargo, debido a que no tenía suficiente dinero, me fue imposible seguir yendo a verla. Quizás ella ni se acuerde de mi, soy un tipo que pasa desapercibido todo el tiempo después de todo, pero en su momento, ella… Ella… —lloró el policía.
—¡Y dramática además! —agregó Hijikata.
—¡Déjalo terminar, Toshi!
—Ella era… No sólo era el sol de Yoshiwara… También era… Un sol para mí —sollozó aquél. El príncipe mayo y el gorila, conmovidos por la historia, terminaron consolándolo con un abrazo.
—K-Kondou-san, ¡debemos hacer que vuelvan a verse! Quizás el imbécil de la Yorozuya sepa dónde encontrar a la tal Hinowa… ¿Kondou-san?
El gorila había huido del cuartel rápidamente.
—Harada, Toshi… ¡Lo siento, pero tengo una cita con Otae-san! ¡No puedo desperdiciar esta oportunidad! ¡Debo ir a hablarle ahora!
—Qué más da… —deprimió Harada.
—Ven conmigo, creo que sé dónde podemos hallar más información sobre ella —Hijikata tomó un cigarro, de nuevo, y se lo llevó a la boca.
—Vice comandante… —respondió muy emocionado aquél— ¡Iré con usted! —finalizó.
—Shinsuke…
—¿Qué ocurre, Bansai? Pareces inquieto —ambos se encontraban en el barco del Kiheitai; Takasugi estaba leyendo algunos papeles, mientras que Bansai observaba hacia afuera de la nave, intentando calmarse.
—He traído algo de… Información, Shinsuke.
—¿De qué se trata? Estoy algo ocupado, que sea rápido —Sugi lo miró intensamente a los ojos, por lo cual Bansai, por reflejo, terminó esquivando su mirada.
—…
—¿Qué ocurre, Bansai? —se levantó, y observó que aquél miembro del Kiheitai tenía en sus manos una especie de folleto— ¿Qué es eso? —preguntó, señalando aquél papel.
—E-Esto es…
—Dame eso —Takasugi tomó a la fuerza dicho papel y empezó a leerlo, frunciendo su ceño— Qué diablos… Qué diablos es esto…
—A-Al parecer hicieron una especie de ranking de las pa-parejas más populares de Gintama, y…
—¿Por qué figuramos aquí?
—N-No lo sé realmente, Shinsuke —contestó Bansai, llevándose la mano a la cabeza.
—Cada vez tengo más ganas de destruir ese insignificante planeta… Algún día lograré hacerlo, y estas cosas no volverán a ocurrir —suspiró el líder—. Oye Bansai, ¿por qué estás…
—Shinsuke… Si es con usted, Shinsuke… No me molesta aparecer en estas encuestas —sonrió Bansai, algo sonrojado.
—…
—¡Digo! ¡Lo siento, Shinsuke! ¡V-Volveré a lo mío! ¡Lo siento por molestarle con semejante trivialidad!
—Como digas…
Takasugi volvió a sus papeles, algo desconcertado por lo que había ocurrido.
—¡Esto del ranking definitivamente se nos fue de las manos, Gin-san! ¡Por algún motivo no paran de enviarnos cartas de queja un montón de personas porque no figuran en él! ¡¿Qué vamos a hacer?! —desesperó Shinpachi.
—No te preocupes, Pachi boy. Nadie puede comprobar que fuimos nosotros los que lo hicimos después de todo —contestó Gin—; lo que debería preocuparnos no es la gente que no logró entrar, sino los que sí… ¡Y tú, ya sal de ahí! —gritó, tirando su espada a Sacchan, quien se encontraba 'oculta' en uno de los muebles de la Yorozuya.
—¿¡Qué se supone que haga!? ¿Cómo puede ser que no haya sido yo la que haya entrado en ese top contigo, Gin-san? ¡No lo aceptaré!
—¿¡Quizás porque estás enferma y el público sabe que no tengo ni el más mínimo interés en alguien como tú!? —chilló el de la permanente.
—G-Gin-san… No debes ser tan… Cruel conmigo… Para, por favor… —suplicó Sacchan, sonrojada por la situación.
—¿¡Eso te excita!? —resaltó Shinpachi.
—Sarutobi, para ya, quieres…
—¡Zenzou-san! —sorprendió el cuatro ojos.
—¿Y tú qué haces aquí? ¿No me digas que no puedes controlar a tu mujer y por eso has tenido que venir con ella? —burló Gintoki.
—Gin-san, acaso tú… ¿Estás celoso? ¡No tienes que estarlo! ¡Él y yo no tenemos nada! ¡Yo soy toda tuya, Gin-san! —Sacchan, con una gran emoción encima, se sentó en la falda de Gintoki, y comenzó a abrazarlo.
—¡Como si pudiera estar celoso de alguien que no me interesa en lo más mínimo! ¡Ya sal de encima, quieres! —Gin la tomó de los cabellos y la quitó de donde se encontraba— Y tú —comenzó, mirando a Zenzou— ya hazte cargo de tu 'compañera', ¿quieres?
—No es mi culpa —libró Zenzou—, ella sólo vino a hallar quién había sido el culpable de esta catástrofe. Ustedes tuvieron algo que ver, ¿cierto?
—C-Claro que no —sentenció Shinpachi.
—Si eso fuera cierto… Creo que media ciudad intentaría matarlos —contestó, mirando lo caótico que se encontraba todo afuera—. Lo mejor que pueden hacer es irse de aquí, o terminarán como aquella vez con el ranking de los personajes más populares.
—Eso quisiéramos, pero —Gintoki se paró, y a continuación abrió la puerta de la Yorozuya.
—¡G-Gin-san! Sé que eso no es mucho, pero traje esta flor marchita que encontré en el camino hasta aquí, ¡tómala, por favor! —solicitó Hasegawa, con una sonrisa y algo avergonzado.
—¡Gintoki! ¿Qué es eso de que estoy en un top de parejas con este tipo tan maleducado? ¡Hazte cargo, quieres! —mandó Otose.
—¡¿A quién llamas maleducado, vieja?! ¡Y tú, dueño de la Yorozuya, más vale que me saques de ahí! ¡Sé que tienes que ver algo con esto! ¡Mi esposa me matará! —añadió Matsudaira.
—Gintoki-sama, le ruego por favor que haga algo, esto se está saliendo de control —pidió Tama.
—Tama-san, e-estás bonita, como siempre —sonrojó Yamazaki.
—Gin-san, ¿por qué había un gorila queriendo tener una cita conmigo en la puerta de mi casa, me lo quieres explicar? —demandó Tae, agarrando a Kondou de la parte de atrás del cuello de su ropa, con una sonrisa que asustaba hasta al mismo diablo.
Todos se encontraban en la puerta de la Yorozuya, hablando al mismo tiempo y exigiendo diferentes cosas; por esto, ni Gintoki ni Shinpachi habían podido salir de aquél sitio, y mantenían unos cuantos muebles delante de la puerta.
—¿Ahora qué haremos? Se suponía que esto fuera algo feliz, algo que todos disfrutarían o algo, pero… —lamentó Shinpachi.
—Calma Patsuan, creo que tengo la solución perfecta —dijo Gintoki, con sus ojos iluminados, mientras volvía a colocar los muebles adelante del sitio—. Pero antes, ¿sabes dónde está Kagura?
—La última vez que la vi fue luego de… aquello. Supongo que aún sigue molesta con haber quedado en primer lugar.
—Creo que ya sé qué hacer —señaló Gin.
Okita Sougo se encontraba dando una vuelta por Edo, haciendo su trabajo diario. En su cabeza, sin embargo, tan sólo se encontraba la idea de tomar una buena siesta en el cuartel. Quizás más tarde, pensó.
No había demasiada gente por las calles en aquél momento de todas maneras. ¿Será que todos habían acordado esconderse de la policía al mismo tiempo? Mejor así, concluyó; era menos trabajo del cual ocuparse, después de todo.
En su pacífica caminata, no pudo evitar oír unos cuantos ruidos que parecían provenir desde bastante más lejos. Más que ruidos, parecían los quejidos fuertes de alguien. ¿Quién osaba irrumpir su paz y tranquilidad de ese entonces?
Caminó y caminó hacia el lugar de donde parecían provenir dichos gritos; cada vez se acercaba más a aquél sitio, la Yorozuya. Allí se encontraba bastante gente amontonada, entre ellos podía distinguir a ¿Kondou-san? Mientras más se adentraba entre la multitud, más empezaba a notar la cantidad de gente que lo observaba y murmullaba sobre él en el momento. Algunos lo miraban, sorprendidos. Otros decían cosas como '¿es él?', incrédulos ante su presencia.
Okita no tenía ni la menor idea de qué estaba pasando. ¿Tenía algo en el rostro, acaso? En el ardor del momento, estaba a punto de desenfundar su espada, pero no lo logró. Una delicada mano había tomado con fuerza su muñeca derecha, cinchándolo y trayéndolo hacia ella.
—Oi. ¿Quién eres, y qué quieres conmigo? —dijo, algo sobresaltado el capitán de la primera división del Shinsengumi.
Aquella misteriosa chica, que llevaba una caperuza color beige, siguió llevándolo lejos de allí, y terminaron en un callejón, solos los dos.
—¿Qué ocurre? ¿Acaso tú sabes qué estaba pasando allí? ¡Muéstrate!
—Veo que no te has enterado de lo que ha pasado-aru —Kagura quitó su capucha y mostró su rostro a aquél sádico.
—¿China? ¿Qué diablos? ¿De qué hablas?
—Veo que eres tan imbécil que ni siquiera sabes de qué estoy hablando-aru… Mira esto —la pelirroja mostró al sádico un papel que tenía en el bolsillo, mirando hacia otra dirección.
—Encuesta de popularidad… ¡Oh mira! ¡Estoy por encima de Danna y Hijikata! Espera, ¿acaso ellos empataron o qué? ¡Y cómo es eso de que estoy empatado contigo! Es obvio que yo…
—¡Idiota! ¡Observa bien-aru! —insistió Kagura, enfadada.
—Oye, háblame bien. Espera, ¿quién diablos es Harada?
—¡¿Eres retrasado o qué?! ¿No ves lo que dice en la parte superior-aru?
—"Esta es una encuesta que fue realizada a más de mil quinientas personas, sobre cuál era su pareja favorita de Gintama…". Espera, ¡¿qué?! ¡¿Por qué diablos estamos tú y yo en esta cosa?!
—¡¿Crees que yo tengo idea-aru?! ¡Estoy tratando de encontrar a los culpables detrás de todo esto-aru!
—No puedo creer que la gente crea que tengo tan mal gusto, pensando que me interesaría estar con una mocosa como tú —dijo Okita, manteniendo una cara de desprecio mientras observaba el papel.
—¡Ja! ¡Eso quisieras tú-aru! ¡Tienes suerte de poder aparecer con alguien como yo-aru! Aunque por mi parte, sí que me he llevado el peor trago.
—¿Qué dices? —enfureció Sougo, intentando iniciar una pelea con la chica yato, la cual pudo frenar su puño en seguida con su propia mano.
—¡Basta! ¡No tenemos tiempo para estas idioteces-aru! ¡Si peleamos entre nosotros, jamás encontraremos a los culpables de esto-aru! —Okita la soltó, y luego se cruzó de brazos.
—¿Cuál es tu plan? ¿Qué yo te ayude a encontrar al responsable? —cuestionó Sougo, con un rostro de completo rechazo.
—Creí que por lo menos te interesaría saber por qué diablos había ocurrido esto —dijo Kagura, entrecerrando los ojos—, pero por lo que veo, no te molesta tanto como a mí-aru —burló.
—¿Cómo que no? A mí me molesta mucho más que a ti —refutó—. Sin embargo, no se me ocurre ninguna manera de… Espera un momento.
—¿Qué ocurre? ¿Se te ocurrió algo-aru?
—Estas cosas siempre se originan en la red, ¿cierto? Quizás si vamos a un cibercafé podemos ver por qué diablos terminamos en esta cosa.
—¡Por una vez en tu vida has servido de algo-aru!
—Oi…
—¡Vamos! ¡Estoy segura que por aquí hay uno de esos-aru!
Dado que la mayor parte de la gente se encontraba cerca de la Yorozuya debido a las múltiples quejas que planeaban hacerle a Gintoki, aquél lugar estaba desolado. El dúo entró y agarró la primera computadora que se encontraba libre.
—¿Y cómo se usa esto-aru? —preguntó Kagura, mientras Sougo se acomodaba al lado de ella.
—Se supone que… Busques nuestros nombres y veas qué aparece.
—¿¡Qué!? ¡No podría hacer eso-aru! ¡Hazlo tú! —el capitán suspiró, y algo molesto se dignó a emplear dicha labor.
—Qué es esto… ¿Fanfiction punto net? Qué diablos…
—¡Ábrelo-aru! ¡Quiero saber qué es eso!
—¡Ya cálmate! —exigió Sougo, clickeando en dicho link— ¿Más de mil resultados? ¿Qué se supone que…
—Dame eso-aru —dijo, quitándole el mouse de la mano al sádico—. Tenemos que encontrar a los culpables pronto, así no se escapan-aru.
Okita colocó su codo en la mesa donde se encontraba la computadora, y luego acabó por apoyar su cabeza en la mano; se encontraba algo agotado, y la situación era bastante cansadora. A decir verdad, le daba igual lo que habría pasado, tan sólo quería tomar una siesta.
Con los ojos entrecerrados, comenzó.
—A decir verdad, no creo que sea tan fácil encontrar a los culpables de esto así, por qué mejor no vamos con Dann…
—¡Sh! ¡Estoy tratando de leer algo-aru! —quejó la pelirroja, y comenzó a leer en voz alta— "Luego, Kagura tomó a aquél sádico por la cintura, y comenzó a bajar hasta encontrarse enfrentada cada a cara con su…" Oye, ¿qué haces, idiota? ¡Estoy tratando de leer-aru! ¡Quita tus sucias manos de mi rostro!
—No creo que quieras leer eso, todavía eres una mocosa —interrumpió Sougo, colocando con fuerza su mano izquierda en la cara de Kagura, para tapar sus ojos; después de todo, él sabía perfectamente qué iba a pasar a continuación en aquella historia—. ¿Quién diablos escribe estas cosas?
—¡Suéltame! ¡Quiero leer-aru! —la yato intentó forzar la mano del sádico para quitarla de su cara, pero los esfuerzos fueron inútiles.
—Déjame buscar otro primero —Okita Sougo terminó por abrir otra de esas páginas—. Wow, qué mala ortografía que tiene este: "y en eso okita la abrazo y le dijo 'kagura, te am…" ¡¿Qué?! ¡Yo jamás diría eso!
—¡Dije que me dejaras ver-aru! —en eso, Kagura ejerció una fuerza mayor en el brazo del sádico, y terminó por derrotarlo en el suelo— Por fin-aru. ¿Qué es esto? "io también te amo, sou-kun" ¡¿Qué!? ¡Yo nunca diría semejante cosa a este imbécil-aru! Yo…
Kagura, debido a lo desagradable que había leído, miró hacia otro lado, y vomitó todo lo anteriormente comido. Segundos después de limpiar su rostro con una parte de su ropa, miró al sádico, y ambos, al unísono, pronunciaron:
—Debemos hacer algo al respecto.
