Capítulo 10- La despedida y una promesa que cumplir.

Luego del suceso ocurrido con el Team Rocket todos fueron a la comisaría a contar sus versiones del hecho. La oficial Jenny y Sam comenzaron a hacer varias preguntas a Romeo, Annabeth y Jason, preguntándoles que relación tenían con el Team Rocket. Romeo estuvo a punto de confesar la verdad pero fue detenido por su esposa, la mirada que le lanzó fue suficiente para darle a entender que se calle.

Luego de las preguntas, todos lograron volver a casa. La oficial Jenny prometió que haría todo lo posible para conseguir más información acerca del Team Rocket y que planean ahora. Ash salió de la comisaría pero con un mal presentimiento de todo esto.

Ash se encontraba ahora acostado en el sofá de la sala. La lluvia aún no cesaba y los rayos no paraban de iluminar el cielo tormentoso. Afuera parecía un diluvio, por ésa razón Ash y Serena accedieron en quedarse un día más en la casa de Romeo. Eran cerca de las veintitrés de la noche, todo se encontraban durmiendo en sus respectivos cuartos.

Ash no podía dormir. Seguía pensando en aquél Gengar. El aura que le rodeaba, la estela que dejaba al moverse y los ataques… todo eso era muy extraño. Ash no se sacaba de la cabeza que ésta vez el Team Rocket planeaba algo realmente espantoso, pero… ¿qué?

Debes luchar. Cuando llegue el momento nos volveremos a ver. Ésas fueron las palabras de Zekrom. Ash no podía creer lo que vio. Que un Pokémon legendario aparezca delante de ti no es precisamente señal de buen augurio. Todo eso confirmaba las sospechas de Ash, algo realmente malo está a punto de comenzar.

–No puedes dormir, ¿eh?

Ash miró hacia atrás. Romeo tenía una taza de té en su mano. Aún llevaba puesta la bata de científico debajo de su ropa de entre casa: unas mangas cortas de color gris con unos shorts negros.

–No logro conciliar el sueño– dijo el pelinegro recostándose en el sofá.

–Ya veo– dijo dándole un sorbo a su té–. Yo tampoco logro dormir.

–Te ves exhausto.

–Estoy bien– dijo sonriendo, pero sus ojeras no contribuían mucho que digamos.

–Deberías descansar– aconsejó Ash, usando sus manos como almohada–, o mañana no trabajarás bien.

–Trabajar…– Romeo observó por unos segundos la boca de su tasa.

Ash arqueó una ceja.

–¿Te encuentras bien?

Romeo miró a Ash para luego agitar la cabeza.

–S-sí… solo me quedé pensando– dijo Romeo sonriendo–. Me recuerdas a mí cuando tenía tu edad. Lleno de sueños, de ilusiones…

Ash levantó la cabeza. Romeo se veía realmente triste, ¿a qué venía ése comportamiento?

–Dime Ash… si tuvieras que elegir entre hacer lo correcto y tu familia, ¿qué elegirías?

Ash se sentó correctamente en el sofá. Se cruzó de brazos y luego comenzó a meditar la pregunta.

–Ambos– respondió.

–¿Qué?

–Elegiría hacer lo correcto por el bien de mi familia.

Romeo miró a Ash sorprendido, luego sonrió.

–Sí… en eso estaba pensando– dijo levantándose de su asiento–. Será mejor que duermas, mañana nos espera un largo día.

Ash miró a Romeo subir las escaleras, luego volvió a recostarse en el sofá.

–Sí… un largo día.

… … …

Ash abrió los ojos lentamente. Se levantó estirándose. Su espalda había tronado un par de veces. Se había quedado dormido en el sofá en una mala posición, por lo que sentía una molestia en la espalda. La lluvia ya había cesado. Ash lo tomó como buen augurio.

Se levantó aún somnoliento y fue a la cocina bostezando. Serena ayudaba a poner la mesa mientras que Annabeth preparaba el desayuno. Hablaban tan animadamente que Ash pensó dos veces antes de interrumpir.

–Esto…– dijo golpeando la puerta dos veces–, el desayuno huele delicioso.

Annabeth se rió.

–Pasa Ash. Dentro de poco serviré el té.

–Yo ayudé a prepararlo– dijo Serena sonriendo.

–Serena es una gran chef– dijo la señora guiñando el ojo a Ash–. Tienes suerte muchacho.

Ash simplemente rió.

–y que lo digas.

–¡Ash, cállate!– dijo Serena levemente ruborizada.

Ash simplemente sonrió. Las cosas ahora estaban calmadas. Pikachu entró corriendo a la sala y luego se subió en los hombros de del ketchum.

–Pikachu, ¿no estabas con Jason?– preguntó Ash.

–Por lo que veo se despertó antes que Jason– dijo la señora sonriendo–. Al igual que su padre siempre se levanta tarde.

–Supongo que fue un día duro ayer para él– dijo Serena compadeciéndolo.

–¿Quién no lo estaría? Fue secuestrado– dijo Ash–, para su edad es asombroso que no se haya asustado tanto.

–Ya no soy un niño.

Jason entró a la cocina. Se veía aún con sueño. Su pelo rubio estaba desordenado y su remera negra junto al short, se veían arrugadas. Al llegar a la casa luego del interrogatorio, Jason fue directo a su cuarto a echarse una siesta, que se alargó a toda la noche. Jiglyppuff estaba al lado suyo, se veía completamente sano y sus heridas habían curado por completo.

–Ya no puedo asustarme por cualquier cosa– dijo bostezando.

–Ya veo– dijo Ash sonriendo–. Porque ser secuestrado es cualquier cosa.

Jason se encogió de hombros.

–Algo así.

Sonrió a Ash, luego ambos rieron y chocaron los puños.

–Aún me debes una batalla Pokémon– dijo el niño sentándose al lado de Ash.

–Cuando quieras. No creas que te lo dejaré fácil.

–Si lo hicieras, me decepcionarías.

Pikachu sonrió y Jiglyppuff mostró sus «músculos» de forma desafiante.

–Vamos Ash– dijo Annabeth acariciando el pelo de su hijo–. No incites a Jason a más peleas, creo que tuvieron suficiente con lo de ayer.

–Ash nunca desperdicia la oportunidad– dijo Serena bromeando–. Creo que pelear es lo único que le importa.

–Y en la comida– apoyó Annabeth.

Pikachu asintió con los brazos cruzados.

–¡Hey!– dijo Ash fingiendo estar ofendido.

Todos comenzaron a reír. Luego de lo sucedido, merecían tener un respiro… ¿no?

La puerta de la entrada sonó dos veces. Annabeth arqueó una ceja. Le era extraño que hayan tocado la puerta a tan temprana hora del día. No esperaba ninguna visita… o al menos eso pensaba.

Ash se ofreció en ir a abrir la puerta. Cuando giró la perilla, se sorprendió al encontrarse al oficial Sam. Miró a Ash algo triste, cuando Jason se acercó su mirada se entristeció aún más.

–Oficial Sam– dijo Ash sorprendido–, ¿alguna noticia del que debamos saber?

–Esto… no– dijo rascándose la cabeza–. Estábamos investigando un poco, pero nada hasta el momento.

–Entiendo– dijo algo triste–, no sé lo que traman… pero no me da buena espina.

Jason se acercó a ellos mirando confundido al oficial.

–¿Qué sucede?

–Esto… de hecho, Ash, he venido por algo más serio que el Team Rocket– dijo seriamente Sam–. ¿Está Romeo?

Ash arqueó una ceja.

–Sí… está durmiendo. ¿Para qué quiere saber?

–He venido a arrestarlo.

Ash abrió los ojos de par en par. Jason retrocedió un poco hasta que chocó contra un perchero.

–D-de qué está hablando– dijo sorprendido–. A-arrestar a papá… ¿por qué?

Sam apretó los puños.

–Traigan a Romeo. Es una orden.

–No se lo llevará– dijo Annabeth.

Había escuchado toda la conversación. Serena estaba a su lado. Miró a Ash buscando una explicación, pero él se veía igual de perdido que ella.

–Si es porque participó en experimentos con el Team Rocket– dijo Annabhet– lo ha hecho pensando que podía ayudar a este pueblo. ¡Solo mire, no podemos ni salir del pueblo! Romeo creyó que si contribuía con ellos, encontraría una forma de eliminar el peligro del Bosque Verde.

–Escuche, señora. Su esposo contribuyó en algo que posiblemente amenace no solo a Ciudad Verde, sino a todas las demás ciudades de Kanto. No importan sus intenciones…

–¡PAPÁ ES INOCENTE!– Gritó Jason entre lágrimas–- ¡ÉL NUNCA HARÍA ALGO PARA LASTIMAR A LOS DEMÁS! Él…

–Está bien.

Todos miraron atrás. Romeo acababa de bajar las escaleras. Estaba vestido con su traje habitual: un pantalón jeans azul. Una camisa a cuadros y encima su guardapolvo.

–Papá…– dijo Jason.

Romeo le sonrió a su hijo y acarició su pelo paternalmente.

–Romeo…– Annabhet lo miró sorprendida.

Romeo miró a su esposa a los ojos por unos segundos, luego sonrió y la abrazó lo más fuerte que pudo.

–No es necesario armar este escándalo– le dijo al oficial–. Yo lo llamé, ¿no?

–Sí…– dijo Sam mirándolo compasivamente–. Lo ha hecho.

–Bien, entonces iré contigo.

–Romeo… ¿por qué?– dijo Annabeth al borde de las lágrimas.

El hombre miró a su esposa. Las lágrimas amenazaban con precipitarse a sus ojos.

–Porque de esta forma protejo a Jason y a ti– dijo apretando los puños–, porque los amo.

Miró a Ash a los ojos. En ése momento unas palabras vinieron a su mente «Elegiría ambos: elegiría lo correcto por el bien de mi familia». Ahora Ash entendía aquella conversación, porque Romeo se veía tan triste. Tenía que elegir hacer lo correcto, confesar y entregarse, por el bien de su familia.

Sam esposó a Romeo y luego lo sacó de la casa.

–¡Papá, no!– Gritó Jason–. ¡No nos dejes! Por favor…

Jason cayó al suelo arrodillado, a punto de llorar. Jiglyppuff se acercó a él en un intento de consolarlo.

–Hijo– dijo tristemente– sabes que te amo y….

–¡MENTIRA!– Gritó estallando en lágrimas– ¡NO ME AMAS!

Romeo salió corriendo. Su madre intentó detenerlo pero ya era muy tarde.

–Jason… no– dijo su padre soltando algunas lágrimas.

Ash apretó los puños. Serena le cogió el hombro.

–Ve. Yo me quedaré con ellos.

Ash la miró y luego asintió agradecidamente.

–Vamos, Pikachu, Jiglyppuff.

Ambos asintieron y corrieron, intentando alcanzar a Jason.

–Iremos a la comisaria con usted– dijo Serena seriamente.

… … … …

Ash corría lo más rápido que podía. Pikachu estaba en su hombro derecho mientras que Jiglyppuff estaba en el izquierdo. No podía creer todo lo que estaba sucediendo. Romeo había decidido dejar atrás su libertad por el bien de su familia… eso era admirable, pero Jason no creía lo mismo.

Se detuvo a escasos centímetros de una larga escalera que descendía. Miró hacia todos los lados con la esperanza de encontrar al chico, pero no hubo tanta suerte. Bajó las escaleras de un salto.

Continuó corriendo por varios minutos sin éxito de encontrarlo. Ash debía pensar en un lugar donde Jason le gustaría pensar, pero… ¿dónde? Chasqueó los dedos. Tal vez sabía dónde…

Corrió hasta llegar a una gran tienda ambulante de Zumos. Un niño rubio se encontraba sentado en las sillas que ofrecía la tienta. En la mesa un jugo de zumo en perfecto estado se encontraba calentándose, sudando por cada de uno de sus poros.

–Sabes que no hiciste bien al salir corriendo de ésa forma– dijo seriamente.

–Vete. Quiero estar solo– le dijo encogiéndose de hombros.

Pikachu y Jiglyppuff se subieron en la mesa y miraron a Jason tristes. Ash suspiró, luego apartó una silla y se sentó al lado del niño.

–Tu padre te ama.

–No es cierto– dijo apretando los puños–. Si en verdad me amaba… no se entregaría así como así.

–Jason. El amor de los padres es tan fuerte, que llegan hasta hacer cosas impensables… como hasta entregarse por el bien de sus hijos, no solo eso… también por las personas que aman– Ash miró al cielo– y eso también va para mí…– susurró.

–No quiero que nos deje– dijo entre lágrimas–. No quiero perderlo.

–Y no lo harás. – Ash le sonrió–. Podrás verlo de nuevo. Podrás visitarlo, además… no estará preso para siempre.

Jason aflojó su puño. Sus lágrimas aún no cesaban, pero algo es algo.

–Escucha… Jason– dijo tocándole el hombro–. Debes ser fuerte, por tu madre, por ti.

Jason se secó los ojos, luego miró a su Pokémon y asintió.

–Aún me debes una batalla.

Ash sonrió.

–¿Estás listo?

… … …

Jason miraba seriamente a Ash. Estaban a una distancia considerable, listos para empezar una batalla Pokémon. Jason sabía que Ash era muy fuerte, lo había visto luchar en varias ocasiones y en casi todas ganaba. Él era un entrenador con experiencia, en cuanto a Jason… solo había luchado dos veces en toda su vida.

Miró a Jiglyppuff detenidamente. Su amigo se veía decidido, convencido a ganar. Jason no podía decepcionarlo. Cuando luchó contra Gengar demostró lo fuerte que era, el potencial que tenía… era momento de entrenar ése potencial.

Observó a Ash recelosamente. En total el pelinegro tenía cuatro Pokémon en su equipo, si usaba a su potente Charizard o a su inigualable Pikachu estaba perdido, pero no, no usó a ninguno de los dos. Pikachu bajó de sus hombros y se colocó a su lado, con los brazos cruzados. Esta vez iba a ser un espectador.

–Bien. Empecemos esto– dijo Ash sacando su Pokéball.

La lanzó al aire y de él salió Abra, el cual cayó al suelo meditando.

–Abra… el más débil de tu equipo– dijo Jason.

Ash sonrió.

–En mi equipo no hay débiles ni fuertes. Abra es inigualable, y ahora lo verás.

–Bien– dijo sonriendo– ¡Jiglyppuff, ataca!

La bola rosada fue la primera en atacar. Lanzó un potente ataque de Canon que fue directo hacia Abra, pero este lo esquivó fácilmente teletransportándose, luego pareció detrás de él y le propinó una potente Mega Patada, provocando que salga disparado varios metros hacia delante.

Jiglyppuff se recuperó y aprovechó el momento para lanzarle un Bofetón de Lodo a su oponente, el ataque dio al blanco y Abra retrocedió unos cuantos centímetros hacia atrás. Un poco de lodo dio a los ojos del Fenek amarillo y logró segarlo por un momento.

–Maldición…– murmuró Ash .

–¡Jiglyppuff, aprovecha el momento!

El Pokémon se preparó para atacar con Puño Drenante, pero Abra logró esquivar el ataque retrocediendo un poco. Ash sonrió y asintió a Abra, este le devolvió la sonrisa, luego tocó la frente de Jiglyppuff. De un momento a otro, la bola rosada cayó al suelo dormido.

–No…– dijo Jason sorprendido.

–Un buen entrenador sabe cuando rendirse– dijo Ash sonriéndole–. Jiglyppuff peleó ayer con valentía y resultó herido, hoy volvió a hacerlo, supongo que merece descansar un poco.

Jason miró a su amigo impotentemente, luego sonrió y asintió.

Se acercó a Jiglyppuff y lo alzó entre sus brazos.

–Lo has hecho increíble. Duerme bien.

Ash y Abra se acercaron a Jason, luego le revolvió el cabello del niño.

–Jiglyppuff es muy fuerte. Cuando crezcas y empieces tu viaje, tengo la certeza que serán muy fuertes.

Jason apretó los puños, luego sonrió a Ash.

–¿Quieres un poco de Zumo? Me dio ganas.

… … …

Ash y Jason caminaban rumbo a la comisaría. Ambos tenían un zumo de naranja en sus manos mientras que Pikachu y Jiglyppuff tomaban uno de Baya Meloc.

–¿Cómo sabías que estaba en la tienda de Zumo?

–No lo sé– dijo encogiéndose de hombros–. ¿Te gustan los Zumos?

El niño bajó su mirada, observando el Zumo de sus manos.

–El día de mi cumpleaños, hace dos años, Papá, Mamá y yo vinimos a tomar Zumos en aquella tienda– contó Jason–. Estaba tan feliz ése día. Los tres, juntos… era perfecto. Cuando nos sentamos a beber nuestros Zumos, papá me dio una Pokéball, dijo que era mi regalo de cumpleaños.

–Jiglyppuff estaba dentro de la Pokéball– atinó Ash.

Jason asintió.

–Me sentí tan feliz. Por fin iba a tener mi primer Pokémon. Papá me daba la autorización de tener uno. Jiglyppuff y yo nos volvimos los mejores amigos. Juntos hicimos la promesa de que llegaríamos lejos, que seríamos los mejores.

–Esa promesa aún puedes cumplirla.

–Y lo haré– dijo seriamente–. Ahora debo ser más fuerte, por mamá.

Ash sonrió, luego se detuvo frente a la comisaría.

–Vamos, a ver a tu padre.

Romeo estaba sentado en una mesa en donde todos los criminales recibían visitas. Annabeth y Serena estaban conversando con él. Ambos padres se veían realmente tristes. Serena trataba de consolarlos pero ella también parecía deprimida. Por sobre los hombros miró a Ash y Jason acercarse, luego les sonrió.

–¡Jason!– dijeron sus padres alegres, abrazándolo.

–Me alegro que estés bien– dijo la madre feliz.

–Lo siento– se disculpó con ambos–. Fui injusto con ustedes al salir corriendo de ésa forma.

–No te disculpes hijo– Romeo le sonrió–. Debí hablar con ustedes antes de tomar esta decisión.

–Eso ya no importa– dijo Jason sentándose–. ¿Cuánto tiempo estarás en la cárcel?

Serena negó con la cabeza.

–El juicio será dentro de una semana, hasta entonces…

–He cometido un gran error– dijo apretando los puños–. Solo quería el bien para el pueblo… de esa forma ustedes iban a estar a salvo, pero fue in imbécil.

–¿Qué es exactamente lo que sucede?– preguntó Ash seriamente.

Romeo miró a Ash a los ojos, luego sonrió.

–¿Te acuerdas la historia que te conté ayer?

–El Bosque Verde– dijo Serena.

–Aún no saben por qué los Pokémon salvajes se han vuelto tan fuertes– dijo Ash penando detenidamente.

–Nadie se ha atrevido en entrar al bosque, nadie es tan fuerte para ello.

–Iremos– dijo Ash seriamente.

–¿Qué?– preguntó Jason–, ¿perdieron la cabeza?

–No. Estoy hablando en serio– dijo Ash sonriendo.

–Queremos ir a Ciudad Plateada– dijo Serena decidida.

–La única forma es llegar es atravesar el bosque. Iremos allí, descubriremos que pasa y ayudaremos a la ciudad.

Pikachu asintió decididamente.

–No le haremos cambiar de parecer, ¿verdad?– Annabeth suspiró.

–Lastimosamente no– contestó Ash.

Romeo sonrió, luego se levantó y tocó el hombro de Ash.

–Me recuerdas a mi cuando tenía tu edad– repitió sonriendo–. No cometas el mismo error que yo cometí. Sigue tu propio consejo y elige lo correcto…

–… Por el bien de las personas que amas– dijo Ash tocándole también el hombro–. Eso haré, sin dudas.

Romeo asintió.

–Ojalá pudiera ayudarlos más, pero ya saben…

–Solo preocúpate por salir pronto de aquí– dijo Serena sonriendo.

–Estaremos en contacto con ustedes– dijo Ash seriamente.

Romeo asintió.

Ash miró a Jason, el cual tenía la mirada ensombrecida.

Ash sonrió y dio media vuelta.

–Vamos Serena.

Serena miró a Jason y luego a Ash, asintió y lo siguió.

Jason no dijo nada, solo se quedó apretando los puños. Jiglyppuff miró a su amigo tristemente. En ése momento una Pokéball fue directo hacia él. Jason espabiló y cogió la Pokéball rápidamente.

–No te rindas– dijo Ash seriamente–. Cumple tu sueño, entrena, pelea y atrapa otro Pokémon. Cuando nos volvamos a ver– le sonrió entre los hombros–, serás un entrenador y yo campeón.

Las lágrimas comenzaron a bajar como torrentes de agua en los ojos de Jason. Jiglyppuff asintió decididamente.

–¡NOS VOLVEREMOS A VER!– Gritó decidido– ¡ES UNA PROMESA!

Serena se giró y se despidió de ellos, mientras que Ash y Pikachu levantaron los puños.

–Es una promesa…– susurró–. Yo seré el próximo campeón Pokémon de Kanto, no se olviden de mí.

Todos se despidieron de ellos entre lágrimas. Ash y Serena se dirigían rumbo a Ciudad Plateada, pero primero… deberán pasar una prueba más.

A lo lejos un hombre y una mujer enmascarada miraban a Ash y Serena seriamente. Un segundo hombre se acercó a ellos, sus pisadas sonaban huecas al caminar.

–Esto aún no ha terminado– dijo Jack seriamente.

–Eso espero. Por su bien– dijo el segundo hombre sacando una forografía entre su bolsillo–. ¿Por qué no hacemos una visita al Profesor Oak? El libro que le entregó aquella niña… debe ser mío.

–Como deseé, Lord Giovanni– dijeron ambos arrodillándose.

–Nos volveremos a ver… Delia.

Giovanni dio la vuelta, dejando caer una fotografía donde aparecía Delia y Ash sonriendo.

Continuará…

¡Hola familia!

No estoy muerto como creían XD

Aquí les traigo otra entrega, ¡y recién salida del horno! Je, je.

Espero puedan perdonarme y dejar unos cuantos deliciosos reviews…

LOS NECESITO, okno XD

¡Nos vemos!