CAPITULO 8
(Pov Blasco)
Estando de nuevo en casa todo parecía más fácil. La acosté sobre la mesa de madera, ella no hizo el intento de moverse, chica lista.
Le arranqué la ropa sin mediar palabra ella cerró los ojos, le di en la cara con la mano abierta dejándola marcada y la miré fijo.
Negué, ella me miró tal y como yo quería.
Tenía unos pechos bonitos...
Tomé una pequeña daga y la pase por sus pechos, hice un pequeño corte en uno de ellos, ella se quejó.
-Te diré lo que haremos- abrí la bolsa de las cuchillas de afeitar y la puse una debajo de la lengua- si gritas, te cortarás, si te quejas, te cortarás-.
Ella no se movió.
Le até las manos detrás de la espalda y la puse boca abajo.
Me desabroché los pantalones, esta primera vez debía ser fácil, suave.
Corté su piel en su espalda lo justo para que sangrase, no se quejó, quería que lo hiciese.
Me subí a la mesa justo detrás de ella, le abrí las piernas y metí mi polla enteramente desde atrás tomándola por sorpresa, se quejó una sinuosa línea de sangre salió de su boca.
-Te has cortado- dije con voz pausada y me metí más al fondo en ella-.
La monté sin pausa... se corrió, como no y cuando lo hizo gritó, se volvió a cortar, escupió la sangre sobre la mesa y con ella la cuchilla. Sus manos estaban atadas y sus piernas todo lo abiertas que yo quería que estuviesen.
Pasé la daga por su cuello hasta su vientre y allí hice otro corte viendo la sangre una imagen relajante y excitante hasta que me pude correr.
(Pov Devora)
Cuando todo pasó estaba tumba boca abajo sobre esa mesa las paredes eran de cemento y a penas lo iluminaban unas pocas velas.
Me dolía todo, absolutamente había sangre por todas partes la boca me ardía me consumía el dolor... y él era tan grande, sin preparación previa era jodidamente difícil que no doliese. Dios... era un animal en todos los sentidos.
Estaba agotada, no podía moverme.
La sangre goteó desde la mesa al suelo.
Escuché la puerta y cerré los ojos seguro que había venido a por más y no estaba preparada... no lo estaba.
Para mi sorpresa entró con una palangana repleta de agua y varios productos desinfectantes. Los dejó sobre la mesa y me miró.
-¿Puedes hacerlo tú?-.
Negué con cuidado.
Me dio la vuelta sobre la mesa y metió en mi boca una pequeña gasa con algún líquido que hizo que me sintiese algo mejor.
Primero te rompía y después te arreglaba...
-Esto lo hago porque sé que no puedes morirte-Dijo distraídamente curando los cortes que él me había hecho.
-He sido suave...-.
Mantuve los ojos cerrados, si esto era ser suave lo siguiente no quería verlo... me mataría.
….
(Pov Hannival)
El último golpe fue en la cara, me dejé caer en el suelo del gimnasio.
-Hannival...- dijo Troy y me ayudó a levantar- escucha... sabes que yo haría cualquier cosa por ti, pero ayer casi te mato... y no puedo seguir haciéndote daño, me siento mal al hacerlo, es como pegarme a mí mismo-.
-Te jodes- dije en voz baja- lo harás por mi-.
-Hannival.
-Lo harás por mi- escupí sangre- lo harás por mi...-.
Me levanté como pude y fui hacia las duchas, me quité la ropa y me puse bajo el agua caliente, todo se inundó del vapor de agua.
Sabía que Troy estaba en la puerta, esperando.
Cuando terminé mi ducha me puse un pantalón de chándal negro de algodón y salí de allí cojeando. Mierda, me había dado bien.
Troy sabía golpear.
Fui andando y Troy como la sombra que era me seguía.
Llegamos al a puerta de mi habitación.
-Cualquier cosa me llamas-.
-Calla marica, estoy bien-.
Entré en la habitación, todo estaba a oscuras.
Me metí en la cama. Anny se me acercó y me abrazó.
-¿Dónde estabas?-.
-Trabajando- la estreché contra mi cuerpo-.
